|
|

|
 |
EL FISCAL DE MEDIO AMBIENTE
DE LA COMUNIDAD DE MADRID, EMILIO VALERIO,
PIDE EL CIERRE DE DOS CENTROS DETRANSFORMACIÓN |
El Fiscal de Medio Ambiente de la Comunidad
de Madrid, Emilio Valerio, ha decidido impulsar el cierre de
dos centros de transformación de Iberdrola. Uno instalado en
Majadahonda alrededor del cual han muerto 45 personas por cáncer
y problemas cardiovasculares y un segundo en Móstoles donde
ha habido trece fallecidos por cáncer. Dos centros que además
están abiertos de forma irregular con conocimiento de las autoridades
municipales que lo han permitido a pesar de las múltiples denuncias
de los vecinos. Hemos dialogado con él del grave problema que
suponen para la sociedad los viejos centros de transformación
así como del peligro de las emisiones electromagnéticas.
El
pasado 17 de febrero el Juzgado de Instrucción nº 2 de Móstoles
(Madrid) decidió ordenar la suspensión cautelar de las actividades
del centro transformador ubicado en dos inmuebles de la calle
Versalles -denunciado por la Fiscalía de Medio Ambiente- por su
posible relación en el fallecimiento de trece personas. El auto
ordenaba que se suspendiera la actividad del centro "en el
plazo más breve que técnicamente sea posible" lo que el Ayuntamiento
comunicó de inmediato a Iberdrola.
La Fiscalía denunció igualmente en el juzgado nº 9 de Majadahonda
(Madrid) la situación del centro de transformación de Iberdrola
situado en la calle San Joaquín. También en este caso porque puede
haber relación directa con el fallecimiento de ¡45 personas!,
todas ellas por cáncer y problemas cardiovasculares además de
la enfermedad de otras 8 personas con cáncer y 9 con problemas
cardíacos en los últimos 8-10 años. Todas esas personas vivían
a escasos metros del mencionado transformador. La situación en
el caso de Majadahonda podría estar agravada por la existencia
en las inmediaciones de una gran antena de telefonía (vea el
lector en nuestra web todo lo publicado sobre este caso en el
nº 75 de la
revista).
Debemos señalar que en los escritos de denuncia la Fiscalía ha
hecho más hincapié en la situación irregular de los transformadores
que en la polémica sobre los límites legales de las emisiones
electromagnéticas por razones de pragmatismo -hay que evitar que
sigan haciendo daño- pero lo que en definitiva ha trasladado a
ambos juzgados -e indirectamente a toda la sociedad- es la peligrosa
situación en la que se mantienen esos dos transformadores... y
muchos cientos más -en toda España- que funcionan sin los permisos
correspondientes.
Desde la llegada de ambos temas a su departamento el Fiscal de
Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Emilio Valerio,
ha mostrado su preocupación por la situación de los vecinos afectados
entendiendo que la mejor estrategia para ellos era procurar cuanto
antes el cese de las emisiones electromagnéticas de los transformadores.
En el caso de Móstoles ya se había ordenado el cierre cautelar
en el momento de mandar este número a imprenta; y en Majadahonda
no se duda de que pasará lo mismo antes o después.
Emilio Valerio -con quien hemos estado en contacto desde hace
varios meses- nos recibiría en su despacho de la planta 13 de
los juzgados de Madrid. Acostumbrado como está a contemplar los
horizontes ilimitados de la ciudad desde las alturas ha mostrado
tener una mejor visión sobre los riesgos reales de las emisiones
electromagnéticas que el mostrado por los políticos hasta el momento.
Y nosotros, aprovechando que es un hombre que da la cara y no
responde con evasivas -algo muy poco habitual- fuimos directos
al grano:
-Díganos, ¿cuál es el alcance de la medida tomada por el Juzgado
de Instrucción número dos de Móstoles?
-Se trata de una suspensión cautelar de la actividad del transformador.
El juzgado ha atendido la petición de la Fiscalía después de que
el Ayuntamiento de Móstoles manifestara la ausencia de todo permiso
de carácter ambiental y de carácter de actividad de la instalación.
El juzgado ha ordenado el cese de actividad mientras se tramitan
los permisos adecuados. Yo creo que es esencial determinar que
éste debe ser el camino que deben de seguir un conjunto de transformadores
que funcionan en nuestro país en el interior de bloques de viviendas.
