Ingeniería Genética

Los medios de comunicación se están haciendo eco prácticamente todos los días de noticias relacionadas con la Biología que dejan perplejo a cualquiera en tanto vienen a plantear la posibilidad de que, a corto o medio plazo, los seres humanos podamos vivir en un mundo lleno de “dobles” o de seres que sean el resultado de la mezcla de otros. Un mundo en el que las barreras entre las especies haya desaparecido y todo sea posible. Pero, ¿es eso realmente así o pertenece al género de la ciencia-ficción?

Conceptos como “gen, ingeniería genética”, “clonación”, “seres transgénicos”, “ADN recombinante”, “oncogenes”, “anticuerpos monoclonales”, “genoma humano” y una larga lista de términos cada vez más raros -pero al mismo tiempo más cotidianos- desbordan nuestra imaginación presentándonos la antigua ciencia-ficción como una posibilidad real que nos hace creer que es factible que algún día se materialice lo imaginado por Aldous Huxley en su best-seller Un mundo feliz. Una realidad de bacterias, plantas, animales y personas manipuladas genéticamente así como de seres que no serían sino el resultado delirante de la mezcla de diferentes especies: la planta-bacteria, el animal-levadura o, por qué no, el hombre-planta, el hombre-animal o el hombre-bacteria.

Porque hoy se nos habla, para nuestro asombro y preocupación, de que los genes -y dicen que los hay de todo tipo: el de la homosexualidad, el de la agresividad, el de la religiosidad, el de la inteligencia, el de la locura, etc.- son estructuras inalterables y permanentes contra los que no podemos revelarnos y que determinarán nuestra vida en el futuro. Algo que relativizaría el sentido de la responsabilidad, la ética, la educación y casi todos nuestros principios ya que nuestras capacidades y conductas estarían predeterminadas en el ADN y todos seríamos “rehenes” de nuestro contenido genético. Claro que otros trabajos nos presentan a los genes como estructuras químicas alterables que se pueden adquirir, perder y modificar y, por tanto, seguiríamos siendo por completo responsables de nuestro presente y futuro.

En todo caso, lo cierto es que un mensaje ha calado: los genes están por todas partes y los podemos “integrar” -incluso sin querer- en nuestro organismo a través de los más diversos medios -virus, bacterias, aire, alimentos, sangre, etc.- en cualquier momento y por diferentes vías. Solo que también los podemos liberar y modificar desde dentro de nosotros mismos dando lugar a continuas variaciones e incorporaciones genéticas que en parte pueden modificar nuestra información original biológica -heredada de nuestros padres- haciéndola menos determinista. Ahora bien, si nuestro bagaje genético no es tan inmutable como nos lo presentan algunos porque cambia incluso a lo largo de nuestra vida intrauterina con las experiencias que nos acontecen en el claustro materno, ¿por qué tener tanto miedo a las manipulaciones genéticas que realiza el ser humano?

Esta pregunta tiene múltiples respuestas no científicas y que son fruto más de intereses económicos, políticos, y de creencias éticas, morales y religiosas que de un razonamiento lógico fundamentado.

Y nos explicamos. Para las personas de creencias más rígidas, toda manipulación de nuestras bases biológicas viene a ser algo así como jugar a ser Dios y nos conducirá, si no lo remediamos, a un “castigo divino”. Para otros, supone simplemente “atentar” contra laNaturaleza al querer gobernarla desde los laboratorios como si fuera un juego de niños: “Esta especie debe existir, esta otra no. ¿Cómo sería la nueva especie que resultara de la combinación de estas cuatro…? Etc.”.

Sin embargo, estas posturas parecen reflejar más el resultado del miedo a lo desconocido -en tanto se rechaza cualquier forma de progreso científico que altere nuestra seguridad-, prefiriendo anclarnos en nuestras creencias antes que afrontar con espíritu abierto lo que nos atemoriza y desorienta.

Claro que son muchos más aquellos para quienes el peligro no es ese sino que reside en los intereses económicos de las grandes multinacionales porque son los laboratorios los que manejan la información y la tecnología más avanzada y son, por ende, los lugares desde donde mejor se puede manipular a la opinión pública y organizar, en función de sus intereses particulares, el futuro de la ingeniería biogenética.

