El glifosato, herbicida considerado inocuo, también es un tóxico peligroso para la salud

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El glifosato es el herbicida más utilizado en la agricultura extensiva de soja, maíz, algodón, alfalfa, colza y remolacha en los grandes países productores; no solo para la producción de transgénicos sino también como herbicida en la pre-siembra, algo fundamental para la moderna agricultura de labranza-cero. Pues bien, aunque los organismos oficiales aseguraron durante décadas que es inocuo cada vez más expertos aseveran que es tóxico para el ser humano y los demás mamíferos. Se ha constatado mediante ensayos murinos de más de un año de duración demostrando que si los ensayos oficiales no lo han considerado peligroso es porque -sin duda intencionadamente- se hacen durante menos de 90 días. Es más, hoy se postula abiertamente que es potencialmente cancerígeno. La polémica está pues servida y genera un problema para quienes defienden el uso de herbicidas porque no parece haber alternativa industrial viable.

El glifosato es un aminofosfonato peligroso independientemente de que se use para cultivar vegetales naturales u organismos genéticamente modificados (OMG); el problema con éstos es dilucidar si los efectos tóxicos se deben al herbicida, a su condición transgénica o ambas razones a la vez. Hablamos de un herbicida sintetizado por primera vez en 1950 por el químico suizo H. Martin que fue patentado como quelante –es decir, como sustancia capaz de unirse en el organismo a metales tóxicos y poder así expulsarlos- no siendo hasta 1970 cuando el Dr. John E. Franz -químico que trabajaba para la multinacional Monsanto- descubrió sus propiedades herbicidas patentándose para ello y fabricándose industrialmente en Estados Unidos a partir de 1974 con el nombre de Roundup. Hoy, como la patente caducó en el 2000, es comercializado con muchos otros nombres por más de una decena de grandes corporaciones -como BASF, Bayer, Dow y otras- siendo China el mayor productor mundial (en 2013 fabricaba el 30% del glifosato usado en todo el mundo).

Pues bien, el glifosato es un herbicida que destruye prácticamente todo tipo de vegetales; no ya las plantas consideradas “maleza” o “malas hierbas” sino hasta las básicas para la supervivencia humana como el trigo, el maíz, las patatas o el arroz. Y es que cuando el glifosato se deposita en las hojas de las plantas inhibe o bloquea la síntesis de los aminoácidos que necesita para crecer y al no poder hacerlo mueren en pocos días; concretamente inhibe la 5-enolpiruvil-shiquimato-3-fosfato sintetasa, enzima responsable de la formación de los aminoácidos aromáticos fenilalanina, tirosina y triptófano. Y pronto se consideró el herbicida ideal porque mataba a las plantas sin tener efectos tóxicos sobre los animales; al menos así se creía…

Fue entonces -en la década de los ochenta- cuando varias empresas de biotecnología comenzaron a desarrollar semillas transgénicas que permitían generar plantas resistentes a ciertos productos químicos. Empezando Monsanto a comercializar en 1996 semillas transgénicas de soja cuyas plantas eran ¡resistentes al glifosato! lo que permitió a los agricultores usar el herbicida para matar las malas hierbas de alrededor sin afectar a la soja transgénica. Y no solo antes de sembrar sino incluso mientras crecía la planta. Un año después -en 1997- empezarían a comercializarse semillas transgénicas de algodón y al año siguiente -en 1998- de maíz, ambas resistentes al glifosato. Y a ellas se han unido otras tres plantas transgénicas resistentes al glifosato: la alfalfa, la colza y la remolacha azucarera; y, por cierto, en 2005 el Departamento de Agricultura estadounidense autorizó la obtención de azúcar de remolachas azucareras transgénicas, motivo extra para desechar la ingesta de azúcar.

Cabe añadir que los trabajos para comercializar semillas transgénicas de trigo y arroz resistentes al glifosato están bastante avanzados. Y que en Estados Unidos el 94% de los cultivos de soja, el 80% de los de algodón y el 70% de los de maíz se hacen ya con semillas genéticamente modificadas. Una razón más para entender por qué Estados Unidos es el país occidental en el que los ciudadanos tienen peor salud,

En cuanto a su uso simplemente se disuelve en agua y se pulveriza sobre las plantas. Unos 2 kilos por hectárea para eliminar maleza antes de la siembra y el doble sobre los cultivos transgénicos ya en crecimiento.

