Alfonso Balmori: “Las radiaciones electromagnéticas afectan también a las plantas y animales”

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Vivimos tan apartados de la naturaleza en las grandes ciudades, rodeados de edificios y coches, que hemos llegado a olvidar que nuestra propia existencia depende de la relación que mantenemos con el ecosistema. Pues bien, una de las mayores y más claras manifestaciones del irresponsable crecimiento tecnológico de nuestra sociedad es la proliferación masiva de radiaciones electromagnéticas ya que en estos momentos no sólo afectan a la salud de los seres humanos sino también al resto de los seres vivos que componen nuestro entorno natural: las plantas y los animales. Una prueba más de que esta situación es ya insostenible. Algo que el biólogo español Alfonso Balmori lleva años denunciando sin que se le escuche. Hemos hablado con él de ello.

Sólo nos percatamos de lo pequeños que somos cuando asistimos asombrados a las grandes catástrofes naturales –heladas en Europa, lluvias torrenciales en Brasil, gigantescos incendios en Australia, etc.- o a fenómenos inexplicables como los acaecidos a principios del 2011 en Estados Unidos donde más de 5.000 pájaros aparecieron muertos en dos episodios sin conexión aparente: uno en Arkansas -donde también se registró una súbita mortandad de peces- y otro en el vecino estado de Luisiana. Los primeros pájaros en pasar por el laboratorio serían los de Arkansas y se descartaron contaminaciones o ensistemas WiFi fermedades; la causa de la muerte parecía ser traumática pues había abundancia de lesiones y hemorragias internas, como si algo las hubiese despistado haciéndolas chocar entre sí o con otros obstáculos. Posteriormente varios centenares más aparecerían muertos en los malecones de Chicago, la mayoría flotando sobre el hielo del lago. Y paralelamente aparecieron un centenar de aves también muertas en la autopista 101 de California sin que nadie les hubiese disparado ni fuera aparente la causa de su caída. Asimismo otros 30 pájaros se desplomaron del cielo en Missouri. E incidentes igual de extraños han tenido lugar en las primeras semanas del año en Suecia donde muchas aves -dicen que desorientadas por el ruido de unos fuegos artificiales- se posaron en una carretera y murieron atropelladas. Y en Italia donde más de 400 aves fueron encontradas muertas en una carretera cercana a la ciudad italiana de Faenza. Los expertos aseguran que esas muertes masivas de pájaros en distintos puntos del mundo no tienen que ver entre sí y pueden deberse a trastornos meteorológicos como granizo a gran altura, rayos, tornados, temperaturas muy frías, los fuegos artificiales de comienzos de año e, incluso, una indigestión. Hasta el momento lo único que parece descartado es que hayan sido víctimas de un envenenamiento o de una enfermedad.

En suma, un misterio del que casi todo el mundo se olvidará en unas semanas cuando debería hacernos pensar en nuestra relación con el entorno. Porque recordemos que hace apenas unos meses vivimos un debate internacional –inconcluso- sobre la masiva desaparición de las abejas en el mundo civilizado así como de los gorriones en las grandes ciudades. De hecho un reciente estudio de la Sociedad Españolade Ornitología indica que esta población de aves disminuye al ritmo de 14.000 ejemplares al año sólo en la región de Madrid. Y pese a que su número es aún muy grande (1,4 millones) la SEO avisa de que el problema es generalizado y está pasando en todas las grandes urbes de Europa. Al punto de que en Londres o en Praga, por ejemplo, ya no queda ¡ninguno!

Y es posible que las causas sean múltiples como algunos expertos alegan pero una de las más importantes y constatadas es el impacto de las radiaciones electromagnéticas. Un problema que no solo sufren ya los animales sino también ¡las plantas! Lo ha demostrado una reciente investigación efectuada en Holanda durante cinco años por el Departamento de Biología Celular Vegetal de la Universidad de Wageningen según la cual las radiaciones de las antenas de telefonía móvil y del WiFi dañan también a los árboles.

