Para
la Medicina Tradicional China existen en el cuerpo cinco sistemas cuyas alteraciones
serían las responsables de prácticamente todas las enfermedades que padece el
ser humano. Es decir, según sus postulados cualquier tipo de patología se genera
por la anomalía de uno de esos cinco sistemas. Cada uno de los cuales comanda
determinadas partes del cuerpo provocando alteraciones que, desde el punto de
vista convencional de la medicina alopática, guardan poca o ninguna relación entre
sí. Ello implica pues, para el concepto oriental, que la causa o etiología real
de muchas enfermedades es la misma y, directa o indirectamente, procede de un
único sistema alterado.
Esos cinco sistemas son:
a) El hepático.
b) El digestivo (comprende estómago, bazo y páncreas).
c) El
cardiocirculatorio.
d) El respiratorio y excretor (comprende pulmón
y colon).
e) El renal (comprende el aparato urogenital).
En suma,
para la Medicina Tradicional China cuando cualquiera de esos sistemas resulta
afectado se producen diversos síntomas que no parecen tener relación entre ellos
y, por tanto, en la Medicina convencional o alopática son tratados normalmente
por diferentes especialistas. Para los médicos orientales, sin embargo, la causa
primera de todos esos síntomas es común y la solución, si la hay, es única.
Con el tiempo y la cronicidad esos 5 sistemas -cada uno de los cuales provoca
diferentes "enfermedades"- se afectan entre ellos y la alteración de uno acaba
alterando a otro y luego a otro... y así sucesivamente complicando el cuadro inicial
hasta llegar a las enfermedades degenerativas y de difícil tratamiento pues la
posible curación pasa ya por recuperar todos los sistemas afectados. Y contemplando
siempre la relación entre los mismos.
Por otra parte, cada uno de esos sistemas
se corresponde con sus propios tejidos secundarios, órganos sensitivos, coloración
alterada de la piel, reacciones psíquicas o emocionales, tolerancia a ciertos
sabores, actitudes posturales, etc.
Pues bien, voy a exponer en este artículo
parte de los procesos que puede desencadenar una
insuficiencia hepática crónica
-aunque sea asintomática a nivel local e incluso se presenten valores correctos
en las analíticas- ya que -admitiendo ese punto de vista- puede ser la causa de
toda una serie de importantes alteraciones a muy diversos niveles.
Comenzaré
diciendo que hace ya años, gracias a la práctica clínica, tomamos conciencia un
día en consulta de la gran cantidad de pacientes que sufrían litiasis biliar (es
decir, arenilla o piedras en la vesícula) por lo que decidimos desarrollar un
método de drenaje que limpiara la vesícula de arenillas y fangos de pequeño tamaño
que son los más corrientes. Lo logramos pero, para nuestra sorpresa, comprobamos
que al poco tiempo ¡reaparecían! Al principio pensamos en depósitos procedentes
del colédoco pero luego nos dimos cuenta de que procedían del hígado y que es
en él donde realmente se fabrican las litiasis "biliares" por filtración de parte
de la sangre venosa que asciende por el sistema porta. Y es que a pacientes operados
de vesícula biliar les habíamos encontrado abundante arenilla en las heces cuando
años más tarde de la operación se les drenó el sistema hepático. Y eso significaba
que estaban retenidas en algún lugar. Evidentemente en el hígado porque carecían
de vesícula.
¿Qué efectos causa esa arenilla en el hígado? Pues una insuficiencia
hepática crónica, casi siempre sin síntomas hepáticos pero que produce frecuentemente
su inflamación. ¿Y qué causas pueden afectar al hígado y, por tanto, agravar dicha
insuficiencia? El consumo excesivo de grasas, alcohol y tabaco, las medicaciones
agresivas, la ingesta de tóxicos... Y en cuanto a la alimentación se refiere determinados
parásitos que al formar colonias en intestino e hígado ensucian el órgano afectado.
Sin olvidar los nervios, el estrés, los disgustos y todas las emociones que propician
un estado de irritabilidad o ira ya que trastornan el sistema hepático. Recordemos
que la ira es consustancial al hígado según la Medicina Tradicional China; basta
en ese sentido recordar la violencia que se genera en los alcohólicos y en los
enfermos hepáticos crónicos. Agregaremos que también pueden afectarle negativamente
los esfuerzos musculares desacostumbrados o excesivos pues el hígado rige la musculatura
y los tendones y es un reservorio de glucógeno, alimento de estas estructuras.
