Dr. Arturo O’byrne: La medicina convencional tiene los días contados

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La actual concepción de la Medicina convencional o alopática está completamente superada. La Medicina avanza hoy hacia una concepción mucho más holística del ser humano donde la responsabilidad de la salud va a quedar nuevamente en manos de las personas y no de los médicos. Arturo O´Byrne -doctor en Medicina y Cirugía, profesor de Biología Celular y Fisiología y experto en Medicina Biológica, Homeopatía, Homotoxicología, Terapia Neural, Acupuntura, Auriculomedicina, Electroacupuntura de Voll, Terapia de oxigenación, Terapia metabólica del cáncer y Manipulación vertebral- nos lo explica.

Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Cauca (Popayán, Colombia), Arturo O´Byrne–51 años- se especializó en 1976 en Medicina Deportiva y Nutrición para posteriormente convertirse en uno de los mayores expertos del mundo en Medicina Biológica. Hoy día su formación incluye amplios conocimientos en Homeopatía, Terapia Neural, Acupuntura, Auriculomedicina, Homotoxicología, Electroacupuntura de Voll, Terapia de oxigenación, Terapia metabólica del cáncer y Manipulación vertebral. Miembro de varias asociaciones científicas internacionales ejerce desde hace más 17 años como profesor de Medicina Biológica dictando conferencias e impartiendo cursos por medio mundo. Es, asimismo, profesor de Biología Celular y Fisiología en la Escuela Nacional del Deporte de su país. Y desde 1991 director de Educación Médica para Iberoamérica de la Sociedad Internacional de Homotoxicología (Alemania) así como director de la clínica oficial de entrenamiento de Postgrado de la misma en Cali (Colombia). Un médico de prestigio internacional cuya presencia en febrero pasado en Madrid para impartir un curso a colegas españoles nos daría la oportunidad de charlar ampliamente con él.
-Sigue siendo excepcional, al menos en España, encontrarse a médicos tradicionales que se hayan adentrado en tantos ámbitos paralelos a la Medicina convencional…

-Bueno, yo estudié efectivamente en una facultad de Medicina tradicional pero mi formación actual es mucho más amplia. Hoy, más que médico alópata o convencional soy médico biológico.

-Es decir, alguien versado en terapias como Homeopatía, Acupuntura, Naturismo, Electroacupuntura de Voll….?

 -Bueno, incluye esas disciplinas y muchas más pero, sobre todo, es una forma diferente de entender la Medicina y la Salud. Porque la Medicina Biológica tiene ante todo una visión global que incluye aspectos de la Medicina académica… pero va mucho más allá. Obviamente, para ejercer la Medicina Biológica uno necesita también saber Anatomía, Bioquímica, Fisiología, etc., pero esa es sólo la base. La Medicina Biológica ve al ser humano de forma realmente holística, global, integral, sin separar los síntomas de la persona y de su vida. Es además, sobre todo, una Medicina que intenta enseñarle al paciente a vivir sin enfermar. Por tanto, es una Medicina básicamente preventiva y basada en los principios hipocráticos.

-Se supone que la Medicina convencional también…

-Se supone, sólo que hoy eso no es verdad. Verá, Hipócrates, “padre” de la Medicina, fue quien rompió con la visión de que la enfermedad es consecuencia de un castigo de Dios presentándola por primera vez como el resultado de las múltiples acciones que, contra natura, efectuamos a diario. Y que es eso lo que lleva a enfermar. Por lo que, consecuentemente, cuando una persona enferma lo que hay que hacer es observarla detenidamente para encontrar qué está haciendo mal, qué la ha llevado a esa situación.

Bueno, pues eso, que en buena medida lo ha abandonado la Medicina convencional, lo ha retomado la Medicina Biológica convirtiéndose así, ante todo, en una Medicina preventiva.

