Desde
el mes de mayo del 2005 los enfermos con cáncer renal o melanomas tienen a su
disposición una nueva herramienta terapéutica que nada tiene que ver con la Radioterapia
o la Quimioterapia, una vacuna individualizada sin efectos secundarios -comercializada
en Brasil bajo el nombre de
HybriCell- capaz de estabilizar el crecimiento
tumoral en caso de metástasis, ofrecer una mejor calidad de vida y ampliar las
expectativas de vida de los pacientes. Se trata del fruto del trabajo de diez
años de un grupo de investigadores encabezado por el inmunólogo brasileño
Jose
Alexandre Barbuto y de la primera vacuna que a nivel mundial se comercializa
para enfermos de cáncer con los beneplácitos de una agencia reguladora nacional,
la
Agência Nacional de Vigilância Sanitária del Brasil. Detrás de su desarrollo
se encuentra una compañía de biotecnología brasileña,
Genoa, creada por
los científicos brasileños para desarrollar la vacuna y que se ha adelantado a
las compañías -más de 60- que en todo el mundo trabajan en el campo de la inmunoterapia.
En la página web del Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño aún hoy puede
encontrarse la reseña del diario
O Globo recogiendo la importante noticia:
"Brasil crea novas terapias para tratar tumores"; la revista
Época
tituló:
"Injecôes de resistencia", añadiendo:
"Primeira vacina contra
o câncer desenvolvida on Brasil interrumpe o avanço da doença em 80% dos pacientes
com melanoma ou tumores de rim (riñón)"; y así podríamos seguir recorriendo
un amplio número de medios de habla portuguesa con similares titulares. Incluso
se solicitó en el Senado brasileño un reconocimiento para el doctor Barbuto por
su trabajo, un
"voto de apluso", con la siguiente justificación:
"El
homenaje que ahora formulo se justifica por la relevancia de la investigación
del doctor Jose Alexandre. La vacuna contra el cáncer por él desarrollada merece
la aprobación de la Agência Nacional de Vigilância Sanitária, por tener comprobada
su eficacia para interrumpir el crecimiento de los tumores cancerígenos".
Y firma el senador
Arthur Virgilio.
¿Que usted como enfermo o familiar
de enfermo no ha oído hablar de la vacuna? ¿Que su oncólogo no le ha contado nada?
Bien, es cierto que la vacuna no se comercializa en Europa pero ni siquiera eso
sería una excusa. ¿No se les da la opción a los pacientes de gastarse enormes
fortunas en las carísimas clínicas norteamericanas? La pregunta pues es por qué
nuestros oncólogos no hablan de ella, por qué no se utiliza en España. ¿Correría
la Seguridad Social con los gastos de un tratamiento que no se facilita en España?
Ya que su oncólogo no se lo ha contado lo haremos nosotros.
RESULTADOS
ESPERANZADORES La
Agência Nacional de Vigilância Sanitária dio
el visto bueno a la comercialización de la vacuna -en realidad, la comercialización
del protocolo de obtención de la misma- primero porque al tratarse de una vacuna
individualizada no puede ser considerada un medicamento; y segundo -pero más importante-,
porque consideró que como procedimiento médico, al haberse obtenido resultados
esperanzadores en la fase de experimentación sin ningún tipo de efectos secundarios,
podría ofrecerse a los pacientes cuya evolución clínica les permitiera beneficiarse
de ella.
Los estudios de verificación se desarrollaron de forma conjunta por
el Departamento de Inmunología del
Instituto de Ciências Biomédicas da Universidade
de São Paulo (USP), el
Laboratorio de Patología Cirúrgica e Molecular y
el
Centro de Oncologia do Hospital Sírio-Libanês, y en ellos se trató a
70 pacientes en dos grupos diferentes. Todos ellos con melanoma y cáncer de riñón
-ambos en fase de metástasis- a los que se había dado una esperanza de vida bastante
reducida (entre 6 y 9 meses) y que ya no respondían a los tratamientos convencionales.
Los pacientes no debían haber recibido además ninguna sesión de Quimioterapia,
Radioterapia o Inmunoterapia durante al menos 4 semanas antes de la iniciación
del estudio. Se decidió definir como beneficio clínico la estabilización de la
enfermedad durante un período de 3 meses, criterio también utilizado en el caso
de la terapia hormonal en el cáncer de pecho.