Y es que parece razonable pensar que si las radiaciones electromagnéticas afectan negativamente al ser humano –lo que parece evidente a pesar de la negativa de los sectores más cercanos a la industria- también deben afectar a los animales. Y viceversa: la constatación de que las radiaciones electromagnéticas afectan negativamente a los animales debería ser suficiente prueba de que también nosotros somos perjudicados por ellas. ¿O acaso la ciencia no prueba desde hace décadas como primer paso del método científico el impacto de sus productos en animales para descartar los que a ellos les resultan dañinos?

Pues bien, a demostrar el impacto negativo de las radiaciones electromagnéticas en todos los seres vivos se dedica precisamente desde hace años Alfonso Balmori, biólogo español que trabaja como técnico en la Dirección Generaldel Medio Natural de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y Leónquien hace ya seis años en un trabajo titulado ¿Pueden afectar las microondas pulsadas emitidas por las antenas de telefonía a los árboles y otros vegetales? avisó del problema que recientemente han denunciado los investigadores holandeses. “Desde hace algunos años –escribió- hemos observado un deterioro paulatino y progresivo del arbolado próximo a las antenas de telefonía, especialmente en los núcleos habitados. Aunque se trata de observaciones no sistemáticas algunos árboles situados en el interior del lóbulo principal de los haces de ondas muestran un aspecto triste y enfermizo, posibles retrasos en el crecimiento y probablemente mayor susceptibilidad a plagas y enfermedades”.

La preocupación de Balmori por el impacto de las radiaciones electromagnéticas en los seres vivos comenzó al observar los efectos que provocaban en vecinos, amigos o familiares que vivían cerca de antenas de telefonía manteniéndose desde entonces muy vinculado como asesor científico a la Asociación Vallisoletanade Afectados por las Antenas de Telefonía de la que fue presidente su hermano César y ha realizado ya diversas investigaciones sobre el impacto de las radiaciones electromagnéticas en la vida natural. Entre las que se incluye un trabajo junto a Örjan Hallberg del año 2007 sobre la desaparición de los gorriones. El informe, publicado en la revista especializada Electromagnetic Biology and Medicine, recogió un muestreo efectuado en una treintena de localizaciones de la ciudad española de Valladolid entre octubre del 2002 y mayo del 2006 sobre el número de ejemplares de estas aves y la intensidad de las radiaciones electromagnéticas. “Los resultados de ese artículo apoyan la hipótesis de que las señales electromagnéticas están asociadas con la disminución observada en la población de gorrión. Llegamos a la conclusión de que la contaminación electromagnética puede ser responsable, ya sea por sí sola o en combinación con otros factores, de la disminución observada de las especies en las ciudades europeas durante la los últimos años”.

Obviamente la misteriosa desaparición de las abejas en todo el mundo no ha escapado a su interés y en un artículo recopilatorio sobre lo investigado –publicado en 1006- cita diversos estudios que apuntan como causante al impacto de las radiaciones electromagnéticas. “Ferdinand Ruzicka, investigador de la Universidad de Doz (Austria) y apicultor aficionado, explica cómo los problemas de sus abejas comenzaron tras la instalación de varias antenas de telefonía en las cercanías de sus colmenas (a 50 metros de una estación base y a 150 metros de otras tres más) –explica en su texto-.Él observó síntomas de estrés y el colapso de las colonias de abejas cuando las antenas empezaron a emitir. Otros apicultores observaron lo mismo. Al principio se produjo un gran desorden y un elevado instinto de enjambre. Durante el verano tuvo lugar un inusual descenso en la población de abejas mientras que en invierno salieron a volar a pesar del frío y la nieve (y pese a que el polen recolectado en otoño fue más que suficiente para pasar el invierno) con la consiguiente pérdida de ejemplares”. Más adelante cita los resultados de una encuesta realizada entre los apicultores austríacos: “De los 25 apicultores que tenían antenas de telefonía cerca de sus colmenas el 37,5% observaron una alta agresividad, el 25% una gran tendencia a crear enjambres y el 62,5% la desaparición de colonias. Por otra parte varios autores han demostrado la agitación e inquietud y el comportamiento agresivo que muestran las abejas expuestas a las radiaciones electromagnéticas de las líneas de alta tensión”.

