|
|

|
 |
| LAS AFECTADAS POR EL AGREAL
LLEVAN A SANOFI AVENTIS A LOS TRIBUNALES |
Más de un millar de mujeres han demandado
a la multinacional Sanofi Aventis a causa de los graves
efectos secundarios que les causó el Agreal, un fármaco
que desde 1983 se ha estado recetando para el tratamiento de
los sofocos y de las manifestaciones psicofuncionales de la
menopausia y que Sanidad no retiró cautelarmente hasta junio
del 2005. Efectos secundarios -que no se mencionaban en el prospecto-
como depresión, ansiedad, insomnio, cansancio crónico, movimientos
masticatorios compulsivos e inevitables, movimientos automáticos
de la lengua y chasqueo y muchos otros.
Durante
más de veinte años cientos de miles de españolas han acudido a
sus médicos de cabecera o a sus ginecólogos para tratar de poner
fin a los sofocos posmenopáusicos recibiendo muchas como solución
farmacológica el Agreal, medicamento propiedad hoy de los
laboratorios Sanofi Aventis. Pues bien, muchas están convencidas
de que el calvario que hoy viven comenzó precisamente con su consumo.
La comercialización del Agreal se autorizó en España en
1983; es decir, hace ya 23 años. Por tanto ni los médicos que
lo recetaban ni las mujeres que lo tomaban podían pensar que no
fuera seguro o tuviera efectos secundarios más graves que los
admitidos en el prospecto. Y, sin embargo, el pasado 20 de mayo
del 2005 la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios
(AEMPS) comunicaba a los profesionales sanitarios la decisión
de suspender su comercialización una vez que el Comité de Seguridad
de Medicamentos de Uso Humano pudo constatar que "su balance
beneficio-riesgo resulta desfavorable en las indicaciones autorizadas
(tratamiento de los sofocos y de las manifestaciones psicofuncionales
de la menopausia confirmada)". La decisión fue tomada después
de que el Sistema Español de Farmacovigilancia (SEFV) -según reza
la nota oficial- "hubiera recibido diversas notificaciones
de sospechas de reacciones adversas psiquiátricas (fundamentalmente
depresión, ansiedad y síndrome de retirada) y de tipo neurológico
(disquinesia, trastornos extrapiramidales, parkinsonismo), algunas
de ellas graves".
Pues bien, este hecho, por sí mismo, resulta insólito. ¿Cómo es
posible que el Ministerio de Sanidad haya tardado ¡23 años! en
darse cuenta de que la relación riesgo-beneficio del Agreal
no justifica su uso? ¿Qué hace el Ministerio Fiscal que no actúa
de oficio y exige las responsabilidades civiles y penales a que
haya lugar a los responsables ministeriales de esta sinrazón?
¿Hasta cuándo se va a consentir la impunidad de los encargados
de velar por la seguridad ciudadana cuando su negligencia es manifiesta?
Obviamente se hace difícil calcular la cifra de mujeres afectadas
ya en toda España por el Agreal porque el número de denunciantes
aumenta día a día. El abogado sevillano Fernando Osuna,
impulsor de la primera demanda que estudian los tribunales, empezó
representando a media docena de afectadas pero hoy lleva ya los
casos de cerca de 1.200. Y la Asociación Defensor del Paciente
(ADEPA) lleva el de casi 1.500. Y no son los únicos. Hay otros
bufetes en toda España atendiendo a numerosas denunciantes. Bueno,
pues en todas las demandas presentadas las afectadas afirman padecer
graves efectos secundarios que no estaban especificados en
el prospecto y de los que, por tanto, no fueron informadas
por sus médicos. Y que básicamente se corresponden con lo señalado
por la Agencia Española del Medicamento: depresión -incluso con
pensamientos suicidas-, rigidez de la mandíbula, movimientos masticatorios
compulsivos e inevitables, movimientos automáticos de la lengua
y chasqueo, ansiedad e insomnio y síndrome depresivo en forma
de tristeza insuperable junto con un cansancio muscular que impide
toda actividad habitual, temblores parkinsonianos... Entre otros
síntomas que se han ido recogiendo en los informes médicos realizados
en cada caso.