UNA CUESTIÓN DE CONCEPTOS 

Pero, antes de seguir, nos parece oportuno intentar aclarar al lector no versado de “qué” hablamos, explicándole someramente algunos de los numerosos conceptos que hoy día se utilizan con frecuencia en los medios de comunicación y que pueden resultar confusos a veces. Veámoslos:

Gen. Se trata de un segmento de ADN -ácido desoxirribonucleico- que sirve de molde para formar una proteína. Esto quiere decir que toda proteína se forma siempre a partir de un modelo genético o, lo que es lo mismo, que todo gen, cuando se expresa, lo hace en forma de una proteína. Por tanto, los genes no son más que moléculas que contienen una información química pero que hasta que no dan lugar a las proteínas no materializan esa información en una característica determinada. Son, pues, las proteínas encargadas de llevar a la práctica la información contenida en su interior. Así, el gen de la hormona de crecimiento sólo tiene la información para formar esa proteína hormonal, pero es la proteína, cuando se forma dicha hormona, la que nos hace crecer.

Genoma. El nombre designa al conjunto de los diferentes genes que integran el contenido genético de una especie. En lo que se refiere al ser humano, hoy se sabe que su genomaestá formado por 100.000 genes. Ya en 1988 se creó laOrganización del Genoma Humano (HUGO según sus siglas en inglés),iniciándose en 1990 el llamado Proyecto Genoma Humano, ambicioso trabajo que en muy pocos años nos permitirá tener el conocimiento completo de nuestra estructura genética, con todo lo que ello supone. Porque cuando se logre se podrá conocer si un niño es portador de una enfermedad genética -aunque no se manifieste en los primeros años de vida- y de ese modo poder tomar las medidas adecuadas para evitar que se desarrolle. Es más: enfermedades como el Alzheimer, ciertos cánceres, procesos alérgicos, la esquizofrenia y otras pueden ser de las primeras en encontrar un remedio adecuado.

Ingeniería genética. El nombre designa al conjunto de técnicas encaminadas a la introducción voluntaria y consciente de genes ajenos en el material genético de un individuo, animal o planta que carece de ellos. Se realiza añadiendo material genético no propio -de forma directa- en la cadena genética del receptor. A esos nuevos organismos se les denomina “transgénicos”. Y hoy día son una realidad en múltiples campos de la Biología. Veamos algunos de ellos.

BACTERIAS TRANSGÉNICAS DE GENES HUMANOS 

El 2% de los niños recién nacidos sufre alguna de las 3.000 “enfermedades genéticas” que se conocen en la especie humana; es decir, de carácter hereditario. Pero sólo en algunas de ellas se ha logrado descifrar el gen responsable y la anomalía genética que la ocasiona. ¿Y qué puede hacerse en tales casos? Pues intentar introducir en las células del niño afectado el gen correcto. El problema es que esta técnica aún presenta muchas dificultades y por eso se opta por una vía intermedia que consiste en introducir el gen humano correcto en el ADN de una bacteria (bacteria transgénica) para que, al multiplicarse ésta, multiplique también el gen humano y éste sintetice en gran cantidad la proteína humana correspondiente. Proteína que posteriormente se aísla y se inyecta en la persona afectada.

Tal es el caso del gen de la insulina humana que, gracias a los trabajos transgénicos en bacterias, ha hecho posible que los diabéticos se inyecten hoy insulina humana y no la porcina que se venía utilizado hasta hace poco. Lo que no sólo tiene menos efectos secundarios sino que resulta además mucho más económica. También se ha conseguido mediante estas técnicas obtener lahormona del crecimiento humano para tratar algunos casos de enanismo o de retraso en el crecimiento.

Otra proteína de gran interés, obtenida por esta vía, es elllamadoFactor VIII de la coagulación, que falta en el 80% de los enfermos de hemofilia, enfermedad que consiste en la imposibilidad de coagulación de la sangre. Enfermos a los que, gracias a las bacterias transgénicas, se les ha hecho la vida más fácil al evitarles además el peligro de contagio de enfermedades como el SIDA o la hepatitis B.

En suma, nadie pone en duda el enorme interés de la ingeniería genética en beneficio de este tipo de enfermedades y son muy pocos los que están en contra de los tratamientos genéticos.

HOMBRES TRANSGÉNICOS 

Otra de las vías actuales de investigación que se sigue es la introducción de un gen humano correcto en un determinado grupo de células con anomalías para dar lugar a células transgénicas capaces de sintetizar las moléculas que antes no podían.
Es el caso, por ejemplo, de la Talasemia, una enfermedad genética que ocasiona la síntesis de moléculas de hemoglobina defectuosas y que da lugar a diversas formas de anemias, algunas de ellas muy graves. El tratamiento consiste en obtener células de la médula ósea del enfermo e introducir en ellas el gen correcto, devolviéndolas al torrente sanguíneo para que se localicen de nuevo en la médula ósea y así el gen recién incorporado pueda determinar la síntesis de moléculas de hemoglobina correctas.
Por desgracia, los resultados que hoy se obtienen mediante esta técnica son aún discutibles ya que la expresión de los genes introducidos es muy baja y las alteraciones que se producen pueden ser incluso peligrosas.

