El enorme peligro de algunos envases de plástico

ntermedia_112_02

El Bisfenol A,sustancia presente en numerosos productos fabricados con policarbonato -botellas, biberones, chupetes, envases, cepillos de dientes, etc.-, puede provocar graves alteraciones en el metabolismo de la glucosa y de los lípidos así como estrés oxidativo y, por tanto, serios problemas de salud. De hecho está demostrada su relación con las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y las alteraciones hepáticas. Es más, un equipo de la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante) ha constatado recientemente que el páncreas se altera mucho lo que plantea qué papel juega el Bisfenol A -entre otros tóxicos- en el aumento de casos de diabetes que sufrimos desde hace unas décadas. La cuestión es tan importante que la Unión Europea se plantea ya con seriedad restringir su uso.

Imagine que el biberón o el chupete de su hijo soltasen lentamente partículas contaminantes que dañasen su sistema endocrino hasta provocarle una diabetes. ¿Le parece una posibilidad terrorífica e impensable? Pues sepa que un equipo de investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche ha descubierto usando cobayas que el Bisfenol A -sustancia presente en los plásticos de policarbonato con los que se fabrican numerosos biberones, chupetes, botellas de refresco, jarras de agua y otros muchos productos de uso corriente- altera el páncreas e induce resistencia a la insulina. Lo que podría explicar -al menos en parte- la plaga de diabetes que sufre hoy la humanidad pues según la Organización Mundial de la Salud actualmente hay en el mundo 177 millones de diabéticos -el doble que hace 30 años- de los que más de un millón muere cada año. Y se trata sólo de uno de los muchos efectos colaterales a los que nos expone este químico tan inquietante como prescindible.

Hablamos de uno de esos compuestos sintéticos denominados “disruptores endocrinos” –es decir, que alteran el sistema endocrino- al igual que hacen los alquilfenoles, la atrazina, el endosulfaán, la cimetidina, los hidrocarburos aromáticos policíclicos, la DDT o las dioxinas, sustancias presentes todas ellas en infinidad de pesticidas -y, por tanto, también en las frutas y verduras- pero igualmente en las conservas, en los plásticos que usamos para envasar, en muchos fármacos, en los empastes dentales, en los pegamentos, en las pinturas, en los aislantes, en los disolventes, en las cubiertas de las piscinas… Solo que el Bisfenol A es un caso aparte por su utilización masiva ya que hoy se encuentra en las botellas de agua y refrescos, en el recubrimiento interior de muchas latas de conserva, en anticonceptivos y cremas espermicidas, en el material dental y hasta en biberones y chupetes de policarbonato.

Y de todo ello sabe mucho Ángel Nadal, coordinador de la Unidad de Fisiología Celular y Nutrición del Instituto de Bioingeniería de la ya mencionada Universidad Miguel Hernández y reconocido experto en trastornos endocrinos que ha participado como investigador principal o asociado en varios trabajos publicados en revistas científicas relacionados con el páncreas, el sistema endocrino y la exposición a químicos estrogénicos. Entre ellos uno que publicó en enero de 2006 en el Environmental Health Perspectives cuya repercusión a nivel científico fue tal que le convirtió en referencia mundial en estos temas y uno de los privilegiados científicos invitados a participar en la Conferencia de Investigación Gordon sobre Disruptores Endocrinos, sin duda el más prestigioso evento en ésta y otras materias claves de la investigación actual. Aunque su más reciente trabajo es el publicado hace apenas unas semanas en el International Journal of Andrology con un título bien explícito: El Bisfenol A altera el páncreas endocrino y la homeostasis de la glucosa en sangre.

“Hemos constatado en ratones–explica el investigador español-que el Bisfenol Aaltera la función pancreática e induce resistencia a la insulina lo que aumenta el riesgo de padecer diabetes tipo II; es decir, la sobrevenida, no la de nacimiento.De hecho un 25% de las personas que tienen resistencia a la insulina terminan desarrollando ese tipo de diabetes”.

