¿Es peligrosa la tecnología Wi-Fi?

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El presidente de la Agencia de Protección Sanitaria de Gran Bretaña, William Stewart, advirtió recientemente sobre la necesidad de ser precavidos ante los posibles efectos sobre la salud de la tecnología Wi-Fi. Y es que los expertos afirman que los efectos a largo plazo de la tecnología no han sido suficientemente investigados resaltando en particular los posibles riesgos para la salud de los niños que asisten a escuelas con redes inalámbricas. Algunos centros educativos comienzan a tomar medidas. En Gran Bretaña muchos padres están exigiendo la retirada de las redes Wi-Fi y en Canadá el rector de la Universidad de Lakehead en Ontario ha decidido aplicar el Principio de Precaución en beneficio de sus alumnos y retirarlas garantizando al mismo tiempo el acceso a la Red mediante fibra óptica. La polémica crece.

En ocasiones no ser el primero tiene sus ventajas. Eso sí, cuando uno quiere aprovecharlas. España está aún muy lejos de incorporarse al mundo Wi-Fi pero en lugar de ser una desventaja ello debería servirnos para ponernos al día del debate que en otras partes del mundo se está ya produciendo sobre la implantación de esta nueva tecnología.

La tecnología inalámbrica Wi-Fi permite a cualquiera conectarse a Internet o interactuar con otros dispositivos electrónicos desde cualquier punto de una ciudad, un campus universitario, una escuela, un restaurante, un aeropuerto, una cafetería o unos grandes almacenes sin cables ni enchufes. Cualquier usuario puede conectarse con Internet vía ordenador personal cuando está en el radio de acción de un Punto de Acceso (AP). Una región cubierta por uno o más APs se llama hotspot. Los hotspots pueden abarcar desde una sola habitación a muchos metros cuadrados de hotspots solapados. El secreto está -como en el caso de la telefonía móvil- en las ondas electromagnéticas que, rebotando por el área escogida, acaban conformando una red en la que todos -nunca mejor dicho- quedamos atrapados.

Se nos vende que podremos pararnos en cualquier lugar cubierto por la red Wi-Fi, sacar nuestro ordenador, colocarlo sobre una mesa o nuestras propias rodillas y conectarnos con el mundo. ¡Qué maravilla! ¡Un futuro irrenunciable! ¡Paleto el último en subirse a este tren! Ya han conseguido hacer inseparable el binomio niño-móvil. El siguiente paso, cerrar la red Wi-Fi.

No se nos dice, en cambio, que a diferencia de un bar donde uno, a la vista del humo flotando en el local, puede elegir estar o no estar, en el entorno Wi-Fi que preparan para nosotros la contaminación electromagnética es constante e invisible. Y hombre, un ratito de Wi-Fi podría soportarse pero permanecer horas y horas en el puesto de trabajo en un área Wi-Fi o todo el día en un colegio o universidad wifeados (permítasenos el neologismo) y salir a la calle y seguir dentro de un área Wi-Fi porque nuestro alcalde ha decidido ser moderno para entrar después en un gran almacén también wifeado, o en una cafetería o restaurante que comparten el gusto por la tecnología más avanzada no parece muy saludable. Y sin soltar el móvil, acabar llegando a nuestra casa, cercana a una antena de telefonía o quién sabe si de un transformador para, antes de irnos a dormir, calentarnos la cena en el horno microondas.

Como las ranas que, sumergidas en agua a temperatura normal olvidan su instinto de supervivencia y permanecen dentro a pesar de que el agua que las rodea vaya calentándose hasta matarlas, todos nosotros podemos acabar sumergidos en un mar de ondas electromagnéticas de consecuencias nefastas para nuestra salud. Eso sí mientras nos cocemos seguiremos pensando en lo modernos que somos.

Como llegados a este punto de la controversia sobre los campos electromagnéticos y sus efectos siempre nos cuentan lo mismo comencemos por resumir la opinión dominante: “No hay suficientes evidencias científicas para asegurar que son dañinos”, “Cualquiera puede especular sobre cualquier cosa que desee pero no hay un cuerpo de evidencias científicas que apoye los daños a la salud”, “Podemos decir que, basándonos en lo que sabemos, no hay razón para la alarma”, “Wi-Fi es una técnica que usa ondas de radio de intensidad muy reducida. Mientras que es similar en longitud de onda a la radiación doméstica del microondas la intensidad de la radiación Wi-Fi es 100.000 veces menor que la de un horno de microondas doméstico”, “Algunos sospechan una interacción no-termal pero no hay evidencia que sugiera que exista”, “Los rangos de contaminación electromagnética son inferiores a los recogidos por la legislación”. Dicho queda. Es la opinión alentada por la mayoría de los medios de comunicación encantados de presentar cualquier innovación tecnológica como inocua.

