Cómo prevenir y tratar las caries dentales de forma natural

Los odontólogos convencionales se limitan hoy a afrontar las caries mediante procedimientos mecánicos a fin de tratar las piezas dentales afectadas intentando postergar su inexorable destino final: la extracción. Y para prevenirlas se limitan desde hace décadas a aconsejar que nos cepillemos bien los dientes y algunos a que usemos colutorios antisépticos a pesar de que ambas medidas son ineficaces para eso. Lo que obviamente no implica que cepillarse los dientes no sea conveniente ya que los restos de comida deben eliminarse; no porque provoquen caries sino porque pueden pudrirse dando lugar a mal olor y dañar las encías. Los expertos en medicina natural, por el contrario, entienden que los dientes son órganos vivos suficientemente capacitados por la naturaleza para defenderse por sí mismos de cualquier ataque bacteriano. En suma, como ocurre con la mayoría de las “enfermedades” la clave está en una nutrición sana y completa que garantice la acción reparadora y remineralizante del fluido dentinal.

La teoría de que los dientes se descalcifican como consecuencia de la acidez que genera la fermentación de las bacterias bucales anaeróbicas es muy antigua pues fue postulada por el Dr. W. D. Miller en 1890 pero lo cierto es que se basó -lo mismo que otros investigadores luego- en ensayos in vitro usando bacterias que disolvió en un medio “tipo saliva” ¡pero no en saliva real! Trabajos recientes sí han logrado en cambio comprobar que las bacterias disminuyen en la placa dental el pH pero no explican por qué la saliva -una de cuyas funciones es mantener el pH de la cavidad bucal en 7,0 y defenderla de posibles infecciones bacterianas gracias a sus enzimas (especialmente la lizosima), inmunoglobulinas y proteínas (como la muramidasa y la lactoferrina)- no logra neutralizar por completo la acidez a pesar de ser ligeramente alcalina y eliminar las bacterias patógenas.

Dicho esto añadiremos que a los odontólogos no se les explica en las facultades -ni a los médicos- la relación existente entre los dientes y el resto del organismo. Por eso cuando vamos al dentista éste no nos pregunta generalmente nada sobre nuestros hábitos alimenticios ni nos da ninguna recomendación dietética; como mucho sugiere que nos cepillemos bien los dientes tras comer -especialmente si se trata de alimentos ricos en azúcares- y algunos que usemos de forma habitual colutorios bactericidas. En suma, los modernos profesionales de la Odontología actúan hoy casi siempre como meros cirujanos que se limitan a taladrar con el torno la zona careada y sellar luego el agujero abierto con un material inerte que proteja la pieza dental.

El libro Cure la caries dental de Ramiel Nagal aparecido en 2010 explica muy bien la situación actual: después de más de medio siglo enseñando y promoviendo la higiene dental, de los consejos que los profesionales dan cada vez que acudimos a ellos, de la parafernalia técnica de presunta eficacia con que cuentan en sus clínicas -incluyendo el abusivo uso de rayos X para detectar de forma precoz las caries-, del infinito número de pastas dentífricas que prometen dientes más limpios, sanos y blancos con agresivas campañas publicitarias, de los “dentibuses” informativos y de los centenares de horas dedicadas a enseñar “higiene dental” a los niños en las escuelas ¡en los países industrializados el número de caries y enfermedades periodontales aumenta inexorablemente año tras año! Un ejemplo: el porcentaje de niños británicos de 2 a 5 años con caries pasó del 24% en 1994 al 28% en 2004. La propia Organización Mundial de la Salud estima que en el mundo el 75% de los niños en edad escolar tiene ya caries… y prácticamente la totalidad de los adultos. Si a esto le agregamos que según los datos de la Organización Colegial de Dentistas de España el número de profesionales en nuestro país ha pasado de unos 20.000 en 2004 a casi 30.000 en 2012 y que las universidades españolas lanzan a la calle unos 1.500 profesionales al año es probable que el número actual de dentistas se duplique antes de alcanzar el año 2020. Y eso significa que la actual proporción de 0,58 dentistas por cada 1.000 españoles pasará a 1 por cada 1.000 (y ello teniendo en cuenta el estancamiento actual del crecimiento poblacional en España). Claro que si consideramos el total de altas en la Seguridad Social de las personas dedicadas a “actividades odontológicas” -que incluye a dentistas, higienistas, protésicos y auxiliares- la proporción en 2012 era ya de 1,5 sanitarios odontológicos por cada 1.000 habitantes. Ante lo que uno se pregunta: ¿cómo es posible que con tantos profesionales a nuestra disposición y tanta educación en higiene dental las caries y las enfermedades periodontales sigan afectando al 95% de la población adulta española? (dato que ofrece el estudio prospectivo presentado en 2012 por el Consejo General de Dentistas de España). Y la respuesta es la misma que ya hemos dado en otras áreas de la medicina convencional: no se está curando a nadie, solo se dan paliativos; no se está yendo a la raíz del problema sino solo a mejorar y maquillar los síntomas.

