Coca-Cola, acusada de subvencionar a científicos para que desmientan los efectos perjudiciales de sus bebidas

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Coca-Cola, Global Energy Balance Network, bebidas azucaradas,  problemas de obesidad,diabetes actuales a la mera falta de ejercicio físico. Y es que son ya numerosos los expertos que llevan años denunciando la creación por las grandes empresas de entidades presuntamente científicas e independientes que en realidad están a su servicio a fin de intentar contrarrestar los trabajos que demuestran los efectos nocivos para la salud de sus productos. La idea es impedir a toda costa que desde las administraciones públicas se desaconseje su consumo.

Coca-Cola dedicó en los últimos cinco años 21,8 millones de dólares a “investigaciones científicas” y 96,8 a financiar asociaciones y eventos relacionados con la salud y el bienestar. Dio por ejemplo 3.550.000 dólares a la Academia Americana de Médicos de Familia, 6.426.000 dólares a centros de varios países para financiar el denominado Estudio internacional sobre la obesidad infantil, el estilo de vida y el medio ambiente y 4.409.000 dólares a otro denominado El papel de la dieta y la actividad física en el aumento de peso que se encargó al doctor de la Universidad de Carolina del Sur Steven Blair y que ha sido el detonante del escándalo que ha salpicado a la multinacional en las últimas semanas. Como igualmente dio dinero al Colegio Americano de Cardiología y a la Academia de Pediatría (tiene la lista en www.coca-colacompany.com/transparency-search?noCache=true).

Hasta hoy Coca-Cola nunca había dado a conocer en qué invierte su dinero y si ha decidido hacerlo ahora es debido al escándalo desatado en Estados Unidos el pasado 9 de agosto tras la publicación en el New York Times de un artículo titulado Coca-Cola Funds Scientists Who Shift Blame for Obesity Away From Bad Diets -que en su edición en español traducía como Coca-Cola financia a científicos que buscan explicaciones alternativas para la obesidad– en el que se desvelaban los estrechos vínculos existentes entre la multinacional y la organización sin ánimo de lucro Global Energy Balance Network (GEBN), entidad que agrupa a científicos de muy diversos países cuyo objetivo -según dicen en su web- es estudiar el equilibrio entre las calorías ingeridas con la alimentación y las consumidas con el ejercicio físico a fin de encontrar la fórmula que ponga fin a la epidemia de obesidad y diabetes tipo 2 que padecen los estadounidenses y, por ende, el resto de los occidentales.

“Coca-Cola, principal productor mundial de bebidas azucaradas –explica el artículo-, está apostando por una nueva solución ‘científica’ a la crisis de la obesidad: uno debe hacer más ejercicio y preocuparse menos de contar calorías para mantener un peso saludable. El gigante de las bebidas se ha unido a científicos influyentes que fomentan este mensaje en revistas médicas, conferencias y redes sociales. Y para ayudarles en esa difusión Coca-Cola ha brindado apoyo financiero y logístico a una nueva organización sin ánimo de lucro llamada Global Energy Balance Network que promueve el mensaje de que los estadounidenses suelen obsesionarse con cuánto comen y beben pero no prestan suficiente importancia al ejercicio físico”.

