¿Bebés liberados del VIH o nuevo y criminal engaño?

El pasado 6 de marzo el diario español El País publicaba una noticia titulada Una terapia de choque libra a otro bebé del VIH e impulsa un ensayo explicando que durante la XXI edición de la Conferencia sobre Retrovirus y Enfermedades Oportunistas se dio a conocer el caso de “curación de una niña con VIH” que impulsará un ensayo con otros 60 bebés en Sudáfrica y Brasil. Noticia que hacía concebir la esperanza de que en breve el SIDA podrá prevenirse y/o curarse en etapas tempranas… solo que difícilmente puede prevenirse la infección de un virus que no existe y que, por tanto, es imposible provoque la inexistente enfermedad llamada SIDA. En suma, un nuevo montaje más para una farsa que dura ya treinta años. Ofrecemos al lector los datos para que juzgue por sí

“La industria mundial del VIH es demasiado grande y está fuera de control. Hemos creado un monstruo con demasiados conflictos de intereses y reputaciones en juego” (Robert England, presidente de Health Systems Workshop)

Desde hace veinte años se celebra anualmente la llamada Conferencia sobre Retrovirus y Enfermedades Oportunistas (CROI por sus siglas en inglés de Conference on Retrovirurs and Oportunistic Infections) en la que un grupo de científicos y médicos -a los que amparan algunas conocidas multinacionales farmacéuticas- marca las pautas de lo que los demás deben asumir sobre el montaje VIH/SIDA, decisiones que son posteriormente difundidas desde las Conferencias Internacionales del SIDA que las mismas organizaciones se encargan de celebrar cada dos años para que hagan de “caja de resonancia”. Pues bien, en 2014 la “noticia estrella” del encuentro -celebrado esta vez en San Francisco (EEUU)- fue un segundo caso de lo que denominan “curación funcional de un bebé” -concretamente de Long Beach- tras recibir una “terapia de choque” poco después del parto. Explicándose que es ya el segundo bebé que “se libra así del VIH” siendo el primero una niña de Mississippi que ahora tiene tres años y fue noticia precisamente en la anterior reunión anual de marzo de 2013. Casos que comparten ciertas características:

1) Las madres no habían sido tratadas con antirretrovirales (a pesar de que la de Long Beach había sido diagnosticada como “caso de SIDA”).

2) El presunto VIH se detectó en los bebés nada más nacer administrándoseles rápidamente altas dosis de antirretrovirales; a las 30 horas del parto en el primer caso y a las 4 horas en el segundo. Y,

3) A los 29 y 11 días respectivamente el VIH era “indetectable” (a pesar de lo cual al bebé de Mississippi no le dejaron de dar antirretrovirales hasta los 18 meses de edad).

El Director Ejecutivo de ONUSIDA, Michel Sidibé, se apresuraría a declarar que ello abre la puerta a la esperanza de que al menos en niños sea posible curar la infección al principio de la misma. Apenas 24 horas después otro grupo de científicos canadienses -entre los que está el microbiólogo del Hospital de Sainte-Justine de Montreal Hugo Soudeyns– explicó que ellos han tratado también a cinco niños de forma temprana con antivirales y que en cuanto traten a doscientos presentarán los resultados en la reunión sobre SIDA prevista para mayo próximo en Canadá.

Ahora bien, ¿quién financia las Conferencias sobre Retrovirus y Enfermedades Oportunistas? Pues las multinacionales farmacéuticas Merck, Viiv Healthcare (GlaxoSmithKline), Bristol-Myers Squibb, Janssen (Johnson & Johnson), Abbvie, Gilead, Salix y Mylan, todas ellas fabricantes de productos usados en el tratamiento del SIDA; entre ellos los administrados a los bebés antes citados: Retrovir -cuyo principio activo es la zidovudina o AZT– y Epivir -que contiene lamivudina-. Eso sí, en la introducción del evento se nos pide que creamos que tales laboratorios no han tenido influencia alguna ni en los contenidos de las ponencias ni en su selección… Sin comentarios.

