Cómo reducir los efectos nocivos de teléfonos móviles, ordenadores y televisores

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¿Cuántas veces ha oído decir que las radiaciones de su televisor, ordenador o teléfono móvil pueden provocar problemas de salud? Pues sepa que aunque las autoridades se niegan a admitir esa posibilidad sobre la que esta revista viene advirtiendo desde hace tiempo son cada vez más los investigadores que afirman lo contrario. Afortunadamente, existen ya dispositivos que, según afirman sus creadores, atenúan los efectos nocivos de esas radiaciones. Se lo contamos.

El peligro de la radiación electromagnética viene siendo sido objeto de polémicos debates en los últimos años. Y sólo el poder de las compañías eléctricas en el mundo explica el hecho de que no se reconozca oficialmente lo que está demostrado: que los campos electromagnéticos de las torres de alta tensión pueden provocar diversas patologías, incluido cáncer. Lo mismo que las antenas de repetición de la telefonía móvil. Y no sólo eso: también hay aparatos domésticos potencialmente peligrosos aunque sus fabricantes nieguen que exista relación directa entre cualquier enfermedad y el uso de teléfonos móviles, televisores, ordenadores y otros pequeños electrodomésticos a pesar de que estudios rigurosos sugieren lo contrario.

No se deje engañar, amigo lector: que determinados campos electromagnéticos afectan negativamente al organismo está suficientemente documentado; por ejemplo, actúan alterando las propiedades físicas de los tejidos. Se sabe que el campo eléctrico actúa disminuyendo la energía interna de los mismos y baja la conductividad -por ejemplo, del sistema nervioso- y que el campo magnético hace justamente lo contrario. Además ambos contribuyen a generar turbulencias en los líquidos conductores como la sangre. Lo demuestran numerosos estudios que intentan contrarrestarse con otros sufragados por la propias compañías eléctricas.

Como numerosos son los síntomas y signos comúnmente descritos por muchos usuarios de telefonía móvil y personas que viven cerca de las antenas repetidoras o estaciones base de telefonía: aumento del nivel de estrés, disminución de la capacidad de trabajo y de la concentración, migrañas, ansiedad, sensación de fatiga crónica, trastornos del sueño, hipertensión arterial, aumento de las crisis en epilépticos, irritabilidad, disminución de la memoria a corto plazo, trastornos de la visión y sensación local de calentamiento, entre otras. En cuanto a las patologías que las microondas pueden provocar son igualmente numerosas, incluido el cáncer.

EFECTOS DE LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS EN LA SALUD 

Ya en 1997 salieron a la luz los resultados de un experimento realizado con ratones  transgénicos expuestos a determinadas emisiones electromagnéticas en periodos de 30 minutos diarios durante 18 meses. En ese tiempo el 43% de los ratones desarrolló un linfoma mientras que eso sólo ocurrió en un 22% de los ratones no expuestos a ellas. Los autores del estudio -dirigido por el doctor Michael Repacholi– calificaron de altamente significativo ese aumento en la tasa de incidencia del linfoma añadiendo que era muy improbable que la mayor rapidez en desarrollar cáncer se debiera a la casualidad.

La Comisión Nacional de Protección Radiológica británica, por su parte, informó a mediados del pasado año de que una investigación efectuada sobre 3.000 niños estadounidenses, europeos y neozelandeses había confirmado la sospecha de que las torres eléctricas de alta tensión doblan el riesgo de aparición de leucemia infantil. Aunque luego se curaran en salud añadiendo que el incremento de riesgo es “leve” porque “sólo” afecta a uno de cada 20.000 niños. Y otro estudio publicado en esas mismas fechas –esta vez realizado en la Universidad de Carolina del Norte (EEUU) por el equipo del Dr. David Savitz- concluye que la exposición a campos electromagnéticos afecta a la melanina del cerebro, puede causar depresión y llevar a quienes la sufren, incluso, al suicidio.

