Pocos
productos relacionados con la alimentación han estado sometidos a tanta polémica
como el aspartamo, aditivo internacionalmente conocido como E-951.
Desde su descubrimiento de forma casual en 1965 -cuando la empresa norteamericana
G.D. Searle & Co se encontró con él mientras buscaba un medicamento contra
la úlcera- ha sido centro de numerosas controversias científicas y luchas de poder
-político y económico- capaces de provocar un justificado escepticismo sobre el
papel real de las autoridades reguladoras responsables de velar por la seguridad
de los alimentos.
El aspartamo es hoy, tras la sacarina, el
segundo edulcorante artificial más usado en el mundo -sólo en Estados Unidos se
consumen más de 8.000 toneladas al año- aunque en términos de consumo mundial
representa el 62% del mercado. Según estimó en el 2005 el Centro de Información
sobre el Aspartamo lo consumen habitualmente más de 200 millones de personas.
De hecho se encuentra en ¡más de 6.000 productos! incluyendo bebidas no alcohólicas
carbónicas, chocolates, chicles, caramelos, postres, yogures y productos farmacéuticos
como los jarabes para la tos sin azúcar. Aunque su importancia viene dada sobre
todo por su presencia en las denominadas bebidas light.
Para los organismos
reguladores está demostrada de forma suficiente su seguridad; tanto para la FDA
-la agencia que controla los alimentos y fármacos en Estados Unidos- como para
el Comité Científico para la Alimentación de la Agencia de Seguridad Alimentaria
de la Unión Europea. Y para muchos con eso es suficiente. Las empresas que
lo usan, ante cualquier cuestionamiento sobre su seguridad, se refugian en lo
obvio: "El E-951 está aprobado por las autoridades competentes ante quienes
ha demostrado su seguridad".
Y, sin embargo, ex funcionarios de la propia
FDA -el primer organismo que dio su aprobación-, organizaciones de consumidores,
médicos e investigadores independientes lo relacionan desde hace años con gran
número de síntomas y patologías considerándolo un neurotóxico capaz de provocar
cuando se ingiere o acumula en cantidades importantes comportamientos agresivos,
desorientación, hiperactividad, entumecimiento de las extremidades, excitabilidad,
pérdida de memoria, debilitamiento de la vista con pérdida de la percepción de
profundidad, disfunciones hepáticas, oscilaciones severas de humor, degeneración
neurológica y cáncer.
El estudio más reciente sobre él -publicado el pasado
8 de Agosto en el European Journal of Clinical Nutrition con el título
Efectos directos e indirectos del aspartamo sobre el cerebro y efectuado
por un equipo de investigadores surafricanos integrado por Humphries, Pretorius
y Naudé- señala: "Creemos que la ingesta excesiva de aspartamo puede
estar implicada en la patogénesis de ciertos desórdenes mentales pudiendo comprometer
además funciones emocionales y de aprendizaje".
Aunque el último gran
toque de atención -de una larga lista de estudios y manifestaciones en contra-
lo ha dado un estudio independiente del Centro de Investigación del Cáncer
Cesare Maltoni de la Fundación Europea Ramazzini de Oncología y Ciencias
Ambientales. Y es que tras una larga investigación sobre 400 ratas de laboratorio
Sprague-Dawley el estudio -publicado antes de verano en el Environmental
Health Perspectives , publicación del U.S. National Institute of Environmental
Health Sciences- concluye de manera categórica: "Los resultados de la prueba
biológica de carcinogenicidad confirman y refuerzan la primera demostración experimental
de carcinogenicidad multipotencial del aspartamo a un nivel de dosis cercano a
la dosis diaria admisible para los seres humanos. El estudio demuestra además
que cuando la exposición al aspartamo comienza durante la vida fetal sus efectos
carcinógenos aumentan". Añadiendo: "Ante estos resultados entendemos que
deben revisarse sin demora las actuales normas reguladoras sobre el uso del aspartamo".
Más claro, agua.
¿POR QUÉ LAS RATAS NO DEBEN TOMARLO
Y NOSOTROS SÍ?
En un enmarañado mundo de cifras y datos, estudios patrocinados
y sesgados superpublicitados, y estudios independientes casi silenciados sólo
le queda al consumidor tratar de certificar la fiabilidad de cada cual. Por eso
los resultados de la Fundación Ramazzini adquieren especial importancia
ya que su independencia y compromiso con la seguridad alimentaria está contrastada.
Los datos fueron publicados en una revista científica internacional de prestigio,
sometidos al sistema de revisión y presentados en una reunión científica celebrada
a mediados de septiembre del 2006 en Italia bajo el título Afrontar el futuro
a la luz del pasado: viviendo en un mundo químico. Y el director del trabajo,
Morando Soffritti, recibió el pasado 23 de abril el Premio Irving J.
