Los
vecinos del madrileño barrio de Argüelles -uno de los más poblados de la capital-
se encontraron a finales del pasado verano con que unos obreros abrían zanjas
y con inusitada rapidez se instalaban en ellas 10 tubos de conducción de cables
de alta tensión. Cuando quisieron darse cuenta estaba todo listo para que a pocos
metros de sus viviendas pasaran por ellos 90.000 voltios estando a punto de instalarse
15 tubos más para transportar otros 220.000 voltios. En total pues, a pleno rendimiento,
¡310.000 voltios! que iban a circular bajo sus pies hasta una subestación cercana.
Alarmados, los vecinos se movilizaron de inmediato y consiguieron detener las
obras. Pero no por los evidentes peligros de los campos electromagnéticos sobre
la salud sino por irregularidades administrativas. Y es que
Unión Fenosa
había afrontado esa obra
"sin la preceptiva autorización administrativa y sin
la aprobación del proyecto", según informó la Dirección General de Industria,
Energía y Minas de la Comunidad de Madrid que abrió dos expedientes sancionadores
a la compañía.
Solo que harían bien los vecinos en no confiarse. Los procelosos
vericuetos administrativos son el medio natural en el que políticos y compañías
mejor se entienden. Es demasiado habitual que mientras unos miran hacia otro lado
-o cierran sin más los ojos- los otros actúan a su aire. Ejemplos hay de sobra.
No olvidemos el caso de Majadahonda ampliamente denunciado en estas páginas. Unos
vecinos informaron a la Fiscalía de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid que
en menos de 25 metros a la redonda de un centro de transformación de
Iberdrola
y una antena de
Telefónica se habían producido en los últimos años ¡45
muertes! -26 de ellas por cáncer y 14 por accidentes cardiovasculares- agregando
que ni siquiera cuentan con las autorizaciones correspondientes… y ambos siguen
abiertos y en funcionamiento. Es más, al parecer se hicieron no hace mucho obras
para ampliar la potencia del centro de transformación de
Iberdrola.
Narciso
de Foxá, el alcalde majariego, manifestó personalmente al director de
Discovery
DSALUD,
José Antonio Campoy, la cantinela de siempre para justificar
su inacción: ¡que no hay "evidencias científicas" de la peligrosidad de los campos
electromagnéticos sobre la salud de las personas! Sin embargo, la presión de la
oposición municipal -más bien formal-, las actuaciones del Fiscal de Medio Ambiente
de Madrid
Emilio Valerio ante un juzgado de la localidad y la insistencia
de muchos vecinos le llevaría a declarar finalmente que estaba decidido a que
el centro de transformación se trasladase pero que no podía hacerlo de momento
debido a que el Ayuntamiento tiene dificultades económicas para asumir el coste.
¡Como si el Ayuntamiento tuviese que hacerse cargo de ello cuando
Iberdrola
lleva décadas años ejerciendo de manera irregular su actividad! ¡Al alcalde le
bastaría hacer cumplir la ley a la compañía eléctrica! Por tanto es evidente que
no lo hace porque no quiere.
TAMBIÉN EN MÓSTOLES
Precisamente la falta de las pertinentes autorizaciones administrativas permitió
al juzgado de la también madrileña localidad Móstoles ordenar hace unos meses
el cierre de otra subestación instalada junto a unas viviendas en las que se habían
producido trece muertes por cáncer. No tuvieron sin embargo tanta suerte los vecinos
de Patraix en Valencia. Denunciaron durante meses de forma reiterada las irregularidades
administrativas que rodearon la puesta en marcha de la subestación que junto a
sus viviendas recibirá ¡220.000 voltios! pero no les ha servido de nada. De hecho,
a mediados de octubre pasado volvieron a instar al Ayuntamiento de Valencia a
que cerrara la instalación por razones de salud además de por las razones administrativas
aducidas pero tampoco se les ha hecho caso. Y eso que
Iberdrola no cuenta
según los vecinos con la
"preceptiva licencia de actividad" a pesar de
lo cual la subestación se puso finalmente en funcionamiento sin aviso alguno.