Pero sin lugar a dudas el estudio de Balmori con mayor repercusión internacional ha sido el que realizó sobre unos renacuajos. Publicado también en la revista estadounidense Electromagnetic Biology and Medicine se realizó con dos grupos de 70 renacuajos criados en sendas peceras situadas juntas, una protegida y otra no, para analizar los efectos que tenían en ellos las radiaciones electromagnéticas de las antenas de telefonía situadas en los tejados del entorno. ¿El resultado? Que entre los que se desarrollaron en la pecera que estaba aislada por una malla -como si de una caja de Faraday se tratara- la mortalidad fue del 4% mientras en la otra murió el 90%; y encima los supervivientes mostraron un crecimiento dispar y movimientos erráticos.

LOS MISMOS EFECTOS EN HUMANOS QUE EN ANIMALES Y PLANTAS 

En definitiva, puede afirmarse que Alfonso Balmori es uno de los pocos investigadores independientes que sin ningún tipo de apoyo institucional lleva alertando desde hace años sobre el negativo impacto que las radiaciones electromagnéticas tienen sobre los seres vivos, incluidos los humanos. Y de ahí que quisiéramos hablar con él.

-Lleva usted años investigando de forma independiente el impacto de las radiaciones electromagnéticas en distintas especies de animales y plantas. ¿Por qué? ¿Y cuál es su conclusión?

-Bueno, soy biólogo, siempre he trabajado estudiando la fauna y quise averiguar qué impacto tenían en plantas y animales las radiaciones electromagnéticas. Y lo hice centrándome sobre todo en el grupo de los vertebrados aunque también he estudiado el impacto en los insectos y, de alguna forma, en la flora estudiando el impacto sobre los árboles. ¿La conclusión fundamental? Puede decirse que los efectos negativos de las radiaciones electromagnéticas en la salud de todos los seres vivos –plantas, animales y humanos- están científicamente demostrados; aunque haya quienes sigan afirmando que se trata de un problema inexistente inventado.

Lo singular es que basta repasar la literatura científica para constatarlo. Los rusos lo saben desde la década de los 50 del pasado siglo XX y los norteamericanos desde poco después, desde la década de los 70. Estando ya corroborado que los mismos efectos negativos se producen en los animales que en las personas. Efectos sobre el ADN, la reproducción, el sistema nervioso, el sistema endocrino, el sistema inmunitario… A fin de cuentas los demás vertebrados tienen sistemas similares al nuestro.

-En tal caso, ¿qué siente y piensa cuando escucha una y otra vez la cantinela de que los efectos perjudiciales de las radiaciones electromagnéticas son una exageración y no están demostrados?

-Impotencia. Es vergonzoso el inmenso poder que tienen hoy los grandes lobbys, las grandes multinacionales, para amordazar a los medios de comunicación. Y no sólo para amordazarlos sino para difundir desde ellos mensajes falsos desde el punto de vista científico y, de paso, comprar o al menos manipular a los organismos que deberían velar por nuestra salud. Desde la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta las agencias nacionales y los ministerios de sanidad de todo el mundo. Porque esos organismos que deberían velar por la salud de la población son hoy colaboradores de las multinacionales. Así que se da la paradoja de que en plena “sociedad de la información” nos encontramos con una situación increíble ya que vivimos en la sociedad más desinformada de la historia. Porque la información que llega a las personas no se ajusta a la realidad científica, a los estudios que hay publicados.

-Uno de los estudios que usted efectuó y más impacto causó a nivel internacional fue el que hizo con renacuajos. ¿Esperaba el dramático resultado que obtuvo?

