En el futuro todos podremos duplicar un órgano propio para sustituirlo si deja de funcionar

Las investigaciones más recientes indican que en un futuro no tan lejano a cualquier persona a la que le deje de funcionar un órgano se le podrá crear una “copia” sana en laboratorio a partir de una de sus células-madre y sustituirlo mediante una operación quirúrgica. Con la ventaja de que, al ser totalmente propio, no existirá riesgo de rechazo. ¿Fantasía? En absoluto. Los expertos creen que en sólo 25 años será posible.

Como todo el mundo sabe, un transplante consiste básicamente en extraer un órgano del donante- en la mayor parte de los casos, un cadáver- e injertarlo en un ser vivo, dentro del cual debe seguir funcionando en sustitución del propio.

Al tratarse generalmente de órganos vitales -como el corazón, el riñón o el hígado-, el primer problema que se plantea es mantener con vida al receptor mientras se efectúa la sustitución del órgano. En el caso del corazón, hace ya años que existen las llamadas máquinas de circulación extracorpórea -o máquinas corazón-pulmón-, que consisten básicamente en una bomba con depósitos que se conectan con las grandes venas y la aorta para bombear, filtrar y oxigenar el organismo, tras extraer el corazón que va a sustituirse, durante la intervención quirúrgica.

La técnica quirúrgica en sí es el segundo reto con el que se enfrentan los especialistas. A fin de cuentas, se requieren una serie de actuaciones muy complejas para conseguir que la nueva víscera se adapte perfectamente a las conexiones vasculares y nerviosas originales.

En cuanto al tercer reto, no es otro que el de la falta de órganos porque incluso en un país como el nuestro, a la cabeza mundial en número de donaciones, las listas de espera superan los seis meses. Y teniendo en cuenta que el transplante es la última solución para los enfermos que esperan, cualquier retraso puede ser fatal; de hecho, un 30% muere antes de recibir el órgano que precisa.

Afortunadamente, el avance tecnológico permite suponer que en un futuro no muy lejano -esperemos que pronto- quedará resuelto tan dramático problema. Es más, lo más probable es que los transplantes de órganos que se hagan en el futuro no provengan ni de cadáveres ni de donantes vivos sino que serán “fabricados” en un laboratorio siguiendo técnicas muy parecidas a las que permitieron clonar a la famosa oveja Dolly hace dos años. Incluso puede que provengan de animales transgénicos. Y no es ciencia-ficción. El desarrollo de la informática y los estudios sobre el genoma, tanto humano como animal, hacen que tales posibilidades -impensables hace sólo unos meses- se planteen como una seria alternativa a los transplantes convencionales.

LA OPCIÓN MÁS CERCANA EN EL TIEMPO: LOS XENOTRANSPLANTES

En cualquier caso, mientras ello llega, sigue experimentándose con cerdos -el animal más parecido al ser humano- para obtener órganos. La utilización de órganos animales para transplantes en seres humanos se consideraba hasta hace muy poco tiempo inviable por las insuperables barreras de la inmunología; sin embargo, la opción ha adquirido otras perspectivas con los avances de la Genética.

Todo el mundo sabe que el organismo cuenta con un sistema de protección muy poderoso, con una serie de líneas defensivas para protegerle de la infección de organismos extraños -generalmente bacterias y virus- y que reacciona violentamente frente a cualquier célula o tejido extraño. Defensas que, como es lógico, también atacan a los órganos transplantados, constituyendo el mayor problema en cualquier actuación de este tipo: el rechazo. Y como es lógico, ese rechazo es mucho más virulento frente a un tejido animal que el que se produce normalmente en el injerto de un órgano humano.

Las primeras líneas de investigación sobre la posibilidad de transplantes de animales a seres humanos se centraron en los monos pero los investigadores se encontraron con el problema de que los grupos sanguíneos de los antropoides -en general- son muy distintos a los nuestros y los únicos que podrían ser compatibles, los babuinos, tienen unos órganos demasiado pequeños para nuestro cuerpo.