LA SOLUCIÓN PLANTEADA POR LA ODONTOLOGÍA HOLÍSTICA O NATURAL

El dentista holístico, en cambio, plantea un abordaje radicalmente distinto al de la Odontología oficial con los objetivos de…

…detener el desarrollo de las caries.

…regenerar la capa de dentina.

…regenerar el esmalte; y

…detener la progresiva destrucción del tejido de las encías.

Un planteamiento de base claramente distinto porque mientras los dentistas convencionales se limitan a culpar de las caries a las bacterias que forman la placa dental y frente a la cual nada puede hacerse en realidad -lo demuestran las estadísticas- con tanto cepillado, tanto hilo dental y tantos colutorios los partidarios de la Odontología Holística afirman que la dentadura no es sino otro órgano más del cuerpo y por tanto capaz de defenderse por sí misma de la agresión bacteriana e, incluso, ¡de regenerarse! (al igual que un hueso roto). Solo que para ello es fundamental que el organismo reciba los nutrientes necesarios y se excluyan de la dieta los alimentos más perjudiciales (vea en el recuadro adjunto las diferencias fundamentales entre ambos tipos de paradigmas odontológicos).

En suma, las caries no se producen -como afirman erróneamente los odontólogos- por la acción de bacterias patógenas; éstas se limitan a colonizar un tejido ya muerto como resultado de la desmineralización del esmalte y la dentina. Ante lo que una vez más conviene recordar la polémica entre Béchamp y Pasteur para afirmar que en este caso tampoco son las bacterias las culpables de las caries sino el debilitamiento del terreno. En suma, la medicina oficial ignora también con la dentadura la raíz del problema y propone solo corregir el daño causado en lugar de prevenirlo. Es como si tuviéramos goteras en casa y cada vez que llueve colocásemos calderos para recoger el agua diciendo que las goteras son el resultado de la lluvia; cuando si reparamos el tejado no habrá goteras por mucho que llueva.

Una de las mayores objeciones que pueden hacerse a la teoría de la formación de la placa dental y de la corrosión del esmalte por efecto de los ácidos bacterianos es que las bacterias que supuestamente la habitan y construyen necesitan crear un ambiente totalmente anaeróbico para poder generar ácido láctico a partir de los carbohidratos que “quedan” en la boca. ¿Y cómo es posible que la naturaleza permita la formación de alcohol, ácido láctico y anhídrido carbónico por la “fermentación” de carbohidratos en una boca llena de saliva con poderosas enzimas y en un ambiente fuertemente oxidante? Es decir, para la Odontología convencional la naturaleza es estúpida ya que nos ha dotado de unos dientes que en pocos años no solo se vuelven inútiles para la masticación sino que además son un peligroso foco de infecciones que pueden afectar a otros tejidos del organismo. Es decir, asumen absurdamente que millones de años de evolución han dado como resultado en los humanos unos dientes tan débiles que son incapaces de hacer frente al ataque de las pocas bacterias que colonizan las bocas y cuyo objetivo sería solo el de destruir nuestras dentaduras en una acción sin sentido ya que si así fuera se terminarán quedando a la larga sin su fuente de nutrientes. ¿A alguien le parece que esto tenga sentido? Pues es fácil demostrar que no.