El primer grupo incluyó a 35
pacientes -13 con melanoma y 22 con cáncer de riñón- y los resultados fueron publicados
en la revista
Cancer, Inmunology and Inmunotherapy. "Usando este
criterio -escribía el doctor Barbuto en
Scientific American Brasil- cerca
del 80% de los pacientes que habían recibido al menos dos de las dosis inicialmente
propuestas en el estudio presentaron beneficio clínico con la vacunación. Esta
estabilización de la enfermedad tuvo un período medio de cerca de 6 meses y no
hubo diferencias entre ambas neoplasias. Además, la supervivencia media de los
pacientes vacunados fue de 13 meses para los portadores del melanoma y superior
a los dos años para los portadores de carcinoma renal. Otro punto interesante
es que esta estabilización de la enfermedad estuvo acompañada de una mejora en
la calidad de vida de los enfermos que se sintieron mejor, ganaron con frecuencia
peso y no presentaron efectos secundarios nocivos como consecuencia de la vacunación.
La vuelta del crecimiento del tumor, cuando ocurrió, no siempre fue al mismo ritmo
que antes del tratamiento y en algunos casos se dio en tejidos donde el sistema
inmune tiene una actividad menor, como el sistema nervioso central. También en
uno de los pacientes llegamos a observar una 'respuesta patológica', es decir,
en un análisis histológico del lugar en donde tenía el tumor no se consiguieron
identificar células neoplásicas ni apenas células del sistema inmune sugiriéndose
que estas últimas infiltraron y destruyeron el tumor después de la vacunación".
Los resultados, considerados como muy esperanzadores, llevaron al doctor Barbuto
y a su equipo a realizar un nuevo estudio con otras 35 personas enfermas haciendo
unas modificaciones mínimas en el protocolo a fin de no sólo vigilar la respuesta
clínica sino además obtener datos sobre la respuesta inmune. Los resultados clínicos
se vieron confirmados.
"Observamos otra vez -sigue recordando Barbuto-
la estabilización de la enfermedad en cerca del 80% de los pacientes por un período
equivalente y, una más vez, sin efectos secundarios significativos. Además también
en este segundo grupo se pudo apreciar reducción del volumen tumoral después de
la vacunación en algunos pacientes, como se observó, por ejemplo, en las tomografías
de una persona enferma que antes de la vacunación presentaba grandes metástasis
mediastinas, es decir, tumores en el mediastino, que desaparecieron prácticamente
después del tratamiento". Es evidente que al tener que probarse la vacuna
brasileña en pacientes completamente desahuciados por la oncología oficial -como
ocurre con tantos otros productos que podrían significar respuestas alternativas-
era difícil obtener mejores resultados como reconocían los autores de la investigación
en
Cancer, Inmunology and Inmunotherapy: "El hecho que no se obtuvieran mejores
contestaciones clínicas no es sorprendente. Todos los pacientes incluidos en el
protocolo tenían grandes masas tumorales y en el momento del inicio del protocolo
muchos estaban en una fase muy agresiva de la enfermedad con limitaciones evidentes
en su calidad de vida. A pesar de lo cual algunos de esos pacientes experimentaron
prolongados períodos de estabilidad de la enfermedad y volvieron a su vida normal
sin las barreras de Quimioterapia que, para ellos, suponía un beneficio muy bajo".
Barbuto y sus colegas tenían claro cuál era la línea a seguir:
"En conclusión,
los datos presentados apoyan el uso y un estudio más amplio de la vacunación con
células dendríticas para el tratamiento de pacientes con cánceres avanzados y,
más probablemente, indican su uso para pacientes con la enfermedad menos avanzada
que podrían beneficiarse más aún de este acercamiento". Con las cosas
tan claras los investigadores se plantearon el siguiente paso: cómo llegar a hacer
viable la vacuna para uso clínico. La respuesta fue la creación de una compañía
de biotecnología,
Genoa, encargada de poner en el mercado -con el beneplácito
de la
Agência Nacional de Vigilância Sanitária-, HybriCell, la primera
vacuna comercializada contra el cáncer. De la importancia del proyecto es un buen
ejemplo el interés que ha mostrado ya el Gobierno de Corea del Sur en la empresa.
"Recorrieron la empresa, les gustó lo que vieron y nos invitaron a mudarnos
allá. Luego propusieron los incentivos para hacerlo -declaraba
Fabio Diogo,
uno de los directivos de Genoa a un periódico mexicano-.