Y, sin embargo, no es cierto. Además lo mismo oímos durante décadas del tabaco, primera causa de cáncer a nivel mundial. Todavía recordamos cuando lo moderno era fumar como Bogart en Casablanca. De hecho, nuestros hijos siguen pensando que es el camino más recto a la edad adulta. Y lo mismo podríamos decir del amianto -que provoca una muerte horrible años después de estar expuestos a él-, de algunos pesticidas -como el DDT, presente en nuestra sangre aún hoy a pesar de su prohibición-, de numerosos medicamentos -como el Vioox, retirado del mercado por producir cientos de miles de muertes tras asegurarnos sus bondades a bombo y platillo-… Los argumentos en defensa de los campos electromagnéticos (CEMs) no son pues nuevos y casi siempre esconden la defensa de un negocio capaz de ocultar un riesgo innecesario tras el marketing de la modernidad con la única intención de aumentar los beneficios.

Está toda la mentira hilvanada con un hilo tan fino que cuando hace unos meses William Stewart -presidente de la Agencia de Protección Sanitaria del Reino Unido y ex consejero de varios gobiernos británicos en temas de salud- apareció en el programa Panorama de la BBC y en el diario The Independent invitando simplemente a una revisión de los posibles efectos de la tecnología Wi-Fi antes de seguir implantándola de manera masiva la costura saltó y su mensaje resonó en todo el mundo. Stewart, que encabezó un estudio en el 2002 en el que ya llamaba a la prudencia en el uso de los móviles -sobre todo en el caso de los niños- estaba poniendo rostro y voz a una numerosa corriente de científicos que se niegan a ser silenciados. Y no son los únicos.

PADRES EN PIE DE GUERRA

Las palabras de Sir William Stewart no han hecho sino reflejar una preocupación creciente en los últimos meses en Gran Bretaña sobre la implantación de áreas Wi-Fi. Allí casi un 50% de las escuelas primarias y un 70% de las secundarias tienen ya instalada esa tecnología. Así que el programa Panorama no hizo sino poner el dedo en la llaga.

Panorama habló con el profesor Olle Johansson -del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia)- quien afirmó que ya hay contrastados numerosos efectos registrados a niveles bajos de radiación electromagnética. Otro de los invitados al programa, el profesor Henry Lai –de la Universidad de Washington (EEUU)- afirmó también que ya han sido hallados efectos sobre la salud provocados por niveles de radiación similares a los de la tecnología Wi-Fi. “Debe haber al menos –dijo– unos tres mil estudios llevados a cabo durante los pasados 20 años sobre estos efectos. Y, hasta ahora, el 50% de ellos encontró algún efecto perjudicial y el 50% no encontró ninguno”. Pero cuando se le preguntó si permitiría que sus hijos se sentaran ante un ordenador inalámbrico durante toda su vida escolar fue claro: “No lo creo.Limitaría su exposición a ese tipo de radiación porque más vale ser precavidos”. ¡El sí que sabe!
De hecho, la Asociación Profesional de Profesores -que cuenta con 35.000 miembros- ha escrito al Secretario de Educación solicitando una amplia investigación científica sobre los riesgos potenciales en la salud de las redes Wi-Fi recomendando que las escuelas dejen de instalarlas hasta que la investigación las declare seguras. Philip Parkin, miembro de esa asociación, declaró a The Guardian que en Gran Bretaña las redes están siendo instaladas de forma desenfrenada.

De momento son los padres y los profesores los que están consiguiendo que las escuelas desmonten las redes Wi-Fi y las sustituyan por otro tipo de conexiones. Así se demostró en un reportaje del The Times de Londres que apareció el pasado mes de noviembre.

Tim Cannell,Jefe de Estudios en la Escuela de Prebendal, declaró al diario británico:Escuchamos las opiniones de los padres. Estaban obviamente muy preocupados. También realizamos nuestras propias indagaciones. Las autoridades dicen que es seguro pero no ha habido estudios a largo plazo que lo prueben. Así que como desconfiamos del sistema decidimos cambiarlo por uno de cable convencional”. “Las autoridades locales y el Gobierno –señaló uno de los responsables que decidieron el cambio en otra escuela- nos dijeron que las redes inalámbricas son completamente seguras pero dada la desconfianza al respecto decidimos que las preocupaciones de los padres eran de mayor importancia que nuestra necesidad de tener una red inalámbrica”.

