La depresión

¿Tiene un familiar, amigo o compañero de trabajo que sufra tristeza, angustia, inapetencia, soledad, desgana, insomnio, incomprensión, deseos de aislarse del mundo y de los que le rodean y un profundo vacío interior que no sabe como explicar? Si es así, sepa que esa persona padece depresión.

Las causas de la depresión pueden ser tanto de carácter endógeno como exógeno. Es decir, si la causa es endógena -originada en nuestro interior- estamos hablando de un problema motivado por desajustes bioquímicos del organismo por lo que el problema tendría que ser tratado inevitablemente con fármacos. En cualquier caso, los últimos estudios señalan que ese desajuste bioquímico -cuyas causas aún no se conocen bien- puede estar agravado o potenciado por la falta de determinadas vitaminas como todo el complejo B, la P y la K. Vitaminas que deben ingerirse en todo caso con otras complementarias, así como determinados minerales, a fin de que su absorción sea la adecuada. En cambio, si el origen es exógeno estamos hablando de una enfermedad originada a consecuencia de un problema externo a nuestro organismo que bien podría ser de origen familiar, laboral o sociopersonal.

PERFIL DEL DEPRIMIDO EXÓGENO 

¿Y cuál es el perfil de la persona que, no siendo su causa bioquímica, sufre depresión? Pues en líneas generales, y a tenor de los postulados de los psicólogos de vanguardia, quienes la padecen suelen ser personas que se sienten incómodas con el entorno al tiempo que carecen de proyectos claros de futuro. Son, por lo general, personas vulnerables que no cuentan con la necesaria carga de energía interior para hacerse preguntas como estas:¿Por qué no busco lo que me llena? ¿Por qué me angustio? ¿Por qué no soy feliz como la persona que tengo a mi lado? Y que, sobre todo, tienen una importante falta de autoestima que influye de forma decisiva para que se sientan débiles ante el mundo exterior, que llega a desbordarles y hace que se retraigan, con lo que se sienten frustrados al no avanzar en la consecución de sus objetivos. Algo que les hace sentirse inferiores a los demás, a los que sí ven cumplir sus propósitos, produciéndoles eso una enorme sensación de ansiedad. Como vemos, no es más que un cóctel de cosas que les conduce a la tristeza, la incomunicación y la soledad. Porque es en soledad donde desarrollan sus particulares debates internos que utilizan para acusarse de todo lo que no hacen.

TIPOS DE DEPRESIÓN EXÓGENA 

Si bien las personas que sufren depresiones tienen -como acabamos de ver- unas características similares, es necesario establecer distintas clasificaciones para llegar a comprender mejor la dolencia. Así, por ejemplo, los expertos hablan de cuatro tipologías de depresión. Son éstas:

– Depresión crónica. Se trata de aquella que afecta a personas con personalidad débil y falta de autoestima. Suelen ser individuos con pocos recursos para afrontar situaciones de enfrentamiento y de autoridad ante momentos difíciles. Afecta a mucha gente y puede comenzar a detectarse ya en la adolescencia.

– Depresión transitoria. Se caracteriza por ser una  situación temporal que está motivada por un agente que llega del medio exterior y envuelve completamente a quien la sufre. Aquí se encontrarían situaciones como la muerte de un ser querido, una enfermedad, el divorcio, el paro laboral, etc. Este tipo de depresión hace que la persona, en lugar de afrontar el problema, se compadezca de sí mismo y no encuentre los recursos necesarios para afrontar ese bache temporal. En este caso es muy importante saber analizar la situación y buscar el camino o puerta de salida porque si la persona no es capaz de reflexionar y observar lo que está viviendo con objetividad puede llegar a meterse en un pozo muy profundo y oscuro, perdiendo su autoestima por completo y llegando a sentir una sensación de resentimiento y falta de tolerancia hacia su entorno.

– Depresióncircunstancial o atemporal. Es la que afecta, por ejemplo, a los estudiantes que no obtienen los resultados académicos estimados. Como su nombre indica, al ser  circunstancial no suele provocar efectos posteriores para la persona que la sufre, pero sí afecta en cambio a quienes le rodean ya que se verán obligados a soportar los sentimientos de enfado y desprecio del deprimido que suele culpar de su problema a todo aquel o aquello que le recuerda el origen de su problema. Incluso llegan a sentir rechazo ante la autoridad y  el orden establecido así como una cierta desconfianza hacia los mayores y los compañeros de estudios que sí han obtenido buenos resultados académicos.

