La Comisión
de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia ha denunciado
en un informe "el peso excesivo de la industria farmacéutica en la formación
e información de los médicos". Es la primera vez en que de forma clara y sin
tapujos una sociedad científica da a conocer públicamente lo que de forma privada
muchos profesionales critican y que esta revista lleva denunciando desde hace
años. Sus conclusiones no sólo ponen en su sitio a la industria farmacéutica sino
también a las administraciones sanitarias por dejar en manos de las multinacionales
la información y la formación de los médicos.
Nunca hasta ahora en nuestro país una sociedad científica
se había pronunciado sobre las relaciones entre la Industria y los médicos con
la claridad y rotundidad con que lo ha hecho la Sociedad Española de Ginecología
y Obstetricia (SEGO). De hecho en el documento de 17 páginas recientemente
dado a conocer y titulado La relación entre el médico y las industrias farmacéuticas
y de productos de tecnología sanitaria. Visión ética pueden leerse afirmaciones
como éstas: "No es raro que la presión financiera mediatice la propia investigación
lo que podría conducir a productos no siempre seguros o pertinentes". O esta
otra, aún más contundente: "La formación médica continuada en nuestro ambiente
está pervertida".
Afirmaciones similares fueron consideradas exageradas,
escandalosas o amarillistas cuando desde esta revista hemos analizado en reiteradas
ocasiones los perjuicios del excesivo peso de la industria en la práctica médica.
Ahora este documento de la SEGO se une públicamente a quienes desde hace
tiempo venimos reclamando la necesidad de introducir cambios tanto en la actual
relación médicos-industria, como en la formación continuada de los mismos.
Lo que hasta ahora venían siendo comentarios de pasillo, intercambios de colegas
no contentos con determinadas formas de hacer o de no hacer las cosas, o simplemente
molinos contra los que batallar en solitario desde esta publicación ha pasado
a ser objeto de análisis de la Comisión de Bioética de la SEGO. Su resultado,
sin diferir en nada de lo ya denunciado en estas páginas, lleva en esta ocasión
sin embargo el aval del indudable peso científico que los autores del documento
tienen entre sus colegas médicos y científicos. "Hasta la fecha -indica
el profesor Luis Cabero, vicepresidente del Comité de Bioética- nadie
había marcado las pautas bioéticas que debían seguir los profesionales. Una vez
más la SEGO vuelve a ser pionera marcando las líneas profesionales".
La
Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) es la federación que
agrupa a las sociedades de Ginecología y Obstetricia de todas las comunidades
autónomas de España y representa a más de 5.350 socios. Con más de 120 años de
existencia constituye la sociedad científica más antigua de su especialidad en
toda Europa y ha sido recientemente elegida por los lectores de la publicación
on line Redacción Médica como Mejor Sociedad Científica Española
en reconocimiento a la labor que ha venido desarrollando desde sus orígenes en
1874.
DEJACIÓN DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS
El documento publicado por la Comisión de Bioética -que está presidida por el
profesor José Zamarriego- revisa el papel de la industria como fuente de
investigación e información, su aportación a la Formación Médica Continuada
(FMC) del profesional sanitario y los límites en los que debe moverse el marketing
de la industria.
Ya en las primeras líneas del preámbulo los autores definen
el principal problema -"La industria farmacéutica y, en menor proporción, la
de productos sanitarios se han transformado en los proveedores de Formación Médica
Continuada (FMC) más significativos"- y su consecuencia: "Esto posibilita
la actuación de la industria en parcelas que no serían en principio de su incumbencia
y hace que el médico reciba una formación potencialmente sesgada, no sólo en términos
de contenidos -en algunas ocasiones de manera importante- sino también de oportunidades;
es decir, con desviación en su formación hacia temas cercanos a los intereses
industriales".
Una situación que como bien señala el texto puede acabar
derivando en el uso por parte de los médicos de productos finalmente poco seguros
o en el mal uso de otros convenientemente exagerados. "No es raro -puede
leerse- que en ciertas ocasiones la presión financiera mediatice la propia
investigación en sí distorsionando el proceso lo que podría conducir a productos
no siempre seguros o pertinentes. En los últimos tiempos, lamentablemente, se
han vivido ejemplos no satisfactorios en este aspecto y han surgido informaciones
sobre efectos indeseables en diversos fármacos en nuestra especialidad que probablemente
no hubiesen existido si la presión financiera no hubiese mediatizado la metódica
investigadora de una molécula determinada". Riesgos inasumibles en todas las
especialidades que han llevado a la SEGO a denunciar finalmente la situación.
"Es una obligación de la SEGO -afirman los autores del documento- como
Sociedad Científica denunciar los intereses economicistas de las investigaciones
así como el poco rigor exigido en las publicaciones procedentes de ciertas áreas
de influencia o las editadas en publicaciones poco contrastadas, muchas veces
esponsorizadas por la propia industria".