Curiosamente, el problema empezó a tener visos de solución cuando hace unos seis años se hicieron los primeros experimentos con cerdos. Estos paquidermos tienen un tamaño muy similar al humano y, lo que es más interesante, unos órganos muy similares y que funcionan de manera parecida a los nuestros.

Bueno, pues actualmente, mediante manipulaciones genéticas -que consisten en inyectar células humanas a los embriones de cerdos antes del momento de la diferenciación celular- se están consiguiendo los llamados cerdos transgénicos, animales que presentan células auténticamente humanas en su sangre y tejidos orgánicos. Investigaciones como la de Platt en la Universidad de Duke están abriendo así la posibilidad de que el xenotransplante -tal es el nombre con que se ha bautizado el transplante de un animal a un hombre- deje de ser una utopía en breve tiempo.

La técnica consiste básicamente en introducir dos genes humanos en el embrión del cerdo, células que contienen dos proteínas “llave” llamadas de aceleración del factor retardante (DAF según sus siglas en inglés) y CD59 que pueden detener la cascada de complemento en los procesos inmunológicos antes de que aparezca daño en el tejido transplantado.

De momento, este tipo de operaciones se está practicando en babuinos a los que se transplantan corazones de cerdo. Los resultados, publicados en la revista Nature Medicine, demuestran que aunque los procesos de rechazo inmediato se retardan espontáneamente sin necesidad de medicación inmunodepresora, todos los babuinos terminan muriendo.

Una experiencia similar se está realizando en el Hospital Juan Canalejo de La Coruña donde el equipo del doctor Rafael Mañez viene trabajando desde Abril del año pasado con 36 cerdos transgénicos comprados a la empresa británica Imutran. Con resultados similares porque los babuinos a los que les han sido transplantados los corazones de los cerdos -algo que hay que hacer rápido porque crecen muy rápido y si no la víscera cardiaca no cabría en su tórax- han fallecido en el mejor de los casos en un mes.

En cualquier caso, el problema de los xenotransplantes, más que el del rechazo, es la posibilidad de que el tejido extraño pueda ser asiento de mutaciones de virus y bacterias que de momento no parecen ser agresivos para los seres humanos pero que, a la larga, pueden dar lugar a enfermedades nuevas. Razón suficiente para que estos experimentos sean drásticamente controlados por muy importantes que sean los intereses económicos de las empresas dedicadas a ello. Un peligro real porque ya son más de 160 las personas que en todo el mundo han recibido tejidos procedentes de cerdos transgénicos.

LA OBTENCIÓN DE ÓRGANOS Y TEJIDOS EN LABORATORIO

Claro que también es posible que los xenotransplantes pasen a la historia antes de que puedan ser una realidad masiva porque las investigaciones más recientes indican que en un futuro no tan lejano a cualquier persona a la que le deje de funcionar un órgano se le podrá crear una “copia” sana ¡en laboratorio! a partir de una de sus células-madre y sustituirlo mediante una operación quirúrgica.

Uno de los primeros resultados objetivos en este campo consistió en comprobar que, en las primeras fases de división del óvulo, las células eran aún indiferenciadas, es decir, que no tenían características específicas de ningún tejido ni

órgano y que, por tanto, posteriormente podían desarrollarse en cualquier sentido. Por ello fueron denominadas “células- madre” o células pluripotenciales. Esto sucede en la fase de desarrollo que se conoce como “blastocito“.

Más tarde, cuando el óvulo fecundado se divide, pasa por una primera fase en la que las células resultantes se agrupan de forma muy parecida al fruto de la mora (por eso en ese estadio al embrión se le llama “mórula”), si bien en poco tiempo se forma una cavidad central alrededor de la cual se organizan: nos referimos a la blástula o blastocito, constituida por 140 células idénticas. A partir de ese momento, y en sucesivos cambios, las células embrionarias empiezan a diferenciarse en los distintos tejidos que darán lugar a la enorme complejidad del organismo.

