Durísimas acusaciones de John Virapen contra la industria farmacéutica

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Tras trabajar 35 años para la gran industria farmacéutica en distintas compañías en las que llegó a ocupar cargos de alta dirección John Virapen se ha convertido con sus contundentes denuncias en una auténtica pesadilla para el sector del fármaco. Él mismo reconoce haber cometido todo tipo de irregularidades, entre ellas haber recurrido al soborno para intentar conseguir que se autorizara el Prozac en Suecia. Es más, acusa a los gobiernos de compartir los intereses de la industria y a los medios de comunicación de complicidad. Lo singular es que lo que cuenta es sólo parte de lo que sabe -y ya de por sí es un escándalo- asegurando que el resto es su “seguro de vida” ante una industria a la que lo único que le importa es ganar dinero.

La carrera de John Virapen -nacido en la Guayana británica y de ascendencia hindú- en la industria farmacéutica comenzó en 1968 como representante farmacéutico. A partir de ese momento trabajó en todos los departamentos de la industria y fue ascendiendo en el escalafón hasta llegar a ocupar puestos directivos en distintas empresas. En 1979 se unió a la compañía farmacéutica estadounidense Eli Lilly en la que llegaría a ser Director General en Suecia. Posteriormente sería trasladado a la zona del Caribe y estando allí sería despedido en 1988. La empresa le acusó de “hablar mal públicamente de ella” y él denunció el despido como acto de discriminación racial. Después siguió trabajando en distintas empresas farmacéuticas. Los problemas de conciencia estaban lejos de aparecer todavía. Estaban suficientemente adormecidos: conducía coches caros, dormía en hoteles de cinco estrellas, disfrutaba de agradables compañías… Hasta que un ataque al corazón primero y los buenos oficios de la que sería su mujer después acabaron por convencerle en el 2005 de que lo dejara todo. Se jubiló, se fue a Alemania y siguió disfrutando de la buena vida sin ninguna preocupación y, desde luego, sin pensar en levantar la voz contra sus antiguos patronos. Según su propio testimonio vivía muy bien, jugaba al golf, no le faltaba dinero y disfrutaba de una vida relajada. Hasta que su esposa quedó embarazada y a sus 62 años le convirtió en padre por primera vez.

La llegada de ese hijo fue su particular caída del caballo. Porque cuando comenzó a prestar atención a todo lo que se refería a la salud infantil empezó a vislumbrar los manejos de la industria para convertir a los niños en consumidores compulsivos de psicofármacos. Y eso fue más de lo que al parecer su estómago era capaz de aguantar. Así que se decidió a hablar y escribir. Lamentablemente para nosotros su principal obra de denuncia –Side Effects: Death. Confessions of a Pharma Insider (Efectos secundarios: muerte. Confesiones de un hombre de la industria farmacéutica)-, en la que cuenta con detalle sus experiencias, aún no ha sido traducida al español.

Lasacusaciones de Virapen no son por tanto fruto de la imaginación de un novelista ni de una investigación apresurada. No se limitan a recoger lo que dicen que ha dicho alguien que ha oído lo que otros dos decían en un corrillo en la máquina del café. Sus denuncias son el testimonio vivo de su propia experiencia a lo largo de más de tres décadas. “Piensodedicar mi vida o lo que quede de ella a los niños –afirma Virapen-porque he gastado 35 años de mi vida trabajando para una industria, la farmacéutica, que no hace otra cosa que aniquilar a la población de este mundo. ¿Y por qué lo hace? Porque lo único que pretende es ganar dinero”.

Virapen empiezasus denuncias en el prefacio del libroacusando a la industria farmacéutica de utilizar imágenes de niños y ancianos bailando en días soleados y de vender su publicidad con imágenes de salud y bienestar para ocultar una realidad bien distinta que él mismo plantea en forma de preguntas:

¿Sabía usted que las grandes empresas farmacéuticas se gastan entre 35.000 y 40.000 dólares por año y médico para “persuadirles” de que receten sus productos?