LA DISPERSION DEL GLIFOSATO

Afortunadamente el glifosato tiende a adherirse a las partículas orgánicas y arcillosas del suelo por lo que la contaminación de aguas superficiales y subterráneas es mínima. Según la National Pesticide Information Center de Estados Unidos su vida media en la tierra es de unos 47 días -dependiendo del tipo de suelo y la densidad de microorganismos presentes- pero estudios posteriores hechos por el Departamento de Pesticidas en la Agricultura comprobaron que un año después las lechugas, zanahorias y cebadas sembradas contenían aun residuos del herbicida. En realidad un equipo de la Swedish University of Agricultural Sciences de Upsala (Suecia) dirigido por el Dr. N. T. Tortensson publicó en 1989 en Ecotoxicology and Environmental Safety un estudio según el cual el glifosato se detectó en suelos parcialmente congelados dos años después de su aplicación; lo que se atribuyó a la menor actividad microbiana degradadora de los suelos congelados. El trabajo reveló además el extensivo uso del glifosato y otros herbicidas en las plantaciones arbóreas de la industria papelera, especialmente de Estados Unidos y Canadá. Hoy sabemos que el glifosato se usa incluso como herbicida acuático; por ejemplo en las albercas ornamentales de los campos de golf.

Lo que no parece contaminar son las aguas subterráneas. Al menos un estudio efectuado por el Dr. O. Borggaard en la Universidad de Copenhague (Dinamarca) -se publicó en 2011 en Trends in Soil & Plant Sciences– no detectó glifosatos en las aguas de riego de parcelas fertilizadas con fosfatos (y el glifosato es un aminofosfonato). Corroboraba así un trabajo previo publicado en 2008 en Pest Management Science por él mismo junto al Dr. A. L. Gimsing -de la misma universidad- según el cual hay muy pocas posibilidades de que el glifosato se transfiera a las aguas superficiales o subterráneas desde las áreas de aplicación tanto debido a su absorción por los coloides de óxidos de aluminio y hierro en los suelos como por la propia degradación bacteriana.

Es más, un grupo de investigadores del Programa Danés de Evaluación sobre la Lixiviación de Pesticidas -organizado por la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y el Instituto Geológico de Dinamarca y Groenlandia- que lleva años realizando controles periódicos sobre 50 plaguicidas y sus productos de degradación dio recientemente a conocer el informe para el período 1999-2013 y según sus datos se detectaron solo casos muy excepcionales y puntuales de hasta un máximo de 31 microgramos por litro de glifosatos en las aguas subterráneas y superficiales de las zonas de aplicación del herbicida siendo el rango normal medido de entre 0,02 y 6 microgramos por litro.

El equipo del Dr. L. Lupi de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina) publicó un trabajo sobre la contaminación de suelos y acuíferos en zonas de cultivo intensivo de soja transgénica en Argentina fumigadas con glifosato Science of the Total Environment de diciembre del 2015. Los resultados de este estudio se enmarcan dentro del anterior con la excepción de algunos análisis que llegan hasta 163 microgramos por litro si bien hay que tener en cuenta que se trata de la suma de glifosato más su molécula de degradación: ácido aminometilfosfónico (ampa) considerada menos tóxica que el glifosato y medidos dentro de los 5 primeros centímetros de suelo donde la degradación bacteriana y de otros microorganismos es mínima. Respecto a los contenidos en las aguas freáticas son inferiores a los determinados por el grupo danés.