Los vecinos lo descubrieron por el ruido de la maquinaria y las mediciones de
los campos electromagnéticos realizadas sobre el terreno. ¿Y qué dice la empresa?
Pues sostiene que cuenta con todas las autorizaciones necesarias para el desarrollo
de su actividad. Y claro, los políticos de turno mirando hacia otro lado. Bueno,
en este caso no. En este caso se ha llegado a lo inadmisible porque el concejal
delegado de Grandes Proyectos,
Alfonso Grau, llegó a declarar -según recogió
El País- que
Iberdrola no necesita ninguna licencia porque la actividad
que desarrolla es
"inocua" y que, por tanto, su funcionamiento no incumple
la normativa. ¡Toma ya! ¡Y la gente les seguirá votando! La verdad, según denuncia
La Comisión para el traslado de la subestación de Patraix en un comunicado
del pasado 30 de octubre es que
"en su día ningún técnico municipal quiso firmar
la licencia de actividad al serles presentada desde el Ayuntamiento intentando
hacerla pasar como actividad inocua aduciendo que se trataba de una actividad
calificada". Tampoco es de recibo el argumento de la alcaldesa valenciana
Rita Barberá aduciendo que la instalación estaba prevista desde 1988. Porque
entonces quizás no se supiera todo lo que ahora se conoce sobre la influencia
de los campos electromagnéticos sobre la salud pero afirmar hoy eso es intolerable.
Así que una de dos: o nuestros políticos son unos ignorantes o unos mentirosos.
Bien harían los señores Foxá y Grau así como la alcaldesa Barberá y el resto
de rectores municipales, comunitarios y estatales de nuestro país en dedicar algo
del tiempo que sí tienen para las compañías eléctricas a repasar las múltiples
evidencias científicas que alertan del peligro de las radiaciones para la salud
generadas por las torres de alta tensión, los centros de transformación, las antenas
de telefonía y hasta los simples móviles de bolsillo porque es hora de dejar de
engañar a la población.
Y si no tienen tanto tiempo para ello porque la salud
y la vida de la gente les preocupa poco y no van a leerse los cientos de trabajos
que así lo evidencian en todo el mundo pueden leer al menos el trabajo que, precisamente
a instancias de los vecinos de Patraix, realizó el doctor
Darío Acuña Castroviejo,
catedrático de Fisiología de la
Universidad de Granada, investigador español
de prestigio internacional y miembro del
Consejo
Asesor de Discovery DSALUD, titulado
Informe científico sobre los
efectos de los campos electromagnéticos (CEM) en el sistema endocrino humano y
patologías asociadas. Porque si tan sólo lo hubieran ojeado no tendrían la
desfachatez de argumentar que la actividad que desarrolla
Iberdrola es
"inocua".
UN INFORME DEMOLEDOR Dice el doctor
Castroviejo en la página 8 de su informe, apartado 2.3
Campos electromagnéticos
y patologías lo siguiente (los destacados en negrita son nuestros):
"Las
ondas electromagnéticas generadas por las corrientes eléctricas y por las microondas
(telefonía, telefonía móvil, radiofrecuencias, telefrecuencias, radares civiles
y militares, etc.) interfieren y distorsionan el funcionamiento normal del
organismo humano. Aunque en la bibliografía científica hay cierta controversia
se han publicado con suficiente rigor metodológico diversos efectos nocivos en
las personas expuestas. Los principales efectos perjudiciales de la exposición
a campos electromagnéticos son los siguientes:
a) Trastornos neurológicos
como irritabilidad, cefalea, astenia, hipotonía, síndrome de hiperexcitabilidad,
somnolencia, alteraciones sensoriales, temblores y mareos.
b) Trastornos
mentales: alteraciones del humor y del carácter, depresiones y tendencias
suicidas.
c) Trastornos cardiopulmonares: alteraciones de la frecuencia
cardiaca, modificaciones de la tensión arterial y alteraciones vasculares periféricas.
d) Trastornos reproductivos: alteraciones del ciclo menstrual, abortos,
infertilidad y disminución de la libido sexual.