-¿Sabía usted que los formadores de opinión llamados líderes -es decir, los científicos y médicos “reconocidos”– son específicamente sobornados con viajes caros, regalos o simplemente con dinero para informar de manera positiva acerca de los medicamentos cuando sus graves efectos secundarios -incluso mortales- se hacen públicos a fin de desterrar las razonables preocupaciones de médicos y pacientes?

-¿Sabía usted que sólo se han hecho ensayos clínicos a corto plazo para testar muchos de los nuevos medicamentos aprobados y por tanto nadie sabe sus efectos sobre los pacientes que los toman durante períodos largos o, incluso, para el resto de su vida?

-¿Sabía usted que los informes de investigación y estadísticas que son necesarios para la aprobación de fármacos por las autoridades reguladoras están siendo constantemente modificados por lo que las muertes causadas por sus efectos secundarios no se pueden encontrar en ellos?

-¿Sabía que más del 75% de los científicos más importantes del ámbito de la Medicina cobran de la industria farmacéutica?

-¿Sabía usted que hay medicinas en el mercado simplemente porque hubo sobornos en el proceso de aprobación?

-¿Sabía usted que la industria farmacéutica se inventa y promueve enfermedades con campañas de marketing cuyo fin no es otro que el de ampliar su mercado de productos?

-¿Sabía usted que la industria farmacéutica está poniendo cada vezmás su miradaen los niños?

Tales son las preguntas que formula en su obra. Nosotros sólo debemos añadir que hubiera sido deseable que la conciencia de Virapen hubiera dejado de estar de vacaciones antes; pero más vale tarde que nunca. Hemos hablado con él

DE LOS REGALOS A LOS SOBORNOS 

-Es evidente que usted ha vivido y disfrutado de la vida gracias a la industria farmacéutica durante treinta años y ahora les acusa de ser una pandilla de delincuentes. ¿Se incluye usted?

-A la industria farmacéutica no le importa la vida de la gente, solo les preocupan sus billeteras. Lo que cuento no es algo que haya soñado u observado en otra parte, es algo que he hecho yo mismo. He sido tan criminal como ellos. Mis manos están tan sucias como las de esa gente. No voy a poner ninguna excusa.

Mire, yo empecé como vendedor. Tenía un buen sueldo, un buen automóvil, cuenta para gastos… Luego fui ascendiendo hasta convertirme en director de la delegación en Suecia de la más grande y perversa empresa farmacéutica del mundo: Eli Lilly & Company. Son malvados. Y lo puedo decir porque fui parte de esa maldad. En esos días el dinero corría a raudales. Viajé por todo el mundo. Pregúnteme por los mejores hoteles del mundo, por los aeropuertos más grandes, por los mejores restaurantes… Tenía la llave dorada para el mejor sitio de Estocolmo, el Oprah S, donde la nobleza va a comer.

Sobre mi trabajo, y para resumir, le diré que a lo largo de mi carrera hice un montón de cosas indebidas. Desarrollé e implementé campañas de comercialización de productos peligrosos y de uso generalizado. Las estrategias de marketing abarcaban toda la gama, comenzando con regalos costosos para los médicos, viajes para los formadores de opinión -los considerados líderes en su campo-, dinero pagado por artículos en revistas científicas, preparación y realización de conferencias científicas… Hasta visitas a burdeles para altos directivos.

Y, por último, sobornar a las autoridades también se convirtió en una parte triste de mi repertorio. Uno de esos casos, en particular, fue el intento de soborno de un experto independiente que habían contratado las autoridades suecas para evaluar un fármaco; me refiero al Prozac. A pesar de todo ello seguí vinculado a la industria hasta el 2005.

-¿Intentó que el Prozac se aprobara en Suecia merced a un soborno?