Selikoff en la Mount Sinai School of Medicine en Nueva York. Y su discurso
se tituló Carcinogenicidad del aspartamo: lecciones que debemos aprender.
Los trabajos de Soffritti son producto del esfuerzo emprendido por la Fundación
Ramazzini para tratar de evaluar los potenciales riesgos carcinogénicos de
edulcorantes artificiales, colorantes, conservantes y suplementos dietéticos ante
la evidente falta de datos experimentales y epidemiológicos que hay a nivel internacional.
Con tal objetivo comenzaron en 1985 una serie de grandes experimentos llevados
a cabo en el Cesare Maltoni Cancer Research Center (CMCRC) habiéndose estudiado
ya la carcinogenicidad de 12 productos diferentes, entre ellos el aspartamo.
Motivos altruistas, prestigio e independencia parecen avalar pues las investigaciones
realizadas. Soffritti y su equipo ya hicieron sonar las alarmas hace dos años
tras un trabajo similar realizado con 1.800 ratas y que se publicó en el European
Journal of Oncology. "Se ha demostrado por primera vez experimentalmente -afirmaban
en su investigación- que el aspartamo causa un aumento estadístico significativo
-vinculado a la dosis- de linfomas y leucemias en ratas hembras a niveles de dosis
muy cercanas a las que los seres humanos pueden estar expuestos (…) Estos experimentos
demuestran que el aumento en linfomas y leucemias observados en el estudio del
aspartamo podría estar relacionado con el metanol, un metabolito del aspartamo
que se metaboliza a formaldehído y después a ácido fórmico en seres humanos y
ratas".
No han sido los italianos, por cierto, los primeros en alertar
de la peligrosidad del formaldehído. Ellos se han limitado a contrastar
lo evidente. La Agencia para la Investigación del Cáncer (IARC) dependiente
de la OMS señalaba en un texto publicado el 1 de septiembre del 2004 lo
siguiente: "En conjunto, el Grupo de Trabajo concluyó que el formaldehído es
carcinógeno en humanos (Grupo 1) basándose en la existencia de pruebas suficientes
en humanos y en animales de experimentación lo que supone una clasificación más
alta que las evaluaciones previas de la IARC". Y ya en 1998 un estudio de
Carmen Trocho y otros investigadores españoles del Departamento de Bioquímica
y Biología Molecular de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona
habían dado un paso muy importante al ratificar la peligrosidad del formaldehído
en un estudio titulado Formaldehyde derived from dietary aspartamo binds to
tissue components in vivo.
"Los efectos acumulativos -señalaban entonces
los investigadores españoles- sugieren que la ingesta regular de aspartamo
puede dar lugar a la acumulación progresiva de agregados de formaldehído. Puede
especularse más a fondo que la formación de agregados puede ayudar a explicar
los efectos crónicos que puede inducir el consumo de aspartamo en tejidos sensibles,
tales como el cerebro. En todo caso, los posibles efectos negativos que la acumulación
de formaldehído puede inducir son, obviamente, a largo plazo. La alteración de
la integridad y de la función de la proteína puede necesitar un cierto tiempo
para inducir efectos sustanciales".
Convencidos de sus datos los investigadores
de la Fundación Ramazzini buscaron ser todavía más concluyentes. Reevaluaron
sus datos del 2005 en un artículo publicado en el 2006 en Environmental Health
Perspectives bajo el título Primera demostración experimental de los efectos
carcinógenos multipotenciales del aspartamo administrado con la alimentación a
ratas Sprague-Dawley.
"Nuestro estudio -concluían ya entonces- demuestra
que el aspartamo es un compuesto carcinógeno multipotencial cuyos efectos carcinógenos
son evidentes incluso en una dosis diaria de 20 mg/kg, mucho menor que la ingesta
diaria admitida actualmente para los seres humanos en Europa (40 mg/kg) y en Estados
Unidos (50 mg/kg) (…) La decisión de utilizar datos experimentales para proteger
la salud pública es importante porque el tiempo de uso masivo del aspartamo sigue
siendo demasiado breve para haber producido datos epidemiológicos sólidos. Por
otra parte, es inverosímil que suficientes datos epidemiológicos vayan a estar
disponibles en un futuro próximo dada la dificultad de encontrar a un grupo de
control que no se haya expuesto a este compuesto extensamente difundido".
Finalmente,
el estudio del 2007 no sólo confirma todos los datos anteriores sobre la "carcinogenicidad
multipotencial del aspartamo a un nivel de dosis cercanas a la dosis diaria admisible
para los seres humanos" sino que además señala el aumento de los riesgos de
carcinogenicidad que para los fetos supone el consumo de aspartamo por parte de
sus madres.