EL FRAUDE DEL VIH

¿Y cómo se supo que los bebés “exitosamente tratados” estaban infectados con el VIH? Pues porque así se estableció con los análisis habituales; es decir, con los test que calculan el nivel de anticuerpos específicos del VIH que hay en sangre -de los que hay dos: el Elisa y el Western Blot– y con la llamada “carga viral”. Los dos primeros contienen unas supuestas “proteínas de VIH” que al entrar en contacto con la sangre de una persona detecta si hay en ella anticuerpos que reaccionen específicamente; en cuanto al segundo permite saber cuántos virus hay por mililitro de sangre merced a una técnica denominada PCR -siglas que corresponden a la expresión inglesa de Polymerasa Chain Reaction (Reacción en cadena de la polimerasa)- que fue desarrollada por Kary Mullis -recibiría por ella el Premio Nobel- utilizando fragmentos de ADN llamados “iniciadores” o “cebadores”.

Pues bien, respecto a los test que se supone permiten saber si alguien está infectado por el VIH hay que decir que fue el sinvergüenza del doctor Robert Gallo -que en 1984 afirmó haber hallado el virus causante del SIDA y del que hoy la propia comunidad científica reniega- quien entre enero y febrero de ese mismo año entregó las proteínas con las que se fabricaron los test de anticuerpos y los iniciadores para los test genéticos. Lo grotesco es que los experimentos que según afirmó le habían permitido identificar y aislar el VIH se realizaron entre finales de febrero y principios de marzo de 1984 por lo que las proteínas y la información genética que entregó ANTES no podían pertenecer al presunto VIH ya que ¡aún no lo había aislado! Es más, incluso -tras realizar esos experimentos- el propio jefe de laboratorio de Robert Gallo, el Dr. Mikulas Popovic, redactó un informe sobre ello en el que aseveraba textualmente: “A pesar de los intensos esfuerzos de investigación el agente causante del SIDA no ha sido aún identificado“.

Hoy, gracias a la minuciosa investigación realizada por la periodista inglesa Janine Roberts, disponemos del original de ese documento y sabemos que Robert Gallo, con toda desfachatez, rectificó a mano esa frase para que tanto en el Abstract como en el título del artículo que publicaría en Science se dijera que sí lo había aislado. Perpetrando así uno de los fraudes más infames de la oscura Historia de la Medicina lo que años después llevó a numerosos científicos de renombre internacional a pedir la retirada de ese artículo… sin éxito (lea en nuestra web –www.dsalud.com- el texto que con el título La versión oficial del SIDA se basa en un fraude científico del Dr. Robert. Gallo publicamos en el nº 115).

Por otra parte, hoy se sabe que todas las proteínas que Gallo atribuyó al VIH son ¡humanas! ¡No pertenecen a virus alguno! Hasta la proteína p41 que Gallo consideró “la más específica del VIH” es la actina celular según reconocería Luc Montagnier, el investigador francés que finalmente recibiría el Premio Nobel “por descubrir el VIH”… a pesar de que él mismo ha reconocido no haber logrado nunca purificar los cultivos y, por tanto, es imposible que lo haya aislado.

A mayor abundamiento, debemos aclarar algo sobre la pretendida “información genética” del VIH. Como quiera que en aquella época ningún otro científico lograba aislar el VIH Robert Gallo se justificaría diciendo -en 1986- que el VIH mutaba rápidamente y, por consiguiente, su genoma tenía una “gran variabilidad”. Hoy el esperpento es ya tal que se asegura que “no hay dos aislamientos idénticos; cada aislamiento contiene muchas variantes”. Más aún: según investigadores del Instituto Pasteur “un paciente asintomático puede tener al menos un millón de variantes genéticamente diferentes del VIH siendo la cifra en pacientes de SIDA superior a los cien millones”. En pocas palabras: no es que haya un VIH sino más de cien millones de VIH. ¡Y tamaña estupidez se considera “científica“!

Estupidez que ha asumido hasta la revista Nature publicando un artículo en el que se afirmaba que el genoma del VIH “varía con el tiempo” y que ¡más del 99,9% de los “genomas del VIH” pueden ser defectivos! Tenga en cuenta el lector que los investigadores consideran que un 1% de diferencia entre dos genomas se considera una “variabilidad extrema” y resulta que las diferencias entre los distintos presuntos genomas del VIH ¡llegan al 40%! A título de comparación diremos que los seres humanos tenemos un 10% de diferencia con el cerdo y la rata, un 8% con el perro y un 2% con el chimpancé; luego el porcentaje que diferencia entre sí los supuestos genomas de VIH tiene una diferencia similar a la de un humano con una gallina. Realmente resulta increíble que todo esto se tome en serio.

¡NINGÚN TEST DE ANTICUERPOS ES FIABLE!