Eli Lilly vendía en esa época un medicamento llamado benoxaprofeno, conocido fármaco analgésico y antiinflamatorio recetado para la artritis que, entre otras cosas, provocaba daño hepático y renal pudiendo incluso llevar a la muerte; por eso acabó retirándose del mercado. Así que la empresa necesitaba otromedicamento “de éxito”. Y Prozac era la alternativa. Lo singular es que en ese momento nadie se planteó venderlo como antidepresivo. Querían venderlo como una herramienta contra la obesidad porque gordos hay en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos. Pero introducir un medicamento para tratar la obesidad requiere gran cantidad de tiempo e investigaciones y Eli Lilly necesitaba su aprobación tan pronto como fuera posible para sustituir al benoxaprofeno. Así que los esfuerzos se centraron en sus efectos sobre el estado de ánimo. Y a mí me dijeron que mi carrera dependía de la rapidez con que Prozac se aprobara en mi área de responsabilidad por lo que decidí utilizar el soborno para conseguir que se inscribiera tan pronto fuera posible pero las autoridades me dijeron que lo harían sólo si el medicamento se comercializaba en dosis de 5 miligramos y no en pastillas de 20 como habíamos planeado porque con esa dosis había demasiados efectos secundarios. Mi petición fue pues rechazada y poco después fui trasladado almercado de Puerto Rico, Caribe y América Central. Un mes después me despidieron.

-¿Puede demostrar lo que dice?

-Tengo los documentos que lo prueban. Verá, mis ex empleados se quedaron tan sorprendidos como yo de mi despido y fue gracias a ellos que pude conservar documentos que tenía en mi oficina sueca. He guardado todas las cartas posibles: documentos, registros que demuestran los sobornos a médicos y líderes de opinión, invitaciones a vacaciones en el Caribe… y cómo se pagaba a profesores por escribir artículos positivos sobre medicamentos en revistas científicas. Entre ellas conservo una carta escrita por un profesor sueco que trabajaba para la Oficina de Admisiones donde él mismo admite que recibió dinero de mí. Uno de mis ex empleados reunió todos esos documentos y me los envió.
-¿No tiene usted miedo por revelar todo esto?
-No tengo miedo aunque sé que otros que han revelado irregularidades se jugaron realmente la vida al hacerlo. Por ejemplo Alfred Pequito, ex delegado de Información de Bayer en Portugal que condujo a la Inspección General de Salud de dicho país a investigar la supuesta corrupción de médicos portugueses al recetar fármacos a cambio de viajes. Le acuchillaron. Tuvieron que darle 70 puntos de sutura. Y no pasó en un país del tercer mundo ni a finales del siglo pasado:pasó hoy y entre nosotros, en el centro de la civilización. A pesar de que contaba con protección personal. Pero esos casos no me asustan. A lo que yo tengo miedo de verdad es a que mi hijo se convierta en el tipo de persona que la industria farmacéutica más ama: alguien que toma para enfermedades inventadas medicamentoscon graves efectos secundarios –muerte incluida- incluidos en el precio.

LOS NIÑOS, UN MERCADO FLORECIENTE 

-¿Realmente ha sido el posible futuro de su hijo lo que le ha llevado a denunciar a la industria farmacéutica?

-Piense que fui bendecido con un hijo cuando tenía ya 62 años. Bueno, pues cuando cumplió seis meses le llevamos al pediatra para un chequeo rutinario y la doctora, tras revisar al niño, nos dijo: “Está sano así que vamos a ponerle su cóctel de vacunas obligatorias”. En ese momento me rebelé y le dije a mi esposa que nadie, ni siquiera el médico, iba a recetarle a mi hijo un medicamento antes de discutirlo conmigo y estuviera de acuerdo. Como respuesta la doctora sacó a mi esposa e hijo fuera de la clínica y les dijo: “Sólo tratamos a niños vacunados”. Aquella reacción me produjo una irritación tan profunda que la investigué y averigüé que pertenecía a un comité de honor junto a políticos y algunos miembros de la empresa farmacéutica que había fabricado la vacuna. Los mismos que impulsaron al gobierno alemán a introducir la vacunación obligatoria. Así que empecé a investigar sobre lo que estaba pasando en Alemania. Yo nunca había trabajado en ese país pero pronto descubrí que otros médicos generalistas, al igual que esa doctora, estaban recetando drogas psicotrópicas a niños. Después leí en un artículo de la Asociación Médica Europea que se iba aprobar el Prozac para niños. Y que ya se les estaba recetando Ritalin. Mi indignación subió de tono y los recuerdos de mi vida profesional -desde el primer día en que me uní a una empresa como vendedor- empezaron a atormentarme. Hasta empecé a ver sombras en la noche y a visualizar gente muriendo por tomar fármacos legalizados con mi colaboración.

