HIV Innocence Project: desmontando la falacia del Sida

El HIV Innocence Project surgióen el 2009 en Estados Unidos con el objetivo deproporcionar asesoramiento a aquellos abogados cuyos clientes se enfrenten a cargos penales relacionados con el VIH. Sus impulsores consideran que las duras sentenciadas falladas hasta el momento no tuvieron tanto que ver con el contagio de una enfermedad infecciosa mortal como con la impericia de unos abogados que no supieron defender a sus clientes contra la “ciencia basura” del SIDA. Para Clark Baker, su director, es falso que los llamados test del VIH sirvan para detectarlo por lo que no es aceptable que se admitan como “prueba” en un tribunal. Es más, afirman estar seguros de poder desmontar en los tribunales la teología habitual que los clérigos del SIDA predican ante jueces y jurados.

Enel año 2009 Clark Baker, un ex policía con 20 años de servicio en la ciudad de Los Ángeles y miles de investigaciones penales y civiles a sus espaldas, decidió enfrentarse a la corrupción farmacéutica como investigador privado y fundó para ello la Office of Medical and Scientific Justice (OMSJ), organización sin ánimo de lucro dedicada a luchar contra el encubrimiento y la corrupción que permite a las empresas farmacéuticas silenciar su responsabilidad en casos de graves daños a la salud pagando a políticos -locales, estatales y nacionales- y grupos de activistas que, aparentando ser independientes, obedecen en realidad sus consignas. Poco después pondría en marchael HIV Innocence Project (Proyecto Inocencia VIH) con el fin de proporcionar asesoramiento técnico, médico y científico a los abogados cuyos clientes se enfrentan a importantes penas de cárcel por acusaciones relacionadas con el VIH; generalmente por haber contagiado supuestamente a una o más personas con las que mantuvieron relaciones sexuales sin comunicarles previamente su condición de portadores del VIH.

La investigación del VIH –afirma Baker- está compuesta en gran parte de galimatías incoherentes que sólo pueden ser explicados por virólogos que, examinados cuidadosamente, tienen más en común con los astrólogos del universo geocéntrico de Roma que con científicos reales. Una vez entendí quiénes eran me puse a mirar los casos de VIH de forma similar a los típicos casos de conducción bajo intoxicación en los que había que demostrar de forma irrebatible la intoxicación del acusado. Y cuando los representantes farmacéuticos me atacaron por mi blasfemia creé el VIH Proyecto Inocencia”.

El interés de Baker en los casos penales generados en torno al VIH comenzó después de conocer los pormenores del “caso Parenzee”. En el 2006 un tribunal australiano encontró a André Parenzee culpable de exponer a tres mujeres al supuesto virus del VIH y tras examinar el caso -y otros que concluyeron con graves penas de cárcel para los acusados como los de Nushawn “Notorious VIH” Williams (1997), Willie Campbell (2008) y Philippe Padieu (2009)- Baker llegó a la conclusión de que los casos se habían perdido en realidad porque los abogados defensores aceptaron sin discutir la palabra de los “expertos” en SIDA. En Europa el último caso con repercusión mediática fue el de Nadja Benaissa, estrella del grupo de pop alemán No Angels, detenida de manera espectacular en el escenario ante una gran multitud en Frankfurt en abril de 2009. El mismo día de su detención el fiscal emitió un comunicado afirmando que Nadja era VIH positiva y no había  informado a sus amantes por lo que infectó a uno de ellos. El juez y el jurado la condenaron a dos años de libertad condicional y a 300 horas de servicio comunitario.