e) Incremento del riesgo
de algunos tipos de cáncer como las leucemias agudas y los tumores del sistema
nervioso central en la infancia.
f) Trastornos dermatológicos: dermatitis
inespecíficas y alergias cutáneas.
g) Trastornos hormonales: alteraciones
en el ritmo y niveles de melatonina, substancias neurosecretoras y hormonas sexuales.
h) Trastornos inmunológicos: alteraciones del sistema de inmunovigilancia
antiinfecciosa y antitumoral". ¿Les parecen pocos riesgos a nuestras autoridades
municipales, autonómicas y estatales? ¿Sigue creyendo el señor Alfonso Grau que
se trata de un tipo de actividad inocua, es decir, carente de riesgo para la salud?
Pues a fin de ilustrarle a él y a sus colegas un poco más nos vamos a permitir
extraer otro de los aclaratorios párrafos del mismo apartado del informe del doctor
Acuña:
"A finales de los años setenta aparecen ya los primeros datos que indicaban
una asociación entre campos electromagnéticos y cáncer, particularmente leucemia
infantil. Desde entonces se han realizado gran cantidad de estudios epidemiológicos
y de laboratorio para establecer una relación entre la exposición a campos electromagnéticos
y patología humana. La IARC (Internacional Agency for Research of Cancer), referencia
mundial sobre investigación del cáncer, señala que a partir de 0'4 microteslas
se ha observado un aumento de la tasa de mortalidad por leucemia en profesionales
relacionados con el trabajo en campos electromagnéticos y en niños que habitan
casas cercanas a tendidos de alta tensión. Países como Suecia han reconocido en
su legislación la incidencia de los campos electromagnéticos generados por las
líneas de alta tensión en la leucemia infantil. Otros estudios mostraron que la
mayoría de los casos de muerte súbita de lactantes se produce en la cercanía de
vías electrificadas, emisoras de radio, radar o líneas de alta tensión, es decir,
zonas expuestas a fuertes campos electromagnéticos. Se encontró también un aumento
de la frecuencia de malformaciones congénitas en niños cuyos padres trabajaban
en fuentes generadoras de alta tensión". ¿Qué más necesitan las autoridades
para entender que su postura de dejar hacer a las compañías eléctricas ha pasado
a convertirse en una grave negligencia con consecuencias no ya económicas sino
lesivas para la salud de sus conciudadanos? Porque podríamos volver a citar lo
más destacable de los cientos de estudios existentes que confirman lo que perfectamente
ha resumido el doctor Castroviejo (el lector puede acceder a los artículos que
anteriormente hemos dedicado a este asunto entrando en nuestra web).
LA
TELEFONÍA MÓVIL TAMBIÉN ES PELIGROSA Tras lo dicho por el Dr. Castroviejo
es pues obvio que no son los centros de transformación y las torres de alta tensión
los únicos agentes electromagnéticos que presentan riesgos para la salud. La polémica
en torno a las antenas de telefonía sigue creciendo y afortunadamente cada vez
más ciudadanos son conscientes de los riesgos a los que son sometidos por una
instalación de ese tipo. Recientemente una protesta en Madrid acabó con varios
vecinos detenidos cuando trataban de frenar la instalación de una antena. Los
vecinos del número 40 de la calle Cavanilles del distrito de Retiro, hartos del
silencio e inoperancia de las autoridades de su zona, trataron ¡por séptima vez!
de impedir la instalación. Solo que en esa ocasión también aparecieron cinco furgonetas
llenas de policías que impidieron la protesta. La base y la antena fueron instaladas
y algunos vecinos acabaron detenidos. No sirvieron ni sus quejas, ni las 4.000
firmas recogidas contra la instalación. En esta ocasión primó la voluntad del
dueño del bloque, único de acuerdo en instalar la antena -la pasta es la pasta-
y, claro está, el interés de la compañía telefónica cuya postura cínica resumía
un vecino en el momento de los incidentes.
"Los de Vodafone dicen que no nos
preocupemos, que las emisiones tienen un efecto paraguas y que a los que vivimos
en el edificio no nos afectarán. ¡Como si el resto de los vecinos no importara!
