¿Por qué nos sentimos
en muchas ocasiones cansados cuando el cielo
está nublado y con más energía después de
que descarga la tormenta? ¿Por qué la permanencia
en un edificio con aire acondicionado o calefacción
central nos provoca un cansancio especial
o una cierta irritabilidad? ¿Por qué sentimos
una extraña caída del tono vital después de
un viaje en automóvil aunque sea corto? En
definitiva, ¿qué causa algunas de las enfermedades
que nos aquejan y que a veces los médicos
no saben explicar?
La respuesta a muchas de estas situaciones
parece estar en el efecto que causan los iones,
diminutas partículas del aire cargadas de
electricidad. Los estudios realizados a partir
de principios de siglo han demostrado que
cuando el aire tiene una carga excesiva de
iones positivos adquiere efectos perturbadores
que afectan a la salud y al estado anímico
de las personas y que, por el contrario, cuando
la carga es de iones negativos se favorece
el relax, el equilibrio y el funcionamiento
armónico de todos los sistemas.
Que la pureza o contaminación del aire que
respiramos influye en nuestra salud es algo
sobradamente conocido pero no lo es tanto
que la "carga eléctrica" de esas pequeñas
partículas presentes en el aire puede producir
dolores de cabeza, depresión, irritabilidad,
letargo, insomnio, migraña, malestar general
y una amplia gama de enfermedades respiratorias
como asma, bronquitis, fiebre del heno o catarros.
IONES POSITIVOS
Y NEGATIVOS
El aire está formado
por átomos cada uno de los cuales tiene un
núcleo o centro de protones -partículas de
carga positiva- alrededor del cual giran electrones
-partículas de carga negativa-. Pues bien,
la Naturaleza, en su constante búsqueda del
equilibrio, intenta que exista el mismo número
de protones y electrones a fin de que se anulen
mutuamente y así crear un ambiente estable.
Es lo que se llama "estado fundamental del
átomo". Sin embargo, los electrones son ligeros
y se desplazan con mucha facilidad provocando
una ruptura del equilibrio y creándose entonces
una molécula "vagabunda" o ión que puede tener
una carga positiva o negativa. Es decir, cuando
un átomo neutro pierde electrones -partículas
de carga negativa- queda cargado positivamente
y se convierte en un ión positivo. Si lo que
ocurre es que el átomo neutro capta electrones
adquiere mayor carga negativa y, por tanto,
queda convertido en un ión negativo.
Así pues, el aire siempre tiene una determinada
concentración de iones, una carga electrostática
muy pequeña pero sin embargo tremendamente
importante en la vida de los seres vivos.
En este sentido, distintos experimentos llevados
a cabo sobre vegetales y animales sometidos
a atmósferas sin electricidad estática demostraron
que las plantas no se desarrollaban y algunos
animales llegaban a morir al cabo de cierto
tiempo.
Pues bien, el equilibrio de la carga eléctrica
del aire puede perderse bien a causa de fenómenos
atmosféricos naturales, bien debido a los
efectos del uso de aparatos eléctricos en
nuestro hogar o centro de trabajo. De tal
manera que la proximidad de un vendaval o
de una tormenta, el aire viciado de las ciudades,
los aparatos de aire acondicionado, los calefactores,
el polvo, las fibras sintéticas, los aparatos
eléctricos, etc., destruyen los iones negativos
y hacen proliferar los positivos, lo que provocan
que la atmósfera sea asfixiante en muchas
casas y oficinas.
En cambio, la presencia de iones negativos
en el aire despeja la mente, levanta el ánimo
y produce una sensación de alivio y bienestar
tanto físico como psicológico. Pero, ¿cómo
se adquiere esa carga negativa? Pues a veces
por efecto de la radiación solar y estelar,
la influencia de los relámpagos, las olas
del mar, las corrientes de agua... Se ha comprobado
que el aire fresco de las montañas y las costas
contiene muchos iones negativos y que sus
efectos beneficiosos se pueden observar cuando,
por ejemplo, pasamos un día en el campo.
LA INFLUENCIA DE
LOS VIENTOS
Otro de los problemas
detectados ha sido la presencia de determinados
vientos que provocan también esa descompensación
en las cargas eléctricas del aire. Son conocidos
genéricamente como los "vientos de las
brujas" y se ha estudiado su influencia
sobre la salud de las personas comprobándose
que una de cada cuatro se ve fuertemente afectada.
Así, es conocido el Foehn, viento seco del
Sur que sopla en los Alpes y que afecta a
Suiza y al sur de Alemania provocando en muchas
zonas de centroeuropa que los cirujanos retrasen
sus operaciones cuando las previsiones atmosféricas
lo anuncian ya que han comprobado sus efectos
en los sistemas cardiovasculares y respiratorios.
Otro tanto ocurre con el Mistral, que
sopla en la Costa Azul. Hablando sobre
Winston Churchill, sus biografos comentan
que el político inglés elegía siempre las
fechas de sus visitas a la costa francesa
del Mediterráneo asegurándose antes de que
el mismo no soplaría para evitar sus efectos.
