El absurdo de las vacunas masivas obligatorias

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El fallecimiento a finales de junio pasado en Olot (Girona) de un niño no vacunado ha sido aprovechado para exigir que todos los niños del mundo sean vacunados de forma masiva contra todo tipo de enfermedades orquestando campañas con el eslogan “más peligroso que vacunar es no vacunar“. Tachando a los que se oponen o matizan esa propuesta de “antivacunas”. La idea es simplificar el mensaje y crear solo dos bandos: el de quienes defienden las vacunas y el de quienes ponen reparos, el de los “buenos” porque obedecen las directrices sanitarias y el de los “malos” porque no las aceptan, el de quienes asumen sus postulados y el de quienes no lo hacen y son por ello acusados de ignorantes carentes de conocimientos científicos. Una auténtica falacia a la que se han prestado muchos medios de comunicación a pesar de que viola varios derechos fundamentales.

“Solo el error necesita el apoyo del Gobierno.  La verdad se mantiene por sí misma”.
(Thomas Jefferson)

En mayo pasado los responsables del hospital catalán de Olot trataron el primer caso de difteria en España en casi 30 años. Se trataba de un niño de seis que empezó a sentirse mal el día 25 de y fue llevado dos días después por sus padres al servicio de Urgencias con dolor de cabeza, fiebre e inflamación de las amígdalas por lo que sospechando el pediatra de un posible caso de difteria ya que su propio abuelo murió de esa enfermedad y estaba familiarizado con los síntomas se tomaron muestras que se enviaron a analizar al Centro Nacional de Microbiología del Instituto Carlos III de Madrid -en la mayoría de los centros sanitarios ya no pueden hacerse- que así lo confirmaría.

Trasladado el niño al Hospital Vall d´Hebrón nuestra administración sanitaria inició la rápida búsqueda del suero que décadas antes se utilizaba para tratar la enfermedad -de forma muy discutible porque es enormemente tóxico- encontrándolo finalmente en Rusia y usándolo de inmediato: el día 1 de junio. Solo que en vez de mejorar el pequeño empeoró a las 24 horas volviéndose su estado crítico y debiendo conectársele a un riñón artificial con circulación extracorpórea. Hasta que el 27 de junio fallecía achacándose inmediatamente su muerte no al discutible tratamiento aplicado sino al hecho de no estar vacunado contra una enfermedad que no ha sufrido nadie en nuestro país en las últimas tres décadas. Con la clara idea de desviar rápidamente la atención de lo realmente importante: si había recibido o no el tratamiento más adecuado. Y los periodistas picaron el anzuelo. Porque lo que no se ha contado es que son muchos los médicos que piensan que si se le hubiera tratado solo con antibióticos y ayudado con potenciadores del sistema inmune el niño se hubiera recuperado. Es más, si se le hubiera administrado simplemente cloruro de magnesio en los primeros días es posible que hubiera superado la enfermedad rápidamente; al menos así se explica en el reportaje que aparece en este mismo número de la revista cuyo contenido invitamos a leer.

En suma, los medios de comunicación fueron una vez más utilizados para desviar la atención del fracaso médico y centrar la muerte en el hecho de que no estaba vacunado como si ello hubiera sido la causa. Es más, se permitieron en un alarde de inadmisible demagogia echar la culpa a los padres por no haberle vacunado y a quienes se oponen a la vacunación masiva de niños… falseando la verdad. Porque lo que hicieron fue crear un falso y manipulado debate entre “provacunas” y “antivacunas” como si la opinión mayoritaria -incluso entre los médicos- no fuera en realidad equidistante entre ambas posiciones. De hecho la mayor parte de los colectivos tachados de “antivacunas” no están en contra de todas sino solo de las que han sido insuficientemente testadas y de aquellas que llevan sustancias tóxicas manifiestamente peligrosas como el timerosal y el escualeno. Basta para comprobarlo leer lo que dicen en sus web.

La Liga para la libertad de vacunación -creada en Barcelona en 1989- afirma por ejemplo en su apartado de presentación –www.vacunacionlibre.org– lo siguiente: “En la Liga trabajamos para tener libertad efectiva de optar o no por la vacunación promoviendo la información, la difusión y el debate sobre esta cuestión”. No están pues en contra de ellas sino a favor de  la posibilidad de elección. Lo que piden es que “se establezca una correcta farmacovigilancia de las vacunas”, “se exija a los laboratorios fabricantes informes periódicos del alcance de las investigaciones vacunales”, “deje de vacunarse sistemáticamente a los niños menores de 3 años” porque “solo una epidemia (según la ley orgánica 3/86 art. 2) o indicaciones específicas evaluadas para cada individuo justificarían su vacunación” y que “en caso de ser necesarias las vacunas éstas se administren separadamente y se vigilen atentamente sus efectos”. Aconsejando, eso sí, que la gente “se abstenga de inocularse las nuevas vacunas pues no existe todavía información epidemiológica suficientemente contrastada sobre las mismas”. Es decir, se trata de un colectivo crítico con la medicina alopática en general y con el uso y abuso de las vacunas en particular pero solo contra algunas y contra tras las formas de administrarlas.