No. Fui el primer sorprendido. El experimento era bastante simple y de hecho no pensaba ni siquiera publicarlo. Cogí unos renacuajos y simplemente puse a la mitad en un recipiente protegido y a la otra mitad en otro expuesto a la radiaciones electromagnéticas emitidas por las antenas de telefonía de la zona. Y la verdad es que esperaba encontrar alguna incidencia; en el movimiento o en otros aspectos fisiológicos. Pero cuando me encontré con una mortalidad tan tremenda en el acuario que estaba expuesto a las radiaciones electromagnéticas y cómo algunos presentaban movimientos extraños -empezaban a girar sobre sí mismos sin poder coordinar su movimientos natatorios- quedé absolutamente sorprendido y, sobre todo, asustado por lo que estaba viendo. Y, como imaginará, enormemente preocupado por todas esas personas que están recibiendo en el mundo las mismas radiaciones electromagnéticas a diario. Seguramente el efecto a corto plazo no sea tan grave en las personas como en los renacuajos pero lo que es innegable es que quienes viven expuestos de forma crónica a esas radiaciones reciben daños importantes a nivel biológico.

-¿Ha recibido algún tipo de ayuda institucional en sus investigaciones?

-Nunca. Afortunadamente mis experimentos son baratos. El problema es que requieren en algunos casos bastante tiempo. El que hice sobre los gorriones por ejemplo me llevó cuatro años. Salía una vez al mes y tenía que recorrer toda la ciudad midiendo la radiación electromagnética y contando la población de gorriones. En suma, no, nunca han estado financiados; no existe financiación económica ni ayudas públicas para este tipo de estudios. En España ha llegado a haber de hecho algún centro de investigación que se dedicaba a estos temas y terminaron cerrándolo. Mi trabajo sobre fauna para la administración de Castilla y León no está relacionado con los estudios que realizo sobre la contaminación electromagnética.

LA DESAPARICIÓN DE ESPECIES PUEDE LLEVAR A LA DESAPARICIÓN DEL HOMBRE 

-¿Le cabe alguna duda de que la desaparición paulatina de los gorriones de las ciudades tiene que ver sobre todo con las radiaciones electromagnéticas?

-Los investigadores debemos tener siempre la mente abierta a las dudas. A mi juicio el número de gorriones ha descendido en las ciudades por diversas razones: por falta de alimento, por la contaminación del aire y el agua, por los cambios en la arquitectura de las ciudades ya que ahora hay muchos menos huecos donde criar… Pero igualmente entiendo que el brutal descenso que se ha producido desde el año 2000 parece estar relacionado con la instalación masiva de antenas de telefonía en los edificios. Obviamente no puedo tener certeza absoluta al respecto pero un estudio belga que se hizo al mismo tiempo que el mío llegaba a las mismas conclusiones: donde hay más contaminación electromagnética hay menos gorriones. En la India también están trabajando en este tema y sus conclusiones están siendo las mismas. No sé cuando pero llegará un momento en el que se reconocerá el grave problema de la contaminación electromagnética y sus peligrosos efectos sobre los gorriones, sobre los renacuajos, sobre las abejas y sobre todos los demás seres vivos, incluidas las plantas y nosotros mismos.

-¿Ha constatado usted que el errático comportamiento y desaparición de las abejas también tiene que ver con las radiaciones electromagnéticas?

-Sí. En la revista Ecosistemas publiqué un artículo sobre el efecto de las radiaciones electromagnéticas en los insectos en general y uno de los apartados lo dediqué a las abejas. En él hice una revisión de las publicaciones que había hasta esa fecha y además expliqué la experiencia de un apicultor e investigador austríaco que demostró que los problemas en sus colmenas comenzaron a partir del momento en que se instalaron unas antenas de telefonía en el entorno cercano. Algo que han constatado otros dos estudios, uno hecho en la India y otro en Alemania; éste precisamente lo estoy traduciendo ahora al español y explica los mecanismos subyacentes. Porque no es únicamente un problema de orientación, de que las radiaciones electromagnéticas interfieran en sus sistemas de navegación provocando que se pierdan y no sean capaces de volver a sus colmenas: hay otro tipo de efectos más complejos. Y no descartamos posibles factores como la presencia de hongos, ácaros, insecticidas neonicotinoides o la implantación de cultivos transgénicos pero lo cierto es que el problema coincide en el tiempo con el despliegue de la telefonía.