EL SÍNDROME HEPÁTICO Y SUS CONCOMITANCIAS
En el caso de inflamación hepática -hecho muy frecuente y crónico con habituales
altibajos según la intensidad del elemento desencadenante- se produce una estenosis
(estrechamiento) del sistema porta con una reducción del flujo ascendente de sangre
venosa. Y ello crea un desequilibrio entre la cantidad de sangre existente en
las zonas superior e inferior del cuerpo. Es decir, la sangre se acumula en la
parte inferior habiendo menos en la mitad superior. Déficit de sangre que puede
ser la causa de muy diversas patologías que los médicos convencionales no relacionan
con ese hecho. Es el caso de numerosos cuadros de:
Taquicardias
e Hipotensión La reducción del caudal sanguíneo en la parte superior
del cuerpo puede producir a nivel cardíaco taquicardias ya que toda bomba se acelera
cuando no dispone de suficiente fluido para bombear. Y si el corazón maneja menos
sangre por las arterias fluirá también menos cantidad dando lugar a hipotensión.
Cuadros disneicos o asmáticos
Cuando llega menos sangre a los pulmones se pueden producir cuadros de insuficiencia
respiratoria y asmáticos. Por tanto un insuficiente suministro de oxígeno al organismo
causa síntomas que con frecuencia se confunden con una patología pulmonar.
Vértigos
y mareos Es obvio que si llega menor cantidad de sangre al cerebro
puede producir vértigos, mareos e inestabilidad que en estos casos suele achacarse
a la hipotensión sin considerar que ésta puede estar provocada por la inflamación
hepática. De hecho, un mareo que conduce a una lipotimia (desmayo) no es más que
un mecanismo de defensa del organismo que se da cuenta de que necesita estar en
posición horizontal a fin de que la sangre pueda llegar de nuevo fácilmente al
cerebro.
Pérdida de memoria y confusión mental
Un deficiente riego sanguíneo puede ser también causa de pérdida de memoria,
confusión mental, disminución del rendimiento mental, posible caída de cabello
y disminución temporal de la agudeza visual. Síntomas que en principio remiten
al normalizarse el riego sanguíneo por regularización hepática.
Depresión
Esta importante alteración, tomada como una afección cerebral de tipo psíquico
y tratada normalmente a través del sistema nervioso, se pone de manifiesto en
cuanto el cerebro deja de recibir la sangre que necesita. La hipovolemia cerebral
produce una sensación de angustia, ansiedad, deseos de estar acostado (posición
en la que el cerebro recibe más fácilmente el fluido sanguíneo), mareos, miedos
y, en última instancia, desesperación. Pues bien, todo ello mejora notablemente
al recuperarse el riego cerebral por normalización del flujo sanguíneo hepático
ascendente.
Migrañas y cefaleas
El cuadro anterior está íntimamente relacionado con las migrañas y algunas cefaleas.
Sólo que éstas se producen cuando el paciente mejora, su hígado se desinflama
y la sangre sube rápidamente hacia la parte superior con mayor caudal produciendo
el síndrome migrañoso, dolor pulsante en sienes y deseo de estar relajado en oscuridad
y silencio. Obviamente, en cuanto el hígado se vuelve a inflamar remiten los síntomas
de la migraña. La solución consiste pues en normalizar el hígado para que esos
cambios de intensidad en el flujo sanguíneo ascendente no se produzcan.
Alzheimer,
parkinson, esclerosis múltiple, epilepsia y ataxia cerebelosa Hace
ya 30 años se planteó que en muchos casos -no en todos, por supuesto- enfermedades
neurodegenerativas como el alzheimer, el parkinson, la esclerosis múltiple, la
epilepsia y la ataxia cerebelosa pueden deberse a una deficiente irrigación del
cerebro. Y que puede ser así parece demostrarlo que cuando esa falta de sangre
-y, por tanto, de oxígeno- se debe a una comprensión patológica del opérculo torácico
que impide que la sangre circule adecuadamente por la arteria vertebral basta
una sencilla operación quirúrgica que resuelva el problema y llegue de nuevo la
sangre al cerebro para obtener mejorías espectaculares
(lea en nuestra web
los reportajes publicados al respecto en los números 21,
24 y 30).
