El dolor crónico de espalda

En España hubo el pasado año más de medio millón de bajas laborales a causa del dolor de espalda con la consiguiente pérdida de millones de horas de trabajo, miles de millones de pesetas y el precio añadido de un incalculable sufrimiento. Y es que uno de los precios que el ser humano paga por su privilegiada posición erecta es el dolor de espalda. A fin de cuentas, nuestro enorme cráneo es muy pesado y a lo largo de los años ese peso puede ir aplastando los pequeños huesos que forman nuestra columna vertebral, en especial si su portador no hace las cosas correctamente. Y aunque el dolor no mata, puede convertir la vida en un infierno llegando, en muchos casos, a lisiar a quienes lo padecen.

Realmente estamos tan bien diseñados que nuestra columna vertebral está concebida tanto para permitirnos una gran flexibilidad como para poseer la solidez y resistencia necesarias para soportar el peso de la cabeza. Y ello gracias a los 33-34 huesos (según las personas) que, la sujetan mediante potentes tendones y fuertes músculos.

La columna vertebral normal tiene una longitud que oscila entre los 65 y 75 cms. en un adulto de estatura media y cuenta en la parte posterior con un canal formado por una serie de agujeros interconectados por el que discurren los grandes nervios que enlazan nuestro cerebro con el resto del cuerpo -la médula espinal-, nervios que a su vez van distribuyéndose a lo largo del tronco por los llamados agujeros de conjunción y que son los que transmiten las órdenes de movimiento y  recogen los datos de sensibilidad -incluyendo el dolor- del tronco y de las extremidades.

Los huesos de la columna están unidos por una serie de fuertes tendones y separados por unas almohadillas o discos intervertebrales de suave tejido cartilaginoso que facilitan los movimientos y previenen, en lo posible, el desgaste de las superficies de articulación.

Como conjunto dinámico, la columna vertebral está compuesta, pues, por un soporte fuerte y bien estructurado, sujeta por elementos pasivos -los ligamentos- y activos -los músculos de la espalda y los propios de la columna- que protegen la delicada estructura de la médula nerviosa. Conjunto que, como es lógico, debe mantener un perfecto equilibrio estructural y funcional para cumplir su importante papel en nuestro organismo.

CUANDO SE PIERDE EL EQUILIBRIO VERTEBRAL 

Sin embargo, hay muchas cosas que pueden alterar la proporcionada armonía de nuestra columna. Desde un “fallo de fabricación”, o sea, una alteración congénita, hasta una enfermedad, un golpe o una mala postura. Y el resultado es siempre el mismo: dolor.

En cualquier caso, además de las deformaciones congénitas de la columna vertebral y de los traumatismos, en la gente joven aparecen cada vez con más frecuencia dolores dorsales debidos a malas posturas en las largas sesiones escolares, las mochilas cargadas de libros, mal equilibradas y el menor desarrollo muscular que aparece en una infancia que dedica más tiempo a actividades estáticas como la televisión, el ordenador o las consolas electrónicas que a los juegos activos.

En los adultos, además de las malas posturas, existen otras causas que producen dolor como las enfermedades óseas y los inevitables traumatismos por accidentes. También a partir de los treinta años son causa importante de dolor de espalda (médicamente llamado dorsalgia) las famosas hernias discales, que consisten en desplazamientos de los discos intervertebrales cuando llegan a presionar las raíces nerviosas sensitivas y/o motoras de la médula por mala posición de los huesos o pérdida de tensión y fuerza de los ligamentos y músculos propios de la columna.

Ya en edades más avanzadas, y especialmente entre las mujeres, la pérdida de calcio de los huesos -la famosa osteoporosis, generalmenterelacionada con el embarazo y la lactancia además de otros factores hormonales- es un factor más que propicia el desgaste y deformación de los cuerpos vertebrales facilitando la aparición de los dolores crónicos que son la característica de las artrosis (porque las hay de muy distintos tipos) de la columna. Porque el desgaste vertebral no es exclusivo de las mujeres aunque sea en ellas más frecuente e importante.

