¿Cuántas
veces hemos salido frustrados de nuestra visita al ambulatorio, con el trato,
con la espera, con la atención? ¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta ya en la
calle de que con las prisas se nos ha olvidado comentar síntomas que quizás sean
importantes?
Si no fuera porque en este país las asociaciones de consumidores
tienen poco tirón entre la población en general y porque además en los temas de
salud son bastante poco combativas hace tiempo que deberían haber encabezado un
movimiento de contestación popular sacándonos a todos a la calle a protestar por
el poco tiempo que nos dedican los médicos. Porque al final no es un problema
de ellos sino nuestro.
En fin, quizás algún día nos dé por reclamar a las
administraciones todo aquello a lo que tenemos derecho en el campo de la salud
pero por el momento habrá que conformarse con que el paro de 24 horas fuese un
éxito. Según los datos de la
Plataforma 10 minutos, convocante del paro,
el 85% de los profesionales respaldaron la jornada de estetoscopios caídos. En
cualquier caso, más allá de la inevitable guerra de cifras entre administraciones
y convocantes la jornada reivindicativa sirvió para poner sobre la mesa de la
opinión pública la sensación -cada vez más común entre los usuarios de Atención
Primaria... y pacientes somos todos- de que la atención que recibimos es cada
vez más fría y deshumanizada, poco adecuada y, como consecuencia, nos vemos inmersos
en un calvario de esperas interminables o víctimas de una sobremedicación permanente
de graves consecuencias a medio plazo. Después de seis años de denuncias sobre
el aumento de la presión asistencial y la falta de medios prometidos, de ir y
venir escuchando buenas palabras, sin que los políticos decidan abordar una situación
que califican de "abandono de la atención primaria", los miembros de la
Plataforma
10 minutos, tras este paro de 24 horas, están dispuestos a llegar a la huelga
general en primavera si es necesario en su lucha
"por la dignidad de los pacientes
y los médicos". Y es que la falta de tiempo se ha vuelto una urgencia tan
inaplazable que oculta o aplaza otros problemas sobre la capacidad de decisión,
organización o planificación. En resumen, los objetivos de la
Plataforma 10
minutos son:

Dedicar
un promedio de al menos 10 minutos a cada enfermo.

Dedicar
un tiempo de la jornada laboral -en torno al 30%- a tareas no asistenciales como
la docencia, la formación, la investigación, la organización, la revisión de historias
clínicas, reuniones con los especialistas, etc.

No
sobrepasar el 70% de la jornada en asistencia directa a los pacientes. Lo prudente
sería alrededor de 4 horas de consulta y una hora para atender los avisos domiciliarios
en una jornada de 7 horas.

No
sobrepasar los 25 pacientes por jornada.
Pues bien, para conversar sobre esta
situación que a todos afecta nos reunimos con
Rafael de Pablo, Coordinador
Nacional de la
Plataforma 10 minutos. Y he de decir desde ya que la palabra
"tiempo" fue la más utilizada, el concepto más reclamado en nuestra conversación.
Aragonés, de verbo fácil e ideas muy claras, es obvio que Rafael de Pablo está
acostumbrado a hablar rápido a sus pacientes. Será para ganar tiempo. Es más,
si el estereotipo del aragonés irreductible y testarudo es cierto -en este caso
la impresión es que a De Pablo le va como un guante- a las administraciones sanitarias
les ha salido un auténtico grano que no van a conseguir sajar sólo con buenas
palabras.
-¡Qué menos que diez minutos!, doctor. -Qué menos para
atender a un paciente, para saber lo que le pasa. Es el tiempo mínimo que según
todos los expertos se necesita. ¡Qué menos! Parece una broma que tengamos que
reclamar lo evidente. A una persona hay que dedicarle todo el tiempo que haga
falta. En Atención Primaria hay cosas que pueden resolverse en cinco minutos pero
muchas otras se nos quedan en el tintero por falta de tiempo. Nosotros atendemos
muchos síntomas físicos que esconden detrás serios problemas psicosociales. Hay,
por ejemplo, muchas víctimas de violencia doméstica que vienen a la consulta y
no te dicen que las están pegando pero sí te hablan de sus dolores de cabeza o
de esos golpes que casualmente se han dado en la cocina o en una caída accidental.
