Importante avance hacia la curación del cáncer

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Mientras los investigadores de medio mundo centran sus esfuerzos en descubrir la manera de combatir el cáncer mediante ingeniería genética, farmacología selectiva o radioterapia otros investigadores buscan desde hace décadas métodos distintos yendo al origen del conflicto. Es el caso de las personas de las que hablamos en este informe especial cuyo contenido es -en muchos sentidos- revolucionario y polémico. Aseguramos al lector -y muy especialmente a los médicos- que su lectura merece la pena. Y somos conscientes de que se trata de un asunto complejo cuyo lenguaje no es asequible a todo el mundo.

 “La enfermedad es un programa inteligente de la naturaleza tendente a decirle al individuo que está viviendo una situación que no le conviene”.

En este mundo donde las cosas parecen discurrir por caminos trazados y donde todo aquello que pudiera romper lo establecido es mirado de reojo y condenado a la hoguera del descrédito surgen de vez en cuando personajes que abren rendijas en la creencia establecida, en lo inamovible, permitiendo con ello que penetre un poco de aire fresco y regenerador. Tal es el caso del doctor Ryke Geerd Hamer, médico alemán cuyos revolucionarios tratamientos para la curación del cáncer basados en sus descubrimientos sobre el origen de la enfermedad le han llevado incluso a la cárcel, como muchos otros de sus predecesores a los que el tiempo terminó dando la razón y vieron su nombre reivindicado. Aunque para conseguirlo, en el caso de Hamer, el tribunal alemán que lo sentenció tuviera que aplicar una ley de la época nazi.

Pues bien, el pasado mes de Marzo tuvimos ocasión de asistir en Alicante a un curso sobre las teorías de Hamer que se impartió por uno de los médicos españoles convencido de la veracidad de los postulados de este médico alemán. Y en él tuvimos la oportunidad de compartir con profesionales de la salud de diversos lugares de España nuestra sorpresa por lo novedoso de los planteamientos expuestos, algunos de los cuales son tan espectaculares y sorprendentes que requerirán -a nuestro juicio- ser corroborados con más protocolos científicos elaborados por otros profesionales antes de su aceptación general. De hecho, creo que prácticamente en todas las cabezas de los asistentes al curso rondaban pensamientos similares:”Si lo que estamos oyendo aquí es cierto tendremos que aprender todo de nuevo…”. Pero hagamos un poco de historia…

Ryke Geerd Hamer es doctor en Medicina y en Física además de contar con varias especialidades médicas entre las que destacan Pediatría, Psiquiatría, Medicina Interna y Radiología. Ha sido jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Oncológico de Munich y hasta el momento en que propugnó sus teorías estaba considerado en Alemania una eminencia científica.

METAMORFOSIS INTELECTUAL 

Su metamorfosis intelectual empezaría a fraguarse hace ya algunos años con ocasión de un incidente ocurrido en Córcega cuando una bala perdida disparada por el Duque de Saboya, pretendiente al trono de Italia, alcanzó en el cuello a un muchacho que dormía en la cubierta de un barco. Aquel muchacho se llamaba Dirk y era el hijo del doctor Hamer. Como resultado de aquel disparo, Dirk Hamer estuvo entre la vida y la muerte durante seis meses al término de los cuales falleció. A los dos meses del óbito, tanto el doctor Hamer como su esposa -también médico y colaboradora en sus investigaciones- desarrollaron cáncer; él en un testículo y ella en una mama. Lógicamente, como profesionales de la Medicina, inmediatamente se preguntaron qué había sucedido para que dos personas jóvenes que nunca habían sufrido enfermedades de importancia desarrollaran simultánea e inesperadamente un cáncer coincidiendo con el hecho más traumático de sus vidas. Y como en ese momento Hamer se encontraba en el lugar adecuado para realizar una investigación seria y sin cortapisas ya que estaba trabajando como jefe del servicio de Medicina Interna, se puso a investigar no sin antes hacerse una pregunta que le venía martilleando desde hacía algún tiempo: ¿Qué relación tendrán realmente las enfermedades con nuestra psique?

Aquellos que han estudiado Medicina saben que todo lo relacionado con las llamadas “enfermedades psicosomáticas” se encuentra al final del libro de la asignatura correspondiente. Y que si, por ejemplo, se trata del riñón, es al final del libro, como un pariente pobre, donde se encuentra el capítulo titulado Enfermedades psicosomáticas del riñón. Porque la Medicina ortodoxa sabe que hay enfermedades que están relacionadas de una manera muy patente con procesos mentales, fundamentalmente con el estrés; baste recordar en ese sentido los infartos de miocardio, las úlceras de duodeno o la llamada “colitis del estudiante” que se produce en vísperas de exámenes. Sin embargo, tiene claramente delimitado lo que son “enfermedades” -es decir, aquellos procesos que tienen una causa orgánica- de aquellos otros cuyo origen se sitúa fehacientemente en un proceso psicológico. Así, si una persona tiene un problema de riñón y se detecta que hay evidencia fisiológica clara de algún tipo de patología entonces el médico se centrará en el modo físico de erradicarla sin entrar en disquisiciones acerca del posible origen psicológico de la enfermedad. Al fin y al cabo no ha sido instruido para ello…

CUANDO LO PSICOSOMÁTICO Y LO ORGÁNICO SE DICEN COSAS DISTINTAS 

¿Y a dónde nos ha llevado esto? Pues a la siguiente situación: que a quienes trabajan en un hospital o en una consulta de ambulatorio no se les ocurre preguntar al paciente si ha tenido algún problema o ha sufrido alguna situación emocional importante poco tiempo antes de que aparecieran los primeros síntomas de su “enfermedad”.