Y hay más. Los test de anticuerpos -y no nos referimos únicamente a los del VIH sino a todos en general- se basan en una concepción simplista de la inmunidad que cuestionan los más recientes descubrimientos de la Biología y la Inmunología según los cuales el erróneamente denominado sistema inmune o inmunitario no es básicamente sino un sistema de limpieza y reciclaje que no fabrica anticuerpos específicos para neutralizar antígenos específicos.

A ello debemos añadir el hecho de que la sangre de una persona no reacciona bioquímicamente igual en el interior de nuestro cuerpo que fuera de él; entre otras cosas porque las condiciones son muy diferentes. Es más, la sangre en laboratorio se puede comportar de forma distinta según el procedimiento utilizado para realizar el análisis. Y todo esto cuestiona seriamente cualquier test de anticuerpos.

Pero es que en el caso particular de los llamados “test de VIH” el asunto es aún más sangrante dada la enorme cantidad de elementos que los descalifican. Para empezar, y dado que nadie ha demostrado realmente haber aislado el VIH, los test no tienen establecido lo que se denomina un “patrón oro. A lo que cabe añadir que ¡no son reproducibles! Es decir, si se le hace el test varias veces a una misma persona puede ocurrir que en unas ocasiones dé “positivo” y en otras “negativo”. No tienen la más mínima fiabilidad. Y por si fuera poco los criterios de valoración para un mismo tipo de test de una misma marca ¡varían de un país a otro, de una institución a otra y de un laboratorio a otro! Con lo que el mismo resultado ¡puede considerarse positivo en un lugar y negativo en otro! Kafkiano.

El desconcierto es tan monumental que en algunos países utilizan como “confirmación” un tipo de test que en otros países no se recomienda por su falta de fiabilidad. Es el caso del Western Blot, utilizado en muchos países -España incluida- como “test de confirmación” a pesar de que en el propio folleto de instrucciones se advierte textualmente lo siguiente: “El resultado negativo del test no excluye la posibilidad de contacto o infección”. Añadiéndose: “El fabricante no da ninguna garantía, expresa o implícita, con respecto a las posibilidades comerciales, adecuación de usos o utilidad implícita para ningún propósito”. En pocas palabras: en realidad ¡no sirve para nada! De hecho uno de los laboratorios fabricantes del Western Blot reconoce explícitamente: “Una persona que tenga anticuerpos contra el VIH-1 o el VIH-2 presumiblemente está infectada con el virus (…) pero luego puede estar o no efectivamente infectada con el VIH”.

En cuanto al test de anticuerpos más usado, el ELISA, el prospecto de los laboratorios Abbot es claro y directo: Actualmente no hay patrón oro reconocido para establecer la presencia o ausencia de anticuerpos del VIH-1 y el VIH-2 en sangre humana“. Y si algún lector tiene aún dudas entre en el siguiente enlace y encontrará advertencias similares para todos y cada uno de los 39 test aprobados hoy por la FDA: www.omsj.org/test/Test%20Only%20Online.pdf.

TEST GENÉTICOS: OTRA CHAPUZA

Claro que los test genéticos -no sólo los del VIH sino todos– parten de un enfoque ya superado de la Genética que concebía el genoma como una estructura rígida cuyas piezas podrían manipularse, reproducirse y copiarse. Actualmente sabemos que la complejidad y el dinamismo de la información genética y su funcionamiento hacen imposible tales pretensiones. Es más, sabemos algo mucho más importante en relación con el uso de las técnicas para detectar o cuantificar cualquier virus o retrovirus: que gran parte del genoma humano está formado por secuencias virales y retrovirales llamadas “endógenas” integradas en nuestras células a lo largo de la evolución y que son indistinguibles de las secuencias correspondientes a los virus y retrovirus exógenos.