-¿Piensa que la jueza de Majadahonda optará por la misma decisión?
-Cada supuesto en la administración judicial es diferente. Es
difícil pues establecer previsiones pero yo estoy persuadido de
que en el caso del transformador de Majadahonda se adoptará una
solución similar y en un tiempo razonable.
-Hemos constatado que en lugar de entrar a valorar los posibles
efectos nocivos de los campos electromagnéticos sobre la salud
y la idoneidad de la legislación sobre las emisiones ha decidido
usted optar por el pragmatismo y pedir el cierre por la situación
irregular de los transformadores. Suponemos que a fin de intentar
evitar riesgos a los vecinos que viven cerca de los mismos de
la manera más rápida...
-El contexto de la Fiscalía de Medio Ambiente es problemático.
No tenemos las potestades del Ministerio de Sanidad ni las del
Ministerio de Medio Ambiente. Nos movemos pues en un terreno en
el que hay que ser pragmáticos. Y en ese marco advertimos, ante
todo, que hay una situación muy desigual. Los transformadores
nuevos no generan problemas porque están todos blindados y se
sitúan lejos de las viviendas. Entendemos pues que los riesgos
están controlados, las declaraciones de impacto ambiental son
satisfactorias, la administración funciona razonablemente y las
compañías también; pero no ocurre lo mismo en el caso de los transformadores
antiguos. Y, sinceramente, no se entiende por qué los transformadores
antiguos no tienen que adaptarse a las nuevas normas. Si se han
aprobado es porque hay razones objetivas para ello. Además me
puedo equivocar pero no creo que existan más de 200 transformadores
en todo el Estado que se encuentren en situación similar a la
de los de Móstoles y Majadahonda. Por tanto, no se trata de blindarlos
tampoco. Esa sería sólo una situación transitoria. Creo que es
una prioridad social, política y ambiental que todos los transformadores
que aún se hallan cerca de las viviendas sean cerrados.
¿Y qué prevé usted que pasará con los transformadores denunciados
por la Fiscalía en Móstoles y Majadahonda?
-Esos transformadores tienen que salir de dónde están. Así
de simple. Es imposible -por ilegal- que los ayuntamientos de
Móstoles y Majadahonda o la Consejería de Medio Ambiente concedan
autorización ambiental a un transformador situado dónde está.
Así que se deberá proceder a la sustitución de la línea y a buscar
otro emplazamiento para el transformador. O construir otro alejado
de viviendas habitadas que suministre energía a esa zona lo que
técnicamente no me parece muy complejo. Insisto pues: en el supuesto
de que no estuvieran en un bloque de viviendas sino a diez, quince
o veinte metros bastaría con el blindaje. Pero ese supuesto en
un transformador ubicado al lado de una vivienda es una situación
absolutamente inaceptable. Tienen que desaparecer, tiene que cesar
la actividad. Y estoy convencido de que la compañía va a buscar
otro emplazamiento -si no lo está buscando ya- u otra forma de
suministrar energía a esas zonas.
-En la revista nos consta el agradecimiento de los vecinos
de Majadahonda que denunciaron el caso por la sensibilidad que
mostró usted desde el primer momento en que vio las cifras de
afectados ya que han visitado nuestra redacción numerosas veces.
-Lo que se le puede exigir a la Fiscalía -encargada de transmitir
las preocupaciones de los ciudadanos al ámbito judicial- dada
la ausencia de otros oteadores jurídicos en el ámbito privado
es rigor. En el caso de Majadahonda el número de muertos en tan
poco espacio de terreno era realmente llamativo porque se trataba
de una cifra muy alta. Por eso se comunicó a los vecinos que presentaron
la denuncia que la Fiscalía necesitaba estar segura de esos datos
y precisábamos la identificación completa de los fallecidos, la
causa y fecha de la muerte así como su historial médico si fuera
posible. Los vecinos recogieron los datos y la Fiscalía no puede
dejar de afirmar que se trata, en efecto, de unas cifras absolutamente
alarmantes, que no son explicables, que ahí existe un factor de
riesgo claro; al menos así lo entendemos nosotros. Auque pueda
haber más de un factor de riesgo. Porque todo apunta a la conexión
de las muertes con la existencia del transformador. Al menos en
el ámbito empírico en el que nos movemos todos.
