En
un reciente artículo publicado en el New York Times los investigadores
Sheryl Gay, Stolberg y Jeff Gerth describían cómo aprovechan
las empresas farmacéuticas las nuevas tecnologías para elaborar resúmenes sobre
las pautas de prescripción de los médicos estadounidenses, muchos de los cuales
ignoran que sus decisiones profesionales son revisadas con un interés puramente
comercial. Hábitos de receta que adquieren mediante la compra de esa información
a las farmacias, al propio Gobierno y a la American Medical Association (AMA)
en un negocio valorado hoy en más de 20 millones de dólares anuales. Según
el periódico neoyorquino la información que adquieren no contiene datos sobre
pacientes pero es evidente que se infiere en la privacidad de los médicos y en
su relación con el enfermo así como en el conocimiento de sus pautas de prescripción
y eso les permite saber cómo pueden influir en ellos a la hora de promocionar
sus productos.
Es decir, a partir del análisis de las prácticas de los profesionales
de la salud las compañías saben qué doctores recetan un determinado medicamento
o cuáles pueden llegar a hacerlo con la adecuada persuasión por parte de sus visitadores
médicos. Y esos galenos son, de hecho, los que reciben más visitas de los comerciales
de productos farmacéuticos. Además, ciertos médicos realizan consultorías con
las que pueden sumar varios centenares de dólares por trabajo.
En otras
palabras, en Estados Unidos las farmacias saben por las recetas el número de identificación
de cada doctor -aunque no su nombre- y, por ende, los fármacos que prescribe;
no teniendo reparo alguno en vender esa información. La Administración, por su
parte, comercializa el código que permite identificar los números que facilitan
las farmacias y a partir de ellos averiguar los nombres de los médicos. Y, por
último, la American Medical Association (AMA) ofrece información personal
y profesional detallada de sus asociados. Con lo que el círculo se completa.
Es
más, la carrera profesional completa de cada médico estadounidense puede ser controlada
por las compañías ya que la AMA también vende el Número de Educación
Médica que ella misma asigna a cada uno desde que es un simple estudiante
de Medicina. De ahí que los investigadores antes citados no duden en concluir:
"La venta de esa información pone en entredicho a la American Medical Association
porque por una parte recomienda a los médicos que no acepten pagos de la industria
farmacéutica pero, por otra, vende información a esa misma industria sobre sus
asociados".
TRAFICANTES DE RECETAS
Sólo
que todo esto no pasa sólo en Estados Unidos. En España, por ejemplo, la compañía
especializada en marketing farmacéutico Close Up también accede a las recetas
médicas en las propias farmacias. Así lo denunció públicamente el Colegio Oficial
de Farmacéuticos vizcaíno en su circular no 30/99: "La empresa Close Up,
en colaboración con Microdata Servicios, está visitando las Oficinas de
Farmacia para proceder al escaneado de todas las recetas dispensadas en las mismas".
Ante lo cual el colegio pidió que "por deontología profesional, en ningún
caso se faciliten los datos de las recetas de las farmacias y menos a cambio de
una contraprestación económica".
¿Y quién se dedica a ese negocio? Pues
el Director General para España y Portugal de Close Up es Alberto Franco
González, nada menos que académico de la Real Academia de Medicina
además de Vicepresidente para Europa de Close Up Internacional. Obviamente, España
no es pues el único país donde actúa esta empresa. También lo hace, por ejemplo,
en Argentina. El profesor de la Universidad de California en San Diego,
Andrew Lakoff, autor del trabajo Las ansiedades de la globalización:
marketing de antidepresivos y crisis económica en la Argentina, explica en
él que Close Up ofrece a los laboratorios averiguar qué médicos recetan
sus productos, quiénes recetan los de sus competidores y cuánto prescribe cada
galeno. "Para conseguir esa información -explica hablando sobre Close
Up- compró o intercambió copias microfilmadas de recetas médicas tomadas en las
grandes cadenas farmacéuticas. Pretendía cubrir dieciocho millones de recetas
médicas en Argentina y contar con los perfiles de comportamiento de más de 90.000
médicos, incluyendo aproximadamente 2.000 psiquiatras de la ciudad de Buenos Aires".