A esta cuestión de base debemos sumar numerosos inconvenientes en las técnicas utilizadas que, como sucede en el caso de los test de anticuerpos, se prestan a errores y manipulación intencionada. Para detectar una determinada secuencia genética se usa una técnica llamada hibridación que utiliza las propiedades del ADN en el que las dos hebras que lo componen tienden a unirse mediante enlaces bioquímicos de modo que cambiando las condiciones en que se realizan esas uniones podemos alterar o forzar los resultados. Más grave aún: durante un tiempo los “especialistas en el VIH” dijeron que el virus era muy difícil de localizar, que se escondía aquí o allá y permanecía al acecho, casi indetectable, a la espera de poder reproducirse. De ahí que Gallo llegara a hablar de que el VIH tenía un período de latencia de hasta ¡cuarenta años! Pero a partir de 1995 todo cambió bruscamente: los planteamientos del Dr. David Ho transformaron el VIH de lentivirus en una especie de turbovirus que se reproducía por miles de millones desde el primer día en que entraba en el cuerpo de la persona. La clave para este cambio radical fue una técnica denominada PCR que permite multiplicar un fragmento de secuencia genética gracias a una enzima resistente al calor. Técnica de complejidad tan enorme que el manual para su utilización consta de más de cincuenta pasos que se describen en casi un centenar de páginas. Y no caiga el lector en la trampa de pensar que la complejidad de un procedimiento técnico es garantía de control, precisión o credibilidad; de hecho unas pocas cuestiones –pero muy básicas- descalifican por completo el uso que se está haciendo de esa técnica. En primer lugar, su propio inventor -Kary Mullis- ha explicado que no puede utilizarse para cuantificar virus; en segundo lugar, los propios fabricantes lo desaconsejan como método diagnóstico; y en tercer y último lugar, numerosos estudios han documentando sus imprecisiones técnicas y su total falta de fiabilidad en el caso del VIH. Y así lo avalan…

…la comunicación publicada en las páginas 2.076-2.077 del volumen 12, nº 15 (1998) de AIDS, la revista oficial de la Sociedad Internacional de SIDA: “Seleccionamos 20 voluntarios sanos que dieron negativo a diferentes pruebas de anticuerpos del VIH –se dice en ella- y se analizó su plasma con tres test diferentes habituales de medición de carga viral del VIH. Pues bien, dos muestras dieron resultados positivos en el test de DNA ramificado, con valores de 2.020 copias y 10.620 copias de ARN del VIH por mililitro de sangre. Otras dos muestras dieron falsos positivos con el test NASBA Nuclisens con valores de 150 y 480 copias de ARN del VIH por mililitro. Y, finalmente, una de las 20 muestras se interpretó como positiva por el Ultradirect RT-PCR Monitor con un valor de 7,3 copias de ARN del VIH por mililitro. Todos los experimentos los llevó a cabo un único técnico de laboratorio entrenado y se hicieron controles que excluyen la contaminación como fuente de falsos positivos”. Traducido para los profanos: las diferentes técnicas de PCR detectaron miles de copias del VIH en personas que según los test de anticuerpos no tienen VIH. Así que para evitar el escándalo los hospitales tienen desde hace tiempo instrucciones precisas de no hacer pruebas de carga viral más que a las personas que antes hayan dado positivo a los test de anticuerpos.

…la Ficha Técnica del test de carga viral Roche Amplicor HIV-1 Monitor es explícita; y en ella puede leerse textualmente lo siguiente: “Amplicor HIV-1 Monitor Test no está destinado a ser utilizado como test de cribado ni como test diagnóstico para confirmar la presencia de infección por VIH”.

…la Ficha Técnica del test Versant HIV-1 RNA 3.0. En ella se dice: “Este test no está destinado a ser utilizado como prueba de cribado para infección por VIH o como test diagnóstico para confirmar un diagnóstico de infección por VIH”.

…la carta de los doctores Daniel Havlichek y Elie Hage-Korban -de la Universidad de Michigan (EEUU)- publicada en el volumen 131-10 de Annals of Internal Medicine del 16 de noviembre de 1999 sobre el caso de un hombre de 59 años sin historial conocido de drogadicción, homosexualidad o promiscuidad que había dado negativo al test de anticuerpos y positivo en la RT-PCR: “La prueba de PCR para el VIH-1 se diseñó para monitorizar la terapia contra el VIH, no para diagnosticar infección por VIH. Para los test de diagnóstico es necesario considerar la probabilidad previa de un resultado positivo. En pacientes (como el nuestro) con una baja probabilidad de enfermedad casi todos los resultados positivos de test son falsos positivos“. Así funciona la “ciencia del SIDA”: si pareces culpable seguro que lo eres; si no lo pareces es imposible que lo seas aunque todas las pruebas te señalen.