Otro de los colectivos demonizados fue el European Forum for Vaccine Vigilance (Foro Europeo para la Vigilancia de las Vacunas) que según su propia web -www.efvv.eu- está constituido por “una coalición de grupos y personas de Europa que pretende informar al público, a los políticos y a la prensa acerca de los efectos adversos de las vacunaciones y proporcionar información sobre evaluación de los procedimientos de vacunación en términos de sus beneficios para la salud y sus riesgos”. Pues bien, se trata de una entidad que simplemente aboga por “una investigación independiente de las vacunas para reevaluar los riesgos/beneficios de los calendarios de vacunación”. Y tampoco se pronuncia de modo radical contra las vacunas, solo rechaza su obligatoriedad.

Otra entidad que se vio en el punto de mira es la Asociación de Afectados por Vacunas (AxV) que tampoco se opone a ellas. Su objetivo lo plasman en su web (www.afectadosxvacunas.org/objetivos-de-axv) y es el “ayudar a las personas afectadas por los daños que provocan las vacunas y abrir un debate sobre los aspectos de seguridad y eficacia de las mismas”. Añadiendo textualmente; “No estamos en contra de las vacunaciones: lo que queremos es que se apliquen las vacunas que verdaderamente sean necesarias, efectivas y seguras”.

DIEZ PELIGROSOS MINUTOS

Es decir, ninguna pide nada que no sea de sentido común. Lo que pasa es que reflejan las dudas de la gente sobre las vacunas. Basta leer para corroborarlo lo que en el nº 15 del Journal of Health Psychology correspondiente a abril de 2012 se decía en un significativo trabajo de investigación: “Nuestro análisis revela que acceder a una web critica con las vacunas entre 5 y 10 minutos incrementa la percepción de riesgo de la vacunación y disminuye la percepción de riesgo de no vacunarse así como la intención de hacerlo”. Es decir, que a pesar de la abrumadora información que a favor de las vacunas inunda la sociedad a través de múltiples vías -organismos internacionales, gobiernos, sociedades científicas y médicas, colegios médicos, fundaciones, revistas científicas, universidades, medios de comunicación y foros en las redes sociales- ¡basta leer menos de diez minutos en una web crítica para que el ciudadano medio cambie de opinión sobre ellas! Sorprendente.

Y es que la resistencia a su imposición es cada vez mayor. En 2014 la Academia Americana de Pediatría publicó en Pediatrics un estudio en el que participaron 1.759 padres según el cual los intentos de los responsables sanitarios de conseguir apoyo a las vacunas ¡obtienen el resultado contrario!

Ese mismo año se publicaría en el nº 80-6 de Anales de Pediatría -correspondiente a junio de 2014- dos artículos titulados Explorar las opiniones, creencias y actitudes sobre la vacunación de padres y madres que deciden no vacunar a sus hijos/as y Conocer las opiniones y las actitudes de profesionales sanitarios sobre el comportamiento de estas personas hacia la vacunación llegando ambos a la conclusión de que “es necesario trabajar con líderes locales e informar periódicamente sobre la situación de las enfermedades inmunoprevenibles”. Dicho de otro modo: instan a utilizar a personas conocidas en las que la gente confíe para desplegar periódicamente sus campañas de miedo a los contagios. Lo cual indica que el público desconfía cada vez más de las vacunas y, sobre todo, de las autoridades sanitarias y de los laboratorios fabricantes. Muy probablemente porque está harto de imposiciones desde el poder, especialmente cuando lo que se postula coarta las libertades y derechos básicos individuales. Algo que deberían empezar a tener en cuenta los médicos si no quieren tener pronto enfrente a la sociedad al igual que los periodistas que deberían empezar a informar con más objetividad e independencia. Es decir, a regirse ambos colectivos por códigos éticos y no ateniendo a las razones económicas de quienes les han contratado.