Hamer, por el contrario, decidió preguntar primero a sus pacientes si habían sufrido algún tipo de shock traumático o problema emocional importante en su vida antes de tratarles. La sorpresa que se llevó desde que empezó a hacerlo es que la totalidad de los pacientes manifestaron haber sufrido algún tipo de problemática. El paso posterior fue relacionar el tipo de problema emocional con el órgano afectado. Porque con el tiempo descubriría que, por ejemplo, si había cincuenta pacientes hospitalizados con problemas de riñón los cincuenta narraban experiencias traumáticas relacionadas con líquidos. Y que si uno narraba que estuvo a punto de ahogarse, otro que era conductor de un camión cisterna cargado de pesticida que sufrió un vuelco y un tercero era jefe de máquinas de un superpetrolero que al pararse las máquinas estuvo a punto de encallar contra los arrecifes de la costa africana, lo que pudo evitar al volver a ponerlas en marcha poco antes del choque… Y así hasta cincuenta. A esta relación Hamer la denominó “colorido”.

De la misma manera, comprobaría con otro tipo de patologías su relación con conflictos psicoemocionales -biológicos- previos descubriendo que, indefectiblemente, a cada patología le corresponde un tipo de trauma psíquico o emocional. Ha llegado para ello a computar más de 20.000 casos.

LA TECNOLOGÍA ENTRA EN JUEGO 

Sabiendo que nuestro organismo está regulado por el cerebro y que cada órgano tiene su correspondiente “relé” relacionado con una zona del cerebro, Hamer se preguntaría si en esta era del TAC (Tomógrafo Axial Computerizado) no sería posible detectar con los escáners cerebrales las señales dejadas por la relación trauma psíquico/daño orgánico. Y con esa premisa se dedica a hacer un escáner cerebral a todos los pacientes a su cargo, descubriendo con asombro que tiene en sus manos lo que a su juicio es la prueba científica que avala sus teorías. Pero, ¿qué es lo que descubre? ¿En qué consiste la “prueba”? Pues que en algunas zonas del escáner cerebral (siempre las mismas para las mismas patologías) aparecen unas marcas en forma de círculos con un punto central. Marcas que son consideradas hoy día por la Radiología clásica como “artefactos”, es decir, fallos atribuibles al funcionamiento de la máquina ya que ésta, al emitir su radiación, lo hace en forma de círculos.

Hamer, por el contrario, opina que no todas esas marcas son atribuibles a la máquina sino que muchas corresponden a alteraciones del campo electromagnético que ocurren sistemáticamente en el “relé” cerebral que rige el órgano afectado. A partir de ahí formula lo que él llama la “Ley Férrea del Cáncer” -férrea porque se cumple en el 100% de los casos- y que viene a decir lo siguiente:

“Todo shock psíquico altamente traumático que te pilla a contrapié y es vivido en aislamiento produce una ruptura de campo electrofisiológico o electromagnético de un área concreta del cerebro y, como consecuencia, se altera el órgano que esa parte del cerebro está regulando”.

El “colorido” del conflicto, es decir, el tipo de experiencia y la forma en que el individuo la vive es la que determina el área del cerebro que se afecta y ocurre simultáneamente en los tres niveles: psíquico, cerebral y orgánico. En realidad, estas marcas no sólo se refieren al cáncer sino que suceden con todas las enfermedades siendo el cáncer -según los postulados de Hamer- el resultado de la intensidad del conflicto biológico y de no haber compartido el shock que lo puso en marcha. Por tanto, la diferencia entre una amigdalitis y un cáncer de amígdalas depende de esos dos factores.

Cuando Hamer se da cuenta de la importancia de ese hallazgo se pone en contacto con la empresa alemana Siemens,  fabricante de los escáners, al objeto de determinar con los técnicos la cuestión de los círculos que aparecen en las placas radiográficas y que, a falta de mejor explicación, siempre habían sido atribuidos a fallos técnicos en el convencimiento de que serían los primeros en querer solucionar tales “fallos”. El resultado fue que como la empresa se negaba a aceptar la “responsabilidad” de esos “fallos”, accedió a realizar conjuntamente con Hamer un protocolo de investigación de una duración inicial de seis meses… que se interrumpió a los dos ante la evidencia de los resultados. El resultado del protocolo de investigación -firmado por cinco ingenieros de la empresa Siemens- avalaba totalmente las teorías de Hamer certificando que los llamados “artefactos” no eran fallos del aparato. Luego se debían en realidad a alteraciones electromagnéticas en el propio cerebro de los pacientes.