Pues bien, Baker y los miembros del Proyecto Inocencia VIHtienen claro que la evidencia científica real existente demuestra que los test del SIDA no son inequívocos y, por tanto, son indefendibles ante los tribunales de justicia. Es decir, no son fiables y por tanto no pueden servir como prueba. “Cuando alguien es diagnosticado como seropositivo–escribe Baker- la primera cuestión es saber si está realmente infectado con el VIH. No es suficiente que alguien admita que es seropositivo. Nadie, ni siquiera los llamados expertos, tienen formación ni experiencia para diagnosticar una infección por VIH de manera competente. Además en realidad las pruebas actuales están diseñadas para hacer creer que el VIH es una enfermedad. Así que si un acusado admite haber adquirido el VIH eso sólo significa que un tercero, desconocido y no cualificado, ha utilizado una prueba que no puede detectar el virus del VIH para diagnosticar una enfermedad, el SIDA, que nunca se ha demostrado que cause ese virus. Hasta que esos terceros desconocidos se identifican y son interrogados, junto con sus notas y la información relacionada con su diagnóstico, la admisión no es más que un rumor sin reservas”

Una tesis respaldada poruna sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos (Meléndez Díaz v. Massachusetts, 25 Junio, 2009) que estableció que los test o pruebas llevadas ante un tribunal no sonadmisiblessimplemente porque se presenten con“garantíasdefiabilidad”: es necesario para que tengan valor probatorio poder confrontar los resultados con los médicos o clínicos que los hayan realizado. En otras palabras, la sentencia permite forzar a los fiscales a tener que encontrar expertos dispuestos a testificar -bajo pena de perjurio- que esos test son infalibles. Solo que si así lo declarasen irían contra las propias afirmaciones de los laboratorios que rehúyen afirmar que en la actualidad exista un estándar único para detectar el VIH por lo que podrían ser acusados de perjurio. Y si, por el contrario, reconocen ante los tribunales las dudas que los tests provocan podrían llegar a enfrentarse a una avalancha de demandas colectivas de pacientes que hayan sufrido o muerto por creerse enfermos de un virus maldito y por haberse sometidos a los mortales tratamientos recomendados contra el VIH. En suma, se han metido en un callejón sin salida.

De hecho en la actualidad la OMSJ está presente en numerosas causas penales y civiles relacionadas con el VIH en Estados Unidos y Canadá, con peticiones en algunos casos de más de 50 años de cárcel. “Desde que comenzamos a asistir a acusados de contagiar el VIH –continúa Baker- los que han aceptado nuestra ayuda han vistos sus cargos reducidos drásticamente o retirados por completo”.

Y es que debido a la presunción de que dar VIH positivo en los test no equivale en realidad a ser portador del virus dos jueces y once fiscales han rechazado ya los cargos penales relacionados con el VIH contra 13 acusados en Estados Unidosy Canadá durante los últimos 13 meses.

En este contexto legal y con motivo de la campaña iniciada por la organización Aids Healthcare Foundation para tratar de obligar legalmente a que todos los actores de la industria del “cine para adultos” se sometan a las ”pruebas del VIH” y utilicen preservativos durante los rodajes la revista para adultos LIB entrevistó a Clark Baker sobre el valor legal de los test y el papel de los denominados “expertos en SIDA” y de las farmacéuticas. Y como quiera que la trascendencia de sus afirmaciones es considerable hemos querido hacernos eco de sus palabras ofreciéndoles un amplio resumen de la misma. Después de todo si los “test del VIH” no prueban con certeza que uno esté infectado por el virus VIH (suponiendo que exista) –una premisa que ni jueces ni fiscales se han siquiera planteado en España hasta ahora- cabe preguntarse si alguien puede ser etiquetado realmente como “seropositivo”.

Y si no se puede saber con certeza si alguien es seropositivo, ¿cómo osan los médicos recomendar la ingesta de medicamentos -los llamados antirretrovirales- a personas que muchas veces ni siquiera tienen síntomas y no parecen estar enfermos cuando se sabe –eso sí está constatado- que todos ellos tienen graves efectos secundarios e incluso pueden llevar a la muerte a quienes los ingieren?

Este es el resumen de la entrevista antes comentada una vez traducida:

LA “TEOLOGÍA DEL VIH” Y SUS “CLÉRIGOS” 

-En primer lugar, ¿cómo y por qué llegó a involucrarse con causas penales relacionadas con el VIH?