En las Montañas Rocosas, al Oeste de Estados
Unidos y Canadá, cuando sopla el Chinook
aparecen brotes de resfriados y problemas
respiratorios en gran parte de la población
además de estados de ansiedad y depresión.
En el Sur de California, el Santa Ana sopla
seco y tórrido por las montañas costeras y
se ha comprobado que cuando aparece aumentan
los delitos, los brotes de violencia y los
suicidios. En Oriente Medio algunos tribunales
admiten incluso como atenuante de un crimen
que el Sharav estuviera soplando. El Sirocco
-en Italia- también barre una amplia zona
dejando a su paso desequilibrios de toda índole.
En Arizona, la mitología local india habla
de gente sensible a la "enfermedad del
viento" y muchas culturas sostienen que
algunos seres humanos son auténticos baremos
que se desequilibran en respuesta a los cambios
atmosféricos. Hay personas hasta tal punto
sensibles a ellos que pueden percibir cuándo
se van a producir; algunos "sienten en
sus huesos" que va a llover; otros lo
perciben con dolores de cabeza o con irritabilidad
o estrés. Además, a medida que uno se va haciendo
mayor el cuerpo empieza a ser menos capaz
de afrontar los cambios del medio ambiente.
En las horas o días precedentes a una tormenta
eléctrica el aire está cargado con exceso
de iones positivos y eso afecta a los animales
-que se muestran inquietos-, a los insectos
-que se convierten en una auténtica plaga
haciéndose más agresivos-, etc. En definitiva,
hoy nadie duda -basándose en los estudios
realizados- que un exceso de iones positivos
afecta a la química del cuerpo de los organismos
vivos (plantas, animales y personas). Sin
embargo, una vez pasada la tormenta el aire
está fresco, limpio, vigorizante y conteniendo
una carga extra de iones negativos que produce
tranquilidad, alivio de tensiones y aumento
de la energía en los seres vivos.
LA CONTAMINACIÓN
ELÉCTRICA EN EL MUNDO CIVILIZADO
Aunque desde hace
años se conoce la interrelación existente
entre la electricidad del aire y el bienestar
de las personas no ha sido hasta la segunda
mitad de nuestro siglo cuando se han empezado
a desarrollar en distintas zonas de la Tierra
enfermedades que parecen estar relacionadas
con las cargas eléctricas producidas por el
uso de aparatos eléctricos. Tal es el caso
de países como Suecia, en donde se han desencadenado
verdaderas "epidemias" de personas que no
pueden vivir en las ciudades porque han desarrollado
una especie de "alergia" a la electricidad
que les impide desarrollar una normal actividad
profesional y deben retirarse a vivir a lugares
inmersos en la naturaleza, alejados de todo
signo de civilización. En los casos más graves
de intolerancia se otorga la baja laboral
permanente a personas de cualquier edad aquejadas
de este mal, casos que van en aumento progresivo
de forma bastante alarmante.
LA INVESTIGACIÓN
CIENTÍFICA
El doctor Félix
Gad Sulman -jefe del Departamento de Farmacología
Aplicada de la Universidad Hebrea de Jerusalén-
y su equipo acumularon desde 1957 una amplísima
casuistica que evidencia que el equilibrio
de los iones es crítico para el bienestar
emocional y físico de las personas. El doctor
Sulman explica: "Aunque el exceso de iones
positivos en el aire afecta a todas las personas
hay una cuarta parte de la humanidad que es
extraordinariamente sensible a su influencia;
afectando sobre todo a los sistemas respiratorio,
nervioso y hormonal".
Por su parte, el doctor Albert Krueger,
patólogo y bacteriólogo de la Universidad
de Berkeley, California, investigó con plantas,
ratas, insectos, conejos y cobayas cómo la
influencia de los iones positivos afectaba
a la química de todos los organismos vivos.
Ya en 1960 publicó un estudio revolucionario
en el Journal of General Physiology
en el que demostraba que el exceso de iones
positivos causaba un aumento de producción
de serotonina en los mamíferos lo que daba
origen a una hiperactividad que más tarde
desembocaba en estados de agotamiento, ansiedad
y depresión. Esta hormona es segregada normalmente
por el cuerpo en situaciones de estrés o alteraciones
psíquicas y se la conoce como "la hormona
del humor". Enfermedades como depresiones,
jaquecas, insomnio, estrés, etc., son tratadas
con tranquilizantes tipo reserpina que ayuda
a bajar el nivel de serotonina en sangre.
Pues bien, el estudio del Dr. Krueger
terminaba demostrando que los iones negativos
-producto de la Naturaleza- tenían los mismos
efectos tranquilizadores y de reducción de
serotonina pero sin las consecuencias perjudiciales
de los tranquilizantes químicos. De hecho,
se ha demostrado experimentalmente que toda
persona que se mantenga en una atmósfera con
carga de iones negativos logra -en apenas
un par de días- reducir un 25% el nivel de
serotonina en sangre.