FORZANDO VACUNACIONES

El ejemplo más reciente de medidas legales expresamente destinadas a forzar vacunaciones lo tenemos en California que el pasado 14 de mayo se convirtió en el tercer estado –tras Virginia Occidental y Mississippi- que aprueba una ley para que las vacunas sean obligatorias en el momento de escolarizar a los niños ¡desde el jardín de infancia! La Ley 227 -firmada por el gobernador Jerry Brown– entrará en vigor el 1 de julio de 2016 y no permitirá más excepciones que las estrictamente médicas. Debiendo asimismo vacunar a sus hijos aquellas familias que se han negado hasta ahora alegando razones personales o religiosas en cuanto comiencen la Secundaria. Se trata de una iniciativa legal que se puso en marcha tras un brote de sarampión en las instalaciones de Disneylandia que llevó a contraer la enfermedad a  110 personas. Lo grotesco es que 48 de ellas no estaban vacunadas pero las otras 62 sí. Lo que significa que SE INFECTARON MÁS PERSONAS VACUNADAS QUE NO VACUNADAS. Y son  datos oficiales de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. Kafkiano.

¿Y qué decir de la “pintoresca” iniciativa del Gobierno australiano de noviembre de 2012 que aprobó un beneficio fiscal de 1.700 euros a quienes tuvieran al día su cartilla de vacunaciones? Cantidad a cobrar en tres plazos coincidiendo con las dosis establecidas en el calendario vacunal. Es evidente que lo que hizo fue “incentivar” -léase sobornar– a sus propios ciudadanos en lugar de explicar y razonar su decisión.

Y no crea el lector que se trata de medidas excepcionales aprobadas en comunidades lejanas. Las medidas legales para forzar vacunaciones son muchas y se ejercen desde hace tiempo. Según  el ya citado Foro Europeo para Vigilancia de las Vacunas éstas son obligatorias en muchos países europeos: Bélgica, Bulgaria, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Macedonia, Malta, Montenegro, Polonia, Republica Checa, Rumania, y Serbia. De hecho el foro ha puesto en marcha una iniciativa a través de la página Change.org para solicitar al Parlamento Europeo, la Comisión Europea y el Consejo de la Unión Europea que se exija antes de vacunar a alguien la firma del “consentimiento libre e informado”. Aduciendo para ello que la vacunación obligatoria es contraria a la Declaración Universal de Derechos Humanos porque viola los derechos a la integridad física, la privacidad y la dignidad. De hecho una resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos promulgada en agosto de 2001 en Maceio (Brasil) por el Congreso Mundial de Ley Médica estableció que “como tratamiento médico involuntario la vacunación obligatoria interfiere con el derecho a la privacidad tal como garantiza el artículo 8 de la Convención Europea de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales”.

Asimismo recuerdan que el artículo 3 de la citada convención establece en su punto 2 que “en el marco de la medicina y la biología se respetará particularmente (…) el consentimiento libre e informado de la persona de acuerdo con las modalidades establecidas por la ley”.

Igualmente recuerdan que la Convención sobre Derechos del Niño de la ONU declara en su artículo 6 que los estados miembros reconocen que “todo niño tiene derecho intrínseco a la vida” y “garantizarán en la medida máxima posible la supervivencia y el desarrollo del niño”.

A muchos el miedo a las vacunas les parece exagerado pero lo mismo piensan de los fármacos obviando que las reacciones adversas a éstos constituyeron en 2013 en la Unión Europea ¡la quinta causa de muerte! Así lo asevera el Centro de Control UPPSALA de la Seguridad del Paciente.

Además no hay que olvidar que las vacunas son productos farmacéuticos que se administran a personas sanas y la gran mayoría nunca se han comparado con un simple placebo, los estudios sobre ellas se hacen a menudo sin grupos de control y no se lleva a cabo un seguimiento posterior a las inoculaciones de varios meses o años.

No puede pues extrañar que el Tribunal Supremo de Estados Unidos haya reconocido de forma taxativa que las vacunas son inevitablemente inseguras (vea el documento del tribunal en el siguiente enlace: www.law.cornell.edu/supct/html/09-152.ZD.html). Lo que implica el reconocimiento expreso de que MUCHOS NIÑOS SANOS A LOS QUE SE VACUNA VAN A SER INEVITABLEMENTE DAÑADOS. Luego deben ser pues los padres quienes tomen libremente la decisión de vacunar  o no a sus hijos.

El foro recuerda por último que el nivel de cobertura recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) –el 95%- ya se consigue en los países en los que las vacunaciones no son obligatorias y no existe evidencia alguna de que obligar a vacunar vaya a reducir el número de enfermedades infecciosas.

El manifiesto elaborado por el foro concluye así: “Teniendo en cuenta el riesgo para el individuo y la falta de evidencia que demuestre que un niño vacunado está más sano la población europea debe tener la libertad de elección informada con respecto a la vacunación. De por sí, lA VACUNACIÓN OBLIGATORIA DEBE SER ABOLIDA EN TODOS LOS PAÍSES EUROPEOS. Reiteramos que la vacunación/medicación obligatoria es una violación que va en contra de nuestros derechos humanos básicos”.

