Electrocutan microorganismos patógenos con pequeñas descargas eléctricas

Investigaciones desarrolladas en el Instituto Politécnico Nacional de México han confirmado que bastan pequeñísimas descargas eléctricas para eliminar microorganismos patógenos, especialmente bacterias, hongos y parásitos. Y sin efecto secundario alguno, La terapia de electrocución permitiría eliminar microorganismos causantes de enfermedades como el hongo Arcyria, la bacteria Salmonella y el ácaro. La investigación, desarrollada por una alumna del mencionado centro con el asesoramiento docente correspondiente, viene a confirmar las conclusiones que la Doctora Hulda Clark ha mantenido durante más de una década sobre el uso de la corriente eléctrica como terapia antibacteriana y antiparasitaria. Esta aportación confirma además que para tratar el problema de la resistencia bacteriana a los antibióticos existen otras soluciones que no pasan por la elaboración de fármacos tóxicos.

La cada vez mayor resistencia de bacterias y otros microorganismos patógenos se ha convertido en las últimas décadas en una de las principales amenazas para la Salud Mundial. Ya hace siete años el documento que recogía las Conclusiones de la Conferencia Internacional Europea sobre la Amenaza Microbiana que tuvo lugar en Dinamarca realizaba una preocupante previsión de futuro: “La resistencia a los agentes antimicrobiales es el principal problema de salud pública en Europa”.

La preocupación alcanza -como no podía ser de otra manera- a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que en un documento titulado Antimicrobial resistance afirma: “Lo más alarmante de todo es que hay enfermedades que ya no encuentran respuesta en los medicamentos existentes hoy porque los microorganismos causantes han desarrollado resistencia a todos ellos levantándose así el espectro de una era post-antibióticos. Aún cuando la industria farmacéutica sea capaz de desarrollar los esfuerzos necesarios para elaborar nuevos medicamentos de reemplazo inmediatamente las tendencias actuales sugieren que algunas enfermedades no tendrán ninguna terapia eficaz dentro de los próximos diez años”.

En suma, los antibióticos han dejado de ser los “medicamentos-milagro” a los que la imaginación popular otorgaba la capacidad de curarlo casi todo. De hecho en la mayoría de los países europeos los antibióticos ocupan el segundo lugar en la lista de medicamentos más usados -tras los analgésicos- lo cual carece de explicación lógica. Y lo malo es que su uso excesivo -y en muchos casos inapropiado- en medicina, veterinaria y agricultura ha permitido que los microorganismos se hayan ido adaptando dotándose de genes modificados que les garantizan una resistencia cada vez mayor a los medicamentos.

En suma, hablamos de una amenaza silenciosa de la que raramente somos conscientes pero lo cierto es que las infecciones causadas por agentes patógenos causan cada vez más complicaciones clínicas lo que provoca una reacción en cadena: más tiempo de enfermedad, más posibilidades de contagio, más tiempo de hospitalización, más posibilidades de infecciones hospitalarias, una factura más alta para la sociedad, y lo que es realmente peor, una mayor amenaza para nuestras vidas. Las modernas instalaciones de las guarderías se están convirtiendo en puntos negros por la aparición y expansión de la resistencia a los antibióticos. Del mismo modo, las residencias en las que los ancianos pasan largos periodos de tiempo sirven cada vez más como reservas para las bacterias resistentes ya que estos pacientes suelen contraer infecciones durante sus frecuentes visitas al hospital.

Para tratar de evitar esta situación la primera recomendación siempre es preventiva, un mayor control en el uso de los antibióticos, sobre todo por parte de los médicos y de los pacientes. A los médicos les es exigible un mayor acierto en el diagnóstico y eficacia en la prescripción. “Todos los años, se prescriben decenas de millones de prescripciones de antibióticos para tratar enfermedades virales para las que estos antibióticos no ofrecen ningún beneficio” ha declarado el doctor David Bell, coordinador de resistencia antimicrobial del Centro del Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC), en declaraciones al FDA Consumer Magazine para el artículo “La Batalla de los microbios: Luchando contra la resistencia a los antibióticos”. Según el CDC, los antibióticos que se prescriben en los ambulatorios podrían reducirse en más del 30 por ciento, sin que ello supusiera ningún riesgo para la salud de la población.