Pues bien, es precisamente en ese período cuando puede “dirigirse” la especialización de las células hacia la formación de cualquier clase de tejido. Y eso es lo que se está haciendo. A partir de esta fase, que aparece al sexto día de la fecundación, se extraen células de la masa celular interna de la blástula y se cultivan en laboratorio con nutrientes especiales sometiéndolas a condiciones específicas para que se transformen en células especializadas del tejido u órgano del cuerpo que se desee.

Pero el progreso técnico es imparable: las últimas investigaciones demuestran ahora que será posible el cultivo de tejidos humanos sin necesidad de clonar embriones. Un reciente artículo aparecido en la prestigiosa revista Science prueba que las células-madre de animales adultos también son pluripotenciales. Es decir, que desde un organismo adulto también pueden conseguirse células indiferenciadas capaces de desarrollar células de cualquier tipo.

El trabajo, firmado por el doctor Angelo Vescovi -del Instituto Neurológico Nacional de Italia- y sus colaboradores de la compañía canadiense NeuroSpheres Limited evidencia que las células-madre no son sólo los componentes básicos de los embriones durante su fase inicial sino que también se encuentran en los organismos adultos, en los que se ocupan de renovar partes del cuerpo que necesitan una constante regeneración, como la piel, los intestinos y la sangre. Realmente este concepto no es nuevo ya que se conoce desde hace tiempo la posibilidad de especialización de las células de la médula ósea pero se suponía que incluso éstas ya estaban previamente diferenciadas.

La novedad del experimento consiste en la posibilidad de llegar a “fabricar” órganos completos con células procedentes del propio paciente al que se va a transplantar.

Y aunque el proceso parece muy simple teóricamente, aún habrá que superar gran cantidad de problemas técnicos para conseguir la esperada fuente ilimitada de órganos para transplante que, además, tendrían la ventaja de no producir rechazo y encontrarse en principio libres de virus, bacterias o cualquier otro tipo de enfermedad transmisible.

LA TERCERA VÍA: ÓRGANOS ARTIFICIALES

Existe, en todo caso, una tercera vía, intermedia en el tiempo. Y es que el desarrollo de la llamada Nanotecnología (Tecnología de lo diminuto), impulsada por la sofisticación progresiva de la informática, está permitiendo reducir el tamaño de las engorrosas máquinas que ejercen las funciones de muchos órganos de nuestro cuerpo -como el corazón, el riñón o el páncreas-, por lo que no es descartar que pudieran ser implantados en el cuerpo en lugar de los mismos. Siendo el hígado probablemente, por su complejidad, el último en poder conseguirse artificialmente.

De hecho, es posible que en los próximos años se consigan corazones artificiales que puedan implantarse y sustituir los todavía demasiado grandes equipos experimentales que, en muchos casos, están sirviendo para prolongar la vida de los candidatos al transplante que aún no han recibido su órgano.

CÓMO SON HOY DÍA LOS TRANSPLANTES DE ÓRGANOS

Desde aquel día de Diciembre de 1967 en el que el doctor Christiaan Neethlinling Barnard consiguió que por primera vez funcionara un corazón humano en un pecho distinto al original, los transplantes de órganos se han ido convirtiendo en algo familiar, siempre aureolados por la leyenda de último recurso y el miedo a su posible provisionalidad. Pero en estos treinta y dos años la tecnología ha avanzado exponencialmente y la ciencia médica conoce muchas más cosas de las que el pionero sudafricano pudo haber siquiera imaginado. Actualmente los transplantes de órganos tienen sus indicaciones precisas, sus técnicas ampliamente consolidadas y permiten, en gran número de casos, reiniciar una vida casi totalmente normal después de la operación.

Hoy por hoy es posible transplantar casi cualquier órgano o incluso partes del cuerpo tan complejas como la mano, de las que ya se han realizado tres implantes procedentes de personas muertas en hombres que las habían perdido traumáticamente muchos años antes.