Hay que decir, en cualquier caso,
que a pesar de su análisis crítico la Comisión de Bioética de la SEGO valora
a lo largo del texto el importante papel de la industria: "El médico reconoce
la contribución del sector farmacéutico y el de productos sanitarios a la I+D
pública y privada así como el valor añadido que dicha investigación biomédica
aporta a la sociedad". Asimismo reconoce el derecho legítimo de la industria
farmacéutica y de productos sanitarios, como entidades comerciales, a buscar beneficios
para acabar señalando como principal responsable de la situación creada a la pasividad
de las distintas administraciones públicas. "Las administraciones sanitarias
se han significado por la dejación de funciones que les correspondería cumplimentar
en multitud de campos y áreas de conocimiento en el terreno de la Formación Médica
Continuada. Es una realidad -puede leerse en el texto de la SEGO- que la
empresa de servicios sanitarios más importante de nuestro Estado es la Administración
Sanitaria (Ministerio de Sanidad y Consumo y Consejerías de Sanidad y Salud de
las distintas Comunidades Autónomas) y paradójicamente, en términos de inversión
real en FMC, le corresponde un porcentaje ínfimo en comparación con los recursos
invertidos por las industrias Farmacéutica y de Productos Sanitarios así como
por las sociedades científicas. Los unos por sus intereses particulares y los
otros por la falta de inversiones han dado lugar a que un proceso de tal envergadura
e importancia esté bajo control, sobre todo económico, del sector privado".
Situación
que es preciso rectificar de inmediato según la Comisión de Bioética porque como
declararía su presidente, José Zamarriego, "la formación continuada es una
garantía del cumplimiento de los derechos de los pacientes".
FALTA DE TRANSPARENCIA
Después de realizar un rápido análisis de las
dificultades que conlleva la puesta en el mercado de nuevas moléculas, procesos
muy largos, complejos, costosos -800 millones de euros puede suponer la obtención
de un medicamento- y de alto riesgo -de cada 10.000 moléculas que se empiezan
a investigar sólo una será registrada-, el documento, dando por buenos los esfuerzos
por mejorar los procedimientos de acceso al mercado, señala también como problema
la falta de información transparente. "El profesional de la medicina -se dice
en el documento- en la mayoría de las ocasiones no tiene la preparación adecuada
para hacer el análisis que le permita la elección pertinente de una molécula sobre
otra y basa su decisión en la información proporcionada. Casi siempre tal acción
la realiza la propia industria a través de sus distintos canales de información
y de marketing. Con el fin de dar una calidad supuesta informa de los efectos
beneficiosos dejando al margen los efectos indeseables o minimizando los mismos
que, a veces, son tan importantes como los primeros". Un problema que aunque
generalmente se sitúa en el marco del uso de distintos medicamentos también abarca
al uso de los utensilios hospitalarios. "A veces -puede leerse- el ilusionismo
o el afán de novedad ha hecho que se adoptaran o aceptaran utensilios que no aportan
beneficio alguno en términos de resultados y en cambio pueden encarecer la práctica
médica de manera injustificada. Pocas veces las agencias de evaluación han ejercido
su papel en este campo, al menos en el área de nuestra especialidad".
Transparencia
en la información que puede fallar no sólo en la fase inicial del lanzamiento
del producto sino también en el propio seguimiento del mismo ya que según el texto
"Existe poca cultura de evaluación de los resultados de las investigaciones
a través de las Agencias de Evaluación y la mayoría de las existentes basan sus
conclusiones en la información proporcionada por el equipo investigador (…) Sin
embargo, muy pocas veces se brinda toda la información, a veces muy farragosa,
que solamente controla el monitor y de la que se responsabiliza el investigador
principal. No ha sido una rareza que algún efecto deletéreo observado no haya
sido identificado como tal hasta pasado un tiempo, a veces excesivamente largo,
cuando ya ha causado males, en ocasiones, irremediables".
El profesor
Cabero, vicepresidente del Comité de Bioética, ha señalado a este respecto que
una información veraz y objetiva favorece tanto a los pacientes como a la propia
industria. "Si el médico dispone de una información completa -asevera-
podrá utilizar los fármacos y productos sanitarios de la forma más adecuada a
cada situación favoreciendo la calidad asistencial y la atención al paciente".