Control también por parte de los pacientes, que manifiestan según los médicos un uso poco disciplinado de los antibióticos, cuando no se olvidan de tomar la medicación, la toman para lo que no les sirve, o interrumpen su tratamiento cuando empiezan a sentirse bien, lo que no garantiza la muerte del patógeno y si el aumento de su resistencia. Pero si usarlos en bajas dosis y por poco tiempo es negativo, también lo es tomarlos durante demasiado tiempo. El doctor Stuart Levy, presidente de la Alianza para el Uso Prudente de Antibióticos afirma en el artículo citado, a este respecto: “El número de bacterias resistente a antibióticos diferentes ha aumentado, en muchos casos, diez veces o más. Incluso nuevos medicamentos están encontrando resistencia, afortunadamente en cantidades pequeñas, pero tenemos que tener cuidado en cómo se usan. Si se usan durante periodos largos de tiempo, nos arriesgamos a volverlos ineficaces antes de tiempo”.

Y control por fin, en el área veterinaria, donde muchas bacterias se hacen resistentes como resultado del exceso de antibióticos que se le da al ganado con carácter preventivo o para reforzar su crecimiento, lo que permite la adaptación gradual de los patógenos a los mismos.

Pero más allá de la respuesta preventiva que siempre es más lenta que el proceso biológico de adaptación de los microbios, las soluciones propuestas siempre apuntan hacia el mismo lado, el desarrollo de nuevos antibióticos con efectos reforzados. Ante lo cual, los microorganimos siguen reaccionando de la misma manera, adaptándose. Un círculo vicioso que si se rompe nos acarrearía graves perjuicios “Cuando las infecciones se muestran resistentes a los antimicrobiales de primera línea, -afirma el informe de la OMS – el tratamiento tiene que ser cambiado por medicamentos de segunda o tercera generación que casi siempre son mucho más caros y a veces, también, más tóxicos; por ejemplo los medicamentos necesarios para tratar las formas multirresistentes de tuberculosis son 100 veces más caras que los medicamentos de primera generación que trataban formas no resistentes. En muchos países, el alto coste de tales medicamentos de reemplazo es prohibitivo, con el resultado de que algunas enfermedades ya no pueden tratarse en áreas dónde la resistencia a los medicamentos de primera generación ya está extendida”. ¿Y entonces?.

El informe europeo recoge la necesidad “indispensable” de desarrollar nuevos medicamentos para asegurar la disponibilidad de tratamientos eficaces contra las infecciones causadas por bacterias agresivas. “El peor supuesto que, por desgracia, no parece improbable, –añade- es que los agentes patógenos peligrosos adquieran con el tiempo resistencia a todos los antibióticos hasta ahora eficaces, lo que daría lugar a epidemias incontroladas de enfermedades bacterianas imposibles de tratar”. Es la misma argumental que sostienen las autoridades sanitarias norteamericanas. “Éste es un problema muy serio – afirma el doctor Mark Goldberger director de la oficina de la FDA responsable del uso de los antibióticos, en el FDA Magazine ConsumerNecesitamos hacer dos cosas: facilitar el desarrollo de nuevas terapias antimicrobiales y al mismo tiempo preservar la utilidad de las habituales y las nuevas drogas”. Pero a continuación el doctor Goldberger pone el dedo en la llaga abierta en la Salud a nivel mundial. “Nos gustaría que las personas los usaran menos y sólo en presencia de infección bacteriana – dice Goldberger – Esto presenta un desafío. Reducir el uso puede producir que bajen las ventas, y que las compañías de medicamentos puedan pensar en lugares mejores para invertir sus recursos”.

¿Y si lo hicieran? Quizás entonces aprendiéramos a buscar soluciones en otros lados.

LA SALMONELLA DERROTADA POR UNA ESTUDIANTE

Puede parecer broma, pero no lo es. Mientras en el mundo se invierten miles de millones de euros/dólares en el desarrollo de nuevos antibióticos, en equipos de laboratorio supersofisticados, en investigaciones patrocinadas por grandes laboratorios, una estudiante del Instituto Politécnico Nacional de México (IPN) en un trabajo avalado por propio Centro, ha confirmado que a base de pequeñas descargas eléctricas pueden matarse bacterias y parásitos como la salmonella, sin dañar al organismo.