OFICIALMENTE INOCUO

En fin, el caso es que tanto la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) como la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) norteamericana y otros organismos oficiales entienden que el glifosato no es tóxico si se aplica siguiendo los criterios comerciales establecidos. Afirmación que basan en centenares de estudios, tanto epidemiológicos como in vitro y en ensayos con animales. Es el caso del metaanálisis realizado por un equipo de la Universidad de Emory en Atlanta (EEUU) dirigido por el Dr. P. J. Mink -se publicó en 2011 en Regulatory Toxicology and Pharmacology– según el cual en las zonas de Estados Unidos donde más se usa el glifosato no hay mayor incidencia de enfermedades -de todo tipo- a excepción del cáncer. Explicando que como el límite establecido para una “ingesta sin efectos” es de 0,1 gramos por kilo de peso al día eso implica que una persona de 70 kilos podría ingerir hasta 7 gramos diarios sin que el glifosato le cause daño alguno. Y para eso necesitaría comerse las plantas rociadas con glifosato que hay en 25 metros cuadrados de terreno.

En suma, desde su aparición se asegura que el glifosato es prácticamente inocuo pero entonces, ¿cómo se explica que en marzo de 2015 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) -organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS)– decidiera incluirlo en el grupo 2A en el que se hallan las sustancias consideradas “probablemente carcinógenas” para los humanos (y lo mismo hizo con otros dos conocidos insecticidas: el malatión y el diazinón). De hecho The Lancet Oncology publicó de inmediato un resumen informativo según el cual hay pruebas de que puede causar cáncer -especialmente de pulmón y linfoma de Hodgkin- tanto en animales como en humanos al dañar el ADN (lo inaudito es que la propia Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos lo había clasificado como “posiblemente cancerígeno“en 1985 pero se desdijo seis años después -en 1991-ante la presión de la industria). Pues bien, tiene el informe que justifica la decisión de la IARC en este enlace: http://monographs.iarc.fr/ENG/Monographs/vol112/mono112-02.pdf.

CONSTATADA TOXICIDAD

Decisión en la que sin duda ha tenido mucho que ver el trabajo que en noviembre de 2012 publicó en Food and Chemical Toxicology un equipo de la Universidad de Caen dirigido por Gilles-Eric Seralini con el sugestivo título de Toxicidad a largo plazo del herbicida Roundup y el maíz genéticamente modificado; porque según se explica en él se dividió a un grupo de ratones alimentados con maíz no transgénico en cuatro grupos dando al primero una dosis diaria de 0,1 ppb de glifosato, al segundo 400.000 ppb, al tercero 22.500.000 ppb y al cuarto -grupo de control- nada, solo agua pura. Y los resultados fueron muy significativos porque en todos se desarrollaron tumores:

-En el 50% de los ratones de control que bebieron agua sin glifosato.

-En el 90% de los que bebían dosis casi homeopáticas del herbicida (0,1 ppb, o sea, 0,1 miligramos por cada mil litros).

-En todos -el 100%- los que bebieron agua con 400.000 ppb (0,4 gramos por litro). Y,

-En el 90% de los que bebieron 22.500.000 ppb (22,5 gramos por litro).

Según las conclusiones en los animales que ingirieron glifosato el desarrollo de tumores fue dos veces mayor y además aparecieron antes (especialmente entre las hembras). Siendo 5 veces superior la inflamación, la necrosis hepática y los fallos renales.

Pues bien, un año después la editorial Elsevier -que publica la friolera de unos 350.000 artículos anuales en sus cerca de 2.000 revistas científicas (entre ellas algunas de tanto prestigio como The Lancet) retiró el artículo alegando que el estudio “no cumplía los estándares científicos al basarse en un número muy pequeño de evidencias por lo que sus observaciones no pueden considerarse ni concluyentes ni evidentes”. Decisión con la que los autores no estuvieron de acuerdo por lo que volvieron a publicarlo -a mediados de 2014- en Journal of Environmental Sciences Europe. De hecho ese estudio fue el primero en el que se siguió a los ratones durante 2 años (el equivalente a 80 años en un humano) cuando hasta entonces ninguno se prolongó más 90 días (10 años en un humano). Dato fundamental porque resulta que los ratones empezaron a desarrollar los tumores más tempranos a los 6 meses (20 años humanos). Y este es de hecho el argumento fundamental del Informe Seralini: que el glifosato apenas lleva 20 años usándose de forma masiva por lo que es normal que aún no se hayan producido efectos negativos igualmente masivos. Argumento discutible, añadiremos nosotros, porque hay zonas agrícolas de Estados Unidos en las que el glifosato se utiliza desde hace 40 años sin que epidemiológicamente se detectaran entre la población más anomalías que entre las que utilizaron herbicidas organoclorados.