-Y este conjunto de incidencias en distintas especies de nuestro medio ambiente, ¿hasta qué punto puede afectarnos a nosotros?

-Es preciso recordar que, como especie, estamos inmersos en un ecosistema. El ser humano depende para vivir del aire que respira, del agua que bebe, de las plantas y árboles, de los animales… Todo un sistema con multitud de eslabones y cadenas que empieza a descomponerse cuando desaparecen las especies clave. Y tal es el caso de las abejas cuya principal aportación no es la de proporcionarnos miel sino su labor de fertilización de las flores, plantas y frutales que utilizamos para alimentarnos. Y en el caso de los insectos no olvidemos que son el alimento de otras muchas especies. En suma, la desaparición de las especies que sustentan la base del ecosistema en el que vive el hombre puede comprometer su existencia.

-¿Qué opina de la actual invasión de radiaciones provocadas por los emisores WiFi?

-Representa la negación de la evidencia y la miopía llevada al extremo. Resulta absurdo que pudiendo llevar la información por cable a una velocidad mucho mayor, se opte por hacerlo por el aire a sitios donde se puede llegar con cable. Me parece completamente absurdo y peligroso. Otra cosa es si hablamos de sitios a donde no puede llegar el cable pues el planteamiento sería diferente. En cualquier caso es preciso tener presente como prioridad la salud antes que el acceso a la información. Y lo malo es que los principales afectados están siendo los jóvenes porque desde el punto de vista biológico están en etapas inmaduras de su desarrollo. Mire, se está instalando sistemas WiFi sin ningún sentido ¡hasta para los niños pequeños! Ahí tenemos el Plan Escuela 2. Sin que los padres lo sepan. Y los que lo saben sin que hayan sido informados de su peligrosidad. A unas edades en las que son muy sensibles porque tienen el cráneo más delgado y el sistema nervioso en desarrollo. Asimismo lo están padeciendo numerosos adolescentes y jóvenes, tanto en las bibliotecas públicas como en los institutos, residencias o centros universitarios.

Puede decirse que se está haciendo con ellos un experimento extremadamente peligroso y suicida. Y en él están incluidos no sólo los hijos de los que pensamos que las radiaciones electromagnéticas hacen daño sino los hijos de los propios promotores de esos sistemas, tanto de los políticos como de los que trabajan en las operadoras así como los de los científicos que niegan las evidencias. A veces lo comparo con un ritual de suicidio colectivo en cámara lenta. La verdad es que no lo entiendo muy bien. Yo, particularmente, me niego a formar parte de ese macabro ritual.

-Inferimos que no tendrá mejor opinión de las agresivas campañas que, con llamativas ofertas, incitan a los niños pequeños al uso del móvil…

-En otros países ya se ha prohibido la publicidad y venta de móviles dirigida a los más pequeños. En España se hace lo contrario, se promocionan; y la situación es cada vez peor. En algunas naciones se está incluso recomendando ya que los menores de 16 años no usen el móvil más que en casos de máxima necesidad. Aquí aún estoy esperando oír a algún político sugerir lo mismo. Mire, el uso de móviles por menores en España es un asunto tremendamente grave. Y otro tanto empieza a pasar en el caso de los mayores porque actualmente cada vez más personas de la Tercera Edad utilizan el móvil de forma exagerada a pesar de que su uso ya se ha vinculado a trastornos neurológicos como el alzheimer, el parkinson y diversas patologías del sistema nervioso. Son efectos demostrados. Como el efecto sobre la reproducción; hay ya una abundante cantidad de estudios que indican que la radiación de los móviles afecta a la fertilidad. Es por tanto increíble el nivel de desinformación de la gente. Pero es que hay muy pocos medios dispuestos, como vuestra revista, a sacar a la luz la verdad. Están mediatizados por la gran cantidad de dinero invertido en publicidad por las operadoras.

LA INVESTIGACIÓN SOBRE LAS RADIACIONES ELECTROMAGNÉTICAS NI ES RENTABLE NI INTERESA 

-¿Ha dado por concluidas sus investigaciones?