Si no tienes tiempo durante la visita para indagar que hay detrás es muy fácil
que a veces se te pasen las causas de esos síntomas.
El tener tiempo no sólo
permite resolver situaciones puntuales en una visita sino también resolver situaciones
a corto y medio plazo. Hay muchos estudios que señalan, por ejemplo, que tener
el tiempo adecuado para explicar las cosas a un paciente crónico es claramente
beneficioso para su salud. ¿Qué quiere decir todo esto? Que si no tenemos tiempo
en Atención Primaria no somos resolutivos.
Estamos pidiendo el tiempo mínimo
necesario para poder ser eficaces. Si no, lo que hacemos es en realidad como si
hiciésemos, como si tratásemos, para al final realizar únicamente una labor de
maquillaje. Van pasando los pacientes y si ves alguna complicación los derivas
al especialista y listo. Después de más de 20 años de servicio y 10 de formación
te das cuenta de que ya sólo puedes tratar un mal catarro, derivar y hacer recetas,
y con frecuencia ves además algunos errores derivados de tus decisiones que acaban
provocando daños a los propios pacientes y que han sido provocados en ocasiones
por la falta de tiempo. Entonces la angustia se hace insoportable.
-Quizás
es precisamente esa falta de tiempo que ustedes reclaman la primera causa del
sentimiento generalizado de deshumanización en el trato médico que cada vez más
sienten los pacientes. -Claro, porque esto es algo más que una profesión.
En esta profesión tratas con personas con problemas emocionales y eso engancha,
para lo bueno y para lo malo. Cuando consigues aliviar a una persona que sufre,
simplemente escuchando o haciendo un diagnóstico adecuado con un tratamiento adecuado,
perdonarías el sueldo. Lo digo sinceramente. Pero, por el contrario, cuando ves
que por falta de tiempo vas perdiendo pericia, vas perdiendo competencia y a veces
cometes errores que sufre el paciente sientes una enorme frustración.
El sistema
actual rechaza los valores humanos y una de sus principales consecuencias es que
nos estamos medicalizando, nos estamos acostumbrando a resolver las situaciones
con medicamentos. Para la Administración el médico bueno es aquel que controla
la demanda y que parece que gasta poco desde la consulta, es decir, que pone cocodrilos
en la puerta, que pone malas caras, que pone gestos -hasta que cambias de médico-
con lo que el médico que tiene la desgracia de ser empático, de escuchar al paciente,
se va cargando de más y más pacientes, consume más recursos y por ello es penalizado.
La eficacia, el ser resolutivo, el ser eficiente representa la calidad del sistema...
pero trabajamos con personas. No podemos ser solo técnicos, tenemos que ser una
combinación de técnica, ética y humanidad porque si no acabas perdiendo la esencia
de esta profesión. Es muy importante ser competente pero la gente lo que valora
es la capacidad para escuchar y eso desgraciadamente se está penalizando con la
exigencia de ahorro de recursos porque parece que trabajamos en cadena. Y no se
puede trabajar en cadena con pacientes que sufren. Al paciente hay que dedicarle
todo el tiempo que haga falta así que no puedes estar encima obsesionado con hacer
un montón de papeles. ¡Qué menos pues que diez minutos para cada ser humano!
-Usted
mismo reconoce que estamos cayendo en una abusiva medicalización, algo evidente
sobre todo en el caso de nuestros mayores -los principales usuarios del sistema-
que se ven obligados a tomar a veces más de diez y quince medicamentos juntos
cuyas interacciones no han pasado desde luego ningún tipo de ensayo o control
científico. ¿Va camino de convertirse el médico en un simple dispensador de recetas?
