"Serán
gases", le dijo la doctora a
Griselda -mujer de 43 años residente en
Alcalá de Henares (Madrid)- cuando ésta acudió a su consulta por un fuerte dolor
abdominal. Solo que el dolor llegó a ser tan intenso que Griselda tuvo que acudir
a las siete y media de la mañana al servicio de Urgencias del
Hospital Príncipe
de Asturias para saber, atónita, que en realidad estaba ¡embarazada! Y así,
apenas unas horas después, a las dos de la tarde del pasado 17 de septiembre,
daba a luz una niña de ¡tres kilos y cuarto de peso y 49 centímetros de altura!
Y eso que durante diez meses había sido sometida a un tratamiento ¡para la menopausia
precoz! porque en enero del 2006 había dejado de menstruar tras haber sufrido
un aborto el año anterior. Desde entonces acudía casi todas las semanas a ver
a su doctora con muy diferentes síntomas que recibían siempre tratamientos distintos.
De hecho llegó a tomar en ese tiempo hasta diez fármacos. Algunos para paliar
sus "síntomas estomacales" -náuseas y vómitos- pero también antihistamínicos para
la alergia, diuréticos contra la retención de líquidos, concentrado de soja para
aliviar "los síntomas de la menopausia", pastillas para mejorar la circulación...
En suma, fue atendida durante meses en numerosas ocasiones y la médica que la
"atendió" fue incapaz de darse cuenta de que estaba simplemente ¡embarazada!
Una
vez recuperada del parto Griselda fue a ver a su doctora, la enseñó al bebé y
le dijo que aquella niña eran sus "gases". Y ésta, sin amilanarse, en lugar de
disculparse por haber cometido un error de bulto tan grave se limitó a decirla
que lo importante era que ya se habían pasado sus
molestias y lo que tenía
que hacer ahora era criarla. Como tantas otras veces, la soberbia se impuso. Porque
lo cierto es que la medicación que esa doctora aconsejó a Griselda puede haber
afectado al feto. De ahí que ésta, aconsejada por sus padres, haya decidido poner
el asunto en manos de un grupo de abogados por si en el futuro aparecen complicaciones.
Este hecho -que acaba de acaecer en nuestro país- lleva obviamente a la sociedad
a plantearse la formación, profesionalidad y calidad humana de muchos médicos
así como la fiabilidad del sistema. Porque si bien el caso de Griselda ha salido
a la luz pública por su espectacularidad cabe preguntarse cuántos casos más hay
ocultos en la penumbra de la dejadez administrativa, cuántos errores de diagnóstico
se producen en la asistencia ambulatoria y cuántos enfermos acaban con graves
daños o, incluso, falleciendo… sin que a los responsables les pase luego nada.
Y es que en los casos de negligencia grave, ¿qué cauces tienen previstos las
distintas administraciones sanitarias? ¿Qué pueden hacer los pacientes? El asunto
no parece preocupar en las distintas administraciones sanitarias españolas. Probablemente
porque casi nadie protesta en tales ocasiones ante el convencimiento de la inutilidad
de las quejas a nivel oficial. Y además, cuando éstas se producen intentan siempre
ocultarse. De ahí que en España no haya apenas datos sobre este problema.
Y,
sin embargo, es hora ya de que el Ministerio de Sanidad y Consumo se plantee en
serio tanto el alcance real de los errores de diagnóstico como el de los efectos
iatrogénicos de los medicamentos, es decir, de las reacciones adversas producidas
como consecuencia de su utilización tanto en el ámbito ambulatorio como en el
hospitalario donde, por cierto, siendo mucho más cuantificables siguen sin estar
adecuadamente reflejados en estudios detallados.