-He estado investigando la corrupción que rodea lo que yo llamo el “negocio del SIDA” desde mayo de 2008. Desde entonces médicos corruptos y personas relacionadas con las farmacéuticas han tratado de disuadirme y desacreditarme presentándome como un simple policía de calle que no sabe nada acerca de medicina o ciencia. Por esa razón creé el VIH Proyecto Inocencia de modo que pudiera obligar a los autodenominados expertos a presentar sus sermones en un tribunal real donde están sujetos a las penas de perjurio. Y, como usted ha dicho, en el último año los fiscales y jueces de 13 casos han quedado poco impresionados por las pruebas y los médicos en delitos relacionados con el VIH.

-¿Qué quiere decir con “delitos relacionados con el VIH”?

-La mayoría de los estados requiere que las personas que son diagnosticadas como seropositivas informen de su condición a sus futuras parejas antes de mantener relaciones sexuales. Estas leyes fueron redactadas en su mayoría a instancias de los grupos de presión de la industria del medicamento, los representantes de productos farmacéuticos o de otros grupos destinatarios de la financiación de las farmacéuticas que no comprenden o no se preocupan por las consecuencias de su legislación. En su opinión esas leyes son una buena idea. Pero lo que hacen, sin embargo, es empeorar el grave aislamiento psicológico y social que conlleva ser, en primer lugar, mal diagnosticado. Un diagnóstico equivocado puede resultar más tóxico que la propia enfermedad en sí misma. Y si el afectado intenta llegar al fondo del diagnóstico por su cuenta se volverá loco tratando de localizar las pruebas entre los millones de páginas de galimatías que los clérigos del VIH llaman “pruebas”.

-¿Por qué llama a los médicos especialistas en VIH “clérigos”?

– Porque eso es lo que son. Mientras la buena ciencia habla por sí misma los médicos y “expertos” del VIH esperan que nosotros nos creamos lo que dicen sobre el VIH y el SIDA. Y creencia y fe son ejercicios teológicos que no tienen nada que ver con la ciencia real.

Al parecer usted afirma que no sólo el diagnóstico puede matar; también la terapia…

-Cierto. Un diagnóstico de VIH puede arruinar tu vida sin matarte. Y si usted toma los medicamentos tiene muchas posibilidades de sufrir una muerte innecesaria y prematura. He conocido a personas que fueron diagnosticadas como seropositivas hace años, dejaron los tratamientos -o nunca los siguieron- y hoy día la mayoría está tan sana como los compañeros que nunca se hicieron las pruebas del VIH.

¿Puede darnos algunos ejemplos de los llamados “delitos relacionados con el VIH”?

Por supuesto. Nuestro primer caso fue el de una mujer llamada Eneydi Torres. Esta mujer de Florida fue acusada por su novio de no haberle informado de su estado respecto al VIH antes de practicar sexo. La policía la arrestó y posteriormente se identificaron a otros tres novios. Los fiscales parecían tener un caso claro pero la intervención de la OMSJ  les obligó a presentar todas las pruebas que tenían previsto utilizar en contra de Torres al mismo tiempo que la evidencia era revisada por un científico que participó en el desarrollo de las tecnologías de la prueba del VIH. Su examen reveló que los fiscales no tenían pruebas sólidas para corroborar la infección por VIH. Así pues tuvieron que decidir si debían exponer a los clínicos que hicieron el diagnóstico al interrogatorio de los abogados con los que la OMSJ colaboraba. Y en lugar de afrontar ese reto los fiscales prefirieron retirar todos los cargos relacionados con el VIH contra la mujer y redujeron su oferta inicial de quince años de prisión a cinco días de libertad condicional sin supervisión por algo parecido a “perturbar la paz”.

Los fiscales suelen utilizar este tipo de acuerdos por razones políticas para mantener su registro de condenas al 100%. Aunque la detención y los medios de comunicación destrozaron su vida la Sra. Torres es una mujer libre hoy. Y también está sana porque no toma medicamentos contra el VIH.