Lo cierto es que son ya millones de personas en todo el mundo los que viven, caminan, respiran o limpian su organismo de tóxicos gracias a corazones, pulmones, hígados, riñones, páncreas o médulas óseas de donantes.

LOS PROBLEMAS POSTERIORES AL TRANSPLANTE

Tras el acto quirúrgico en sí, se plantean habitualmente tres tipo de problemas.

En primer lugar, puede fallar el buen funcionamiento de las conexiones, con la posibilidad de que alguna de las suturas -especialmente las vasculares- pueda ceder con la aparición de una hemorragia o un hematoma, que son las complicaciones inmediatas más graves de una operación de este tipo. Afortunadamente cada vez son menos frecuentes por el desarrollo tecnológico y la preparación profesional de los equipos de cirujanos que efectúan los transplantes.

Una vez superada la primera fase, el segundo tipo de problemas que pueden plantearse en el receptor de un órgano (o en el dador vivo, que alguno hay) es el de las infecciones. Se trata de grandes intervenciones quirúrgicas que duran muchas horas y en el transcurso de las cuales puede contaminarse el lecho quirúrgico o las vías respiratorias del paciente intubado con cualquiera de los temibles gérmenes hospitalarios.

Y, por fin, el siempre temido rechazo del órgano, que es cada vez menos frecuente por el rápido desarrollo de las drogas anti-rechazo o inmunosupresoras, que disminuyen la capacidad del organismo para reconocer al órgano transplantado como extraño al propio cuerpo. Claro que también, por desgracia, disminuye la capacidad de reacción del organismo frente a las infecciones por lo que el paciente debe aprender a vivir con una serie de normas para evitar -o tratar- precozmente cualquier tipo de infección.

Pero merece la pena porque la vida de un paciente transplantado, hoy día, es en general de buena calidad y las supervivencias son largas.

LOS ÓRGANOS QUE SE TRANSPLANTAN

Desde el desarrollo de las drogas inmunosupresoras, las técnicas de transplante de órganos permiten en la actualidad injertar casi cualquier órgano del cuerpo en el receptor que los necesite. Entre ellos, el riñón es el más frecuente y, posiblemente, el que mejores resultados ofrece a la larga.

La médula ósea, por su parte, es el órgano más problemático ya que en ella se generan todas las complicadas series de células sanguíneas en las que, precisamente asientan los procesos inmunológicos que causan tantos dolores de cabeza a los especialistas en transplantes. La médula ósea puede transplantarse de forma autóloga -es decir, al mismo donante (procedimiento frecuente para el tratamiento de ciertas enfermedades de la sangre), generalmente tras una irradiación previa de la misma- o heteróloga -cuando se recibe de otra persona-. Al estar constituida en su mayor parte por células, el procedimiento habitual para su transplante es por aspiración directa de la del donante y posterior inyección en la del receptor.

Los pulmones forman un bloque con el corazón, no sólo anatómicamente sino también por su función fundamental de oxigenar la sangre. Por eso habitualmente su transplante se hace en bloque con la víscera cardiaca en los casos de grandes insuficiencias cardiorespiratorias.

El páncreas viene a ser el recién llegado al mundo de los transplantes. Dada la complejidad de la glándula, es muy difícil su transplante en bloque. Sin embargo, su parte activa -los llamados islotes de Langhans– puede ser transplantada para tratar casos avanzados de diabetes.

En cuanto a la córnea del ojo, se transplanta con mucha frecuencia y es una de las técnicas más espectaculares del casi mágico mundo de los transplantes de órganos. Las cicatrices o lesiones de esta cubierta transparente del ojo son las responsables de un gran porcentaje de las cegueras y los resultados de la intervención son espectaculares.

 Andrés Rodríguez Alarcón

Recuadro:


A QUIÉNES SE HACEN TRANSPLANTES…

…DE CORAZÓN

El transplante cardiaco se plantea sólo, siguiendo los criterios de la New York Hearth Association, generalmente aceptados, en pacientes con insuficiencia que no responden a los tratamientos habituales y que previsiblemente no van a llegar al año de vida.