Éstos incluían la
exención de impuestos durante 50 años y todos los salarios de Genoa cubiertos
por ese Gobierno durante 20 años. No hemos dicho que no". De momento, pues,
la vacuna sigue siendo brasileña; y mientras no se apruebe en Europa puede conseguirse
allí. Veamos ahora cuáles son las bases científicas de la vacuna desarrollada
por Barbuto.
LAS CÉLULAS DENDRÍTICASEs obvio
que la búsqueda de vacunas contra el cáncer -la primera en el mundo la desarrolló
y patentó a nivel internacional el investigador español
Fernando Chacón,
creador del
Bio-Bac, sin que los distintos ministros de Sanidad españoles
hayan querido nunca comprobar oficialmente sus aseveraciones y su eficacia- se
considera hoy el gran reto de la investigación oncológica mundial. Cada vez son
más los científicos que estudian la relación entre el sistema inmune y las células
tumorales. Y muchas las líneas de investigación que tratan de buscar respuestas
a cómo activar el sistema inmune en presencia de células tumorales o en cómo impedir
que éstas pasen desapercibidas ante nuestro sistema defensivo.
Nosotros, en
Discovery DSALUD, les hemos contado también ya los éxitos conseguidos en
México por el doctor
Salvador Capistrán -miembro del
Consejo
Asesor de nuestra revista- con sus vacunas elaboradas a partir de
fracciones peptídicas tumorales obtenidas de la orina de los pacientes, trabajo
recientemente reconocido -¡por fin!- por la Oncología oficial mexicana pues acaba
de ser invitado a presentar su trabajo y resultados en el más importante foro
de oncólogos del país. Sólo año y medio después de que lo hiciese en la capital
de España durante el
I Congreso Internacional sobre Tratamientos Alternativos
y Complementarios en cáncer que nuestra revista organizó en el Palacio de
Congresos de Madrid.
E igualmente nos hemos ocupado de los trabajos del médico
mexicano
Sergio Estrada con
factores de transferencia -cadenas peptídicas
compuestas de decenas de aminoácidos que parecen almacenar toda la experiencia
del sistema inmune- obtenidos de los glóbulos blancos. Pero claro, en ambos casos
se trata de investigadores sin ánimo de lucro que además han llevado adelante
su trabajo sin apoyo económico alguno con lo que ello supone de aislamiento del
resto de la oncología oficial.
Así que mientras Chacón, Capistrán, Estrada,
Barbuto y otros investigadores de los que hablamos más adelante- han obtenido
ya vacunas anticancerígenas... decenas de laboratorios de todo el mundo siguen
ignorando sus aportaciones y buscando otras que poder patentar y comercializar
enfrentándose, una y otra vez, al hecho de que las células tumorales escapan a
la vigilancia de nuestro sistema inmune.
Volvamos pues al trabajo del investigador
brasileño -a quien dedicamos en esta ocasión el presente artículo- a fin de explicar
que su trabajo empezaría con la identificación -realizada a nivel internacional-
del importante papel que juegan las
células dendríticas en la respuesta
tumoral. Las
células dendríticas son las responsables en nuestro organismo
de atrapar a los antígenos -sustancias que inducen la formación de anticuerpos
de virus, bacterias y otros organismos patógenos y señalárselos a las células
T de nuestro sistema inmune para que inicien la respuesta inicial. Las
células
dendríticas se encuentran por todo el organismo y poseen en su parte externa
receptores capaces de detectar los antígenos y trasladarlos hasta el ganglio linfático
más cercano. Y es en el sistema linfático donde precisamente se producen los linfocitos
T. La información entregada señala además el lugar exacto donde se requiere su
intervención.
A los inmunólogos involucrados en esta línea de investigación
les sorprendió constatar que el crecimiento tumoral se produce en un microambiente
donde las
células dendríticas no cumplen su función de forma adecuada.
Para que una célula dendrítica presente un antígeno (una sustancia reconocible
para el sistema inmune) a los linfocitos T tiene que haber pasado de un estado
"no maduro" a uno
"activado", estado que no acaban de alcanzar en
el microambiente tumoral impidiéndose así la captura de antígenos y la posterior
respuesta del organismo. Pero además puede ocurrir que en los enfermos de cáncer
ni siquiera exista una adecuada producción de
células dendríticas porque
sus células precursoras, los
monocitos, no acaben de diferenciarse adecuadamente.