MIEDO AL DEBATE LIBRE

Lo llamativo es que quienes apoyan la vacunación obligatoria se niegan a debatir en los foros públicos con quienes no están de acuerdo con ella; por ejemplo en una cadena de televisión. No admiten un debate sereno de carácter científico. Antes bien, apoyan las represalias y amenazas que sufren quienes cuestionan el dogma vacunal imperante, sean éstos médicos, biólogos, farmacéuticos, químicos, naturistas, terapeutas, abogados… o figuras de relevancia social.

Los últimos en sufrir las consecuencias de su defensa de las libertades han sido de hecho los actores Rob Schneider y Jim Carrey. El primero pidió públicamente en una Carta Abierta que se investigue por qué los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) encubrieron que algunas vacunas provocan autismo -asunto sobre el que hemos informado ampliamente en la revista-, osadía que hizo que la aseguradora State Forum Insurance decidiera prescindir de él en sus anuncios mediante un escueto comunicado: “State Farm Insurance no emitirá más el anuncio de televisión que protagoniza Rob Schneider por sus opiniones contrarias a la vacunación. Decisión que se toma ante la campaña en las redes sociales reclamando que Schneider deje de representar a la compañía en nuestra publicidad”.

La respuesta de Schneider fue clara y contundente: “Agradezco el apoyo de los fans que, al igual que yo, creen que deben ser los padres y no el gobierno quienes decidan lo que es mejor para sus hijos”. Añadiendo con dureza: “En Estados Unidos la democracia se encamina rápidamente hacia el fascismo. En este país hay un tipo de mentalidad del que debemos protegernos”. Apuntillando: “En Estados Unidos no tenemos realmente libertad de prensa. Los medios de comunicación son solo propiedad de ocho compañías y eso no ayuda al ciudadano americano medio”. Y a continuación publicó en su twitter una significativa cita de George Washington“Cuando perdamos la libertad de expresión nos podrán llevar, mudos y silenciosos como ovejas, al matadero”.

Quizás no al matadero… pero sí a la cárcel. De hecho así lo propuso el pasado 27 de enero Alex Berezow, columnista del periódico USA Today, en un artículo titulado Encarcelad a los padres antivacunas que puede leerse en este enlace: www.usatoday.com/story/opinion/2015/01/27/jail-anti-vax-parents-vaccines-cdc-measles-disney-world-california-column/22420771/). “Es hora de poner fin a esta locura –escribe-. Encarcelarles puede parecer drástico pero podría ser la única forma de enviar un mensaje sobre las consecuencias mortales de no vacunar a los niños”.

Evidentemente si las vacunas fueran realmente inocuas y eficaces la postura de ese columnista podría entenderse pero es que tal cosa NO SE HA PROBADO NUNCA CON NINGUNA.

El popular actor Jim Carrey fue aun más duro: acusó directa y públicamente a los CDC de corrupción. Y obviamente recibió también feroces críticas por hacer en su cuenta de twitter el siguiente comentario tras la aprobación en California de la ley que elimina las exenciones vacunales: “El gobernador de California dice ‘sí’ a seguir envenenando a más niños con mercurio y aluminio mediante vacunas obligatorias. Hay que terminar con este fascismo institucional”. Por supuesto de nada le sirvió que luego  reiterara que no está en contra de las vacunas sino del tiomersal y el mercurio que algunas contienen.

Como de nada sirve tampoco que quienes se muestran contrarios hayan trabajado en la propia industria y conozcan a fondo el asunto desde dentro. Es el caso de Brandy Vaughan, ex empleada de la multinacional Merck -uno de los mayores fabricantes de vacunas del mundo- que reconoce estar abiertamente en contra de las vacunaciones obligatorias e incluso se cuestionó todo el sistema sanitario a raíz de las terribles consecuencias que tuvo la introducción en el mercado de Vioxx. Valiente postura que no le está resultando sencilla pues según informa TruthstreamMedia personas sin identificar han entrado ya varias veces en su casa –incluso después de cambiar cerraduras e instalar sistemas de seguridad-  dedicándose simplemente a cambiarle cosas de lugar en un claro intento de intimidación que se produce justo en medio de la actual campaña para lograr la vacunación obligatoria en Estados Unidos que, por cierto, coincide con la revelación de que los efectos nocivos de algunas vacunas se escondieron falsificando estudios y los CDC lo saben.

Se intenta impedir hasta que se hable de ello. La doctora Sherri Tenpenny, que lleva años abogando por el consentimiento informado en el caso de las vacunas, vio recientemente cómo se cancelaron buena parte de las conferencias que tenía programadas en Australia ante las presiones que sobre los dueños de los locales ejercieron los activistas pro-vacunas; incluso trataron de impedir que se le concediera el visado de entrada en el país.