WESTON A. PRICE, DENTISTA

El Dr. Weston A. Price, dentista norteamericano, se cansó un día de taladrar miles de caries y rellenarlas con amalgamas de mercurio para volver a repetir la operación con el mismo paciente a los pocos años en una nueva pieza. Así que decidió recorrer el mundo y ver que ocurría en aquellas culturas que tenían un modo de vida distinto a la de los países más industrializados. ¿El resultado? Un sorprendente y revelador trabajo de investigación que le llevó varios años y resumió en 1939 en un libro titulado Nutrition and Physical Degeneration (Nutrición y Degeneración Física) que nunca se tradujo -que sepamos- al español. Pues bien, en esa magna obra -profusamente ilustrada por cierto- se expone la perfecta estructura dental y ausencia de caries de las que gozan los distintos pueblos del mundo rural que conservan su ancestral dieta primitiva. Con numerosos ejemplos, desde los pastores del valle de Lötschental en Suiza hasta los polinesios. En total casi un centenar de culturas: esquimales, tribus indias americanas, aborígenes australianos, indios del Amazonas, tribus tradicionales del África, maoríes de Nueva Zelanda… Y ninguno de los habitantes de esos pueblos se cepillaba los dientes -aunque algunos utilizaban raíces o ramas de determinadas plantas para frotárselos tras las comidas- ni cuidaban su placa dental; y, por supuesto, no acudían al dentista. Es más, en el trabajo se dan decenas de ejemplos concretos claramente ilustrados mediante fotografías y textos de fácil comprensión sobre la aparición de todo tipo de problemas dentales y patologías degenerativas en cuanto los individuos de esas culturas adoptaban la dieta moderna basada en alimentos procesados e industriales con predominio de carbohidratos desnaturalizados. Afortunadamente el Dr. Price no se limitó a observar, medir y fotografiar los arcos dentales pues analizó además los contenidos en nutrientes de las dietas habituales de esos pueblos descubriendo así que cuanto más ricas eran en calcio, fósforo y vitaminas liposolubles -A, D y K- más perfecta y resistente era la dentadura de sus miembros a pesar del paso de los años.

En 1936 el Dr. Price estudiaría a un grupo concreto de aborígenes australianos que gozaban de una dentadura perfecta -sin ninguna caries- constatando que los que habían cambiado su dieta ancestral por una occidental de alimentos refinados y desvitaminizados rica en carbohidratos, azúcares y grasas vegetales llegaban a tener en pocos años hasta un 71% de caries.

Concluyendo tras sus investigaciones -luego corroboradas por las de otros médicos y dentistas de la época que prosiguieron sus trabajos- que la clave de una buena salud buco-dental es una dieta de alimentos naturales rica en vitaminas liposolubles -en especial la A, la D y la K-, calcio y fosforo. Advirtiendo lo importante que es limitar la ingesta de granos integrales ya que contienen abundantes fitatos que al ser ingeridos bloquean la absorción intestinal de los nutrientes (fitatos que por cierto son parcialmente destruidos por la cocción, la fermentación y el germinado). Ahora bien, en lo que todos los investigadores coinciden es en que el producto más pernicioso es el azúcar. Y no crea el lector que esto da la razón a los dentistas porque los efectos cariogénicos del azúcar ¡no tienen nada que ver con las bacterias! como vamos a explicar más adelante.

¿Y qué propone entonces el Dr. Price para prevenir las caries? Pues aumentar la ingesta de los nutrientes mencionados para lo cual aconseja incluir en la dieta huevos de aves (ricos en calcio y fósforo), huevas de pescados y mariscos, hígados animales -contienen cantidades extraordinarias de vitamina A- y tuétano (médula ósea) de distintos animales así como sopas ricas en cartílagos animales; obviamente siempre que se trata de animales criados en su ambiente natural -al aire libre y con insolación normal- y alimentados de acuerdo a sus propios hábitos. Lo que implica que deben excluirse los animales alimentados con granos de cereales o soja y los engordados usando hormonas y/o antibióticos. Y hagamos aquí un inciso para recordar que para obtener vitamina D mediante la exposición a la luz solar es necesario que la sangre contenga cantidades normales de colesterol así que no estaría de más que alguien estudiara los potenciales efectos negativos de las estatinas -sustancias químicas que inhiben la síntesis de colesterol natural en el hígado- sobre la salud bucal de los millones de personas con hiperlipidemia o en riesgo de algún accidente cardiovascular que consumen esos fármacos.

Debemos agregar que en 1925 los doctores P. R. Howe y S. B. Wolbach empezaron a publicar trabajos experimentales con ratones y cobayas -las cobayas, al igual que los humanos, no sintetizan vitamina C- demostrando la importancia de las vitaminas -en especial de la A- en el desarrollo y mantenimiento de dientes y encías. Y es que la inoculación de bacterias solo afectaba la dentadura de los ratones ¡cuando su dieta carecía de vitaminas!