A este respecto, uno de los médicos que más ha estudiado los efectos
del aspartamo, el neurocirujano norteamericano Russell Blaylock
-autor del libro Excitotoxinas: el gusto que mata-, escribió al Miami
Herald tratando de contestar a quienes desde la industria criticaron el primer
estudio italiano. "Se sabe -señaló, entre otras cosas- que la cantidad
de fenilalanina tóxica que alcanza al bebé es dos veces más alta que la que puede
encontrarse en la placenta de la madre porque ésta concentra la toxina".
MANTENERLA
Y NO ENMENDARLA
La respuesta oficial a los estudios de Soffritti, lamentablemente,
ha sido la esperada. Como en las películas de Charlot, las autoridades
han decidido mirar hacia otro lado y no hacer nada. Bueno sí, hicieron lo de siempre.
Tratando de quitar peso a las primeras investigaciones de Soffritti del 2005 se
refirieron a una macroencuesta sobre hábitos alimenticios de los norteamericanos
-curiosamente, aparecida meses después- que les permitió concluir -anunciándolo
a bombo y platillo- que el aspartamo no presenta riesgos. Se olvidaron de decir
que en la macroencuesta sólo había dos preguntas referidas a la ingesta de edulcorantes
con café o té, o que los encuestados eran todos mayores de 50 años, personas en
las que difícilmente se puede encontrar el mismo efecto acumulativo que en los
niños.
Eso fue el año pasado. Ahora, tras los nuevos resultados de Soffritti,
tampoco parece que vaya a haber movimientos por parte de los reguladores. Sobre
todo porque ¡qué casualidad! no han pasado seis meses desde la aparición del estudio
de Soffritti y ya se ha publicado un nuevo trabajo que ratifica las bondades del
aspartamo. Un estudio de la Universidad de Maryland que ni siquiera
es una nueva investigación sino un repaso de la controvertida documentación existente.
Y en él, además de descalificar el estudio italiano, se concluye que el aspartamo
es completamente seguro. "El panel ha llegado a la conclusión -explicaría
Bernadene Magnuson, profesor auxiliar de Nutrición y Ciencia de los Alimentos
de la citada universidad- que el aspartamo es un dulcificante de alta intensidad
bien caracterizado, estudiado a fondo y con una historia larga de uso seguro en
el suministro de alimentos. No encontramos ninguna relación con el cáncer o funciones
neuronales. Es más, pensamos que el aspartamo podría reducir el contenido calórico
de una variedad amplia de alimentos". Eso sí, lo que no dijo Magnuson ni las
publicaciones que se hicieron eco sin más del estudio bajo titulares del tipo
El aspartamo es seguro es que el mismo fue pagado por el mayor fabricante
de aspartamo del mundo, Ajinomoto Co. Algo que sus autores pretenden
hacer creer que no sabían a pesar de que fueron seleccionados por una consultora
-el grupo Burdock- vinculado a la industria alimentaria.
Así que no
es de extrañar que portavoces de la FDA insistan en que de momento no hay necesidad
de reevaluación ya que los datos de la Fundación Ramazzini no concuerdan
con los de los estudios que consideran al aspartamo un producto sin riesgos.
Por alguna extraña razón dan más crédito a estudios muy anteriores o financiados
por los propios fabricantes que a éstos últimos, realizados con independencia,
más medios y mejores procedimientos.
Las empresas que lo usan, por su parte,
encuentran cómodo refugio en los permisos obtenidos. Merisant -fabricante
de Equal, unos de los edulcorantes que contiene aspartamo- asevera
en una declaración colocada en su web: "La seguridad del aspartamo ha sido
confirmada por autoridades reguladoras en más de 100 países, incluyendo la FDA
en EEUU, el Ministerio de Salud en Canadá y el Comité Científico de la Comisión
de las Comunidades Europeas sobre alimentación así como por expertos en alimentación
de las Naciones Unidas, la FAO y la Organización Mundial de la Salud".
En España una de las marcas más conocidas, Natreen, comercializa edulcorantes
en forma de fructosa, de comprimidos (elaborados con ciclamato,
sacarina y taumatina), en forma líquida (con ciclamato, sacarina y fructosa)
y en forma granulada -usada sobre todo para espolvorear- que sí contiene
aspartamo. Y sobre él su página web afirma, tras decir que no es apto para
fenilcetonúricos y "se digiere al igual que cualquier otra proteína" que
"ni el aspartamo ni sus componentes se acumulan en el cuerpo". En cuanto a
Nutrasweet -vinculada a Monsanto, la principal distribuidora del
edulcorante-, mantiene en su página web similares argumentos sobre la seguridad
del aspartamo: "Las alegaciones de algunos individuos de que el aspartamo
puede relacionarse con una miríada de dolencias no se basan en ciencia y pueden
considerarse 'mitos urbanos'. Las demandas infundadas sobre el aspartamo
han sido rechazadas por organizaciones independientes expertas tales como la
National Multiple Sclerosis Society, la Alzheimer's Association, la
National Parkinson Foundation, Inc., la Lupus Foundation of America y
la American Cancer Society. La seguridad del aspartamo se ha documentado
repetidamente y se apoya sobre tres décadas de investigación con cerca de 200
estudios científicos". Vale, ¿y por qué entonces las ratas no deben consumirlo
y nosotros sí?