-Los trabajos que he realizado hasta ahora los he hecho en mi tiempo libre y sin ningún tipo de ayuda porque no parece que interese mucho que la verdad se sepa. Así que si encuentro algún otro tema que me interese especialmente seguiré investigando. Mi idea de trabajar con varios grupos de vertebrados, con insectos y con árboles está cumplida y los estudios que quería hacer están hechos. En el futuro veremos…

-Lo singular es que su trabajo ha tenido más repercusión fuera de España que en nuestro país…

-Muchísima más. De hecho me están pidiendo que actúe como revisor en revistas internacionales cuando en España mi trabajo prácticamente no ha tenido eco. La verdad es que he publicado mis trabajos generalmente en revistas vinculadas al electromagnetismo porque bastantes revistas de zoología son más bien escépticas. Hemos de pensar que están dirigidas por personas cuya opinión también está configurada por lo que leen en la prensa o ven en la televisión. A los profesionales que no están especializados en este campo les cuesta muchísimo creerse lo que decimos quienes lo estamos investigando. Aquí, salvo la revista Ecosistemas, es difícil encontrar publicaciones abiertas. Bueno, lo cierto es que fuera tampoco es fácil; tienen que ser revistas relacionadas con el electromagnetismo y no todas porque desgraciadamente algunas están sesgadas hacia la versión oficial.

-¿Qué opina de los actuales límites de radiación considerados “seguros”?

-Por lo que he podido comprobar en mis propios estudios los propuestos en el informe Bioiniciativa pueden ser suficientes por el momento pero en el futuro habría que plantearse bajarlos aún más. Especialmente porque hoy hay muchas personas que tras haber estado expuestas a radiaciones electromagnéticas de forma crónica son ya hipersensibles. Hasta el punto de que en breve todos los países van a tener que plantearse la creación de zonas completamente libres de radiación para que estas personas puedan vivir.

-Una última pregunta: si pudiera impulsar medidas inmediatas en el parlamento, ¿por dónde empezaría?

-Exigiendo bajar a menos de 0’6 voltios/metro (0,1 microwatios/cm2)el máximo al que una persona pueda estar expuesta en su casa o puesto de trabajo. Y haría que cualquier tipo de antena se tuviera que trasladar a una distancia mínima de 500 metros de cualquier lugar habitado. Mantener los permisivos límites actuales es una auténtica aberración. En España –varían dependiendo de la frecuencia- los límites de intensidad de campo eléctrico aprobados son de 41 voltios/metro para una frecuencia de 900 MHz y densidad de 450 microwatios/cm2, de 58 voltios/metro para una frecuencia de 1.800 MHz y densidad de 900 microwatios/cm2 y de 61 voltios/metro a 2.100 MHz y una densidad de 1.000 microwatios/cm2. Bueno, pues hoy está demostrado que se empiezan a detectar efectos negativos en la salud -no sólo en las personas sino también en los animales- a apenas dos voltios/metro de exposición crónica así que imagínese lo que podría ocurrir con una exposición media muy superior. ¡Hay que bajar esos límites de inmediato! Por eso nueve países de la Unión Europea ya han fijado límites inferiores a los propuestos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Bélgica y Grecia, por ejemplo, han fijado un límite de 3 voltios/metro. Otros países, como Suiza, China y Rusia, han fijado límites de exposición denominados preventivos y, por tanto, también inferiores a los defendidos por la OMS. Y yo pienso que habría que bajarlos a 0,6 voltios/metro.

Mire, el problema empieza a ser realmente grave. Cada vez muere más gente a causa de los efectos de las radiaciones electromagnéticas. Como ya afirmó Barrie Trower en vuestra revista -lea el lector en nuestra web (www.dsalud.com) el artículo que con el título Nueva denuncia del peligro de los móviles, antenas de telefonía móvil, WiFi y otros dispositivos publicamos en el nº 131- están muriendo más personas por causa de ellas que por ataques terroristas en todo el mundo. Los gobiernos se están comportando pues de manera claramente irresponsable.

Antonio F. Muro

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Abril 2011
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