La celebración del primer juicio -previsto para el 22 de marzo,
momento en el que cerrábamos este número de la revista- tendrá
lugar en el Juzgado de Primera Instancia nº 12 de Barcelona y
en él se analiza la demanda en vía civil presentada contra el
laboratorio Sanofi-Aventis por Fernando Osuna en nombre
de 18 mujeres de distintos lugares de España encontrándose entre
ellas el caso de una mujer que, según sostiene la demanda, se
suicidó como resultado final del estado físico y mental al que
el consumo del Agreal le había conducido.
"COSAS DE MUJERES"
"Era la alegría de cualquier fiesta. Desgraciadamente
este veneno le ha quitado la vida a mi madre. Tomó la decisión
de dejar de sufrir. No encontraba explicación a tantos dolores
(jaquecas, dolores musculares y esqueléticos), insomnio, una enorme
ansiedad que no le permitía comer y le costaba respirar (...)
Sentía atascada la garganta continuamente y un nudo en la boca
del estómago, ideas de dejar de existir, sentimientos de inutilidad
debido a no poder realizar sus tareas cotidianas, expresaba un
agotamiento inexplicable y extremo. Nada más levantarse por las
mañanas quería volver a acostarse (...) Hemos pasado siete años
horrorosos (...) Y la explicación era el Agreal". El testimonio
corresponde a la hija de Isabel P., la mujer que puso fin
a su vida y cuyo caso ha comenzado a verse en Barcelona. "Estaba
metida en un túnel y no vio la forma de salir". Elizabeth,
su hija, es psicóloga y tiene claro que su madre no tuvo nunca
una depresión posmenopáusica. Para ella no hay duda de que fue
la administración continua de Agreal lo que llevó a su
madre a la muerte.
Casos similares -afortunadamente sin un final tan trágico pero
con gravísimos efectos secundarios- se encuentran por toda la
geografía española. El caso de Mari Carmen -vecina de Irún-
también está entre los primeros que la Justicia fallará en Barcelona,
sede del laboratorio. Ella contó su experiencia en el Diario
Vasco: "La ginecóloga me lo recetó porque estaba con el principio
de la menopausia, con unos sofocos horrorosos que llevaba muy
mal (...) En diciembre del 2003 me empecé a notar rara. No era
yo. Me cansaba muchísimo en el trabajo y llegaba a casa destrozada.
La gente me decía que había días, en la menopausia, que eran más
difíciles que otros; y yo me lo tomé así. En enero de 2004 empecé
a tener temblores internos. Eran horribles. No podía con ellos.
Me quedaba abatida. Así durante días. A finales de julio del 2004
me pusieron el tratamiento hormonal sustitutivo. Dejé el Agreal.
A los dos días volvieron los temblores internos. Cada vez eran
más fuertes. Los de agosto no los aguantaba más... Le dije a mi
médico que cabecera que era como si tuviera un martillo hidráulico
dentro. Me batía todo el cuerpo, era inaguantable. Lo único que
quería era morirme. Pensé en suicidarme. Un día me sorprendí con
un puñado de pastillas en la mano.."
También en el Periódico de Aragón encontramos una historia
similar, la de Marta. "En el prospecto decía que era
un medicamento totalmente inocuo (...) Lloraba continuamente,
no hacía más que dar vueltas por el pasillo de mi casa, no entendía
qué me pasaba (...) La gente me decía que estaba rara y temblaba
convulsivamente pero nunca pensé en que pudiera ser por tomar
Agreal. Dejé de tomarlo. Pasé cinco meses horribles. Iba
por la calle y me ponía a llorar. Tenía insomnio. Me empezó a
temblar la mandíbula y el ojo izquierdo (...)Toda la vida he conducido
y me daba miedo coger el coche para ir al trabajo (...) No me
extraña que haya podido haber suicidios por su causa, yo también
pensé que era mejor morir pero no tengo tendencias suicidas".