Empecé pues esta lucha debido a lo que pasó con mi hijo pero a medida que investigaba el material no dejaba de crecer así que al final ya no fue sólo por él. Hoy soy consciente de que cuando se tiene la información privilegiada que yo poseo -y mi experiencia- y sé que se está engañando a la gente uno tiene el deber de hacer llegar la verdad al público.

-Especialmente en el caso de los niños…

-Sí, porque la industria farmacéutica, siempre a la búsqueda de nuevos consumidores, ha puesto ahora su atención en los niños. ¿Ha oído hablar del TDAH? Según la industria farmacéutica millones de niños sufren hoy una enfermedad llamada Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH. Y, por supuesto, existen ya medicamentos para ello que se publicitan masivamente de forma agresiva. Ritalin es uno de los más conocidos. Y Strattera,que pertenece a Eli Lilly, la empresa para la que trabajé muchos años. Sin embargo nadie sabe qué trastornos del desarrollo y daños a largo plazo puede causar su consumo. A pesar de lo cual se prescriben miles de veces todos los días a niños supuestamente hiperactivos. Pues bien, como he contado yo estuve involucrado con el Prozac (fluoxetina) -que no es sino un predecesor de Strattera– y sé que puede provocar graves efectos secundarios, violencia e, incluso, pérdida de las ganas de vivir.

El 7 de febrero de 2004 una estudiante de diecinueve años se ahorcó con una bufanda en el laboratorio de la propia empresa farmacéutica Eli Lilly durante un estudio clínico. El suicidio… en condiciones clínicas. ¡Una auténtica locura! Y se trata de uno de toda una serie de suicidios aunque fuera de los pocos de los que el público se enteró. Lo lamentable es que esa joven estaba completamente sana al comienzo del ensayo y el dinero que iba a recibir por su participación en él era para ayudarse a financiar los estudios. De hecho para estar más seguros las personas con algún signo de depresiónfueron excluidas de los ensayos ¡a pesar de que el medicamento iba a ser aprobado para personas con depresión! Como siempre, los suicidios se mantuvieron en secreto tanto tiempo como fue posible.

Lo inconcebible es que si una secta religiosa tratara de seducir a jóvenes sanos por medio de productos químicos u otros métodos de lavado de cerebro de manera que el suicidio les pareciera una solución lógica serían inmediatamente perseguidas; sin embargo los laboratorios de investigación de la industria farmacéutica trabajan con fármacos que provocan ese efecto ¡y los productos se legalizan!

Dicen que actúo por venganza pero no es verdad. Lo único que pretendo es que dejen de drogar, envenenar y matar a nuestros hijos.

-Luego usted es de los que también considera sumamente grave y un error de imprevisibles consecuencias tratar posibles conductas “anormales” de los niños con medicamentos… 