Añadiendo: "Un experto vendedor de psicofármacos me contó cómo empleaba
los datos correspondientes a un barrio de clase media-alta como Palermo (…), ubicó
a los cinco mejores médicos y averiguó cuánto recetan de qué droga. Frecuentemente
se trata de médicos que prestan servicio a un elevado volumen de obras sociales
(algo parecido a la Seguridad Social española). Así el estratega de ventas
pudo hacer marketing selectivo".
Close Up, en colaboración con
la empresa alemana especializada en soluciones de software E-business SAP,
desarrolló a comienzos de 2003 el programa informático Intelligent Data
que permite al personal de los laboratorios analizar información y tendencias
de la industria farmacéutica. Según ambas compañías, con él un laboratorio puede
cruzar los datos de auditorías de ventas, prescripciones, marketing, etc. Como
reconoció Luis Hernández -uno de los directores de Desarrollo de Negocios
de Close Up- en el seminario El futuro de la gestión en salud organizado
por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el
Crecimiento (CIPPEC), "la información es un activo que la salud ha subutilizado.
Y las empresas de salud necesitan desarrollar soluciones que las hagan ser más
eficientes y competitivas para poder cumplir el rol para el que han sido diseñadas".
Close Up no es en cualquier caso la compañía líder mundial en este negocio
de auditoría o espionaje de los hábitos de receta de los médicos. El primer puesto
entre las corporaciones dedicadas al marketing farmacéutico lo ocupa la estadounidense
International Marketing Services Health (IMS). "Durante mis visitas a la sede
argentina de la compañía IMS Health se me permitía a veces echar un vistazo subrepticio
a un enorme libro de registro del número y monto mensual de ventas pero no fotocopiarlo.
Recuerdo que un director de ventas con quien me cité en un café traía algunas
cifras anotadas en un trozo de papel, me permitió verlas y luego lo rompió",
contaría el profesor Lakoff a la revista argentina Página 12 agregando:
"Los datos de ventas eran confidenciales y muy valiosos: las empresas farmacéuticas
pagan hasta 150.000 pesos anuales (unos 38.104 euros) por suscribirse".
En suma, datos como los que vende IMS Health sirven luego a los grandes
laboratorios para intentar que los médicos más abiertos a sugerencias receten
sus medicamentos incluso en dolencias para los que no están indicados con el consiguiente
riesgo para la salud de los enfermos.
NEURONTIN: UN
CASO CONCRETO
Cuando la multinacional Pfizer adquirió el laboratorio
Warner-Lambert un ex directivo de la empresa recién adquirida, el doctor David
Franklin, denunció a la compañía compradora por promocionar su fármaco Neurontin
para más de una docena de patologías para las que no estaba aprobado. La gabapentina,
principio activo de ese medicamento, está permitida por la FDA (la agencia que
controla los alimentos y los fármacos en Estados Unidos) para el tratamiento de
la epilepsia y los dolores neuropáticos pero Pfizer decidió promocionarlo
también para patologías tan dispares como las crisis maniacodepresivas, el déficit
de atención, las migrañas, el trastorno bipolar, el síndrome de piernas inquietas
o el síndrome de abstinencia.
La conocida organización estadounidense de defensa
del consumidor Public Citizen aseguraría que se elaboró para ello una lista
de médicos dispuestos a recomendar la gabapentina para usos no autorizados en
cenas, reuniones de consultores, seminarios educativos e, incluso, a través de
teleconferencias. Según explicó la asociación en su boletín -Worst Pills, Best
Pills- los médicos cobraban entre 250 y 3.000 dólares por acto asegurando
que algunos llegaban a ganar más de 10.000 dólares al año. Pfizer terminaría
siendo multada por ello con 430 millones de dólares por utilizar información falsa
y/o manipulada sobre Neurontin y promocionarlo para dolencias no aprobadas.