El paciente ideal, según la mencionada asociación, debe tener menos de 55 años, ser psicológicamente estable y poseer una infraestructura familiar sólida.

Las contraindicaciones son la presencia de hipertensión o enfermedad pulmonar severa, embolia pulmonar reciente, infección activa, diabetes insulindependiente u otras enfermedades que puedan limitar la posibilidad de supervivencia a corto y medio plazo, como insuficiencia renal, obesidad extrema, cáncer o infecciones activas.

…DE HÍGADO

Lo ideal es hacerlo en niños y adultos menores de 55 años que presenten enfermedad hepática irreversible pero, al mismo tiempo, que no tengan alteraciones generales que impidan la recuperación posterior del organismo, especialmente por los daños que el fallo del hígado produce en el sistema nervioso central.

En los niños la situación más frecuente que se resuelve por transplante hepático es la falta congénita de alguno de los conductos que forman el sistema biliar o de la propia vesícula (atresia del sistema biliar). También está indicado el transplante infantil en muchas alteraciones metabólicas congénitas como la enfermedad de Wilson -en la que el hígado no puede dirigir la transformación del cobre en el organismo, con el resultado de la acumulación de este metal en el propio hígado, el cerebro y otros órganos-, en la protoporfiria -enfermedad congénita que, entre otras cosas, presenta grandes acúmulos de una sustancia (la protoporfirina) en el hígado produciendo la degeneración cirrótica del mismo- o en algunos casos de hipercolesterolemia familiar hereditaria.

En los adultos, las situaciones más frecuentes que se pueden resolver por transplante hepático son la trombosis de la vena hepática, las cirrosis no alcohólicas -como la que aparece tras una hepatitis A o la biliar primaria y algunos casos de cáncer hepatobiliar- en fase muy precoz.

Las contraindicaciones para el transplante, aparte de las enfermedades generales graves que previsiblemente puedan limitar la esperanza de vida del paciente, son los tumores diseminados, las cirrosis alcohólicas descompensadas o las hepatitis fulminantes con afectación cerebral o insuficiencia del riñón (síndrome hepatorenal).

…DE MÉDULA ÓSEA

El transplante de médula se hace en caso de enfermedades genéticas con trastornos medulares como la talasemia mayor, en la que los glóbulos rojos no son capaces de asimilar el hierro que forma parte de la hemoglobina.

También en las enfermedades que cursan con destrucción de la médula ósea -anemias aplásicas, sea cual sea su causa- así como en algunos tipos de leucemias agudas y linfomas en las que muy frecuentemente se indica la técnica de autotransplante después de irradiar la médula extraída al propio paciente.

…DE RIÑÓN

Es el más frecuente y el más seguro. De hecho, en España se practicaron 1.991 transplantes de riñón en 1998, lo que representa el 58.7% de los 3.394 transplantes de todo tipo realizados.

Como el resto de los órganos, el riñón se transplanta cuando no hay otro sistema para arreglar una insuficiencia crónica, que puede aparecer en el ser humano en cualquier momento de la vida y por las causas más variadas, desde falta congénita de uno o de ambos hasta enfermedades vasculares que producen secundariamente esclerosis del órgano o tumores que lo anulen parcial o totalmente.

El primer paso habitualmente antes de plantear el transplante es la diálisis, que consiste en someter al paciente a una depuración de su sangre a través de una máquina que filtra y limpia de tóxicos la sangre. Este sistema permite conservar con vida y mínimo deterioro a los pacientes con insuficiencia renal durante mucho tiempo por lo que este tipo de transplante tiene mucha menos mortalidad que otros en las listas de espera que inevitablemente se establecen.

Las contraindicaciones para efectuarlo son las mismas que para cualquier otro órgano: el estado terminal del paciente o las enfermedades graves que puedan presentar y que limiten previsiblemente la supervivencia a corto y medio plazo.