Aún más, el Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer –organismo perteneciente a la Organización Mundial de la Salud- reconoció hace escasos meses ¡por fin! que algunos campos electromagnéticos producidos por aparatos domésticos eléctricos y electrónicos pueden ser peligrosos para el hombre. Admitiendo que tanto los campos emitidos por los aparatos domésticos como los cables eléctricos –y, por tanto, las líneas de alta tensión- “podrían ser cancerígenos para el hombre”. De hecho,en la clasificación realizada por el centro los campos magnéticos han pasado de la categoría de sustancias o radiaciones “inclasificables” a la de “probablemente cancerígenos” que se sitúa justo antes de la de “definitivamente cancerígenos”. El centro tiene también previsto pronunciarse sobre el peligro de los teléfonos móviles y de las antenas repetidoras de telefonía móvil ya que está efectuando un estudio epidemiológico sobre ello que se prevé publicar en el 2003.

De hecho, si algunos campos electromagnéticos no son peligrosos, ¿por qué en Estados Unidos la legislación actual prohíbe la construcción de casas nuevas cerca de las líneas eléctricas de alta tensión? ¿Y por qué en España se están enterrando? ¿Por cuestión de “imagen” y de “tranquilizar a la gente aunque el riesgo en realidad no exista” como afirman algunos políticos? Nos toman por tontos.

En suma -y digan lo que digan las autoridades, implicadas porque estarían en el ojo del huracán de las posibles demandas por daños y perjuicios-, lo cierto es que el riesgo de sufrir algún tipo de trastorno es más real de lo que la mayoría imagina ya que nuestro espacio vital está repleto de microondas y distintas ondas electromagnéticas de baja y alta frecuencia de procedencia artificial y cuyas repercusiones en nuestra salud son, cuando menos, una incógnita. Hablamos de líneas de alta tensión, de instalaciones eléctricas domésticas, de electrodomésticos, de equipos informáticos, de emisoras de radio y televisión, de emisoras de radioaficionados o de uso civil (policía, ambulancias, transportistas, etc.), de redes de telefonía móvil, de radares, de satélites de comunicaciones, de mandos a distancia, etc. Y eso que hablamos sólo de las radiaciones artificiales… En suma, un panorama abrumador. 

PREVINIENDO EL RIESGO DE LA TELEFONÍA MÓVIL 

Que la tecnología que permite el funcionamiento de los teléfonos móviles no resulta completamente inocua y que una exposición prolongada a sus radiaciones electromagnéticas puede llegar a crear serios trastornos es, pues, un hecho incuestionable. Las investigaciones llevadas a cabo por organismos y laboratorios independientes certifican la existencia de un recalentamiento celular en la zona del cerebro cercana a la antena del teléfono, extraños picos de actividad neuronal en zonas normalmente poco activas del cerebro (revelados por encefalogramas), cambios en la presión arterial del mismo mientras se usa el aparato, trastornos del sueño, cefaleas, alteraciones coronarias y pérdida de memoria. Luego, ¿por qué no se advierte a los usuarios de los posibles riesgos a los que se exponen –como sucede con el tabaco- para que al menos moderen su uso? Pues porque se trata de empresas que mueven miles de millones, buena parte de los cuales se invierten en publicidad por lo que muchos medios de comunicación no quieren enfrentarse a ellas.

Sin embargo, son tantas y tales las evidencias presentadas por investigadores privados que determinados organismos oficiales de algunos países no han tenido más remedio que ponerse en marcha. Así, un estudio patrocinado por el Gobierno británico advertía hace poco de que los teléfonos móviles podrían “tener efectos biológicos indeseables en los niños porque su sistema inmune no está aún plenamente desarrollado”. A pesar de lo cual, el Ministerio de Salud británico se ha limitado a aconsejar a la población que no exponga a sus hijos a los teléfonos móviles a menos que sea estrictamente necesario. Y nada más. ¿Alguien lo entiende? 