Alba Citalli Murillo, estudiante de Telemática, en la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnología Avanzadas, “una persona, sencilla, inteligente y con ganas de trabajar” en palabras del profesor Alberto Hernández, supervisor y asesor de su trabajo, decidió desarrollar para el Congreso Nacional Interdisciplinario de Tecnologías Avanzadas, un Aparato Electromédico que le permitiera combatir microorganismos sin causar efectos secundarios.

El resultado final fue bautizado como ATEDEL, Aparato Electromédico para Aplicar la Electrocución. El paciente coloca las manos en dos pequeños terminales para a continuación recibir una descarga mínima de corriente eléctrica a través de una pila de nueve voltios. “La mayor parte de nuestro cuerpo es agua (conductor) – nos explica Alberto Hernández– por lo que si ponemos un positivo en un extremo y un negativo en otro extremo fluye a través de nuestros líquidos la corriente (flujo de electrones). Si esta pasa por el tejido humano genera potenciales (voltaje) que podemos registrar en los instrumentos. Ahora bien si el potencial es positivo, al pasar por las células entrará por canales iónicos y la corriente (flujo de electrones) generará un calentamiento que los microorganismos de carga negativa no pueden soportar. El nivel de voltaje y corriente debe ser el adecuado para terminar con microorganismos sin dañar al paciente.”
La aplicada estudiante del Politécnico de México sueña con que su trabajo sea la antesala de una nueva terapia de electrocución o electrochoque que aplicada bajo supervisión médica elimine microorganismos causantes de enfermedades. De momento tras las experiencias in vitro realizadas asegura que el dispositivo termina con el hongo Arcyria, la bacteria Salmonella typh, agente acusante de la fiebre tifoidea, y los ácaros, portadores de muchas enfermedades importantes, como el tifus y la rickettsiosis exantemática.

Aunque la descarga que se aplica es pequeña la terapia de electrocución de microorganismos no se recomienda para mujeres embarazadas o pacientes que usen marcapasos. Salvo esta recomendación, afirman que quedó demostrada la falta de efectos secundarios del dispositivo en un grupo de pacientes que presentaban cuadros gripales y que se sometieron voluntariamente al tratamiento. “No se detectó –afirma Alba Citalli- efecto alguno en la presión sanguínea, estado de alerta mental, ritmo cardíaco o temperatura corporal. El prototipo dosifica el voltaje para afectar sólo a la bacteria o parásito mediante terapia sin dolor que no requiere medicación adicional”.

El Director del Departamento Orlando Palma se mostró esperanzado en las posibilidades de la línea de trabajo, sin embargo reconoció a esta revista haberse sentido desconcertado por la falta de interés mostrada por la clase médica. Y si bien es cierto que los estudios se encuentran en una primera fase y que se necesitan muchos más experimentos, la falta de fondos para la investigación puede abortar todo lo hecho hasta el momento.

Puede parecer increíble que llegue a ser así, pero tampoco nos extrañaría sobre todo si tenemos en cuenta que los resultados del Instituto Politécnico Nacional de México no son ni mucho menos novedosos. Diez años después vienen a confirmar punto por punto las conclusiones que la Doctora Hulda Clark expuso en 1995, en su libro “La cura de todas las enfermedades” sobre la posibilidad de terminar con bacterias, virus y parásitos con pequeñas corrientes eléctricas. “Se trata de mejorar su trabajo –dice Alberto Hernández asesor del estudio de México- para lo que se están implementando nuevas técnicas como variar los parámetros del dispositivo (nivel de voltaje, frecuencia, corriente) y tratar de generar otro tipo de campo que acelere el tratamiento.” Quizás ahora con al amenaza que supone la resistencia bacteriana, por fin la investigación médica oficial utilizando de palanca los estudios del IPN se atreva a levantar la losa que echaron sobre los trabajos de la Doctora Clark, y descubra que quizás existen otras posibilidades en la lucha del hombre contra los microorganismos patógenos.