Un médico biológico, cuando recibe a un paciente, lo primero que hace es procurar conocerle a fondo; es decir, saber cómo se está alimentando, cómo vive, en qué entorno y condiciones, qué conflictos psicológicos, afectivos, laborales o sociales puede estar experimentando… Y hacerle ver entonces qué está afrontando mal de lo que está viviendo. Es decir, la Medicina Biológica tiene en cuenta que todo eso se somatiza. Lamentablemente, durante mucho tiempo la Medicina ha mirado lo psicosomático como si fuera un problema de segunda o tercera categoría. Le daba importancia a lo molecular, a lo químico, a lo anatómico… pero a la mente le daba poca importancia.

-¿Cuándo empieza a suceder eso?

-Esa concepción se impone a primeros del siglo XX cuando la Fundación Rockefeller decide invertir una gran cantidad de dinero en investigación en el ámbito de la salud. Estudian todas las facultades que había en la nación en ese momento y terminan decidiendo que el apoyo económico sólo debe concederse a las facultades que sigan los parámetros de la industria farmacológica. Aquello empezaría a determinar que sólo es “científico” lo que puede demostrar la eficacia lineal de un medicamento por el principio causa-efecto. ¿Y qué ocurre entonces? Pues que se quedan sin apoyo económico todas las facultades de Homeopatía -que entonces eran poderosísimas en Estados Unidos-, todas las escuelas naturistas, todo lo que no fuera alopático. Y no solamente se les quita el apoyo económico para la investigación si no que se empieza el acoso político contra ellas, una verdadera persecución orquestada por la Fundación Rockefeller. A partir de ese momento sólo lo que sigue el planteamiento del método del doble ciego y la visión mecanicista, lineal y cartesiana de la Medicina se considera “científico”. ¿Y con qué nos encontramos casi cien años después? Pues con que la Medicina se halla en una crisis tremenda porque en este momento la gente muere masivamente de una enorme cantidad de “enfermedades crónicas”, de “enfermedades degenerativas”, de “enfermedades autoinmunes”, de cáncer… Es decir, la enfermedad crónica –incurable- se ha convertido en el patrón del mundo moderno porque nos hemos alejado de los verdaderos principios de la salud. Hoy la Medicina es un negocio donde lo que interesa es que venga el paciente enfermo a que le arregle el médico su dolencia. Y el médico sólo atiende a la persona que está enferma para –supuestamente- recuperarle la salud a través de un fármaco, de la cirugía o de cualquier otro procedimiento programado rompiendo con la tradición hipocrática. Es el concepto cartesiano que intenta demostrar que sólo lo que es “tangible” y “demostrable” vale.

Con lo que el ser humano, que hasta ese momento –basándose en los principios hipocráticos- era visto como una unidad integrada por mente, cuerpo, emociones, entorno, etc., pasa a convertirse en algo separado de su entorno y cuyo organismo empieza también a ser fraccionado. Aparece entonces la “especialización” y el ser humano pasa a ser visto como una máquina: el corazón como si fuera una bomba, el cerebro como un computador, las articulaciones como bisagras, el sistema circulatorio como un conjunto de tubos… Deja de ser visto como un sistema integral. Y si el hombre es una máquina el médico pasa a ser un “mecánico”.

-Bueno, eso sólo ocurre en Occidente…

-Cierto. La visión de la Medicina oriental es muy distinta. Allí el médico es visto como un jardinero y el hombre como un jardín. Son dos visiones claramente distintas, claramente diferentes. Y eso es muy interesante porque, ¿qué ocurre? En el pasado, en la concepción hipocrática, la misión del médico era enseñar al paciente a vivir sanamente, a ser responsable de su salud. Sin embargo, un día entra en juego la visión cartesiana del hombre-máquina y se hace creer a la gente que tiene que delegar la responsabilidad de su salud en el médico porque es el que tiene el “conocimiento” y él podrá arreglar su dolencia. Con lo que la gente deja de preocuparse de su salud ya que ha transferido esa responsabilidad al médico.

Claro que, al principio, uno contaba con el médico de familia. Médico que conocía a todos los miembros de la familia -incluidos los padres y abuelos- y al que hasta se invitaba a cenar a casa, con lo que también terminaba conociendo el entorno vital.