…un artículo publicado en el nº 38 del Journal of Clinical Microbiology del 2000 que demuestra que la carga viral puede variar considerablemente según el tipo de PCR utilizado, el fabricante o el laboratorio. Un artículo publicado en el volumen 45, nº 10 del 2007 de la misma revista explica de hecho que usando diferentes tipos de PCR de la misma empresa pueden obtenerse diferentes mediciones de carga viral con la misma muestra. Incluso pueden obtenerse diferentes resultados de la misma muestra con la misma PCR según un estudio publicado en 2010 en Journal of Virology Methods.

La ilustración adjunta permite comprobar gráficamente hasta dónde llega el disparate de esta técnica tan pretendidamente precisa como para medir valores inferiores a la decena de ejemplares por mililitro; se trata de un recuadro incluido en una breve comunicación publicada en el nº 15 del Journal of AIDS de 1997 en el que investigadores franceses analizan los tres procedimientos habituales de medición de carga viral -RT-PCR, bDNA y NASBA- introduciendo distintos subtipos de VIH-1 en plasma y testando cada subtipo dos veces con cada una de las tres técnicas. La disparidad salta a la vista pero es especialmente escandalosa en el caso del subtipo A donde la RT-PCR detecta menos de 400 ejemplares mientras las otras técnicas miden unos 100.000; y en el subtipo G donde el test NASBA detecta menos de 400 mientras la bDNA y la RT-PCR miden por encima de 200.000. ¡Y eso en unas técnicas que se presentan como “muy precisas” hasta el punto de que las mediciones habitualmente detallan centenas, decenas o incluso unidades de VIH!

¿TRATAMIENTO DE CHOQUE O ENVENENAMIENTO DE RECIÉN NACIDOS?

A falta de mayores precisiones lo que en el momento de escribir este texto se sabía del denominado “tratamiento de choque” con un bebé es que se le dieron altas dosis de tres productos ya conocidos y ampliamente utilizados en el ámbito del SIDA: la Zidovudina o AZT que se comercializa como Retrovir, la Lamivudina o 3TC comercializada como Epivir y la Nevirapina que se comercializa como Viramune. Aunque hay algunas diferencias en su perfil químico los tres productos tienen como objetivo bloquear una enzima denominada retrotranscriptasa que presuntamente utiliza el VIH para reproducirse. Los dos primeros los comercializa actualmente GlaxoSmithKline mientras el Viramune lo vende Boehringer Ingelheim. Ahora bien, en el caso del bebé de Mississippi al cabo de unos días se sustituyó el Epivir por una combinación de dos inhibidores de las proteasas fabricados por Abbott: Ritonavir y Lopinavir.

Pero antes de pasar a relatar los efectos documentados de todos estos productos permítasenos un breve apunte sobre la retrotranscriptasa (RT): tanto Gallo como Montagnier la consideraron hace treinta años exclusiva de los retrovirus hasta el punto de que fue la detección de actividad de retrotranscripción lo que interpretaron como “aislamiento del VIH”… pero desde los años 70 se sabe que no es así en absoluto. Para empezar se ha demostrado que otras enzimas pueden llevar a cabo la retrotranscripción -por ejemplo las polimerasas celulares- y además que la RT es una enzima habitual en los procesos celulares humanos, incluyendo los procesos de movilidad en el interior del genoma que, obviamente, son bloqueados por los productos que se presentan como “inhibidores de la retrotranscriptasa del VIH”.

En cuanto a los efectos negativos de los antivirales diremos que el más grave -al igual que ocurre con los antibióticos- es que agreden las mitocondrias celulares responsables de producir la mayor parte de la energía vital. Además las mitocondrias poseen un genoma propio que funciona en coordinación con el del núcleo de la célula de modo que los daños no solamente alteran todo el funcionamiento genético celular sino que las lesiones se trasmiten de madre a bebé directamente acumulándose durante generaciones. Existen ya numerosos estudios que documentan los efectos de esa agresión que se traduce en miopatías musculares, problemas cardiovasculares, demencia, encefalopatías y daños genéticos en los fetos.

Un equipo del Instituto de Medicina Genética de la Universidad de Newcastle upon Tyne (Reino Unido) puso asimismo de manifiesto recientemente que la terapia antirretroviral acelera el envejecimiento y aumenta el número de patologías genéticas al dañar las mitocondrias: “(…) Los pacientes a los que se administraron nucleósidos análogos, fármacos antirretrovirales comúnmente empleados, acumularon mutaciones del ADN mitocondrial somático reflejando las que se ven mucho más tarde en la vida debido al envejecimiento normal (…) Estas observaciones dan más peso al papel de las mutaciones somáticas del ADN mitocondrial en el proceso de envejecimiento y aumentan el espectro de enfermedades genéticas mitocondriales iatrogénicas que irán apareciendo durante los próximos diez años”.