¿Está usted diciendo que los cargos se han retirado en todos los casos porque no se puede probar que esas personas son VIH-positivos?

-Es más complicado que eso, pero sí; eso es esencialmente cierto.

EL VIH: GALIMATÍAS TEOLÓGICOS, PRUEBAS INÚTILES 

-¿Cualquier médico tiene derecho de decirle a alguien que es VIH-positivo?

-Ciertamente no tienen ningún derecho moral. Ningún médico competente me ha explicado cómo se pueden utilizar test sin sentido para diagnosticar la infección por VIH, ni me ha explicado cómo la prescripción de medicamentos que se sabe causan cáncer y comprometen la función inmune protegen a pacientes cuya sistema inmune está presuntamente comprometido. El primer fármaco utilizado en SIDA, el AZT, es presentado ahora por la Agencia de Protección Ambiental de California como un mutágeno cancerígeno. Pero a pesar de que legalmente no puede arrojarse al inodoro por temor a contaminar las vías fluviales sigue siendo recetado a pacientes seropositivos. Si una persona sana, no seropositiva, toma ese medicamento, eventualmente comprometerá su sistema inmune y adquirirá un síndrome de inmunodeficiencia, a menudo en forma de cáncer de hígado.

-Desde 1997 en el entorno de la industria del porno se sabe que la prueba del VIH, básicamente, no vale ni el papel en que está escrita. A pesar de eso hoy gastamos 135 dólares en las pruebas PCR del VIH (que incluye pruebas de gonorrea y clamidia) cuando en un principio se pagaban 35 dólares por ella. Parecería lógico pensar que gastamos más dinero porque en general suponemos que la prueba es más precisa…

-Así es. Si usted paga más se supone que es porque debe ser mejor, ¿verdad? Pero aunque la PCR es un invento legítimo no tiene nada que ver con la detección del VIH. Cuando se trata de pruebas de VIH la PCR es el último truco de marketing. En muchos sentidos los médicos están obligados a aceptar y hacer lo que les dicen para evitar separarse del protocolo de atención aprobado. Los médicos que se apartan de este estándar se arriesgan a perder su licencia y su carrera, no porque hayan hecho nada malo sino por razones enteramente políticas. Si hacer algo mal –el uso de los test y los medicamentos- se vuelve el protocolo habitual entonces desviarse y hacer las cosas bien amenaza a todos aquellos que lo han hecho mal, lo que podría dar lugar a demandas por negligencia y responsabilidad. Los médicos evitan los pleitos por responsabilidad siguiendo el estándar de atención más mortal mientras que los que se desvían en general guardan silencio al respecto.

La mayor parte de lo que los médicos leen lo publica la industria farmacéutica que se ha gastado desde 2004 casi 9.000 millones de dólares en resolver miles de denuncias penales y civiles relacionadas con la comercialización ilegal, para usos no autorizados, de medicamentos que mataron o hirieron a miles de personas en todo el mundo. Además la industria farmacéutica paga a las universidades y a los investigadores con el fin de realizar estudios que requieren tipos específicos de resultados que ayudan a las empresas a vender sus productos.

Pero si usted está en los NIH, los CDC, un hospital o una compañía de medicamentos las reacciones adversas y el temor a la enfermedad resultan rentables para sus negocios. Porque si el medicamento que le recetan le hace enfermar lo más probable es que puedan luego venderle cinco medicamentos más que enmascaren los efectos tóxicos de esa primera droga que no deberían haberle prescrito.

¿Cómo pueden los médicos decirle al público en general que los test del VIH detectan el VIH y luego ante un tribunal decir que no?