¿Qué ocurre, en cambio, en estos momentos? Pues que esa información no se posee. Y la poca que se posee debe entregársela el médico de Medicina general al especialista y, éste, incluso, al superespecialista. Con lo que quien atiende al enfermo no sabe nada de éste ni de su vida. Todo lo que conoce es lo que dicen los fríos datos de las radiografías, escáneres o pruebas analíticas.

En suma, ahora resulta que el conocimiento del estado de nuestra salud está disgregada entre 10 o 20 especialistas, cada uno de los cuales conoce un elemento de tu organismo. Por tanto, estás fraccionado en informaciones. Y a veces ni siquiera eso porque lo que el médico sabe de ti, ¿qué es?: los resultados del laboratorio. Muchos ni siquiera te han conocido, no han hablado nunca contigo.

¿Nos damos cuenta del grave problema de la Medicina actual?

El ser humano es una unidad -mente, emociones, cuerpo, entorno…- al que hoy se evalúa viéndole a través de radiografías, resonancias, analíticas… donde cada especialista ve apenas una parte sin mirar la unidad en su conjunto. Hay una ruptura de la visión integral del hombre.

-Es verdad, aunque no es menos cierto que muchos médicos son conscientes de ello. Y desde el poder político se intentó corregir ese problema.

-Sí, la Medicina ha intentado corregir ese problema hace unos años haciendo nacer la famosa “Medicina familiar”. Digamos que han tratado de echar un poco marcha atrás, recuperar parte del camino mal hecho. Y se empieza a potenciar al médico de familia que, bueno, remite al especialista pero sigue siendo tu médico y sí te conoce teniendo una visión más global de ti y de tu entorno. El problema es que su formación sigue siendo muy deficiente y encima está basada en el concepto hombre-máquina. Y encima se dedica primordialmente a recetar fármacos para casi todo. Está lleno de creencias falsas impuestas por los intereses comerciales de la industria de la salud.

-Y que además conceden aún poca importancia a algo tan fundamental como la alimentación…

-Cierto, pero es que de eso no saben nada. Un médico que estudia 7 años en una Facultad de Medicina no recibe más de 30 horas de formación en Nutrición cuando la base de la salud es lo que se come. Básicamente, si uno come bien estará sano; y si come mal estará enfermo. En muy buena medida. Hoy día empieza a decirse que los médicos deberían recibir al menos 2 años de Nutrición… asociada a la Bioquímica. Porque esa es otra: el médico estudia Bioquímica al principio de la carrera pero se trata de una asignatura considerada “maría” y que se estudia sólo para aprobar el examen. Y el médico, a lo largo de su trayectoria profesional, no la tiene en cuenta para nada. Hoy día deberían entender, sin embargo, que la gran mayoría de los procesos bioquímicos del cuerpo deberían asociarse con la nutrición ya que la falta de oligoelementos -minerales, vitaminas, ácidos grasos esenciales, aminoácidos…- puede determinar que el organismo pueda funcionar en homeostasis o estar completamente alterado.

-Es verdad, en general los médicos no dan mucha importancia a los oligoelementos. Piensan que la alimentación habitual los aporta siempre en cantidades suficientes.

-Exacto. A la mayoría de los médicos les hablas de usar vitaminas, minerales y otros oligoelementos y se ríen. Responden que ya hay suficientes micronutrientes en la comida. Pero, ¿en qué comida? ¿En la comida hidropónica? ¿En los alimentos preparados industrialmente que destruyen en buena medida –especialmente por el calor- esos oligoelementos? ¿En la comida llena de aditivos, colorantes, conservantes, estabilizantes, aromatizantes, etc., de nuestros días?

Además, incluso en la actual comida “natural” hay ya una clara degradación a causa del uso masivo de fertilizantes, pesticidas, insecticidas, abonos químicos… En suma, se está llenando al ser humano de productos químicos, entre ellos los fármacos.

Hoy uno se come una fruta que debería tener un cierto porcentaje de vitaminas y minerales, y no sólo los tiene en porcentajes muy inferiores sino que además está llena de contaminantes que recargan el hígado, los riñones, los órganos de secreción.