Paquita, de Canarias, escribió pidiendo ayuda -sin encontrarla-
a Carmen López, Subdirectora del Ministerio de Sanidad
y Consumo: "Desde que empecé a tomar el medicamento mi vida
ha sido un infierno, en manos de psiquiatras tanto de la Seguridad
Social como particulares (obra en mi poder certificado que así
lo acredita), traumatólogos, estomatólogos, etc. Por tanto lo
que usted menciona en su carta no es lo que me ha pasado a mí
que 'después de la retirada del medicamento' es cuando desaparecen
los síntomas ya conocidos. Dª Carmen es a día de hoy y después
de casi cuatro meses sin consumir el Agreal, después de haberlo
tomado durante casi ocho años, cuando tengo mis crisis de ansiedad,
padezco temblores, desorientación espacial y problemas de tensión".
Hay miles de testimonios de mujeres destrozadas que pueden rastrearse
en periódicos y foros de Internet. María José, a sus 58
años, se plantó en Madrid buscando respuestas, queriendo conocer
los datos que habían llevado a la retirada del medicamento, indagando
cuánto tiempo podrían durar los efectos y qué tipo de ayudas podría
brindar la Administración. Y ante la imposibilidad de obtener
más respuesta que una línea leída en la página web por un funcionario
amenazó con no moverse hasta que alguien la recibiera. Al final,
en un pasillo y de pie, consiguió hablar con Mª Angeles Dal-re,
Subdirectora General de Inspección y Control de Medicamentos.
Dal-re consideraba improcedente su presencia allí. Dos
cosas recuerda María José de una conversación que define como
"agria": el momento en el que la responsable del Medicamento
le preguntó por qué estaba "tan obsesionada con que lo que
le ocurre lo ha producido el Agreal" y lo que le comentó al
final de la breve conversación en el momento de mencionar el juicio
que iba a comenzar en Barcelona y la indemnización que según algunos
medios se le iba a reclamar en el juicio al laboratorio. Lo recuerda
como una afrenta. La Subdirectora de Control del Medicamento,
con marcada ironía según la propia María José, le dijo: "Con
esa vía ya tiene usted los problemas asegurados".
EL AGREAL, UN MEDICAMENTO PARKINSONIANO
El componente básico del Agreal es
la Veraliprida, principio activo considerado como un neuroléptico,
fármaco antidopaminérgico -la dopamina es un neurotransmisor
implicado en numerosas funciones incluyendo el control locomotor,
funciones cognitivas y emoción- de acción antipsicótica que afecta
fundamentalmente a la actividad psicomotora y que puede provocar
un síndrome parkinsoniano, es decir, un conjunto de síntomas que
se caracteriza por la rigidez, el temblor y la torpeza motriz.
Y ha sido precisamente la naturaleza de esos efectos el principal
argumento de la Agencia Española del Medicamento para retirar
finalmente el fármaco tras haber "recibido diversas notificaciones
de sospechas de reacciones adversas psiquiátricas (fundamentalmente
depresión, ansiedad y síndrome de retirada) y de tipo neurológico
(disquinesia, trastornos extrapiramidales, parkinsonismo), algunas
de ellas graves".
El prospecto que acompaña al medicamento comercializado en España
en el apartado de Propiedades dice que "presenta experimentalmente
una actividad antagonista de la dopamina" pero en ningún momento
explícita las consecuencias y riesgos que pueden derivarse de
ello ni incide directamente sobre los riesgos de depresión.
Los únicos efectos secundarios que se señalaban en el prospecto
del medicamento eran la posibilidad de producir galactorrea (eliminación
espontánea de leche por el pezón) y la única contraindicación
que se reflejaba es su empleo en enfermas que presentaran una
"hiperprolactinemia no funcional (microadenomas y adenomas
hipofisarios por prolactina) en función del efecto hiperprolactinemiante
del producto". El prospecto también afirmaba que no se habían
descrito incompatibilidades y que no procedía adoptar precauciones
ya que la toxicidad experimental del medicamento era muy baja
contemplando sólo que una absorción masiva del preparado podría
provocar crisis disquinéticas, localizadas o generalizadas, espontáneamente
reversibles.