La dura realidad es que el
número de efectos iatrogénicos está aumentando de tal modo en el mundo que cada
año hay más gente afectada -en muchos casos con resultado de muerte- a causa de
los tratamientos que les proponen sus médicos -en la mayor parte de los casos
por reacciones adversas de los fármacos que recetan, sean o no los "adecuados"
para la patología del enfermo-, por infecciones adquiridas en los propios hospitales
-hoy día auténticos y peligrosos focos masivos de contagio-, por operaciones quirúrgicas
innecesarias o por ignorancia o falta de conocimiento, formación y experiencia
de los profesionales sanitarios.
Así que una vez más, buscando referencias
que nos ayuden a todos -especialmente a los médicos- a entender la dimensión del
problema, sus causas y sus posibles soluciones tenemos que recurrir para aproximarnos
a conocer nuestra realidad a quienes sí deciden estudiar el problema en la certeza
de que la mejor manera de evitar un daño es conociendo la causa que lo origina.
A fin de cuentas precisamente en las últimas semanas se han conocido algunos estudios
muy interesantes que remarcan la importancia del impacto social de los efectos
iatrogénicos, tantas veces denunciados desde estas páginas.
ERRORES
EN LA ASISTENCIA AMBULATORIA Entre quienes decidieron investigar esta
cuestión está
Tejla K. Gahndi quien, junto a otros colegas, acaba de publicar
su trabajo en
Annals of Internal Medicine bajo el título de
Missed and
Delayed Diagnoses in the Ambulatory Setting: A Study of Closed Malpractice Claims
(Diagnósticos erróneos y tardíos en el ámbito ambulatorio: estudio de demandas
concluidas por mala praxis). Un estudio cuyo punto de partida era difícilmente
rebatible:
"Aunque los diagnósticos erróneos y tardíos se han convertido en
un importante problema de seguridad siguen estando poco estudiados, sobre todo
en el ámbito ambulatorio". Y su conclusión, tras revisar 307 demandas de presunta
negligencia por diagnósticos erróneos o tardíos en el ámbito ambulatorio, es que
en el 59% de los casos fue la causa de daños en los pacientes. De éstos, un 59%
de carácter grave (106 de 181) y un 30% muy grave (55 de 181), tanto que llevó
a la muerte a los pacientes.
Debemos aclarar que el estudio no pretendía tanto
cuantificar y definir el alcance de los errores como averiguar las causas de los
mismos fijándose en los más graves, es decir, en aquéllos que terminan en los
juzgados. Por tanto en él sólo se tuvieron en cuenta los que llegaron a los tribunales
y no todos. Y es que en la mayoría, en los que no provocan daños muy severos,
los afectados no presentan demandas conscientes del alto coste y de la complejidad
de todo proceso judicial.
Cabe agregar que para elaborar el estudio Gahndi
y sus colegas escogieron la muestra de forma aleatoria entre las demandas presentadas
contra algunos de los 21.000 médicos asegurados en cuatro grandes compañías. Luego
dividieron las mismas en 2 grupos: las generadas a partir del Servicio de Urgencias
(122 demandas) y las demás -consulta médica, cirugía ambulatoria, laboratorio
de patología o radiología- (307 demandas). Centrando el análisis en este segundo
grupo.
Gahndi considera en todo caso válido su análisis como método para conocer
las causas ya que las demandas -rechazadas o ganadas e indemnizadas- permiten
conocer el comportamiento de los médicos y del sistema en este tipo de casos.
Es más, hoy se trata de una realidad tan amplia que en la última década los pleitos
por diagnósticos erróneos se han convertido ya en el tipo más común de demandas
en Estados Unidos. Y como éstos suelen estar asociados a daños graves se convierten
en una magnífica fuente de información ya que todos los datos sobre lo acaecido
están en la documentación: registros médicos, opiniones de especialistas e incluso,
a veces, resultados de investigaciones internas.
Descubriría así también que
el diagnóstico equivocado más corriente estaba relacionado con el cáncer. En unos
casos por detectarse de forma tardía y en otros por diagnosticar que el paciente
lo padecía cuando no era así (principalmente cánceres de pecho, colorrectal y
de piel). Los siguientes diagnósticos equivocados más comunes tuvieron que ver
con infecciones (5%), fracturas (4%) e infartos de miocardio (4%).