Algunos detractores de los postulados de Hamer argumentan que si todo esto fuera cierto las “dianas” también aparecerían al realizar una resonancia magnética nuclear (RMN), cosa que no ocurre. Sin embargo, olvidan -o ignoran- que la razón técnica para que ello sólo suceda al efectuar un TAC es que en la alteración de campo electromagnético no hay “momento magnético del núcleo” y, por tanto, al no haber vector de campo magnético no puede ser captado por la resonancia magnética nuclear. Y la razón para que no haya “momento magnético” es que éste se produciría si el número de protones y neutrones producidos en los núcleos atómicos situados en el área enmarcada por la diana fuera impar pero cuando se produce un conflicto emocional la diana cerebral contiene un número par de protones y electrones, razón por la que no emite vector de campo magnético que pueda ser captado por la RMN. Precisamente en esa circunstancia se basa la RMN, en la captación de esos momentos magnéticos.

HAMER SUFRE LA PERSECUCIÓN DE SUS PROPIOS COMPAÑEROS 

Mientras todo esto sucede, Hamer es denunciado al Colegio de Médicos acusado de prácticas contrarias a lo ortodoxo pretendiendo que le retiren su licencia de médico. Pero saliendo al paso de la denuncia, Hamer propone que se nombre una comisión científica que estudie su teoría y asegura que él mismo renunciará a su profesión si después de un análisis de los escáners cerebrales que le presenten no diagnostica correctamente el tipo de cáncer que muestran, la fase en que se encuentra la enfermedad y el tipo de conflicto psicobiológico que la ha producido. Tras nueve horas y doscientos escáners analizados, Hamer no falla en ninguno por lo que la comisión científica decide no inhabilitarle. A pesar de lo cual, es denunciado ante la Justicia ordinaria. Increíblemente, el juez encargado del caso decide inhabilitar transitoriamente al doctor Hamer para ejercer su profesión. La pregunta que surge es obvia: ¿cómo es posible que un juez, lego en cuestiones científicas, pueda inhabilitar a un médico que ha demostrado ante una comisión cualificada la veracidad de sus planteamientos? Sólo se nos ocurre pensar que se debe a un conflicto de intereses porque no parece plausible otra explicación…

Por otra parte, el doctor Hamer lo primero que hizo cuando pudo recopilar la suficiente información fue presentarla a la Universidad de Tübingen ya que la ley alemana obliga a las universidades a pronunciarse respecto de los trabajos de los médicos doctorados en ellas y Hamer se doctoró en Tübingen. Pues bien, Hamer presentó el resultado de su trabajo en 1981, tiene sentencia favorable del Tribunal Supremo por la cual se insta a la universidad a pronunciarse sobre el mismo y ésta nombró a lo largo de estos años pasados a seis peritos, los cuales fueron dimitiendo uno tras otro y a día de hoy la Universidad sigue sin pronunciarse incumpliendo la sentencia del Supremo. Y ya han pasado ¡18 años!

HAMER SIGUE INVESTIGANDO 

Siguiendo el curso de sus investigaciones, Hamer descubre que no solamente los escáners cerebrales muestran señales en diana sino que también aparecen otro tipo de marcas, también redondas pero oscuras, que son identificadas como edemas y que pueden verse en los focos en donde antes estaban las dianas. Simultáneamente, se encuentra con un dilema que parece echar por tierra sus hipótesis. Y es que se da el caso de individuos que relatan haber vivido un conflicto o incluso estar viviéndolo en ese momento, el escáner muestra la señal correspondiente pero la persona, orgánicamente, no tiene sintomatología alguna. Y al revés, es decir, individuos que refieren haber vivido ya hace tiempo el conflicto y haberlo resuelto, que durante el tiempo que han tenido el conflicto activo no han tenido ningún problema y que justo cuando lo resuelven les sobreviene la enfermedad. A partir de ese momento Hamer intenta encontrar una respuesta que concilie el supuesto contrasentido y es cuando postula su segunda ley oLey del carácter bifásico de las enfermedades:

“Toda enfermedad es un proceso bifásico si la persona afectada resuelve el conflicto biológico que la dio origen”.

Dicho en otras palabras, cuando una persona sufre un conflicto activo concreto, en el escáner cerebral aparece una señal en forma de diana justo en el lugar correspondiente a ese tipo de conflicto y, simultáneamente, se lesiona el órgano relacionado. Cuando la persona resuelve el conflicto, es decir, cuando se produce la “conflictolisis”, la imagen que estaba en diana se edematiza, lo que quiere decir que el órgano se está regenerando. Pero, ¿qué ocurre con los casos antes citados en los que parece no cumplirse esta ley? Para encontrar una respuesta Hamer investiga dentro del campo de la Embriología, donde es conocido el hecho de que en el momento de la fecundación se producen tres tipos de “células-madre” que dan lugar a tres tipos de “tejidos-madre” llamados hojas blastodérmicas y de las cuales van a derivar todos los órganos del cuerpo. Estas hojas blastodérmicas son endodermo, mesodermo y ectodermo. Así, por ejemplo, todos los órganos del cuerpo de procedencia endodérmica tienen su “relé” cerebral -o zona del cerebro que los rige- en el tronco cerebral (endodermo).

En el cerebro podríamos hablar de cerebro antiguo y cerebro nuevo. El primero comprende tronco cerebral y cerebelo (mesodermo cerebeloso). El segundo, mesodermo cerebral (sustancia blanca) y ectodermo. El cerebro antiguo -o sea, la parte más primitiva- rige precisamente la parte más primitiva del organismo como es todo lo que refiere a la obtención de energía: aire para respirar (alveolos pulmonares) y alimento (ingesta, digestión y evacuación) y la reproducción. Es decir, desde la boca hasta el ano todo el tejido endodérmico situado en los órganos necesarios para dichas funciones; así como el útero y la próstata.