Activistas tras los cuales está la industria que, consciente de su poder e influencia, se manifiesta sobre ello abiertamente e incluso utiliza a sus testaferros en todos los ámbitos. El pasado 6 de febrero por ejemplo Arthur L. Caplan, director de la División de Ética Médica de la Universidad de Nueva York, publicó en el Washington Post un artículo de opinión titulado simplemente ¡Que se retire la licencia a todo médico  que se oponga a las vacunaciones! Como se ve, puro fascismo.

Y es que la intimidación y el miedo funcionan. Como muestra un botón: las noticias sobre el caso del niño de Olot hicieron que en España el número de vacunas contra la difteria se incrementara ¡un 23%! Lo contó en portada el pasado 9 de junio El Periódico.

De quienes no se hacen eco sin embargo los grandes medios de comunicación es de las voces críticas; aunque se trate de especialistas prestigiosos que proporcionan argumentos científicos sólidos. Como el Dr. Russell Blaylock, neurocirujano experto en excitotoxicidad que hace tres años respondió con contundencia al Dr. Paul Offit, pediatra especializado en enfermedades infecciosas que posee la patente de una vacuna contra los rotavirus –RotaTeq- que fabrica y comercializa Merck habiendo obtenido por ella en 2013 la friolera de 691 millones de dólares. Y es que este individuo declaró a la revista Parenting Magazine que en teoría los bebés sanos podrían recibir hasta 100.000 vacunas en un solo pinchazo. Aunque luego corrigió sus palabras y la “rebajó” a 10.000 (el texto original puede leerse en www.whale.to/vaccine/Offit%20June%202006.pdf). Pues bien, a tamaño dislate respondería el Dr. Blaylock con una declaración drástica: “¡Inyectaos vosotros antes todo lo que decís que cada niño debería recibir!”. Afirmando en una entrevista posterior aparecida en Natural News que los daños que causan las vacunas se ocultan sistemáticamente porque de hecho el Sistema de Comunicación de Efectos Adversos de las Vacunas (VAERS) recibe en realidad no miles sino ¡millones de comunicaciones! Es más, Blaylock denuncia que las vacunas no solo no impulsan el sistema inmune sino que lo inhiben porque éste no sabe qué hacer cuando recibe virus y bacterias alterados. Es más, asevera que a largo plazo el sistema inmune no reacciona.

La Dra. Tetyana Obukhanych, inmunóloga formada en Harvard, dirigió por su parte una Carta Abierta a los miembros del Senado de California rebatiendo todos y cada uno de los argumentos esgrimidos para aprobar la ya mencionada Ley 277. Resumimos sus cuatro principales argumentos:

1. La mayoría de las vacunas incluidas en los calendarios infantiles de vacunación no están diseñadas para prevenir la trasmisión de la infección sino para prevenir los síntomas. Luego los niños no vacunados no suponen un mayor riesgo de transmisión infecciosa que los vacunados.

2. No es verdad que los efectos secundarios graves de las vacunas sean “raros” o “escasos”. Lo desmiente un reciente estudio llevado a cabo en Ontario (Canadá) por un equipo dirigido por el Dr. Wilson titulado Adverse events following 12 and 18 month vaccinations: a population-based, self-controlled case series analysis y publicado en 2011 en PLoS One según el cual un niño de cada 168 vacunados termina en el servicio de Urgencias antes de los 12 meses y uno de cada 730 antes de los 18. Así que de casos “raros” o “escasos” nada.

3. El porcentaje de la población que se niega a vacunar a sus hijos es hoy todavía muy pequeño por lo que la incidencia de obligarles a hacerlo no sería socialmente significativo. La Dra. Obukhanych recuerda al respecto la llamada “paradoja del sarampión” que describe el inusitado hecho de que el sarampión reaparece sobre todo en las poblaciones cuyos habitantes han sido vacunados. Lo constataron Poland y Jacobson en un trabajo titulado Failure to Reach the Goal of Measles Elimination: Apparent Paradox of Measles Infections in Immunized Persons publicado en 1994 en Arch Intern Med. Texto en el que se cuenta que en poblaciones de Canadá y China en las que se había vacunado a entre un 95% y un 99% ¡hubo brotes de sarampión! Y,

4. La Dra. Obukhanych recuerda para terminar que existen alternativas naturales más seguras y eficaces a las vacunas: las inmunoglobulinas.