Según el informe del The Times, Stowe School -una escuela pública de Buckinghamshire- retiró su red inalámbrica después de que Michael Bevington, un profesor con 28 años de experiencia, enfermara. “Sentía un amplio conjunto de síntomas desagradables –declaró- siempre que estaba en el aula. Primero fue un fuerte dolor de cabeza, después dolor en el cuerpo, sofocos repentinos, presión detrás de los ojos, quemazón en la piel y sensaciones ardientes además de náuseas. Durante el fin de semana, lejos del aula, me sentía totalmente normal”. El consenso entre padres y profesores parece estar siendo la norma y las administraciones están dejando por ello la decisión en manos de las autoridades de los centros.

Y la sensibilización sobre el problema parece aumentar día a día. El doctor Mae-Wan Ho -biofísico, profesor de Biología y director del Institute of Science in Society con sede en Londres- terminaba un artículo titulado Ahogados en un mar de microondas: la revolución Wi-Fi de forma concluyente. “Están apareciendo evidencias de que los peligros para la salud asociados a las microondas inalámbricas son al menos comparables, si no peor, que los asociados al tabaquismo. Pero, a diferencia del tabaquismo, la exposición pasiva a las microondas será difícil de evitar si el Wi-Fillega a estar en todas partes. Ahora que las prohibiciones de fumar están generalizadas por todo el mundo no hay razón para no hacer igual con el Wi-Fi. Todas las redes Wi-Fien lugares públicos deben desmontarse, especialmente en escuelas y universidades, deben prohibirse. Por las mismas razones, las redes para cubrir la ciudad no deben ser instaladas. Los salones, las barras de café, los restaurantes y los hoteles con redes Wi-Fi deben llevar señales de alarma. El uso de los teléfonos móviles se debe reducir a un mínimo, especialmente para las poblaciones en riesgo; por ejemplo, los niños. Debe haber una adopción obligatoria de teléfonos móviles con niveles de radiación tan bajos como sean razonablemente realizables junto con tecnologías sin manos, ni auriculares”.
Uno más a la lista de gente absurda que rechaza los beneficios de la modernidad. Pero cada vez son más y más preparados.

UNIVERSIDAD DE LAKEHEAD, ONTARIO, CANADÁ

Fred Gilbert, Rector de la Universidad de Lakehead, es una excepción a la regla general y por eso un ejemplo a seguir. Ha decidido convertir su campus en una zona libre de contaminación inalámbrica y no instalar la tecnología Wi-Fi en su universidad. Y Gilbert no es un snob sino un científico de cierto renombre. Está considerado un administrador innovador y un apasionado defensor de incorporar los más modernos avances tecnológicos a su universidad para hacerla lo más competitiva posible. ¿Y no parece una contradicción entonces su decisión de prescindir de la tecnología Wi-Fi? Pues no. Porque lleva investigando los efectos de los campos electromagnéticos desde los años 70. No lleva móvil, prefiere vivir donde no haya líneas o cables de alta tensión y, si puede, evita colocar su cabeza durante la noche cerca de los enchufes. Simplemente no cree que exista evidencia científica suficiente para descartar los impactos de los campos electromagnéticos sobre la salud y, en función del más elemental principio de precaución hacia sus alumnos, prefiere esperar resultados más concluyentes antes de abrazar algunas tecnologías que, por otra parte, no considera imprescindibles. Así que en la web de la Universidad de Lakehead puede leerse:

Declaración general: la Universidad de Lakeheadestá conectada totalmente con el World Wide Web. La conexión se realiza por una red de fibra óptica en el campus de aproximadamente 8.000 posiciones así como en los cibercafés y los laboratorios de ordenadores. Sólo las áreas no servidas por la red de fibra óptica tiene una opción inalámbrica.

Propósito: el propósito de esta política es limitar la conexión inalámbrica basada en el ‘Principio de Precaución’ pues hay numerosos estudios científicos que sugieren que existen razones para la preocupación sobre la posibilidad de que la exposición a largo plazo continua o frecuente a los campos electromagnéticos de Wi-Fi(CEMs) pudiera causar efectos adversos sobre la de salud (véase las resoluciones de Benevento y de Catania).

Fondo: la radiación de microondas en la gama de la frecuencia de Wi-Fiha demostrado que incrementa la permeabilidad hematoencefálica, causa cambios en el comportamiento, altera funciones cognoscitivas, activa respuestas de estrés, interfiere con las ondas cerebrales, el crecimiento celular, la comunicación celular, el balance del ión del calcio, etc., y causa roturas simples y dobles de las hebras del ADN a niveles de CEM de hasta sólo 0.005 w/kg.