El cerebelo (mesodermo cerebral) también parte del cerebro antiguo y rige las glándulas mamarias, la dermis y las capas protectoras de los órganos como son la pleura, el pericardio y el peritoneo. Los huesos, músculos y ganglios linfáticos -que son tejidos mesodérmicos- están regidos por relés que están situados en el mesodermo cerebral, es decir, en la sustancia blanca cerebral que, junto con las arterias y venas coronarias, epidermis, etc. (tejidos ectodérmicos regidos por el córtex cerebral), pertenecen al cerebro nuevo.

Pues bien, a raíz de sus investigaciones en Embriología Hamer llega a la siguiente conclusión: una persona en conflicto activo cuyo “colorido” compromete -por ejemplo- un “relé” situado en el tronco cerebral (endodermo) alterará a su vez un órgano de procedencia endodérmica produciéndose un crecimiento tisular (de tejidos), es decir, un tumor. Si la persona afectada resuelve el conflicto se produce inmediatamente la “conflictolisis” con el consiguiente encapsulamiento del tumor, primero, y luego

necrosis tisular y caseificación del mismo en caso de haber en el organismo presencia de micobacterias.

Es el caso de una persona que generó un tumor en el colon a raíz de un problema familiar sin que el mismo fuese detectado al no producir molestias. Cuando el problema se resolvió y se produjo la “conflictolisis” esa persona empezó a sangrar por el ano. Realizada la correspondiente colonoscopia se detectó la presencia de un tumor con zonas necrosadas y que estaba sangrando, lo cual supone -según Hamer- que está en proceso de curación pues si se necrosa significa que se está produciendo su eliminación.

Sin embargo, en el cerebro nuevo pasa justamente lo contrario. Cuando el colorido del conflicto lesiona un relé situado en el mesodermo cerebral lo que se produce a nivel orgánico es una úlcera o pérdida de sustancia. Por ejemplo, si una persona está sufriendo un conflicto de desvalorización lo que se produce es una osteolisis, es decir, descalcificación de los huesos. Cuando la persona resuelve el conflicto lo que se produce es un crecimiento tisular o relleno del hueso afectado. Los problemas de artrosis están referidos pues a conflictos de desvalorización y según la zona ósea afectada se puede determinar cuál es el origen psicobiológico que la ha producido. Así, una artrosis de rodilla viene producida por una desvalorización deportiva, nombre genérico que se aplica a la incapacidad que experimenta una persona al comprobar que no puede realizar físicamente las cosas que por su edad y condición debería poder hacer, como cruzar la calle sin esperar a que los coches estén a doscientos metros de distancia. La desvalorización sexual, por su parte, produce alteraciones en los huesos de la pelvis, del sacro y de las lumbares.

Las arterias coronarias pertenecen al ectodermo cerebral. En la fase de conflicto activo se producen úlceras en las arterias. Cuando la presión sanguínea que pasa por esas úlceras pone en grave riesgo la rotura de la pared arterial se desencadena un mecanismo reflejo que es la angina de pecho; es decir, el cerebro envía una orden a la zona muscular que afecta a la arteria produciendo un espasmo de tal manera que provoca el acercamiento de las paredes de la arteria impidiendo que pase flujo sanguíneo por ella y evitando así su ruptura. Según lo anterior, en la fase activa de un conflicto de pérdida de territorio directo la persona puede morir de angina de pecho pero nunca de infarto de miocardio porque éste se produce en la fase de solución o de regeneración, cuando las células del borde de las úlceras empiezan a crecer, a proliferar, con lo cual esa zona se edematiza. Para ello, el colesterol viene a depositarse sobre las úlceras a fin de ir tapizándolas. Durante ese proceso y dado que por la arteria está fluyendo la sangre a alta presión es posible que una parte de ese tapiz o costra cicatrizante se desprenda y, dependiendo de su tamaño así como el del edema cerebral correspondiente, obstruya la arteria produciendo un infarto.
En este sentido -y siempre según los postulados de Hamer-, en conflictos activos de “pérdida de territorio” de duración superior a ocho meses el infarto producido por la crisis en la fase regenerativa es de tal calibre que se convierte en mortal.

En cuanto al ducto de la mama, por ejemplo -que también corresponde al ectodermo- en fase de conflicto activo se forman pequeñas úlceras que la mujer apenas percibe como un “pinchacito”. Cuando se resuelve el conflicto, se produce un edema que aporta las sustancias necesarias para que las úlceras puedan regenerarse mediante mitosis o multiplicación celular en la zona. El problema es que ese edema y la mitosis subsiguiente se manifiestan como un bulto, lo que lleva a la mujer a acudir inmediatamente al ginecólogo, quien después de la consiguiente biopsia puede llegar a diagnosticar que esa mujer padece cáncer. Curiosamente, las estadísticas de la OMS (Organización Mundial de la Salud) indicaban que en 1978 los cánceres de mama en Estados Unidos ascendían a 140.000 casos. En esa época se desarrolló la campaña de detección precoz del cáncer de mama y a los dos años el número de casos había ascendido a 1.400.000. ¿Hay alguna explicación? Nadie la ha dado hasta la fecha.

