¿Están en realidad los secretos de la vida en el “ADN basura”?

Desde que en 1950 los científicos Watson y Crick descubrieran la doble hélice del Ácido Desoxirribonucleicoo ADN la investigación de éste ha acaparado la atención de gran parte de la Biología y la Medicina como medio para entender al ser humano y, por ende, aprender a curar la inmensa mayoría de las llamadas enfermedades manipulándolo. Y es que se entendía que en esos 64 codones se encuentran hasta las claves de nuestro comportamiento cuando la verdad es que al estudiarlo se dejó de lado ¡el 97% del código! por estar desperdigado y en aparente desorden. Es decir, dada la dificultad de estudiarlo se decidió absurdamente considerarlo “ADN basura”. ¡Cómo si algo en la naturaleza careciese de sentido! Obviamente las últimas investigaciones demuestran que se trató de un enorme dislate.

Se nos aseguró que con la secuenciación del ADN –terminada a finales del siglo XX- no sólo podríamos saber cuándo alguien tiene predisposición a padecer una enfermedad o qué fármacos son más eficaces en cada persona sino que podríamos manipularlo para prevenir y/o tratar la inmensa mayoría de las patologías. Lo que no se nos dijo es que se había dejado de lado el estudio del 97% del mismo con el muy científico argumento de que era “basura”. Despectiva expresión que describía y ocultaba una desagradable realidad: se consideró imposible obtener explicación alguna a tan gigantesca cantidad de información. Así que se desechó como si no tuviera valor. Piénsese que ya el ADN de una sola célula mide 1,8 metros y, por tanto, si pudiéramos desplegar el ADN de las células de una sola persona éste daría la vuelta alrededor del mundo ¡5 millones de veces! Algo que sin embargo no justifica que el resto del genoma se considere “ADN basura” y por eso cada vez es mayor el número de científicos que reivindican la importancia del mismo por lo que han empezado a intentar comprender su funcionamiento.

De hecho gracias a los trabajos de científicos rusos hoy sabemos que el ADN no es que sea un buen conductor de la energía sino un “superconductor”. Peter Petrovich Garaiev-doctor en Biología Molecular por la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Moscú, miembro de la Academia Rusa de Ciencias Médicas y Técnicas, ex catedrático del Centro Científico de Cardiología de la Academia de Ciencias Médicas de la extinta Unión Soviética y posteriormente del Instituto para el Control de las Ciencias de la Academia Rusa de Ciencias así como miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD desde su creación- tomó hace unos años trozos de ADN, los colocó en una probeta y comprobó que eran capaces de absorber toda la luz adyacente. Al punto de que calificaría el ADN como “aspirador de luz” al constatar que atrae los fotones formando una especie de vórtice.

Es más, según el investigador norteamericano David Wilcock –seguidor de los científicos rusos- “si sacas el ADN fuera de la probeta la luz continúa girando en espiral durante 30 días como si aún continuara allí. Incluso si actúas sobre esa espiral con nitrógeno líquido vuelve la misma a formarse en cuestión de seis o siete minutos, aparece de nuevo”. Algo que parece indicar que además del ADN biológico debe existir un ADN ¡energético! que sería el que dispone y ordena la forma en que se organiza el primero desde el mismo momento de la concepción codificando las características específicas de todo ser vivo. Wilcock entiende que el flujo de energías que conforma el ADN Energético debe ser de hecho el encargado de dirigir cada segmento y filamento físico según las frecuencias y vibraciones dominantes en el entorno. Ello explicaría por ejemplo -entre otras muchas cosas- las diferencias tan notables que hay entre aquellos gemelos que se crían en ambientes distintos; es decir, que cuando el entorno es diferente el ADN Energético se manifiesta también de forma diferente. Entorno que obviamente se manifiesta electromagnéticamente y probablemente tenga que ver también con los campos mórficos o morfogenéticosdescritos por el conocido biólogo británico Rupert Sheldrake. Campos que influirían por ello en todos los ámbitos de la vida, tanto en las relaciones personales como en las elecciones que tomamos a diario.