Otros datos
de interés descubiertos son que la mayoría de los errores tuvieron lugar en las
consultas (85%) y que los médicos que más equivocan son los de Atención Primaria
(42%).
"Gran cantidad de médicos de Atención Primaria -se dice en el estudio-
trabajan presionados por el tiempo, se ocupan de una gama de problemas clínicos
muy amplia, tratan a pacientes predominantemente saludables y trabajan en un sistema
de cuidado de salud en el que conocer los resultados de las pruebas no es fácil,
los pacientes son a veces malos informadores, existen múltiples informes a mano
y la información fragmentada es la norma". No está de más, en este sentido,
recordar que según un informe aparecido en la revista
Medical Economics
la mitad de la profesión médica española se encuentra hoy afectada por el síndrome
del médico
"quemado" o
"frustrado" -que en inglés se define como
burn out- lo que indudablemente conlleva un riesgo en la atención a los pacientes.
Siendo las causas de diversa índole, desde las de tipo social hasta las retributivas
pasando por la presión que sobre los médicos ejerce normalmente la organización
para la que trabajan.
Añadiremos, volviendo al estudio de Gahndi, que resultó
especialmente llamativo el hecho de que el intervalo de tiempo medio entre el
momento de los diagnósticos erróneos y de los correctos fue de ¡465 días! Es decir,
muchos pacientes tardaron más de un año en recibir el diagnóstico correcto. Y,
obviamente, para muchos ya fue tarde…
En síntesis, los principales errores
detectados en el proceso de diagnóstico se dieron:
-A la hora de pedir la
prueba de diagnóstico apropiada (55%).
-Al hacer el plan de seguimiento (45%).
"Casi la mitad de los errores -señalan los autores-
involucró un plan
de seguimiento inadecuado, un fracaso que se divide uniformemente entre situaciones
en las que el médico determinó que ese seguimiento no era necesario y aquéllas
en las que la necesidad de un seguimiento estaba reconocida pero el intervalo
fue mal seleccionado". -Al hacer el historial y al realizar el examen
físico (42%).
-Al interpretar las pruebas diagnósticas (37%).
"Las estrategias
para combatir una mala interpretación de las pruebas -puede leerse en el artículo-
podrían incluir, por ejemplo, asignar segundas revisiones de resultados de las
pruebas en circunstancias previamente designadas o requerir revisiones rápidas
de especialistas cuando los médicos interpretan resultados de pruebas fuera de
sus áreas de especialización".POCAS SOLUCIONES
Los factores que contribuyeron a esos errores fueron principalmente, según los
autores del estudio, de carácter cognitivo: fallos de valoración (79%), vigilancia
o memoria (59%) y conocimiento (48%).
"En general, nuestros resultados refuerzan
la necesidad de intervenciones que mitiguen el impacto potencial de errores cognoscitivos,
reduzcan la confianza en la memoria y fuercen la consideración de planes de diagnóstico
alternativo o segundas opiniones proporcionando además sistemas clínicos de apoyo
a la decisión", sostienen los investigadores. Obviamente también intervinieron
factores relacionados con los pacientes (46%) como errores en la interpretación
de lo recomendado o historias médicas mal confeccionadas.
Los autores reconocen
por todo lo dicho en sus conclusiones que la sociedad debe ser consciente de que
afronta un problema de difícil solución.