En el tratamiento del cáncer de mama puede llegarse a la extirpación total o parcial para posteriormente aplicar radioterapia y quimioterapia al objeto de eliminar toda posibilidad de existencia de alguna célula cancerosa que pudiera reproducir la dolencia. Es comúnmente aceptado que de quedar alguna célula cancerosa viva es posible que ésta se desplace por el torrente sanguíneo y finalmente, quizás al cabo de muchos años, ir a producir, por ejemplo, un cáncer de cadera. Según el planteamiento de Hamer eso es imposible por cuanto ninguna célula que corresponda a una hoja embrionaria puede reproducirse en otra hoja diferente. Sería tanto como aceptar que un chino se lance al mar para ir nadando hasta Canadá y al cabo de veinte años llegue a sus costas convertido en un hombre de casi dos metros de altura, rubio y con los ojos azules. Más lógico parece que cada aparición de un cáncer corresponda a un conflicto psicobiológico independiente. En el mismo sentido, una pregunta que hoy día está sin contestar es cómo es posible que una célula cancerígena en la mama provoque un crecimiento tumoral y ocho o diez años después de haber sido extirpada la misma, radiado el lecho operatorio y sometida a quimioterapia para acabar con cualquier célula que se haya escapado al resto del organismo, aparezca en un hueso de la pelvis y allí no produzca crecimiento tisular sino que, por el contrario, ocasione una destrucción del tejido óseo (osteolisis). Antes bien, deberíamos encontrar en ese hueso una tremenda proliferación de células mamarias capaces de destruirlo; sin embargo, eso nunca se ha encontrado.

LAS CONSTELACIONES ESQUIZOFRÉNICAS 

Podría argüirse -y así se ha hecho- que en tal caso una persona que en lugar de tener un conflicto emocional tenga varios debería tener lesiones orgánicas correspondientes a los relés cerebrales afectados. Sin embargo, cuando se producen conflictos en la corteza cerebral en los dos hemisferios la orden de lesión no llega al órgano, generándose en su lugar una defensa del organismo en forma de sintomatología psíquica. A este hecho Hamer le denomina “constelación esquizofrénica”. Para que se produzca una constelación es necesario pues que se generen al menos dos conflictos, de tal manera que cuando se da el segundo de ellos ya haya previamente otro conflicto activo en el hemisferio dominante del paciente.

Expliquémoslo con el siguiente caso. Un hombre diestro que llevaba treinta años trabajando con su hermano de socio sin problema alguno descubre un día que en las diferentes ampliaciones de capital que fueron haciendo su hermano ha terminado quedándose con toda la empresa. Pues bien, en el momento en que hace tal descubrimiento sufre un conflicto que vive como “pérdida de territorio” (“colorido” del conflicto), impacto traumático que lesiona el relé cerebral de su hemisferio dominante, el derecho (el masculino). Abatido, se siente tan mal que decide irse antes de tiempo a casa y al llegar a ella se encuentra a su mujer en la cama con otro hombre. Sólo que como ya tiene bloqueado el relé correspondiente a la “pérdida de territorio” no puede vivir ese nuevo conflicto como “pérdida de territorio” y entonces lo vive desde el hemisferio izquierdo (el femenino) como “frustración sexual”, por lo que se genera una “constelación” que da como resultado una situación de depresión.

De ahí que el hombre se vaya a la cocina, se siente en un taburete y se ponga a llorar cuando en circunstancias normales, si no hubiera tenido ese problema en el trabajo, al llegar a casa y encontrarse a su mujer con otro la reacción hubiera sido probablemente muy distinta. Hay que decir que el hemisferio derecho recoge los conflictos emocionales masculinos mientras que en el izquierdo se sitúan los femeninos. En el caso que nos ocupa, la “pérdida de territorio” relacionada con su mujer que experimenta el hombre, éste no la puede vivir en su aspecto masculino al tener bloqueado el relé por lo que la vive en su aspecto femenino o de “frustración sexual”.

Por otra parte –y según los postulados de Hamer-, todas las depresiones tienen su origen en una “pérdida de territorio” directo unido a una frustración de carácter sexual que incluye, obviamente, todo tipo de problemas con la pareja (“No tengo la pareja que me gustaría tener”, “No tengo una relación de pareja satisfactoria”, “No me entiendo sexualmente con mi pareja”, etc.).

Curiosamente, si atendemos a este postulado llegaríamos a la conclusión de que las depresiones son una defensa contra el cáncer puesto que la alternativa al daño físico, cuando se producen dos o más conflictos, es el daño psíquico. Sería interesante conocer en este sentido las estadísticas sobre la incidencia del cáncer en pacientes internados en hospitales psiquiátricos.

En el tema de las constelaciones, mientras están ambos conflictos activos no se daña ningún órgano pero siempre está el “peligro” latente de que se resuelva sólo uno de los dos, en cuyo momento deja de existir la constelación y entonces sí quda dañado el órgano regido por el relé que aún mantiene el conflicto activo; es decir, se vuelve a entrar en simpaticotonía.