-Son muchos los expertos que afirman, efectivamente, que una de las causas fundamentales del actual aumento de todo tipo de patologías es el nivel de toxemia de los ciudadanos. Tóxicos que nos llegan a través de los fármacos y de la alimentación pero también a través de los pulmones por la contaminación del aire, del agua y de las bebidas industriales, de las radiaciones…

-Eso es. Los médicos tampoco son conscientes del problema de las toxinas, de hasta qué punto una persona puede llegar a estar contaminada y de lo que eso incide en la salud. Así lo plantea la Homotoxicología que yo enseño. Por eso todos los médicos que la practicamos nos preocupamos de estudiar al paciente detenidamente no sólo en el aquí y en el ahora sino que tenemos en cuenta su biografía anterior a fin de saber qué toxinas se han ido acumulando en él. Incluidas las psicotoxinas. Porque no sólo intoxican los elementos químicos moleculares. Una situación de estrés constante, de agresión psicoemocional, altera también la bioquímica del cuerpo.

-Da la impresión de que, a su juicio, la Medicina convencional no está hoy en disposición de tratar correctamente a los enfermos.

-Mientras siga viendo al ser humano como una máquina y el médico se comporte como un mecánico que arregla piezas sueltas, no. Detrás de muchas patologías hay casi siempre un conflicto psíquico o emocional, un trauma, un entorno inadecuado o una forma incorrecta de afrontar las cosas.

-Es decir, que quizás uno no pueda evitar lo que le sucede pero siempre puede elegir cómo afrontarlo.

-Exacto. Lo que no implica que si alguien sufre una septicemia lo que haya que hacer es darle un antibiótico. Y si tiene una apendicitis deba ser operado quirúrgicamente.

Pero el objetivo de la Medicina Biológica es enseñar a la gente a vivir sanamente por lo que la misma debería ser la medicina de base. Cuando en una conferencia alguien me habla de “medicina alternativa” siempre respondo lo mismo: “Mire, todo depende de qué entiende usted por alternativo. Para mí, la Medicina alternativa es la alopática o convencional porque yo sólo recurro al antibiótico, a la cirugía o al procedimiento químico cuando no tengo más remedio, cuando no tengo ya alternativas.” Por tanto, ¿a qué llamamos “alternativa”?

Para mí lo importante es que el paciente coma bien, que sea él mismo quien cuide de su salud aprendiendo a vivir sanamente. Y sólo cuando haya daños graves recurrir a un procedimiento químico, quirúrgico, alopático o mecánico.

-Bueno, la verdad es que no termino de percibir hasta ahora la diferencia entre lo que se conoce como Naturismo y la Medicina Biológica.

-A mi juicio, la Medicina Biológica es un paso adelante. Porque el Naturismo arranca de una serie de fundamentos filosóficos similares pero no hizo nunca una búsqueda sistemática de sus bases bioquímicas. La Medicina Biológica sí. Por eso hoy se dan ya cursos de postgrado sobre ella en las propias facultades de Medicina al igual que de Homotoxicología. Y ello ha sido posible porque ambas demuestran sus fundamentos, en qué se sustentan, sus terapias son perfectamente reproducibles y los resultados ya se publican en las revistas científicas. Es decir, la Medicina Biológica se basa también en la evidencia clínica.

-¿Cómo explica que los médicos convencionales sigan siendo tan reacios a aceptar que hay otras maneras de entender la salud y la enfermedad?

Albert Einsteindecía que “nunca la ignorancia es más atrevida que cuando critica”. Y, sinceramente, el problema es que los médicos alópatas o convencionales que critican muchos de los métodos terapéuticos complementarios existentes hoy no tienen la mas mínima idea de ellos, no saben nada. Recuerdo que hace poco tiempo me puse a conservar con un colega sobre homeopatía y después de que llevara un buen rato despotricando de ella tuve que hacerle ver que no hacía más que hablarme de hierbas y plantas. No diferenciaba la Fitoterapia de la Homeopatía. Por otra parte, quien está contra el uso de la Fitoterapia es un ignorante. La inmensa mayoría de los medicamentos están basados en los principios activos de los vegetales. La propia Organización de la Salud reconoce la validez de la Fitoterapia y de la Homeopatía.