"Así, para que el sistema inmune -escribe el doctor Barbuto-
pueda responder
a una sustancia extraña necesita que sea presentada por una célula dendrítica.
Tales células pueden encontrarse difusamente por el cuerpo y su aislamiento in
vitro, aunque es posible, es laborioso y poco eficiente. Hace cerca de diez años,
sin embargo, fue descrita la posibilidad de inducir, en cultivos, la diferenciación
de otros tipos celulares en células dendríticas. Entre estos tipos precursores
está el monocito, una célula conseguida fácilmente de la sangre periférica y que
da origen, en un período de 5 a 7 días, a células morfológicas y funcionalmente
equivalentes a las dendríticas conseguidas en el organismo. Con esta innovación
llegó a ser posible generar células dendríticas en gran cantidad y de manera relativamente
simple". El siguiente paso que diferencia las distintas líneas de investigación
a nivel mundial es decidir cómo conseguir que las
células dendríticas producidas
masivamente en laboratorio presenten los antígenos tumorales al sistema inmune.
Y entre las distintas maneras Barbuto escogió para su vacuna la fusión eléctrica
de
células dendríticas alogénicas -es decir de pacientes voluntarios sanos-
y de células de tumor autólogas, es decir, procedentes del propio enfermo.
Y
aunque otros investigadores también han decidido utilizar
células dendríticas
o monocitos del propio paciente Barbuto se inclinó por el uso de células de donantes
sanos convencido de que al aprovechar la capacidad de presentación de antígenos
de un donante sano la inducción de la contestación inmune contra el tumor es mucho
más eficaz. Además las células de donante permiten afrontar el hecho de que uno
de los problemas del enfermo de cáncer es posiblemente la incapacidad de sus monocitos
para transformarse en
células dendríticas.
LA
FUSIÓN En suma, para la preparación de la vacuna se consiguieron células
mononucleares de un donante sano por leucoforesis -proceso similar a la donación
de plaquetas- en el que separa la sangre del donante y se retiene solamente un
tipo celular definido. Después esas células fueron separadas por gradientes de
densidad y cultivadas durante cerca de dos horas período en el que los monocitos
se separan dando después comienzo la fase de enriquecimiento con citoquinas y
factores de crecimiento a fin de buscar la diferenciación de los monocitos en
células dendríticas. Luego, al quinto día de cultivo, se añade otra citoquina
capaz de provocar la activación de las
células dendríticas. Y al séptimo
las células ya cuentan con las características necesarias para actuar como presentadores
eficaces del antígeno.
Después se obtienen directamente células del tumor
primario o metastásico, razón por la que es necesario para el protocolo de vacunación
que el tumor sea accesible. Células que son desmenuzadas a través de una digestión
enzimática obteniéndose al final del proceso entre uno y diez millones de células
monocelulares viables por cada gramo de tejido digerido. Éstas se recuperan, se
lavan y se criogenizan hasta el momento de la hibridación.
En el momento elegido
las
células dendríticas cultivadas son recogidas y suspendidas en una solución
estéril de glucosa al 5% en una concentración de uno a diez millones de células
por mililitro. Después se descongelan las células tumorales y se suspenden en
el mismo tipo de solución. Las dos suspensiones celulares son mezcladas en volúmenes
iguales y a continuación las células son fundidas por un pulso eléctrico de 1.000
V/cm.
"Este método -señala Barbuto en su artículo-
tiene una eficacia
de fusión del 15%, pero para la inyección (intradérmica o directamente en algún
nodo linfático, órgano del sistema inmune que concentra los linfocitos) no se
procede a ningún método de separación adicional. De tal manera, son inyectadas
tanto las células fundidas como las no fundidas. Antes de la inyección las células
son sometidas a una alta dosis de radiación gamma (200 Gy), para prevenir su multiplicación
eventual en el paciente". Pues bien, los enfermos recibieron dos dosis
de la vacuna celular híbrida con un intervalo de al menos seis semanas entre ellas.
Tras la segunda dosis la vacunación continuó con el mismo intervalo hasta el final
de la progresión de la enfermedad o hasta que no hubo ninguna célula tumoral disponible
para la preparación de la vacuna.
Los resultados finales fueron los ya citados.
A juicio de los investigadores, y más allá de las evidencias clínicas recogidas,
una mayor concreción de los resultados directos de la vacuna sobre el funcionamiento
del sistema inmune queda pendiente de estudios posteriores.