Entre los muchos tipos de constelaciones que pueden darse en las diferentes partes del cerebro podemos encontrar una llamada “post mortem” cuyo resultado es un proceso psicológico tendente a buscar la trascendencia, el más allá, lo que hay después de la muerte. La persona que lo sufre es un candidato idóneo para ingresar en una secta, necesita “biológicamente” entrar en contacto con grupos o instituciones que le permitan acercarse al más allá, pero no de una forma profunda sino en lo externo, en la parafernalia; por eso suelen ser personas que van de una secta a otra, de un guru a otro.

LA RESPUESTA ESTÁ EN LA CÉLULA 

En suma, el doctor Hamer ha descubierto algo muy importante al relacionar la psique con el órgano dañado ya que -según afirma- todo esto implica que solucionando el conflicto que lesionó el órgano éste se recupera. La dificultad estriba en que hay muchos pacientes que, aún queriendo, no son capaces de solucionar ese conflicto psíquico. Pues bien, médicos conocedores de los descubrimientos de Hamer plantean (y en esta hipótesis Hamer no tiene nada que ver) que en tales casos se debe centrar la atención en la célula, el último sustrato donde recae finalmente la enfermedad. Lugar en que, por un camino u otro, acaban incidiendo todas las causas desencadenantes de enfermedad, sean éstas psíquicas, químicas, físicas o traumáticas.

La célula tiene una característica básica muy importante y que apenas es tenida en cuenta por la Medicina clásica: su polaridad, el equilibrio bioeléctrico establecido en su membrana. La célula enferma cuando se produce un desequilibrio en su polaridad, es decir, una despolarización. Todo proceso patológico lleva siempre inherente una despolarización celular y, por consiguiente, todo proceso curativo lleva siempre implícita una repolarización celular.

En este sentido, si una célula sufre una despolarización en una zona de su membrana puede, por ejemplo, sufrir un error al decodificar una determinada enzima, tal vez la que metaboliza la grasa. Pues bien, ateniéndonos a la primera ley férrea del cáncer propugnada por Hamer que dice que “todo shock psíquico altamente traumático que pilla por sorpresa y es vivido en aislamiento produce una ruptura de campo electrofisiológico o electromagnético de un área concreta del cerebro y, como consecuencia, se lesiona el órgano que esa parte del cerebro está regulando”, a nivel del sustrato íntimo del órgano esto se traduce en una despolarización celular. Siendo la intensidad y particularidad del conflicto lo que hará que sea mayor o menor esa despolarización y, por tanto, mayor o menor el daño producido en los tejidos del órgano afectado. El médico alópata lo que determina es el nombre técnico que se debe aplicar a esa patología.

Pero, ¿qué mantiene realmente el equilibrio bioeléctrico de las células? El organismo tiene un mecanismo que es el siguiente: mediante el ión potasio dentro de la célula y el ión sodio fuera de ella se establece un equilibrio eléctrico en el interior de la membrana celular. Cuando el sodio entra dentro de la célula la despolariza; por tanto, una dieta rica en potasio y pobre en sodio permite una constante repolarización celular. Este principio fue aplicado hace cincuenta años por el doctor Demetrio Sodi Pallarés para el tratamiento de afecciones cardíacas con resultados sorprendentes pero no tuvo demasiado eco quizás porque una dieta pobre en sodio y rica en potasio se escribe en un papel y cuesta poco dinero… El doctor Sodi Pallarés es doctor Honoris Causa por la Universidad de Alcalá de Henares y fue presidente del Instituto Mexicano de Cardiología, cargo que tuvo que abandonar a raíz de sus investigaciones “atípicas” sobre la terapia post infarto de miocardio. Sin embargo, hace menos de un año la Universidad de Boston ha reconocido su trabajo y el hecho de que su método reduce en un 90% la mortalidad de quienes han sufrido un infarto de miocardio.

El método de repolarización celular del doctor Sodi Pallarés se basa en una dieta pobre en sodio y rica en potasio como antes indicábamos, a la que se añade una solución polarizante en forma de suero especial glucosado al 10% que se inyecta en vena, así como aplicaciones de magnetoterapia. Este doctor aplica su método no sólo en patologías cardiacas sino también en otro tipo de afecciones, incluido el cáncer. Pues bien, a lo largo de sus tratamientos se encontraba, por ejemplo, que ante un cáncer con metástasis de huesos conseguía que el paciente se recuperase y volviesen los huesos a recalcificarse… pero dos meses más tarde volvía a presentarse la metástasis. Volvía a aplicar el tratamiento y la metástasis desaparecía para volver a aparecer pasado un cierto tiempo. Sin embargo, en otros pacientes no sucedía esto y se recuperaban satisfactoriamente. Sería bueno comprobar en estos casos que el doctor Sodi Pallarés relata en su libro “Magnetoterapia y tratamiento metabólico” hasta qué punto tener o no resuelto el conflicto emocional influía en el desenlace final al retirar la terapia polarizante. Autores mundialmente conocidos en la psicoterapia del cáncer como el oncólogo norteamericano O. Carl Simonton vienen demostrando desde hace años la influencia de los conflictos emocionales en la génesis y tratamiento del cáncer, que la despolarización celular es lo que, en definitiva, mantiene la enfermedad, que un conflicto es capaz de producir -a través del cerebro- una despolarización celular y que las técnicas repolarizantes como la de Sodi Pallarés invierten en lo posible esa despolarización y, en la medida en que lo consiguen, curan. Podríamos comprender así que cada técnica repolarizante unida a la ausencia de la orden cerebral de despolarización que se produce en la solución del conflicto va encaminada a la resolución definitiva de la enfermedad. Sin embargo, toda técnica repolarizante que no tenga en cuenta la orden de despolarización que provoca el conflicto activo sería eficaz en la medida en que su acción repolarizante supera a la despolarizante del conflicto, pero ineficaz si no la supera y si, retirada la técnica, el conflicto continúa activo.

