¿Es realmente eficaz el láser para dejar de fumar?

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Nuestros lectores habituales recordarán que el pasado mes de Agosto (número 19 de la revista) publicamos un reportaje dando cuenta de la existencia de un nuevo método para dejar de fumar que -según sus creadores-, combinando la tradicional acupuntura china con la más avanzada tecnología del láser de diodo, ayuda a abandonar la adicción al tabaco en sólo una o dos sesiones. Y recordarán que, a fin de comprobar por nosotros mismos la veracidad de tal aserto, pedimos a dos clínicas de Madrid que hicieran una demostración utilizando el método con tres personas propuestas por la revista. Pues bien, han pasado seis meses y es tiempo de dar a conocer el resultado.

Con el fin de refrescar la memoria de quienes en aquella ocasión leyeron nuestro reportaje y, sobre todo, con el de poner en antecedentes a quienes no tuvieron esa oportunidad, vamos a recordar someramente en qué consiste este nuevo método para dejar de fumar. Método, por cierto, que lleva utilizándose más de 12 años en Estados Unidos aunque no ha llegado a nuestro país hasta hace año y medio y que consiste básicamente en aplicar un láser de diodo de baja frecuencia sobre varios puntos de acupuntura de los meridianos energéticos del cuerpo, lo que reduce significativamente –en muchos casos de forma total- la adicción física a la nicotina.

Aunque lo más sorprendente es que –siempre según sus creadores- bastan una o dos sesiones de entre cuarenta y cinco minutos y una hora para lograrlo, con un intervalo entre ambas –si se precisa la segunda- de dos o tres días.

Decir, por último, que quienes poseen este aparato y lo utilizan nos aseguraron que el índice de eficacia constatado ronda el 87%.

Bien, pues –como ya hemos explicado- aunque Discovery DSALUD no puso en duda lo que se nos aseguraba quiso comprobarlo por sí misma a sabiendas de que si bien el reducido número de personas que elegimos para servirnos de “cobayas” no iba a ser significativo nos permitiría al menos tener referencias más cercanas que compartir con nuestros lectores. Y hemos de decir que, a pesar de lo comprometido de la “prueba”, dos clínicas madrileñas aceptaron nuestra propuesta: Menorca y Láservida

Las tres personas que seleccionamos, obviamente, tenían características muy distintas entre sí. En edad, condición física, estilo de vida, años de adicción… en fin, multitud de factores. Pero vayamos directamente a contar sus experiencias.

VLADIMIR VERNIKOV 

Periodista ruso de 63 años, Vladimir Vernikov es corresponsal en España del diario Itveszia desde hace 18 años, fecha desde la que le une a quien esto escribe una sincera amistad.

Especialista en relaciones internacionales y hombre de amplísimo bagaje intelectual y periodístico –ha ejercido su profesión en más de medio centenar de países y conoce a decenas de líderes políticos de primera línea en todo el mundo- Vladimir ha sido siempre fumador empedernido. A pesar de lo cual nunca le preocupó ese hecho hasta que se dio cuenta -hace seis o siete años- de que su organismo empezaba a notarlo. Razón por la que quiso -e intentó- dejar el tabaco varias veces… sin éxito. Y eso que incluso se puso en manos de uno de los mayores expertos de España, Luis García, presidente de la Asociación Española de Hipnosis y profesor de Hipnosis Clínica en la Universidad Complutense de Madrid. No funcionó en su caso.

Por tanto, la persona que elegimos como “cobaya” en primer lugar era un caso realmente difícil: 42 años de fumador empedernido sin solución de continuidad y que había probado todos los métodos conocidos sin éxito.

Pues bien, Vladimir precisó además de la sesión inicial otras dos de refuerzo porque en los primeros días le resultó duro. No en vano se trataba de un hábito que llevaba manteniendo más de cuatro décadas de forma ininterrumpida y su organismo, adicto a la nicotina, se “revelaba” ante su falta.

Sorprendentemente –debemos confesar que no confiábamos nada en que el método pudiera ser eficaz en su caso-, dejó de fumar. Y así estuvo, sin caer en la tentación de fumarse siquiera un solo cigarrillo durante 4 meses. ¿Qué pasó entonces? Pues que a lo largo de esas semanas el cuerpo comenzó un lento proceso de depuración y tenía dificultades para descansar por la noche ya que sufría frecuentes ataques de tos acompañados de abundante mucosidad oscura. Tras consultar con el médico, éste le indicó que sus pulmones estaban expulsando toda la porquería acumulada durante tantos años y que, por tanto, había que esperar a que el proceso de limpieza concluyera. Sólo que, curiosamente, le dijo que si era capaz de fumarse un cigarrillo al día sin volver a caer en el hábito, ese proceso se adelantaría. Y Vladimir lo puso en práctica. Honestamente, nosotros pensamos que si hacía eso el riesgo de volver a la anterior situación era grande. Pero de nuevo nos equivocamos: a fecha de hoy –15 de diciembre- sigue fumándose un solo cigarrillo al día. Su adicción y su manía convulsiva de fumar un pitillo tras otro ha desaparecido.