Además, y esto es muy importante, a cualquier edad pueden aparecer una serie de enfermedades generales o propias de los huesos que requieran un tratamiento propio. Entre ellas, la espina bífida o la espondilolisis -problemas congénitos que consisten en la falta de formación o de osificación de una parte del hueso vertebral-, infecciones articulares o de los propios huesos producidas por gran número de gérmenes, enfermedades metabólicas -como la de Paget- y tumores malignos.

INTENTANDO ALIVIAR EL DOLOR    

Incluso los huesos fosilizados de los prehomínidos muestran evidencias de alteraciones degenerativas, tumorales y traumáticas de las vértebras. De ahí que a lo largo de los siglos y en todas las civilizaciones hayan surgido las más variadas técnicas para curar, aliviar o, al menos consolar el desesperante problema de la dorsalgia.

Desde la aplicación de calor directo hasta los baños relajantes, las presiones, las manipulaciones, las agujas o las sustancias analgésicas, el ser humano lo ha intentado prácticamente todo. Veamos algunos de esos remedios.

LOS ANALGÉSICOS 

La búsqueda de una panacea para aliviar el dolor es uno de los empeños más primarios del ser humano. El problema es que, cuando se consigue algo realmente eficaz para calmarlo, las sustancias empleadas tienen tantos efectos secundarios que, en muchos casos es peor el remedio que la enfermedad.

La naturaleza ha proporcionado la mayor parte de los remedios que aún hoy se utilizan. Las infusiones de manzanilla, ulmaria o corteza de sauce (especialmente del álamo blanco) tienen efectos antiálgicos. De hecho, el ácido acetil-salicílico, el medicamento-estrella de nuestro siglo, es el principio activo de la corteza de sauce. El opio ha sido tradicionalmente utilizado como analgésico y decontracturante desde el inicio de la historia y muchos de sus constituyentes, como la codeína y la morfina, siguen usándose ampliamente en Medicina como potentes analgésicos pese a sus problemas secundarios y la facilidad con la que producen dependencia.

En este campo la investigación actual está trabajando para conseguir sustancias de síntesis pura o encontradas a través del estudio de nuevos principios químicos derivados de plantas exóticas (etnobotánica) que tienen cada vez mayor poder analgésico. El problema está, como en casi toda nuestra agresiva medicina actual, en sus efectos secundarios, que van desde la irritación de la mucosa del estómago a importantes trastornos de hígado o de la sangre por lo que cada vez son menos recomendados por los mismos médicos, al menos para tratamientos prolongados.

Los remedios que se aplican sobre la zona dolorida buscan dos tipos de efectos: la anestesia (desaparición de la sensibilidad) o la analgesia (desaparición del dolor).

Es ligeramente anestésico el mentol, principio activo de la hierbabuena, el poleo o la menta piperita, base de muchas cremas mentoladas como el famoso “bálsamo de tigre” oriental, así como la manzanilla, que puede aplicarse en cataplasmas calientes sobre el foco de dolor consiguiendo además alivio por la dilatación vascular.
También como analgésicos se han utilizado tradicionalmente la hoja de col y la vulneraria.

Los analgésicos locales de síntesis -como los clásicos salicilatos o los más modernos ketoprofeno, ibuprofeno o etofenamato- vienen bien para calmar el dolor agudo pero son escasamente útiles en los casos de dorsalgia crónica por la poca duración de sus efectos analgésicos y decontracturantes y las lesiones irritativas que producen a la larga sobre la piel.

Otro sistema tradicional, recientemente recuperado, es el de las antiguas ventosas, recipientes de vidrio en los que se consigue un vacío relativo por calor o mediante una bomba y que, al aplicarlas sobre la espalda, consiguen una vasodilatación local superficial que ayuda a aliviar el dolor.

EL CALOR 

Junto con la presión es posiblemente el remedio más antiguo utilizado por nuestra especie. La aplicación de calor local sobre un punto doloroso produce un aumento de aporte de sangre a la zona (vasodilatación) y relajación muscular que alivia tanto el dolor originado en una zona determinada como el transmitido a través de las raíces medulares.