– Depresión post-parto. Obviamente, es característica de las mujeres que acaban de dar a luz. En unos casos se debe a que no han sabido afrontar con ilusión su gestación, en especial el primer y último trimestres; pero existen también otras causas, como es el caso del reajuste hormonal que el organismo sufre después de un embarazo.

EL AMOR, LA MEJOR TERAPIA  

Bien, ya que conocemos un poco más al deprimido y cuál podría ser el tipo de depresión que sufre, sepamos ahora cómo ayudarle. Si escuchamos a los psicólogos convencionales, lo mejor es poner al enfermo en manos de un especialista. En cambio, la Psicología de vanguardia considera que la mejor pócima para curar una depresión es el amor. Es decir, la persona -dicen- se ha de sentir rodeada de personas que la quieren y la aprecian. No olvidemos que el amor es una pieza fundamental en la vida del ser humano. De ahí que cuando alguien viva situaciones emocionales difíciles y le inunde la terrible sensación de la soledad, lo mejor que podemos hacer es que sienta el amor, sea el de un padre, una madre, un hermano, un amigo o cualquier persona cercana. No importa ya que la mente humana sabe captar la energía positiva aunque ésta no venga proyectada a través de palabras sino de gestos.

A fin de cuentas, todos los seres humanos -sin excepción- estamos necesitados de amor, de comprensión y de afecto. Todos precisamos de amor para afrontar los baches y obstáculos que encontramos a lo largo de la vida. Y la depresión es una de las manifestaciones más comunes de la mente ya que es a través de ella que el ser humano exterioriza sus sentimientos de decepción ante lo no conseguido, de desaliento ante la pérdida de un ser querido o de angustia a causa de la inseguridad que le produce enfrentarse a una situación de paro laboral. Por tanto, es fácil de entender el papel que juega el amor -como vehículo, por supuesto, que suministra confianza, comprensión, aliento y fuerza moral- ya que ayudará a ver al deprimido que la situación por la que atraviesa no es la normal y que la vida se ha de afrontar con ilusión, entusiasmo y decisión porque ese problema, por grave que sea, se supera siempre con el tiempo.

LA IMPORTANCIA DEL DIÁLOGO  

En cualquier caso, y ante todo, se ha de conseguir una cosa: que la persona que atraviesa el túnel de la depresión no permanezca sola. Deberá de sentirse acompañada. Pero no sólo eso, también deberá de comunicarse porque es esencial que lo haga. Ha de hablar, contar todo lo que quiera, sin exigencias de ningún tipo. No nos olvidemos de que vivimos en una sociedad que ha perdido algo tan importante como la costumbre de conversar. Y en el caso que nos ocupa, la comunicación es fundamental. Es imprescindible, pues, que el deprimido exteriorice la “pena” interior que le atormenta, algo que le costará mucho hacer porque no encontrará las palabras que puedan definir sus sensaciones. En este sentido, el psicólogo puede conseguir extraer esos sentimientos ya que le proporciona confianza y, además, es alguien ajeno a él y a su entorno. También puede conseguirlo acudiendo a terapia en grupos de ayuda. Pero, sobre todo, tendrá que conseguir valorarse, ver que él vale más que esa “pena” que continuamente le oprime el corazón y le resta fuerzas para vivir. Ha de superar esa tristeza constante y esas ganas de decir “Desaparezco y se acaba todo”. Porque el suicidio es un fantasma que viaja con el deprimido y puede cogerle de la mano si su pesadilla se vuelve tormentosa y no cuenta con la oportunidad de hablar y relatar toda esa amargura que le erosiona. Que a nadie extrañe, pues, que en culturas donde exteriorizar los sentimientos está mal visto -como sucede en Japón-, el índice de suicidios por depresión sea muy superior a Occidente. Pese a todo, alrededor del cuarenta por ciento de los suicidios diarios que hay en todo el mundo se deben a una depresión.