LA PRINCIPAL PROMOTORA DE LAS VACUNAS ES LA OMS

Que la OMS promociona las vacunas es bien sabido ya que buena parte de sus dirigentes están elegidos o controlados desde hace décadas por las grandes multinacionales farmacéuticas. Por eso a nadie le extrañó que a mediados de agosto pasado anunciara la puesta en marcha en septiembre de una campaña a gran escala para concienciar a los ciudadanos de la “necesidad de ser inmunizados”. Bueno, lo hizo en su nombre Philippe Duclos, asesor del Departamento de Inmunización y Vacunas de ese organismo, mediante un artículo publicado en Vaccine en el que afirma que los colectivos antivacunas “son un desafío creciente” y “una amenaza para los países que intentan aplicar programas de vacunación que resulten eficaces para su población”.  Añadiendo -por supuesto sin pruebas ni datos contrastados-que cada año mueren millón y medio de niños por enfermedades que podían haberse evitado con las  vacunas disponibles. De ahí que proponga una “ofensiva para neutralizar a los antivacunas”. Lo que no tenemos claro es que quiso decir con “neutralizar” pero no nos gusta nada el lenguaje bélico de todo su escrito.

En todo caso es evidente que la campaña tendrá éxito entre las personas menos informadas; es decir, entre quienes su principal fuente de información es la televisión porque no leen. Y entre quienes sí lo hacen pero solo los grandes diarios ya que la mayor parte de ellos asumen acríticamente lo que dicen la industria y los organismos que ésta controla. No puede pues extrañar que de las 3.738 personas que respondieron a una encuesta on-line realizada el 5 de junio por el diario La Vanguardia con la pregunta ¿Crees que la vacunación infantil debe ser obligatoria por ley? el 86% fuera favorable y solo un 12% se mostrara en contra (el 2% no se definió). Claro que el día anterior el Consejero de Salud de la Generalitat, Boi Ruiz, había declarado que “quien cuestione que las vacunas no han tenido a lo largo de la historia un efecto beneficioso para todos no se ajusta a la verdad; hay una evidencia clara de los beneficios de las vacunas en la salud pública y la esperanza de vida de la gente”. Una cantinela que se repite hasta la saciedad desde hace décadas sin que ninguno de los que la hace aporte las pruebas que sustentan esa afirmación.

El 9 de junio el pediatra Fernando Cereto colgaba una petición en Change.org dirigida al Ministerio de Sanidad y al Congreso de los Diputados para que el calendario vacunal se aplique de forma obligatoria; algo que en el momento de escribir este texto -27 de agosto- ya habían apoyado 127.215 personas.

Hasta las redes sociales se han llenado de blogueros y comentaristas de todo tipo que exigen que las vacunas sean obligatorias. Destacando entre los peticionarios los autodenominados  escépticos, grupo de fundamentalistas radicales que se cree en posesión de la verdad y se autoarrogan la representación de la comunidad científica a pesar de que la mayoría carece de la más mínima formación académica y se hayan liderados por un vulgar mago e ilusionista llamado James Randi (lea al respecto en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Fundamentalistas científicos contra el pensamiento crítico apareció en el nº 135).

Es más, el 7 de junio el juez Marcelino Sexmero, portavoz de la asociación Francisco de Vitoria, aseguraba en el diario El País que en caso hipotético de contagio de un niño los padres podrían tener que responder civilmente. “Se les podría privar de la guardia y custodia incluso si no hay otra familia que denuncie porque la comunidad autónoma podría plantearlo de oficio y, al tener la tutela automática por desamparo, privarles de la patria potestad”. Algo intolerable por muy juez que sea quien así amenaza.

SE AMEDRENTA A LOS MÉDICOS

La presión de la industria es tal que el Defensor del Espectador de la Corporación de Radio y Televisión Española (RTVE), Ángel Nodal, se vio obligado a pedir disculpas por haber dado la televisión pública a los antivacunas “una cobertura desproporcionada en relación con su relevancia social”. Anunciando en una comparecencia parlamentaria el propio director de RTVE, Jose Antonio Sánchez, que había dado instrucciones para que a partir de ahora solo los médicos hablen sobre temas médicos. Inaudito. ¡Viva la libertad de expresión!

Y el 30 de junio Redacción Médica titulaba así una noticia: “La OMC da carta blanca a sus colegios para sancionar a médicos antivacunas”; añadiendo la entradilla: “Las sanciones, en caso de reiteración, pueden llegar a provocar la suspensión del ejercicio”. Amenaza a la que se sumó el presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, Jaume Padrós, quien declararía que “aquél médico que sin una razón clínica no indica una vacunación sistemática está incurriendo en mala praxis”. El 16 de agosto Padrós insistía y declaraba a La Vanguardia que su colegio iba a proponer “inhabilitar a los facultativos contrarios a la vacunación”.