Además los daños genéticos y malformaciones se producen también por otra vía ya que estos productos frenan la formación de ADN; de hecho una de sus denominaciones es precisamente DNA chain terminators, es decir, “exterminadores de las cadenas de ADN“. Señalemos por último que estos tóxicos oxidan los grupos tiol o sulfidrilos -de enorme importancia biológica- pudiendo provocar adelgazamiento extremo, atrofia muscular, anemia, daños en hígado y riñones, inmunodeficiencia y cáncer. En el caso particular de la nevirapina es efecto “secundario” reconocido oficialmente el Síndrome de Stevens-Johnson o necrólisis epidérmica tóxica.

Por su parte, los llamados inhibidores de las proteasas -también administrados al bebé de Mississippi- bloquean la acción de enzimas humanas responsables de catalizar las reacciones bioquímicas pero son indestructibles y no pueden ser eliminados por lo que se acumulan produciendo alteraciones de todo tipo, especialmente daños hepáticos y renales. Hasta el punto de que los médicos recomiendan a estos pacientes que beban mucha agua para reducir en lo posible el impacto sobre sus órganos de eliminación.

Y si duda de tan graves efectos sepa que tanto los fármacos utilizados en este caso como el resto de los antirretrovirales utilizados en el ámbito del SIDA están en la lista de medicamentos con Advertencia de Caja Negra reservada por la FDA para los que pueden causar efectos graves o poner la vida en peligro.

Ya en su libro Las batallas de la vida -publicado en España en 2009- Luc Montagnier decía lo siguiente sobre el AZT aunque sus palabras pueden aplicarse a todos los fármacos similares: “Hasta el final de los años noventa tratamos a una madre con AZT antes y durante el parto para prevenir la transmisión materno-fetal del Sida. Este tratamiento se le daba también al niño apenas nacido. Ahora empleamos otros productos pero ya en ese momento, como miembro del Consejo Nacional de Sida, alerté a mis colegas del problema del AZT: su interferencia con el ADN mitocondrial y sus potenciales efectos negativos a largo plazo en los bebésSupongamos que el día de mañana esos bebés tienen hijas. ¿Serán normales sus mitocondrias? No lo sabemos. Los efectos de esta clase de tratamiento fácilmente podrían saltarse generaciones de la misma forma que el dietilestilbestrol causó cánceres de ovario, infertilidad y malformaciones en las hijas de las madres que fueron tratadas con él. La quimioterapia con AZT no es inocua y así se lo advierto a las personas que monitoreen a esos bebés a lo largo de sus vidas. Es más, sería conveniente monitorear incluso a la siguiente generación. ¿Seguirá respetándose esta directriz que entonces logré imponer? Me temo que no”.

Tenía razón. Los temores de Montagnier estaban más que justificados. De hecho los fabricantes conocen -al menos en parte- los daños que el AZT y otros nucleósidos pueden hacer a las mitocondrias. Basta consultar alguna de las fichas técnicas para encontrarse con este párrafo: “Está demostrado que los análogos de nucleósidos causan, tanto in vitro como in vivo, daño mitocondrial de diferente grado. Se han observado casos de disfunción mitocondrial en niños VIH negativos expuestos durante la gestación y/o tras el nacimiento a análogos de nucleósidos”. Y no se deje engañar por la forma de redactarlo: “niños expuestos a” quiere decir que los médicos administraron bien a la madre, bien directamente al bebé, tales productos. En muchos casos con presiones e incluso amenazas. Y la ficha técnica agrega: “Se han comunicado algunos trastornos neurológicos de aparición tardía (hipertonía, convulsiones, comportamiento anormal). Actualmente se desconoce si los trastornos neurológicos son transitorios o permanentes. Debe realizarse un seguimiento clínico y de laboratorio a cualquier niño expuesto durante la gestación a análogos de nucleósidos -incluidos los niños VIH negativos- y llevarse a cabo una investigación completa para determinar la posibilidad de que tengan alguna disfunción mitocondrial en caso de aparición de signos o síntomas relevantes”.