LAS MANIPULACIONES 

Es instintivo echarse la mano al lugar que duele. Como, además, en cualquier punto doloroso se produce una contracción de los músculos de la zona, la presión, evidentemente, alivia. Y si se ayuda con un masaje, la relajación muscular es aún mayor y la vasodilatación más importante, con lo que el dolor, evidentemente, mengua.

Las técnicas de manipulación más utilizadas desde antiguo son las distintas variedades de masaje, desde el tradicional Siat-shu japonés hasta las más recientes técnicas de osteopatía, desde la Quiropráctica hasta la Técnica Alexander o el Rolfing. También la gimnasia tradicional china, el Tai-chi, consigue a través de los ejercicios suaves y rítmicos que la caracterizan armonizar las diferentes estructuras musculares, tendinosas y óseas de la columna contribuyendo en muchos casos a aliviar el dolor.

LOS SISTEMAS ENERGÉTICOS 

Utilizan distintos tipos de energía para inducir el aumento de temperatura o la relajación muscular necesaria para el alivio del dolor como los producidos por los actuales aparatos de electroterapia, ultrasonidos, magnetoterapia, rayos láser o máser, usados  tanto por la Medicina tradicional como en muchas técnicas alternativas.
Las energías provienen de muy distintos orígenes: electricidad, ondas sonoras de altas frecuencias, luz coherente u ondas magnéticas… pero todas tienen en común un efecto activador sobre el tono muscular de los vasos sanguíneos y estimulante a nivel celular que, en definitiva, ayudan a bajar la inflamación que siempre acompaña al dolor de espalda, sea de los tejidos musculares, nerviosos o de los propios huesos.

Un sistema energético de planteamientos diferentes es el antiquísimo sistema oriental de la Acupuntura y su hermana menor la Digitopuntura que consiguen el alivio del dolor dorsal a través de la activación de determinados puntos de lo que se conocen como canales energéticos del cuerpo. Y realmente funciona tan bien que ha sido adoptado en la mayor parte de las clínicas del dolor de nuestros hospitales, donde nadie actualmente duda de sus efectos beneficiosos.

En suma, el dolor crónico de espalda puede hoy aliviarse y, en buena parte de los casos, curarse.

¿Y CÓMO SE TRATAN LOS DOLORES DE ESPALDA HOY? 

Hemos visto hasta aquí las diferentes etiologías del dolor de espalda y algunos de los remedios más comunes, pero, ¿cómo trata la Medicina convencional este problema? Decidimos consultárselo al doctor Manuel Rozalén, jefe del servicio de Rehabilitación del Hospital Militar Central Gómez Ulla, quien nos atendió con enorme amabilidad. Conversación que se desarrollaría en un ambiente distendido interrumpido en ocasiones por miembros de su equipo o pacientes que aportaron algunas cosas a nuestra charla.

-Doctor, hemos intentado explicar a nuestros lectores por qué duele la espalda, pero ¿cómo se determina el origen del dolor?

-El dolor de espalda puede estar originado por un problema en los huesos, en los músculos o en los nervios. Por tanto, para determinar su origen hace falta primero una buena anamnesis, es decir, un amplio interrogatorio con el paciente para recoger el mayor número posible de datos: inicio, ritmo y tipo de dolor, cómo y cuándo aparece y desaparece y, por supuesto, dónde duele.

Después es fundamental una cuidadosa exploración en la que se comienza por inspeccionar físicamente la zona que duele y palpar los puntos dolorosos y sus alrededores, lo que permite localizar contracturas musculares que pueden ser causa o efecto del dolor. Se continúa con maniobras de movilización específicas para comprobar la limitación de los movimientos de la espalda o cómo pueden afectar los de los miembros a la zona dolorosa (como sucede en las ciáticas). Finalmente contamos con los llamados exámenes complementarios, es decir, pruebas que confirman los hallazgos realizados en la anamnesis y en la exploración, que es la base de todas las actividades médicas, como es el caso de los análisis bioquímicos, las radiografías, las gammagrafías, los escáners, las ecografías, la resonancia nuclear magnética y toda la serie de pruebas más que pone a nuestra disposición la moderna tecnología médica.