Sólo que no importa. El negocio compensa. Se calcula que en un solo año Neurontin
hizo ingresar a la compañía 2.700 millones de dólares, descubriéndose que el 90%
de las recetas no correspondían a ninguna de las dos indicaciones aprobadas por
la FDA. ¿Que a los enfermos se les está pues engañando y probablemente dañando
por los efectos secundarios del fármaco? ¿Y a quién le importa?
Esta estrategia,
que a muchos lectores puede parecerles incomprensible por no decir imposible de
llevar a cabo, se explica porque se da la paradoja -por no utilizar otra palabra
más dura- de que en Estados Unidos las compañías no pueden promocionar sus fármacos
más que para las enfermedades para las que tienen el visto bueno de la FDA pero
los médicos pueden prescribir cualquier fármaco para tratar cualquier enfermedad,
esté o no oficialmente indicado su uso en ella.
Bueno, pues IMS Health
también opera en España. En uno de los documentos estadísticos que oferta sobre
Neurontin hecho en nuestro país, al que hemos tenido acceso, la empresa
recoge datos sobre las veces que los médicos españoles recetaron ese fármaco durante
el periodo comprendido entre abril y junio de 2002 en enfermedades para las
que no está indicado. Y pese a que la propia IMS Health tiene clasificado
como antiepiléptico el Neurontin en la base de datos de la compañía aparece
recetado para otras muchas dolencias, casi todas ellas relacionadas con problemas
psíquicos o psicológicos: depresión -y eso que la propia ficha técnica del fármaco
afirma que uno de los síntomas adversos observados durante los ensayos clínicos
que hizo Pfizer era precisamente el de depresión-, trastorno bipolar, trastornos
nerviosos, fobias, adicción al alcohol o a la cocaína e, incluso, para tratar
ciertos herpes o diabetes. Y toda esa información, insistimos, la obtiene IMS
Health de las recetas que extienden los médicos.
FARMAESPIONAJE
EN LA RED
Es más, IMS Health -como demuestran los documentos
que obran en nuestro poder- ofrece desde hace tiempo a los responsables de las
farmacias la posibilidad de conectarse mediante un programa de software específico
con sus oficinas: Pharmatrend. Así es como denomina a un programa que -explica
la empresa en un folleto que cooperativas de distribución farmacéutica como Novafar
mandan a sus asociados, no sabemos con qué interés- pretende "recoger las tendencias
de las clases terapéuticas en volumen de compras, ventas, stocks y % de prescripciones
directamente de su sistema informático". Es decir, que por 361 euros anuales
(dato de septiembre de 2005) el farmacéutico instala en su ordenador un sistema
informático que manda cada semana a través de Internet sus datos de compra-venta
a IMS Health. Esta corporación asegura que son datos de consumo, no de
receta, pero un farmacéutico al que le han ofrecido el sistema nos daría una opinión
bien distinta: "Entre la información que recibe IMS está el código postal de
la farmacia y sólo con eso los laboratorios pueden conocer prácticamente lo que
toman los pacientes de una población, barrio o distrito. Cada centro de salud
o médico está relacionado con un código postal dentro del cual están las farmacias
a las que por lógica van a comprar los pacientes de los primeros. De modo que
con los datos de las clases terapéuticas vendidas en la farmacia de un distrito
puede saberse qué recetan los médicos de ese distrito. Esos datos los compran
los laboratorios y luego organizan congresos o mandan a sus visitadores a las
consultas para modificar los hábitos de receta de los galenos en función de sus
intereses corporativos".