El equipo de Nadal comprobaría que si se inyecta Bisfenol A en cobayas disminuye en ellas el número de receptores que captan la insulina del hígado, los músculos y el tejido adiposo. Y vieron que el páncreas, al constatar que la insulina segregada no metabolizaba la glucosa, lo que hacía era segregar más. Con lo que ese exceso de trabajo terminaba dañándolo y aparecía la diabetes.

Bueno, pues tan preocupantes como esclarecedores datos no han inmutado a la patronal europea de los plásticos –EuroPlastics– que pronto restó importancia a este trabajo de investigación. Al igual que ya hizo con otros anteriores según los cuales el Bisfenol A causa graves daños en el sistema endocrino de los animales y, por consiguiente, todo apunta a que sucede lo mismo en el caso de los humanos. De hecho emitió un comunicado en el que decía que “el estudio de Nadal sugiere que existe relación entre la exposición al Bisfenol Ay el desarrollo de diabetes en humanos basándose en un estudio sobre ratones pero tales resultados no pueden extrapolarse sin más, entre otras razones porque el metabolismo de unos y otros no son comparables”. Un singular razonamiento según el cual lo que es perjudicial para los ratones no tiene por qué serlo para los seres humanos aunque lo que es beneficioso para ellos sí podría serlo para nosotros ya que la mayoría de los fármacos que terminamos ingiriendo los seres humanos se prueban precisamente en ratones. Realmente kafkiano.

EuroPlasticscritica también el estudio alegando que a su juicio se expuso a los ratones a niveles de Bisfenol A muy superiores a los que ingerimos los humanos por migración de los envases fabricados con ese material. A lo que Nadal responde:“Se trata de un solo estudio y no se puede extrapolar sin más a los humanos. En eso llevan razón. Pero tampoco hay que obviarlo sino reconocer que los resultados están ahí por lo que ahora lo que realmente procedería es comprobar si a concentraciones más bajas sucede lo mismo. Nuestro artículo constituye pues una llamada de atención aunque haya que seguir investigando para comprobar hasta qué punto el Bisfenol Aafecta al ser humano. ¿Que al final la conclusión es que el riesgo es mínimo o casi inexistente? Pues estupendo… pero en estos momentos lo que nuestro trabajo demuestra es que el riesgo existe”.

En suma, tanto Nadal como otros expertos en la materia piensan que no se puede -ni se debe- descartar a priori los posibles efectos perniciosos de esa sustancia sobre el mecanismo de la insulina a niveles de exposición inferiores. Ni dejar de tener en cuenta que al poder pernicioso del Bisfenol A hay que sumar el de otros muchos disruptores endocrinos que están hoy entrando en nuestro cuerpo como es el caso de los pesticidas clorados que quedan en los vegetales, los alquilfenoles que a menudo hay en el agua o las dioxinas e hidrocarburos aromáticos que respiramos constantemente. Sustancias todas muy diversas químicamente pero que tienen la cualidad de comportarse como la principal hormona femenina –los estrógenos- y alterar el sistema endocrino de hombres y mujeres, de niños y mayores. Especialmente porque lo que acaece a partir de esa alteración endocrina es generalmente mucho peor.

DEMASIADO TIEMPO PERDIDO

Ya en 1996 -¡hace doce años!- un equipo de científicos de la Universidad de Granada (España) dirigido por Nicolás Olea detectó cantidades significativas deBisfenol A en las latas de conservas vegetales. Evidentemente los fabricantes de las mismas no sabían entonces que tales envases pudiesen alterar el sistema endocrino; de hecho pensaron que recubrir el interior de las latas con un esmalte plástico para evitar el contacto de los alimentos con el metal era una buena idea. Es decir, ignoraban que ese recubrimiento llevaba una sustancia contaminante llamada Bisfenol A que con el tiempo podía pasar al alimento y a su jugo. Pero desde entonces sí lo saben y aún así continúan haciéndolo. Por eso muchos expertos aconsejan hoy que se evite comprar toda conserva que lleve en su interior un recubrimiento plástico blanco, algo especialmente frecuente en latas de maíz y otros vegetales. Ese plástico blanco suele ser Bisfenol A puro.