El origen de la investigación realizada por el diario neoyorquino está en un video subido a la web de GEBN por el vicepresidente de esa organización, Steven Blair, considerado una de las autoridades internacionales de referencia sobre la importancia del ejercicio para la salud. De hecho es autor -entre otros- de artículos como Physical inactivity remains the greatest public health problem of the 21st century: evidence, improved methods and solutions” (La inactividad física sigue siendo el mayor problema de salud pública del siglo XXI: pruebas, métodos mejorados y soluciones y Physical inactivity and obesity is not a myth (La inactividad física y la obesidad no es un mito, ambos publicados en British Journal of Sports Medicine en 2014 y 2015 respectivamente. Video en el que Blair afirmaba entre cosas lo siguiente: “La mayor parte de los medios de comunicación populares y la prensa científica se centran en decir: ¡’Oh! Se está comiendo demasiado; se come demasiado, demasiado’- culpando a la comida rápida, culpando a las bebidas azucaradas y así sucesivamente. Y no hay realmente ninguna evidencia práctica, convincente, de que realmente ésa sea la causa de la obesidad”. Obviamente tan sorprendente afirmación, que “coincide” con los argumentos utilizados por las grandes multinacionales para desviar la atención del impacto real y constatado que tiene en la obesidad el consumo de bebidas refrescantes azucaradas, suscitó la inmediata reacción de profesionales de la salud de todo el país. Y como dos de los líderes de GEBN trabajan en la universidad Steve Blair es profesor en la Universidad de Carolina del Sur y Gregory A. Mano es decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Virginia Occidental– se recurrió a las leyes de trasparencia estatales pudiéndose así descubrir que el lanzamiento de esa compañía había sido “impulsada” por Coca-Cola con millón y medio de dólares. Es más, se supo también que desde 2008 la multinacional había proporcionado 4 millones de dólares para financiar varios proyectos de “investigación” a Blair y Mano. Por supuesto los dos negaron que ello influyera en sus conclusiones según las cuales es la falta de ejercicio y no el consumo de bebidas azucaradas la principal causa de sobrepeso y obesidad. Se declararon totalmente independientes… pero el diario neoyorquino comprobó que la web de GEBN estaba registrada en la sede de Coca-Cola en Atlanta y es la compañía la que figuraba como administradora. Interrogado sobre ello James O. Hill, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado y presidente de GEBN, se justificó diciendo que ellos no sabían cómo registrar una web y por eso se encargó Coca-Cola. Tan peregrina e infantil fue la explicación de quien la Sociedad Americana para la Nutrición considera “un líder de la lucha global contra la epidemia de la obesidad”. Sin comentarios.

OPINIONES CRÍTICAS

Cuatro días después de su denuncia el New York Times dedicaba al problema un editorial titulado Coke Tries to Sugarcoat the Truth on Calories (Coca-Cola trata de endulzar la verdad sobre las calorías) en el que se decía: “Coca-Cola y otros fabricantes de bebidas han canalizado mucho dinero hacia científicos favorables a la industria y formado grupos-pantalla de apariencia inocente para difundir el mensaje de que las bebidas gaseosas azucaradas no tienen efecto nocivo alguno sobre la salud y no deben ser gravadas o reguladas. La nueva organización sin ánimo de lucro Global Energy Balance Network es el último esfuerzo para dar apariencia científica a las posiciones de la industria y está liderada por respetables científicos que dicen que Coca-Cola no tiene ningún control sobre lo que estudian o dicen cuando se sabe bien que todo patrocinio empresarial tiende a afectar a los resultados de un estudio”.

Y aún mucho más duro fue el editorial del USA Today del pasado 16 de agosto que apareció con el título Coke science isn’t the real thing: Our view (La ciencia de Coca-Cola no es real: nuestro punto de vista) en el que puede leerse: “El gigante de los refrescos donó cerca de millón y medio de dólares para crear una red dirigida por científicos prominentes que están difundiendo la idea de que para mantener un peso adecuado es más conveniente hacer ejercicio que consumir menos calorías. ¿Que no hay evidencias convincentes de la relación azúcar-obesidad? Tienen que estar bromeando. Esa afirmación contradice montones de investigaciones y va en contra de la simple lógica. Habría que correr durante dos horas a un ritmo bastante alto para quemar las calorías de un Big Mac con patatas fritas y una coca-cola clásica pequeña. Y no mucha gente está dispuesta a hacer eso tras cada visita a un McDonalds. Lo que las investigaciones demuestran es que el ejercicio es beneficioso para la salud pero que la clave para perder peso es el control de lo que se come y bebe”. Añadiendo: “No es que las empresas paguen a científicos por falsear sus investigaciones, es que financian el trabajo de quienes realizan investigaciones que llevan a los consumidores a centrar su atención en otros aspectos de la ciencia, en aquellos que no perjudican sus intereses corporativos”.