PLANTAS TRANSGÉNICAS DE INTERÉS AGRÍCOLA 

No podemos dejar de hablar, en cualquier caso, de la ingeniería genética agrícola. Especialmente porque hoy se obtienen ya productos manipulados genéticamente que intentan abrirse hueco en el mercado. Es el caso de las plantas transgénicas que hicieron su aparición en los años 94 y 95 en EE.UU. y desembarcaron en Europa un año después poniendo en evidencia el vacío legal que sobre el tema existía -y existe- en la Europa comunitaria, carente de una normativa suficiente sobre estos productos. Al punto de que, como mecanismo de defensa, gobiernos como el británico estudian actualmente la posibilidad de prohibir los cultivos transgénicos hasta el año 2002, atendiendo las presiones de consumidores y ecologistas.

Y es que la aparición de las plantas transgénicas en el mercado ha hecho estallar la polémica entre las organizaciones ecologistas -encabezadas por Greenpeace– que se oponen sistemáticamente a cualquier producto transgénico y las grandes multinacionales agroquímicas que han ido absorbiendo los pequeños laboratorios creados por los científicos de los ochenta y que utilizan sus patentes en la comercialización. Entre ambos se encuentran las autoridades de los diversos países que no saben qué permitir ni en qué condiciones.

¿QUÉ PLANTAS TRANSGÉNICAS SE HAN COMERCIALIZADO Y QUÉ GENES SE SUELEN INTRODUCIR EN ESTAS PLANTAS? 

Las plantas transgénicas que han llegado al mercado son muchas. Desde variedades del maíz que resisten más al frío gracias a la incorporación de un gen procedente de un pez de zonas polares muy resistente a las bajas temperaturas hasta otras variedades de maíz con resistencia a plagas y a herbicidas al haber añadido a su contenido genético genes de otras plantas y de bacterias. También hay variedades de trigo más resistentes a diversas plagas y más ricas en ciertos nutrientes tras serles incorporadas genes de insectos y bacterias. Aunque, en realidad, fueron las variedades transgénicas de soja las primeras en obtenerse. Algo que hoy abarca ya a varias decenas de especies vegetales como las variedades del tabaco o la variedad del tomate que madura lentamente al haber alterado el gen que regula su maduración.

¿Y QUÉ PELIGROS PUEDEN ACARREAR LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS? 

Los potenciales peligros son muchos. Desde posibles problemas alérgicos -ya que el gen que se transfiere a una planta puede formar sustancias que provoquen una fuerte reacción alérgica en ciertas personas, como ocurrió con una variedad transgénica de la soja a la que se incorporó un gen procedente de la nuez de Brasil- a riesgos medioambientales claros ya que las plantas transgénicas se pueden hibridar con otras plantas y transmitir de forma descontrolada al medio los genes incorporados.

Asimismo, hay que considerar la transmisión de ciertos genes resistentes a antibióticos desde las plantas transgénicas a las bacterias de la flora intestinal humana, lo que podría ocasionar resistencias a antibióticos en nuestras bacterias, haciendo peligrar nuestra salud en caso de una infección posterior.
Otro de los problemas sin resolver es de tipo legal y se refiere a la obligatoriedad del etiquetado de las plantas transgénicas. Así, Estados Unidos no lo exige pero Europa sí, con lo que el primero acusa a Europa de poner “barreras” y dificultar el libre mercado. Cuando lo que sucede realmente es que Europa no está aún sometida por completo, afortunadamente, a las exigencias de las poderosas multinacionales.

Por desgracia, este problema tiene difícil solución en algunos casos. Tal ocurre con la soja transgénica cuyos derivados se utilizan en más de 20.000 productos distintos: comida, bebida, pastas y hasta caramelos, siendo casi imposible etiquetar todos ellos.

¿QUÉ PODEMOS HACER ANTE LA ACTUAL MANIPULACIÓN GENÉTICA? 