Política: no se utilizará la red Wi-Fien las áreas de la universidad servidas por la red de fibra óptica hasta que los efectos potenciales sobre la salud hayan sido refutados científicamente o se hayan articulado medidas protectoras adecuadas que puedan ser tomadas”.

Todo un manual de instrucciones que ojalá siguieran muchos más responsables educativos. Rector, científico y activista. No es por tanto un cualquiera. Sus esfuerzos por colocar su universidad a la vanguardia de la tecnología le han supuesto numerosos reconocimientos -tanto en el interior como en el exterior de la universidad- lo que hace su resistencia mucho más significativa al optar por la precaución en vez de por el espejismo tecnológico sin por ello dejar de garantizar el acceso a la Red a todos sus alumnos mediante la fibra óptica.

Lakeheades un centro de estudios donde las aulas tienen integrado Internet, disponen de escáneres, proyectores, altavoces y micrófonos, cuenta con un laboratorio de realidad virtual que permite a los estudiantes de Medicina hacer disecciones tridimensionales de órganos on-line, hay más de 7.000 conexiones a Internet dispersas a través del campus, en lugares de trabajo, cibercafés, en posiciones colocadas en mesas por todas partes y al lado de cómodas sillas en los salones del vestíbulo. Tal es el retrato de la universidad que presentaba The Nacional Post en la primera entrevista realizada a Gilbert, desde que su decisión trascendiera a nivel internacional.

No somos luddites (miembros de grupos de trabajadores de Inglaterra en el siglo XIX que se opusieron a la revolución industrial destruyendo maquinarias porque en su opinión les privaban del sustento)-afirma Gilbert en la entrevista- (…) Se trata de una tecnología que está arrasando sin ningún test previo. Es una tecnología marcada por la conveniencia. Y afirmo, como biólogo, que hay problemas potenciales asociados a esta tecnología en particular. ¿Por qué debemos, por conveniencia, instalar en la universidad algo que supone un riesgo potencial?”

Con su postura Gilbert se puede convertir -como Stewart- en referente mundial de coherencia frente a la ola arrolladora de tecnologías basadas en campos electromagnéticos. No cabe más que recordar el punto 5 de la Declaración de Benevento firmada hace un año por científicos de todo el mundo y citada por Gilbert en su argumentario: “Basados en nuestra revisión de la ciencia los efectos biológicos pueden tener lugar debido tanto a la exposición a campos de frecuencias extremadamente bajos (ELF-CEM) como a los campos de radiofrecuencia (RF-CEM). Evidencias epidemiológicas y experimentales in vivoasí como in vitrodemuestran que la exposición a algunas ELF-CEM puede incrementar el riesgo de cáncer en niños e inducir otros problemas de salud tanto en ellos como en adultos. Además hay evidencias epidemiológicas acumuladas que señalan un incremento del riesgo de tumor cerebral por un uso prolongado de los teléfonos móviles, la primera RF-CEM que ha comenzado a ser estudiada en detalle. Los estudios epidemiológicos y de laboratorio que muestran un incremento de riesgo de cáncer y otras enfermedades no pueden ser ignorados. Los estudios de laboratorio sobre cánceres y otras enfermedades han informado que la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos (CEM) pueden ser debidos en parte a predisposición genética”.

Si estoy haciendo lo correcto o no –declaraba Gilbert al The National Postsólo el tiempo lo dirá. No sé si estoy haciendo lo correcto. Estoy actuando desde el instinto y mi preparación como científico; y desde el análisis de la información que está disponible”. Y ante las críticas que su postura ha levantado Gilbert se limita a reafirmar su condición de científico. “Ser condenado por eso es algo sorprendente –afirma-. Esto es lo que se supone que un científico debe de hacer. Esto es lo que deben hacer las universidades: plantear problemas, fomentar la discusión, ayudar a la gente a escoger las mejores opciones”. De momento, la vecina Universidad de Ontario ha seguido sus pasos. Aunque reconoce el aspecto práctico innegable de la tecnología Wi-Fi la universidad ha manifestado que no cambiará su decisión hasta que el riesgo cero esté garantizado.