Cabe añadir que el Informe Seralini fue discutido por académicos de prestigio que pusieron en duda la metodología del experimento y la validez de sus conclusiones basándose en que los ensayos no muestran relación entre el número de tumores o su tamaño con la cantidad de glifosato bebida y que además hubo ratonas con un significativo número de tumores en el grupo de control; agregando que la mortandad no solo no aumentó con las dosis más altas sino que apenas superaba a las del grupo de control. Probablemente porque cuando el artículo de Seralini se retiró casi novecientos científicos de todo el mundo firmaron una carta denunciando tan lamentable censura. A fin de cuentas no es un indocumentado carente de prestigio sino profesor de Biología Molecular en la Universidad de Caen y presidente del Consejo Científico de Investigación Independiente en Ingeniería Genética de Francia. Por eso respondió con rotundidad a las críticas recibidas como esta revista ya dio a conocer en un amplio reportaje que con el antetítulo Científicos de todo el mundo apoyan a Gilles-Eric Seralini frente a Monsanto y el título Los pesticidas, mucho más peligrosos de lo que se reconoce apareció en el nº 169.

Y a día de hoy Seralini insiste en su peligro; de hecho acaba de publicar en 2015 en Environmental Health un informe elaborado por su grupo de la Universidad de Caen en el que explica que tras dar durante 2 años a un grupo de ratones agua con una bajísima dosis de Roundup -de 0,1 ppb- éstos sufrieron disfunciones hepáticas y renales que, por análisis transcripcionales, se confirmaron como daños a la expresión de ciertos genes en ambos órganos.

Y el mismo año otro equipo de la Universidad de Caen -esa vez encabezado por el Dr. R. Mesnage aunque en él participaba Seralini- publicó en Food and Chemical Toxicology -revista por cierto de la editorial Elsevier- un metaanálisis sobre los efectos tóxicos del glifosato según el cual incluso a dosis aceptadas como no tóxicas hay efectos teratógenos y tumerogénicos así como daños en hígado y riñones debido a que es un disruptor endocrino y ello incide negativamente en el metabolismo general y en el desarrollo neuronal.

Cabe añadir que dos años antes -en 2013- un científico independiente, A. Samsel, publicó en Entropy junto a la Dra. Stepahanie Seneff -del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)- un discutido trabajo según el cual los residuos de glifosatos detectados en los alimentos inhiben el citocromo P450 del hígado disminuyendo su capacidad para la detoxificación de los xenobióticos. Acusando directamente al glifosato de ser uno de los principales causantes de las inflamaciones intestinales, la obesidad, la diabetes y toda la gama de enfermedades modernas, incluida la intolerancia al gluten.

Efecto sobre los receptores estrogénicos que fue igualmente observado por un equipo del Environmental Toxicology Program de Bangkok dirigido por el Dr. S. Thongprakaisang mediante ensayos in vitro con células tumorales de mama que demostraron que el glifosato aumentó su actividad proliferativa. El trabajo se publicó en 2013 en Food and Chemical Toxicology.

Por su parte, un equipo de la Shanghai Jiao Tong University de China coordinado por el Dr. Y. X. Gui publicó un año antes en Neurotoxicology and Teratology un estudio in vitro según el cual el glifosato es neurodegenerativo ya que activa las vías de auto-apoptosis de las células PC12 (neuroblastos). Lo que confirmaron desactivando el gen Beclin-1 -el que controla la apoptosis- con la consiguiente reducción de mortandad celular.