Pues, ante todo, informarnos bien antes de dar un paso y evitar situaciones como la que está teniendo lugar en EE.UU. con ciertas pruebas genéticas donde, debido a la presión de determinados laboratorios, se están comercializando análisis que no ofrecen seguridad en sus resultados. Es el caso del que determina la presencia del gen BRCA1 que predispone al cáncer de mama. Una prueba a la que en 1997 más de 180.000 mujeres estadounidenses se sometieron sin garantía alguna. Y eso que costaba cada prueba unas 300.000 pesetas ­-al cambio-, lo que da cuenta del enorme y lucrativo negocio.

Y a fin de que el lector esté informado, se lo explicamos: para realizar estas pruebas se extrae sangre del paciente y se aíslan los linfocitos, de los que se obtiene el ADN para el posterior estudio genético. Estudio que se lleva a cabo mediante diferentes técnicas, todas ellas complicadas y con un margen de error hoy por hoy significativo, a lo que debe añadirse la enorme complicación que supone la interpretación de los resultados. Porque nos consta -y lo mencionamos como ejemplo- que un grupo de investigadores belgas mandó muestras a 135 laboratorios para que detectasen posibles alteraciones genéticas. Bueno, pues luego se comprobó que las equivocaciones alcanzaban el 35%.

Conviene, pues, ser prudentes en todo lo relacionado con la ingeniería genética en lo que a pruebas sobre enfermedades de origen o predisposición genética se refiere ya que aún están lejos de proporcionar información fiable. Y lo mismo sucede en cuanto a los organismos transgénicos porque tampoco están claros los efectos secundarios que pueden ocasionar en el medio ambiente y en los seres humanos.

LA FAO PIDE PRECAUCIÓN 

Hay que recordar, a ese respecto, que laOrganización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), organismo de la ONU, acaba de pedir hace unos días precaución a la hora de evaluar las ventajas e inconvenientes del uso de la Biotecnología en la producción de alimentos.

La FAO reconoce que la Biotecnología es una herramienta muy útil para alimentar a la cada vez más creciente población mundial pero advierte que se deben de tener en cuenta los aspectos éticos a la hora de evaluar su potencial para aliviar el hambre en el mundo.

La Biotecnología, que incluye la aplicación de cultivos de tejidos y técnicas inmunológicas y moleculares así como técnicas de recombinación de ADN, podría proporcionar soluciones a problemas tradicionales como el desarrollo sostenible rural y el abastecimiento de alimentos.

Según la organización, las soluciones derivadas de la Biotecnología podrían llevar a reducir el uso de productos químicos en la agricultura a través de plantas con resistencia genética. Además, se podría mejorar la producción agrícola en áreas marginales mediante el uso de plantas con alta tolerancia a condiciones de salinidad o de alta presencia de hierro. Por contra, advierte de los peligros que pueden causar los genes liberados por los organismos genéticamente modificados porque, entre otras cosas, podría aumentar el número de malas hierbas.

El informe también hace un llamamiento a aunar esfuerzos en la investigación y en la política a tomar sobre la Biotecnología, centrados en las necesidades de la gente que depende de la agricultura, en especial en las áreas marginales donde será difícil conseguir aumentos en la productividad.

CONSTATAN NUEVOS PELIGROS  

Y, ciertamente, no son las recomendaciones de la FAO algo que deba caer en saco roto. De hecho, un reciente estudio de investigadores del Instituto holandés para la calidad y control de productos agrícolas ha puesto en duda la seguridad de los alimentos genéticamente modificados. Según exponen los expertos en la revista New Scientist, han podido imitar en el ordenador el proceso de digestión que tiene lugar en el estómago y en los intestinos para estudiar cómo se comportan este tipo de productos en nuestro interior comprobando que los alimentos genéticamente modificados pueden generar ciertas bacterias portadoras de genes resistentes a diversos antibióticos. Una preocupación creciente para la ciencia y la Medicina en la actualidad.

Algunos científicos aseguraban hace poco que la entrada de esas bacterias no llegaría a causar problemas porque el ADN de los productos modificados se destruye con rapidez pero eso no se ha constatado en las investigaciones holandesas. De hecho, en las pruebas por ordenador el ADN tenía una vida de unos 6 minutos en el interior del intestino grueso. Y según el investigador holandés Robert Havennar, “ese tiempo es suficiente para llegar a transformar las células“. Para él y para su equipo fue una sorpresa que el ADN fuera capaz de perdurar tanto tiempo en el colon humano. Un solo producto -el tomate- resultó no susceptible de portar este tipo de bacterias resistentes.

Corroborando los temores hasta ahora expuestos, el pasado 12 de Febrero una veintena de científicos de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y otros diez países de Europa respaldaron públicamente los hallazgos del investigador británico Arpad Pusztai, quien fue obligado a abandonar su puesto en el Instituto Rowett de Averdeen (Escocia) por afirmar que las ratas alimentadas con patatas transgénicas sufrían daños en sus sistemas inmunológicos, apoyo que originó tal alarma social que ha obligado al Gobierno británico a prometer investigar el asunto.