"La multifactorial y compleja naturaleza
de los errores de diagnóstico -aseveran-
sugiere que reducirlos significativamente
requerirá de estrategias de prevención de múltiples niveles en el proceso de diagnóstico
ya que son múltiples los factores que contribuyen a él. La atención a los 3 puntos
vulnerables que nosotros identificamos -decisiones tomadas, interpretación de
las pruebas y planificación del seguimiento- son en todo caso un punto de partida
útil y promete rendimientos altos, sobre todo en la reducción del número de diagnósticos
erróneos de cáncer". Para Ghandi y sus colegas es importante que las intervenciones
que se adopten para resolver esta situación no tengan carácter voluntario ya que
a su juicio
los médicos son los primeros en no ser conscientes de estar necesitados
de ayuda. Así que proponen que las medidas que se adopten sean obligatorias
y estén perfectamente determinadas.
"¿Haciendo lo propuesto habría logros
significativos a corto o medio plazo? -se preguntan en las conclusiones los
autores del estudio-.
La respuesta dependerá probablemente de si basta con
intervenir sobre los 2 o 3 puntos críticos mencionados para romper la cadena causal
o si será precisa una intervención más extensa para evitar los daños. En este
sentido nuestros resultados son humildes y subrayan la necesidad de continuar
los esfuerzos para desarrollar la ciencia básica de prevención de errores en la
medicina pues ésta permanece en su infancia". A lo que añadiremos nosotros
que en algunos países, como España, la ciencia de la prevención de errores ni
siquiera ha nacido.
ERRORES A DIARIO EN LA MEDICACIÓN
Realmente es difícil valorar el impacto en el aspecto humano de los errores cometidos
en el ámbito ambulatorio pero no debiera serlo tanto constatar el coste humano
y económico de los derivados por el uso de medicamentos. De hecho las cifras van
saliendo poco a poco a la luz y cada nuevo estudio revela una realidad más dramática
y, sin embargo, evitable. El último dado a conocer es del
Instituto de Medicina,
entidad creada en 1970 bajo la carta constitucional de la
Academia Nacional
de Ciencias de Estados Unidos para
"proporcionar consejo independiente,
objetivo y basado en la evidencia a los políticos, profesionales de salud y sectores
sanitarios privado y público". La realidad que ya no se puede seguir obviando
es que cuatro de cada cinco adultos estadounidenses toman diariamente medicamentos
con receta, genéricos o suplementos dietéticos de algún tipo, casi un tercio toma
cinco o más medicamentos diferentes y cuanto más aumenta el consumo mayor es el
número de errores y de daños producidos por los medicamentos, especialmente cuando
varios médicos prescriben diferentes medicamentos ignorando lo que el paciente
ya está tomando.
Esta situación llevó de hecho a los centros del seguro médico
Medicare y Medicaid Services a solicitar al mencionado
Instituto de
Medicina que valorara el impacto de los errores en la medicación y formulara
una propuesta nacional para reducirlos. Bueno, pues el informe resultante
-Preventing
Medication Errors- concluiría que los errores en la medicación dañan ¡a más
de millón y medio de norteamericanos al año! si bien no se pudo definir cuántos
terminaron muriendo por ello.
"Y la estimación de lesiones total es conservadora
-afirma el doctor
J. Lyle Bootman, Decano de la Facultad de Medicina
de Arizona y copresidente del panel del IOM
- porque incluye los errores de
medicación en hospitales y maternidades así como entre los enfermos ambulatorios
del seguro médico del estado pero no los que se cometen en la mayoría de las consultas
de los médicos ni los errores de los propios pacientes". La realidad es
que este nuevo informe se muestra incapaz de cuantificar cuántas personas sufren
lesiones graves o mueren por errores en la medicación ya que son sorprendentemente
comunes y costosos en todos los ámbitos.
"En los hospitales -se afirma
en el informe-
los errores son comunes en cada paso del proceso de medicación
-decidir el medicamento, prescribirlo, distribuirlo, administrarlo y supervisar
su impacto- pero la mayoría ocurre durante las fases de prescripción y administración.
Si tenemos en cuenta todos los tipos de errores posibles el paciente de un hospital
puede ser víctima, por término medio, de más de un error de medicación al día".
No olvidemos, por otra parte, que más de millón y medio de errores al año implican
un altísimo coste económico.