-¿No es cierto que durante años este tipo de transformadores
se ha beneficiado de una situación de pasividad administrativa?
-Sí, son situaciones que se han ido manteniendo y es necesario
reconvertir. Pasó algo similar con las redes y torres de alta
tensión. Durante mucho tiempo nadie se planteó si su ubicación
tenía o no consecuencias negativas para la salud. Ha habido muchas
casas que estaban situadas debajo mismo de las líneas. En el caso
de los transformadores pasa lo mismo. Muchos se instalaron en
las décadas de los 60 y 70 cuando vivíamos en una situación predemocrática
y preconstitucional en la que los permisos de índole social, es
decir, el permiso de actividades en el que se establece una participación
vecinal o de los afectados en su desarrollo y el permiso ambiental
no estaban desarrollados. Por otra parte, los factores de riesgo
dependen de nuestros conocimientos. Hoy sabemos que hay cosas
peligrosas y sin embargo hace unos años o unas décadas lo ignorábamos.
Por eso actualmente se entierran las líneas de alta tensión y
antes hasta se vivía debajo de ellas.
-Cierto. Pero consecuentemente la actitud de las administraciones
municipales debería cambiar ahora que se sabe mucho más sobre
los riesgos de las emisiones electromagnéticas...
-Yo pienso que sí. Ahora bien, a diferencia de las líneas de alta
tensión y de las antenas de telefonía -donde la capacidad normativa
de los ayuntamientos es más limitada-, el caso de los transformadores
es un problema en primer lugar municipal. Y ello, de alguna forma,
implica que los ayuntamientos deberían implicarse más en la resolución
de estos problemas. Debo decir, en cualquier caso, que el Ayuntamiento
de Móstoles reaccionó con prontitud a las preocupaciones de los
vecinos y al requerimiento de la Fiscalía.
-Sin embargo en el caso de Majadahonda los vecinos llevan más
de seis meses esperando a que se les facilite la información prometida
sobre la situación legal del transformador denunciado y aún no
se les ha dado. Es más, Discovery DSALUD ha pedido por
escrito información sobre los centros de transformación y las
antenas de telefonía instaladas en el municipio y el Ayuntamiento
no responde.
-Mire usted, en nuestro país existe un problema importante
de falta de sensibilidad en la clase política al menos en relación
con el medio ambiente y el urbanismo. A veces hay sensibilidad
a nivel privado pero no se manifiesta luego en el aparato de los
partidos, en la toma de decisiones. Esa ausencia de sensibilidad,
que a mí me parece asombrosa, es el problema fundamental que tenemos
en la clase política.
-¿No será que esa "ausencia de sensibilidad" -detectada tanto
en ayuntamientos de derechas como de izquierdas- se debe más bien
al poder e influencia que tienen las compañías de telefonía y
electricidad?
-Las compañías son parte integrante de la situación, del problema...
y de su solución. Y ciertamente utilizan las armas que tienen
-el sistema de lobby, la presión...- pero no es menos cierto que
suelen aceptar, al menos en el ámbito europeo, las decisiones
que toma el poder político. Yo pienso que el problema es, insisto,
la ausencia de sensibilidad ambiental frente a estos problemas.
Si realmente los políticos estuvieran más convencidos de estas
cuestiones creo que tendrían la capacidad de determinar soluciones
ambientales o económicas que las empresas aceptarían.
-Tampoco las empresas muestran demasiada comprensión ni sensibilidad
con la gente. Las compañías eléctricas ignoran -por no decir desprecian-
las quejas de los vecinos. Y las empresas de telefonía están instalando
antenas de forma masiva recurriendo incluso a tácticas más que
cuestionables para obtener los permisos de instalación de las
comunidades de vecinos. Incluso están camuflando las antenas para
que no se reconozcan.
-Cierto. Y yo apelo al sentido social de quienes dirigen esas
grandes compañías. Estoy seguro de que ninguno de ellos viviría
debajo de una línea de alta tensión y de que ninguno viviría encima
de un transformador. Quizás debiéramos exigirles mayor diligencia.