¡Pero si hay una guardería en la esquina de al lado!"
Pues sepan los funcionarios
del distrito de Retiro de Madrid que han permitido esta situación que puede pesarles,
si no penalmente quizás sí moralmente durante los próximos años. Siempre que su
conciencia no se la haya llevado también por delante la modernidad. Porque vamos
a citarles dos estudios científicos que relacionan las antenas de telefonía con
un incremento de casos de cáncer en sus áreas de influencia. Que evidencias científicas
hay. Ambos se publicaron durante el año 2004. El primero de ellos es un estudio
israelí
-Wolf y Wolf, 2004, Increased incidente of cancer near a cell-phone
transmitter station- que señala la existencia de un incremento de la incidencia
de cáncer en un área de 350 metros de radio respecto a una antena de telefonía.
El estudio pretendía determinar si la incidencia de casos de cáncer entre personas
expuestas a una estación transmisora de telefonía móvil es diferente entre los
vecinos de la misma y el resto de la población que vive alejada de ella. Se realizó
en Israel, en la localidad de Netanya, estudiándose a 622 personas que vivieron
en el área cercana al transmisor durante un período de 3 a 7 años. El grupo de
control lo constituyeron 1.222 individuos de ambiente, lugar de trabajo y características
profesionales similares pero que vivían fuera del área de influencia de la antena.
He aquí el resultado:
"En el área de exposición (área A) se diagnosticaron
ocho casos de diferentes tipos de cáncer en un periodo de sólo un año. Esta proporción
de cánceres se comparó con la proporción de 31 casos por cada 10.000 habitantes
por año en la población en general y con los 2 por 1.222 del l grupo control (área
B). Las tasas de cáncer femenino fueron de 10.5 para el área A, 0.6 para el área
B y 1 para el pueblo entero de Netanya. La incidencia de cáncer en mujeres en
el área A fue así significativamente más alta (p <0.0001) comparada con la del
área B y con la de la ciudad entera. Una comparación del riesgo reveló que había
4.15 veces más casos en el área A que en la población entera. El estudio indica
la existencia de una asociación entre el aumento de incidencia del cáncer y el
hecho de vivir en las proximidades de una estación transmisora de telefonía móvil"
El segundo de ellos es una investigación realizada en Alemania -
Eger
y otros, 2004- que concluye que el riesgo de contraer un cáncer se multiplica
por 3,29 en el área interior de un radio de 400 metros de una antena de telefonía.
Además la edad de los pacientes con tumores en dicha área respecto al resto del
territorio era 8,5 años menor para el conjunto de tumores y 20 años menor para
las personas diagnosticadas con cáncer de pecho.
Por su parte, en España,
Alfonso Balmori Martínez, miembro del
Cuerpo Facultativo Superior de
Biólogos de la Junta de Castilla y León, echaba hace poco más leña al fuego
con su artículo
Efectos de la telefonía móvil sobre los seres vivos publicado
en la web de la
Universidad Complutense de Madrid.