"In vivo -explica
Barbuto-
fue posible percibir una recuperación funcional del sistema inmune
de los pacientes por la recuperación de respuestas de hipersensibilidad tardía
a los antígenos estándar, respuestas que eran negativas antes de la vacunación
y que llegaron a ser positivas después de ella. Estos análisis sugieren que el
sistema inmune de los pacientes, al recuperar sus funciones, habría podido también
adquirir la capacidad de reconocer y de luchar contra las células tumorales del
paciente. Esto se daría, por un lado, por la recuperación funcional de los precursores
de las células dendríticas que, después de la vacuna, tendrían mayor capacidad
de distinción de las células tumorales. Por tanto, como las células dendríticas,
podrían presentar los antígenos del tumor a los linfocitos y desencadenar una
respuesta específica. Por otra parte, la recuperación de las respuestas de hipersensibilidad
tardía indica que los mecanismos del sistema se vuelven más activos después de
la vacunación pudiendo dirigirse contra el tumor y destruirlo". ENTREVISTA
CON JOSE ALEXANDRE BARBUTO Es evidente que el trabajo del doctor Barbuto
ha abierto en todo el mundo enormes expectativas. Quisimos por ello saber el estado
actual de su trabajo y ésta es la conversación que mantuvimos con él hace apenas
unos días, el pasado 10 de noviembre.
-Ha recibido usted un reconocimiento
público poco habitual: ¡el del Senado de su país! -Efectivamente, recibí
un
Voto de Aplauso del Senado por el desarrollo de la vacuna. Lo que me
anima a proseguir con más ahínco aún la investigación.
-¿En qué estado
se encuentra ésta? -En los últimos meses hemos dedicado la mayor parte
de nuestro esfuerzo a investigar la biología de las
células dendríticas
para tratar de identificar las mejores maneras de aumentar la eficacia de su uso
en la terapia anticancerígena. Y ello nos ha permitido entender mejor las alteraciones
que en esas células sufren los pacientes de cáncer y diseñar estrategias para
mejorar sus funciones.
-¿Se está investigando ya la eficacia de la vacuna
en otros tipos de cáncer?
-En estos momentos estamos elaborando nuevos
protocolos de investigación para constatar su eficacia en neuroblastomas, mielomas
múltiples, glioblastomas, linfomas y, posiblemente, osteosarcomas pero ninguno
de los trabajos ha comenzado aún.
-¿Y tienen más resultados sobre enfermos
con cáncer renal o melanomas?
-No. Pero sí tenemos nuevos datos sobre
la biología de las células de los pacientes cancerosos. Nos hemos dado cuenta,
observando la fisiología del sistema inmune, de que los linfocitos, para determinar
el modelo de respuesta necesitan identificar los diferentes antígenos y para ello
dependen de la "presentación" de los mismos. Y dado que las
células dendríticas
tienen una capacidad única para presentar los antígenos a los linfocitos tiene
mucho sentido que estén involucradas en la determinación de la respuesta inmune
al cáncer así como a cualquier otro estímulo.
-¿El deterioro sufrido por
el sistema inmune a lo largo de un tratamiento con quimioterapia y radioterapia
no puede impedir que los resultados con la vacuna sean mejores? -Se podría
suponer que la "agresión" representada por la quimioterapia y radioterapia podría
impedir el logro de mejores resultados con la inmunoterapia pero uno no puede
olvidar que además de esa "agresión" la quimio y la radioterapia también reducen
la carga tumoral en los pacientes. Y dado que el propio tumor afecta al sistema
inmune negativamente es difícil determinar el efecto neto de estos tratamientos
cuando consideramos los resultados de la inmunoterapia. Sólo estudios específicos
diseñados para ese fin podrían contestar a esa pregunta de manera precisa.
-¿Cree
que si se aplicara su vacuna en estados iniciales de cáncer en lugar de en fases
avanzadas la reacción del sistema inmune sería mejor y, por ende, habría mayor
esperanza de vida?
-Tiene sentido suponer que cuanto más pronto "aprenda"
el sistema inmune de las células tumorales más pronto serán eliminadas y, por
ende, más eficaz será la inmunoterapia. Pero eso sólo podrá saberse con certeza
tras nuevos ensayos. Es importante recordar que durante mucho tiempo nuestras
predicciones, sólidamente basadas en el conocimiento disponible, fueron negadas.