Pues bien, esa falta de riego sanguíneo cerebral puede deberse igualmente al problema
hepático del que nos estamos ocupando y, por consiguiente, resolviendo éste mejorar
también todas esas patologías.
Varices y hemorroides
¿Qué sucede, por otra parte, cuando la sangre se encuentra en mucha mayor
cantidad en la mitad inferior del cuerpo, en el sistema venoso, siendo incapaz
de subir al tórax por estar parcialmente retenida debido a la inflamación del
sistema hepático? Pues que las venas se dilatan, se distienden y se producen varices
y hemorroides. De hecho muchas personas con inflamación hepática tienen las piernas
pesadas y lo achacan a que están mucho rato de pie cada día cuando la causa real
es bien diferente.
Úlceras gástricas, anemia
y amenorrea Las venas gastroepiploicas procedentes del estómago
que desembocan en el sistema hepático antes de la filtración pueden dilatarse
cuando la sangre queda retenida en ellas produciendo varices esofágicas o duodenales
(o ambas). Y si el volumen de esa sangre aumenta mucho se pueden además distender
dando lugar a microhemorragias gástricas o úlceras. Una situación que si se cronifica
hace que la sangre tiña de marrón oscuro las heces. Lo que hay que tener en cuenta
porque en las analíticas de heces la presencia de sangre es habitual y se achaca
con demasiada frecuencia a la sangre contenida en la carne (aunque hoy día se
empieza a experimentar con preparados capaces de distinguir en las heces la sangre
humana de la animal). Pues bien, cuando las pérdidas sanguíneas vía gástrica persisten
en el tiempo puede aparecer una anemia que se acompaña de gran cansancio junto
a todos los síntomas ya expuestos debidos a la falta de sangre en la parte superior
del cuerpo (depresión, taquicardias, disnea de esfuerzo, etc.). Paralelamente,
cuando no tenemos suficiente sangre por causa de la anemia la menstruación se
hace tardía, escasa, y puede llegar a desaparecer (amenorrea); sin embargo, se
normaliza cuando se recupera el volumen sanguíneo correcto.
Obesidad
Otro preocupante desequilibrio orgánico es la obesidad, padecida por un elevado
grupo de población. La causa atribuida generalmente es el exceso en la ingesta
de alimentos por lo que se suele recomendar el seguimiento de severos regímenes.
Yo suelo decir que la "droga" que crea mas hábito es la comida porque cualquier
drogadicto puede saltarse algunas dosis de una sustancia que le crea dependencia
pero, ¿cuántas personas son capaces de no comer nada un solo día o, simplemente,
de llevar a cabo un régimen riguroso o un ayuno terapéutico? El síndrome de abstinencia
de la alimentación es muy difícil de superar por la mayoría de las personas.
Pues
bien, las microhemorragias gástricas presentes en la úlcera de estómago conducen
a una pseudoanemia crónica normalmente indetectable en las analíticas porque nuestro
organismo es capaz de reproducir la sangre perdida en pequeñas cantidades. Nos
encontramos en tales casos con un cuadro anémico que se autorregenera sólo que
la pérdida de ese fluido vital produce siempre un estado de ansiedad ya que la
pérdida de sangre es interpretada por el cuerpo como un camino hacia la muerte
por desangrado. Por eso siempre va acompañada de un incremento del apetito para
obtener los principales elementos para la fabricación de sangre. Y esos están
en el chocolate, los dulces, las frutas y verduras rojas, las carnes rojas, etc.
Apetito inducido para ese fin que lleva a la persona a comer en exceso con la
consiguiente agravación de los sistemas hepático y digestivo además de a la cronificación
de las microhemorragias que aumentarán la anemia, la ansiedad y, por tanto, el
hambre. Es la pescadilla que se muerde la cola.
Osteoporosis
Como hemos explicado, la afectación hepática puede terminar produciendo anemia
a causa de las microhemorragias gástricas con lo que el organismo intenta por
todos los medios compensar la pérdida comiendo más para fabricar sangre extra.