Entre 1920 y 1940 la Dra. May (Tweedy) Mellanby -esposa del Dr. Edward Mellanby, descubridor de la vitamina D- efectuó por su parte varios ensayos clínicos que constatarían la importancia de la alimentación en la salud dental reclutando niños de distintas instituciones o asilos en los que estaban sometidos a una dieta controlada, monótona, constante y uniforme. Lo que hacía era anotar el número, textura y magnitud de las caries de las dentaduras de cada uno de ellos haciendo luego que durante seis meses una parte siguiera con su dieta habitual -pobre en calcio y vitamina D- y la otra una “dieta remineralizante” con mayor cantidad de calcio y hasta 2.000 UI de vitamina D diaria. Sin diferencia alguna entre el consumo de azúcar y la higiene dental. Transcurrido medio año comprobaría que los niños que siguieron la “dieta remineralizante” tenían un 93% menos de caries. Y más sorprendente aún: las caries preexistentes de los niños que siguieron la “dieta remineralizante” ¡se cerraron parcialmente!

En ensayos complementarios la Dra. Mellanby lograría mejorar aún más los resultados limitando la ingesta de cereales integrales para disminuir los fitatos, antinutrientes que bloquean la absorción intestinal de minerales vitales como el calcio, el hierro, el magnesio, el manganeso y el zinc. Lo llamativo es que estos resultados fueron posteriormente confirmados y mejorados por el Dr. W. Price al incluir en la “dieta remineralizante” vitamina K.

LA INVESTIGACIÓN MODERNA

A partir de 1950 los doctores A. Schatz -microbiólogo descubridor de la estreptomicina y destacado opositor a la fluoración del agua-, R. R. Steinman -profesor de Medicina Oral en la californiana Universidad de Loma Linda (EEUU)- y J. Leonora -experto endocrinólogo de la misma universidad- dieron a conocer numerosos experimentos que tiraron por tierra la teoría -aún hoy vigente- de que las caries son resultado de la acción de los ácidos sobre el esmalte. Según esta errónea teoría -a la que se aferran como lapas los dentistas y toda la industria farmacéutica y cosmética porque les permite mantener sus pingües negocios- la fermentación bacteriana de los restos de los carbohidratos que quedan en la boca después de las comidas genera un ambiente ácido alrededor de los dientes siendo eso lo que provoca su desmineralización. Sin embargo los investigadores antes mencionados demostraron a lo largo de casi medio siglo de irrefutables trabajos, ensayos y experimentos -tanto murinos como clínicos- publicados en decenas de artículos científicos que los dientes cuentan con eficaces mecanismos de defensa contra las agresiones externas. Defensa que se concreta a través de la circulación del fluido dentinal tubular -plasma que fluye desde la pulpa dental utilizando los conductos que le facilitan los túbulos de la dentina- hasta el esmalte y la cavidad bucal. Para hacernos una idea de la importancia de este tejido tubular baste recordar que si sumamos la longitud de cada uno de los túbulos que se encuentran en la dentina de un solo diente se alcanzarían los ¡cinco kilómetros! Cifra que da una idea de la finísima malla de túbulos que conforman la dentina y la importancia de su funcionamiento óptimo. De hecho es cuando ese fluido tubular deja de circular por los túbulos de la dentina cuando el diente comienza a desmineralizarse y se desvitaliza llevando ello a su colonización por bacterias.

Así lo demostraría el ya citado Dr. Steinman inyectando en las venas de ratones una solución fluorescente y comprobar que en apenas seis minutos alcanzaba los túbulos de la dentina y poco después el esmalte. Evidencia clara e irrefutable de que los dientes son estructuras vivas y activas interconectadas con el resto del organismo y de que a través de ellos fluye un líquido que transporta sustancias y nutrientes hasta la boca permitiendo que en la superficie del esmalte se mantenga un medio suficientemente alcalino para contrarrestar cualquier ácido de origen bacteriano.

Posteriormente unos trabajos de investigación dirigidos por el Dr. J. Leonora aportarían un nuevo y revolucionario dato, el de que tanto el flujo de líquido dentinal como la función mineralizante de los osteoblastos está controlada por un mecanismo hormonal endocrino: el eje hipotálamo-parótidas. Según descubriría es la hormona estimulante de la glándula parótida la que se encarga de controlar el fluido dentinal y de activar los odontoblastos mineralizadores. Luego esa glándula, al igual que el páncreas, tiene una doble función secretora: una exógena -el flujo salivar- y otra endógena: la hormona parotídea.