Tras hacer algunas otras consideraciones sobre la gravedad de la epidemia de obesidad que vive Estados Unidos el editorial mete el dedo en la llaga donde más le duele a las empresas dedicadas a la venta de bebidas azucaradas: la comparación con la industria del tabaco: “La industria de las bebidas no es la primera en utilizar a prominentes científicos para poner en duda las investigaciones que les son inconvenientes aunque Coca-Cola y los científicos del GEBN nieguen que eso es lo que están haciendo. Ninguna industria lo hizo mejor durante más tiempo y con resultado más devastador que la industria del tabaco que se gastó millones de dólares desde la década de los cincuenta para financiar investigaciones que plantearan dudas sobre el vínculo entre fumar y el cáncer de pulmón (…) Los refrescos son mucho menos peligrosos que los cigarrillos pero la web, tweets y vídeos del GEBN proceden directamente del manual de jugadas de las grandes tabaqueras adaptado a la era digital”. Barry M. Popkin, profesor de Nutrición en la Universidad de North Carolina, declararía ante varios medios de comunicación que el apoyo de Coca-Cola a prominentes investigadores de la salud se asemeja efectivamente a la táctica de la industria del tabaco de contratar expertos para convertirlos en “mercaderes de la duda”.

Obviamente todo esto ha hecho que las propias universidades estén ahora en el punto de mira. El senador Richard Blumenthal envió de hecho sendas cartas a los máximos responsables de la Universidad de Colorado, la Universidad de West Virginia y la Universidad de Carolina del Sur instándoles a aclarar la naturaleza de la relación de sus centros con los proyectos financiados por Coca-Cola. “Creo que su universidad –les dice en ellas- debe aclarar si esta investigación ha promovido una agenda predispuesta y parcial en lugar de reflejar la imparcialidad y objetividad que se espera de una institución académica pública. Fueron necesarios años de litigios con las compañías de tabaco para exponer completamente las trágicas consecuencias que para la salud pública tienen las mentiras de las empresas sobre los peligros de los productos que venden. Me preocupa profundamente que las futuras generaciones tengan que revivir esta historia por permitir publicar estudios carentes de integridad científica al estar patrocinados por empresas que solo intentan fraudulentamente minimizar y ocultar los peligros de productos que son consumidos de forma masiva”.

Michael F. Jacobson -presidente del Center for Science in the Public Interest- y Walter Willett -presidente del Departamento de Nutrición de la Harvard T. H. Chan School of Public Health– enviarían por su parte al New York Times una carta firmada por ellos y otros 34 conocidos investigadores de los ámbitos de la salud pública, la medicina y la nutrición en la que se califica la afirmación de Blair de “disparate científico” y la postura del GEBN de “indignante”. Carta que terminaba diciendo: “El informe Dietary Guidelines Advisory Committee de 2015 que marca las recomendaciones dietéticas en Estados Unidos proporciona una contundente evidencia de la relación de causalidad existente entre las bebidas azucaradas y la enfermedad así como de la necesidad de hacer ejercicio. Desafortunadamente Coca-Cola y sus ayudantes académicos no asumen la evidencia bien documentada de que las bebidas azucaradas contribuyen de forma importante a la obesidad, las enfermedades cardiacas y la diabetes”.

Algo, por cierto, que hace dos años denunció en España un equipo de la Universidad de Navarra integrado por los españoles Maira Bes-Rastrollo, Miguel Ruiz-Canela y Miguel A. Martinez-Gonzalez junto con el investigador alemán Matthias B. Schulze –del Instituto Alemán de Nutrición Humana Postdam-Rebruecke– en un trabajo titulado Financial Conflicts of Interest and Reporting Bias Regarding the Association between Sugar-Sweetened Beverages and Weight Gain: A Systematic Review of Systematic Reviews, (Conflictos de intereses financieros y notificación de sesgos referidos a la asociación entre bebidas azucaradas y el aumento de peso: revisión sistemática de las revisiones sistemáticas) que se publicó en diciembre de 2013 en PLOS Medicine. Interesante estudio según el cual cuando no hay conflicto de interés financiero el 83’3% de las conclusiones encuentra relación directa entre el consumo de bebidas azucaradas y la obesidad mientras que en las revisiones con conflicto de intereses eso no parece tan claro. “Las revisiones sistemáticas que presentan conflictos de intereses –se asevera en el trabajo- tienen cinco veces más probabilidades de presentar una conclusión negativa sobre la asociación entre el consumo de bebidas gaseosas azucaradas y la obesidad que aquellas que no presentan conflictos de interés. Nuestros hallazgos sirven para llamar la atención sobre posibles inexactitudes en la evidencia científica de la investigación financiada por la industria alimentaria”.