ELECTRICIDAD CONTRA LOS PATÓGENOS 

Desde que en 1995 Hulda Clark publicó su libro, se han tratado de sepultar sus teorías, de obstaculizar su trabajo, hasta el punto que en la actualidad no puede ejercer en Estados Unidos y Canadá. De origen australiano, Clark es licenciada en fisiología y biología con mención honorífica por la Universidad de Saskatchewan, Cánada; licenciada en biofísica y fisiología celular por la Universidad de Minnesota; doctorada en fisiología por la misma universidad; y dirige el Century Nutrition Clinic en Tijuana, Mexico, para prevenir posibles problemas con las autoridades sanitarias de Canadá y Estados Unidos, donde sus teorías sobre el origen y curación de las enfermedades ha provocado que no pueda ejercer allí. La causa de la mayoría de las enfermedades degenerativas sería según ella la presencia al mismo tiempo en el cuerpo humano enfermo de parásitos y de contaminantes químicos. El ser humano sano normalmente puede albergar en su cuerpo diversos tipos de bacterias, virus, hongos y otras especies de parásitos, pero los mantiene bajo control en el intestino de donde sólo pueden salir al exterior contenidos en las heces. Las cosas cambian cuando el cuerpo se contamina con productos químicos y/o metales pesados. La actuación de los distintos parásitos entonces además de contribuir al desarrollo de numerosas enfermedades puede llegar a convertir en maligno un tumor que en origen fuera benigno.

El protocolo básico de la Dra. Clark consiste en la eliminación eléctrica de los microorganismos a través del Zapper, un dispositivo de su invención, de cuatro curas con plantas para parásitos, hígado, riñones y intestinos, y de 4 programas de saneamiento, dental, dieta, cuerpo y casa, (ver Discovery nº 56).

Con independencia de que sé esté de acuerdo o no con la totalidad de la propuesta de la doctora australiana es evidente que las aportaciones que en el campo antibacteriano ha realizado marcan un camino que ahora se ha visto refrendado por los trabajos de México.

Clark parte de una conclusión ya admitida por todos, el cuerpo humano emite ondas eléctricas, como una estación de radio, de aquí que se puedan hacer distintos tipos de mediciones, desde electrocardiogramas a mediciones de electroacupuntura, o testar productos a través de resonancia orgánica. Todo emite un en un ancho de banda de frecuencias. En general, los organismos más primitivos, tienen un ancho de banda más bajo comparado con las frecuencias más altas y el ancho más amplio de los animales superiores. Trabajando en esta línea constató que las frecuencias entre 1.520 KHz y 9.460 KHz resonaban con el cuerpo humano, y resultaban audibles en un oscilador de audio.

A partir de ese momento inició una actividad detectivesca, propia de los protagonistas de la serie televisiva CSI, para encontrar el ancho de banda de otros organismos vivientes. Los encontró, para las moscas, los escarabajos, las arañas, las pulgas, las hormigas entre 1.000 KHz y 1.500 KHz; Las cucarachas tenían las frecuencias más altas entre insectos que midió. Cada vez que localizaba la frecuencia exacta se producía un efecto sonoro de resonancia audible.

Entonces realizó un hallazgo sorprendente, inexplicable, pero constatado por ella posteriormente una y otra vez. Un insecto muerto presentaba también un determinado ancho de banda. Mucho más estrecho, y cercano al extremo de la banda que tenía al vivir. “Pero si las cosas muertas tuvieran un ancho de banda resonante, – escribe Clark en su libro “La cura de todas las enfermedades” – quizás una muestra preparada para ser observada al microscopio de una criatura muerta podría usarse. Fue un pensamiento afortunado. Mi primera muestra fue del trematodo (un parásito intestinal humano), un parásito grande, un azote de la humanidad. Lo había encontrado en el hígado (no en el intestino) de cada víctima de cáncer que yo veía. El parásito adulto tenía una frecuencia resonante alrededor de 434 KHz. Los preparados del parásito resonaron cerca (432 KHz). ¡Las cosas muertas todavía resonaban! El catálogo entero de especies biológicas, ciento de especimenes, de virus, las bacterias, los parásitos, hongos, e incluso las toxinas, estaban ahora disponibles para la investigación ¡con esta nueva técnica!. De repente se me ocurrió una idea. Si una persona se aferrara al generador de frecuencia mientras estaba generando 434 KHz, qué ocurriría con el trematodo adulto, si estuviera infectada? Realicé las pruebas esa misma semana sobre mi misma, no con el tretamatodo, sino con las bacterias de Salmonella, Giardia y Herpes que yo portaba de forma crónica. Después de un tratamiento de 3 minutos, me volví a testar. ¡Ya no podría encontrarlos en mis órganos! No había emisiones en sus frecuencias características. Repetí y Repetí la prueba. ¿Estaban muertos? Quizás simplemente estaban escondidos. Pero los síntomas se habían ido también. Había dejado de sentir el hormigueo en mi lesión causada por los herpes. Era todo demasiado simple e increíble”.