IMS Health envió también a finales de
este año en España un folleto titulado Estudio sobre hábitos de prescripción
a todos los médicos de Atención Primaria -y a muchos otros que no lo son- donde
tras afirmar que más de 12.000 médicos colaboran con la empresa les pedían directamente
que rellenaran un cuestionario para saber lo que recetan y en qué dosis. Y para
que éstos accedan les regalan sólo por rellenarlo -a elegir- un reloj de cuarzo
de acero, una manta polar de viaje, un set de barbacoa, un set de herramientas,
un juego de toallas o una bolsa de viaje. Y si no les gustan los regalos pueden
ceder su importe a la Asociación Española contra el Cáncer, conocida asociación
privada dedicada a promover el uso de Quimioterapia y Radioterapia
entre los enfermos de cáncer con los resultados que todos conocemos: 100.000 muertos
al año sólo en hospitales mientras son tratados con ellas (datos oficiales del
Instituto Nacional de Estadística). Tal es la verdad y no la que se pregona.
Ciertamente Internet ofrece muchas posibilidades para obtener información sobre
los ciudadanos. NetRank, por ejemplo, es una consultora británica que trabaja
para multinacionales farmacéuticas como Pfizer, GlaxoSmithKline (GSK) y
Johnson & Johnson a las que ofreció hace tiempo su programa iReputation.
Se trata de una herramienta informática que escanea de manera constante Internet
buscando todo tipo de referencias que puedan interesar a las compañías. Éstas
tratan así de proteger su imagen cuando surge algún problema, según reconocen
publicaciones como CorreoFarmacéutico.com y El Cronista. Una de
las especialidades de iReputation es merodear en los blogs. John
Straw, director de NetRank, se justificaría así: "Alguien podría
decir que estamos espiando pero en realidad esa información es de dominio público.
Lo hacemos por el bien del paciente permitiendo que las empresas reaccionen más
rápidamente a las preocupaciones". Solo que esto está ocurriendo cuando, como
denuncian cada vez más publicaciones, la industria farmacéutica es cada vez más
cuestionada y se multiplican los juicios interpuestos por pacientes a causa de
los efectos colaterales de muchos medicamentos. Bueno, pues a comienzos
de noviembre pasado supimos que Eduardo Plaza -Director General de Saludalia
Interactiva- y un conjunto de accionistas de la profesión médica han comprado
la mencionada compañía a Unión Fenosa, su anterior propietaria. Claro que
Saludalia también se dedica al marketing estratégico de la industria farmacéutica
y posee una herramienta denominada Saludbase, base de datos del sector
con datos de más de 150.000 profesionales sanitarios entre médicos, farmacéuticos,
ATS y matronas. La compañía tiene además en Internet varios portales específicos
para informar a todos ellos.
Sólo un par de meses antes nos habíamos
enterado también de que la compañía Activity Benchmarking Deutschland había
iniciado sus actividades de benchmarking -proceso continuo para medir las
prácticas, productos y servicios de las empresas de la competencia o los líderes
de cada sector industrial- para la industria farmacéutica en Alemania, Austria
y Suiza uniéndose a la española QSM Activity Research (España) y a Activity
Benchmarking Ltd. del Reino Unido. Activity ofrece "comparaciones
confidenciales de indicadores de gestión y organiza foros para el intercambio
de experiencias entre profesionales. Los proyectos abarcan marketing y ventas,
la función médica, operaciones clínicas y otros ámbitos de la industria farmacéutica",
según explica una nota informativa de QSM. Y es que ese mundillo, como puede comprobarse,
está rodeado de un halo de secretismo y términos confusos.
El resultado de
todo esto es simple: todos somos susceptibles de estar en alguna lista. La intimidad
real no existe. Nuestros datos personales no están hoy protegidos. ¿Quién no está
ya harto en España de recibir en su propio domicilio propuestas comerciales de
todo tipo en una clara violación de su intimidad, claramente perpetrada con la
complicidad de las compañías telefónicas y la absoluta dejadez de las autoridades?