"Los estudios epidemiológicos
realizados con usuarios de teléfonos móviles -resumía-
muestran que su
uso continuado puede provocar efectos a largo plazo como problemas oculares (Dovrat
y otros, 2005), de audición (García Callejo y otros, 2005), en la barrera
hematoencefálica (Salford y otros, 2003) o en la reproducción (Davoudi
y otros, 2002). Por otra parte, los estudios epidemiológicos realizados en el
entorno de antenas de telefonía revelan problemas de salud (el llamado síndrome
de microondas) entre los vecinos de la instalación (Hutter y otros, 2002;
Santinil, 2003; Navarro y otros, 2003; Oberfeld y otros,
2004). (…) Previamente a la implantación de la tercera generación (UMTS) el Gobierno
holandés encargó un estudio en el que se comprobaron alteraciones cognitivas y
de salud por las emisiones de las antenas de telefonía móvil UMTS". Y
por si fuera poco aún hay más. El estudio
La radiofrecuencia de los teléfonos
móviles acelera la carcinogénesis. Importancia del ión calcio en la señal conductora
del proceso en el que participó el investigador español
Emilo Mayo
-de la
Universidad Rovira y Virgili- señalaba en sus conclusiones:
"Ante
los resultados observados llamamos a la prudencia en el uso y, sobre todo, en
el abuso de la radiofrecuencia de los teléfonos móviles; especialmente en niños
y jóvenes que no tienen el total desarrollo de sus estructuras. Puede que en un
futuro próximo haya un incremento de patología linfoide, sobre todo en personas
predispuestas, y esté en relación a los resultados de este estudio". EL
RECIENTE CONGRESO DE CRETAEn suma, mientras los ciudadanos conviven
con los móviles -a veces de forma abusiva- o soportan la contaminación electromagnética
laboral, cuando no la de las subestaciones colocadas al lado de casa, los científicos
continúan avanzando en la demostración de los efectos de los campos electromagnéticos
sobre la salud. Así, del 16 al 20 de octubre pasados se celebró en Creta el
IV
International Workshop on Biological Effects of Electromagnetic Fields con
presencia de investigadores de primer nivel internacional. Habiendo sido presidente
del Comité Técnico el profesor
José Luis Bardasano -Director del
Departamento
de Especialidades Médicas de la madrileña
Universidad de Alcalá de Henares,
uno de los principales especialistas sobre los efectos de los campos electromagnéticos
en la salud y miembro también del
Consejo Asesor de Discovery DSALUD- con
quien conversamos brevemente a su vuelta. A fin de cuentas aportó al congreso
dos trabajos. El primero, sobre los efectos de la telefonía móvil en sordos.
-¿Cuál
fue el resultado? -Con él demostramos -nos diría- que el teléfono móvil
directamente pegado a la oreja influye en las ondas cerebrales, en el funcionamiento
cerebral. Y lo hemos comprobado con las imágenes y los gráficos correspondientes.
El efecto de inducción electromagnética es claro y se ve cómo la señal afecta
al cerebro y se produce una modificación de los parámetros cerebrales, seas sordo
o no.
En cuanto al segundo trabajo presentado fue justo en la línea contraria:
los efectos beneficiosos de algunos campos electromagnéticos.
-La estimulación
electromagnética transcraneal -nos explicaría- puede ser beneficiosa como posible
terapéutica regenerativa en patologías neurodegenerativas. Aquellos que tienen
un problema en la parte bioquímica del cerebro pueden cambiar la información de
una neurona a otra a través de un campo magnético. Una estimulación de este tipo
en un ambiente controlado podría beneficiar a estos enfermos.
-¿Qué ha
sido para usted lo más significativo del congreso de Creta?
-A mi juicio,
los trabajos de los investigadores suecos encabezados por
Leif Salford.
Sus experiencias con ratas a las que se ha expuesto a campos electromagnéticos
similares a la telefonía móvil o directamente a un teléfono móvil nos han dejado
fotos histopatológicas que demuestran sin lugar a dudas cómo se producen alteraciones
en la barrera hematoencefálica, la barrera que separa la sangre y el cerebro.
El paso de determinadas sustancias de la sangre al cerebro es muy selectivo y
esa barrera es la encargada de filtrarlas. Cuando te ves sometido a campos electromagnéticos
de la categoría de los emitidos por un teléfono móvil la permeabilidad de la membrana
cambia, es decir, deja pasar más sustancias de las debidas que pueden resultar
tóxicas para el cerebro. Esto es lo que ha determinado Salford de manera concluyente.
Y una vez vistos los cortes histológicos del cerebro de las ratitas, si comparas
los del grupo de control con los de las del grupo experimental te das cuenta de
que hay daños neuronales serios y depósitos importantes de albúmina en muchas
zonas lo que quiere decir que la membrana, alterada su permeabilidad, ha dejado
pasar muchas sustancias alterándose el metabolismo de las neuronas y de la propia
glía. Lo que está claro es que en el hipocampo de las ratas se han producido lesiones.
Estas conclusiones podrían llegar a extrapolarse a los humanos aunque, quede claro,
Salford ha trabajado con ratas.