Es de suponer que Alexander Fleming pensó lo mismo cuando descubrió la penicilina, y tampoco a él le hicieron el más mínimo caso. Algo que suelen olvidar nuestros médicos cuando hoy se refieren con halagos a él y a la penicilina. En 1929 publicó sus resultados en el British Journal of Experimental Pathology. En febrero y ante un nutrido auditorio los exponía ante sus colegas en el Medical Research Club de Londres. Tuvo que esperar diez años, ¡diez! hasta la primavera de 1939, para que dos colegas científicos que trabajaban en Oxford confirmaran la creencia de Fleming en el poder excepcionalmente curativo de la penicilina. Durante su búsqueda de un exterminador de gérmenes “milagroso”, el Dr Ernest Chain bioquímico nacido en Alemania, tropezó con la “vieja” comunicación de Fleming sobre la penicilina. Chain y su asociado el patólogo australiano Howard Florey emprendieron la estabilización, purificación y prueba de la droga en ratones blancos infectados. En agosto de aquel mismo año dieron cuenta de sus importantes descubrimientos en la prestigiosa revista médica The Lancet. Aún así ni siquiera con el comienzo de la guerra y los miles de muertos que se producían por infecciones consiguieron convencer a los gobiernos europeos de su producción masiva. Tuvieron que marcharse a Estados Unidos y afortunadamente para los soldados, la penicilina por fin se hizo presente en el desembarco de Normandía (1944).

LA SUERTE AYUDA A QUIÉN LA BUSCA 

Con los experimentos de Hulda Clark había nacido el método electrónico de combatir los microorganismos patógenos. Se busca la frecuencia resonante de una bacteria, virus o parásito usando una muestra al microscopio, una muestra viva o un trozo muerto. A continuación se trata a los invasores vivientes dentro del cuerpo humano con esa frecuencia, y en cuestión de minutos dejan de transmitir su propia frecuencia. Están muertos o enfermos, y listos para ser retirados por nuestros glóbulos blancos de nuestra sangre.

 “Primero – recuerda Clark- hice un mapa de las frecuencias para la mayoría de las bacterias y virus de mi colección. Después las probaba con el paciente, y esperaba que no tuviesen alguna que no tuviera en la muestra. Incluso las personas con un simple resfriado tenían una docena que testaban positivo. El siguiente paso era poner a punto en el generador de frecuencia una docena de frecuencias de tres minutos cada una. El proceso total, la comprobación y el tratamiento, tomarían aproximadamente dos horas. Frecuentemente consiguieron un alivio inmediato. Pero a menudo el alivio sería temporal. Lo qué yo no sabía era que a veces los virus pueden infectar un parásito más grande como una lombriz intestinal. Hasta que no matara la lombriz intestinal y el virus, este seguiría reapareciendo”. El método era eficaz pero no definitivo, había demasiadas frecuencias que testar. Los patógenos (mohos, virus, bacterias, gusanos, ácaros) presentan un ancho de banda que oscila entre 77 KHz y 900 KHz. La colección de especimenes estaba incompleta. Así que siguieron las pruebas y a medida que pasaba el tiempo aumentaba la sofistificación de los aparatos diseñados y utilizados con la ayuda de su hijo George.

Y de nuevo la sorpresa, la casualidad si se quiere. “En 1994 – recuerda en su obra la doctora australiana –mi hijo construyó una generador de mano, operado por pilas. Su propósito era permitir a cada uno matar sus parásitos intestinales a 434 KHz con un dispositivo de coste bajo. ¡Cuando yo lo probé, sin embargo, otros tres patógenos a frecuencias muy diferentes también murieron! Esto nunca había pasado antes. ¡Cuando yo lo probé en otros, todos murieron aunque tenían docenas de frecuencias diferentes!. La comprobación posterior mostró que no era debido a un diseño especial, o la forma de la onda especial producida por el dispositivo. ¡Era debido al funcionamiento de la batería! Cualquier frecuencia positiva [DC] mata todas las bacterias, virus y parásitos, cuando simultáneamente se dan el voltaje suficiente (de 5 a 10 voltios), la duración (siete minutos), y la frecuencia (de 10 Hz a 500.000 Hz) ” Las frecuencias positivas pueden barrer el ancho completo de los pequeños organismos (virus, bacterias, parásitos) en tres sesiones de siete minutos, con 20-30 minutos de separación entre ambas. Los virus y bacterias desaparecen en tratamientos de 3 minutos; la solitaria, los trematodos, las lombrices intestinales en 5; y los ácaros en 7. Cada una de las fases del tratamiento, asegura Clark va eliminando y haciendo aflorar los patógenos más escondidos, hasta su extinción completa. La hipótesis entonces expuesta y confirmada por el trabajo mexicano es que un voltaje positivo aplicado en cualquier parte del cuerpo atrae las cosas negativamente cargadas como las bacterias. Son las mismas conclusiones a las que diez años después ha llegado el departamento de Ingeniería y Tecnología Avanzada del IPN en México. Y de hecho la carga negativa de las bacterias es el punto de partida de las investigaciones de la empresa Matsushita Electric en Osaka, Japón, para fabricar un dispositivo capaz de detectar parásitos en los alimentos antes de ser consumidos.