Agregaremos que en Estados Unidos se han conocido en los últimos años detalles
sobre la discreta relación económica que une a la industria de la salud y las
farmacias. Resulta que éstas están recibiendo un dólar por cada paciente que recibe
una carta de seguimiento sobre medicamentos o tratamientos y hasta tres dólares
por cada llamada telefónica al cliente. La Administración estadounidense ha comprobado
que el problema es hoy de tal magnitud que se les escapa de las manos e intenta
ponerle freno. De ahí que desde abril de 2003 las nuevas leyes de privacidad médica
obliguen al personal de salud a preguntar a sus pacientes cómo puede o no utilizarse
su historia médica privada.
ESTUDIOS PSEUDOCIENTÍFICOS
Y
la gravedad de lo que está pasando no acaba ahí. Porque muchos médicos no sólo
reciben regalos más o menos importantes de las compañías farmacéuticas -como tantas
veces se ha documentado y publicado- sino que también son remunerados por estudios
pseudocientíficos. Así lo ha denunciado, por ejemplo, la Asociación de Agentes
de Propaganda Médica de Argentina (AAPM) cuyos miembros facilitan a las multinacionales
farmacéuticas información sobre los hábitos de consumo de medicamentos por parte
de los ciudadanos. En una dura información publicada por el diario argentino Página
12 esta organización de trabajadores relacionados con la industria farmacéutica
ofrece detalles, nombres y apellidos de médicos y empresas que trafican con recetas.
Un responsable de la misma explicaba en ese diario cómo se realizan las gestiones:
"Mire, doctor, tenemos este producto nuevo, aprobado por la FDA de Estados
Unidos, y nos interesa que usted haga una evaluación con sus pacientes'. Y a continuación
se le entrega al médico una hoja de evaluación. Por supuesto, todos saben perfectamente
que eso no es un verdadero estudio clínico; los estudios clínicos deben estar
aprobados por la ANMAT (Agencia de medicamentos de Argentina)], ser gratuitos
y seguir determinados procedimientos (…) 'Y como esto implica mayor trabajo para
usted, doctor, estimamos que le corresponden 50 pesos por la visita de cada paciente
(…)' Aunque en realidad esos recursos indirectos ya no se usan mucho; últimamente
se hacen las cosas mucho más guarangas (obscenas)".
La denuncia de la
AAPM no escatima datos: "El laboratorio Casasco, junto con un producto,
estuvo entregando al médico unas tarjetitas para raspadita, con premios. El laboratorio
Syncro (hoy absorbido por Ivax), sorteaba un auto entre cien números que se otorgaban
de este modo: si el médico prescribía un tratamiento recibía un número; si prescribía
dos, dos números; con diez prescripciones obtenía diez de los cien números; y
así sucesivamente.", explicaría el representante de los agentes de propaganda
médica. Añadiendo además otros datos reveladores: "El doctor Federico Pavlovsky
describió perfectamente lo que pasa (se refiere a una información publicada
con anterioridad por el mismo diario). ¿Y cómo controlar si el médico cumple
en prescribir aquello por lo que se le paga? Los laboratorios hacen auditorías
a partir de la información que compran de forma ilegítima. Las obras sociales,
PAMI (Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados) y
IOMA (Instituto de Obra Médico Asistencial) tienen convenios con administradoras
de fármacos por las cuales la información se vuelca en planillas donde se incluyen
datos confidenciales como los nombres y diagnósticos de los pacientes. Todo eso
termina en poder de los laboratorios que lo usan para armar estrategias y para
auditar el cumplimiento de los médicos".
MEDICAMENTOS
CHIVATOS
La AAPM explica también que existen otros procedimientos igual
o más sofisticados para el control de los galenos y de lo que recetan. Así lo
explicaron en Página 12: "Uno de los principales laboratorios nacionales elabora
un producto inyectable para la artritis reumatoidea que debe ser aplicado por
el médico mismo mediante una jeringa presionable que tiene una especie de troquel
que el médico retiene; y cuando va el visitador le entrega los troqueles que junta
y recibe la suma establecida por cada uno".