Me parece imperdonable lo que a veces se está tardando en la Comunidad
de Madrid en los proyectos de reforma o de traslado de líneas
eléctricas. A veces parece que existe resistencia activa en ese
sentido. En cuanto a las antenas de telefonía parece que estemos
viviendo la misma situación, quizás incluso agravada. Aunque pienso
que es en el ámbito de la Unión Europea donde se están produciendo
los problemas.
-El Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Manuel
Lamela, afirmó que se iban a realizar los estudios epidemiológicos
que sobre los centros de transformación de Móstoles y Majadahonda
solicitó la Fiscalía. ¿Cree que cumplirá su palabra?
-Yo no dudo de que la Consejería hará el estudio epidemiológico
tanto en Móstoles como en Majadahonda. Pero a mi juicio el estudio
debería de extenderse al ámbito de todos los transformadores que
están en la misma situación en el Estado. Sería un referente científico
y técnico importante. Sólo que esa decisión no depende de la Consejería
de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid.
-Uno de los principales problemas con los que se encuentran
los jueces -y es evidente que también ustedes- es precisamente
la inexistencia de estudios epidemiológicos sobre el impacto de
este tipo de emisiones en la salud.
-Sí, es cierto. De ahí que la fiscalía normalmente siga un criterio
pragmático en materia de riesgos. Nos basta con que las personas
se quejen. Nos basta con que en el contexto de un conocimiento
medio, sin un conocimiento técnico muy elevado, aparezca clara
una vinculación que no se puede explicar de otra manera entre
una situación de riesgo y la localización de un factor. Lo que
ocurre es que a un nivel más social, si se quiere más político
de decisión, son necesarios estudios epidemiológicos de diverso
calado. Esto ocurre para cualquier factor de riesgo: las antenas
de telefonía, los teléfonos móviles, los pesticidas... Tanto en
el medio como en las personas. Y es cierto que aquí los estudios
epidemiológicos, los estudios de gran calado no existen ya. Hace
años era más fácil encontrar fondos públicos para la investigación
científica sobre todo este tipo de temas. Cuando se dice que en
nuestro país no se invierte demasiado en I+D yo pienso siempre
en este tipo de problemas, en lo poco que se sabe en este contexto,
en las pocas investigaciones que existen, en los pocos problemas
de determinación de riesgos ambientales que hay en nuestro país.
Y es evidente que no estamos viviendo un buen momento con todas
estas circunstancias.
-Pues si no se habilitan fondos públicos no habrá estudios.
Porque las empresas no van a realizarlos ante el miedo de que
se desvelen los posibles riesgos.
-Ocurre con todos los potenciales riesgos medioambientales.
El concepto de Medio Ambiente alude a técnicas para transformar
la sociedad y eso implica investigar los posibles riesgos de las
nuevas tecnologías. Pasa no sólo en España sino en toda la Unión
Europea; y no digamos ya en Estados Unidos. Los fondos privados,
que son los que nutren normalmente las grandes líneas de investigación,
no están interesados en este tipo de cuestiones. Sólo están interesados
en los fármacos. Y no en todo tipo de fármacos sino en determinados
tipo de fármacos para determinadas dolencias. Y teniendo en cuenta
ese contexto la capacidad pública de investigación debería reforzarse.
Fíjese usted, un problema que a mi siempre me ha preocupado mucho
es el de la emisión de dioxinas por las incineradoras. El último
estudio hecho -muy serio- es francés -en España no se ha hecho
ninguno- sobre la incineradora de Lille. Y en el ámbito de los
campos electromagnéticos contamos con otro del Instituto Karolinska
de Estocolmo. Ha habido luego otros estudios posteriores en ese
sentido pero desgraciadamente cada vez más mediatizados por el
control de los medios privados que ponen los fondos. Todos hemos
visto con preocupación las referencias de The Lancet sobre
este tema. Los estudios están cada vez más mediatizados. Y en
cualquier caso, mediatizados o no, no existen estudios epidemiológicos
o sociales de importancia.
-Bueno, afortunadamente existen sentencias recientes en las
que se determina que deben ser las compañías -eléctricas o telefónicas-
las que tienen que demostrar la inocuidad de sus productos y,
por ende, de las emisiones electromagnéticas, que debe ser ellas
las que soporten "la carga de la prueba". Desde el punto de vista
de la Fiscalía ¿quién tiene que demostrar la inocuidad o el daño,
las compañías o los denunciantes?