"No se advertía en ningún caso de los graves efectos secundarios
que mis representadas experimentaron -denuncia Fernando Osuna
en su demanda-. Efectos secundarios que no sólo se han hecho ostensibles
durante el tiempo en que han estado bajo tratamiento con Agreal
sino que se han mantenido tras el cese del mismo y además se han
agravado en algunos casos, suponiendo actualmente secuelas del
consumo por cuanto no han desaparecido tras el cese en el tratamiento
y persisten en la actualidad siendo algunos de incierta remisión
e, incluso, habiéndose incrementado a peor situación de la que
sufrían durante el mismo".
El laboratorio Sanofi Aventis -que se negó a dialogar con
nosotros- rechaza cualquier relación. Afirma que no la hay ni
con la muerte de Isabel ni con ninguno de los miles de casos de
mujeres que se consideran dañadas por el Agreal. Gloria
Pujol, Directora de Comunicación de los laboratorios, en declaraciones
al portal ProNoticias-Salud declaró que el producto se
comercializa actualmente en 30 países incluyendo varios de la
Unión Europea -como Italia, Francia, Bélgica o Portugal- y que
en ninguno de ellos las autoridades han considerado necesario
suspender su comercialización después de más de 20 años en el
mercado. ¡Como si eso fuera un argumento! Las farmacias están
llenas de productos meramente paliativos que no curan nada, son
tóxicos, tienen graves efectos secundarios y son legales.
"Sólo se han comunicado casos aislados de posibles síntomas
de ansiedad y depresión -contesta defendiéndose Pujol en la entrevista-
siendo muy difícil determinar la relación entre estos síntomas
y Agreal por dos motivos: 1º) En muchos casos el historial médico
de la paciente ya incluye depresión; y 2º) Agreal está indicado
para síntomas psicofuncionales (incluyendo ansiedad y depresión)
en casos confirmados de menopausia. Por tanto, es difícil distinguir
entre los casos en los que estos síntomas se han dado por primera
vez una vez cesado el tratamiento y casos post-tratamiento en
los que Agreal estuviera produciendo un efecto beneficioso sobre
una patología de base".
Tal será la línea de defensa del laboratorio con la que discrepa
abiertamente Fernando Osuna. "A pesar de las manifestaciones
efectuadas por personas autorizadas del laboratorio -refleja éste
en su demanda- haciendo referencia a que la depresión es propia
de la menopausia hay que manifestar en primer lugar que estas
mujeres no padecían en su mayoría depresión con anterioridad al
consumo a pesar de la menopausia y, en segundo lugar, que la depresión
que puede producir la menopausia se diferencia en términos médicos
claramente de la depresión que ha afectado a mis representadas
según se expone en el informe médico adjunto".
Es más, si el laboratorio está tan tranquilo en este aspecto,
¿por qué ha borrado de su página web en España toda
referencia al Agreal y a la Veraliprida?
Además el principal problema de Sanofi-Aventis es que mientras
el Agreal comercializado en Francia recoge en sus prospectos
la posibilidad de que haya desórdenes neuromusculares, en los
de Portugal se admite que la Veraliprida puede provocar
disquinesia neuromuscular y el síndrome extrapiramidal (síndrome
parkinsoniano) y en Italia se reconocen como posibles efectos
adversos la disquinesia neuromuscolar, el síndrome extrapiramidal,
la disquinesia precoz y tardía, la distonia y el síndrome de abstinencia...¡en
los prospectos de España no se menciona ninguno de ellos! ¿Por
qué? ¿Porqué en el prospecto español tales posibilidades no estaban
recogidas ni en el apartado de Incompatibilidades, ni en
el de Precauciones, ni en el de Efectos secundarios,
ni en el de Contraindicaciones, ni siquiera en el de Observaciones
y tan sólo se habla de 'crisis disquinéticas reversibles en
caso de ingestión masiva'"?
La Agencia Española del Medicamento, en un escrito remitido a
Francisca Gil -una de las afectadas, afirma: "Veraliprida
(Agreal) fue autorizado para comercializar en 1983 momento en
el que los efectos adversos que ahora han motivado su suspensión
no eran conocidos". Para añadir más adelante: "Una vez comercializado
el medicamento se puede obtener más información sobre efectos
adversos que eran desconocidos hasta ese momento mediante información
que aportan nuevos estudios que se realizan una vez comercializado
así como los efectos adversos que notifican los profesionales
sanitarios a nuestro sistema de fármacovigilancia".