FRANCIA: TECNOLOGÍAS ASOCIADAS 

También en Francia algunos grupos y asociaciones han expresado su preocupación en torno a la tecnología Wi-Fi. En este caso, sobre todo, respecto a los nuevos teléfonos híbridos que asocian la tecnología GSM y la tecnología Wi-Fi permitiendo utilizar una u otra según el lugar donde uno se encuentre. El pasado 27 de junio el Centro Independiente de Investigación e Información sobre las Radiaciones Electromagnéticas (Criirem) –una asociación de científicos e investigadores- señaló que este tipo de tecnología representaría un peligro para la salud pública. En un comunicado titulado Exactamente la misma frecuencia utilizada por un horno de microondas el Criirem denuncia una “aceleración de la contaminación electromagnética” con la telefonía Wi-Fi con ondas pulsadas a 2.450 MHz. O, según el Criirem, “la frecuencia óptima para agitar las moléculas de agua, es decir, exactamente la utilizada por un horno de microondas”.

Se está elevando -explica Catherine Gouhier, directora técnica del Criiremel límite máximo de exposición de las poblaciones pero no hay suficientes precauciones tomadas”.

El Consejo Científico del Criirem recuerda en su comunicado que no hay límite máximo para el desencadenamiento de reacciones del tipo “síndrome de las microondas”. Según la sensibilidad individual pueden bastar valores muy escasos para causar sensaciones de calor o pulsaciones craneales, cansancio, jaquecas, insomnio…

En el uso de un teléfono Wi-Fi -señala Michèle Rivasi, presidenta de Criiremo la proximidad diaria a un punto de acceso las exposiciones a Wi-Fi se suman y pueden causar, según la duración, esas reacciones biológicas. Recibimos regularmente testimonios en este sentido. De ahí nuestras interrogantes sobre el impacto de un teléfono Wi-Fien el agua presente en la piel o en  el líquido cefalorraquídeo que baña el cerebro”.

El comunicado, tras constatar que la aparición constante de nuevas evidencias es siempre contestada con la llamada a estudios más extensos, termina invitando a la reflexión: “Se recomiendan estudios amplios a largo plazo (…) ¿Pero no somos nosotros ya cobayas de un extenso estudio, en marcha desde hace más de 10 años, realizado por las operadoras y fabricantes de materiales inalámbricos? ¿Un estudio pagado por nosotros mismos, en primer lugar en especie contante y sonante, y quizás a más largo plazo con nuestra propia salud? ¿O con la de nuestros niños? Metodológicamente, este dictamen prudente, demasiado prudente, plantea pues una cuestión: ¿la llamada a nuevos estudios, adicionales, mientras la exposición se amplía es una manera de jugar contra el reloj? ¿Se trata con este dictamen de prevenir el riesgo sanitario o de posibles futuras diligencias penales?”

PELIGROS PARA LA SALUD DE LAS MICROONDAS

Parece claro que pretender apreciar daños de forma inmediata es tan vano como ilógico. No se trata de un veneno o de un incendio. Como en el caso del amianto o del tabaco, las consecuencias del uso masivo de dispositivos basados en campos electromagnéticos comenzarán a constatarse en unos años porque se trata de daños a largo plazo.

Son numerosas las evidencias que apuntan ya a los factores tiempo e intensidad en el uso de estos dispositivos como determinantes en la aparición de graves patologías, a veces difíciles de evitar. A finales de enero de este año Interphone -unequipo internacional de investigadores con participación de varios países, entre ellos Finlandia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Reino Unido- encontró nuevas evidencias de que el uso a largo plazo de los teléfonos móviles puede conducir al desarrollo de tumores cerebrales en el lado de la cabeza que se utiliza el teléfono. Los epidemiólogos de cinco países europeos informaron de un aumento del 40% de gliomas entre los que habían utilizado teléfono móvil durante diez años o más. El aumento es estadísticamente significativo. Además demostraron la tendencia a que el riesgo a padecer un tumor aumente con los años de uso. Ya en el 2004 otro grupo de investigación dirigido por Lennart Hardell -de la Universidad Orebro (Suecia) y Kjell Hansson Mild -del Instituto Nacional para la Vida Laboral de Suecia- también encontró un riesgo creciente de aparición de tumores cerebrales y de neuromas acústicos después de diez años de uso del teléfono móvil.