-Sin duda alguna. Es una cultura impuesta. Las personas vienen y necesitan
una respuesta. Y cuando no tienes tiempo para dar la respuesta adecuada lo más
fácil es mandarle un fármaco o derivarle a un especialista. Nosotros sostenemos
que los problemas de la Atención Primaria se acaban sintiendo en el gasto farmacéutico
que es excesivo y es iatrogénico; y en las listas de espera. Con muchos pacientes
en Atención Primaria y, sobre todo, con muchos pacientes mayores bastaría para
evitar gran parte de la medicación un poco de tiempo para escuchar. Y desde luego,
necesitas un mínimo de tiempo para formar e informar a los pacientes sobre la
toma de sus medicamentos. Lo terrible es trabajar con prisas y con el agobio de
saber que fuera los pacientes se amontonan porque al final esa dinámica te lleva
a producir el efecto contrario de lo que pretendes; es decir, a que el sistema
sea iatrogénico, dañino para el paciente en lugar de curativo.
-En el último
número de la revista hablábamos de las graves consecuencias de los errores en
la asistencia ambulatoria. Según un estudio publicado en Annals of Internal
Medicinen el 60% de los diagnósticos erróneos en ambulatorio con consecuencias
graves -incluso mortales- se deben a errores de los médicos. Aunque en España
no se hace ningún estudio para que parezca que nunca pasa nada, ¿cree que podríamos
extrapolar esa situación a la realidad española? -Efectivamente los errores
existen. Es una profesión en la que, como en todas, se cometen errores. Lo que
ocurre es que estamos tan judicializados que, bien por vanidad, bien por miedo,
no los admitimos. Hay un estudio muy serio que señala que todos los médicos incurren
en una media de diez errores moderadamente graves al año. Eso es una realidad.
¿Qué hay que hacer pues? Hay que cambiar la cultura de la culpa por la culpa de
la solución. Sí, efectivamente hay errores, hay errores por problemas de competencia,
por problemas de organización o por problemas de tiempo. Yo creo que los errores
en esta profesión son muy serios y hay que luchar por minimizarlos.
-¿Cómo
se ha llegado al punto de que los médicos de Atención Primaria hayan tenido que
parar 24 horas? -Hace 25 años comenzamos la reforma de la Atención Primaria.
Yo fui de la primera promoción de médicos de familia y vi, como muchos otros,
la posibilidad de ser un médico más humano y a la vez con un nivel de competencia
semejante al de un hospital. Creímos en la reforma de la Atención Primaria. Y
es verdad que en aquellos momentos hubo una notable inversión de recursos en ella
y se produjo un avance muy importante porque los pacientes comenzaron a tener
confianza en los médicos de Atención Primaria, confianza que a pesar de todo aún
sigue existiendo aunque es muy difícil de ganar y se puede perder rápidamente.
Pero hace ya mucho tiempo que ese impulso inicial desapareció. A partir de los
años noventa algo pasó, vimos un claro retroceso, empezamos a ver cada vez más
pacientes en consulta, mucho papeleo, mucho cargo de libre designación, mucho
control, mucha rigidez. Y hace seis años decidimos crear una coordinadora, la
Plataforma 10 minutos, para reivindicar que la atención médica tuviese
calidad y dignidad en su actuación. Y decidimos exigir -como estandarte- tener
un tiempo mínimo de diez minutos por paciente. Seis años han pasado desde entonces.
Al poco de crear la plataforma pedimos un informe deontológico a la Organización
Médico Colegial (OMC) y ésta concluyó que lo que denunciábamos era real, que trabajábamos
en una situación de sobrecarga crónica y que no es ético que el médico no tenga
tiempo suficiente para atender a los pacientes. Por lo que instó a las administraciones
de todo tipo a tomar medidas
urgentes. Han pasado cinco años...
Hemos
hecho durante estos seis años un montón de gestos simbólicos como concentraciones
de diez minutos a nivel nacional en las que nos han acompañado los pacientes porque
han entendido que nuestra lucha era tan beneficiosa para ellos como para nosotros.