-Los niños no necesitan psicofármacos. He investigado lo suficiente como para llegar a la conclusión de que los psiquiatras ¡se inventan las enfermedades! Sobre el cerebro no se sabe casi nada a pesar de lo cualla industria farmacéutica pretende hacer creer que puede resolver los problemas de comportamiento con fármacos. Es una falacia; en realidad no están interesados en la cura de nada. Es la industria más poderosa del mundo, duermen en la misma cama con los gobiernos y usan la corrupción para obtener lo que desean. La corrupción implica gastar dinero pero esa industria tiene montones y montones de él y además es así como hacen más dinero. Con los fármacos se ha asesinado a más gente que la que ha muerto en todas las guerras del mundo. Hay pues que parar todo esto de inmediato. Y no estoy diciendo que todos los fármacos sean inútiles ni que la industria farmacéutica no pudiese tener un papel útil sino que la mayoría de quienes hoy la dirigen, controlan y se benefician de ella son basura. No están interesados en curar ninguna enfermedad sino en ofrecer meros tratamientos sintomáticos que a ser posible haya que consumir de por vida. Y en inventarse enfermedades para vender nuevos fármacos para ellas.

-Pero son los médicos quienes aconsejan a los padres tratar a sus hijos con medicamentos…

-Los padres no deberían dar por cierto todo lo que sus médicos les dicen. Porque hoy los médicos –no se olvide que he trabajado la mitad de mi vida con ellos- ni saben mucho de Medicina ni se preocupan realmente por los pacientes. Eso es lo que permite a la industria farmacéutica reinar y permanecer en el poder. De hecho desde hace unas décadas a los médicos les forma ¡la industria farmacéutica! Es ésta la que propone y controla las materias y programas de estudio universitarios –a menudo a través de testaferros pagados- y luego elige en las facultades de Medicina –cuando están en cuarto o quinto año- a quienes pagar las enseñanzas más especializadas y así controlarlos. Entre otras cosas entrenan a los alumnos para que no acepten como buena más información que la que les proporcione la propia industria. Cuando era vendedor mi superior en la empresa farmacéutica me dijo: “Nunca hables de efectos secundarios. Habla de algo parecido a características, ventajas y beneficios pero no hables de efectos secundarios. Eso es tabú”.

Y que la gente tampoco espere mucho de los medios de comunicación porque la inmensa mayoría también los controla la industria farmacéutica. De hecho los usa para hacer el trabajo sucio.

-Entonces todo se reduce a ganar dinero…

-Todo es una cuestión de dinero. Ése es el mensaje más importante de mi libro. La gran industria siempre logra lo que quiere; sorteando, si hace falta, las trabas legales. Basta conocer el precio y estar dispuesto a pagarlo. Y como ni siquiera se trata de sumas astronómicas…

-Pero también habrá empresas honestas en el sector…

-Es posible. Yo no conozco el funcionamiento de todas las empresas. Pero encontrar una sociedad éticamente intachable en este ámbito es equiparable a la búsqueda de una aguja en un pajar. En todo caso lo repito: no estoy en contra de la industria farmacéutica “per se” sinoen contra de sus actividades delictivas porque están destrozando muchas vidas y matando a mucha gente.

-Dada la dureza de sus manifestaciones suponemos que tiene usted las espaldas cubiertas…

-En efecto. Tengo mucha documentación. Cada vez más. Y ello, afortunadamente para mí, se ha vuelto mi seguro de vida. Además tengo que preparar mi próximo libro. Mientras tanto continuaré dando charlas allí donde me inviten porque tengo material para escribir cien libros. A fin de cuentas mi objetivo es que el mensaje llegue a los consumidores porque es entre todos como debemos librarnos de esa gente. Las autoridades estatales no van a ayudarnos porque no atreven a enfrentarse a las estructuras criminales de la industria farmacéutica; además son fácilmente sobornables. Y los expertos. Y los médicos. Y los periodistas. Casi todo el mundo es hoy corruptible.

Sin embargo al igual que las protestas públicas hicieron caer el muro de Berlín hoy pueden contribuir a que la industria farmacéutica haga cuando menos transparente su negocio. Quizás hasta se pueda conseguir que los políticos dejen de llenarse los bolsillos y empiecen a hacer algo útil, que los estudiantes de Medicina y los médicos despierten dejando de hacer el juego a la industria y que los periodistas empiecen a contar la verdad. Sí, difundir la verdad es la única arma eficaz que nos queda.

Antonio F. Muro

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Octubre 2010
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