LA HORA DE LAS EXPLICACIONES

Los artículos en prensa y las reacciones de sus colegas llevarían al doctor Blair a rectificar publicando un comunicado en la web de GEBN: “He pedido que mi video sobre el balance energético sea retirado de la web del GEBN. Lamento que una declaración que hice en él se haya utilizado por algunos para calificar al GEBN de organización que se centra sólo en la actividad física. No es cierto y nunca lo ha sido. La misión del GEBN ha sido desde el principio estudiar la ciencia del equilibrio energético que implica tanto la dieta como la actividad física”. Añadiendo: “Mi postura de no considerar la dieta como principal causa de la obesidad ha hecho un flaco favor a su trabajo. Espero que muchos de ustedes puedan entender que en ocasiones la pasión por un tema te lleva a decir cosas que luego lamentas. Creo que tanto la dieta como la actividad física son importantes para evitar la obesidad y debemos abordar ambos aspectos conjuntamente para ayudar a las personas a alcanzar un peso saludable”.

Coca-Cola también trató de contrarrestar el chaparrón reivindicando una larga historia de apoyo a la investigación científica relacionada con sus bebidas y el balance energético. Y emitió un primer comunicado diciendo: “Colaboramos con algunos de los mejores expertos en el ámbito de la nutrición y la actividad física y para nosotros es importante que los investigadores con los que trabajamos mantengan sus propios puntos de vista y los resultados de sus hallazgos independientemente de los resultados. Somos transparentes y abiertos en cuanto a nuestra financiación”. Y Ed Hays, director técnico de Coca-Cola, publicaba un texto de réplica a lo dicho por el New York Times en el que defendía una dieta sana pero “olvidándose” de mencionar el impacto que tienen las calorías que aporta el azúcar de sus bebidas. “Un reciente artículo del New York Times -escribió- ha creado confusión sobre nuestro apoyo a las organizaciones de investigación sin ánimo de lucro indicando que queremos que la gente piense que sólo es importante el ejercicio y no la dieta pero nada está más lejos de la verdad. Siempre hemos operado bajo el hecho de que una dieta equilibrada sana y un ejercicio regular son ingredientes clave para una vida sana”. Como si ingerir el azúcar de sus bebidas pudiera estar entre los ingredientes de una dieta sana…

La intervención más significativa la protagonizaría en cualquier caso Muhtar Kent, Presidente y Director Ejecutivo de Coca-Cola, quien rápidamente publicó un artículo de opinión en la versión on line de The Wall Street del 19 de agosto comprometiéndose a una política de total transparencia en sus relaciones con la industria. Un artículo titulado Coca-Cola: We’ll do better (Coca-Cola: lo haremos mejor) que comenzaría reconociendo lo evidente: “La forma en que Coca-Cola ha colaborado con la comunidad científica para hacer frente a la epidemia de obesidad global que aqueja a nuestros hijos, nuestras familias y nuestras comunidades no está funcionando (…) Coca-Cola siempre ha creído que una dieta saludable y el ejercicio regular son esenciales para una vida sana. Y como la mayor compañía de bebidas del mundo creemos estar en una posición única para tener un impacto positivo”.

Como se ve, mera propaganda en la que se omite hablar del enorme contenido de azúcar de sus bebidas. En todo caso lo más notable del artículo de Kent son los compromisos públicos que la compañía adquirió y que, como antes hemos explicado, ya ha puesto en marcha. Porque en él se decía lo siguiente: “He dado instrucciones a Sandy Douglas, presidente de Coca-Cola North America, para: 1) Publicar en nuestra web una lista que recoja nuestros esfuerzos para reducir las calorías, las asociaciones sobre salud y bienestar a las que apoyamos y las actividades de investigación que hemos financiado en los últimos cinco años; y la actualizaremos cada seis meses. 2) Contratar a expertos independientes para crear un comité de supervisión que nos asesore sobre nuestras inversiones en investigación académica; y 3) Implicar a expertos de prestigio para que propongan iniciativas de investigación académica en el ámbito de la salud y el bienestar”.

UN CONTEXTO PELIGROSO PARA LA INDUSTRIA

En suma, promesas de cara a la galería ya que para saber lo que realmente le preocupa a Coca-Cola basta leer lo que ella misma dice en el informe anual correspondiente a 2014 que envío a la Comisión de Bolsa y Valores; y es que en él la compañía reconoce los “factores de riesgo” que podrían afectar negativamente a su negocio y el primero en la lista es la “preocupación por la obesidad” de los consumidores que podrían dejar de beber sus refrescos azucarados e incluso llevar a los gobiernos a imponerles nuevos impuestos y regulaciones y emprender acciones que pudieran afectar la rentabilidad.