LOS IONIZADORES
Las personas que
viven en zonas problemáticas o en ambientes
eléctricamente muy alterados pueden beneficiarse
del uso en casa o en los lugares de trabajo
de aparatos ionizadores que producen un flujo
constante de iones negativos.
Estas pequeñas máquinas portátiles para el
hogar consumen muy poca energía y deben tenerse
conectados en la mesilla, cerca de la cama
o junto a la mesa de trabajo. También existen
otros de mayor tamaño para oficinas, auditorios
y salas públicas. Funcionan mejor si puertas
y ventanas están cerradas y deben colocarse
al menos a 50 cms. de las paredes y suelos
para que los iones puedan fluir libremente
por la estancia y no manchen las paredes.
También existen pequeños aparatos para el
automóvil que disminuyen el cansancio y la
irritabilidad y aumentan los reflejos.
La ionización, además, limpia el aire de bacterias
e impurezas como el humo del tabaco, el polen,
el polvo y otras partículas que irritan las
vías respiratorias; así pues, es una terapia
adecuada que ayuda a combatir enfermedades
respiratorias de todo tipo pero también problemas
como depresión, insomnio, dolores de cabeza,
etc.
No obstante, también podemos poner en marcha
otras medidas de protección como el menor
uso de la calefacción y el aire acondicionado,
desconectar los aparatos eléctricos cuando
no se usen y también algo que está al alcance
de todos: para recibir una descarga de iones
negativos que nos ayude a reponer energías
después de un día difícil lo mejor es darse
una ducha.
En suma, siempre que esté a nuestro alcance
debemos acercarnos a algún paraje de la Naturaleza
donde las plantas, el agua, la brisa marina
o el sol nos permitan desprendernos de iones
positivos y recargarnos de los negativos que
son tremendamente beneficiosos para la salud.
La absorción se realiza mediante la respiración
y a través de la piel.
María
Pinar Merino
FACTORES
QUE ELEVAN LA CONCENTRACIÓN DE IONES POSITIVOS
(Perjudiciales para la salud)
Factores naturales:
· La radioactividad natural. Se encuentran
en la corteza terrestre sustancias radiactivas
que desprenden partículas que además de tener
carga positiva generan iones a su paso por
la atmósfera.
· Las tormentas. En las horas y días
anteriores a que se desencadene una tormenta
existe una elevada carga positiva en la atmósfera.
· La fase de luna llena. Cuando la
Luna en su movimiento de traslación se aproxima
a la Tierra produce un acercamiento de la
ionosfera -capa superior de la atmósfera-
que tiene una elevada concentración de iones
producidos por radiaciones cósmicas.
· Los vientos. Determinados vientos
procedentes de zonas secas y cálidas transportan
numerosos iones positivos que no son atraídos
hacia la tierra por la resistencia del aire
al carecer éste de humedad.
Factores derivados del desarrollo industrial:
· La contaminación atmosférica.
· El funcionamiento del aire acondicionado.
· El uso de tejidos de fibras sintéticas.
· La proximidad a pantallas de televisión.
· El uso de determinados aparatos eléctricos.
FACTORES QUE ELEVAN LA
CONCENTRACIÓN DE IONES NEGATIVOS
(Beneficiosos para la salud)
· La función
clorofílica que desarrollan las plantas
durante el día desprende numerosos electrones
que pronto se adhieren a los átomos de oxígeno
formando iones negativos.
· La formación de pequeñísimas gotas de
agua libera numerosos electrones. Este
fenómeno es conocido por el Efecto Lenard
y se presenta cuando el agua está sometida
a una fuerte agitación: cascadas, olas del
mar, lluvia intensa.
EFECTOS
DE LOS IONES NEGATIVOS EN EL ORGANISMO
· Mejora de dolencias
del sistema respiratorio: bronquitis, sinusitis,
asma bronquial, alergias, etc. La presencia
de iones negativos en el aire favorece la
eliminación de la mucosidad que retiene las
impurezas del aire (polvo, humo, contaminación,
microorganismos) y además se facilita la purificación
de la sangre venosa.
· Aumento de la capacidad de reacción visual.
· Mayor dinamismo y bienestar general.
· Disminución de la fatiga y dolores musculares.
· Aumento de la actividad sexual.
· Disminución de los niveles de lípidos y
colesterol.
· Se elimina la agresividad y la ansiedad.
· Tiene efectos analgésicos.
· Regula la tensión arterial.
· Acción sobre las afecciones de la piel por
causas alérgicas.
· Rejuvenecimiento general físico y mental.
· Recuperación de la memoria.
· Reducción de esclerosis celular.
· Mejora en aparato digestivo: úlceras gástricas.
· Cardiología: prevención de enfermedades
coronarias, infarto de miocardio y angina
de pecho.
Mejora de enfermedades de origen metabólico:
obesidad, gota, reumatismo crónico y exceso
de colesterol.