-Todo tiene que ver con la comercialización y los pagos para comercializarlo para usos no autorizados. Por ejemplo, Astra Zeneca pagó una multa de 500 millones dólares en abril del 2010 por comercializar ilegalmente Seroquel, droga que mató o dañó a miles de personas. Pues bien, Seroquel generó cerca de 4.000 millones en ventas en el 2007, nadie fue a la cárcel y la empresa se limitó a  pagar con una fracción de sus beneficios; un “impuesto”, si se quiere. Nada personal; sólo es un “negocio”. Como Shannon Brownlee explica en Overtreated (Tratamiento excesivo) las compañías farmacéuticas normalmente pagan a los médicos por recetar medicamentos para el uso que le presentan los representantes farmacéuticos que les visitan. Es una parte importante del marketing farmacéutico. Con los costes crecientes de la asistencia sanitaria los médicos son muy vulnerables a los representantes de las compañías farmacéuticas que les ofrecen dinero en efectivo, viajes y prestigio a aquellos médicos dispuestos a vender sus títulos.

-Sin embargo cuando se trata de testificar bajo juramento, bajo amenaza de prisión si cometen perjurio, ya no se trata tan sólo de repetir lo que les dicen sino de una verdad incómoda.

-Antes de la OMSJ esos médicos llevaban sus galimatías teológicos a las salas de audiencias donde los abogados defensores y los jueces estaban demasiado intimidados para hacer las preguntas correctas y no querían parecer estúpidos. Hoy en día la OMSJ está acorralando a esos médicos irresponsables. Así que cuando la OMSJ está involucrada los médicos que confían en la ciencia no tienen nada que temer. Pero si el médico se basa en esa “teología” tiene mucho de qué preocuparse, incluyendo demandas por mala praxis, la interposición de una class action (recurso jurídico que en Estados Unidos permite a cualquier afectado por un tratamiento o ingesta de un fármaco que le provoque daños pedir la misma indemnización que haya obtenido en los tribunales cualquier otra persona por ese mismo motivo) y quejas de masas por responsabilidad civil que pueden llevar a la quiebra y al cierre de sus clínicas así como a la revocación de sus licencias y a la ruina financiera. Todo esto suena muy duro pero al igual que no queremos que policías de uniforme asesinen a los peatones por nuestras calles es difícil imaginar por qué nos tendría que gustar que médicos peligrosos atiendan pacientes.

¿Por qué la población en general no es consciente de tales revelaciones? ¿Por qué estas noticias no aparecen reflejadas en los medios de comunicación más importantes?

-Esta forma de actuar tiene una larga historia. Le doy algunos ejemplos: Bob Navarro fue periodista durante mucho tiempo en una de las cadenas de televisión dedicadas a noticias más importantes de Los Ángeles y llegó a convertirse en su director editorial. Pues bien, en la década de 1990 puso en duda la “teología” del VIH y al día siguiente los activistas gays amenazaron con llevar sus protestas ante la cadena a menos que cesará en lo que calificaban de “informes homofóbicos”. Como resultado la cadena despidió al periodista y poco después se detuvieron los editoriales. La cadena no quería presiones políticas.

Otro ejemplo: en el 2008 el descubridor del VIH y Premio Nobel, el Dr. Luc Montagnier -del Instituto Pasteur-, admitió en el documental House of Numbers que el VIH se puede curar en unas pocas semanas sin drogas pero que la industria apuesta por los medicamentos y vacunas porque no obtiene beneficios del agua limpia o de una buena nutrición. Piensen en eso por un momento: Montagnier afirma que tiene la cura para el VIH y el New York Times no lo publica. Así que si los medios de comunicación no informan de esto, ¿por qué habríamos de esperar que se informe de los resultados de una agencia de investigación con 30 años de experiencia?

Eche un vistazo a lo que John P. Moore, “clérigo” del SIDA de la Universidad de Cornell (Nueva York, EEUU), escribió al director de cine Brent Leung después de que su documental House of Numbers comenzara a ganar premios en festivales de cine alrededor del mundo: “Su amiga Celia Farber aprendió lo que ocurre con la carrera profesional en los medios de comunicación de las personas cuyo juicio de los hechos es tan pobre que promueve la negación del SIDA. Sus futuras experiencias seguramente serán similares a la suya. Usted, en efecto, ha destruido su carrera para nada“.