Hace año y medio se consiguió aglutinar a todas las sociedades científicas de
médicos de Atención Primaria en un documento al que llamamos el
Compromiso
de Buitrago. En él proponíamos 16 medidas. Bueno, pues ha pasado año y medio
y se nos ha dado la razón... pero no los medios. Dicen que la Atención Primaria
debe ser el eje del sistema pero la realidad machacona es que los presupuestos
para ella están congelados desde hace 15 años. Ésta es la voluntad de los políticos.
A la Atención Primaria no se la considera. En España el porcentaje del presupuesto
sanitario dedicado a Atención Primaria es el 14% del presupuesto sanitario mientras
en Europa está entre el 20 y el 25%. Bueno, pues tal es la realidad. Y la realidad
es que si la Atención Primaria no funciona el sistema sanitario en general tampoco
funciona y al final todo se sabe. España es -y esto es muy serio- el tercer país
del mundo, tras Estados Unidos y Suiza, en el que más se gastan sus habitantes
en medicina privada ambulatoria. Algo muy significativo. ¿Qué quiere decir? Sencillamente,
que
el sistema sanitario no funciona. Se presume de tener el séptimo mejor
sistema del mundo pero la realidad es que somos el tercer país del mundo en el
que más se acude a la sanidad privada. Luego algo no funciona bien.
Después
de seis años de gestos simbólicos, de cinco del informe deontológico de la OMC
y de año y medio del documento de Buitrago algo teníamos que hacer. Y optamos
por convocar una huelga nacional de 24 horas el 10 de noviembre, con mucho riesgo
porque no sabíamos cómo iban a responder los compañeros y los pacientes. No fue
dirigida contra nadie, fue una llamada de atención, un zapatazo encima de la mesa
de todos los partidos políticos diciendo que así no podemos seguir. La verdad
es que fue un éxito inesperado. Sorprendió a propios y extraños. Muchas organizaciones
sindicales se han quedado en fuera de juego en esta ocasión. La idea es dar un
margen tanto al Ministerio como a las administraciones. Les mandaremos una carta
explicándoles los motivos pero no vamos a cejar y, desde luego, si no se consiguen
cambios concretos para primavera la idea es intensificar las movilizaciones.
-¿Podrían
contemplar en su calendario una huelga más amplia?
-Podríamos llegar a
convocar una huelga no tan
light como la de noviembre sino más intensa.
Lo que vamos a hacer ahora es pedir la ayuda de los pacientes y de otras organizaciones,
vamos a intentar que entre todos nos ayuden a evitar la huelga de primavera, vamos
a hablar con todos los partidos políticos y todas las asociaciones pidiendo que
nos ayuden a evitar la huelga. ¿Cómo? Con un proyecto convincente en compromisos,
cifras y plazos con criterios que permitan evaluar periódicamente lo que se hace
en cada autonomía.
-Antes señalaba que los médicos de Atención Primaria
podrían constituir una primera línea contra la violencia doméstica pero no es
menos cierto que en el caso de los chavales también están viéndose obligados a
ver un montón de problemas nuevos que acaban medicándose cuando en muchas ocasiones
probablemente su origen esté en situaciones emocionales intensas vividas en el
hogar o en el colegio. -Claro, hay muchos problemas, sobre todo psicosociales,
que nosotros vemos todos los días. Tenemos la ventana abierta al mundo, a todos
los problemas: de maltrato familiar, de maltrato escolar, de anorexia, los derivados
de la separación de los padres. Problemas graves o potencialmente graves que comienzan
con síntomas leves y que tenemos que evaluar en menos de cuatro minutos. Es muy
fácil por tanto que se nos escapen muchas cosas y acabemos recurriendo a los fármacos.
Y eso puede ser una tragedia. Además estoy convencido de que con un poco más de
orden y sosiego, tras 20 años de experiencia podríamos hacer mucho más por ellos
y por todos los pacientes. Con una tecnología mínima en la consulta -por ejemplo,
un simple ecógrafo- y tiempo podríamos hacer un montón de diagnósticos precoces
de patologías graves que podrían resolverse y actualmente se nos escapan.