Ya en 2002 los doctores J. Leonora y J. M. Tieche -de la Universidad de Loma Linda (California, EEUU)- publicaron junto al Dr. L. Tjäderhane -de la Universidad de Oulu (Finlandia)- en Journal of Dental Research un trabajo clave dando a conocer los resultados de varios años de experimentos con ratones sometidos a distintos tipos de dietas según los cuales es obvio que una dieta rica en azúcares afecta la función dentinogénica al bloquear las funciones de la glándula parótida. Tanto si se ingieren ¡como si se inyecta glucosa por vía sanguínea! Luego no es el azúcar en la boca lo que altera la función remineralizadora sino ¡el exceso de glucosa en sangre! Constatando asimismo que la generación y renovación de la dentina se ve seriamente afectada si se extirpa esa glándula; en cambio no observaron variación alguna si se conservan las parótidas pero se extirpan las glándulas submandibulares o sublinguales ya que éstas no segregan la hormona parotídea. Asimismo observaron que si se administra a los ratones fosfato de carbamida -metabolito intermedio en el ciclo celular de la ATP- sus glándulas parótidas continúan segregando hormonas aunque la dieta sea rica en azúcar.

En pocas palabras: los ratones a los que se extirpa la glándula carótida desarrollan caries mientras los sometidos a una dieta cariogénica rica en azúcares pero suplementada con fosfato de carbamida las desarrollan igualmente pero de forma mucho más reducida.

Posteriores investigaciones del equipo del Dr. J. Leonora revelarían que además del exceso de glucosa en sangre la función hormonal de las glándulas parótidas puede inhibirse ante un fuerte estrés; probablemente como resultado de la acción del sistema simpático sobre el hipotálamo. De hecho la administración de bradiquinina (sustancia parasimpática) a los ratones estresados renueva el flujo dentinal interrumpido. Y también se observó que los ratones con una dieta alta en azúcar recuperaban el flujo dentinal si eran sometidos a esfuerzo físico lo que parece indicar que el ejercicio intenso quema el exceso de glucosa bajando su nivel en sangre.

Lo singular es que el fosfato de carbamida no es la única sustancia que actúa sobre el flujo dentinal remineralizante. En un artículo publicado en 1975 en Journal of Dental Research Steinman y Leonora demostraron mediante ensayos murinos que la cáscara de huevo molida -con su membrana interna- y el zinc estimulan igualmente el movimiento del fluido dentinal.

En suma, todo indica que el bloqueo de la función hormonal de las parótidas ante el exceso de glucosa en sangre es la verdadera razón de porqué el azúcar resulta cariogénico. No porque promueva la formación de ácido como resultado de la fermentación bacteriana sino porque inhibe la segregación de la hormona que estimula la circulación del fluido dentinal remineralizante por los túbulos de la dentina. Y no podía ser de otra manera ya que el azúcar se disuelve rápidamente en la saliva donde merced a la enzima amilasa es transformada en glucosa que deja enseguida la cavidad bucal para dirigirse al esófago sin tiempo para que las bacterias puedan metabolizarla y formar la famosa “placa dental”.

Lo que por cierto explica la paradoja de que casi todos los habitantes de las sociedades agrícolas anteriores al siglo XII padecieran caries cuando hasta entonces ni se conocía y cultivaba la caña de azúcar ni se habían puesto en marcha los primeros sistemas de obtención de azúcar cristalizada. Es más, el azúcar no fue una sustancia barata y de uso universal hasta principios del siglo XX; hasta ese momento era un producto relativamente caro y consumido solo en las grandes ocasiones por las clases más pudientes. Y en tal caso, ¿cómo explicar que tanta gente tuviera caries? La respuesta está en los estudios del Dr. Price para quien las caries y las enfermedades periodontales de los pueblos que no consumían azúcar se debía a problemas de desnutrición; especialmente a carencias de calcio, fósforo y, sobre todo, vitaminas A y D. Y de hecho parece lógico que el beri-beri -patología que caracterizaba las sociedades de Extremo Oriente a principios del siglo XX y que hoy sabemos causa el déficit de vitamina B3– debía tener su patología análoga en la falta de vitamina A (no tanto de la D dado que son países de alta insolación).

