Un grupo de investigadores
españoles dirigido por la doctora Marta Izquierdo,
del Centro de Biología Molecular -organismo
codependiente del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas y la Facultad de Ciencias de la
Universidad Autónoma de Madrid-, ha obtenido
sorprendentes y esperanzadores resultados
en su lucha contra el cáncer mediante la implantación
de un producto natural de la planta de la
tapioca en un retrovirus. Si las investigaciones
en personas confirman las perspectivas podríamos
estar ante uno de los más importantes descubrimientos
genéticos realizados en el mundo para combatir
esta enfermedad.
Hace pocas semanas se publicó en la prensa
inglesa la noticia de que investigadores británicos
habían descubierto en la planta de la tapioca
(Cassava) un compuesto químico -el linamarin-
que produce el ácido cianhídrico -responsable
de la toxicidad del vegetal- y un gen que,
según los medios británicos, ha sido utilizado
por científicos españoles para transferirlo
a un retrovirus. Pues bien, el retrovirus,
al que se incorporó el gen de la limarasa,
ha logrado acabar con tumores cerebrales en
aquellas ratas a las que se inyectó pequeñas
dosis localmente, atacando de forma selectiva
a las células enfermas pero no a las sanas
que hay a su alrededor. Ya en una segunda
fase se han utilizado tejidos humanos, con
notables resultados.
Hasta aquí la noticia, que en España apenas
sí ha trascendido de la prensa especializada.
Lo que no deja de sorprender ya que se trata
de un paso importante en la lucha contra esa
terrible enfermedad que es el cáncer y que
probablemente no tenga los efectos secundarios
de los venenos celulares que se usan en la
actualidad.
Quisimos pues hablar con la Dra. Marta
Izquierdo, directora del Equipo de Biología
Molecular de la Facultad de Ciencias de la
Universidad Autónoma de Madrid, quien accedió
amablemente a entrevistarse con nosotros en
su despacho.
-Doctora Izquierdo, ¿cómo surgió esta
investigación?
-Hace ya algún tiempo que trabajamos en colaboración
con algunos servicios hospitalarios de Neurocirugía
diseñando sistemas de diagnóstico a nivel
de biología molecular para los gliomas, esos
tumores que no afectan a las neuronas sino
a la importante sustancia blanca del cerebro
que es la glía. Y de ahí a plantearse posibilidades
de tratamiento específico de los gliomas no
había más que un paso.
Pensamos en crear "genes suicidas" que, al
ser introducidos en el tumor, provocaran la
muerte de las células malignas que lo constituyen.
Y para conseguirlo empezamos con el de la
timidin-quinasa del herpes zóster, enzima
que fosforila el Aciclovir y es la
responsable de las alteraciones que produce
dicha enfermedad. Y como medio que nos permitiera
hacer llegar la sustancia al tumor de manera
selectiva utilizamos un retrovirus.
-Dicho así parece muy sencillo.
-Realmente se trata de técnicas muy complejas
ya que estamos utilizando moléculas -las partes
más pequeñas de las células- y la tecnología
necesaria muchas veces hay que improvisarla
o conseguirla a altos precios en el extranjero.
-¿Y los resultados?
-Empezamos a tratar ratas con muy buen
resultado consiguiendo la curación total de
los tumores inducidos en gran parte de los
animales de experimentación, con reducción
valorable del volumen tumoral en la mayor
parte de ellas.
-Perdone el inciso, doctora, pero, ¿hasta
qué punto son fiables en Biología Molecular
los resultados con la experimentación animal?
-En cualquier experimento -y no sólo de
Biología Molecular- es necesario primero probar
su efectividad en animales; entre otras cosas,
porque así está legislado. Pero, obviamente,
no es suficiente.
-Es decir, la experimentación en animales
es meramente indicativa y no garantiza que
el proceso vaya a funcionar en humanos.
-En efecto. Pero no debe olvidarse que
hablamos de una terapia génica y que cualquier
animal tiene prácticamente los mismos genes
que el ser humano y que la principal diferencia
está más que nada en la forma en que se combinan
unos y otros.
Ciertamente, lo ideal -y de ahí la enorme
importancia del estudio del genoma humano-
sería conseguir un modelo artificial que funcionara
exactamente igual que el natural y del que
se pudieran extrapolar los resultados de forma
válida.
-Volviendo al tema: ¿se aplicó el tratamiento
de timidin-quinasa a los seres humanos?