Cifras que se unen a estudios anteriores. Ya en junio de 1993 una antena transmisora de GSM fue instalada en Naila, un ciudad meridional de Alemania, por lo que varios médicos que vivían en ella decidieron efectuar un estudio para examinar si en la gente que vivía cerca de las antenas transmisoras habían aumentado los casos de cáncer tras la puesta en marcha de la antena. Y al terminar encontraron que la proporción de nuevos casos de cáncer desarrollados era perceptiblemente más alta entre los que habían vivido durante los últimos diez años a una distancia de hasta 400 m del transmisor comparada con los que vivían más lejos. En los años 1999-2004, tan sólo cinco años después de que el transmisor hubiera sido instalado y de su funcionamiento, el riesgo relativo de padecer cáncer se había triplicado ya para los residentes a 400 m de la instalación comparado con el riesgo de los habitantes de fuera del área.

De forma similar se comprobó que en la ciudad israelí de Netanya el riesgo de cáncer se cuadruplicó en el área expuesta a las microondas. Los cánceres femeninos se doblaron comparados con los de la población israelí en general.

Y no olvidemos -aunque no tenga aval “científico” porque nadie ha movido un dedo para investigarlo- el caso de las decenas de muertes habidas -la inmensa mayoría  por cáncer y problemas cardiovasculares- en tan sólo cinco bloques pequeños de viviendas de apenas cuatro pisos de altura en torno a un trasformador y una antena de telefonía en la madrileña población de Majadahonda, caso denunciado reiteradamente por esta revista.

Un mundo mejor para nosotros o nuestros hijos no pasa desde luego por la incorporación ciega y constante de nuevas tecnologías sino por la adopción de medidas como la de Gilbert en Lakehead -que sin renunciar a nada protege a sus alumnos- o la del Parlamento belga al tener conocimiento de la denominada Declaración de Bruselas -firmada por un grupo de científicos denunciando el peligro de las radiaciones- decidiendo reducir el límite de irradiación máxima para las antenas de las estaciones base de telefonía móvil a 3 V/m (algo más de 2 microvatios por centímetro cuadrado). Mientras, la legislación española mantiene unos límites de 41 V/m y 58 V/m para potencias de 900 y 1.800 Mghz respectivamente. Y es que no parece que nuestros políticos estén interesados en hacer nada.¿Tan distintos somos de los belgas?

Agregaremos para quienes se refugian en argumentos del estilo de que hay que esperar nuevos estudios internacionales o nuevas instrucciones de la OMS para cambiar las normas o que citan a la OMS como única referencia válida que en la Declaración de Bruselas se dice lo siguiente: “En principio nada indica que podamos contar con la OMS en un futuro próximo. La carta abierta enviada en noviembre de 2006 a la responsable del Proyecto Campos Electromagnéticos (CMS), Dra. Emilie van Deventer, acusándola de citar sólo los estudios epidemiológicos que apuntan a la ausencia de riesgos sanitarios ha obtenido un elocuente silencio. Además numerosos científicos han criticado duramente los métodos del antiguo responsable, M. Repacholi -hoy reconvertido en asesor de la industria-, que dirigió los últimos diez años el departamento y el proyecto CMS en la OMS, tanto en el plano deontológico como científico. El artículo publicado en noviembre de 2006 por Repacholi y van Deventer en la revista Environmental Health Perspective-disponible en Internet- da una visión sesgada del conocimiento científico y minimiza completamente los riesgos de exposición a las estaciones base. Por último, el argumento utilizado en la memoria 304 de la OMS, según el cual la población estaría más irradiada por las frecuencias FM que por las de la telefonía móvil y las redes inalámbricas ha sido contundentemente contestado por numerosos científicos. En este estado de cosas, la OMS definió siempre sus normas sobre la base de un compromiso político entre los países y no como una síntesis rigurosa o prudente de una revisión científica profunda”.

Claro que todos sabemos quiénes manejan la OMS.

 Antonio F. Muro

 Recuadro:


La Declaración de Benevento

El 16 de septiembre del 2006 vio la luz el último gran manifiesto conjunto firmado por un amplio grupo de científicos alertando del peligro de los campos electromagnéticos. Se conoce como Declaración de Benevento y sugiero al lector que lea primero quiénes la firman y a quién o quiénes representan para valorar de forma adecuada lo que dicen. Luego, una vez leído, hagan una copia, guárdenla y si alguien vuelve a decirles que los efectos negativos sobre la salud de las radiaciones no están demostrados muéstrensela sin más. La resolución dice:

“La Comisión Internacional para la Seguridad Electromagnética (ICEMS)celebró en Benevento (Italia), durante los días 22, 23 y 24 febrero de 2006, una conferencia internacional titulada El Principio de Precaución en materia de campos electromagnéticos, legislación y puesta en práctica. Los científicos de la conferencia refrendaron y ampliaron la resolución de Catania del 2002 y resolvieron que:

1. Siguen acumulándose evidencias que sugieren que existen efectos adversos para la salud en las exposiciones profesionales y públicas a los campos eléctricos, magnéticos y electromagnéticos o CEM (campos electromagnéticos) en los actuales niveles de exposición. Es necesario, pero todavía no se ha realizado, un examen transparente e independiente de las evidencias que apuntan a este emergente riesgo para la salud pública.