-¿Mantienen aún dudas los científicos,
como algunos de nuestros políticos, sobre la incidencia de los campos electromagnéticos
en la salud?
-El peligro es real y ningún científico medianamente serio
alberga ya ninguna duda. El problema no es que sea real, es que es ¡hiper-real!
Uno de los capítulos que incluía el congreso se dedicaba a las políticas de los
distintos gobiernos y allí, por cierto, no hubo nadie del Gobierno español, que
no presentó absolutamente nada en este congreso. Quizás porque lo aportado a este
tipo de investigaciones es prácticamente nulo en nuestro país. Mucho más debiera
aportarse si queremos estar a nivel europeo. Allí estaban los países más avanzados,
como Alemania, exponiendo sus proyectos de investigación no ya para evaluar si
hay o no efectos -que vuelvo a repetirlo, nadie serio niega ya- sino para determinar
cómo los campos electromagnéticos interfieren sobre la materia viva para luego
legislar sobre su protección. Los países serios están modificando sus legislaciones.
Ya no se plantean si hay efectos sobre la salud sino que buscan ya cómo proteger
a sus ciudadanos. Son los políticos los que tienen que tomar medidas de una vez.
Los científicos estamos hartos de decir que pueden hacer daño a la salud.
-Una
última pregunta: ¿qué normativa adoptaría usted en su barrio, ciudad o país si
pudiera o le consultaran?
-Yo siempre me voy a quedar con la legislación
más restrictiva porque eso supone curarse en salud y no tener que lamentarlo más
adelante. Creo que cualquier médico serio que defienda la higiene, la precaución
y la salud preventiva apuesta por prevenir y no por curar. Así que, de momento,
mientras las cosas no cambien tendremos que seguir en la línea de la prevención.
Por ejemplo, trabajando en dispositivos aislantes como el protector
Gamma 7-RT
(lea en nuestra web el artículo que publicamos sobre él en el número
70)
cuyos efectos aislantes de la contaminación electromagnética de los teléfonos
móviles constatamos científicamente en nuestro departamento de la Universidad
de Alcalá de Henares así como con otros que respondan igualmente a criterios científicos
verificables.
RIESGOS LABORALES A lo dicho
hay que agregar que los campos electromagnéticos están también configurándose
como un grave riesgo laboral, bien como factor único, bien combinado con otros
de distinta naturaleza. Esta preocupación tomaba en España carácter público el
pasado mes de octubre al conocerse que cinco funcionarios de Policía del
Centro
de Proceso de Datos de la Policía Nacional en El Escorial (Madrid) habían
muerto de cáncer en los últimos 16 meses y siete más padecen la enfermedad. Siendo
la plantilla actual del centro de 250 trabajadores la proporción resulta significativamente
alta -4,5% en el centro y 1'6% a nivel nacional- por lo que la situación ha generado
la lógica alarma entre los trabajadores. Así lo denunció el
Sindicato Unificado
de Policía (SUP) que reclamó la intervención del Servicio de Prevención de
Riesgos Laborales de la Dirección General del cuerpo. El escrito presentado por
el SUP indicaba que
"todos los casos son de personas que trabajan con pantallas
de visualización CPU y otros aparatos electrónicos" y se da la circunstancia
de que en las instalaciones, además del superordenador Clara -la mayor base de
datos policiales del país- existe una antena de transmisiones para el envío y
recepción de datos así como dos subestaciones eléctricas, una situada a 500 metros
del centro y otra subterránea de 22.000 voltios.
"Y no está blindada ni mucho
menos", nos contaría un miembro del SUP que había visitado las instalaciones.
Aunque aún se desconocen los resultados del estudio que se ha encargado un miembro
del SUP nos confirmaba que ya les habían adelantado que las medidas de radiaciones
ionizantes y no ionizantes era "correcta" -claro, ¿y cuándo no lo es- diciéndonos
que de existir un culpable ése podría ser el gas radón, abundante en aquella zona
de la sierra. Lo confieso: me quedé con los ojos como platos cuando me lo dijo.