En suma, hay notables paralelismos -pendientes de ser estudiados en profundidad- entre la función secretora de las glándulas parótidas y el páncreas. Porque éste responde al exceso de azúcar en sangre segregando insulina y el hipotálamo dejando de segregar la hormona estimulante de la hormona parotídea. ¿Y por qué se produce esto último? El odontólogo canadiense K. Southward postularía al respecto una interesante teoría que publicaría en 2011 en General Dentistry según la cual el exceso de glucosa oxida las mitocondrias de las células hipotalámicas siendo eso lo que bloquea la segregación de la hormona por lo que propuso para evitarlo el uso de antioxidantes. Tesis que apoyó en el hecho de que tanto el fosfato de carbamida como el zinc y la cáscara de huevo -insistimos, con su membrana interna- que estimulan la segregación de la hormona parótida -incluso habiendo en sangre exceso de glucosa- son antioxidantes. Luego los antioxidantes deberían poder neutralizar el efecto oxidativo de la glucosa y desbloquear la segregación de la hormona. Lo que apoya recordando que también el tabaco y la metanfetamina son sustancias muy cariogénicas y ambas son productoras de radicales libres tanto a nivel celular como mitocondrial. Respecto a la cáscara de huevo hay que señalar que el Dr. Yaning Shi y sus colaboradores de la Universidad de Jiangnan (China) publicaron en 2014 en Journal of Functional Food un artículo que demuestra las propiedades antioxidantes y antiinflamatorias de su membrana interna.

LO QUE NOS REVELA EL ESTUDIO DEL MICROBIOMA

Por lo que al microbioma se refiere hay varios trabajos reveladores; como el del grupo de la Universidad de California dirigido por el Dr. M. Avila publicado en 2009 en DNA Cell Biology o los más recientes del Dr. B. P. Krom y sus colegas de la Universidad de Amsterdam (Holanda) publicado en 2014 en Journal of Dental Research y del Dr. C. J. Wright y colaboradores de la Universidad de Louisville (Kentucky, EEUU) publicado en 2013 en Molecular Oral Microbiology. Todos ellos revelan que las comunidades microbianas de la cavidad bucal son extremadamente complejas ya que hay ¡más de 1.200 especies distintas! No solo de bacterias pues también hay arqueobacterias, hongos y otros microorganismos la mayoría de los cuales viven “sueltos” flotando en la saliva mientras solo unas 200 especies forman finas placas que se adhieren a los distintos órganos bucales desarrollando en ellos actividades simbióticas; incluso con nuestras propias células. La famosa “placa dental” no es de hecho sino una más de las que forman esos millones de microorganismos. Y todos segregan sustancias adherentes para resistir la acción erosiva del flujo salivar. Es pues absurdo culpabilizar de las caries a las bacterias ya que éstas forman placas dentales tanto en las personas con dientes careados como en quienes tienen una dentadura perfecta. Luego la formación de la llamada “placa dental” es un proceso normal y natural que nada tiene que ver con la formación de las caries.

El Dr. W. G. Wade -del King’s College London Dental Institute- publicó en 2013 en Pharmacological Research un artículo según el cual la boca alberga de hecho uno de los más diversificados microbiomas del organismo que incluye bacterias, arqueobacterias, hongos, protozoarios y virus. Y lo singular es que ese complejo conjunto de microorganismos es bastante homogéneo y similar entre los seres humanos de todas las regiones y culturas del planeta.

En suma, puede afirmarse que las caries y las enfermedades periodontales no son enfermedades infecciosas –en el sentido clásico- sino que aparecen como resultado de la interacción entre la microbiota, las susceptibilidades genéticas y los factores ambientales; entre ellos la dieta y los hábitos culturales. La causa de las caries no está pues en las bacterias sino en su interacción con nuestra propia fisiología.

No olvidemos, a fin de cuentas, que el concepto de los microbios como agentes patógenos es propio de la Medicina del siglo XIX y si bien hay que reconocer que algunas bacterias o virus parecen ser peligrosos está por establecer si su poder patogénico se debe a su simple presencia o bien los efectos negativos que producen dependen del estado fisiológico de cada persona concreta. El progreso constante en el conocimiento de la variedad y abundancia de la microbiota que habita el ser humano hace cada día más evidente que “no estamos solos” ya que junto a nuestras células conviven en simbiosis colaborativa billones de microorganismos. No siendo la boca una excepción ya que por ella introducimos varias veces al día todo tipo de alimentos y líquidos portadores de su propia carga microbiológica, además de inhalar a través de ella aire cargado de bacterias y mohos al respirar oralmente. Es más, no cabe descartar que la “placa dental” pudiera tener en realidad funciones protectoras.