Algo tardía la reacción de la clase política en todo el mundo, cabría añadir, porque el año pasado cerca de 8 millones de hectáreas en todo el mundo estaban dedicadas a cultivar alimentos transgénicos.

ABIERTOS AL FUTURO 

Dicho lo cual, debemos manifestar que no por ello conviene cerrarse al progreso científico y técnico ya que la identificación progresiva de los genes así como la mejora de las técnicas que se emplean en su estudio irán abriendo nuevos campos en la prevención y tratamiento de las enfermedades, en la mejora del medio ambiente y de la alimentación y, en general, de nuestra calidad de vida.

Temas como la transgenia, la formación de cromosomas artificiales humanos, la clonación de genes, células e incluso individuos así como otros muchos que aparecen a diario y que irán surgiendo a toda velocidad en un futuro muy próximo por el rápido desarrollo técnico y científico no deben asustarnos siempre que se sepan regular y manejar hacia el bien común de toda la humanidad y no en función de los intereses particulares de unos pocos.

Además, no debemos olvidar que la variabilidad genética está ocasionada no sólo por el medio ambiente sino también y, sobre todo, por las propias experiencias a las que estamos sometidos durante toda nuestra vida, incluidos nuestros pensamientos y las vivencias emocionales que son, en definitiva, las que conforman nuestra personalidad. Porque son las experiencias vitales las que nos llevan luego a procesar la información cada día. A fin de cuentas, quizá el bagaje genético recibido de nuestros padres no sea ni tan constante ni tan determinante y las modificaciones que nuestra mente realiza sobre él a lo largo de la vida pueden ser más significativas de lo que incluso la ciencia piensa en este momento.

Luis Emilio Oliver Navas

Recuadro:


LAS INFECCIONES POR EL HONGO “ASPERGILLUS”, ¿RESULTADO DE LA MANIPULACIÓN GENÉTICA? 

Hace escasos días, durante la presentación de la edición en castellano de la revista inglesa The Ecologist, el responsable de Biodiversidad de la asociación Greenpeace,Ricardo Aguilar, explicó que tras cultivar el hongo aspergillus junto a mostaza, colza o manzanas transgénicas, éste “adquiría resistencia al antibiótico y se hacía mucho más peligroso“.   Según palabras del dirigente ecologista, “la mayoría de los cultivos transgénicos tienen introducidos genes de resistencia a los antibióticos que resultan peligrosos porque se ponen a disposición de los agentes patógenos, que acaban haciéndose resistentes a los antibióticos”.

El representante de Greenpeace añadió que las manipulaciones más típicas consisten en hacer a las plantas más resistentes a los productos tóxicos que los mismos laboratorios producen, refiriendo cómo la empresa Monsanto creaba plantas resistentes a su propio herbicida, el Roundup.

La importancia de estas declaraciones radica en que muchos hongos y bacterias que se encuentran habitualmente en el medio ambiente y que tienen baja agresividad para el ser humano podrían convertirse en breve plazo en agentes infecciosos agresivos y casi imposibles de controlar con los antibióticos de que actualmente disponemos.

Hasta ahora, al famoso aspergillus se le ha considerado culpable de una pequeña fracción del cerca del 10% de infecciones intrahospitalarias causadas por gérmenes resistentes al tratamiento por haber desarrollado  inmunidad a los antibióticos tras sucesivos pases por enfermos, en muchos casos con la inmunidad baja por infecciones VIH u otras enfermedades como cáncer o enfermedades crónicas.

El problema de las infecciones nosocomiales (como también se las llama) es cada vez mayor en los hospitales de todo el mundo y los gérmenes que más frecuentemente las producen son la Escherichia colli, los estafilococos y enterococos, la klebsiella, la serratia y, entre los hongos, la Candida albicans. El aspergillus está considerado como un hongo poco agresivo que solamente resulta peligroso para enfermos severamente inmunodeprimidos. Sin embargo, las recientes investigaciones de las que Greenpeace se hace eco hacen pensar que en un futuro próximo podemos encontrarnos ante nuevos problemas relacionados no sólo con este hongo sino con muchos otros agentes que hoy se consideran poco agresivos pero que pueden crear resistencias y hacerse agresivos y difícilmente controlables por los procesos de manipulación genética.

Andrés Rodríguez Alarcón

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