-Una vez completadas las fases de experimentación
bioquímica sobre animales tratamos -en colaboración
con el Servicio de Neurocirugía de la Clínica
de la Paz de Madrid- a nueve pacientes de
cáncer con el retrovirus portador de la timidin-quinasa
del herpes. Con resultados bastantes buenos
que no llegaron a ser curativos porque el
número de células tumorales que se infectaba
no era suficiente para conseguir la destrucción
total del glioma.
El siguiente paso, como es lógico, fue plantear
un sistema más agresivo pero nos encontramos
que no podíamos infectar más allá de un 10%
o 15% de las células tumorales sin correr
el riesgo imprevisible de que aumentaran los
efectos colaterales.
Fue entonces cuando, revisando la bibliografía,
tuvimos noticia de los trabajos del equipo
inglés encabezado por Mónica Hughes
sobre la linamarasa, que es mucho más agresiva
sobre las células de los gliomas que la timidin-quinasa.
Así que nos pusimos en contacto con el laboratorio
de Newcastle y nos proporcionó los datos de
la sustancia. Ese es el motivo por el que
la incluimos en la publicación del trabajo,
que está siendo desarrollado de forma exclusiva
por nuestro equipo de la Universidad Autónoma
de Madrid.
La linamarasa actúa de manera más activa sobre
las células de cultivo que la timidin-quinasa
y permite tratar tumores mucho más voluminosos
en los animales de laboratorio.
El problema con que nos hemos encontrados
para llegar a la cuarta fase -su administración
a seres humanos- es que la linamarasa no ha
sido utilizada previamente, por lo que hay
que solicitar un permiso especial que no es
fácil de conseguir.
De todas formas, los exhaustivos estudios
hechos "in vitro" y sobre ratas parecen demostrar
que no posee efectos tóxicos en los niveles
locales en que la utilizamos y a las dosis
útiles para el tratamiento de los tumores.
-Y una vez superados todos los trámites
y poniéndonos frente a un hipotético paciente
que padezca un glioma, ¿cómo sería el tratamiento?
-El tratamiento se hace actualmente en dos
fases. Primero se hace llegar el tóxico localmente
al tumor, bien a través del líquido cefalorraquídeo
que baña todo el sistema nervioso central,
bien directamente a través de una aguja que
llegue al foco. En la segunda fase, el retrovirus
"marcado" actuaría como un auténtico "gen
suicida" infectando las células tumorales,
que se destruirían. Los resultados que ya
tenemos en los estudios de laboratorio indican
que con sólo un 4% de células con linamarasa
se puede destruir el 100% de las células tumorales
del cultivo de tejido gliomatoso.
De todas formas, y como primicia, puedo adelantarle
que en la actualidad estamos desarrollando
una técnica para unir el retrovirus con una
toxina infecciosa directamente, con lo cual
no sería preciso el tratamiento en dos fases.
-Y dígame, ¿cuál es el futuro inmediato
de estos tratamientos? ¿Cree que estamos ante
el final de esa auténtica plaga de nuestra
civilización que es el cáncer?
-En primer lugar, es fundamental una colaboración
entre la investigación bioquímica y la clínica.
Y desgraciadamente muchos médicos no conocen
-y algunos no aceptan- el trabajo de investigación
en estos niveles.
El problema más importante con el que nos
enfrentamos a la hora de desarrollar este
tipo de tratamiento es que tenemos que encontrar
un sistema de terapia general, no local como
hasta ahora, lo que conlleva la dificultad
de llevar la terapia génica hasta el foco
tumoral. Y, desde luego, el reducido número
de pacientes a los que tenemos acceso hace
muy difícil generalizar sobre los resultados.
Por eso es muy difícil aventurarlos. ¿Cuánto
tiempo precisaremos? ¿Dos años? ¿Veinte? Depende
de muchos factores aunque el avance tecnológico
está acortando notablemente los plazos de
cualquier investigación. El reto es que los
nuevos sistemas que estamos probando encuentren
el punto justo que sea generalizable.
Y, desde luego, el camino para el tratamiento
de los gliomas y del cáncer en general no
está en los venenos celulares ni en las radiaciones,
principales métodos que actualmente se están
utilizando. Son un paso, de acuerdo, pero
no van a conseguir curar la enfermedad. Creo
que una enfermedad que tiene origen genético
debe tratarse con una terapia genética.
Andrés Rodríguez-Alarcón