Es más, todo indica que no sólo nuestras acciones sino también nuestros pensamientos influyen en el ADN teniendo éstos la capacidad de reordenar tanto los codones como la llamada información “basura”. Y explicaría por qué la predisposición a padecer una enfermedad no tiene por qué traducirse necesariamente en su padecimiento ya que serían las respuestas a las vicisitudes de la vida las que activarían o no ese potencial. En otras palabras, lo que pensamos, sentimos, hacemos y decimos influye en nuestros genes.

Recordemos por otra parte que el codescubridor del ADN, Francis Crick, analizó polvo cósmico y comprobó que el 99% contenía la “firma de luz” de bacterias y ello demuestra que la vida se extiende por todo el universo. En nuestro propio planeta se han encontrado bacterias en sitios tan impensables como el interior de los volcanes y las profundidades marinas. Y es que el ADN es capaz de recibir la luz que inunda todo el cosmos en forma de plasma –lo que las antiguas culturas orientales llamaron chi, prana o pneuma y que es la base de las llamadas medicinas bioenergéticas-, algo que hoy explica a nivel científico la Teoría del Universo Eléctrico formulada por el conocido físico Nassim Haramein.

Actualmente se sabe que la luz es capaz de ordenar la materia. Uno puede comprobarlo con experimentos tan simples como evidentes. Entre el lector en Youtube y visualice por ejemplo el video titulado Salt on a vibrating tabledonde se constata cómo tras echar sal en un tablero se pueden crear con ella formas geométricas muy variadas usando sólo sonidos; es decir, frecuencias. De la misma forma que puede dotarse a los líquidos de formas geométricas distintas mediante el uso no ya de sonidos y luz –que también- sino de palabras y pensamientos como ha demostrado Masaru Emoto con sus famosos experimentos sobre agua así tratada que luego congela (vea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos publicados sobre ello que con los títulos La estructura del agua cambia con el sonido, las emociones y los pensamientos y Masaru Emoto: “La enfermedad se supera cuando se recupera la armonía” aparecieron en los números 52 y 78 de la revista).

Todo indica pues que las radiaciones electromagnéticas –nos referimos sobre todo a las no naturales- que de forma constante e intensa estamos recibiendo en las últimas décadas a través de las torres de alta tensión, los centros de trasformación, las antenas de telefonía, el sistema WiFi, los teléfonos inalámbricos, los móviles, los radares y otros variados dispositivos ¡tienen la capacidad de alterar nuestros genes! y por tanto llevarnos a la enfermedad y a la muerte cuando el organismo ya no logra reequilibrarse tras haber sido alterado. Como tienen capacidad para alterar nuestros genes los rayos cósmicos siendo ello más frecuente en las zonas altas de menor protección al ser más delgada la capa de ozono. Y los alimentos modificados genéticamente. Y las sustancias químicas que ingerimos con las bebidas y alimentos. Y las que se hallan en el medio ambiente debido a la gigantesca contaminación química que sufrimos. Y ¡cómo no! las que se hallan presentes en los fármacos, muy especialmente en las vacunas que se inoculan a los niños cuando están en pleno proceso de crecimiento y desarrollo.
Von Grazyna Fosar y Franz Bludorf recuerdan en su obra Red inteligente al hablar de los descubrimientos de los científicos rusos que el código genético viene a ser como una red -una especie de internet biológica- ya que los pares alcalinos de nuestro ADN tienen una sintaxis y una gramática propias (al igual que sucede con los distintos idiomas). Garaiev constataría que “los cromosomas vivos funcionan como un computador holográfico que utiliza la radiación láser del ADN”. De hecho consiguió mediante un rayo láser influir en él y alterar su información genética. Pues bien, resulta que la sintaxis de nuestros lenguajes y la de los pares alcalinos del ADN es la misma por lo que no hace falta decodificación especial alguna para poder modificarlo. En resumen, ¡el ADN se puede modificar con palabras! Es posible ¡reordenar la información y devolver al ADN la coherencia perdida! Algo que daría soporte científico por cierto a técnicas como la Programaciòn Neurolinguística (PNL) o laAnatheóresis.