-Ese problema, doctor, empieza en la Facultad de Medicina. Todos sabemos que es allí donde se producen los primeros “lavados de cerebro”.

-Tiene usted razón. En la Facultad se les ha estado diciendo a los estudiantes durante décadas que la Homeopatía, la Acupuntura, el Naturismo y tantas otras terapias y forma de entender la salud y la sanación son charlatanería. Lo que coloca a esos futuros médicos unas viseras al estilo de las que les ponen a los caballos de tiro para que no miren hacia otro lado. Se les programa para que acepten una única verdad.

-Eso explicaría que cada vez sea mayor el número de personas que acude a otros profesionales de la salud. En Estados Unidos la mitad de la población ya lo hace actualmente, según estudios recientes.

-Es verdad. Y yo pienso que a la Medicina le puede estar pasando lo mismo que a la Iglesia Católica cuando se empeñó en decir que era la única verdadera fuera de la cual no hay salvación. La Medicina alopática se empeña también en afirmar que sólo ella está en posesión de la verdad. Y eso es muy peligroso porque es falso. Cuando uno va a ver trabajar a un chamán en la selva del Amazonas, como yo he hecho muchas veces, no puede dejar de sorprenderse de los resultados. Porque cura a su gente. Y hombre, ¡decir que todo es efecto placebo!

Además, la Medicina ha desdeñado siempre el efecto placebo sin pararse a pensar que el cerebro es capaz de producir sus propios productos químicos, multitud de sustancias. Y que, por tanto, dar a un enfermo un simple abrazo, escucharle y mirarle con cariño y comprensión, darle aliento y esperanza, tener una relación personal más profunda con él… cura sin más. Porque pone en marcha mecanismos del propio organismo para que la sanación se produzca. La mayoría de los médicos no entiende que el miedo y la desesperanza matan a veces mucho más que las balas.

-Porque muchos reducen todo su “conocimiento científico” a la prescripción de fármacos.

-Cierto. Pero también hay médicos que tienen un amplísimo conocimiento de Medicina, que son auténticas enciclopedias vivientes pero que crean una distancia tan grande con los enfermos que no generan confianza en ellos y, por tanto, a veces estos ni siquiera se toman los fármacos que les recetan.
Por el contrario, hay médicos con menos conocimientos pero también menos prepotentes que escuchan al enfermo y le dan cariño con lo que estos les siguen y se curan. Muchos médicos parecen olvidar que terapeuta significa etimológicamente acompañante y que esa debería ser a menudo su labor. Porque es siempre el enfermo el que se cura, el médico se limita a acompañarle y ayudarle en el camino de la sanación.

-Mi impresión es que eso sucede especialmente entre las personas de mayor experiencia, entre las de mayor edad.

-Ciertamente. Muchos médicos han olvidado lo que en el acto terapéutico significa el amor y que eso cura. Yo lo veo. Trato a una gran cantidad de ancianitos que vienen a mi consulta sólo porque perciben que uno les quiere, que se preocupa e interactúa afectivamente con ellos. Porque ese es otro punto importante: los médicos convencionales no interactúan afectivamente con el paciente y eso es primordial si se les quiere ayudar a curarse. Hay que llegarles también al alma y sobre el alma sólo se actúa con afecto y amor, no con fármacos y con química. Luego si queremos practicar una Medicina integral tendremos que usar elementos mecánicos, químicos, físicos, emocionales y espirituales. Y el concepto de Medicina espiritual no tiene por qué ser visto como si fuera una cosa estúpida falta de ciencia o algo así. Porque la espiritualidad también es parte de la persona. ¿Cuánta gente está enferma de tristeza, de decepción, de rencor? ¿Cuántas veces no son esos los elementos que están desorganizando sus respuestas inmunológicas y su bioquímica? Mientras el médico no mire al enfermo de manera integral como persona no podrá ayudarle. Se limitará a poner parches, a prescribir tratamientos parciales para quitar el dolor o la inflamación… pero no le ayudará a curarse realmente.