Afortunadamente el sentido común prevaleció como indica que sólo dos días después el Secretario General de la Organización Médica Colegial, Juan Manuel Garrote, declaraba que esa propuesta no iba a ser aceptada y “no se suspenderá a los médicos que critiquen la eficacia de las vacunas”. Es más, reconocería que si se abriera la puerta a todas las vacunas desarrolladas “no habría 8 o 9 sino 50 o 60″ y dudaba de que fueran todas ellas necesarias. “Vacunar frente a enfermedades inocuas o leves que no van a producir ningún tipo de patología grave parece exagerado”. Es más, dio un paso al frente y dijo que los profesionales sanitarios deben “desvincularse” de la industria para evitar conflictos de intereses, tanto a la hora de recomendar medicamentos como al participar en la publicación de guías de práctica clínica.

¿SE HABRÍA SALVADO EL NIÑO DE OLOT SI HUBIERA ESTADO VACUNADO?

En suma, la nueva campaña para vacunar de forma masiva a la gente -sobre todo a los niños sanos- de forma obligatoria ha usado como excusa la muerte de un niño en Olot que se achaca a que no se vacunó contra la difteria como si ésta protegiera realmente. Pero, ¿es así? ¿Inmuniza la vacuna de la difteria a quienes la reciben? Decida el lector valorando datos: recientemente hubo en Maranhao (Brasil) un brote de difteria contagiándose 27 personas. Pues bien, ¡26 estaban vacunadas! Un dato contundente del que sin embargo los grandes medios de comunicación no han informado. Lamentable. Y por si lo duda le diremos que el trabajo que así lo explica se publicó en marzo de este año -2015- en Epidemiol Infect con el título Diphtheria outbreak in Maranhão, Brazil: microbiological, clinical and epidemiological aspects” (puede acceder a él en este enlace: www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25703400). Este trabajo echa abajo sin más la aseveración de que el niño no se habría contagiado si se le hubiera vacunado.

Por otra parte, ¿realmente estaba contagiado de difteria? Y si así hubiera sido, ¿por qué no se le aplicó un tratamiento antibiótico estándar en lugar de darle un suero cuya toxicidad es tan conocida como dudosa su presunta eficacia? Quisimos conocer la opinión del Dr. Enric Costa, médico de familia con cuarenta años de experiencia e inmune a las presiones que sus colegas reciben. Y esto fue lo que nos dijo:

-Sinceramente, cuando apareció la noticia pensé que debía tratarse de un error de diagnóstico. Y lo sigo pensando. Por dos razones: la primera es que estoy en activo desde hace casi cuarenta años y nunca he visto ni he tenido que atender un solo caso de difteria. Todo lo que sé de la enfermedad y de su tratamiento pues es lo que se nos explicó a nivel teórico en la facultad de Medicina. Y en ella se nos dijo que el tratamiento consiste simplemente en mantener libres las vías respiratorias del enfermo y darle suero antidiftérico y antibióticos. Que ese tratamiento se haya llevado a cabo en una moderna U.C.I. durante un mes y el niño se no se haya salvado obliga a preguntarse si fue realmente un caso de difteria.

-¿Y la segunda razón?

-El hecho de que se trate de un sólo caso. Nadie más de su entorno resultó afectado.

-¿Y a qué conclusión le lleva eso?

-A que eso es muy extraño. Los expertos y políticos que se han pronunciado repiten una y otra vez que el niño se contagió porque no estaba vacunado pero entonces, ¿quién le contagió? ¿Alguien que no estaba enfermo pero era portador de la bacteria como se ha alegado? Porque se nos ha dicho que se analizó a los 57 niños con los que estuvo en un campamento y 10 eran portadores de la bacteria -estaban pues infectados- pero no contrajeron la enfermedad porque estaban vacunados. Es decir, 10 “infectados” entre 57 de una enfermedad considerada erradicada hace décadas; eso implica un porcentaje del 18%.

-¿Y…?

-Pues que si se sometieran miles de personas al test de portador de difteria -para lo cual se hace un cultivo biológico de los gérmenes de sus mucosidades- éste daría probablemente positivo en un alto porcentaje de casos. Como ha ocurrido en el entorno del niño de Olot. Debe entenderse que el bacilo de la difteria, con sus cuatro o cinco subespecies, está presente de forma natural en nuestras vías respiratorias y digestivas. Es decir, es un organismo que vive en simbiosis con nosotros realizando distintas funciones; en su mayoría desconocidas, por cierto. Se trata de una realidad biológica; todos tenemos bacilos diftéricos y no por eso enfermamos.

-¿Y por qué enfermó y murió entonces el niño?

-Sin disponer de su historial médico y sin conocer las circunstancias concretas es obvio que no se pueden hacerse afirmaciones categóricas pero con los datos disponibles a mi juicio padecía en realidad una amigdalitis aguda; es decir, anginas. Y en tal caso si hubiera ingresado en cualquier otro hospital de España se le hubiera tratado simplemente con antibióticos y antipiréticos y muy probablemente hubiera sanado en pocos días.

