Afrontando el cáncer con urea

ntermedia_059_03

Sumarios:

El Dr. Joaquín Amat espera en la cárcel a que el Tribunal Constitucional revise su apelación. El Tribunal Supremo ratificó hace unos meses la sentencia de la Audiencia de Castellón que le condenaba por estafa y delito contra la salud pública. La realidad, sin embargo, es que durante años desarrolló una teoría bioquímica sobre el origen del cáncer y creó un sencillo producto que ha contribuido a mejorar –cuando no a curar- a muchos enfermos. Nuestro más alto tribunal revisará su caso pero, sea cual sea su decisión, ello no impide que su propuesta esté científicamente fundamentada –aunque el Supremo lo dude- y que muchos pacientes afirmen que deben su mejoría a él después de que la oncología oficial les desahuciara. Sólo que nadie ha querido escuchar.

Sumarios:

El Tribunal Supremo absolvió en abril de 2003 al Dr. Joaquín Amat del delito de intrusismo dejando claro que todo médico puede legalmente tratar a cualquier enfermo sin necesidad de poseer especialidad médica alguna pero ratificó que había cometido estafa y delito contra la salud pública por lo que condenó a once años de cárcel. Una sentencia muy discutible que ha sido recurrida.

Las sentencias contra el Dr. Joaquín Amat -tanto la de la Audiencia de Castellón como la del Tribunal Supremo- están repletas de argumentos jurídicos pero, sobre todo, de juicios de valor sobre su presunto comportamiento… pero no dedican ni una sola línea a quienes afirman haberse curado de cáncer gracias a él a pesar de que la mayoría había sido desahuciados.

Hay clínicas privadas que por un tratamiento oncológico similar al que se recibe en la Sanidad Pública llegan a cobrar más de 180.000 euros (30 millones de pesetas). A pesar de lo cual los pacientes suelen también terminar muriendo. Y, sin embargo, nadie habla en estos casos de estafa ni se persigue a los médicos que trabajan en ellos. Claro que son tratamientos “oficialmente” aceptados…

La sentencia del Tribunal Supremo en el caso del Dr. Joaquín Amat ignora deliberadamente los amplios y extensos trabajos científicos que sobre su producto y tratamiento realizó, publicó y envió a los principales centros de investigación, hospitales, clínicas y asociaciones profesionales médicas de medio mundo para darlos a conocer. ¿Es ese el comportamiento de un “estafador”?

El Tribunal Supremo condenó al Dr. Joaquín Amat alegando que el producto que utilizaba para tratar el cáncer –el Amatrisán–  era inoperante –sin escuchar a los enfermos que aseguran haberse curado con él- y su administración “impedía que acudiesen o conservasen otros tratamientos más efectivos poniendo con ello en grave peligro su salud y su vida”.¿Tratamientos efectivos? ¿Dónde? ¿Cuáles?

Los tratamientos denominados “eficaces” por el Tribunal Supremo y los oncólogos no resultan ni eficaces para evitar que sigan aumentando los casos de cáncer, ni eficaces para evitar las muertes. Por no hablar del lamentable estado físico en el que malviven la mayoría de quienes ven su vida “alargada” más allá de cinco años con los tratamientos oficiales.

Según los jueces del Tribunal Supremo la muerte de algunos de los pacientes del doctor Amat demuestra la ineficacia del producto que les daba –que la inmensa mayoría le llegaran en fase terminal y desahuciados no les importa- y, por extensión, la estafa. Y los que a pesar de estar desahuciados habían salido adelante era gracias al precioso paisaje marino de la clínica de Amat, del apoyo psicológico, del efecto placebo o de cualquier cosa… menos del Amatrisán.

Se puede estar científicamente de acuerdo o no con la teoría sobre el cáncer del Dr. Joaquín Amat y sobre la eficacia de su tratamiento pero no puede negarse la evidencia de que el pH y el cáncer están relacionados y de que la urea se ha usado antes para tratar esa enfermedad aunque los “peritos” que declararon ante el Supremo lo ignoren o lo oculten.

Este reportaje aparece en
59
59
Marzo 2004
Ver número