Y otro tanto cabe decir de los chupetes y biberones de policarbonato. En febrero del 2008 una coalición de organizaciones ciudadanas de Estados Unidos y Canadá denominada Fondo de Salud Ambiental presentó un informe titulado Baby’s Toxic Bottle: Bisphenol A Leaching from Popular Brands of Baby Bottles que demostró que los 19 biberones de policarbonato analizados desprendieron Bisfenol A al calentarse. “Esto muestra claramente que el Bisfenol Ase desprende en productos de consumo populares y comunes”, manifestaría en la videoconferencia de presentación del trabajo Judith Robinson, directora de proyectos especiales del Environmental Health Fund. “Pedimos que se prohíba inmediatamente el uso de Bisfenol A en los biberones y en todos los recipientes para alimentos y bebidas. Se trata de una sustancia que no es en absoluto necesaria y, por tanto, pedimos que se interrumpa su utilización”. Cabe añadir que en esa misma videoconferencia David Carpenter, profesor de Ciencias Ambientales de la Salud en la Universidad Estatal de Nueva York (EEUU) y co-autor del estudio, aseguró que el Bisfenol A que entra en el organismo tanto durante la gestación como en los primeros años de vida puede alterar la proporción de hormonas sexuales y afectar el desarrollo. “Es escandaloso -dijo-que se permita usar una sustancia que puede hacer que los niños pequeños sean menos masculinos y abre la posibilidad de que las niñas pequeñas desarrollen cáncer de mama”.

En suma, todo aconseja no usar biberones de plástico transparente rígido pero si se niega a tirarlos no caliente jamás su contenido en el microondas. Es más, no caliente en ellos plásticos de ningún tipo con comida o bebida dentro. Y en verano no deje botellas de plástico dentro del coche expuestas a la luz –contengan agua o cualquier otro líquido- porque el resultado es el mismo que el del microondas: un envase de plástico que llegue a los 50 grados ya puede empezar a desprender componentes químicos.

UN PROBLEMA DE CREDIBILIDAD

La verdad es que son ya más de treinta los equipos de investigación que han concluido que la exposición a distintos niveles de Bisfenol A provoca -con seguridad en animales y posiblemente también en las personas- alteraciones en el sistema endocrino por imitación de la hormona estrogénica (lo que se denomina “estrogenicidad”), subfertilidad, toxicidad y hasta distintos tipos de cáncer. Y es verdad que hay también estudios según los cuales tales riesgos son casi inexistentes pero muchos fueron patrocinados por la propia industria y ya sabemos lo que pasa cuando tal cosa sucede…

De hecho el pasado mes de Abril del 2008 –es decir, hace apenas unos meses- el Programa Nacional de Toxicología de Estados Unidos reconoció por primera vez que el Bisfenol A podía suponer realmente un riesgo para la salud humana. Y es que el informe preliminar que realizó ese organismo (puede consultarlo en http://ntp-server.niehs.nih.gov) recoge los datos de casi 500 experimentos de laboratorio con animales que demuestran que la exposición a bajas dosis de Bisfenol A conlleva trastornos hormonales que se traducen en cambios de comportamiento, pubertad prematura en las hembras y mayor riesgo de sufrir cáncer de próstata y de mama. De ahí que los autores expresaran abiertamente en él su “preocupación” por la posibilidad de que esos mismos efectos puedan estar teniendo lugar en las personas, especialmente entre los bebés. A fin de cuentas se trata de un compuesto tan común hoy que según el propio estudio se ha detectado Bisfenol A en la orina del 93% de la población estadounidense mayor de seis años.