CONCLUSIONES

En definitiva, la Odontología convencional basa hoy toda su estrategia terapéutica en una teoría errónea: que son las bacterias del medio ácido bucal las que atacan el esmalte y la dentina de los dientes. Algo que no se sostiene por todo lo ya dicho y porque…

…los antibióticos no impiden la formación de caries.

… las bacterias supuestamente cariogénicas no producen anticuerpos y eso significa que el sistema inmune no las considera patógenas.

…los lavados y cepillados con dentífricos o colutorios bactericidas ni previenen ni disminuyen la incidencia de las caries.

…no tiene sentido culpar a la bacteria Saccaromices mutans de fabricar la placa dental y ésta las caries porque hoy sabemos que en nuestra boca hay en realidad ¡más de 1.200 especies distintas de microorganismos! muchos de los cuales forman asimismo placas; es más, es absurdo aceptar que la placa dental que forma esa bacteria concreta sea tan potente que se adhiere al esmalte con una firmeza tan inusitada que resiste intensos cepillados diarios y hasta el uso de colutorios. Hasta se dice que impide la entrada de las inmunoglobulinas de la saliva y la llegada de oxígeno para poder transformar los azúcares en ácido láctico de forma anaeróbica. Sencillamente, no es creíble.

Y ello sin olvidar lo expuesto en este artículo que podríamos resumir en los siguientes puntos:

1) Los dientes son un tejido celular vivo y funcional resultado de la adaptación del ser humano a millones de años de evolución por lo que es absurdo hacernos creer que pueden ser víctimas indefensas de los trillones de bacterias que habitan nuestro organismo.

2) Como tejido funcional vivo los dientes necesitan el aporte constante de nutrientes para mantenerse sanos; luego si con la alimentación no obtenemos las vitaminas y minerales necesarios tanto el esmalte como la dentina y el complejo periodontal se debilitarán y dañarán con el tiempo.

3) Por los túbulos de la dentina circula un líquido -desde la pulpa hasta la boca pasando por la capa de esmalte- cuya principal función es activar los osteoblastos y así mantener los dientes mineralizados. Y es cuando el flujo centrífugo de ese líquido se detiene o invierte -yendo de la boca hacia la pulpa dental- cuando el diente se desmineraliza, se debilita y si tal situación indeseable se mantiene más tiempo del debido se forman las caries.

4) El flujo dentinal lo controla la glándula parótida que además de producir saliva segrega la hormona parótida que, a su vez, recibe una señal u hormona liberadora secretada por el hipotálamo haciéndola sensible a la acción del sistema nervioso autónomo; es posible pues que el estrés afecte a la circulación del flujo dentinal (de hecho así se ha demostrado al menos en ratones).

5) El exceso de glucosa en sangre -debido al alto consumo de carbohidratos y azúcares- bloquea la señal de la hormona liberadora del hipotálamo lo que, a su vez inhibe, la secreción de la hormona parotídea. Y ello interrumpe la circulación del fluido dentinal.

6) Se ha constatado que hay sustancias naturales -como el fosfato de carbamida, el zinc o la cáscara de huevo molida- que activan el flujo dentinal incluso habiendo exceso de glucosa en sangre; efecto que parece relacionarse con su capacidad antioxidante.

Hasta aquí lo que realmente se sabe sobre lo antedicho. Es obvio pues que queda mucho por estudiar; por ejemplo el papel de otros antioxidantes alimentarios y el de las células-madre presentes en la dentina. Lamentablemente los doctores Leonora, Steinman y Schatz ya no están entre nosotros y los prebostes de la Medicina han creado un cerco que impide la difusión de sus ideas y la continuidad de sus trabajos. De hecho ya el Dr. Schatz, eminente microbiólogo y candidato al Premio Nobel, se vio obligado a publicar los resultados de sus trabajos de investigación en revistas científicas de Paquistán o Malasia porque las publicaciones norteamericanas y europeas se negaron.