LOS “BARRENDEROS” DEL ORGANISMO 

Según Hamer, los virus, bacterias y hongos aparecen en el proceso de limpieza y reconstrucción del organismo. Unos son los reconstructores y otros los barrenderos que van a comerse los tejidos necrosados, detritus, etc., para permitir que el organismo realice una reestructuración total del órgano dañado. Por ejemplo, los tumores endodérmicos producidos en fase activa de los conflictos son eliminados en la fase de resolución por estos microorganismos.

Todos los microorganismos que existen en nuestro cuerpo son simbióticos con nosotros y pueden sufrir todo tipo de transformaciones tanto a formas más evolucionadas -y, por tanto, más dañinas- como a formas más primitivas o menos dañinas. Los seres humanos nacemos con lo que a alguien le dio por llamar “la gran plaga oculta” y que son esos millones de “bichitos” que heredamos de nuestros padres vía sangre materna. Ingente cantidad de microorganismos a la que se añade a lo largo de la vida otra no menos apreciable cantidad procedente del medio ambiente, de la alimentación, del agua o del aire, con lo cual podemos decir que los seres humanos somos casi un “gran estanque acuoso” lleno de millones de seres vivos que se mantienen en equilibrio simbiótico gracias a multitud de sistemas orgánicos que podríamos resumir en dos grandes grupos:

  1. Aquellos que mantienen un “estado del terreno” adecuado; es decir, mantienen la polaridad celular y el funcionamiento correcto de los tejidos, con lo cual se mentiene a raya la penetración patógena de los microorganismos. Y,
  2. Aquellos sistemas que impiden las mutaciones de los microorganismos simbióticos que los convierten en patógenos pudiendo invadir y degenerar los tejidos.

VISUALIZACIÓN CON EL MICROSCOPIO 

El método para visualizar al microscopio estos microorganismos fue descubierto hace muchos años por el doctor Juan Prada Pascual, profesor de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Método que permitió descubrir no sólo la prevención de estos microorganismos sino también las formas en que mutan y emigran de unos tejidos a otros. Muchos de ellos son intraeritrocitarios, es decir, viven dentro de los glóbulos rojos de la sangre, con lo que eso implica en cuanto a su capacidad de diseminación por el organismo.

Pues bien, en los estudios llevados a cabo por el Dr. Prada se comprueba que la alteración del estado simbiótico de estos microorganismos conlleva la aparición de muchas enfermedades hasta ahora consideradas de etiología desconocida. De ahí que el tratamiento encaminado a mantener su simbiotismo sea esencial para la curación de muchas enfermedades. Por otro lado, se demuestra cómo la presencia de sustancias químicas en el organismo -entre ellas muchos fármacos de síntesis habitualmente utilizados- provocan mutaciones patógenas causantes de multitud de enfermedades.

Excuso decir que la naturaleza de estos descubrimientos pone en entredicho muchos de los diagnósticos y tratamientos actuales por lo que se entiende fácilmente la resistencia a aceptarlos por parte de la clase médica y los laboratorios farmacológicos.

¿Y cómo encaja todo esto con la polaridad celular? Pues porque una de las razones por la que esos “bichitos” se vuelven patógenos no es otra que la alteración de los tejidos que se produce por la orden de despolarización celular que a través del cerebro se produce como consecuencia de un conflicto emocional de las características que ya se han relatado.

En la línea de una terapia encaminada a combatir las causas de la enfermedad en todas sus fuentes -tanto la psicoemocional en la resolución de los conflictos como el control de los organismos una vez que se han convertido en patógenos- hay que reseñar los trabajos de la doctora norteamericana Hulda Clark, quien lejos de la terapia antibiótica clásica, capaz de acabar con gérmenes tanto patógenos como simbióticos y provocar mutaciones progresivas, planteó una terapia totalmente inocua y dirigida en exclusiva a las mutaciones patógenas. Para lo cual, junto con su hijo, ingeniero de telecomunicaciones, desarrolló un aparato -15.000 pesetas de coste- que funciona con una pila de 9 voltios y emite la frecuencia de resonancia de todos y cada uno de los microorganismos patógenos, a los que elimina con sólo emitir esa misma frecuencia pero invertida. La doctora Clark publicó dos libros titulados “Cien casos de cáncer curados” y “Cien casos de SIDA curados” en los que expone cómo consiguió esos resultados usando el aparato… pero, como suele ocurrir en estos casos, no está “oficialmente” aceptado. Así que incluyó el diseño en Internet y hoy día son ya muchos los médicos que han desarrollado el prototipo.