 A. R-A.

Recuadro 2 :

LA LEY ESPAÑOLA DE TRANSPLANTES

 En nuestro país, la extracción y transplante de órganos está regulada por el Real Decreto 426/1980 que desarrolla la Ley 30/1979. A pesar de su relativa antigüedad es, posiblemente, uno de los textos legales más avanzados del planeta en esta materia.

Establece las condiciones para la extracción de órganos de donantes vivos comenzando por las condiciones que debe reunir el centro sanitario en cuanto a quirófanos, salas de recuperación, laboratorios y demás utillaje, para continuar puntualizando los requisitos exigidos para la donación, por parte del donante (mayor de edad, consciente y en buena salud), de que el órgano no sea vital y de una amplia información sobre el proceso y sus consecuencias, así como garantizar el anonimato del receptor.

Respecto de la extracción de órganos de personas fallecidas, la Ley establece la determinación de la muerte cerebral con ausencia de respuesta y respiración espontánea, ausencia de reflejos y midriasis (dilatación) pupilar -datos que deben ser consignados por médicos diferentes a los que vayan a hacer el transplante-, así como garantizar la conservación y posibilidad de traslado de la pieza anatómica.

Los centros autorizados para hacer transplantes deben garantizar que todos los ciudadanos que en ellos ingresen y sus familiares tengan pleno conocimiento de la regulación sobre donación y extracción de órganos con fines terapéuticos. Pero, a pesar de que la Ley determina que puede transplantarse cualquier órgano de cualquier fallecido, también especifica que no podrán extraerse si existe la menor oposición expresada por el fallecido o por sus familiares en cualquier momento.

El receptor, por su parte, debe ser cuidadosamente informado sobre la intervención y sus posibles efectos a corto, medio y largo plazo, y ha de estar adecuadamente estudiado. No sólo en cuanto a su enfermedad sino que también deben serle practicadas las necesarias determinaciones de histocompatibilidad (compatibilidad del tejido del donante con el del receptor) y los demás estudios que sean necesarios entre ambos.

Y algo muy importante: en ningún caso se exigirá precio alguno al receptor por el órgano transplantado.

La Ley determina también que no puede haber contacto de ningún tipo entre los diversos equipos médicos que intervienen en las diferentes fases del transplante.

Actualmente existe un proyecto de renovación de la ley por parte del Gobierno que, en pocos meses, podría introducir modificaciones en el proceso de determinación de la muerte cerebral añadiendo la posibilidad de adjuntar a los dos electroencefalogramas actualmente exigidos las pruebas llamadas “de flujo”, concretamente la gammagrafía cerebral; igualmente, se pretende reforzar la confidencialidad del proceso y prohibir los llamamientos para localizar órganos a través de los medios de comunicación ya que normalmente tienen un efecto negativo sobre la donación.

 A. R-A.

Recuadro 3:

Evolución del número de transplantes sólidos realizados en España durante los tres últimos años

(Ver fotocopia)

Recuadro:

 LISTAS DE ESPERA PARA TRANSPLANTE EN ESPAÑA

En la actualidad hay alrededor de 6.500 personas esperando transplante de distintos órganos, sin contar con los de córnea ocular. De ellas, 4.235 esperan un riñón, 1.340 un hígado y 558 un corazón.

El problema es que casi un 7% de los pacientes que está a la espera de un transplante cardiaco muere antes de conseguir su nuevo corazón; y eso que un 67% de los pacientes lo reciben antes de dos meses.

Respecto del hígado, en el año 1997 fallecieron 96 personas de las 1.284 que esperaban para ser transplantadas de esta víscera. De las 60 personas que en el mismo año esperaban nuevos pulmones un 63% lo recibieron a lo largo del año y un 28.7% antes del primer mes de espera.