Y aunque inicialmente nos hayamos sentido defraudados tales hechos han sido al
final positivos para el progreso de nuestra comprensión de la naturaleza. Sólo
corrigiendo continuamente nuestros puntos de vista y modelos podemos aprender
más y actuar más eficazmente. En la ciencia como en la vida en general.
-Aunque
por motivos de experimentación hayan sido pacientes con melanomas y cánceres renales
los primeros en ser vacunados, ¿al ser la suya una vacuna que utiliza células
tumorales del paciente y células dendríticas alogénicas no es lógico que
pensar que ha de servir también en otros tipos de cánceres? -Sí, pero
debemos verificarlo de forma específica con protocolos clínicos diseñados para
evaluarlo.
-¿Se han llevado a cabo experiencias con pacientes voluntarios
en estados iniciales de la enfermedad que aunque puedan ser considerados "casos
anecdóticos" reflejen una clara mejoría?
-Es difícil estar seguro de los
resultados reales en los casos de pacientes en fases iniciales de cáncer porque
el seguimiento ha de ser mucho más amplio para estar seguro de la respuesta.
-¿Están
aplicando ya la vacuna en sus protocolos oficiales los oncólogos de su país?
-No de forma mayoritaria. Algunos la utilizan en casos específicos pero no se
hace aún de forma masiva porque el número de pacientes tratados no justifica todavía
la modificación estable de los protocolos oficiales.
OTRAS
EXPERIENCIAS En suma, en la actual carrera despiadada para conseguir
una vacuna patentable -lo son todas las carreras comerciales- el profesor Barbuto
y su equipo han conseguido llegar a la meta con ventaja. Ello no quiere decir
que sean los únicos que están trabajando en esta línea pero son los que han conseguido
romper el círculo vicioso de una investigación que se repite y repite a nivel
mundial, una y otra vez, pero que -no se sabe muy bien por qué extrañas razones
(¿o sí?)- nunca acaba de concretarse como ahora ha hecho el grupo de Barbuto.
Un ejemplo. Fue en 1996 cuando
Ronald Levy, Director de la División de
Oncología en la
Universidad de Stanford (California, EEUU), publicó junto
a otros colegas un estudio en
Nature Medicine titulado:
Vaccination
of patients with B-cell lymphoma using autologous antigen-pulsed dendritic cells.
Y en él ya señalaba claramente este tipo de vacunas como solución al cáncer.
"En
este estudio -se lee en la síntesis de su trabajo-
nosotros investigamos
la capacidad de las células dendríticas autólogas (del propio paciente) fundidas
con proteínas específicas tumorales para estimular la inmunidad antitumoral cuando
son inyectadas como vacuna. Cuatro pacientes con linfoma de células B folicular
recibieron una serie de tres o cuatro inyecciones de células dendrítico-tumorales
seguidas, en cada caso, por inyecciones hipodérmicas de antígeno soluble dos semanas
después. Y todos los pacientes desarrollaron respuestas antitumorales mensurables.
Además un paciente ha experimentado la regresión completa del tumor, un segundo
paciente una regresión parcial y a un tercer paciente le está desapareciendo toda
evidencia de enfermedad" Seis años después, según informaba la agencia
Reuters desde Nueva York, Levy seguía demostrando que su vacuna puede inducir
respuestas del sistema inmune y una regresión tumoral durable en pacientes con
linfoma no-Hodgkin de células B, fases III o IV. En otro estudio modelo él y sus
colegas vacunaron a 10 pacientes que habían recaído o que mostraban la enfermedad.
Los investigadores observaron actividad antitumoral en cuatro pacientes y en tres
de ellos una respuesta plena. Después ampliaron el estudio a 25 nuevos pacientes.
De los 23 pacientes que completaron la serie de vacunación 15 mostraron respuesta
linfocitaria y dieciséis estabilizaron la progresión durante una media de 43 meses.
Y en un subgrupo de 18 pacientes que experimentaban escasa respuesta a la Quimioterapia
cuando empezó la vacunación cuatro de ellos mostraron una regresión sostenida
del tumor.
Y Levy no es el único. Hay muchos más investigadores con resultados
similares, cada uno en su propio país.
A. Kluger y otros colegas del Departamento
de Urología de la
Universidad de Gottingem (Alemania) publicaron en el
año 2000 una investigación titulada
Regression of human metastatic renal cell
carcinoma after vaccination with tumor cell-dendritic cell hybrids para la
que utilizaron básicamente el mismo método seguido por Barbuto en Brasil.