¿A QUIÉN HACER CASO?
En suma,
si no conociéramos la verdad de la relación de la industria con los reguladores,
medios e investigadores podríamos dar por concluido aquí el artículo. ¡Las autoridades
han hablado! Pero antes de hacerlo bueno será que el lector conozca algunos datos
poco conocidos que le permitirán contrastar las afirmaciones de la industria.
El ya mencionado doctor Blaylock, primer neurocirujano en utilizar suplementos
nutricionales con importantes resultados en traumas craneocerebrales, fue concluyente
al referirse al primer trabajo de Soffritti: "El estudio publicado en el
European Journal of Oncology por Morando Soffritti y sus compañeros de trabajo
-escribió- debe preocupar a las madres y a todos aquellos consumidores
de productos edulcorados con aspartamo". Añadiendo: "Puesto que el aspartamo
puede aumentar la obesidad e incluso causar el Síndrome Metabólico que afecta
a 48 millones de americanos no hay razón alguna para consumir ese producto jamás.
Debería ser prohibido inmediatamente al menos en todas las escuelas".
Y
Blaylock no es el único que opina así del aspartamo. Algunas importantes
organizaciones de consumidores han dado también la voz de alerta después del estudio
de Soffritti. El Center for Science in the Public Interest (CSPI) ha solicitado
la reevaluación del aspartamo. "Dado que el aspartamo se consume masivamente
-ha declarado su Director Ejecutivo, Michael F. Jacobson- es urgente
que la FDA reevalúe si realmente se puede afirmar que hay 'certeza razonable'
de que no daña y cumple el estándar usado para calibrar la seguridad de los aditivos
alimenticios". Sin embargo, su falta de fe en los cambios ha llevado a Jacobson
a ser concluyente en su llamamiento a los consumidores. "Los consumidores,
particularmente los padres, no deberían esperar a que la FDA actúe. La gente no
debe asustarse sino sencillamente dejar de comprar bebidas y alimentos que contengan
aspartamo".
Recordemos que el Center for Science in the Public Interest
(CSPI) no es una organización más de consumidores. Lleva desde 1971 defendiendo
la seguridad en la alimentación y su boletín de noticias -Nutrition Action
Healthletter- cuenta con 900.000 suscriptores en Estados Unidos y Canadá siendo
el de mayor circulación en Norteamérica. David Kessler, antiguo máximo
responsable de la FDA, se refirió al CSPI como "uno de los mayores avances
para la salud pública del siglo". Y este mismo año la FDA le ha concedido
el honor más alto de la agencia: la Harvey W. Wiley Special Citation. La
anfitriona del acto de entrega, la conocida y multimillonaria periodista Oprah
Winfrey, se refirió durante la entrega al boletín del CSPI -el Nutrition
Action Healthletter- como "la voz crítica que hace sonar las alarmas de
la seguridad alimentaria". El CSPI sigue además una rigurosísima política
de fiscalidad de sus fondos y no admite ningún tipo de apoyo de la industria.
Pues bien, esta importante organización acaba de cambiar la clasificación del
aspartamo en el Directorio Químico -puede consultarla en su web: www.cspinet.org/reports/chemcuisine.htm-
pasándolo tras los últimos estudios del "Úsese con precaución" al "Debe evitarse".
"La cuestión es que el consumo de por vida del aspartamo -puede leerse
en ella- aumenta probablemente el riesgo de cáncer. La gente -especialmente
los jóvenes- no debería consumir los alimentos y bebidas endulzadas con aspartamo.
Debería cambiar a los productos azucarados con Sucralose (Splenda) y evitar
todo alimento endulzado artificialmente". Y recuerda luego que "otros dos
edulcorantes artificiales, la Sacarina y el Acesulfame-K, han sido
también relacionados con un mayor riesgo de cáncer".
El doctor H. J.
Roberts -otro de los médicos que ha estudiado más a fondo el tema habiendo
acumulado miles de casos- ha escrito por su parte un libro titulado Aspartame
Disease an Ignored Epidemia de 1.038 páginas en las que analiza las consecuencias
derivadas de la ingesta de aspartamo.