Por su parte, la hoja sobre Seguridad de los Laboratorios Sigma-Aldrich recoge que la LD50 del AZT es de 3,048 mg/kg en ratas; y sepa el lector que la LD50 es la dosis que resulta letal para la mitad de un grupo de animales a los que se administró el producto para comprobar su toxicidad. Pues bien, siguiendo las recomendaciones del Plan Nacional sobre el SIDA los hospitales están administrando a bebés en sus primeras horas de vida 2 mg por kilo de AZT cada 6 horas durante cuatro semanas; es decir, 8 mg por kilo diarios lo que es ¡casi tres veces la dosis letal para ratas!

Y ante la enorme gravedad de estas constataciones, ¿qué se recomienda? Pues la propia ficha técnica deja muy claro cómo funciona el engranaje criminal del SIDA: Estos hallazgos no afectan a las actuales recomendaciones de empleo de tratamiento antirretroviral para prevenir la trasmisión vertical del VIH en mujeres embarazadas. Dicho de otro modo, las personas que tienen la desgracia de quedar atrapadas en el engranaje SIDA no están en manos de ignorantes incompetentes; es mucho más grave: saben lo que están haciendo y conocen las consecuencias pero a pesar de ello continúan haciéndolo.

Es probable que el lector, buscando quizás una explicación a esta locura, piense que la decisión de continuar utilizando estos productos a pesar de los graves peligros y consecuencias para la salud y la vida -especialmente de recién nacidos- se deba a que existen otros datos, otros argumentos u otros hallazgos que aconsejan hacerlo porque los beneficios superan esos riesgos. Pero se equivoca. Consultemos una vez más la información técnica oficial de los productos:

-En la ficha técnica de Retrovir -distribuida por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios del Ministerio de Sanidad y Consumo español- podemos leer: “Se desconoce si existen consecuencias a largo plazo de la exposición in útero y en niños a Zidovudina. En base a los hallazgos de carcinogenicidad/mutagenicidad en animales no se puede excluir un riesgo de carcinogenicidad en humanos. No se dispone de datos sobre el efecto de Zidovudina sobre la fertilidad de la mujer”. Y en el capítulo sobre datos preclínicos se advierte: “Se observaron efectos clastogénicos (lesiones cromosómicas) en un estudio in vitro en linfocitos humanos y en estudios in vivo de micronúcleos con dosis repetidas por vía oral en ratas y ratones (…) En estudios de carcinogenicidad en ratones y ratas se observaron tumores del epitelio vaginal de aparición tardía”.

-En cuanto a la ficha técnica de Epivir (lamivudina) se dice: “No se ha determinado la seguridad de la lamivudina durante el embarazo en humanos”. Añadiéndose algo más inquietante aún: “La lamivudina induce la muerte precoz de los embriones cuando se administra a conejas preñadas con niveles de exposición comparables a los alcanzables en el ser humano”. A pesar de lo cual se dice lo siguiente en el prospecto respecto a los menores de tres meses: “Los limitados datos disponibles son insuficientes para proponer recomendaciones posológicas específicas”.

-Y en cuanto al Viramunecuyo principio activo es la nevirapina- esto es lo que dice el Anexo de la ficha técnica de la Agencia Europea del Medicamento: “No se ha establecido la seguridad y eficacia de la nevirapina en pacientes pediátricos menores de 16 años. Se desconocen actualmente los efectos a largo plazo de la nevirapina. No se dispone de estudios adecuados y bien controlados en mujeres embarazadas. La nevirapina no puede recomendarse de momento a mujeres embarazadas o lactantes“. De hecho un amplio y detallado estudio de la Dra. Eleni Papadopulos-Eleopulos sobre la nevirapina demuestra que no existe documentación científica alguna que avale la hipótesis de que el VIH se trasmite de madre a bebé ni de que ello pueda prevenirse con nevirapina.

Bueno, pues todas las recomendaciones oficiales consideran tan terribles daños como simples “efectos secundarios” o “reacciones adversas”, expresiones que inducen a creer que hay unos “efectos primarios” o unas “reacciones favorables” y que al poner en la balanza unas y otras los beneficios superan los riesgos y peligros; pero resulta que no es así en absoluto. Aunque pueda parecer increíble las fichas técnicas que venimos citando advierten asimismo cosas como éstas:

“El tratamiento con Zidovudina no elimina la infección por VIH por lo cual los pacientes corren el riesgo de desarrollar enfermedades asociadas a depresión inmunitaria, incluyendo infecciones oportunistas y neoplasias”.