Ya. ¿Y por qué esos graves efectos secundarios SÍ se conocían
en otros países como reflejan los prospectos? ¿O es que el laboratorio
no se los comunicó al Ministerio? ¿Y si se los comunicó por qué
éste no exigió que se cambiaran los prospectos? Y si no lo hizo,
¿qué pasa, que en el Ministerio de Sanidad no se enteran de lo
que sí se enteran en los demás ministerios europeos? ¿Qué hay
en este caso, negligencia, incompetencia, prevaricación o todo
ello a la vez?
Los mencionados efectos negativos se conocen desde hace ¡muchos
años! y, por tanto, es intolerable que el Ministerio no actuara
antes. Decenas de miles de españolas han sufrido las consecuencias
y va siendo ya hora de que la impunidad en este ámbito se acabe.
Para los laboratorios... y para quienes tienen esa responsabilidad
en el Ministerio de Sanidad. Ya está bien de pedir responsabilidades
a los empresarios, a los periodistas, a los taxistas o a cualquier
otro profesional y los funcionarios y políticos responsables de
nuestra seguridad sanitaria permanezcan siempre impunes.
El neurólogo del Hospital de Donostia José Félix Massó
declararía al Diario Vasco: "El primer caso de parkinsonismo
que vi por Agreal fue a comienzos de los 80. Entonces ya dije
a los ginecólogos que tuvieran cuidado y que no recetasen ese
producto porque era un medicamento traidor que les iba a traer
muchos problemas". En otras palabras, ya entonces muchos lo
sabían y lo advirtieron. Pero nadie hizo caso.
Tanto a nivel nacional como internacional existen numerosos estudios
efectuados a lo largo de las dos últimas décadas que, por puro
sentido común, hubieran debido obligar a las revisiones posteriores
a que está obligado todo laboratorio para renovar la licencia
del medicamento, o bien proceder a su retirada o, al menos, a
la inclusión de sus graves efectos secundarios en el prospecto.
Citemos algunos de fácil acceso al público no profesional:
-En 1994 un equipo francés publicó Drug-induced parkinsonian
syndromes: a 10-year experience at a regional center of pharmaco-vigilance.
Su experiencia de 10 años de seguimiento -desde 1982 a 1992- les
permitió constatar los efectos parkinsonianos de algunos medicamentos,
entre ellos los agentes antidopaminérgicos (entre los que cabe
incluir la Veraliprida).
-En 1995 investigadores del Servicio de Neurología del Hopital
Nord et Sud de Amiens publicaron Extrapyramidal disorders
induced by veralipride (Agreal). Apropos of 5 cases señalando
que la actividad neuroléptica de este medicamento provoca agudas
disquinesias y síndromes parkinosianos y ello es a menudo desconocido
por los prescriptores.
-En 1997 un equipo de investigadores españoles del Servicio de
Neurología del Hospital Miguel Servet de Zaragoza integrado
por E. Marta-Moreno, M. Gracia-Naya y M. E. Marzo-Sola
publicó en la Revista de Neurología el trabajo Disquinesia
inducida por Verliprida. Y en él se vuelve a incidir en que
el efecto antidopaminégico de la Veraliprida puede causar
determinadas reacciónes disquinéticas.
Y no sólo han surgido avisos al respecto entre los neurólogos.
En el trabajo Síndrome disquinético inducido por la ingesta
de Veraliprida de A. Catalán, S. Benito y R.
Matorras -del Departamento de Obstetricia y Ginecología
de la Universidad del País Vasco- puede leerse: "El clínico
debe ser consciente de la actividad neuroléptica del veralipride,
resultante de la interacción con los receptores D2. El conocimiento
de este hecho debiera permitir un diagnóstico temprano de esta
excepcional complicación posibilitando la pronta interrupción
del fármaco consiguiéndose la desaparición de los síntomas sin
secuelas". Y en la misma línea está el nuevo trabajo del equipo
de investigadores franceses encabezado por K. Masmoudi
y publicado en junio del pasado año Extrapyramidal adverse
effects of veralipride (Agreal), a drug used to treat hot flushes:
a propos of 17 cases. Sus conclusiones no pueden ser más claras:
"Los prescriptores deben ser conscientes de que el Veraliprida
es un neuroléptico y podría inducir desórdenes extrapirámidales
potencialmente severos. Se espera que la prescripción de Veraliprida
aumente debido a la reciente restricción de la terapia de reemplazo
hormonal para la menopausia". De ahí que el estudio señale
que su prescripción para problemas posmenopáusicos no debe hacer
olvidar que se trata de "un auténtico neuroléptico y, por tanto,
susceptible de provocar síntomas parkinsonianos".