Los clérigos del SIDA -como el profesor Moore- esperan de nosotros que creamos en lo que dicen de la misma forma que el papa Urbano VIII exigió que el mundo creyera que la Tierra era el centro del universo. Cuando el papa acusó a Galileo Galilei y a su telescopio de herejía éste fue obligado a retractarse para evitar la tortura y la muerte. El profesor Moore demuestra pues lo poco que algunos científicos han evolucionado desde el siglo XVII. Pero, ¿qué cabe esperar de una profesión que lleva a cabo experimentos con seres humanos como los que se hicieron en Tuskegee (Alabama (EEUU)entre 1932 y 1972 con 399 aparceros negros, en su mayoría analfabetos, que fueron estudiados por los servicios públicos de salud americanos para observar la progresión natural de la sífilis… si no era tratada?

Bueno, pues iguales son los clérigos que tratan de hacer cumplir la teología del VIH. Y claro, si usted es periodista en el New York Times lo último que quiere es que el profesor Moore escriba cartas a su editor en un papel con el membrete de la Universidad de Cornell.

CINE PARA ADULTOS Y PRESERVATIVOS  

¿Ha tenido conocimiento del actual caso de la Aids Healthcare Foundation (AHF) contra la industria del cine para adultos?

-Sí. Al menos lo que ha sido publicado por los medios de comunicación.

¿Y en su opinión cuál es la motivación de la AHF para exigir el uso de preservativos en las películas? ¿Se basa en un espíritu de altruismo para “salvar vidas”, como les gusta decir en su publicidad?

-Los preservativos son parte de los 174 millones de dólares en ingresos generados por la AHF sólo en 2009.

¿Cómo obtienen esos ingresos?

-Según su propia web apoyan “la medicina de vanguardia”; por ejemplo, los test de SIDA, los medicamentos antirretrovirales y los preservativos. En un principio (1981-1988) el SIDA fue cosa de homosexuales pero desde el momento en que el NIH comenzó a comercializar el carcinógeno AZT como medicamento para salvar vidas -en 1987- pasó a tener que ver con las patentes de las compañías farmacéuticas y sus beneficios. Durante la década de 1990 se trató de reclutar un ejército de partidarios de los medicamentos y activistas homosexuales para “educar” al público sobre el SIDA. Con miles de millones de dólares en juego fue fácil que esa teología saturara los medios de comunicación. La AHF simplemente quiere su parte. La AHF exige los preservativos porque son una parte intrínseca de la comercialización del SIDA y su histeria. La AHF es pues un pelele de las farmacéuticas que incita el miedo y la histeria para vender test, medicamentos y preservativos en todo el mundo. Una vez este fraude se descubra la AHF se derrumbará como Enron y Bernie Madoff; y por las mismas razones.

-¿Qué recomienda usted a los artistas adultos a los que se les ha dicho que son VIH-positivos? ¿Puede ayudarles?

-A los actores:
1. En primer lugar, que nadie debe NUNCA someterse a los test del VIH hasta que los fabricantes demuestren que realmente detectan el VIH y que el VIH causa el SIDA. A pesar de su teología eso aún no se ha demostrado.

2. Los actores que han sido diagnosticados con el VIH deben plantearse presentar demandas judiciales obligando a sus médicos a que demuestren exactamente cómo les diagnosticaron el VIH.

3. Si los actores han tomado medicamentos como el AZT o drogas psicotrópicas altamente adictivas -como Sustiva– deben plantearse la presentación de reclamaciones contra los médicos y las clínicas por negligencia y fraude. Y unirse a las demandas futuras que se llevarán a cabo contra las compañías farmacéuticas responsables.