-“La nevirapina no cura la infección por VIH”.

“Deberá informarse a los pacientes de que el tratamiento antirretroviral actual, incluyendo la lamivudina, no ha demostrado prevenir el riesgo de transmisión del VIH a otras personas por contacto sexual o contaminación con sangre”.

En fin, de hecho las fichas técnicas de todos los presuntos antivirales -del VIH- reproducen esta frase: ESTE PRODUCTO NO CURA NI PREVIENE LA INFECCIÓN POR VIH NI EL SIDA; NI REDUCE EL RIESGO DE TRANSMISIÓN DEL VIRUS A OTRAS PERSONAS“.

¿Atónito? No nos extraña. Juzgue usted mismo qué calificación le merecen estas actuaciones pero a nosotros nos parece que el adjetivo adecuado es el de criminal. Por eso cada vez más científicos y médicos abogan ya por desmontar toda esta farsa y llevar a sus responsables a los tribunales. Puede hacerse como está demostrando Clark Baker, director de la llamada Office of Medical and Scientific Justice (Oficina de Justicia Científica y Médica), al defender en los tribunales estadounidenses a personas acusadas de contagiar a terceros el VIH -para quienes se pedía entre 10 y 20 años de cárcel- ya que en sede judicial la acusación ¡no ha podido siquiera demostrar la validez de los test del VIH/SIDA! De hecho Baker, a quien entrevistamos en el nº 136 cuando llevaba ya 11 juicios ganados en Estados Unidos, lleva hoy ganados 56.

 Jesús García Blanca
Recuadro:


DOCUMENTACIÓN

Fichas técnicas del supuesto tratamiento de choque:

-Zidovudina: www.gesgenericos.com/productos-pdf/659704-0.pdf

Lamivudina: www.ema.europa.eu/docs/es_ES/document_library/EPAR_-_Product_Information/human/000107/WC500027572.pdf

-Nevirapina: www.ema.europa.eu/docs/es_ES/document_library/EPAR_-_Product_Information/human/000183/WC500051481.pdf

Hoja de seguridad de Laboratorios Sigma sobre el AZT: www.sigmaaldrich.com (póngase AZT en el buscador y posteriormente haga clic en MSDS (Material Safety Data Ship).

Web de la Oficina de Justicia Científica y Médica de Clarke Baker: www.omsj.org/innocence-group

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

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Eleni Papadopulos-Eleopulos y otros. An analysis of the evidence for the existence of HIV. www.theperthgroup.com/RESPONSE/ParenzeeEPEIsolationSACCourt.pdf

Eleni Papadopulos-Eleopulos. The isolation of HIV: Has it really been Achieved? The case against. Continuum. Vol.4 No.3 Sept./Oct. 1996

-Artículos claves del equipo de Eleni Papadopulos-Eleopulos (traducción al español:): www.ediciona.com/portafolio/document/7/5/8/6/muestra_traducciones_perth_6857.pdf

BIBLIOGRAFÍA ESPAÑOLA SOBRE EL “MONTAJE SIDA”:

Lluis Botinas. Desmontar el SIDA. El SIDA no es una enfermedad a tratar -ni siquiera alternativamente- sino un engranaje made in USA a desmantelar. Murcia, Cauac, 2011.

Jesús García Blanca. El rapto de Higea. Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad. Barcelona, Virus, 2009.

VIDEOS:

La farsa del SIDA (Discovery DSALUD Televisión): www.dsalud.com/index.php?pagina=video_02

Nadie ha aislado y fotografiado el supuesto virus del SIDA (Discovery DSALUD Televisión): www.dsalud.com/index.php?pagina=video_10

House of numbers (Brent Leung): www.youtube.com/watch?v=LfgBbIUnyFc.

The Emperor’s new virus (Brent Leung): vimeo.com/28934768.

La ciencia del pánico (Patrizia Monzani e Isabel Otaduy): www.lacienciadelpanico.tk.

Desmontar el SIDA, ese tinglado Made in USA (Congreso Ciencia y Espíritu. Madrid, marzo de 2011): www.youtube.com/watch?v=IZAqPzbkMfI&feature=related.

VIH/SIDA: poder global, ciencia dogmática y montaje criminal (Congreso Ciencia y Espíritu. Sevilla, septiembre de 2011): www.youtube.com/watch?v=kQmG37Fxtqw.

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172
Junio 2014
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