Por si todo esto fuera poco
las compañías farmacéuticas -con diversas excusas- quieren introducir en los envases
de medicamentos chips identificativos que pueden ser controlados mediante radiofrecuencia.
De llevar a cabo esta iniciativa podría seguirse cada fármaco y a su comprador
por cualquier lugar del mundo. Humberto Arnés, Director General de Farmaindustria
-la patronal española de la industria farmacéutica-, lo adelantó hace pocos meses
en la conferencia Trazabilidad de los medicamentos desarrollada en la segunda
jornada del Congreso Nacional Farmacéutico -celebrado en Cádiz- de la que
informó El Global a mediados de octubre de 2006: "Iba a decir las cosas
por su nombre" y, para ello, avanzó el primer concepto que trataría: el comercio
paralelo (las cooperativas o almacenes distribuidores aprovechan la diferencia
de precios de los fármacos en los distintos países europeos para adquirirlos allí
donde son más baratos), al que denominó "culpable de los problemas de suministro
en las farmacias". Antonio Mingorance, presidente de la Federación
Española de la Distribución Farmacéutica (Fedifar), representante de la distribución
en dicho foro, avanzó que su entidad apuesta por dos proyectos para tratar dichas
importaciones paralelas: un abastecimiento guiado por bases de datos actualizadas
y un modelo de trazabilidad. Según El Global "en este último punto se
mostró de acuerdo con Arnés en que la radiofrecuencia no es el mejor sistema ahora
mismo aunque sí en el futuro".
UN LIBRO ESCLARECEDOR
Pero,
¿saben los lectores a qué se refieren estos responsables de la industria del fármaco
cuando hablan de radiofrecuencias? Antes de continuar les recomiendo un libro
y luego les explico. El texto que les aconsejo leer está publicado por la editorial
Grupo Nelson, lleva por título Chips espías: cómo las grandes corporaciones
y el Gobierno planean monitorear cada uno de sus pasos con RFDI y está escrito
por Katherine Albrecht -fundadora y directora de Consumidores en Contra
de la Invasión a la Privacidad y Enumeración por los Supermercados (CASPIAN)-
y Liz McIntyre. Y paso a informarles: RFID es el acrónimo en inglés de
"Identificación por Frecuencias de Radio". Como explica Albrecht en su
libro: "RFID es una tecnología que utiliza chips minúsculos de computadora
-algunos de ellos más pequeños que granos de arena- para rastrear objetos a distancia.
Si los planificadores maestros se salen con la suya cada objeto -desde zapatos
hasta automóviles- (medicamentos incluidos, añadimos nosotros) portará
uno de esos chips minúsculos que pueden ser usados para espiarle sin su conocimiento
o consentimiento".
Las autoras del texto añaden: "Los investigadores
han desarrollado prototipos de las casas del futuro que llevarían artefactos domésticos
con RFID tales como (…) botiquines capaces de hablar (con su médico, con el gobierno
y con la empresa de seguros médicos) (…) Su compañía de seguros podría supervisar
a distancia su consumo de comida y fijar sus tarifas de modo correspondiente,
los oficiales de salud podrían rastrear los medicamentos por receta que está tomando
(…) los servicios sanitarios podrían transmitir datos a médicos a distancia y
las bases de datos podrían detectar su condición mental".
Todo esto no
es ciencia ficción ni la presunción de existencia de un Gran Hermano que todo
lo vigila: es el presente. Como afirman estas investigadoras, "la Administración
del Seguro Social [estadounidense] está usando chips espías para rastrear los
archivos de los ciudadanos". Además, la todopoderosa FDA -ligada a la industria
farmacéutica por lazos económicos- "desea la instalación de RFID en todas las
medicinas que precisan receta y los fabricantes de OxyContin (Mundipharma
Pharmaceuticals) y de Viagra (Pfizer) ya han empezado a cumplir con ello. La
FDA también ha aprobado el uso de implantes subcutáneos de RFID para el manejo
de registros médicos".