Con todo lo cual puede tenerse una idea bastante exacta de dónde y por qué duele la espalda y plantear los tratamientos más beneficiosos.

-¿Los dolores son más o menos graves según donde se localicen?

-El dolor es un signo de alarma que avisa de la alteración de alguna estructura; sin más. Puede ser más o menos intenso sin que eso signifique que sea más o menos grave. Para plantear la gravedad del problema, en cambio, hay que valorar detalladamente otros signos y síntomas que acompañan al dolor, como son la limitación de la movilidad -o limitación funcional, como se llama médicamente-, la extensión o localización del dolor y los síntomas acompañantes como pueden ser los “acorchamientos” o parestesias de las extremidades, calambres, etc.

-¿Y hasta qué punto el dolor de espalda puede tener origen psicológico?

-En principio, debemos aclarar que no existe una medida valorable del dolor como la que se puede aplicar a la fiebre o al número de pulsaciones cardiacas por minuto. El dolor se siente de manera completamente subjetiva y, por tanto, está sujeto a la percepción personal y a la idiosincrasia de quien lo padece.

Así pues, se pueden plantear básicamente dos circunstancias: la afectación psicológica que produce el dolor y, al revés, la manifestación dolorosa de un estado emocional.

En cualquier caso, el estado de ánimo es un componente importantísimo de cualquier problema de salud y básico cuando se habla de dolor de espalda, en cuya médula nerviosa se encuentra la mayor concentración de nervios sensitivos de todo el organismo por lo que es muy fácil que puedan somatizarse dolores de origen emocional.

-¿Y el dolor se produce siempre donde se siente o pueden existir dolores reflejados de otras partes del cuerpo?

-Dadas las características de la columna vertebral, que es el eje estático y dinámico de nuestro cuerpo y, además, la estructura protectora de la delicada médula nerviosa, el dolor que se siente en un punto de la espalda puede generarse en el mismo lugar pero también en cualquier otro punto y reflejarse en la espalda ya que las raíces nerviosas recogen la sensibilidad de todo el tronco y de las extremidades.

Cuando se explora a un paciente con dolor de espalda deben pues considerarse los músculos, que es lo primero que se toca, los puntos de tensión, los puntos reflejos o la palpación de cosas concretas como contracturas. Después te metes con la columna y palpas las apófisis espinosas -esos bultos que se perciben en medio de la espalda- a lo largo de la columna, buscas los agujeros de conjunción y presionas las salidas de los nervios para ver qué estructuras por segmentos o globales pueden estar afectados y que te den pistas del posible origen local o a distancia del problema que causa el dolor

-Hablemos ahora de lo que realmente importa: ¿qué soluciones realmente eficaces puede dar la Medicina al dolor de espalda?

-La medicina actual y, concretamente, la rehabilitación posee hoy muchos recursos para aliviar e incluso curar la mayor parte de los dolores crónicos de espalda. Una vez hecho el diagnóstico correcto del problema, el siguiente paso es aplicar las técnicas adecuadas para corregirlo. Entre la gran cantidad de recursos con los que contamos lo importante -y hablo como rehabilitador- es aplicar la técnica adecuada a cada caso. Lógicamente, no puede tratarse de la misma manera el dolor de una hernia discal que una “espalda de secretaria” o una artrosis.

En general, el tratamiento que aplicamos en el hospital, como en todos los centros, va a resolver el problema del dolor al mejorar la función de la espalda afectada por él.

En principio la rehabilitación funcional juega con varios elementos clave. En primer lugar están los medios físicos, como el calor, los ultrasonidos o la electroterapia, que van a ayudar a disminuir la inflamación de la zona afectada y a estimular los músculos contracturados por el dolor.