Es más, un estudio dado a conocer el pasado mes de septiembre realizado por científicos de la Universidad de Cincinnati(EEUU) que publicó igualmente Environmental Health Perspectives relacionó el Bisfenol A con ataques al corazón y diabetes tipo 2 en humanos. Según esos investigadores el Bisfenol A, a niveles similares a los que se encuentra habitualmente en el suero humano, suprime la liberación en los tejidos grasos de la hormona adiponectina, vital para prevenir esas dos graves dolencias. La conclusión del trabajo es que los niveles altos deBisfenol A se asocian a un mayor riesgo de ataque al corazón y de diabetes sobrevenida. Por eso en Estados Unidos varios estados de la Unión así como la Agencia para la Protección del Medio Ambiente (EPA) se hallan en un proceso de reevaluación de los riesgos del Bisfenol A lo que tiene su importancia si tenemos en cuenta que General Electric y Dow, dos de los principales productores mundiales de Bisfenol A, son estadounidenses. De hecho algunos estados -como California y Nueva Jersey- están considerando hoy prohibirlo sin más. Y otros -como Maine- se plantean exigir a los fabricantes que todos los productos que contienen Bisfenol A incluyan en la etiqueta una advertencia sobre sus potenciales efectos secundarios. Aunque quien está llegando más lejos es Canadá donde el Gobierno ya ha dicho que va a declararlo “tóxico”, una decisión a la que seguirá probablemente la proposición de restringir su uso. De hecho para evitar algo parecido en Estados Unidos la Food and Drug Administration (FDA) emitió el pasado 13 de septiembre un comunicado asegurando que a los niveles de exposición actuales el Bisfenol A carece de riesgos. ¡Y aun hay quien piensa que ese organismo es independiente y no está al servicio del poder y la gran industria!

Y por si todo lo dicho fuera poco agregaremos que además de con la diabetes tipo 2 también se ha demostrado la relación del Bisfenol A con las enfermedades cardiovasculares y las alteraciones hepáticas. Así lo hizo un trabajo que apareció recientemente en el Journal of the American Medical Asociación (JAMA)efectuado por Frederick von Saal–de la Universidad de Missouri en Columbia (EEUU)- y John Peterson Myers -director de la organización Environmental Health Sciences– tras el que sus autores criticaron duramente a la FDA y a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria por preferir “ignorar las advertencias de los expertos y otras agencias gubernamentales y seguir diciendo que el bisfenolA es seguro”. De hecho poco después, basándose en ese trabajo, un equipo del Peninsula Medical School de Exeter (Reino Unido) dirigido por David Melzer analizó la relación entre las concentraciones deBisfenol A en la orina de 1.455 personas y constató que, en efecto, eran mayores entre quienes padecían alguna patología cardiovascular, diabetes tipo 2 o presentaban alteraciones en los niveles de tres enzimas hepáticas.

Anteriormente el risk assesment encargado por la Comisión Europea al Centro de Investigación de la Construcción -realizado entre 1999 y 2003- sólo veía necesario reducir los riesgos de exposición en los casos de ciertas especies animales –fundamentalmente acuáticas- y la conveniencia de efectuar nuevos estudios para evaluar los riesgos para la salud humana. Pero sólo hablaba de posibles problemas de irritación y “efectos indeterminados” en el hígado y el sistema reproductivo. Claro que en ese estudio colaboró la industria que fabrica el Bisfenol A tanto de Europa y Estados Unidos como de Japón y por eso pasó de puntillas sobre la posible alteración del sistema endocrino, la inducción de infertilidad y la posibilidad de producir cáncer. Es más, en él se habla de la potencial estrogenicidad del Bisfenol A pero para decir que la metodología empleada por Ángel Nadal es demasiado “novedosa y experimental”, patético intento para conseguir que no se tengan en cuenta sus conclusiones.

En suma, la Unión Europea no ha tomado aún medida alguna para restringir el uso del Bisfenol A ni tan siquiera en los biberones, en los chupetes, en las botellas de agua y refrescos, en el recubrimiento interior de las latas de conserva o en los empastes dentales a pesar de que es a través de la boca como migran las partículas de Bisfenol A hacia nuestro estómago. Por lo que no puede extrañar el monumental enfado y desconcierto del doctor Nicolás Olea, uno de los más prestigiosos investigadores sobre contaminantes estrogénicos: “La evidencia científica se sigue amontonando pero han bastado cinco o diez artículos hechos por la industria con resultados negativos para bloquear las conclusiones de 150 trabajos independientes publicados con resultados positivos”.

En fin, el lector sabrá pero nosotros vamos a ver de qué están hechos los chupetes de nuestros hijos, a tirar a la basura los biberones de plástico duro, a dejar de beber en botellas de plástico y a no comprar latas de conserva. Por si acaso.

Rafael Carrasco

Este reportaje aparece en
112
112
Enero 2009
Ver número