"Estos errores -recoge el informe-
son
indudablemente costosos -para los pacientes, las familias y las empresas así como
para los hospitales, los proveedores de cuidados de salud y las compañías de seguros-
pero hay pocas estimaciones fiables sobre ese costo. Según un estudio cada ADE
(evento adverso por medicamento) evitable que tuvo lugar en un hospital le costó
a éste aproximadamente 8.750 dólares. Por lo que asumiendo que haya 400.000 eventos
de ese tipo al año -una estimación conservadora- el coste anual total sería de
3.500 millones de dólares (…) Desgraciadamente estos estudios cubren sólo algunos
de los errores por medicación que ocurren cada año en el país y contemplan sólo
algunos de sus costes; no tienen en cuenta las pérdida de ganancias, por ejemplo,
ni compensación alguna por el dolor y sufrimiento causados. Aunque lo más dramático
de estas estadísticas es que gran parte de ese daño es evitable ya que existen
numerosas estrategias y técnicas para reducir los errores de medicación". El
doctor
Alberto Wu, coautor del informe y profesional dedicado a la seguridad
de los pacientes, declararía a la agencia
Associated Press al dar a conocer
los datos:
"Aún estoy sorprendido y asustado de lo común y serio que es este
problema". El comité de expertos concluyó su informe afirmando que
"el
estado actual de la situación no es aceptable" e hizo una serie de recomendaciones
para prevenir tantos errores en la medicación. Veámoslas.
RECOMENDACIONES
Como decimos, en el informe se mencionan diversas situaciones que hay que afrontar
y corregir. Entre ellas la imposibilidad de que los médicos memoricen el uso y
las instrucciones de dosificación de los ¡más de 10.000 medicamentos de prescripción
y cerca de 300.000 productos genéricos! que hay en el mercado. Y otro tanto cabe
decir de las interpretaciones incorrectas y errores a que da lugar la mala letra
de muchos médicos cuando escriben a mano sus informes, recomendaciones y recetas.
Otro asunto a resolver es la confusión que a veces se genera porque los nombres
de muchos medicamentos son parecidos y dan lugar a equivocaciones graves. Y otro
no menos grave es el de las confusas instrucciones de uso de algunos medicamentos.
"No es ésta una cuestión de médicos y enfermeras -explica el doctor
Donald Berwick, director del
Institute for Healthcare Improvement-.
La seguridad no es automática. Tiene que ser diseñada en el sistema". Por
eso en el informe que en esta ocasión comentamos se destacan las siguientes recomendaciones
de aplicación urgente:
-Poner en marcha cuanto antes un sistema de prescripción
electrónica que incluya la mejor tecnología para que la miríada de programas de
ordenador usados por médicos, hospitales y farmacias sean compatibles.
"Una
vez la e-prescripción (es decir, la receta informatizada)
esté en el sistema
-dice el informe-
se podrá seguir al paciente desde el hospital, la consulta
o la maternidad hasta la farmacia evitando muchos de los errores de información
más comunes hoy. A la luz de lo cual el Comité recomienda que el año 2010 todos
los prescriptores y farmacias usen ya e-prescripciones". En la actualidad
menos del 20% de las prescripciones médicas en Estados Unidos son electrónicas
según
Michael Cohen, coautor del informe que comentamos y presidente del
Institute for Safe Medication Practices. Los programas de ordenador
pueden unirse además a bancos de datos para que alerten si la dosis prescrita
parece alta o reflejar si el paciente está usando otro medicamento con el que
puede interactuar peligrosamente. -Los pacientes -y sus familiares- deben instar
a los médicos y farmacéuticos a que les den
toda la información posible
sobre las medicinas que van a tomar. Todo enfermo debiera tener una lista en la
que figuren todos y cada uno de los medicamentos que se le han prescrito, para
qué los toma y en qué dosis a fin de poder mostrarla cada vez que acuda a un médico.