EL PAPEL DE LAS PERSONAS CERCANAS 

Pues bien, después de lo relatado es fácil de entender que muchas personas que conviven o se relacionan con alguien que sufre una depresión sientan deseos de escapar ya que es muy difícil saber estar al lado de estos enfermos. Y es que, además de darles amor, entregarse a ellos y no recriminarles jamás su actitud han de tener la necesaria templanza para saber estar en su sitio y poderles apoyar. En este sentido, los psicólogos de vanguardia consideran que para saber si una persona puede servir de ayuda a otra que vive una depresión se deberían de responder las siguientes preguntas: ¿Soy tolerante con las personas que sufren? ¿He intentado ponerme alguna vez en su pellejo? ¿Merece la pena estar al lado de alguien que está triste todo el día y no tiene ningunas ganas de vivir? Si la respuesta es afirmativa, se es un buen acompañante de la persona; pero si la respuesta es negativa, lo único que conseguirá es que quien padece la dolencia se sienta peor.

Sin embargo, más de uno nos preguntamos cuál sería el comportamiento adecuado de la persona que vive o se relaciona con el deprimido. Pues -como ya hemos señalado-, debe saber escuchar pero también no sentir la necesidad de hacer preguntas. Muchas veces una mirada y una sonrisa son el mejor apoyo. Es muy importante además saber estar a su lado sin que se sienta por ello vigilado. También es positivo hacerle regalos que le hagan sentirse mejor aunque sea por un corto periodo de tiempo; por ejemplo, una camisa, un jersey, un disco, etc. En cambio, no es buena idea proporcionarle un libro porque no lo leerá, ni recomendarle hacer un viaje ya que si lo hace todavía se hundirá más y se arrepentirá durante un tiempo de haberlo hecho. Además, debe procurarse hablar de su problema en tercera persona para que no se de por aludido. Ver con él una película puede ser una buena excusa para tratar el tema.

Como ya hemos señalado, el deprimido deberá expresarse, dejándole contar lo que quiera ya que es la única manera de que vaya entrando en su realidad. Su problema psicológico es algo que ha de entender, asumir y trabajar pues sólo así podrá superar el problema. Y es que hay algo que debe entenderse claramente: sólo el enfermo puede curarse. No olvidemos que el deprimido decidió coger un paraguas para guarecerse de una lluvia tormentosa olvidándose de que el cielo escampa y siempre termina saliendo el sol. Por eso para la Psicología de vanguardia tampoco es solución tomar antidepresivos ya que éstos no solucionan el problema, sólo lo suavizan; además, son perjudiciales a la larga porque destruyen conexiones neuronales.

LOS COSTES SOCIALES DE LA DEPRESIÓN 

En suma, la controversia -una vez más- está servida. Porque mientras la Psicología convencional y la Psiquiatría siguen defendiendo básicamente el uso de fármacos para salir de la depresión exógena, la Psicología de vanguardia apuesta por complementar el tratamiento con una terapia muy distinta: el amor, la comprensión y la comunicación. Algo que si es eficaz no sólo mejorará la calidad de vida del enfermo sino también la de sus familiares. Además, ahorraría al Estado muchos miles de millones de pesetas ya que la depresión -junto con el cáncer y las enfermedades del aparato circulatorio- es la dolencia que más bajas laborales provoca.

En suma, procede para finalizar que nos formulemos dos preguntas. La primera, si se está tratando adecuadamente a las personas que sufren depresión. Y la segunda, si los responsables del área sanitaria de la Administración conocen los últimos avances en este campo. Porque todo parece indicar que no. A pesar de que lo único que hace falta es buena disposición y ganas de informarse.

Carmen Quintana


JUBILACIÓN Y DEPRESIÓN 

¿Por qué hay tantos jubilados deprimidos? ¿Se lo ha preguntado alguna vez? A primera vista, no parece tener lógica. Pueden disfrutar de la vida ya que no tienen obligaciones laborales y si su pensión es más o menos digna -cosa que no siempre sucede- y no tienen hijos todavía a su cargo pueden disponer de todo el tiempo del mundo para divertirse. Sin embargo, un porcentaje muy elevado acude al médico porque no sabe qué le pasa. Y casi siempre termina siendo una depresión. ¿Qué sucede? Pues que a las personas nos educan para trabajar pero no para dejar de hacerlo y tener trescientos sesenta y cinco días libres al año.