Los experimentos de los científicos rusos han demostrado que las partículas vivas de ADN en tejido vivo (no en vitro) reaccionan a rayos láser modulados en frecuencias equivalentes al lenguaje, es decir, al sonido de unas palabras e, incluso, a ondas de radio si se utilizan las frecuencias correctas. Y ello explica por qué la oración o la hipnosis -por poner sólo unos ejemplos- funcionan: ¡el ADN reacciona al lenguaje! Así que mientras los científicos occidentales se dedican a cortar pedazos de ADN e insertarlos en el organismo para “enseñarle” a curarse, sus homólogos rusos están creando aparatos que mediante frecuencias de radio y luz permitan reparar la genética dañada sin necesidad de injerto alguno. Y han llegado así a ¡capturar patrones de información de un ADN y transmitírselo a otro! reprogramando un genoma. Es más, han conseguido transformar el embrión de una salamandra en el de una rana ¡enviando simplemente patrones de ADN! La única dificultad de esta técnica consiste en emplear la frecuencia correcta. Eso sí, paralelamente la persona debe trabajar interiormente para reproducir luego esa frecuencia que le sana armonizando su información.

Los científicos rusos también han comprobado que nuestro ADN puede provocar patrones perturbadores en el vacío produciendo agujeros de gusano magnéticos -el equivalente a los pasillos Einstein-Rosen del espacio- por los que la información puede fluir instantáneamente saltándose las reglas del espacio-tiempo y, por tanto, produciendo fenómenos como la telepatía. Proceso de hipercomunicación que se produce de manera más efectiva en estado de relajación validando así las técnicas empleadas en diferentes corrientes espirituales. Ahora bien, sépase que el estrés, la preocupación o un intelecto hiperactivo impiden este tipo de comunicación ya que distorsiona la información haciéndola inútil. Sin embargo muchos insectos –es el caso de las abejas- utilizan este tipo de comunicación; es la que permite por ejemplo que la abeja reina sea capaz de enviar la señal de cómo construir una colmena aunque esté lejos.

Añadiremos que los fenómenos de hipercomunicaciónhan podido ser reflejados en el ADN cuando se ha irradiado éste con un láser tenue obteniéndose el típico patrón de forma que permanecía… incluso cuando se retiraba el ADN. Es a lo que se llama efecto ADN fantasma similar al ya conocido efecto del miembro fantasma cuando se sufre una amputación. Es decir, todo indica que la energía universal sigue pasando a través de los pasadizos-agujeros del ADN aun cuando se haya desplazado de lugar el propio pedazo que lo contiene.

Fenómenos de hipercomunicaciónque pueden por cierto dar lugar a campos electromagnéticos que hagan que los aparatos electrónicos del entorno dejen de funcionar (algo que les pasa a menudo a los sanadores auténticos por ejemplo); y es que lo que estamos contando puede terminar también explicando científicamente fenómenos como la sanación, la clarividencia, la telepatía y el aura o terapias como la Hipnosis o el Tapping.

Obviamente el ADN puede tanto bajar datos de la Red Universal como subirlos permitiendo asimismo establecer contacto con otros seres vivos: algo que explica por ejemplo que haya animales que saben perfectamente cuándo su amo vuelve a casa.

Cabe agregar que a diferencia de otros superconductores que sólo funcionan a temperaturas excepcionalmente bajas, el ADN es un superconductor orgánico que puede trabajar a temperatura normal y acumular luz; y, por tanto, información. Ahora bien, estos pequeños superconductores-agujeros de gusano son muy inestables y apenas se mantienen una pequeña fracción de segundo. Solo bajo ciertas condiciones se puede lograr que sean estables y formen dominios del vacío en los que la gravedad se puede transformar en electricidad. Y aclararé que se llama dominios del vacío –se presentan como esferas radiantes ionizadas que contienen grandes cantidades de energía- al espacio de la “energía punto cero” por donde fluye en el universo la información electromagnética. Vendría a ser pues como una internet cósmica que recibiría paquetes de datos en forma de energía pudiendo a su vez transformar ésta en datos.

Por otra parte, el ADN recibe el bombardeo de iones que viajan a través del sistema nervioso y que modulan el sistema de frecuencias al que vibramos. Y como nuestro organismo es resonante absorbe la frecuencia idéntica a sí misma en fase y amplitud siendo la detección de esta resonancia de retorno la que determinará efectivamente qué tipo de proteína falta en una célula. Bueno, pues la banda de frecuencia en la que se desarrolla este sonido es al parecer de entre 1’9 y 2 Mhz.