Preocupación que se explica porque en el último cuarto de siglo la cantidad de bebidas refrescantes azucaradas consumidas por los estadounidenses ha disminuido un 25% pasando desde los 151 litros al año de 1998 a 113 en 2014. Disminuyendo la obesidad en parecida proporción. Pero es no suficiente: según los datos del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta más de la tercera parte de los adultos estadounidenses y el 17% de los niños son hoy obesos.

Se explica pues que cada vez más organizaciones presionen para acabar con las bebidas azucaradas, especialmente las que llevan gas. Michele Simon, abogada y miembro de Eat Drink Politics -grupo especializado en estrategias legales para contrarrestar las tácticas empresariales que provocan problemas de salud, declararía por su parte durante la polémica: “Las ventas de Coca-Cola están cayendo porque hay una gran reacción política y pública contra las bebidas azucaradas y gaseosas y en todas nuestras grandes ciudades se intenta frenar su consumo. Así que intentan desesperadamente detener la hemorragia”. Preocupando especialmente a la industria las iniciativas de gravar con nuevos impuestos a los refrescos y la exigencia de tener que poner en ellos etiquetas de advertencia sobre el peligro que representan para la salud al igual que las cajetillas de tabaco. Y así lo recordaba de hecho el diario neoyorquino en su editorial: “La industria ha utilizado diversas tácticas para difundir su mensaje; como proporcionar oradores para convenciones y cursos de dietistas y nutricionistas, financiando la investigación de científicos con ideas afines y desplegando ejércitos de cabilderos para que disuadan a los responsables de las ciudades y estados y a los miembros del propio Congreso de reprimir el consumo de bebidas azucaradas. En un movimiento particularmente descarado Coca-Cola pagó en febrero a dietistas para que escribieran en sus blogs artículos que sugirieran que una mini-lata de coca-cola sería un buen bocadillo. Cuando una mini-lata de coca-cola -que contiene 7 ½ onzas (222 ml)- tiene 90 calorías y una lata normal de 12 onzas (352 ml) 140 calorías”.

No está de más recordar que cuando el alcalde de Filadelfia trató de imponer un nuevo impuesto a los refrescos azucarados la industria creó de inmediato una fundación que se ocupara de la investigación y el tratamiento de niños con sobrepeso subsidiando para ello con 10 millones de dólares al Hospital de Niños de la ciudad… y el ayuntamiento aparcó la propuesta. El Gobernador del estado de Nueva York David Paterson propuso por su parte en 2010 un impuesto de 1 centavo por onza (29,57 ml) -unos 12 centavos por lata- y las grandes compañías respondieron con una campaña de cabildeo -gestiones legales para ganar voluntades en ámbitos municipales y estatales-, contribuciones políticas y una campaña de publicidad que describía la medida como un impuesto injusto que afectaba a los presupuestos de la familia en la alimentación. Y el legislativo del estado rechazó la medida.

El ayuntamiento de Nueva York intentaría por su parte cuatro años después -en 2014- limitar el tamaño de las bebidas azucaradas y el Centro para la Libertad del Consumidor (CCF) -un grupo pantalla dirigido por una firma de relaciones públicas que trabaja para la industria según explicó Michele Simon en su trabajo Las mejores relaciones públicas que el dinero puede comprar. Guía para conocer los grupos pantalla de la industria alimentaria- publicó anuncios a toda página en los principales periódicos que mostraban al alcalde Michael Bloomberg vestido como una mujer con el lema Los neoyorquinos necesitan un alcalde, no una niñera acompañado del siguiente texto: “Bloomberg, la niñera, ha llevado su extraña obsesión con lo que usted come un paso más allá. Ahora quiere que sea ilegal servir ‘bebidas azucaradas’ más grandes de 16 oz. ¿Qué sigue? ¿Límites en la anchura de una rebanada de pizza, el tamaño de una hamburguesa o la cantidad de crema de queso en su rosquilla?”.

Y con la misma intención la American Beverage Association -el brazo de cabildeo de la industria de refrescos con sede en Washington- financió a un grupo pantalla nuevo llamado New Yorkers for Beverage Choices (Neoyorquinos por la libre elección de bebidas).