"Tome las medidas necesarias -recomienda a los pacientes otro de los autores
del informe, el doctor
Pace Wilson-
para asegurarse de que sabe lo que
está consumiendo y si realmente es lo que necesita". -Estados Unidos debería
invertir unos 100 millones de dólares al año en investigar los errores que se
cometen en relación a los medicamentos para saber cómo prevenirlos. Estando entre
los estudios más necesarios uno sobre el impacto de las muestras gratuitas de
medicamentos porque frecuentemente carecen del prospecto adecuado.
-La FDA
-el organismo regulador de los medicamentos en Estados Unidos- debería obligar
a las empresas farmacéuticas a mejorar la calidad de la información de los prospectos
que acompañan a los medicamentos ya que a menudo es incompleta o están escritos
en una jerga confusa para el consumidor.
-El Gobierno debe dotar a la sociedad
de medios de atención inmediata a nivel nacional para ayudar a los enfermos que
son incapaces de entender la información impresa de los medicamentos debido a
su analfabetismo, a las barreras del idioma o a otros problemas.
"Se necesita
un esfuerzo para mejorar la calidad de la información -y el acceso a ella- de
las medicinas que llegan a los consumidores. El Comité recomienda por ello que
la FDA, la Biblioteca Nacional de Medicina y otras agencias gubernamentales trabajen
para regularizar y mejorar las hojas impresas de información que sobre los medicamentos
hay en las farmacias así como en proporcionar mayor y mejor información sobre
ellos poniéndola a disposición del público en Internet además de implementar un
servicio telefónico nacional de atención 24 horas de rápido y fácil acceso para
los consumidores".
Aunque, por encima de todo, el Comité que ha redactado
el informe plantea la necesidad de cambiar cuanto antes el actual papel del paciente:
"El primer paso para mejorar la situación es permitir y animar a los pacientes
a que asuman un papel más activo en su propio cuidado médico. En el pasado el
sistema fue, en general, paternalista y proveía por los pacientes no esperándose
que éstos se involucraran en el proceso. Pero una de las maneras más eficaces
de reducir los errores en la medicación es acercarse a un modelo en el que haya
una relación más estrecha entre pacientes y profesionales de la salud. Los pacientes
deben saber más sobre sus medicaciones y deben asumir más responsabilidad para
supervisar esas medicaciones, mientras que los proveedores deben tomar las medidas
adecuadas para educarlos, consultarlo todo con ellos y escuchar a los pacientes"
Como vemos, todo ello perfectamente extrapolable a nuestra realidad.
¡90
MUERTOS AL DÍA POR ERRORES DE TRATAMIENTO! Obviamente los efectos iatrogénicos
de los medicamentos se dan el todo el mundo pero es en Estados Unidos donde hay
más datos recogidos para entender en toda su dimensión el problema. Hace unos
meses, por ejemplo, informábamos de que ¡un millón doscientos mil británicos al
año! son víctimas de incidentes o errores sanitarios, según un informe elaborado
por el Comité de Cuentas Públicas de la Cámara de los Comunes. En realidad hay
registrados oficialmente unos 940.000 incidentes pero los autores del estudio
creen que probablemente haya al menos otros 250.000 errores más no comunicados
a las autoridades. Desde la amputación de miembros sanos por equivocación a errores
de medicación o interacciones inesperadas de fármacos. Según el presidente del
mencionado comité,
Edward Leigh, una de cada diez personas que entra en
un hospital público es víctima de algún incidente o error médico o sanitario.
Reconociendo luego que ignoran cuántas personas mueren anualmente por problemas
relacionados con la seguridad y que los hospitales no informan a los pacientes
de los errores cometidos ¡en nueve de cada diez casos! Pues bien, ahora se han
conocido datos de Italia. Según publicaba el diario italiano La República el pasado
23 de octubre allí mueren ¡90 pacientes al día! por errores médicos y del sistema
de salud lo que representa unos ¡32.000 muertos anuales! (cifra que podría ser
en realidad de 50.000 según otros estudios). La denuncia la efectuó en Milán la
Asociación Italiana de Oncología Médica (AIOM) durante su convención nacional
tras barajar diversos estudios realizados al efecto.