¿Será casualidad que, como en el caso de Majadahonda, de los seis muertos de El
Escorial -tres de cáncer de pulmón, uno de cáncer de hígado y dos de leucemia-
la mayoría, cinco, llevaran trabajando en las instalaciones más de diez años?
¿Será
casualidad la existencia en ambos casos de emisores diferentes de
campos electromagnéticos -en el caso de Majadahonda, una antena de telefonía y
un centro de transformación- que hacen acumulativas las emisiones? ¿Y será
casualidad
también que en el resto de los lugares donde también hay gas radón no se produzcan
tantos casos de cáncer en una misma zona?
Habrá que esperar a que se conozcan
las mediciones pero bien harán las familias de los afectados y de quienes allí
todavía trabajan en no conformarse con lo primero que les digan. Sobre todo si
lo que les dicen es que las mediciones están "dentro de lo permitido por la legislación
vigente" porque la actual normativa estaba ya desfasada en el momento de su promulgación
respecto a otros países europeos más avanzados y que cada vez se muestra más alejada
de la realidad reflejada por los estudios científicos.
"Una consecuencia de
los estudios científicos anteriormente citados -escribió Alfonso Balmori-
es que han dejado obsoleta la Recomendación Europea (1999/519/CE) asumida por
la legislación española que adoptó los niveles recomendados por el ICNIRP (Comisión
Internacional sobre Protección frente a Radiaciones No Ionizantes) y sirvió como
base para definir los máximos niveles de exposición de las personas". Por
supuesto nunca falta quien desde la política o desde los despachos de las grandes
empresas acaba siempre argumentando que los estudios son aún insuficientes, una
maniobra con la que normalmente se confunde con éxito a la opinión pública y que
el profesor Darío Acuña denuncia en el capítulo de
Conclusiones de su ya
citado informe:
"El problema actual y principal de esta situación de parcial
desconocimiento sobre los efectos de los campos electromagnéticos en la salud
humana es que los estudios en humanos han consistido en un número muy pequeño
de casos. Por tanto, la falta de efectos significativos de la exposición a
los campos electromagnéticos puede deberse más a la falta de datos y no a la ausencia
de efectos de los mismos. Por otro lado, muchos de los tests empleados para
evaluar el efecto de dicha exposición no han usado una adecuada metodología por
lo que es necesario ampliar los estudios con técnicas modernas de neuroimagen
así como con la magnetoencefalografía que permite estudiar la actividad electromagnética
del cerebro con mucha mayor exactitud" (en esta ocasión la negrita es del
propio autor).
En suma, la realidad es -guste o no- que existen estudios que
alertan claramente de lo que está pasando y que simplemente se ignoran para no
tener que introducir medidas preventivas de indudable calado económico. Ya en
1987
Thomas TL publicó, junto a otros investigadores, el estudio
Brain
tumor mortality risk among men with electrical and electronics jobs: a case-control
study (Riesgo de mortalidad por tumor cerebral entre hombres con trabajos relacionados
con la electricidad y la electrónica: estudio control). En él midió el riesgo
de muerte por cáncer cerebral asociado a la exposición profesional a la radiación
electromagnética por microondas y radiofrecuencia. Y se examinó, para valorar
el riesgo de aparición de tumores cerebrales, el historial profesional y la posible
exposición a otros factores de 435 hombres fallecidos en distintas localidades
norteamericanas. Pues bien, en las
Conclusiones puede leerse:
"El riesgo
relativo de padecer cualquier tipo de tumor cerebral era elevado entre los hombres
expuestos a radiaciones de microondas y radiofrecuencia, y significativamente
más elevado entre los hombres expuestos durante 20 o más años. El mayor riesgo
se derivaba de trabajos relacionados con el diseño, fabricación, reparación o
instalación de equipos eléctricos o electrónicos". Otro estudio más, pues,
que confirma el carácter
acumulativo de los daños causados por los campos
electromagnéticos. Recordemos que en el caso de los trabajadores de El Escorial
cinco de los seis muertos llevaban más de 10 años trabajando allí y que una buena
parte de los vecinos de Majadahonda fallecidos llevaban también más de 20 viviendo
junto al centro de transformación y la antena de telefonía.