4. Los actores que se estén medicando deben dejar de hacerlo pero con cuidado. Aunque algunas drogas son venenosas y se abandonan con facilidad otras, como el Sustiva, son psicotrópicas, altamente adictivas y pueden causar efectos horribles de abstinencia -incluyendo ideas suicidas y homicidas- si se abandonan de repente. Los efectos que producen los síntomas son prácticamente idénticos a los síntomas clínicos utilizados para identificar el comienzo de un SIDA en desarrollo. Los síntomas de abstinencia no van a durar para siempre pero puede tomar unos meses recuperarse.

En cuanto a la industria los fabricantes de películas para adultos podrían forzar a las agencias -policía local, departamento de salud y, posiblemente, la OSHA- a practicar arrestos y llevar a cabo estudios de tal forma que el acusado pueda obligar a las agencias a demostrar lo que hemos discutido. La OMSJ puede ayudar a la industria en la lucha contra el SIDA. Para fijar la estrategia adecuada será necesario un diálogo entre cineastas, sus abogados y la OMSJ antes de tomar decisiones. Los actores deben considerar la adopción de medidas inmediatas.

-¿Cuál debe ser el siguiente paso de la industria para adultos?

-La industria para adultos debería seguir haciendo películas sin preservativos y pasar por alto los discursos rimbombantes de la AHF. Y mientras la AHF presione a los funcionarios (departamentos de salud y OSHA) para promulgar leyes y hacer obligatorio el uso del condón y los test del VIH la industria debería obligarles a aportar las pruebas (no la teología de los CDC) de que esos test detectan el VIH y de que el VIH causa el SIDA. Porque como los propios fabricantes admiten que sus test no detectan el VIH todas las políticas basadas en el supuesto de que se detecta el VIH deben ser suspendidas e ignoradas hasta que se entreguen pruebas de ello. La OMSJ cuenta con expertos legales, médicos y científicos que pueden ayudar en las evaluaciones de esas pruebas y la preparación de cualquier problema legal posterior.

¿Cree que la industria para adultos debe continuar usando los test del VIH?

– NO. Los test del VIH que se comercializan son una estafa. Fueron diseñados originalmente para sensibilizar y educar pero se están vendiendo como pruebas fiables. Hasta que los fabricantes puedan establecer pruebas verificables y normas para los test del VIH carece totalmente de sentido. Hay gente en la cárcel de por vida simplemente porque se les hizo la prueba del VIH y tuvieron relaciones sexuales. Mientras que las pruebas no demuestren realmente algo nadie debería arriesgar su libertad haciéndoselas. Y le hago una promesa: si usted no se realiza una prueba del VIH nunca sufrirá o morirá a causa de una infección por VIH. Incluso siendo actor de películas para adultos.

-Se le ha acusado de ser un expolicía homófobo….

-Si esa acusación fuera cierta el Departamento de Asuntos del Consumidor no me hubiera emitido dos certificados como investigador privado. Además teniendo en cuenta que gran parte de nuestros clientes son homosexuales la afirmación es absurda. Aún más: si yo odiara a los homosexuales no se me ocurre mejor forma de torturarles y matarles que convencerles de que se están muriendo de una inexistente enfermedad y que deben tomar sustancias cancerígenas como el AZT para sobrevivir. Salvo el caso de los vagones que transportaban presos a los campos de concentración no se me ocurre una forma más eficiente de acabar con ellos. En serio, los lectores deberán valorar mi credibilidad frente a los defensores de una industria que ha pagado ya 9.000 millones de dólares en multas penales desde el 2004. Los policías estamos acostumbrados a que los delincuentes y sus familias escriban cosas desagradables sobre nosotros. Va con el sueldo.

Terminamos. Es evidente que Clark Baker no tiene pelos en la lengua. Como es evidente también que sus acciones ante los tribunales norteamericanos pueden llevar a la cárcel a los médicos que llevan décadas manteniendo la farsa del SIDA. A los vendedores de fármacos no; a esos sólo se les multará probablemente con una parte de las ganancias obtenidas con los beneficios. Y a los responsables de los medios de comunicación que les hacen el juego tampoco ya que hay demasiados políticos involucrados en el negocio que se ocuparán de que no les pase nada.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
136
Marzo 2011
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