Y así año tras año... A ver, ¿qué número de investigaciones y
personas afectadas hacen falta para que nuestro Ministerio de
Sanidad y Consumo tome las medidas a que está obligado por ley?
¿POR QUÉ AHORA?
La verdad es que cualquiera que se acerca
al asunto del Agreal termina preguntándose cómo es posible
que hayan pasado 23 años desde que saliera al mercado y no haya
saltado la alarma pública hasta ahora. "La terapéutica sustitutiva
en la menopausia con hormonas es lo ideal cuando no existen contraindicaciones
-comenta Elisa Marhuenda, catedrática de Farmacología en
Sevilla y que aun cree en la eficacia de la terapia hormonal sustitutoria-
pero últimamente las mujeres le están tomando una cierta prevención
a las hormonas porque se relacionan con la posibilidad de cáncer
y otros riesgos. Por eso en los últimos años se ha acudido con
más frecuencia al Agreal". Es decir, que de ser un tratamiento
de segundo orden pasó a ser cada vez más utilizado por unos médicos
que demostraron no estar bien informados. Éstos no dispusieron
en el prospecto de la información necesaria, confundieron los
síntomas de sus pacientes y no supieron reaccionar a tiempo. De
ahí que mes tras mes sus pacientes escucharan de ellos respuestas
distintas pero que nunca apuntaban al Agreal:
-"Me dijeron que podía ser un problema de hígado, me hicieron
montones de pruebas y todas dieron negativo. Lo único que conseguí
es que me recetaran calmantes".
-"Acudí al médico y lo único que conseguí fueron antidepresivos".
-"Mi ginecóloga me dijo que eran días malos por la bajada de las
hormonas a causa de la menopausia y que eso alteraba el cuerpo".
-"Me dijo que tenía un problema psicológico y que me lo tenía
que tratar. Me recetó un antidepresivo".
-"Su médico siguió recetándole las pastillas hasta el final".
Y así un largo etcétera.
Y, sin embargo, hasta tal punto estaban claros los efectos de
la Veraliprida o Agreal que el neurólogo José Félix
Massó daba por supuesto en la entrevista que concedió al Diario
Vasco que era algo que la Agencia Española del Medicamento
tenía la obligación de conocer. Transcribimos un extracto de la
entrevista cuando se le pregunta por el estudio que publicó en
el 2004 sobre los efectos de la Veraliprida:
"-Vimos que seguíamos viendo enfermas con las mismas características
y recogimos los casos que pasaron por aquí (una docena de pacientes).
Creo que el Agreal no es un producto que lo hayan utilizado
muchos ginecólogos.
-¿Usted no comunicó su estudio a la Agencia Española del Medicamento
o al laboratorio?
-No. Los efectos secundarios del Agreal son esperados.
En muchos manuales aparece desde hace tiempo el parkinsonismo
como efecto del Veralipride.
-Pero en el prospecto del Agreal no se mencionan el
parkinsonismo, ni la depresión...
-No, pero el efecto secundario del parkinsonismo es clarísimo
y lógico. Y por eso me parece correcto que la Agencia Española
del Medicamento lo haya retirado del mercado. Aunque también se
podía haber tomado la decisión de poner el aviso en el prospecto
para que la gente estuviera informada del riesgo por si alguien
se pudiera beneficiar del uso. Lástima que muchos de sus colegas
no se mostraran algo más diligentes.
¿Y AHORA QUÉ?
En los más de 900 casos de demandantes afectadas
por Agreal que los médicos han estudiado se dan generalmente
los mismos síntomas a pesar de las diferentes circunstancias personales
de cada una de ellas. Y ello avala según el abogado Fernando Osuna
la convicción de que están provocados por el Agreal.