Según el ingeniero español Rafael López Guerrero -introductor de Internet en nuestro país- “nuestro ADN está conectado a la atmósfera del planeta a través de radiofrecuencias de tal manera que todos los procesos ‘ionogenomáticos’ de nuestro organismo se comunican a través de radiofrecuencias”. Y como a su vez los procesos químicos del cuerpo reaccionan a través de la radiofrecuencia que recibimos en el umbral de las ondas Schumann -es decir, la frecuencia a la que vibra el planeta- influye en nuestro cerebro.Recientes estudios del Dr. Broers demuestran asimismo que existe relación entre la ionosfera y el genoma humano, algo que probaría su origen extraterrestre como ya apuntó el Dr. Samuel Chang, director del Proyecto Genoma Humano entre 2001 y 2003.

Cabe por ello preguntarse si nuestro genoma no será fruto de una compleja obra de ingeniería genética capaz de interactuar con un universo inteligente.

LA QUÍMICA DEL ADN. 

Y a todo esto, ¿qué es el ADN? Pues una estructura compuesta de productos químicos simples engarzados como cuentas que forman unas moléculas conocidas como bases de las que sólo hay cuatro tipos y a las que se llama adenina, timina, citosina y guanina (más conocidas por sus iniciales: A, T, C y G) cada una de las cuales está enlazada con dos moléculas, una de glucosa (desoxirribosa) y otra de fosfato, caracterizándose porque sus electrones orbitan en el mismo sentido de las agujas del reloj si contactan con la sección de un fosfato y en contra si contactan con la de glucosa.A su vez los electrones giran en la dirección de las agujas del reloj al final de la A-Adenina y la T-Tiamina y en contra en el caso de la G-Guanina y la C-Citosina. Ambas conectan con los átomos de hidrógeno.

Añadiremos que un núcleo celular tiene al menos ocho tipos diferentes de virus, tanto ARN como ADN; cuatro con carga negativa y cuatro positiva. Y que cada par de virus -uno negativo de ARN y uno positivo de ADN- se unen para formar un bipolo (como ya explicamos en el nº 125 de la revista es hora de abandonar la creencia de que todos los virus son patógenos).

Conviene asimismo saber que los virus inactivos toman una forma cristalina que posee propiedades piezoeléctricas lo que las hace sensibles a las ondas eléctricas y acústicas (como si de un micrófono o antena se tratara). Pueden por tanto recibir y transmitir ondas eléctricas o de presión (acústica) emitidas tanto desde el cosmos como desde nuestro propio planeta.

El ADN está formado por peldaños unidos por dos hebras flexibles que giran para formar una escalera helicoidal llamada “molécula de doble hélice”. Y su envejecimiento vendría causado según los científicos rusos por el retorcimiento de la hélice cuando el organismo envejece.Dado que la molécula de ADN tiene un número exacto de cromosomas porque su longitud es fija ese enroscamiento añade más vueltas que consecuentemente reduce el número de los mismos en cada vuelta. En suma, con el trascurrir del tiempo la hélice de ADN va retorciéndose cada vez más reduciéndose paralelamente el número de cromosomas con cada giro. Por eso uno de los métodos explorados actualmente para alargar la vida consiste en mantener el ADN en buenas condiciones mediante la aplicación de frecuencias y lograr que no se retuerza en demasía.Y es que el envejecimiento y la reproducción defectuosa del ADN estarían causados -según postula esta teoría- por la carencia de vitalidad celular que acontece debido al retorcimiento de la hélice de ADN.

De ahí que cada vez más científicos se planteen hoy utilizar frecuencias sónicas y lumínicas sobre el cuerpo con diferentes propósitos. Por un lado son usadas por el ADN para el ‘escaneo acústico’ en la determinación de qué tipo de ARN requiere; lo que es así porque el ADN no puede actuar solo y se vale del ARN para transferir esta información vital durante la síntesis de proteínas. Y, por otro,las frecuencias se están utilizando también para mantener el virus como un bipolo activo mediante el efecto piezoeléctrico producido por la tensión de las ondas de alta frecuencia entre los dos virus del ADN y el ARN.

Rafael Palacios

 

Este reportaje aparece en
127
Mayo 2010
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