2. Los medios necesarios para dicha evaluación son totalmente inadecuados a pesar del crecimiento explosivo de las tecnologías para la comunicación inalámbrica así como la enorme inversión en curso en la transmisión de energía.

3. Hay evidencia de que las fuentes actuales de financiación sesgan el análisis y la interpretación de las conclusiones de la investigación para rechazar la evidencia del posible riesgo para la salud pública.

4. Argumentar que la débil (baja intensidad) radiación de los CEM no afecta a los sistemas biológicos no representa el espectro actual de la opinión científica.

5. Basados en nuestra revisión de la ciencia, los efectos biológicos pueden tener lugar debido a la exposición a campos de frecuencias extremadamente bajas (ELF-CEM) y a campos de radiofrecuencia (RF-CEM). Evidencias epidemiológicas y experimentales in vivo así como in vitrodemuestran que la exposición a algunos a ELF-CEM puede incrementar el riesgo de cáncer en niños e inducir otros problemas de salud tanto en niños como en adultos. Además hay evidencias epidemiológicas acumuladas que señalan un incremento del riesgo de tumor cerebral por un uso prolongado de teléfonos móviles, la primera RF-CEM que ha comenzado a ser estudiada en detalle. Los estudios epidemiológicos y de laboratorio que muestran un incremento de riesgo de cáncer y otras enfermedades no pueden ser ignorados. Los estudios de laboratorio sobre cánceres y otras enfermedades han informado que la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos (CEM) pueden ser debidos en parte a predisposición genética.

 6. Alentamos a los gobiernos a adoptar un cuadro de recomendaciones basadas en el Principio de Precaución como ya han hecho algunas naciones para los trabajadores y las personas expuestas a los CEM (campos electromagnéticos). Las estrategias de precaución deben estar basadas en normas de interpretación y no deben establecer necesariamente cifras que podrían ser interpretadas de manera errónea como niveles bajo los cuales no existe ningún efecto nefasto. Esas estrategias deben incluir:

6. 1. Promover alternativas a los sistemas de comunicación inalámbricos como la utilización de la fibra óptica y los cables coaxiales; diseñar teléfonos móviles que recojan especificaciones técnicas más seguras incluyendo la irradiación lejos de la cabeza; preservar las líneas de telefonía fija existentes; colocar las líneas eléctricas soterradas en la vecindad de las áreas densamente pobladas y en áreas residenciales como último recurso.

6. 2. Informar a la población de los riesgos potenciales del uso del teléfono móvil e inalámbrico. Recomendar a los consumidores un uso limitado de las llamadas con móviles y usar los fijos para las conversaciones largas.

6.3. Limitar el uso de móviles y teléfonos inalámbricos a niños y adolescentes al nivel más bajo posible y prohibir urgentemente a las compañías operadoras de telefonía móvil la publicidad dirigida a ellos.

6. 4. Exigir a los fabricantes el suministro de equipos de manos libres (por medio de altavoces o auriculares) con cada teléfono móvil o inalámbrico.

6. 5. Proteger a los trabajadores de las radiaciones electromagnéticas (CEM) generadas por los equipos mediante restricciones de acceso y protección anti-CEM tanto de los individuos como de los edificios.

6. 6. Planificar la localización de antenas y torres para minimizar la exposición de los humanos. Registrar las estaciones base de telefonía móvil con agencias de planificación local y utilizar la tecnología de cartografía por ordenador para informar al público de potenciales exposiciones. Las propuestas de sistemas de ciudad digital (como Wi-Fi, WIMAX, transmisión de banda ancha por cable o línea eléctrica y tecnologías equivalentes) deben ser sometidas a un examen público de las potenciales exposiciones a radiaciones electromagnéticas y, en caso de las instalaciones preexistentes, las autoridades municipales deberán asegurar una información disponible a todos y regularmente actualizada.

6.7. Designar zonas libres de radiación en las ciudades en edificios públicos (escuelas, hospitales, áreas residenciales) y en los transportes públicos para permitir el acceso a personas con hipersensibilidad a los campos electromagnéticos.