-La
avalancha de inmigrantes en los últimos años ha llevado a un número cada vez mayor
de pacientes a la Atención Primaria. ¿Han respondido las Administraciones con
más recursos? -No. En estos últimos años los pacientes han aumentado en
varios millones pero los recursos siguen siendo prácticamente los mismos y la
masificación es notable. Además se da la paradoja de que estos pacientes, cuando
llegan al sistema sanitario desde países donde no existe nada parecido, ven que
es un chollo e hiperconsumen. Hay un claro desequilibrio entre la población actual
y los recursos de los que disponemos.
-Y ahora que se habla de que los
profesores y médicos deben de ser considerados autoridad frente a las agresiones
verbales o la violencia física que sufren, ¿no cree que con un poco más de tiempo
algunos problemas de este tipo podrían resolverse?
-Sin duda alguna. Hay
muchos estudios que señalan que con un poco más de tiempo por enfermo los pacientes
difíciles son menos difíciles y los problemas de comunicación menores. Hace falta
un cierto grado de serenidad. El dedicar tiempo a los pacientes es un recurso
utilísimo a corto y medio plazo. Sin duda alguna los pacientes son menos difíciles
si les escuchas con más paciencia y desde luego lo son más si han esperado un
tiempo razonable en la consulta.
-En principio no parece que los problemas
estuvieran causados por falta de médicos porque al final éstos han acabado emigrando.
¿Entonces? -Bueno, ahora también empieza a existir un problema de falta
de médicos pero aún así creo que con los que tenemos y una mejor organización
se podría resolver todo. Aunque es verdad que se han marchado muchos fuera porque
las condiciones son mejores y puede haber problemas a la hora de hacer el recambio
generacional. Los médicos de familia vamos haciéndonos mayores y los que tenemos
plaza en propiedad necesitamos un recambio. Pero no se necesitan muchas cosas
para mejorar. Por ejemplo, se necesita más personal auxiliar. Nosotros no tenemos
personal auxiliar en la consulta y nos vemos obligados a dedicar entre un 30 y
un 40% de nuestro tiempo a hacer tareas burocráticas que podría hacer personal
no médico, bien un enfermero, bien un auxiliar de enfermería. Para ser médico
hacen falta diez años de formación y para ser auxiliar de enfermería con año y
medio o dos años es suficiente. No parece de recibo pues que habiendo escasez
de médicos tengamos que dedicar entre un 30 y un 40% del mismo a labores que puede
hacer otro profesional. Y luego, orden. Desgraciadamente la Sanidad pública está
muy politizada con lo cual hay excesivos cargos de libre designación y objetivos
a muy corto plazo. Nos tendrían que dar a los médicos mayor responsabilidad en
los resultados y más autonomía -siempre dentro del sistema público- para podernos
organizar con menos cargos de libre designación.
Es lo que hay y no lo decimos
nosotros sino los propios médicos. Si no lo evitamos entre todos es evidente que
el modelo sanitario español se escorará cada vez más hacia la atención de los
síntomas con medicamentos -y a más medicamentos más efectos secundarios y, por
ende, más medicamentos- que a la prevención, a la atención hospitalaria más que
a la atención en el centro de salud. No olvidemos que la propia
Organización
Mundial de la Salud (OMS) no se cansa de señalar que las principales amenazas
a la salud en nuestro entorno socioeconómico proceden de situaciones que tienen
que ver para su prevención con la modificación de estilos de vida, como el cáncer
de pulmón -nosotros diríamos que también todos los demás-, relacionado entre otras
cosas con el tabaco; las enfermedades del corazón, relacionadas con el sedentarismo
y la nutrición; o, por ejemplo, la diabetes derivada de la nutrición. Para trabajar
en esa dirección al tiempo que se empiezan a buscar nuevas soluciones en otras
direcciones al menos hay que empezar por dar tiempo a los médicos de Atención
Primaria en el primer nivel asistencial. Eso o ver cómo el gasto farmacéutico
ahoga el sistema, el sistema sanitario público se desmorona y la gestión privada
se hace con las riendas de nuestra salud.
En suma, la próxima vez que la
Plataforma
10 minutos toque a rebato lo mismo los que tenemos que tomar las calles somos
todos nosotros.
Antonio F. Muro