-Pues me temo que no va a ser fácil lograr ese espíritu en las facultades de Medicina…

-No les va a quedar más remedio que hacerlo porque si no los médicos convencionales terminarán desapareciendo. La Universidad de Harvard organizó en 1995 un congreso sobre medicinas alternativas que se hizo famosísimo porque en la apertura el organizador explicó que el año anterior los norteamericanos se habían gastado 2 billones y medio de dólares en medicinas alternativas. Un murmullo de admiración recorrió el público. A pesar de que la mayoría de los norteamericanos tiene algún seguro que les paga los medicamentos… se gastan de su propio bolsillo una enorme cantidad de dinero en terapias alternativas. Fue cuando los médicos alópatas norteamericanos empezaron a darse cuenta de que los enfermos estaban perdiendo la fe en ellos. Así que el Congreso de los Estados Unidos decidió crear la OMA (Oficina de Medicina Alternativa). Ahora bien, me pregunto si la OMA se creó en aras del interés científico o para ver cómo afrontar el hecho de que dos billones y medio de dólares se estuvieran yendo al bolsillo de personas que no son médicos. La OMA empezó con un presupuesto muy pequeño pero ahora es ya muy alto. Y resulta que el año pasado ordenó a todas las facultades americanas de Medicina que iniciaran investigaciones sobre las medicinas alternativas.

Bueno, pues en septiembre pasado asistí a una de esas reuniones y estuve hablando con el director de uno de esos estudios, un cardiólogo con mucho pedigrí. Y no tenía la mas mínima idea de la filosofía de las medicinas alternativas. Su “chip” seguía siendo completamente alopático. No había cambiado su software mental. Y yo me pregunté: pero bueno, ¿cómo se puede poner de director de un estudio sobre las medicinas alternativas a un alópata recalcitrante? Así que me levanté durante la reunión y dije públicamente a los asistentes que, con todo el respeto que por su condición de médicos me merecían, estaba claro que no sabían lo que era la Medicina Biológica. Que no estaban teniendo en cuenta que el médico biológico no trabaja en un solo ámbito o especialidad y que cuando trata a un paciente lo hace de forma global: escuchando sus problemas, conociendo su entorno, sabiendo que le preocupa, qué conflictos vive, poniéndole a dieta, mandándole relajación, aconsejándole hacer deporte… Porque para nosotros la enfermedad no es lineal ni unifactorial; por el contrario, es siempre multifactorial. Por eso los estudios de doble ciego deben ser planteados en base a un concepto integral y no a un concepto lineal. De ahí que quienes pretendan demostrar la validez de la terapia biológica con estudios lineales se están equivocando. Deben ser multifactoriales.

Por ejemplo, se puede elegir a 50 pacientes de asma tratados con Medicina Biológica y ver los resultados. Si se curan o no. Eso demostraría o no la validez de la terapia. Pero lo que no tiene sentido es un estudio lineal, es decir, ver cómo responden por separado a cada elemento de la terapia. Porque lo que cura no es una acción puntual sino un conjunto de acciones que no se pueden separar. Usted no puede ver si el asma se cura sólo con la relajación. O sólo con la dieta. O sólo con fitoterapia. Usted tienen que comprobar si es verdad o no que se cura con el conjunto de cosas que hace el médico biológico. Los estudios lineales sólo sirven, si acaso, para demostrar la eficacia de un fármaco.

-¿Y no le parece que otro de los factores que hacen que la gente se esté alejando de los fármacos es que hoy tienen más información y son cada vez más reacios a tomarlos porque conocen sus interacciones y efectos secundarios?