La magnetoterapia -el uso de imanes-, técnica muy discutida hace unos años, es hoy un tratamiento de rutina para ayudar a vencer el dolor de la artrosis, sobre todo, así como para acelerar la reparación de un hueso roto.

También el agua -introducir a alguien en ella- es un elemento importante en la rehabilitación funcional; no sólo por la temperatura sino porque elimina casi todo el peso corporal, lo que facilita los movimientos de los músculos afectados. Es lo que llamamos hidrokinesiterapia. Pero también usamos el agua caliente en forma de chorros a presión dirigidos al foco de dolor o contractura a fin de aprovechar no sólo el calor sino también la acción de masaje para facilitar la circulación superficial en el sector dañado.

Otro grupo de técnicas útiles para mejorar un dolor de espalda es el de las manipulaciones, especialmente la cinesiterapia analítica para mejorar la contractura y facilitar la capacidad funcional no sólo de la espalda sino de cualquier zona del cuerpo. Consiste en usar el movimiento como terapia. Sabiendo cuál es la acción de cada músculo y cuál la reacción articular que produce su contracción podemos utilizar ejercicios asistidos para aumentar su flexibilidad y/o su potencia.

Las manipulaciones en esta zona consisten en presiones directas y una puesta en tensión de las estructuras que están comprometidas. Entonces, al aumentar el movimiento de manera brusca, a la vez que se aumenta el recorrido de las presiones se consigue una reestructuración de la articulación correspondiente en muy poco tiempo.

-¿Y eso no puede ser peligroso?

-Naturalmente, una manipulación mal realizada puede desde sacar de su sitio un ligamento o arrancar un osteofito (esos recrecimientos de las vértebras deformadas por la artrosis) hasta cosas más “gordas”. Afortunadamente, no es fácil cuando la técnica se realiza de manera correcta y con buen conocimiento del estado real del paciente.

-Sigamos hablando, pues, de las técnicas para aliviar la espalda dolorosa. ¿Qué otros sistemas utilizan en rehabilitación?

-Hay muchos, especialmente entre lo que llamamos mecanoterapia, que son una serie de aparatos diseñados para potenciar y flexibilizar la musculatura y las articulaciones afectadas. También contamos con un gimnasio convencional con todo tipo de pesas, espalderas y demás dotación para fortalecer músculos específicos y mejorar el tono general.

Y, por supuesto, en caso de dolor agudo o cuando se presentan exacerbaciones del dolor crónico, recomendamos fármacos analgésicos y antiinflamatorios; aunque procuramos utilizarlos lo menos posible por sus efectos secundarios a corto, medio y largo plazo.

-Y con todo eso, al final, ¿qué se consigue?

-Una vez descartada la existencia de un problema importante como un tumor o una hernia discal severa que obligue a una intervención quirúrgica o cualquier otro sistema de resolverlo, la solución al dolor de espalda pasa por un replanteamiento completo de la persona que lo padece, empezando por su actividad laboral y por sus hábitos. Se planean, en definitiva, medidas activas encaminadas a mantener y potenciar lo que conocemos como “faja muscular lumbar”. Para eso es fundamental enseñar a la persona a mantener actitudes ergonómicas, es decir, corregir los defectos posturales en su actividad, así como potenciar los ejercicios que hagan más fuerte y elástica toda la estructura.

Los resultados finales, dependiendo siempre de cómo consigamos motivar al propio enfermo, son en su inmensa mayoría muy favorables y en la mayor parte de los casos se consigue resolver, o al menos aliviar, ese importante problema.

Nosotros, como actividad fundamental en la resolución del problema de la espalda dolorosa, hemos planteado en nuestro servicio lo que llamamos la “Escuela de Espalda”, mantenida por un grupo interdisciplinario de médicos, fisioterapeutas, psicólogos y trabajadores sociales que enseñan al paciente a conseguir una serie de objetivos. Y así, en el caso de los dolores debidos a procesos degenerativos propios de la edad enseñamos a aceptar los problemas inevitables que conlleva y las soluciones para que puedan aliviarse en lo posible. En los casos en que detectamos falta de tono muscular que propicia una debilidad que puede desencadenar el dolor y, sobre todo puede generar angustia, utilizamos técnicas de relajación.