Todo esto indica que
las muertes debidas a efectos iatrogénicos por diagnósticos y tratamientos erróneos
y efectos secundarios de los medicamentos han pasado a convertirse en el país
transalpino ¡en la primera causa de muerte! al superar las cifras de fallecimientos
anuales por accidentes de tráfico, cáncer e infartos. Debemos añadir que la mayor
parte de las muertes provocadas por errores en Italia se dan en los quirófanos
(32%) mientras que por especialidades el mayor número tiene lugar en Ortopedia
(16,5 %) seguido de Oncología (13%), Obstetricia (10,8 %) y Cirugía General (10,6%).
Otros motivos importantes de muerte son las esperas demasiado largas de enfermos
graves y las altas hospitalarias prematuras Además de las pérdidas en vidas semejante
cifra de errores representa para la sociedad italiana unos costes anuales de 10.000
millones de euros (12.500 millones de dólares), el 1% del Producto Interior Bruto
italiano.
La cruda evidencia de estas cifras hizo que
Emilio Bajetta,
miembro de la
Asociación Italiana de Oncología Médica, tuviera que admitir:
"Los errores en los tratamientos son un verdadero problema en Italia".
Por su parte, la ministra de Salud
Livia Turco no se atrevió a ratificar
tan elevadas cifras precisamente por considerarlas "excesivas" pero reconoció
públicamente la gravedad del problema:
"Sea lo alto que sea el número -dijo
a la prensa-
confirma la necesidad de tratar el problema de los errores en
los tratamientos". Nosotros, en cambio, en nuestra infinita ignorancia
-mantenida por todos los integrantes de nuestro sistema- no tenemos al parecer
de qué preocuparnos. ¿Errores en España? ¿Muertes a causa de fallos en el sistema
o por errores médicos? Basta con no contar, con mirar a otro lado para no ver
el problema. Ya sabemos que para los responsables de las administraciones públicas
cuando no se habla de un problema éste no existe y si no llega a los ciudadanos
éstos no se rebelan. Y si alguno se queja siempre podrán quitarse el asunto de
encima diciendo:
"Serán gases".
Helena
Santos
Los errores del sistema sanitario
son la primera causa de muerte en Estados
Unidos Los datos recogidos
en el artículo central de este reportaje sobre la incidencia de los errores sanitarios
en Estados Unidos no hacen sino apoyar la tesis del estudio
Death by Medicine
(Muerte por la Medicina) escrito por
Fary Null,
Carolyn Dean,
Martin Feldman,
Debora Rasio y
Dorothy Smit que se publicó hace
ahora algo más de dos años (vea el texto que apareció en el nº
65
de la revista correspondiente a octubre de 2004) según el cual los tratamientos
médicos son ya
la primera causa de muerte en Estados Unidos. Según sus
datos fallecen más de 780.000 personas cada año a causa de los errores cometidos,
entre los que destacan las cirugías innecesarias, los errores de medicación, los
efectos iatrogénicos de los fármacos y las infecciones que se cogen en los propios
hospitales.
A través de una revisión pormenorizada de investigaciones realizadas
en todo el país, diarios médicos y estadísticas gubernamentales los autores llegaron
a la conclusión de que
"la medicina norteamericana causa más daño que beneficio".
Y datos no les faltan para soportar tan dura afirmación porque resulta que durante
el año 2001, sobre una población de 278 millones de personas:
-Fueron hospitalizados
sin necesidad 8,9 millones de estadounidenses.
-Cerca de 2,2 millones de enfermos
sufrieron reacciones adversas mientras estaban en el hospital a causa de los medicamentos
que se les prescribió.