"Nosotros
-señalan en su investigación-
presentamos un estudio de vacunación celular
híbrida en 17 pacientes. Usando las técnicas de electrofusión generamos células
híbridas de células tumorales autólogas y células dendríticas alogénicas (…) Después
de la vacunación, y en un tiempo medio de 13 meses, cuatro pacientes rechazaron
todas las lesiones de tumor metastático completamente, uno presentó una 'respuesta
mixta' y dos tuvieron una reducción de masa tumoral de más del 50%. Nuestros datos
indican que la vacunación celular híbrida es una terapia segura y eficaz para
el carcinoma celular renal y puede proporcionar una estrategia ampliamente aplicable
para otras malignidades con antígenos desconocidos". E investigando en
este campo nos enteramos de que dos investigadores de la
Universidad de Chile,
Flavio Salazar y
Carlos Ferrada, han desarrollado también una vacuna
que atenúa los efectos del melanoma. Para hacer su vacuna obtienen las
células
dendríticas de la sangre del paciente. Una vez cultivadas, se hace un
"puré"
de melanoma que se cultiva junto a las
células dendríticas, éstas lo digieren
y expresan en sus membranas las proteínas antigénicas del melanoma. Luego estas
células son inyectadas en los pacientes, los linfocitos T reconocen las células
tumorales y atacan al melanoma. En la actualidad trabajan en el desarrollo de
vacunas contra el cáncer de piel, cáncer renal y leucemia.
"Estamos utilizando
los mismos métodos de vanguardia que se están utilizando en Estados Unidos
-afirma Salazar en el diario
Últimas Noticias de Chile-.
Pero una investigación
de este tipo, de acuerdo a los estándares del Primer Mundo, requería de un millonario
laboratorio de bioseguridad que no había cómo construir en Chile. La vacuna la
hicimos igual pero no cumplimos con todos esos espectaculares métodos de seguridad.
No la habríamos hecho si hubiésemos empezado por pensar primero en el laboratorio
y después en la vacuna". Hoy su proyecto tiene un coste de 420 millones
de pesos y el
Fondo de Fomento del Desarrollo Científico y Tecnológico
les ha concedido 310. Otro 20% será aportado por dos empresas:
Oncobiomed y
Tecnofarma. En todo caso, Salazar afirma que el aporte económico más significativo
proviene de los estudiantes de pre y post grado:
"No se les paga o se les paga
muy poco. Son profesionales que reciben 100.000 pesos y trabajan todo el día".
Según recoge el diario chileno, el equipo -formado por médicos, biólogos, bioquímicos,
veterinarios, biotecnólogos y químicos farmacéuticos- goza de otro tipo de satisfacciones:
"Tuvimos un paciente -declaró Salazar al diario chileno-
que tenía un
melanoma intraocular bastante grande y estaba con morfina para el dolor. Se puso
la primera vacuna y cuando volvió por la segunda nos dijo que ya no estaba usando
morfina porque ya no le dolía". Como vemos, soluciones al cáncer no faltan
en el mundo pero casi todas se quedan en el ámbito universitario. En el caso de
las vacunas estamos además ante tratamientos individualizados lo que hace más
difícil su rendimiento comercial y, por ende, su difusión internacional. Afortunadamente
en Brasil se ha dado un primer paso importante que incluye todos los elementos
deseables: el enfoque individual de la lucha contra el cáncer desde el propio
sistema inmune del paciente y no desde la agresión al mismo; un notable equipo
de investigación encabezado por un inmunólogo, el doctor Barbuto; una universidad
capaz de apoyar la investigación junto a otros centros públicos; la iniciativa
-ante la falta de apoyo de grandes laboratorios- de crear una empresa biotecnológica
propia:
Genoa; el apoyo político del Gobierno del estado de Sao Paulo;
y la visión pragmática de la
Agência Nacional de Vigilância Sanitária que
además de reconocer que como vacuna individualizada no necesita de los mismos
requisitos que un medicamento aprobó su uso basándose en los beneficios clínicos
obtenidos y en la ausencia de efectos secundarios en los pacientes.
Nadie
puede afirmar hoy ya, en suma, que no existen vacunas contra el cáncer. Las hay
aunque los oncólogos se hayan empeñado hasta ahora en ignorarlas.
Antonio
F. Muro