ALGUNAS RECOMENDACIONES PARA SU SALUD DENTAL

En fin, no vamos a sugerir a nadie que deje de cepillarse los dientes -los restos de comida deben eliminarse no porque provoquen caries sino porque pueden pudrirse dando lugar a mal olor y dañar las encías- o huya del dentista pero sí que asuma que al igual que el resto del organismo los dientes necesitan nutrientes básicos. Eso sí, no es recomendable usar dentífricos que contengan flúor -desgraciadamente la mayoría- porque pueden debilitar y manchar los dientes -de hecho por eso los dentistas consideran indispensable enjuagarse bien la boca tras cepillárselos- y es muy tóxico -especialmente en el caso de los niños- como ya explicamos en el reportaje que con el título Los graves peligros del flúor apareció en el nº 155 de la revista (lo tiene en nuestra web: www.dsalud.com). Texto en el que explicamos que su consumo puede provocar a la larga graves daños no solo en los dientes sino en los huesos, el hígado, el cerebro y las células reproductivas; un problema grave porque la fluorosis se considera irreversible al tratarse de un veneno acumulativo.

Para mantener una dentadura sana sin caries o enfermedades periodontales e, incluso, para remineralizar caries que aún no hayan sido destruidas por el torno del dentista es fundamental ingerir a diario alimentos ricos en vitaminas A, D y K así como minerales, especialmente calcio y fósforo. Vitamina A que puede obtenerse ingiriendo vegetales ricos en betacarotenos y antioxidantes mientras la vitamina D puede obtenerse tomando moderadamente el sol. En cuanto a la vitamina K es sintetizada por las bacterias intestinales por lo que no parece necesario ingerir suplementos que la contengan si se goza de un tránsito intestinal normal. De hecho cuando la salud dental es mala conviene recurrir a suplementos ortomoleculares o a una cucharada diaria de aceite de hígado de bacalao.

Por lo que se refiere a los huevos pueden ser de gallina pero también de pato -tienen el doble de vitaminas- y codorniz; eso sí, asegúrese de que son camperos, de aves que se alimentan al aire libre y más de insectos, vermes y larvas que de granos vegetales.

Añadiremos que para el Dr. W. Price es esencial el yodo -conocido estimulante metabólico- y de ahí que propusiera ingerir de vez en cuando algas; propuesta que por cierto avala el extenso artículo de síntesis publicado en 2011 en Indian Journal of Endocrinology and Metabolism por los doctores S. Chandna y M. Bathla -del College of Dental Sciences and Research de Ambala (Haryana, India)- en el que se exponen los diversos problemas odontológicos que pueden derivarse tanto de la funciones anómalas de la glándula tiroidea como de la deficiencia dietética de yodo. Por lo demás, para asegurarse de una continua y adecuada remineralización de la dentadura hay que seguir una dieta natural sin alimentos industriales o refinados en la que al menos la mitad de lo ingerido sean alimentos crudos. Y olvídese de los azúcares; si necesita endulzar algo recurra al xilitol o a la stevia que no alteran el equilibrio de la glucosa en sangre.

Juan Carlos Mirre
Recuadro:


Diferencias fundamentales entre los postulados de la Odontología convencional y de la holística

 Odontología oficial o convencional

 Odontología holística o natural

Los dientes apenas se relacionan con el resto del organismo.

Los dientes son un tejido más de nuestro cuerpo y están pues sujetos a la homeostasis general.

Los dientes son inertes; no se regeneran ni cambian una vez terminada la dentición.

Al igual que los huesos y otros órganos los dientes están en continua transformación.

Los dientes son “víctimas” de las bacterias y carecen de un mecanismo natural de defensa.

Las bacterias -omnipresentes en nuestro organismo- no pueden afectar a un diente sano.

Las bacterias producen las caries y desmineralizan los dientes.

Es una dieta carente de ciertos nutrientes básicos lo que desmineraliza los dientes y debilita las encías.

No se puede hacer nada para evitar las caries salvo una adecuada higiene dental.

Una dieta rica en minerales y vitaminas y baja en carbohidratos remineraliza los dientes.

Una pieza careada e infectada debe extraerse ya que es un foco de infección.

Un sistema inmunitario sano permite superar una infección bucal sin antibióticos.

La ingesta de vitaminas, suplementos minerales y otros complementos alimenticios no tienen efecto positivo alguno sobre la dentadura.

Una dieta sana complementada con nutrientes específicos mantiene sanos los dientes y las encías haciéndolos invulnerables a la actividad bacteriana.

La placa dental construida por las bacterias es la causa del origen de las caries.

La placa dental no es la CAUSA de la acumulación de bacterias y de las caries sino el RESULTADO de una dieta equivocada (falta de nutrientes).

 

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175
Octubre 2014
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