-Es evidente que ha habido un conjunto de sentencias civiles
bastante afortunadas que derivan a un principio del Derecho Romano:
el que crea un riesgo debe de ser responsable de todos los daños
del mismo. El argumento de que son los afectados los que tienen
que demostrar la relación entre su malestar y las torres de alta
tensión, los transformadores o las antenas ha pasado. A partir
de ahora quienes tienen que demostrar que sus emisiones son inocuas
son las empresas. Y si no pueden debe aplicarse al menos el Principio
de Precaución. Así pues se hace necesario, en cada supuesto, determinar
el nivel de riesgo que estamos dispuestos a afrontar. Es muy importante.
-Hoy los ciudadanos de España -y lo mismo ocurre en la Unión
Europea- soportan niveles de radiaciones distintas porque las
normativas son muy diferentes. Unas son más proteccionistas y
restrictivas que otras. ¿Qué piensa al respecto?
-En cierto sentido le tengo que expresar mi preocupación.
Normalmente las cuestiones normativas, la determinación de los
límites de radiación, los límites en microteslas, en distancias,
etc., son cuestiones que deberían venir determinadas por una cierta
unanimidad científica y atendiendo al Principio de Precaución.
En las líneas de alta tensión yo creo que se ha llegado a esa
situación. Digamos que físicamente es más fácil. Hay unos parámetros
de distancias mínimas que se están cumpliendo por las compañías
y se están asumiendo por los planificadores con toda precisión.
En el supuesto de los transformadores los nuevos están blindados
y alejados de las viviendas. El problema está en los antiguos.
En cuanto a las antenas de telefonía, en cambio, no hay unanimidad.
Y eso es muy grave. Desgraciadamente el Parlamento Europeo no
ha sido capaz de determinar unas normas coherentes. Y hoy las
compañías están en una fase de competencia feroz que lleva a la
instalación de cada más antenas y más cercanas a las viviendas.
Debería haber hecho un esfuerzo para compartir antenas. Y si eso
no es posible en caso de aglomeración -a partir de determinado
número de antenas- legislar que sea obligatorio.
En suma, es verdad, actualmente hay regulaciones muy restrictivas
y otras que resultan preocupantes. Constantemente llegan denuncias
a la Fiscalía. Es obvio que existe una evidente inflación de antenas
en las grandes ciudades y parece que ha llegado el momento de
que se dicten normas más restrictivas. Creo que los ciudadanos
tenemos derecho a una mayor seguridad, a que la Unión Europea
de más pasos en ese sentido, en el camino del desarrollo sostenible,
en el camino de la protección medioambiental.
-¿Está a su juicio articulada correctamente la forma de acceder
a la Justicia por parte de un vecino o de un colectivo cuando
se sienten perjudicados por la presencia de transformadores o
antenas?
-Hay dos problemas en relación con cualquier problema ambiental
en lo que se refiere a los particulares. El primero es el del
asesoramiento jurídico y social. Yo creo que en las grandes colectividades
los vecinos llegan a un grado de asesoramiento bastante importante.
En segundo lugar tenemos el problema del acopio de información
sobre las antenas, sobre los permisos. Y, por cierto, en esta
materia las administraciones municipales han mejorado muchísimo.
La inmensa mayoría de los ciudadanos puede obtener información
sobre las antenas o los transformadores que les perjudican, pueden
llegar a conocer si tienen o no licencias e incluso exigir determinadas
mediciones. Quizás el aspecto más problemático sea el aspecto
jurídico. ¿Por qué? Porque a diferencia del sistema judicial anglosajón
en nuestro país las asociaciones medioambientales son muy reducidas
y las asociaciones de defensa de los ciudadanos, en proporción,
tienen también escasos medios. En definitiva, que no es tan fácil
llegar a un tribunal en este contexto. Quizás el mayor problema
es que para que la Administración de Justicia prospere necesitamos
instancias sociales y privadas que lleven a cabo procesos ambientales
con un grado mínimo de conocimientos técnicos y tal vez eso es
lo más complejo en el sistema hispano. Las asociaciones de defensa
del consumidor son muy reducidas. Y ese es un factor importante
porque yo creo mucho en el ámbito civil de resolución de los problemas,
entre otros motivos porque aparte del ámbito público sin unos
ciudadanos que se quejen es muy difícil establecer a veces la
frontera del riesgo ambiental.