LA RESPONSABILIDAD DE LOS MÉDICOS
El documento
de la Comisión de Bioética no olvida tampoco que también los médicos tienen su
parte de responsabilidad en todo lo que ha venido ocurriendo reconociendo así
una realidad repetidamente denunciada en esta revista: "En no pocas ocasiones
-se dice a este respecto- la puesta en escena de un nuevo fármaco o utensilio
médico ha ido acompañado de grandes esfuerzos incentivadores por parte de las
empresas con el fin de introducir en el mercado el producto y rentabilizar, mediante
sus beneficios, la inversión. Estos esfuerzos pueden ser muy variados y pueden
incluir muchas formas distintas. En no pocas ocasiones se ofrece al profesional
un conocimiento del producto disfrazado de conferencias o cursos o presentaciones
científicas que sitúan al médico en el centro de todo el proceso enmarcado además
con la atracción adicional de un entorno festivo o turístico lo que crea un clima
de acercamiento hacia el producto que, en definitiva, es lo que se pretende. ¡Cuántas
reuniones 'científicas' se han organizado en indiscutibles parajes turísticos
con viajes muy amenos y con gastronomías incomparables pero con el fin de intentar
inducir o provocar la decisión de la prescripción de un fármaco o la utilización
de un aparato. Todo ello, sin duda, con la complicidad del propio médico asistente".
Los integrantes de la Comisión Bioética de la SEGO creen necesario por
ello insistir en que también el profesional, como parte del problema, tiene que
saber medir sus propios límites en el campo del marketing donde se ha llegado
a límites no sólo poco éticos sino incluso ilegales y peligrosos para los pacientes
a los que se receta en ocasiones en función de la comisión más que en función
del medicamento más conveniente. "A lo largo de la historia -escriben-
ha habido ejemplos puntuales, en ningún caso generalizados, en los que se ha
llegado (por parte del médico) a reclamar una participación económica por producto
utilizado o bien establecer unos niveles a partir de los cuales alguien podría
recibir compensaciones no razonables. Este tipo de planteamiento no es aceptable
bajo ningún punto de vista. Una cosa es la cortesía con que una industria puede
tratar a los profesionales y otra es la exigencia de compensaciones personales
o colectivas en una acción de marketing determinada. Por lo tanto, unos y otros,
industria y profesionales, han de saber mantener una relación que se enmarque
en las buenas prácticas sin perderse el respeto y aceptando las normas éticas
establecidas de buena conducta".
En opinión de los autores del documento
la creación de una Unidad de Supervisión Deontológica por parte de Farmaindustria
con el fin de supervisar el cumplimiento y aplicación del Código Español de Buenas
Prácticas para la Promoción de los Medicamentos -que define de manera diáfana
los límites de la promoción- y algunas medidas tomadas por la Administración -como
los precios de referencia o la aparición de los genéricos- deberían terminar con
este tipo de situaciones indeseables. Sin embargo, nada de ello será posible sin
la colaboración del médico.
SOLUCIONES
Aunque
el documento se extiende más en el análisis crítico de la realidad que en la formulación
de soluciones sí parece claro que el cambio de modelo de Formación Médica Continuada
pasa por dar un mayor papel a las sociedades científicas: "Las entidades científicas,
juntamente con las autoridades gubernamentales, tienen la obligación de velar
para que se cumplan los requisitos de la verdad científica. Tal como ocurrió en
los albores de los años 50 ahora se ha de hacer un importante esfuerzo para reivindicar
la ciencia como tal y no como herramienta en manos de intereses ajenos a la medicina".
Aunque para ello señalan que es imprescindible contar con el apoyo económico
de las administraciones sanitarias: "Cuando se trata de definir y estipular
un programa -recoge el documento-, no una actividad única, de Formación
Médica Continuada el especialista entiende que la responsabilidad ha de ser de
la Sociedad Científica como proveedora de servicios, con financiación pública
de la Administración Sanitaria.".
Y es que sin que las administraciones
públicas asuman su auténtico papel no parece que nada pueda cambiar: "Las administraciones
sanitarias han creído que con el simple control acreditativo, que en realidad
debería ser competencia de las sociedades científicas, cumplen con su obligación.
Y nada más alejado de la lógica en un sistema sanitario tan socializado como el
nuestro. Hay muy pocas empresas que dejen la responsabilidad de todo el proceso
de formación continuada de su personal a una entidad ajena y sin apenas control.
Ha de recordarse aquí la importante cantidad de literatura que demuestra que la
eficiencia y calidad de los servicios está directamente relacionada con la inversión
en formación continuada de sus miembros".
José Zamarriego ha señalado
al respecto: "El apoyo de las industrias es indudable pero somos las sociedades
científicas quienes debemos tutelar la formación haciendo que forme parte de un
programa estructurado". Asimismo remarcaría "la necesidad de que las sociedades
científicas actúen conjuntamente con otras organizaciones como son los colegios
médicos o las facultades que ya han mostrado su interés".