En resumen, a la luz de los nuevos enfoques médicos relatados la terapia multidisciplinar que se deriva de ellos es, por un lado, identificar qué tipo de bacterias están proliferando y en qué órganos lo están haciendo. A continuación, se trata de reubicar a esas bacterias en su ámbito natural haciendo que muten a una forma primitiva no patógena mediante la creación de un ambiente poco propicio como puede ser la aplicación de frecuencias de resonancia contrarias a la suya. Por otro lado, se intenta repolarizar las células de los órganos dañados a través de terapias energéticas complementadas con una alimentación rica en potasio y pobre en sodio, además de la aplicación intravenosa de una solución polarizante en suero glucosado al 10% acompañada de magnetoterapia. Todo esto además puede ser complementado con la alineación con el canal energético específico derivado del campo magnético terrestre y que se corresponda con los órganos o sistemas afectados. Y, por supuesto, no se ha de olvidar lo más importante: solucionar el conflicto emocional causante de todo el proceso.

La conclusión a la que podemos llegar es que estamos ante un paradigma que nunca ha dejado de modificarse, como es el de la salud. Querer ponerle puertas al campo no conduce a nada y pensar que los caminos para hallar el equilibrio y la salud son sólo los oficialmente admitidos es ponerse una venda en los ojos. Ni el poder ni el dinero podrán evitar que las nuevas tendencias médicas, basadas a veces en descubrimientos alejados de lo ortodoxo, se apliquen en beneficio de la humanidad.

Finalmente, también llegamos a la conclusión de que aquellos que se han jugado su prestigio profesional y personal en busca de métodos que ayuden al ser humano en su lucha contra la enfermedad, como el doctor Hamer o los doctores Sodi y Prada, merecen nuestro reconocimiento más sincero independientemente de lo acertados o no que finalmente se consideren sus procedimientos. Ellos, como tantos otros a lo largo de la historia, son los pioneros que nos hacen seguir teniendo fe en el ser humano.

 Luis Arribas

Recuadro:


¿QUIÉN PUEDE DIAGNOSTICAR UN CÁNCER? 

Según la OMS el diagnóstico de certeza del cáncer sólo lo puede dar un comité formado por tres servicios, ninguno de los cuales aisladamente puede dar diagnóstico de certeza, sólo de presunción. Estos servicios son: Radiología, Oncología o Medicina Interna (cuando en el centro médico no haya Oncología) y servicio de Anatomía Patológica. Pues bien, al parecer en este país -y prácticamente en todo occidente- el diagnóstico de certeza de un cáncer recae única y exclusivamente en el servicio de Anatomía Patológica, de tal manera que en ese servicio, a través de un examen microscópico y sin conocer al paciente ni sus circunstancias, determinan si una persona tiene o no un cáncer.


CÓMO REPOLARIZAR LAS CÉLULAS 

Hay muchas terapias que ayudan a repolarizar las células. Desde el Método Silva pasando por la visualización creativa de Simonton hasta la meditación transcendental, todas aquellas que estén dirigiendo a nuestro organismo la orden de salud estarán enviando ondas potentes con la orden de repolarización celular. Por eso es muy importante el apoyo psicológico en los pacientes, hacerles partícipes de la solución a su problema.

No obstante, no hay que olvidar que en todo proceso patológico están implicados tres elementos: cerebro, órgano y psique, por lo que la terapia a aplicar siempre debe ser en los tres niveles. De ahí que sea aconsejable hacer consciente a la persona del origen del conflicto emocional que generó la enfermedad, llevándole si es necesario mediante terapia regresiva al momento en que se produjo. En el ámbito orgánico se proponen soluciones a través de la Homeopatía pues esta forma de terapia permite al organismo encontrar sus propias fuentes de respuesta a la enfermedad como, por ejemplo, la producción de endorfinas, capaces de disminuir el dolor en sustitución de la clásica aspirina. Por último, es aconsejable la administración de vitaminas, sobre todo las del grupo B -dirigidas al sistema nervioso-, pero no debe administrarse por separado la vitamina B6, por ejemplo, y luego la B12, porque se arrastran unas a otras; por tanto, es necesario que se administre un complejo vitamínico que incorpore a todo el grupo B. Por ejemplo, cápsulas de vitamina B50 o B100.

De la importancia de mantener repolarizadas las células da fe el hecho de que en ausencia de campos magnéticos –como ocurre con los astronautas que están largos periodos de tiempo lejos de la influencia magnética terrestre- los tejidos orgánicos se deterioran de forma general; no sólo los huesos, también el corazón, el hígado, los pulmones, etc., sufren un deterioro importante que hace necesaria la repolarización al llegar nuevamente a la Tierra.

En este sentido, se ha podido detectar que, situándonos en cualquier parte de la superficie terrestre, estamos rodeados de un campo magnético en forma de circunferencia. De los infinitos radios que contiene esa circunferencia hay doce cuya intensidad de campo está especialmente dirigida a mantener constante la polaridad de los diferentes sistemas y órganos de nuestro cuerpo. Dicho de otra forma: cada uno de nuestros órganos y sistemas está regido por un canal energético que mantiene nuestra polaridad celular, nuestro equilibrio eléctrico dentro de los tejidos que ese canal rige. Lo que intenta la Acupuntura a escala sintomática es desviar la energía de unos canales a otros que estén en un momento determinado dejando de polarizar un tejido u órgano concreto. De igual manera, las terapias destinadas a eliminar bloqueos energéticos no tienen otro objetivo que repolarizar las células que ese bloqueo había despolarizado.

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Diciembre 1999
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