Ciertamente existen recomendaciones, como no aplicar el tratamiento a mujeres embarazadas o personas con marcapasos, o tener en cuenta que con la terapia de electrocución no es posible eliminar solamente las bacterias dañinas. Se recomienda por tanto realizar un apoyo para repoblar la flora intestinal. En ese caso la doctora Clark es radical, y considera preferible la utilización de yogur casero y suero de manteca para recolonizar el intestino, que cualquier otro tipo de preparado comercial que por su composición química pueda volver a provocar la aparición de parásitos.

EL KIT COMPLETO DE LA DOCTORA CLARK

Los trabajos en esta línea de investigación han permitido desarrollar una serie de dispositivos encaminados todos ellos a detectar y eliminar con impulsos eléctricos no invasivos y sin efectos secundarios, patógenos de nuestro organismo.

-El dispositivo electrónico más importante sigue siendo el Zapper, diseñado por el hijo de Hulda Clark, un generador de pulsos que opera desde una batería de 9 voltios, con una frecuencia aproximada de 30 KHz. Mata todos los parásitos, bacterias, viruss, y hongos aunque sus frecuencias individuales sean más altas o más bajas (entre 50 KHz y 900 Khz)

-Otro de los dispositivos desarrollados bajo estos principios es el Syncrometer.TM, que permite supervisar la progresión del tratamiento y el propio estado de salud ante la presencia de parásitos. Consiste en un circuito oscilador de audio en el que el cuerpo entra a formar parte del circuito. Permite testar muestras de parásitos u otros contaminantes químicos.

-Un tercer dispositivo muy útil es un generador de frecuencias. A través de él se puede seleccionar una frecuencia particular como 434 KHz, de forma rápida y precisa para terminar con un determinado patógeno.

-Por último ha desarrollado un dispositivo para eliminar posibles parásitos de la comida antes de almacenarlos a través de pequeñas descargas eléctricas.

Mucho está por hacer y mejorar en esta línea de trabajo. Ya hay quién dice haber desarrollado dispositivos más eficaces a partir de los trabajos de la Doctora Clark, de hecho los mexicanos esperan, si cuentan con fondos, llegar a mejorar los dispositivos existentes; pero lo realmente importante sería que las autoridades sanitarias se decidieran a hacer suyas todas las investigaciones teóricas y prácticas realizadas hasta el momento.

Quizás sí, o quizás no, puedan compararse Hulda Clark y Alexander Fleming. Para algunos esa comparación supondrá una herejía, pero lo cierto es que ambos encontraron una solución para combatir a los microorganismos, en cada caso la que permitía el desarrollo de su época; ambos fueron rechazados y menospreciados por la oficialidad médica; y en ambos casos pasaron diez años para que alguien rescatara los estudios originales. En el caso de la penicilina como arma antibacteriana hicieron falta cinco años más, una guerra mundial y millones de muertos hasta que los gobiernos y los médicos del momento se decidieran a tomarla en serio. Esperemos que no haga falta una epidemia mundial causada por bacterias superresistentes u otro tipo de microbios, (de hecho está el SIDA entre nosotros), para que los gobiernos apuesten en serio por las necesidades sociales y concluyan las investigaciones sobre el exterminio de patógenos con microcorrientes eléctricas. La apuesta contraria, por la ortodoxia industrial y los nuevos medicamentos ya sabemos a donde nos conduce, a más resistencia frente a los antibióticos y a más beneficios para las grandes multinacionales.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
71
Abril 2005
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