7. El ICEMS está dispuesto a asistir a las autoridades en el desarrollo de un programa de investigación en campos electromagnéticos (CEM). El ICEMS fomenta el desarrollo de protocolos clínicos y epidemiológicos para investigaciones de cúmulos geográficos de personas con reacciones alérgicas y otras enfermedades o sensibilidades a los campos electromagnéticos y documenta sobre la efectividad de intervenciones preventivas. El ICEMS anima a la colaboración científica y al examen de los resultados de las investigaciones.

Nosotros, los científicos abajo firmantes, estamos de acuerdo en asistir a la promoción de las investigaciones en los campos electromagnéticos (CEM) y al desarrollo de estrategias para proteger a la salud pública a través de la sensata aplicación del Principio de Precaución”.
El manifiesto lo firman el 19 de Septiembre de 2006:

Morando Soffritti. Director científico de la Fundación Europea de Oncología y Ciencias Medioambientales B. Ramazzini. Bolonia (Italia).

Carl F. Blackman. Presidente de la Sociedad de Bioelectromagnetismo (1990-91). Raleigh, NC (EEUU).

Martin Blank. Departamento de Fisiología de la Universidad de Columbia. Nueva York (EEUU).

Natalia Bobkova. Instituto de Biofísica Celular. Pushchino, Moscú (Rusia).

Francesco Boella. Instituto Nacional de Prevención y Seguridad en el Trabajo. Venecia (Italia).

Zhaojin Cao. Instituto Nacional de Salud Medioambiental. Centro Chino para el Control de Enfermedades. (China).

Sandro D.Allessandro. Físico. Alcalde de Benevento. Italia (2001-2006).

Enrico D.Emilia. Instituto Nacional para la Prevención y Seguridad en el Trabajo. Monteporzio (Italia).

Emilio Del Giuduice. Instituto Nacional de Física Nuclear. Milán (Italia).

Antonella De Ninno. Agencia Nacional para la Energía, Medio Ambiente y Tecnología. Frascati (Italia).

Alvaro A. De Salles.Universidad Federal de Rio Grande del Sur. Porto Alegre (Brasil).

Livio Giuliani. Veneto del Este y Sur del Tirol. Instituto Nacional para la Prevención y la Seguridad en el Trabajo. Universidad de Camerino (Italia).

Yury Grigoryev. Instituto de Biofísica. Presidente del Comité Nacional Ruso del NIERP.

Settimo Grimaldi. Instituto de Neurobiología y Medicina Molecular. Roma (Italia).

Lennart Hardell. Departamento de Oncología. Hospital Universitario de Orebro (Suecia).

Magda Havas. Estudios sobre Recursos y Medio Ambiente. Universidad de Trent de Ontario (Canadá).

Gerard Hyland. Universidad de Warwick (Reino Unido) e Instituto Internacional de Biofísica (Alemania).

Olle Johansson. Unidad de Dermatología Experimental, Departamento de Neurociencias. Instituto Karolinska (Suecia).

Michael Kundi. Jefe del Instituto de Salud Ambiental. Universidad Médica de Viena (Austria).

Henry C. Lai.Departamento de Bioingeniería. Universidad de Washington Seattle (EEUU).

Mario Ledda. Instituto de Neurobiología y Medicina Molecular. Consejo Nacional para la Investigación. Roma (Italia).

Yi-Ping Lin. Centro de Políticas y Análisis de los Riesgos para la Salud. Universidad Nacional de Taiwan (Taiwán).

Antonella Lisi. Instituto de Neurobiología y Medicina Molecular. Consejo Nacional para la Investigación, Roma (Italia).

Fiorenzo Marinelli. Instituto de Inmunocitología, Consejo Nacional para la Investigación. Bolonia (Italia).

Elihu Richter. Jefe de Medicina Laboral y Medioambiental. Universidad Hebrea-Hadassah. Jerusalén (Israel).

Emanuela Rosola. Instituto de Neurobiología y Medicina Molecular. Consejo Nacional para la Investigación. Roma (Italia).

Fiorella Belpoggi. Fundación Europea de Oncología y Ciencias Medioambientales B. Ramazzini. Bolonia (Italia).

Leif Salford. Jefe del Departamento de Neurocirugía. Universidad de Lund (Suecia).

Nesrin Seyhan. Jefe del Departamento de Biofísica. Director del Gazi NIRP Center de Ankara (Turquía).

Stanislaw Szmigielski. Instituto Militar de Epidemiología e Higiene. Varsovia (Polonia).

Mikhail Zhadin. Instituto de Biofísica Celular de Pushchino, Moscú (Rusia).

Este reportaje aparece en
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Septiembre 2007
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