Pero la batalla está en pleno apogeo y en noviembre de ese mismo año -2014- se aprobó en la ciudad californiana de Berkeley un impuesto de un centavo por onza a todos los refrescos azucarados merced a un referéndum que contó con el respaldo de las tres cuartas partes de los votantes. No pudo ser así sin embargo en San Francisco pues aunque también hubo un referéndum para aprobar un impuesto de 2 centavos por onza y el 56% votó a favor de ello la medida no salió adelante porque se necesitaban dos tercios de los votos; eso sí, la industria tuvo que gastarse diez millones de dólares para luchar contra la propuesta. Además sus ciudadanos no se rindieron y el pasado mes de junio la Junta de Supervisores -órgano legislativo de la ciudad y el condado- aprobó por unanimidad una norma que obliga a las bebidas endulzadas con azúcar a llevar una etiqueta que diga: “Advertencia: el consumo de bebidas con azúcar (s) añadido contribuye a la obesidad, la diabetes y la caries. Es un mensaje de la ciudad y del condado de San Francisco”. Y además se prohíben los anuncios de bebidas endulzadas con azúcar en edificios e instalaciones públicas. Scott Wiener, uno de los autores del proyecto de ley, recordaría que una lata de 12 onzas (352 ml) de refresco contiene de promedio 10 cucharaditas de azúcar y, por tanto, “no se trata de productos inofensivos que saben bien sino de productos que hacen enfermar a las personas”.

CLAROS PERJUICIOS DE LOS REFRESCOS AZUCARADOS

Y el círculo sobre las bebidas azucaradas se sigue apretando con la aparición de nuevos estudios; uno de ellos Consumption of sugar sweetened beverages, artificially sweetened beverages, and fruit juice and incidence of type 2 diabetes: systematic review, meta-analysis, and estimation of population attributable fraction (El consumo de bebidas azucaradas, bebidas endulzadas artificialmente y zumos de fruta y su incidencia en la diabetes tipo 2: revisión sistemática, meta-análisis y fracción atribuible de población) publicado este mismo año en el British Medical Journal. Se trata de una investigación efectuada por un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cambridge (Gran Bretaña) dirigida por Fumiaki Imamura según la cual el consumo habitual de bebidas azucaradas se asocia a la diabetes tipo 2, exista o no obesidad.

En suma, las bebidas azucaradas no son aconsejables y así se advierte ya en el informe Dietary Guidelines Advisory Committee de 2015 que marca las directrices nutricionales en Estados Unidos. Y es que ya no pueden ocultarse los estragos que causan. Según un trabajo presentado en 2013 durante las Sesiones científicas sobre prevención, nutrición, actividad física y metabolismo de la Asociación Americana del Corazón las bebidas refrescantes gaseosas, las llamadas bebidas energéticas y los zumos de fruta industriales causan unas 183.000 muertes al año en el mundo; 133.000 por diabetes, 44.000 por enfermedades cardiovasculares y 6.000 por cáncer.

Y lo antedicho no es más que una pequeña parte del problema porque ya explicamos detalladamente en el reportaje que con el título El peligro de las bebidas industriales publicamos en el nº 160 que en realidad el consumo abusivo de bebidas “refrescantes” con gas -a menudo azucaradas y con cafeína- es ya causa de sobrepeso, obesidad, diabetes, inquietud, ansiedad, insomnio, problemas de memoria, trastornos musculares, descalcificación ósea y problemas cardiovasculares además de provocar la acidificación del organismo lo que puede llevar a sufrir numerosas patologías más. A fin de cuentas los “refrescos”, “sodas” o “colas” llevan azúcares o edulcorantes artificiales -como el peligroso aspartamo- pero también gas (anhídrido carbónico), agentes “aromáticos” y otros aditivos como la cafeína, el ácido fosfórico y, en algunos casos, glutamato monosódico (peligroso “potenciador del sabor” del que asimismo hablamos extensamente en el nº 89 en el artículo titulado Los peligros del potenciador de sabor más usado: el glutamato monosódico (E-621). Es más, este tipo de bebidas no hidratan sino que deshidratan (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título El abuso de bebidas con gas –sobre todo de colas- perjudica seriamente la salud publicamos en el nº 91).