-Se prescribieron numerosos antibióticos sin necesidad.
El Dr.
Richard Besser -miembro del
Centro de Control de Enfermedades
(CDC)- situó la cifra de antibióticos innecesarios prescritos para infecciones
virales en el año 2003 en ¡varias decenas de millones! Y,
-Se efectuaron 7,5
millones de actos médicos y quirúrgicos innecesarios.
Las cifras, evidentemente,
son escandalosas. Pero donde el repaso estadístico resulta ya devastador es en
el número total de muertes causadas por el mal funcionamiento del sistema. Y es
que por causas iatrogénicas, según se recoge en
Death by Medicine, murieron
en Estados Unidos en un solo año
783.936 personas. Según la investigación,
por las siguientes causas:
-Reacciones adversas a los medicamentos en los
hospitales: 106.000
-Reacciones adversas a los medicamentos de carácter extrahospitalario:
199.000
-Úlceras mal tratadas: 115.000.
-Malnutrición: 108.000.
-Errores
médicos: 98.000.
-Infecciones: 88.000.
-Procedimientos innecesarios: 37.136.
-Problemas relacionados con la cirugía: 32.000.
Por lo que, a la vista de
estos datos, los autores llegan a afirmar:
"Es evidente que el sistema médico
americano es la causa principal de muerte y lesión en Estados Unidos. En el 2001
la mortalidad anual por enfermedades del corazón fue de 699.697 personas mientras
la mortalidad por cáncer alcanzó las 553.251 personas". Cabe añadir que
el trabajo aporta además la fría cifra del coste que la iatrogenia tiene para
el sistema sanitario norteamericano:
¡282.000 millones de dólares anuales¡
Los autores hacen también una extrapolación a diez años a partir de las cifras
más conservadores de las estadísticas utilizadas -algunos autores emplean en sus
trabajos factores de multiplicación que podrían haberlas hecho variar al alza-
y aun trabajando con los datos más conservadores el número de fallecidos en una
década por errores del sistema de salud será de ¡7,8 millones de personas! Mucho
más que la suma total de norteamericanos fallecidos en los conflictos bélicos
que ha mantenido Estados Unidos a lo largo de toda su historia.
Las cifras
pueden parecerles exageradas a algunas personas pero en realidad sólo reflejan
los actos iatrogénicos
reportados y se calcula que éstos no llegan al 20%
de los acaecidos realmente, según señalan diferentes estudios citados por los
propios autores de la investigación.
Es más, los autores de
Death by Medicine
afirman que su estudio -y, por tanto, sus cifras- no está completo ya que aún
deben cuantificar la morbilidad, mortalidad y pérdida financiera consecuencia
de otros factores que deberán añadirse a los del actual estudio: exposiciones
radiológicas, uso excesivo de antibióticos, medicamentos carcinógenos, uso de
la quimioterapia, cirugía innecesaria, terapias insuficientemente probadas y otros.
Se hace difícil imaginar la cantidad final de fallecidos una vez contabilizados
todos los factores...
Es evidente que cuando las cifras son de tal magnitud
hablan por sí mismas. Quizás por ello el capítulo de
Conclusiones del estudio
es breve y se limita a señalar:
"Cuando la causa número uno de muerte en una
sociedad es el sistema de protección de la salud entonces tal sistema no tiene
excusa alguna para abordar sus propias limitaciones urgentes. Es un sistema fallido
que precisa de atención inmediata. Lo que nosotros hemos perfilado en este documento
refleja aspectos insoportables de nuestro sistema médico contemporáneo que necesita
ser reformado desde sus mismos cimientos". Lo más dramático es que esta
realidad se vive en silencio en todas partes. Y es que los datos e historias individuales,
en tanto afectan a personas desconectadas entre sí y no se registran ni publican,
suelen pasar desapercibidas para la gran mayoría de los ciudadanos que no viven
tales tragedias en sus carnes.