"Ahora -dijo Roberts tras
conocer el estudio de Soffritti- es incumbencia de los investigadores de leucemia
y linfoma investigar sobre el uso rutinario que sus pacientes hacen de productos
que contengan aspartamo. Y es también altamente relevante el aumento llamativo
del linfoma cerebral primario que notifiqué en mis libros y artículos. Es un linfoma
único de cerebro que la mayoría de los neurólogos no habían visto antes de la
disponibilidad del aspartamo". Roberts afirma además que existe una clara
interacción entre el aspartamo y el glutamato monosódico (E-621) (vea
en nuestra web -www.dsalud.com- lo publicado en el nº 89 de la revista) con
el aumento de casos de esclerosis múltiple por la acción de las excitotoxinas
sobre la mielina. "El aspartamo -ha escrito Roberts- contiene la excitotoxina
aspartato en el 40% de su estructura molecular. Y numerosos estudios han demostrado
que el consumo de aspartamo puede elevar perceptiblemente el nivel de esa excitotoxina
en la sangre. Hay una situación común durante la cual la exposición a la excitotoxina
es incluso mayor: cuando el aspartato (como aspartamo) se combina en la
dieta con el glutamato monosódico (E-621) los niveles en sangre son varias
veces más altos de lo normal".
VOLVER A LOS INICIOS
Lo significativo del estudio de Soffritti es que en realidad no hace sino reafirmar
los argumentos de los primeros investigadores de la FDA que en la década de los
70 señalaron ya que el aspartamo era cancerígeno. Permítasenos pues un
poco de historia.
En 1973 la FDA descartó su comercialización ante las dudas
sobre su toxicidad pero en 1974, sorprendentemente y a pesar de la información
de sus archivos, lo aprobó como aditivo para alimentos secos.
Ese mismo año
el neurólogo John Olney -de la Universidad de Washington- se hizo
eco de varios estudios que mostraban la vinculación del aspartamo con la
aparición de tumores cerebrales en ratas y solicitó a la FDA junto a la organización
Consumer Action for Improved Foods and Drugs una investigación del proceso
de aprobación. Como consecuencia la FDA emprendió en 1976 una investigación sobre
la seguridad de los estudios presentados por G.D. Searle & Co (que más
tarde compraría a Monsanto). Los resultados indicaron que las pruebas estaban
llenas de inexactitudes y datos maquillados. Al punto de que la FDA, por primera
vez en su historia, solicitó a la Fiscalía General de Estados Unidos una
investigación para averiguar si G.D. Searle & Co estaba cometiendo un delito
por "ocultar hechos materiales y realizar falsas declaraciones en las pruebas
de seguridad del aspartamo". Uno de los investigadores que participaron en
la amplia investigación que la FDA hizo sobre la calidad de los estudios experimentales
realizados por o para G.D. Searle & Co entre 1964 y 1979 cuya firma aparece
-junto a la de otros- en el informe final de las investigaciones -conocidas también
como Searle Task Force Report- fechado el 24 de marzo de 1976 fue Adrian
Gross. Y éste, en una carta de noviembre de 1987 dirigida al senador norteamericano
Howard Metzenbaum, recuerda que el máximo responsable de la FDA en 1976,
el doctor Alexander Schmidt, llegó a manifestar que la FDA no confiaba
en los estudios realizados por o para G.D. Searle & Co. "Una vez que tal determinación
se hizo al más alto nivel de la FDA -escribe Gross- parece como poco extraño
que básicamente los mismos estudios pudieran servir de base para una posterior
decisión señalando que los mismos demostraban la seguridad del aspartamo".
¿Qué pasó? ¿Por qué se aprobó?
Quizás lo explique el que Sam Skinner
-el fiscal encargado de llevar a G.D. Searle & Co ante el Gran Jurado-
tras reunirse en febrero de 1977 con los abogados de la empresa -la firma de Chicago
Sidney & Austin- renunciaba pocos meses después a su cargo para incorporarse
al equipo de asesores jurídicos de G.D. Searle & Co. Es más, Skinner llegaría
ser luego Secretario de Transporte y Jefe de Personal con George
Bush padre.
Igualmente sorprendente fue que el fiscal que le sustituyó
y retomó su trabajo, William Conlon, no avanzó nada. ¿Tendría que ver que
acabara igualmente vinculado a G.D. Searle & Co en enero de 1979? El caso
es que la actitud de ambos permitió que se cumplieran los plazos legales establecidos
sin que la acusación pudiera prosperar y el Gran Jurado no fue convocado.
Sin comentarios.