-Efectivamente. Cada vez son más las personas que fallecen por esa causa. Porque el principal problema de los medicamentos alopáticos es que en las enfermedades crónicas los enfermos los tienen que tomar a veces toda su vida y entonces aparece la iatrogenia. Y es increíble que la iatrogenia -es decir, la enfermedad producida por la ingesta de medicamentos- sea hoy la tercera causa de muerte en el mundo occidental. De hecho, 5 de cada 7 pacientes que entra en un hospital sale padeciendo algún efecto secundario a causa de los fármacos que le han dado.

Esto basta para entender que la Medicina alópata está enfrentada al paciente crónico. Y es que hay dos errores de principio. Cuando tenemos a un paciente en la sala de operaciones, ¿qué deberíamos pensar? Pues, en primer lugar, que esa situación se podría haber evitado si años atrás le hubiésemos enseñado a alimentarse, a hacer algo de ejercicio, a avisarle del peligro real del tabaco, de cómo evitar el estrés… Y, en segundo lugar, que eso hubiera supuesto además ahorrarnos el gasto de la operación quirúrgica, muy cara en general. El 70% del dinero de la Sanidad se gasta hoy en enfermos terminales y no en prevenir la enfermedad. Existe, por tanto, una inversión de los valores. Y no es que el paciente que se está muriendo no tenga derecho a…, es que antes se le tenía que haber informado y educado. Si así se hubiera hecho el número de esos enfermos sería hoy la décima parte. Pero claro, detrás de todo esto está el negocio de la Medicina. Y eso me recuerda a Ivan Imis, quien en los años 20 escribió un libro fantástico, Némesis Médica, que constituye la crítica mas dura que yo haya visto sobre la Medicina o, mejor dicho, su medicalización.

Usted sabe que en la antigua China al médico se le pagaba si estabas sano y se le hacía responsable de los gastos cuando el paciente enfermaba; o sea, que su responsabilidad era lograr que uno se mantuviese sano.

-Una concepción bastante más razonable que la actual.

-Claro. El médico tenía más el papel de educador. Hoy, sin embargo, todo el paradigma de la educación sanitaria –desarrollado a través de la publicidad- está enfocado al “vive de juerga que si enfermas ya se ocupará el Estado y su sistema sanitario de curarte”. Una falacia. No se promociona la vida sana sino todo lo contrario. Y todo ello porque hay muchos intereses económicos para que sea así. Eso explica la ruptura de la visión hipocrática y la imposición de un nuevo modelo interesado: le quitamos a la persona la responsabilidad de su salud y se la pasamos al médico, éste al especialista y éste al superespecialista.

Con lo que la gente hoy se ha vuelto abdícrata en lo que a su salud se refiere al transferir su responsabilidad al médico…

-Eso es. ¿Y cuál es la “venganza” del paciente? Demandar al médico si le pasa algo. En suma, la estructura social médica es un desastre. Y la actitud del médico se vuelve absolutamente comercial. Y condicionada por los intereses de los laboratorios. El médico debería “devolverle” a la gente la responsabilidad de su salud.

-¿Y qué opina del hecho de que en España se consideren algunas disciplinas y terapias como “no científicas” y, por tanto, estén fuera de la enseñanza universitaria cuando en otros países más avanzados que el nuestro se imparten desde hace mucho tiempo en la Universidad? Porque aquí no se puede estudiar en ninguna facultad la Osteopatía, la Quiropráctica, la Homeopatía, la Acupuntura, la Medicina Biológica, la Homotoxicología y muchas otras disciplinas y terapias más…

-Sencillamente, lamentable e incomprensible. Un claro signo de la tremenda ignorancia de buena parte de la clase política y médica. Pero eso va a terminar cambiando antes o después.

-Una ultima pregunta; ¿cuántos médicos han acudido al curso sobre Medicina Biológica que está usted impartiendo ahora en Madrid?

-Setenta y seis. Aunque en unos días empiezo otro en Sevilla.

-Bueno, eso parece indicar que hay médicos abiertos a nuevas enseñanzas y capaces de replantearse lo que les enseñaron en su día en la facultad.

-Sí. Y es un hecho esperanzador.

José Antonio Campoy 

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Mayo 2002
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