Ahora bien, la sangre se fabrica en la médula ósea -preferentemente la de los
huesos planos, por ejemplo la cresta ilíaca- y para obtenerla ésta precisa, entre
otros elementos, calcio. Y cuando este mineral no está suficientemente presente
en la dieta el organismo no tiene más remedio que recurrir a los huesos para obtenerlo
pudiendo dar lugar a osteoporosis en edades tempranas.
Fibromialgia
Esta patología, que como su nombre indica es un "algia de las fibras musculares",
pertenece al amplio campo de influencia hepático pues el responsable del tono,
vigor y resistencia de la musculatura es el hígado. Y de hecho, muchos de los
pacientes que hemos tratado mediante desintoxicación de hígado y riñón -y, por
tanto, de la mayor parte del organismo- han logrado mejoras substanciales en un
porcentaje elevado de casos. Algo esperanzador teniendo en cuenta que la Fibromialgia
es una enfermedad de diagnóstico difícil y un tanto subjetivo.
Cáncer
Ya expliqué en su día los efectos sorprendentemente beneficiosos que sobre los
tumores tiene recuperar la calidad sanguínea -y, por tanto, celular- merced a
la correcta filtración y eliminación de toxinas y elementos tumorales por parte
de un hígado y riñones sanos. No insistiré pues en ello si bien invito al lector
a leer la entrevista en la que hablaba de ello y que apareció en el número
78
(tiene ese texto entrando en la sección de
Reportajes
de nuestra web).
HEPATITIS CRÓNICAS Finalizaré
recordando que al tratar un cuadro hepático hay que considerar siempre la presencia
de antiguas hepatitis de los tipos hoy conocidos -A, B, C y D (la E es prácticamente
desconocida)-, éstas dos últimas, por cierto, habituales en casi todos los estados
cancerosos. Porque determinadas enfermedades infecciosas -entre ellas las hepatitis,
aún aparentemente curadas- dejan huella. Es decir, se puede determinar su presencia
durante toda la vida del paciente lo que significa que, aún erradicada del organismo,
una parte -incluso negativizada en teoría- queda presente y detectable y, por
tanto, activa en algún nivel. Presencia que puede producir patologías secundarias
y aparentemente sin relación con la enfermedad original pero que deben ser tenidas
en cuenta siempre que la patología actual nos haga pensar en una relación hepática
aunque ésta parezca lejana.
Resumen
En definitiva, una inflamación hepática crónica -bien por depósitos procedentes
del filtrado fisiológico que realiza el hígado en la sangre, bien por causa de
una parasitosis (virus, bacterias, etc.), bien por intoxicación- puede producir,
de forma parcial o total, todas estas dolencias:
1º) Hipotensión y
mareos.
2º) Disnea de esfuerzo y taquicardias.
3º) Falta
de concentración y pérdida de memoria.
4º) Depresión, cefaleas, migrañas,
caída del cabello y alteraciones de la visión.
5º) Alzheimer, parkinson,
esclerosis múltiple, epilepsia y ataxia cerebelosa.
6º) Piernas pesadas,
varices y hemorroides.
7º) Hernias de hiato, úlceras gástricas y acidez.
8º) Anemia y cansancio.
9º) Obesidad, osteoporosis y fibromialgia.
10) Intoxicación celular y cáncer.
Obviamente todos estos síntomas
no tienen por qué aparecer a la vez. Algunos pueden incluso haber convivido con
nosotros muchos años, a veces desde que tenemos uso de razón. Y generalmente se
achacan a nuestra "constitución enfermiza" cuando en realidad -como muchas enfermedades
presuntamente heredadas- se deben a la sangre contaminada que la madre transmite
al feto dando desde el principio a su hijo una precaria calidad de vida.
En
suma, todos los cuadros patológicos mencionados parecen no tener relación pero
lo cierto es que en muchos casos la causa es común: una insuficiencia hepática.
Y resolviendo ese problema con el tratamiento y las medidas higiénicas y dietéticas
adecuadas en cada caso resolverse todos ellos. De ahí que a nuestro juicio, dada
la actual intoxicación de nuestra sociedad, en nuestra consulta sugiramos hacer
una desintoxicación hepática y renal a fondo cada dos años. Porque lo mejor es
siempre prevenir.
José María Cardesín