EFECTOS SOBRE LOS MICROORGANISMOS

Otros expertos han mostrado su preocupación por el efecto que el glifosato pueda tener en los microorganismos de la tierra dada la abundancia que hay en ella de fitobacterias y microalgas con metabolismo químico muy similar al de las plantas. Y es que si bien hay numerosos trabajos que aseguran que no afectan a los organismos simbióticos otros plantean serias dudas. Es el caso de los experimentos realizados por un equipo de la University of Natural Resources and Life Sciences Vienna (Austria) dirigido por la Dra. M. Gaupp-Berghausen -se ha publicado en 2015 en Scientific Reports– porque en él se asegura que a las 3 semanas de aplicar Roundup en un terreno una de las especies de lombrices no resultó afectada pero otra fue prácticamente exterminada.

Y eso que en un extenso y detallado artículo publicado en 2012 en Journal of Agricultural Food Chemistry por un equipo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos dirigido por el Dr. S. O. Duke en colaboración con la Michigan State University se concluyó que el glifosato tiene efectos mínimos o nulos sobre la microbiota del suelo; y que ni por esa vía ni por sus efectos quelantes sobre ciertos metales puede dar origen a falta de nutrientes en las plantas comestibles que crecen y maduran en terrenos donde se aplica el herbicida. Una investigación que contradice lo que plantean otros investigadores; como el Dr. Ron Huber según el cual el glifosato puede llevar a las planta comestibles sembradas a tener menos nutrientes y a debilitarlas haciéndolas menos resistentes a enfermedades y plagas.

AFECTA AL MICROBIOMA ANIMAL Y HUMANO

Los efectos dañinos del glifosato en la flora intestinal han sido estudiados en muchos animales. Un equipo de la Universidad de Leipzig (Alemania) coordinado por el Dr. A. A. Shehata constató por ejemplo que desequilibra la microbiota del sistema digestivo de los pollos haciéndolos susceptibles a una sobrepoblación de Clostridium botulinum y Salmonella enteritidis con graves consecuencias posteriores para la salud humana; el trabajo se publicó en 2013 en Current Microbiology. Coligiendo un grupo de científicos de la misma universidad encabezado por el Dr. M. Krüger que esa colonización excesiva de Clostridium botulinum se debe a la inhibición de las bacteriocinas producidas por las bacterias lácticas y podría ser la causa del notable aumento de enfermedades relacionadas con ese patógeno en la ganadería alemana; su trabajo se publicó en 2013 en Anaerobe.

Ya en 2015 la Dra. Brigitta Kurenbach -de la Universidad de Canterbury (Reino Unido)- constató en un trabajo hecho en colaboración con investigadores de otras universidades que en presencia de muy bajas dosis de glifosato y otros herbicidas similares bacterias como la Escherichia coli y la Salmonella enteritidis se hacen resistentes a los antibióticos y ello puede alterar la flora intestinal humana; el trabajo se publicó en la revista mBio de la American Society of Microbiology. Lo que puede resolverse por cierto ingiriendo lactobacilos probioticos del tipo Lactobacillus rhamnosus GR-1 -presentes en yogures, quesos y otros fermentados- ya que neutralizan los pesticidas de los alimentos; al menos así ocurre in vitro según asevera un equipo del Lawson Health Research Institute de Ontario (Canadá) coordinado por el Dr. M. Trinder en un artículo publicado en 2015 en Beneficial Microbes

¿DAÑOS GENETICOS Y MALFORMACIONES FETALES?

En 2007 un equipo de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador de Quito dirigido por el Dr. C. Paz y Miño encontró en 24 personas expuestas a la fumigación aérea de glifosato daños en su ADN; el trabajo se publicó en Genetics and Molecular Biology. Lo sorprendente es que unos años después el mismo director, aunque esa vez con algunos miembros distintos de la Universidad de las Américas de Quito, hizo una nueva evaluación con 144 personas provenientes de zonas donde se fumigaba con glifosato y no encontraron alteraciones significativas en el ADN; el trabajo se publicó en 2011 en Reviews on Environmental Health. Riesgo genotóxico que también descartó un equipo del National Cancer Research Institute de Génova (Italia) coordinado por el Dr. C. Bolognesi tras estudiar a trabajadores afectados por las fumigaciones de glifosato que tienen lugar en plantaciones de coca colombianas; el trabajo se publicó en 2009 en Journal of Toxicology and Environmental Health.