El 8 de marzo de 1977 G.D. Searle & Co nombraba a
Donald Rumsfeld -entonces miembro del Congreso y antiguo Secretario
de Defensa con la Administración Ford- nuevo Jefe Ejecutivo. Obviamente las
cosas se mantenían pues controladas a nivel judicial... pero no avanzaban en el
terreno científico. Es más, en 1980 un panel de investigadores elegidos por la
FDA concluía que el Nutrasweet (aspartamo) no debía ser aprobado mientras
no se hicieran más investigaciones. Con lo que G.D. Searle & Co decidiría
jugárselo todo a la carta política. "En enero de 1981 -relata James
Turner, director del The National Institute of Science, Law, and Public
Policy en The History of the Aspartamo Controversy- Rumsfeld, en una reunión de
directivos de ventas de la compañía, declararía que iba a realizar un gran esfuerzo
para conseguir la aprobación del aspartamo ese mismo año. Y añadiría que para
asegurarse de la aprobación en lugar de medios científicos usaría sus influencias
políticas en Washington".
Y, efectivamente, así ocurriría. Ese mismo mes
-el 21 de enero- Ronald Reagan juraba como presidente de Estados Unidos
y poco después incluía en su equipo a Donald Rumsfeld -en ese momento, como decíamos,
Jefe Ejecutivo de G.D. Searle & Co- quien inmediatamente elegiría como
nuevo Comisionado de la FDA a Arthur Hull Hayes Jr, antiguo colaborador
suyo vinculado a proyectos químicos en el ámbito de la Defensa. Pues bien, Hull
Hayes impondría poco después su voto de calidad ante el empate surgido en la votación
sobre la aprobación del aspartamo. Y gracias a ello, en noviembre de 1983,
el aspartamo fue aprobado por la FDA para su uso en bebidas no alcohólicas.
Acusado de aceptar regalos corporativos Hull Hayes tendría más adelante que abandonar
la agencia. Algún tiempo después era consejero médico de ¡G.D. Searle & Co!
La aprobación del aspartamo sería recurrida y el caso llegaría al Tribunal
Supremo de Estados Unidos que, sorprendentemente para muchos, rechazó la denuncia
de que la FDA no había seguido los procedimientos adecuados para aprobarlo. Y
no tuvo nada que ver que en ese país los jueces del más alto tribunal se nombren
a propuesta del Gobierno ni que uno de ellos, el juez Clarence Thomas,
hubiera sido entre 1977 y 1979 abogado de la División de Agricultura de Monsanto.
Adrian Gross, el toxicólogo de la FDA antes mencionado, terminaba en 1987
su carta al senador Metzenbaum con las siguientes conclusiones:
"1) Es
imposible para nadie entender que los estudios experimentales de G.D. Searle
Co sobre el aspartamo, que eran de una calidad inaceptable para la FDA en 1976,
pudieran parecerle varios años después a esa misma agencia -esencialmente los
mismos estudios- suficientemente fiables para determinar que sobre ese aditivo
alimenticio existe 'una certeza razonable' de que es seguro para el consumo de
los seres humanos.
2) Aunque contrariamente a la opinión de la FDA
en 1976 la calidad de esos estudios pudiera ser fiable para tomar tal determinación
al menos uno de esos estudios había revelado un aumento altamente significativo,
vinculado a las dosis, en la incidencia de tumores cerebrales como resultado de
la exposición al aspartamo.
3) El ADI (Ingesta Diaria Aprobada) de
50 mg por kg. de peso corporal del aspartamo fijado recientemente por la FDA para
el consumo humano es alarmantemente peligroso ya que implica una ingesta extremadamente
alta y, por tanto, un límite alto totalmente inaceptable de riesgo para los consumidores
de aspartamo: entre uno y cinco de cada mil desarrollan tumores cerebrales
como resultado de tal exposición.
4) Aunque en su informe la Oficina de
Contabilidad del Congreso expresa la opinión de que la FDA 'siguió el proceso
requerido para la aprobación del aspartamo (para la comercialización)' yo discreparía
enormemente con tal evaluación".
Y el tiempo pasó. A principios de 1994
el Gobierno norteamericano reconocería que había cerca de 10.000 quejas sobre
los efectos nocivos del aspartamo. De hecho, el 75% de todas las quejas
recogidas en el Adverse Reaction Monitoring System eran sobre él. Después
dejaron de contarse. Con la aprobación no habían acabado pues los problemas. Según
James Turner "de 1985 a 1995 los investigadores hicieron cerca de 400 estudios
sobre el aspartamo. Fueron divididos casi uniformemente entre los que daban
garantías y aquellos que presentaban incógnitas sobre el edulcorante. G.D.
Searle & Co financió el 100% de los que no encontraban ningún problema. Todo
estudio que planteara incógnitas había sido financiado por fuentes ajenas a la
industria".