-¿Y qué valor pueden tener las llamadas técnicas alternativas o no ortodoxas en el tratamiento de este problema?

-En la actualidad nadie niega el valor de la Acupuntura, por ejemplo, que tiene un reconocido efecto analgésico y antiinflamatorio en este tipo de problemas. O, incluso, aprovechar los puntos reflejos, cosa que se conoce desde muy antiguo para los tratamientos y para la exploración de las lesiones vertebrales. En cuanto al uso de la Reflexoterapia y otras técnicas de manipulación de origen oriental, probablemente se utilicen menos por desconocimiento, pero sus beneficios son evidentes.

Andrés Rodríguez Alarcón

Recuadro:


Entrevista con Julio Alonso
TRATAMIENTO ALTERNATIVOS PARA EL DOLOR DE ESPALDA

En España, como en el resto de Europa, son cada vez más las personas que optan por solucionar sus problemas de salud con tratamientos alternativos a los de la medicina convencional. Y el problema del dolor de espalda no es una excepción ya que se calcula que cerca de un 20% de las personas acude a kinesiterapeutas, osteópatas, masajistas y otros terapeutas alternativos. Por eso Cuerpos y Almas noha querido dejar de recoger este innegable fenómeno social y ofrece a sus lectores otro punto de vista distinto al tradicional. Aunque al final hayamos constatado que las terapias no son en realidad tan diferentes.

Julio Alonso, el interlocutor con quien decidimos hablar,es titulado universitario en Osteopatía en Alemania habiendo ampliado sus estudios en Francia y en el Instituto Médico Naturista de Lisboa (Portugal). Miembro de la Sociedad Española de Medicina Biológica, es Profesor Delegado en España de Naturopatía aplicada a Osteopatía del oficial British School of Naturopathy and Osteopathy.

Se trata de un hombre serio, de verbo conciso y que se entusiasma cuando habla de su ciencia de forma precisa y manejando fluidamente los conceptos de la Medicina más ortodoxa.

-¿Cómo definiría el dolor de espalda?

-El dolor de espalda no es un problema puramente local. Debe ser diagnosticado atendiendo a la persona globalmente, desde un punto de vista psicobiológico. Es decir, considerando que detrás siempre hay un problema psicosomático sobreagravando una lesión biológica.

-¿Y cómo hace el diagnóstico?

-En primer lugar, como en cualquier otra rama terapéutica, se confecciona un historial hablando con el paciente y, cuando es posible, se le pide que nos traiga un diagnóstico médico convencional.
Luego, para determinar los auténticos límites del problema utilizamos como técnica básica el estudio del iris del ojo, que hacemos con el microscopio oftálmico de hendidura; lo que nos permite, en algunos casos, ampliar el estudio a través de un monitor. Con él observamos la cromatomorfología iridiana, es decir, el color y la forma del iris, con lo que evaluamos básicamente la genética, las predisposiciones heredadas y en qué medida, a través del sistema neurovegetativo -el simpático fundamentalmente- van a influir sobre el dolor de espalda. No es un sistema de diagnóstico preciso en problemas puntuales pero es fundamental para evaluar las tendencias genéticas de una persona. Porque el dolor de espalda no es causado solamente por las vértebras o los músculos sino que puede deberse a un mal funcionamiento de las vísceras de nuestro cuerpo si están alteradas; no porque estén enfermas sino porque exista una “fricción” entre ellas que tiene que ver con la predisposición heredada. Y es que todos los órganos, a través del simpático, si están mal se proyectan en la espalda. En el iris vemos los sitios que están “genéticamente marcados” y luego los relacionamos con la columna vertebral, constatando cómo coinciden esas marcas con las áreas de dolor en la espalda.

-¿Y el tratamiento?