Sin embargo un equipo de la Universidad de Buenos Aires dirigido por el Dr. A. E. Carrasco publicó en 2010 en Chemical Research in Toxicology un trabajo en el que se describen unos experimentos in vitro con distintos tipos de embriones de vertebrados según el cual el glifosato causa malformaciones fetales; concretamente defectos neuronales y deformaciones cráneo-faciales. Algo que según epidemiólogos argentinos, brasileños y paraguayos está aumentando en las zonas en las que la utilización de glifosatos es intensa.

SOBRE LA LLAMADA LABRANZA-CERO

Antes de terminar debemos decir que la llamada labranza-cero es una técnica agrícola propuesta a mediados del siglo XX que en esencia consiste en no arar el terreno antes de la siembra para eliminar malezas y garantizar un suelo fértil. La idea es disminuir así al mínimo los efectos de erosión del viento al estar la cubierta edáfica protegida por una capa de vegetación. Además al no ser arada no se perturba el equilibrio de los microorganismos presentes en la tierra, ésta retiene más humedad y se protege mejor de una posible erosión por el agua. Lo que, obviamente, solo es posible si se elimina la maleza antes de proceder al sembrado. Y eso es lo que se consigue principalmente con herbicidas como el glifosato. Idea que se potencia diciendo que además la descomposición orgánica de la maleza permite nutrir a las plantas cultivadas y se garantiza una mayor abundancia de ácidos húmicos y fúlvicos. Ácidos que al parecer neutralizan el glifosato según comprobó in vitro con distintas bacterias típicas de los intestinos un equipo de la Universidad de Leipzig coordinado por el ya citado Dr. Shehata (bastan 0,25 gramos por litro de ácido húmico); el trabajo se publicó en 2014 en Chemosphere.

En suma, el glifosato empezó a usarse como herbicida a mediados de la década de los setenta y hoy, tras considerarse inocuo, se emplea ya en 125 millones de hectáreas (1,25 millones de kilómetros cuadrados) de 130 países. Hasta ahora porque algunos han empezado a limitar o prohibir su uso. El primero fue El Salvador que este año ha prohibido su empleo junto a otros agroquímicos. Como lo ha prohibido Sri Lanka. Colombia ha prohibido asimismo su fumigación en los cultivos de coca porque estaba afectando a las plantaciones de café cercanas. Y en Holanda se ha limitado su venta a particulares para el empleo en jardines privados (no así en los públicos).

CONCLUSIONES

Como el lector habrá comprobado hay numerosos estudios sobre el glifosato, muchos de ellos financiados por quienes lo comercializan y, por tanto, discutibles. Por nuestra parte, tras analizar gran parte de lo publicado, entendemos que…

…la incongruencia entre resultados de los estudios sobre el glifosato es científicamente inaudita y hace sospechar de la honestidad de muchos de ellos. No es explicable que mientras unos lo consideran inocuo otros constaten que puede provocar alteraciones genéticas, dañar diversos órganos y dar lugar a malformaciones fetales. Como no lo es que todos los estudios oficiales con animales se cierren a los 90 días.

…el argumento de que el glifosato solo afecta al ciclo metabólico vital de las plantas y por tanto no puede tener efectos tóxicos en animales y humanos es falso. Ensayos con pequeños mamíferos -y peces como la tilapia- han demostrado que puede dañar los riñones y el hígado; incluso a dosis tan bajas como 5 microgramos por litro.

…el glifosato afecta negativamente a los microorganismos; probablemente sin consecuencias en los suelos debido al efecto inhibidor de los ácidos húmicos pero hay bastantes evidencias de que afecta negativamente al microbioma de animales y humanos. Y,

…si la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) ha decidido incluir el glifosato en el grupo 2A en el que se hallan las sustancias consideradas “probablemente carcinógenas” es porque hay pruebas de su peligrosidad.

Terminamos indicando que el problema del glifosato es menor en Europa que en otros continentes ya que la legislación sobre cultivos transgénicos es bastante restrictiva. Además aun prima afortunadamente la convencional labranza con arado.

Federico Gavalda

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Enero 2016
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