En la misma línea, el doctor Ralph Walton -investigador
independiente y autor de un trabajo titulado Adverse Reactions to Aspartamo:
Double-Blind Challenge in Patients from a Vulnerable Population- señalaría
que si se obvian los estudios financiados directa o indirectamente por la industria
la gran mayoría de los restantes son negativos para el aspartamo.
Otro
funcionario -Consultant FDA Regulatory Affaire- de la FDA, Michael Evangelisia,
en una carta enviada en 1995 al editor del Creative Loagfing -publicación
semanal de Atlanta (EEUU)-, además de relatar la peripecia del aspartamo
hasta su aprobación -explicada de forma muy resumida en las líneas anteriores-
añadía: "En mi opinión el aspartamo es una neurotoxina venenosa".
Pero la política oficial ya no cambió. Para cada acusación había una respuesta.
En 1996 Michael Friedman, Deputy Commissioner for Operations en
la FDA, defendió públicamente desde su cargo que el aspartamo nada tenía
que ver con el incremento detectado de tumores cerebrales. También acabó siendo
consejero médico en Monsanto/Searle en 1999. Otro más.
TAMBIÉN
EN EUROPA
¿Y qué hay de su aprobación en Europa en el 2002? Pues hay
que decir que la presencia de la doctora Susan Barlow al frente del panel
que permitió la aprobación del aspartamo -así como la de otros miembros-
fue muy contestada por su vinculación con el International Life Sciences Institute
(ILSI).
Mark D. Gold -del Aspartamo Toxicity Information Center-,
escribió por su parte un texto titulado Independent Analysis of the Opinion
of the European Commission, Scientific Committee on Food: Update on the Safety
of Aspartamo / E951 tras la decisión de la Unión Europea de aprobar el aspartamo
en el que denunciaría las vinculaciones del ILSI con la industria. "El
Instituto Internacional de las Ciencias de la Vida (ILSI) -escribió- es
un grupo de la industria fundado en 1978 por Coca-Cola, Pepsi-Cola, la
Fundación Heinz, General Foods, Kraft Foods (filial de Philip Morris) y
Proctor & Gamble. Los fabricantes de aspartamo Monsanto y Ajinomoto
tienen ramas en varias partes del mundo con miembros en el ILSI. Holanda Sweetener
Company, otra compañía que vende aspartamo, es miembro de ILSI (ILSI 2003,
The Guardian 2003). El ILSI financia la investigación sobre el aspartamo
y otros productos de la industria. El ILSI Aspartamo Committee está
compuesto por NutraSweet Company, Ajinomoto Co., Coca-cola Co., Pepsico, Inc.,
Royal Crown Co., Seven-Up, Inc. y otros fabricantes de los productos que contienen
aspartamo [Gordon 1987]". Gold se refiere a la investigación de más de ocho
meses de Gregory Gordon para la United Press International.
Además de la relación de Susan Barlow con el ILSI Gold señala a otros miembros
del Comité Científico de la Comisión de las Comunidades Europeas sobre alimentos:
"Ronald Walker estuvo siete años como responsable en Europa del
Scientific Committee on Toxicology/Food Safety del ILSI (Walker, 2001).
Otro miembro del comité, W. H. M. Saris, fue presidenta del ILSI
Scientific Committee on Nutrition (NUTRIM, 2000). En suma, al menos la mitad
de los miembros del comité han estado implicados en proyectos de ILSI y/o participado
en talleres de ILSI (ILSI 1999)".
En suma, la industria y los reguladores
se reafirman en que el aspartamo es seguro y exhiben sus argumentos. "Hay
un abrumador cuerpo de evidencia científica -se dice en la web de Nutrasweet-
que demuestra claramente que el aspartamo, aún en cantidades muchas veces superiores
a las que la gente consume normalmente, es seguro y no está asociado con efectos
adversos para la salud. La FDA ha investigado las quejas presentadas desde 1982
e indica que no hay 'evidencia razonable de daño posible a la salud pública' y
que 'no hay ningún patrón de síntomas constantes o únicos que se hayan relacionado
con el aspartamo que puedan ser vinculados a su uso'".
En contraposición
contamos con los testimonios de Soffritti, Trocho, Blaylock, Roberts, Gross, Gold
y muchos otros más. Desde luego a nosotros no nos basta ya lo que nos digan la
FDA o la Agencia Europea. Ambos organismos aprobaron en su día -porque eran "seguros"-
el amianto, el DDT, el PVC y la talidomida o fármacos como el Vioox, el
Agreal y muchísimos otros productos que luego hubo que retirar. Y no hablemos
de los alimentos con grasas trans o acrilamidas. O del tabaco, los centros de
trasformación, las torres de alta tensión, las antenas y aparatos de telefonía...