-Es fundamental previamente el diagnóstico médico y saber el grado de deterioro radiológico antes de orientar el tratamiento. A partir de ello establecemos si van a ser necesarios cambios dietéticos importantes, tratamiento general o una terapia local a base de manipulación vertebral, masajes terapéuticos, acupuntura alemana -que consiste en inyectar pequeñas cantidades de principios vegetales en los puntos de acupuntura-, fango caliente, inyecciones de agua de mar subcutáneas, etc.

Con la manipulación vertebral, la osteopatía consigue dos cosas: una normalización de la mecánica articular y una estimulación del sistema neurovegetativo para promover la autocuración; siempre y cuando el estado de la columna vertebral lo permita.

Para mejorar el estado general hacemos una terapia de tipo constitucional, tal como la planteó BernardAshner, un ginecólogo austríaco que rescató muchas de las llamadas “terapias humorales” allá por los años 50. Terapias que se basan el uso de productos homeopáticos y fitoterápicos, especialmente el uso de tinturas madres (soluciones alcohólicas de plantas al 14%) para mejorar la función de los órganos afectados. Realmente no hace falta estar enfermos para este tipo de terapia; cualquier persona puede seguirlas para sentirse mejor.

También hacemos un test de vitaminas, oligoelementos y minerales por ordenador para resolver los estados carenciales.

En una segunda fase, si no hay una mejoría evidente o el estado de la columna no permite la manipulación, pasamos a los tratamientos de tejidos blandos: masajes, acupuntura alemana, electroacupuntura o electroterapia, métodos de desbloqueo energético que no afectan al trabajo estructural. E incluso, en casos más avanzados, aconsejamos los métodos de vanguardia de la rehabilitación, como el de Mezières, lareeducación postural global (RPG), la euritmia, etc., que se llevan a cabo en centros especializados.

Paralelamente, para hacer en casa, aconsejamos estiramientos; y como métodos complementarios para tratar el dolor en sí, todos los ortodoxos y no ortodoxos que puedan beneficiar al paciente. Como la magnetoterapia, la electroterapia, la diatermia, las corrientes interferenciales, las corrientes diadinámicas, los ultrasonidos, la alta frecuencia capacitiva, los bloqueos anestésicos en los ganglios nerviosos, la auriculoterapia con grapas permanentes o semipermanentes en la oreja… En fin, no dejamos de tocar ningún palillo.

Como gran parte de los dolores lumbares se encuentran en relación con contracturas del músculo psoas, que está en relación con el intestino, incluso utilizamos lavados intestinales, con los que muchos de ellos mejoran.

Un aspecto interesante de los tratamientos accesorios es haber recuperado algunas de las antiguas terapias, como el uso de ventosas, que aumentan la circulación local superficial y estimulan el sistema neurovegetativo, o su desarrollo moderno, el masaje petequial (un aparato que estimula la circulación superficial produciendo hemorragias casi microscópicas y que se reabsorben rápidamente), complementando los efectos beneficiosos de otras actuaciones. En el caso concreto de los acúfenos (los zumbidos de oídos) usamos las sanguijuelas -que, por cierto, traemos de Alemania, con todas las garantías sanitarias- y que, además de propiciar una descarga de sangre de la zona, poseen una serie de efectos enzimáticos que mejoran notablemente el problema.

-¿Y los resultados?

-Si la anatomía de la columna lo permite y el seguimiento de las dietas y las técnicas es adecuado, conseguimos resultados entre un 80 y un 90% de los casos.

Además, la gran ventaja de esta metodología es que no convierte al hígado en un colector de basuras, por lo que más que una técnica alternativa o complementaria podríamos decir que la complementaria lo es la rehabilitación ortodoxa ya que maneja muchos menos recursos; y, por eso mismo, es más cara.

-Dígame, para terminar: ¿no ha tenido problemas con los médicos ortodoxos?

-Todo lo contrario. He tratado y trato a muchos médicos y a sus familiares y cuento con multitud de testimonios de agradecimiento por su parte.

 Andrés Rodríguez Alarcón

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