PROTÉJASE DE LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS 

En fin, el caso es que ya que no podemos evitar usar muchos de los aparatos que producen efectos como los descritos algunos investigadores se han centrado en crear dispositivos que absorban toda o parte de la radiación y atenúen al menos sus efectos nocivos. Y ya se comercializan en nuestro país al menos dos. Se trata de unos artilugios circulares de unos 3 centímetros de diámetro y casi planos que se pegan, uno al teléfono móvil, el otro a la pantalla del ordenador o del televisor.

Puestos en contacto con sus creadores se nos ha explicado que la clave de la efectividad de estos dispositivos está en el tratamiento que se da a sus componentes en los que, mediante un láser específico, se inducen campos de energía que los convierten en emisores de ondas ultradébiles inocuas para nuestro organismo pero con efecto protector frente a las radiaciones nocivas. Se trata de artilugios construidos en aluminio, algunos rellenos de polvo de cristal de cuarzo y materiales semiconductores que emiten unos campos que disminuyen las reacciones de estrés energético de los usuarios de teléfonos móviles, equipos informáticos y aparatos de televisión afectados por este tipo específico de polución electromagnética. Dispositivos sencillos que no necesitan alimentación ni mantenimiento y que basta colocar en el teléfono, el televisor o en la pantalla del ordenador para que nos protejan de los efectos indeseables de las radiaciones electromagnéticas. Un primer paso sin duda interesante en esta guerra por conservar la salud.

 

Jorge Carlos Palafox

 


 

Han dicho…

“Hoy día no hay nadie que pueda decir que no existe ninguna asociación entre el hecho de vivir cerca de una línea de alta tensión y el incremento del riesgo de leucemia en niños”.
Dra. Jocelyne Leal, directora del Servicio de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. 

“No se debe guardar el teléfono móvil en un bolsillo próximo al pecho o en el cinturón cerca del hígado, los riñones, los testículos o la matriz porque la radiación de las microondas puede romper los cromosomas donde quiera que estén”.
Dr. Henry Lai, de la Universidad de Washington (EEUU) 

“Los campos de radiofrecuencia son conocidos por producir calentamiento e inducción de corrientes eléctricas… La exposición de campos de radiofrecuencia, aunque sean demasiado débiles como para provocar calentamiento, pueden tener consecuencias negativas para la salud que incluyen el cáncer”.
Informe sobre frecuencias electromagnéticas de la Organización Mundial de la Salud. 

“El riesgo de tumor cerebral se multiplica casi por 2’5 (en el mismo lado de utilización habitual) en quienes utilizan teléfonos móviles”.
Dr. Lennart Hardell, oncólogo e investigador en el Centro Médico de Orebro en Suecia. 

“Existen evidencias de la relación entre la evolución de ciertos cánceres de la cabeza y el teléfono móvil”.
Dr. John Holt, cirujano y radioterapeuta. 

Existen pruebas de daños en el material genético por la exposición a la radiación generada por los teléfonos móviles”.
Dr. George Carlo, director de la Investigación sobre la Tecnología Sin Hilos en Estados Unidos. 

“Las radiaciones de microondas de origen eléctrico generadas por la telefonía móvil afectan negativamente a la circulación sanguínea cerebral y a la actividad del sistema nervioso”.
Fidel Franco, doctor en Física y profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña. 

 “En el caso de personas que utilizan mucho el teléfono móvil se borra la memoria a corto plazo. Y no se sabe si se trata de daños permanentes o recuperables”.
Dr. Bodo Khöler, presidente de la Sociedad Internacional de Terapeutas de la Información Biofísica.

 


 

Recomendaciones básicas

-Hable por teléfono fijo en lugar de por uno móvil siempre que sea posible.

-Limite la duración y número de llamadas desde los teléfonos móviles.

-No use teléfonos digitales dentro de los edificios porque la potencia necesaria es mayor y también mayor la radiación.

-Procure que no los usen los niños (su sistema inmune está en formación y están más indefensos frente a las radiaciones).

-Mantenga los teléfonos móviles lejos del cuerpo mientras no los use ya que también estando en estado de reposo generan radiación.
 

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Febrero 2002
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