Lo hemos dicho muchas veces: el dinero lo corrompe todo. Afortunadamente,
más allá de los intereses de unos y otros somos nosotros quienes elegimos qué
consumir o no. Así que en lo que se refiere al aspartamo (E-951)
usted verá. La responsabilidad es suya. Decida con la información que obra ahora
en su poder.
Antonio F. Muro
Escasos
días después de que apareciera en el nº 99 de Discovery DSALUD el artículo
precedente sobre el aspartamo recibimos en la redacción una carta enviada desde
Bruselas por Dª Frances Hunt, Secretaria General de ISA -la asociación
internacional que representa a los productores y fabricantes de edulcorantes-
dándonos su "opinión" sobre el tema, carta que fue publicada en el nº 101. Con
el fin de que los lectores puedan conocerla la incluimos ahora en nuestra web
tras el reportaje con la respuesta que en ese mismo número ofrecimos.
Estimado Sr. Campoy: me permito contactarle de parte de ISA, la asociación Internacional
de edulcorantes que representa a los productores y fabricantes de edulcorantes,
en relación al artículo ¿Es el aspartamo un edulcorante peligroso? publicado
en el nº 98 de Discovery DSALUD y correspondiente a octubre del 2007 acerca
del uso del aspartamo pues puede dejar desorientados a muchos de sus lectores.
Deseamos hacer referencia con la presente a las numerosas investigaciones científicas
exhaustivas y también revisadas en cuanto a la seguridad alimentaria por parte
de las autoridades nacionales e internacionales, todas llegando a la conclusión
de que el aspartamo es un ingrediente alimenticio seguro. Incluso la opinión de
la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) ha vuelto a confirmar
la seguridad del aspartamo el 5 de mayo de 2006 (copia adjunta). Mayor información
acerca de la seguridad en el uso del aspartamo está disponible en nuestro sitio
web siguiendo el enlace siguiente: www.sweeteners.org. Adjunto me complace
añadir un comunicado de ISA en relación a este tema. Quedamos a la espera en que
estuviesen interesados en referirse a estas informaciones de forma a completar
vuestras investigaciones en sus futuras publicaciones. Gracias por su atención.
Atentamente le saluda,
Sra. Frances Hunt
Secretaria General, ISA
Bruselas, 25 de octubre 2007
Bien, publicada queda la carta que nos remite la International Sweeteners
Association (ISA). Y explicamos que el documento que Dª Frances Hunt adjunta
de la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) dado a conocer
en mayo del 2006 reconfirmando la seguridad de aspartamo y en el que explícitamente
se oponen a los resultados de las investigaciones de la Fundación Ramazzini
dados a conocer en un artículo publicado ese mismo año en Environmental Health
Perspectives bajo el título Primera demostración experimental de los efectos
carcinógenos multipotenciales del aspartamo administrado con la alimentación a
ratas Sprague-Dawley ya fue recogido en nuestro artículo. En él decíamos claramente
que "para la FDA y el Comité Científico para la Alimentación de la Agencia
de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea el aspartamo es seguro". Sin
embargo, la Sra. Hunt no envía ningún documento que mencione el segundo estudio
hecho este año por esa misma fundación donde los resultados reiteran sus
anteriores conclusiones. De ese no dice una palabra. Recordemos que en el primer
estudio la Fundación Ramazzini -entidad realmente independiente y no al
servicio de la industria- afirmaba taxativamente que su trabajo "demuestra
que el aspartamo es un compuesto carcinógeno multipotencial cuyos efectos carcinógenos
son evidentes incluso en una dosis diaria de 20 mg/kg, mucho menor que la ingesta
diaria admitida actualmente para los seres humanos en Europa (40 mg/kg) y en Estados
Unidos (50 mg/kg) (…) La decisión de utilizar datos experimentales para proteger
la salud pública es importante porque el tiempo de uso masivo del aspartamo
sigue siendo demasiado breve para haber producido datos epidemiológicos sólidos.
Por otra parte, es inverosímil que suficientes datos epidemiológicos vayan a estar
disponibles en un futuro próximo dada la dificultad de encontrar a un grupo de
control que no se haya expuesto a este compuesto extensamente difundido". Tales
conclusiones son las que dieron lugar al comunicado de la Agencia de Seguridad
Alimentaria de la Unión Europea. Y precisamente por ello la mencionada fundación,
molesta, continuó sus trabajos y dio a conocer un nuevo trabajo este año
-que fue la base de nuestro reportaje- donde no sólo se confirmaron los datos
anteriores sobre la "carcinogenicidad multipotencial del aspartamo a un nivel
de dosis cercanas a la dosis diaria admisible para los seres humanos" sino
que además advirtió del aumento de los riesgos de carcinogenicidad que para los
fetos supone el consumo de aspartamo por parte de sus madres. Por tanto, nosotros
seguimos recomendando que no se consuma ese edulcorante.