Como ejemplo
de vía a seguir la Comisión Bioética de la SEGO recuerda las directrices
de La Union Européenne des Médecins Spécialistes. "La UEMS -se recuerda-
estipula que la Formación Médica Continuada ha de estar organizada, realizada
y supervisada por los propios profesionales, completamente independientes de las
fuentes de financiación, de los diversos grupos de opinión, de los intereses políticos
y económicos, de las entidades aseguradoras, del Gobierno y de las Universidades.
La calidad ha de estar controlada por los propios profesionales, preferentemente
mediante comités en los que estén representados sociedades científicas, universidades
y colegios médicos".
Y dentro del cambio de modelo propuesto también se
hace necesario mejorar el papel de las agencias evaluadoras. "En este sentido
-señala el texto- cabe reforzar la idea de la información proporcionada
por fuentes distintas a la propia industria como son las agencias de evaluación
sobre las que recae la responsabilidad de aportar a los profesionales el estudio
crítico y científico de las distintas moléculas o utensilios médicos".
Terminamos.
El mensaje de la Comisión de Bioética de la SEGO es muy claro en lo que
puede leerse pero también en lo que deja entrever. Lo que nos preguntamos es por
qué no se ha publicado nunca antes un documento así. ¿Será que sus autores consideran
que se ha cruzado la frontera de lo tolerable y se están conculcando los derechos
elementales de los pacientes estando ya en riesgo su salud -e incluso sus vidas-
cono venimos denunciando casi en solitario en Discovery DSALUD desde hace
años? Sea así o no lo indudable es que este documento es un auténtico aldabonazo
a la conciencia de los protagonistas de la sociedad del medicamento. Ya iba siendo
hora.
Elena Santos
La investigación debe de ser independiente
Coincidiendo prácticamente
con la aparición del documento de la SEGO se celebró en Madrid la jornada
científica Ensayos clínicos sin interés comercial organizada por la
Fundación de Ciencias de la Salud que vino a resaltar los problemas con los
que hoy en día se encuentra la investigación independiente. En el transcurso de
la misma se escucharon distintas opiniones defendiendo que la investigación debe
de ser independiente de los intereses industriales y exigiendo de la Administración
una mayor aportación a este tipo de investigación. José Luis López-Sendón,
jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario La Paz de Madrid
señaló que las principales trabas a la investigación independientes son los trámites
burocráticos excesivos y sus elevados costes. Sobre los trámites afirmó que los
investigadores que quieren realizar este tipo de ensayos clínicos "se encuentran
con una necesidad formidable de trámites burocráticos: los contratos con los hospitales,
la preparación de los cuadernos de recogidas de datos, la monitorización de los
controles de calidad, la recogida de los efectos adversos y demás". Y sobre
los controles de calidad y sus costes recalcó que "hace falta dinero en cantidades
muy importantes porque la complejidad que ha adquirido la regulación de los ensayos
clínicos hace que sean muy costosos". Por su parte, Cristina Avendaño
-médico adjunto del Servicio de Farmacología Clínica del Hospital Puerta de
Hierro de Madrid- reclamó a la Administración que "apoye los ensayos clínicos
que no tienen interés para la industria pero sí para la medicina y para el Sistema
Nacional de Salud". Además, y en la misma línea del documento de la SEGO,
recalcó que "es imprescindible que las administraciones entiendan la importancia
de realizar este tipo de investigaciones, especialmente en materia de equivalencia
terapéutica de medicamentos. De este modo el Sistema Nacional de Salud podría
responder a cuestiones clave sobre la financiación selectiva de fármacos (…) Es
necesaria una mayor financiación pública de estas actividades y apoyo en materia
de infraestructuras y de coordinación entre los diferentes grupos de investigadores".
El problema radica según esta experta en que la Administración no sólo no
apoya lo suficiente la investigación independiente sino que con su nueva regulación
-el decreto de ensayos clínicos y la directiva europea- todavía la hace más difícil
ya que a su juicio suponen importantes trabas administrativas con un elevado coste
económico. Avendaño finalizó señalando que "los médicos debemos insistir más
en hacer este tipo de investigaciones y no plegarnos a los intereses de las compañías
farmacéuticas".
A lo largo de la jornada se puso como ejemplo el caso
italiano. El director del Instituto de Investigaciones Farmacológicas de
Milán, Gianni Tognoni, explicó que en su país recientemente se ha aprobado
una normativa que "pone en un primer plano la investigación que no tiene como
objetivo el desarrollo de medicamentos sino la solución de problemas". En
concreto indicó que para este año existe una dotación específica de 50 millones
de euros para financiar la investigación independiente.
Finalmente, el presidente
de la Fundación Ciencias de la Salud, Diego Gracia, consideró que
"cada vez es más necesario realizar investigación sin ánimo de lucro" agregando
que "la investigación sanitaria no puede reducirse al interés de las sociedades
privadas".