Terminamos este texto recordando los problemas que causan algunas de las sustancias antes citadas

-Anhídrido carbónico. Cuando el gas que da lugar a las burbujas se ingiere frío la temperatura interior del cuerpo sube al menos 15 grados y entonces el anhídrido carbónico se libera produciendo un aumento de la presión en el estómago y los intestinos; es más, se infla el abdomen.

Acidifica el organismo. El pH de algunas de estas bebidas de ¡3,4!, un nivel tan ácido que puede afectar no sólo al esmalte dental si la bebida permanece en la boca demasiado tiempo sino a todo el organismo. Y recordemos que la acidificación extracelular se relaciona con numerosas patologías; las células cancerosas, por ejemplo, sólo se desarrollan en medios ácidos y anaeróbicos.

-El azúcar refinado. Es un hecho probado que el exceso de azúcar -ladrón de vitaminas A, C y B (especialmente agota las B1, B2 y B3)- aumenta la acidificación del organismo y los niveles de insulina y ello puede conducir al sobrepeso y la obesidad -especialmente en niños-, la diabetes, la hipertensión, los problemas articulares, óseos y cardiovasculares, el envejecimiento prematuro, el cáncer y otras muchas patologías. Y la mayoría de esas bebidas llevan más azúcar de la dosis diaria recomendada en una sola lata o botella.

-Edulcorantes. Sabedoras del peligro que comporta el exceso de azúcar muchas empresas optaron hace años por sustituirla por edulcorantes artificiales solo que muchos de éstos están también sujetos a controversia científica. En la actualidad la FDA tiene aprobados cinco edulcorantes artifíciales para su uso en las bebidas refrescantes: la sacarina, la sucralosa, el acesulfamo potásico, el neotamo y el aspartamo; siendo éste último el más discutible porque muchas investigaciones lo han asociado con la aparición de diabetes, trastornos emocionales, epilepsia, convulsiones, tumores cerebrales y malformaciones congénitas. Piénsese además que cuando el aspartamo se almacena durante largos períodos de tiempo o se mantiene en zonas cálidas cambia a metanol, alcohol que a su vez se convierte en formaldehido y ácido fórmico, dos conocidos carcinógenos. Agregaremos que en Europa hay permitido otro polémico edulcorante, el ciclamato –técnicamente ciclohexilsulfamato- (E-952), considerado “posiblemente cancerígeno”. Aunque tarde algunas empresas conscientes de la falta de acogida entre los consumidores de estos edulcorantes han decidido crear nuevos productos elaborados con el edulcorante natural stevia.

Ácido fosfórico. De entre los acidulantes añadidos a este tipo de bebidas –como el ácido cítrico, el ácido málico o el ácido fumárico- el ácido ortofosfórico o fosfórico es el más controvertido porque se sabe que interfiere en la asimilación del calcio por el organismo lo que puede llevar al ablandamiento de dientes y huesos e, incluso, a la osteoporosis. Además neutraliza el ácido clorhídrico en el estómago lo que puede interferir con la digestión y, por tanto, con la adecuada obtención de nutrientes.

-Cafeína. Se trata de una de las sustancias psicoestimulantes más poderosas y adictivas; de hecho se encuentra dentro del grupo de los alcaloides xánticos junto con la nicotina, la teína y la cocaína, entre otras. Pues bien, la mayoría de los refrescos de cola la contienen en cantidad considerable. Y eso que las bebidas con cafeína pueden causar -entre otros muchos efectos- nerviosismo, insomnio, hipertensión, latido irregular del corazón, exceso de colesterol en sangre y hasta cáncer. Además inhibe la absorción de algunos minerales y los receptores de vitamina D, puede reducir la concentración de la vitamina C y las del grupo B y actúa como supresor del apetito lo que puede impedir la adecuada alimentación de los niños y, por tanto, producir retrasos en su desarrollo. Siendo las mal llamadas bebidas energéticas -como Red Bull y muchas otras- las que más cafeína llevan (más de 80 miligramos por lata).

En suma, haga el lector lo que le plazca pero los refrescos, colas, gaseosas, bebidas energéticas y zumos de fruta industriales azucarados son muy dañinos para la salud, especialmente en el caso de los niños. Está científicamente constatado.

Francisco Sanmartín

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Noviembre 2015
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