PFIZER SE PRONUNCIA
En enero del 2006 la propia Pfizer reconocía en una nota de prensa que
ya había hecho "su primer envío de un producto a clientes de Estados Unidos
con un etiquetado de identificación por radiofrecuencia (RFID) en su reciente
iniciativa de lucha contra la falsificación en la industria farmacéutica a fin
de proteger la seguridad del paciente. (...) Las etiquetas de identificación por
radiofrecuencia incorporan el código electrónico del producto en cada embalaje,
caja y pallet de Viagra, y las farmacias y distribuidores mayoristas utilizan
escáneres electrónicos diseñados especialmente para este fin que realizan transmisiones
vía Internet hacia una website segura de Pfizer".
La corporación estadounidense
aclararía en todo caso que la RFID no se encontraba aún lista para poder rastrear
los medicamentos a través del sistema de distribución. "El rastreo implica
que todas las partes que conforman la cadena de distribución inviertan en tecnología
compatible y acuerden recopilar y compartir información sobre el movimiento del
producto. Pfizer seguirá explorando los diferentes usos de esta tecnología
y del proceso de rastreo durante el próximo año".
Es decir, de momento
Pfizer tranquiliza a la opinión pública -"La utilización de RFID tampoco
permite el acceso a información del paciente"- pero no por mucho tiempo:
"La compañía está trabajando conjuntamente con entidades reguladoras, gubernamentales,
la FDA, otras entidades de la industria y sus clientes con el propósito de establecer
normas para difundir la aplicación de RFID en el futuro. Pfizer admite
que pasarán varios años hasta que RFID se aplique masivamente en la industria
farmacéutica debido al coste". El Boletín Fármacos lo dijo hace ya tiempo:
"La identificación por radiofrecuencia o RFID se espera para el 2007".
¿Qué pretenden en un principio los laboratorios? Pues afirman que con esta tecnología
pretenden controlar sus productos en todo momento para que en las farmacias siempre
estén sus productos y no perder así ni un solo cliente además de acabar con las
falsificaciones de medicamentos, cada vez más extendidas entre otras razones por
el alto precio de muchos de ellos.
Terminamos explicando que Pfizer
no es ya la única compañía farmacéutica que utiliza dispositivos de radiofrecuencia.
Según la empresa española Labware su herramienta de software Ip6
permite la utilización de RFID y la han adoptado ya para sus almacenes, entre
otros laboratorios, Abbott, Almirall, Merck Sharp & Dome, Ferrer, Cinfa, Sanofi-Aventis,
Alter o Vita. Es más, la GlaxoSmithKline (GSK) comenzó a distribuir
hace casi un año en Estados Unidos su fármaco para el Sida Trizivir con
RFID "para evitar su falsificación" en colaboración con IBM. Y es que como
explican Albrecht y McIntyre en su libro IBM registró ya en el 2001 -con el número
20020165758- su patente Identificación y rastreo de personas usando artículos
con etiquetas de RFID.
En suma, utilizar la tecnología RFID en un almacén
puede tener su lógica pero las radiofrecuencias son un arma de doble filo. En
Estados Unidos han levantando por ello la polémica. ¿Qué sucederá en España? De
momento, para este mes de enero se espera la aprobación del Decreto de trazabilidad
de los medicamentos de uso humano que impulsa el Ministerio de Sanidad y Consumo
y que, al cierre de esta edición, está en fase de alegaciones. Veremos si contempla
el control de los fármacos mediante radiofrecuencias. ¡Buen comienzo de año!
Miguel Jara
PD: la información de este artículo está basada en el libro que con el
título Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan
con la enfermedad ha publicado Miguel Jara en Icaria Editoria.