SITUACIONES
SOSPECHOSAS Y hoy día ya no son sólo los profesionales relacionados
con instalaciones eléctricas o electrónicas los afectados. Cada vez son más los
trabajadores que pasan horas y horas de su trabajo diario en un entorno cargado
de contaminación electromagnética procedente no sólo de sus ordenadores. Recientemente
el doctor
Santiago de la Rosa, presidente de la Comisión de Naturistas
del
Colegio Oficial de Médicos de Madrid y también miembro del Consejo
Asesor de
Discovery DSALUD, recibió en su consulta a un paciente varón
de 41 años -administrativo de profesión- que acudió a verle con unas cefaleas
muy dolorosas. Le examinó con el
Quantum Scio -uno de los dispositivos
de medición bioenergética de su consulta- y detectó que una de las medidas registradas
en el aparato, correspondiente a la energía cerebral, estaba especialmente baja.
Tras tratarle con biorresonancia el paciente mejoró… pero sin que tras sucesivas
sesiones el amperaje del paciente, que debe estar según las especificaciones del
dispositivo entre 80 y 100, pasará de 40. Buscando el origen del desequilibrio
el doctor de la Rosa decidió entonces tratar de forma gratuita a los compañeros
más cercanos a su puesto de trabajo. Examinó a dos de ellos que tenían sintomatología
diferente pero en ambos casos el amperaje era también muy bajo. Inferior incluso
al del primer paciente. Ante tal situación decidió examinar a dos compañeros más
de trabajo pero cuyos puestos estuvieran más alejados de los anteriores. Encontrándose
con que en esa ocasión los amperajes de estos últimos compañeros eran absolutamente
normales por lo que la causa del malestar de los primeros la situó en el puesto
de trabajo. Tras el informe médico pertinente una empresa especializada procedió
a una revisión de las emisiones electromagnéticas en un día y a una hora concreta
sin que los pacientes estuvieran presentes y sin que conste si hubo o no previo
aviso. Y las mediciones en las áreas de personal señalaron 0'6 microteslas en
el centro de la sala ante lo que concluyeron que de acuerdo a la legislación vigente
-una vez más- todo era correcto. Eso sí, puntualizando que la directiva aplicada
"no aborda -dice el propio informe-
posibles efectos a largo plazo,
incluidos los posibles efectos cancerígenos de la exposición a campos eléctricos,
magnéticos y electromagnéticos variables en el tiempo sobre los cuales no hay
pruebas científicas concluyentes que establezcan una relación de causalidad" .
¿Qué? ¿Les suenan los "argumentos"? Pues la
IARC (Internacional Agency for
Research of Cancer), referencia mundial sobre investigación del cáncer como
bien recuerda el doctor Darío Castroviejo, dice textualmente que
"a partir
de 0'4 microteslas se ha observado un aumento de la tasa de mortalidad
por leucemia en profesionales relacionados con el trabajo en campos electromagnéticos".
"Yo cambiaría de posición de trabajo aunque Riesgos Laborales diga que no hay
peligro -nos diría el doctor De la Rosa-
porque los trabajadores saben
que por debajo de sus posiciones hay cables tendidos e ignoran qué otros dispositivos
puede haber en torno a su puesto. Claro que eso no pasa sólo en la empresa de
mi paciente, cada vez son más las empresas en las que los trabajadores están rodeados
de campos electromagnéticos capaces de provocar en cada uno síntomas diferentes
en función de un gran número de variables propias y del entorno". Todo
apunta, en definitiva, a que nos encontramos a las puertas de una nueva epidemia
laboral que irá aflorando con el paso de los años y que no sólo será una ruina
en términos de salud sino también probablemente en términos de horas pérdidas
por bajas laborales.
"En definitiva -señala el doctor Castroviejo-,
las radiaciones electromagnéticas de baja intensidad pueden tener una incidencia
desfavorable en el desarrollo de cáncer, afectar las funciones reproductoras y
provocar alergias y depresiones lo que habla a favor de la existencia de una afectación
del sistema neuroinmunoendocrino". Están ustedes avisados.
Sonia
Barahona