Evidentemente una vez hecho el daño nadie quiere aparecer como
responsable, nadie parece dispuesto a responder qué va a pasar
con los efectos que aún perduran de un medicamento que además
de todo lo señalado provocaba adicción -síndrome de retirada
lo llama la Agencia Española del Medicamento- física y/o psicológica.
"De unos seis meses a unos cuantos años", le respondieron
a Sonia. Y "unos cuántos años" le duran los efectos
a su madre que ya no puede ni hablar y a veces ni siquiera tragar
líquido.
Para Fernando Osuna, en cambio, existe un claro responsable: "El
hecho de no incluir posibles efectos del consumo en la información
facilitada a los consumidores sobre los efectos secundarios del
medicamento genera responsabilidad por parte del laboratorio pues
supone una conducta culposa o negligente cuando menos". No
tiene dudas de que han existido daños personales en la vida y
en la integridad física de las afectadas; daños materiales derivados
de los sufridos en sus patrimonios a consecuencia de los padecimientos
y daños morales de naturaleza psicológica que deben de ser compensados
con diferentes cuantías. "Mis representadas -afirma el
abogado sevillano- son acreedoras del derecho a obtener una
indemnización por los daños padecidos como consecuencia del tratamiento
por el medicamento Agreal con base en la responsabilidad
extracontractual del laboratorio que comercializó el mismo".
Por su parte, la Asociación Defensor del Paciente (ADEPA)
piensa adherirse en breve a la denuncia de otro bufete de abogados
que será presentada en la vía contencioso administrativa y en
la que se exigirán responsabilidades a Sanofi Aventis,
a la Agencia Española del Medicamento y al Ministerio de Sanidad
y Consumo. Su presidenta, Carmen Flores, nos confirmó que
han escogido esta vía porque los abogados de la asociación entienden
que el proceso por la vía penal acabaría siendo archivado y porque
la vía civil contra el laboratorio podría resultar muy costosa
para los propios pacientes. Tienen muy presente que en el caso
del Lipobay de la Bayer -en el que hubo cerca de
una veintena de fallecimientos en España- el proceso fue archivado
en la vía penal y cuatro años después siguen esperando la resolución
contencioso-administrativa. Entonces el acuerdo previo con el
laboratorio fue imposible. Ahora parece que también. De hecho
Carmen Flores nos confirmó que había solicitado a la Agencia Española
del Medicamento que mediara ante el laboratorio para que los afectados
pudieran sentarse a negociar y la respuesta fue negativa. "Si
no quieren sentarse no podemos hacer nada", fueron las palabras
de la Agencia que la presidenta de ADEPA nos trasmitió.
Realmente del laboratorio las afectadas esperan poco. La indemnización,
si así lo decidiera la Justicia, llegará tarde para muchas de
ellas. No quieren que les pase lo que a los afectados del mal
llamado "caso de la colza" que en casi todos los casos cobraron
los herederos.
"Sólo quiero que pongan a disposición de mi madre los mejores
médicos del mundo para reparar lo ocurrido". Quieren Justicia,
quieren que el laboratorio sea considerado responsable de lo que
les ocurre por no haber recogido con la claridad necesaria los
posibles efectos secundarios, se quejan de que sus médicos fueran
incapaces de detectar qué les estaba pasando y se conformaran
con tratarlas como mujeres "con cosas de mujeres" y lamentan que
una vez más la Administración Sanitaria no las haya hecho ni caso
negándoles la posibilidad con su silencio de acceder como damnificadas
a las terapias y medicamentos que necesitan para su total -si
ello es posible- recuperación. En definitiva sólo quieren cariño
y atención de sus administraciones públicas. Y Justicia. Sólo
que para que se haga Justicia los jueces deberían ser independientes
y tener como único norte la ética.
Elena Santos
|
© 2006 DSALUD.COM Ediciones MK3
S.L. C/ Puerto de los Leones 2, 2ª Planta. Oficina 9, 28220 Majadahonda,
Madrid. TF:91 638 27 28. FAX:91 638 40 43. e-mail: mk3@dsalud.com
|
|
|
|