La parte negativa es que Vladimir ha ganado bastante peso a causa de su sedentarismo: 12 kilos. Quizás porque -aun de forma inconsciente- come más que antes o más a menudo. Algo que, en cualquier caso, nuestra Dieta Definitiva (ver los números 1 y 2 de la revista)o, simplemente, un poco más de ejercicio del que realiza ahora,resolvería la cuestión.

RAFAEL GRANDE ROMERO 

Nuestro segundo voluntario sería un joven físico de 32 años, Rafael Grande Romero, que empezó a fumar a los 16. Un profesional brillante en la actualidad que comprendería pronto que el tabaco es dañino y a los 22 lo dejó sin más ayuda que su propia convicción… pero con mucho esfuerzo; sólo que esa convicción le duró cuatro años y a los 26 volvió a caer en el vicio. Cuando le propusimos servirnos de “conejillo de indias” fumaba dos paquetes diarios y aceptó de inmediato. Quizás porque en unas semanas se casaba –como así sucedió- y pensó que convenía estar en buena forma física y cuidar de su aliento.
Hay que añadir que Rafael es un joven sano, delgado, deportista y sin achaques de salud. Pues bien, acudió a una de las clínicas mencionadas en Junio pasado y fue sometido a una sesión inicial de 45 minutos y a otra de refuerzo una semana después. A día de hoy, seis meses después, no ha vuelto a fumar. Conversando con él, nos diría que lo que más le llamó la atención al principio es que, además, dormía mucho mejor y de forma más relajada. Al punto de que actualmente se encuentra muy bien pero aún recuerda ese relax sorprendente. Asimismo, reconoció que su salud había mejorado en general siendo menos propenso a caer enfermo. Y añadiría como dato “anecdótico” –corriente, por lo demás, en quienes dejan el tabaco después de mucho tiempo- que había notado una notable recuperación de los sentidos del olfato y del gusto.

La única nota “negativa” es que ha ganado 3 o 4 kilos en estos seis meses. Al preguntarle si recomendaría este método a sus amigos o vecinos, respondió con rotundidad de forma afirmativa. A mediados de diciembre la clínica que le atendió le ofreció someterse a una segunda sesión de refuerzo si lo precisaba. En el momento de escribir estas líneas piensa en acudir para eliminar la sensación de ansiedad que le lleva a comer más que antes.

TERESA MORAS CITORES 

Enfermera de 47 años de edad en una unidad de Psiquiatría de un hospital de Madrid, Teresa Moras Cítores llevaba fumando 15 años cuando la propusimos someterse a este tratamiento. Momento en el que confesaría fumarse un paquete al día. Por su profesión, era consciente del daño que hace el tabaco y de ahí que aceptara encantada servir de “cobaya”. Pero, a diferencia de nuestros dos anteriores voluntarios, Teresa necesitó tres “sesiones de refuerzo”, a pesar de lo cual “sólo” logró dejar el tabaco los tres primeros meses. Luego, decidió volver a fumar con la misma intensidad (un paquete diario). Cuando la preguntamos por qué después de tres meses sin fumar había decidido volver a hacerlo, nos respondió que en esos momentos tenía mucha ansiedad a causa de un cambio notable de actividad en su trabajo que, por sus especiales características, la obligaba a veces a realizar jornadas de  hasta 14 horas diarias. Paralelamente, había notado que estaba aumentando de peso y no le gustó ese hecho. Cuando la interrogamos sobre la razón de por qué no llamó a la clínica para explicar lo que la pasaba y someterse quizás a una nueva sesión de refuerzo, nos explicaría que lo hizo pero al ser verano no pudo contactar con ellos.

En suma, Teresa requirió más sesiones de refuerzo que sus compañeros varones y estuvo tres meses sin fumar (los más difíciles) pero desistió por las causas ya explicadas. Sólo nos resta decir que cuando la preguntamos si pensaba volver a intentarlo, nos respondió que “de momento, no” pero que, cuando lo hiciera, creía poder conseguirlo sin ayuda, sólo con fuerza de voluntad. Ojalá que así sea.

Hasta aquí el relato objetivo de los hechos. Debemos reiterar que tres casos no son significativos aunque sean representativos. Para nosotros ha quedado claro que el sistema es eficaz pero no es menos cierto que la voluntad juega un papel esencial. Es decir, si de verdad usted quiere dejar de fumar, el método es recomendable; pero recuerde que deberá poner algo de su parte.

Jorge Padilla

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Enero 2001
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