-¿Piensa que el avance científico va a llevarnos a mayores
riesgos medioambientales?
-Sin duda. Hace poco más de diez años eran legales contaminantes
hoy prácticamente desaparecidos. Sin embargo hay otros que empiezan
a dar problemas de salud. Se sabe de su presencia tanto en el
aire y el agua como en los productos alimenticios y de higiene.
Nuestros ríos y mares al igual que la tierra están contaminados
por metales pesados gravemente tóxicos. Y otro tanto ocurre con
las emisiones electromagnéticas, hoy en el punto de mira de cada
vez más ciudadanos.
-¿Y tiene la Fiscalía medios suficientes para hacer frente
a esta amplia y creciente gamas de posibilidades de atentar contra
la salud?
-Sinceramente, no. Necesitaríamos muchos más medios, mucha
más capacidad. Lo que sí le puedo asegurar es que, al menos en
esta Fiscalía, tenemos la sensibilidad de escuchar. Y eso no lo
da ningún medio técnico. El primer medio, esencial para trabajar
en estas cuestiones, es la capacidad de escuchar, de saber que
a la Fiscalía van a venir personas con problemas que nadie sabe
resolverles y que en la mayor parte de las ocasiones se deben
a negligencia o a inoperancia. Pero dicho esto es evidente que
trabajamos con una precariedad de medios asombrosa.
-¿Y vislumbra alguna solución?
-La voluntad política de hacerlo quedó expresada por el Fiscal
General del Estado y por el Gobierno de la nación en lo que se
refiere a la aplicación de la Ley de Montes y en lo que se refiere
al establecimiento de un estatuto jurídico para las Fiscalías
de Medio Ambiente. Piense que estamos funcionando desde hace diez
años en precario y ahora vamos a tener al menos una configuración
jurídica o institucional. Es el primer paso pero evidentemente
no es suficiente. Nuestro país afronta unos desajustes en materia
urbanística y de ordenación del territorio importantísimos. Y
esos desajustes determinan muchas cuestiones, entre ellas temas
como el de la planificación eléctrica, las líneas de alta tensión
y los transformadores.
-Discúlpeme la analogía ahora que hemos terminado con el centenario
del Quijote, pero, ¿no se siente como Fiscal de Medio Ambiente
un poco quijote en medio de tanto molino? Me refiero a las multinacionales
con sus intereses, los ayuntamientos haciéndose los locos, los
políticos ignorando los riesgos y la gente reclamando que alguien
les haga un poco de caso...
-Este trabajo es, en el contexto de la relación con las autoridades
políticas, en el contexto del reconocimiento institucional, funcionarial
incluso, en el contexto de las relaciones con mis superiores y
con los partidos políticos, y con los gobernantes en cada momento,
normalmente frustrante. Hay muchas ocasiones en las que se siente
uno el delincuente, el marginal frente a todos esos poderes que
usted me menciona. Pero, por otro lado, tengo muy claro que en
otro contexto vive uno una sensación permanente de ayuda, de comprensión
de problemas... Y eso no se paga con nada. No sé si don Quijote
tenía esa doble faceta pero le aseguro a usted que el apoyo de
la sociedad civil en este contexto y el sentirse alentado por
personas que vienen aquí a contarte un problema -y vienen con
problemas que no son fáciles de resolver-, eso no se paga con
ningún reconocimiento funcionarial o político.
Debo decir que salí de la entrevista con la sensación de que el
horizonte de la ciudad estaba algo más despejado. Y con la convicción
de que al menos en Madrid hay alguien realmente dispuesto a escuchar
las preocupaciones de sus vecinos y, si puede, trasladarlas a
la Justicia. Realmente un avance.
Antonio F. Muro
|
© 2006 DSALUD.COM Ediciones MK3
S.L. C/ Puerto de los Leones 2, 2ª Planta. Oficina 9, 28220 Majadahonda,
Madrid. TF:91 638 27 28. FAX:91 638 40 43. e-mail: mk3@dsalud.com
|
|
|
|