-¿Pero cómo puede llegarse a una equivocación así?

-El pediatra que le atendió, el Dr. Schneider, es un médico afincado en Cataluña con familiares que asegura murieron de difteria. Y era conocido ¡porque llevaba años advirtiendo de que podía producirse un brote de difteria si dejaba de vacunarse a los niños!

-Entiendo. Y da la “casualidad” de que es él quien encuentra el primer caso en décadas…   

-Eso es.

-Y usted dice que podían ser simples anginas. ¿Tan fácil es confundir el diagnóstico?

-El cuadro clínico entre la difteria y lo que comúnmente llamamos anginas o amigdalitis es similar. Tienen los mismos signos y síntomas. Por eso se le tuvo que hacer el test de la PCR. La única diferencia entre una difteria y una amigdalitis es que se de “positivo” a un test específico que, por cierto, está disponible desde hace solo siete años.

-Es decir, que el diagnostico de amigdalitis pasó a ser de difteria porque el test dio positivo; luego todo depende de la fiabilidad del test.

-En efecto. Se utilizan dos test: el ELEK para distinguir la bacteria que se considera capaz de segregar la toxina que produce la difteria de otras denominadas “difteroides” y el PCR que detecta la presencia del gen de la toxina y es el que se considera definitivo. Sin embargo los propios documentos oficiales de los protocolos de actuación ante casos de difteria reconocen su falta de fiabilidad. Le cito literalmente lo que el Protocolo de Vigilancia de Difteria elaborado por la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica dice sobre la PCR: “Sin embargo no demuestra si la cepa expresa la toxina diftérica por lo que sus resultados deben ser interpretados con cautela ya que algunos aislamientos de las especies toxigénicas de Corynebacterium poseen el gen de la toxina pero biológicamente no la expresan”.

-O sea, que el primer test nos dice si la bacteria pertenece a la especie capaz de producir la toxina y el segundo si posee el gen que produce la toxina; pero aunque se trate de esa especie y tenga el gen podría no generar la toxina. ¿Es así?

-Así es. Y añadiré algo desconcertante: además de las diftéricas hay otras bacterias que pueden producir la toxina de la difteria; como la C. Ulcerans y la C. pseudotuberculosis. Pero lo importante es hacerse la siguiente pregunta: si para la Medicina solo es infalible el test que se usa desde hace apenas 8 o 10 años, ¿con que criterio diagnóstico se anunció la aparición y desaparición de epidemias de difteria durante la primera mitad del pasado siglo XX? ¿Y en la época de Löffler en 1880? ¿Cómo se dio crédito -y se sigue dando- a las estadísticas y datos de aquella época si actualmente se reconoce que los test no eran fiables? Porque hoy se asevera que solo desde hace unos años poseemos un test objetivo y científico…

-En cualquier caso, fuera o no difteria, lo cierto es que el niño empezó a empeorar en cuanto empezó a recibir el suero recibido desde Rusia.

-Eso indican las informaciones ofrecidas. A ese niño se le sometió a un tratamiento que se abandonó hace décadas por su discutible eficacia y alta toxicidad. Luego la causa de su muerte está en entredicho.

Díganos: ¿está usted a favor de las vacunaciones obligatorias?

 -En absoluto. Y estoy trabajando en un libro sobre el tema porque creo que es hora de que se ofrezca la otra cara de la moneda en este asunto.

-¿Y dada la actual actitud de las autoridades políticas y sanitarias no teme represalias?

-Asumo que recibiré presiones y críticas. Se producirán sin ninguna duda pero ya tengo experiencia. Hace algo más de veinte años escribí un libro que tampoco gustó y el colegio de médicos me abrió expediente. Entonces era un médico joven y tuve que emboscarme y desaparecer durante años pero ahora soy mayor, no trabajo en el sistema público de salud y no pueden ejercer ya sobre mí la misma presión. Quizás me expulsen definitivamente del colegio pero eso no impedirá que siga con mi viejo oficio de sanar; ya sea ejerciendo por libre mediante actos médicos o mediante la palabra. A estas alturas de mi vida y tras tanto bregar me basta con ser fiel solo a la verdad objetiva en los asuntos de la ciencia y a Dios en mi búsqueda personal.

Terminamos. Es evidente que nos hallamos ante una nueva campaña para vacunar masivamente y de forma obligatoria a toda la población -especialmente a la infantil- usando una vez más el miedo como coartada. Y una de las armas de esa estrategia es tachar a quienes se opongan de “antivacunas” y hacer  creer que son un grupo de ignorantes, insolidarios o iluminados aunque en realidad se trate en la mayoría de los casos de personas con alta formación académica, científica, investigadora y médica además de amplia experiencia clínica.

Jesús García Blanca

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Octubre 2015
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