En los transplantes de médula ósea la cosa es un poco más complicada ya que, por sus características, es muy difícil encontrar una médula compatible. Para estos transplantes existe una red mundial y en el año 1997 (los datos de 1998 aún no están tabulados) los tiempos medios de espera fueron de 152 días, Sin embargo, los procedentes de España fueron solamente 5, trasplantándose en cambio 13 médulas procedentes de Estados Unidos, 7 de Francia y 6 de Holanda.

Recuadro:

¿Y CÓMO CREAR UN ÓRGANO “SUELTO”?

 Son muchas las personas a las que resulta difícil entender que de una sola célula se pueda hacer “crecer” un órgano nuevo. Y aunque los científicos tienen aún muchas dudas sobre esa posibilidad, sobre todo porque la tecnología aún no está suficientemente desarrollada, ello es posible desde un punto de vista teórico. Intentaremos explicarlo de manera sencilla. Y lo vamos a hacer con un símil.

Es sabido que cada célula lleva en su núcleo el código genético de todo el organismo. Es decir, que de una sola célula puede hacerse un “duplicado” de cualquiera de cada uno de nosotros. Pues bien, imagine ahora el lector que el código genético es un libro. Un libro instalado en el núcleo de cada célula. Un libro en el que además de capítulos dedicados a la herencia psicológica hay otros dedicados a cómo ser célula ósea, epitelial, nerviosa, sanguínea, etc. Solo que un libro instalado en una célula de la piel sólo podría abrirse por el capítulo de las células de la piel. Por lo que no parecería muy complicado “leer” sólo ese capítulo. Sin embargo, eso no es tan fácil. ¿Y por qué? Pues porque la piel está relacionada a su vez con otros tejidos y, por tanto, para entender bien ese capítulo habría que tener eventualmente acceso a los capítulos de esos otros tejidos.

En definitiva, el problema hoy por hoy estriba en saber:

a)  Cómo es el capítulo de cada célula.

b)  Qué conexiones genéticas están establecidas entre los diferentes tipos de células.

c)  Descifrar las claves que indican a cada célula dónde debe de ubicarse. Este último punto es fundamental porque las células-madre son libros abiertos y no consiste sólo en hacer, por ejemplo, que se convierta en hígado o corazón, sino que al tener que referenciarse en otros órganos y tener que ubicarse en un determinado sitio y con una determinada forma necesita un molde que no puede ser físico (un cuerpo completo) sino que debe ser de carácter energético. Molde que formaría parte de la estructura biológica del individuo. De hecho, las células-madre son células embrionarias sin desarrollar, pero electrográficamente puede observarse una representación a escala del individuo desarrollada. Es decir, la célula-madre contiene el patrón holográfico del cuerpo completo. Lo que sucede es que si a la célula se le dan las instrucciones precisas para ser hígado, la plantilla holográfica se convierte en hígado energético.

La forma de construir un hígado pasaría, pues, por la anulación de todos los capítulos del libro excepto el correspondiente a cómo ser la mejor célula hepática. Y dejando abierta la puerta a los códigos de relación con el resto del organismo, pero sin desarrollar. Y lo más importante, sin cerrar las páginas que le indicarán a cada célula dónde deberá situarse espacialmente (lo que sigue siendo un cierto misterio para los biólogos que no incorporan el patrón holográfico).

¿Y cómo hacer crecer un órgano de forma individual? La respuesta pertenece al mundo de la tecnología. Pero si la célula se ubica en un lecho biológico apropiado (no necesariamente un útero) y se le suministra alimento a través de un sistema placentario biológico (no olvidemos que no se deberá eliminar su conexión con estos órganos), la célula se desarrollaría como si fuera un embrión pero sólo en lo correspondiente al hígado.

Es suma, la idea sería conectarlo en el segundo o tercer estado  de desarrollo a sistemas de alimentación, respiración y eliminación de residuos similares a los de la placenta humana. Aspecto que es el más complicado tecnológicamente porque la célula en desarrollo puede sufrir daños  que imposibilite su correcto desarrollo. Decir, por último, que es importante que se cuiden la luz, el medio ambiente y las radiaciones.

 J.A.C.

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