Y esto no es todo. La cosa empeora en el momento en el que el jubilado comienza a depender de terceros cuando su salud le falla. Entonces, si sus hijos -y en el caso de que no los tenga, sus familiares más directos- no le pueden o quieren atender, termina en una residencia de ancianos. ¿Y qué pasa? Pues que la mayoría son auténticos hospitales-cárceles donde entran, se les cuida… y ya no salen más. ¿Cómo va resultar entonces raro que la mayoría de los ancianos que viven en residencias, por muy bien atendidos que estén, terminen deprimidos, tristes y con ganas de morir?

UNA SOLUCIÓN 

¿Cuál sería entonces la solución? Pues tal vez construir residencias más acordes con las necesidades físicas y emocionales de los ancianos. Un lugar donde estén atendidos en lo físico pero además se sientan bien en lo emocional. Algo así como guarderías para la tercera edad en las que sus inquilinos pudieran disfrutar, formarse y entretenerse, como hacen los niños. Porque entonces se sentirían útiles y no “material de desecho”. Un lugar donde cuenten con actividades lúdicas, donde los que se encuentren mejor puedan dedicarse a ayudar a los otros o a hacer compañía a quienes sufren en los hospitales. Incluso -los que estuviesen físicamente bien y mentalmente lúcidos-, a ayudar a niños y adolescentes con bajo rendimiento escolar. Sin contar con múltiples prestaciones sociales que podrían hacer de manera desinteresada.
De esta manera, no sólo seguirían sintiéndose útiles sino que la sociedad se beneficiaría de ello ya que ahorraría en sanidad y contaría con personas mucho más felices. En suma, dejaríamos en gran medida de condenar a nuestros jubilados a emprender el camino que les conduce a la depresión y, por tanto, dejarían también de ser potenciales consumidores de fármacos. Con lo que todos ganaríamos.

 C. Q.

Recuadro:


LAS AMAS DE CASA 

Trabajan todos los días del año y hacen siempre lo mismo. La monotonía las invade. Jornada tras jornada tienen que hacer las mismas cosas. Su esfuerzo es notorio y, sin embargo, los resultados son efímeros. Que a nadie le extrañe pues que quienes no están dispuestas a asumir que su vida es esa, antes o después desciendan una escalera que les llevará inexorablemente a entrar en un proceso depresivo.

La mayoría de las amas de casa, fundamentalmente aquellas que superan los cuarenta años, son conscientes de que su vida se circunscribe a su hogar. Son algo así como un objeto que se utiliza y con el que no se cuenta, muchas veces porque su labor la hacen en silencio, sin pedir ni exigir, entre otras cosas porque su trabajo no está remunerado; por tanto, no se valora.

Y son esas horas de soledad, de no comunicarse con nadie, de darle vueltas a sus problemas -que casi nunca exponen-, lo que hace que cada vez más se encierren en ellas mismas y comiencen a sufrir lentamente una falta de autoestima que derivará luego en una sensación de tristeza y vacío interior. Es el comienzo de la depresión.

Así, poco a poco, las primeras secuelas de la enfermedad se comenzarán a notar en su aspecto físico, luego en el mental y, finalmente, en el campo emocional. Es decir, se arreglarán cada vez menos, no querrán saber nada del mundo exterior y dejarán de estar cada vez más pendientes de su familia.

Y es precisamente aquí donde la familia juega un papel muy importante; el marido y los hijos han de estar más pendientes de lo que sucede en casa. Porque si a esa esposa y madre ha dejado de apetecerle hacer las cosas que antes hacía, si se comporta de manera diferente, si su rostro refleja una tristeza continuada, todo ello es prueba inequívoca de que algo sucede. Por tanto, los primeros que deben ser conscientes del problema son ellos ya que son, en definitiva, quienes van a sufrir el proceso si dejan que esa persona entre en una fase avanzada de la depresión.
Para lo cual, han de comenzar a valorar su trabajo, su esfuerzo y su dedicación diaria. Han de verla como a una persona que “trabaja” y se entrega y no como un “objeto” que siempre está dispuesta a dar. Han de comunicarse con ella y, sobre todo, han de escucharla. Así evitaran que sufra un deterioro emocional y que ese hogar se convierta en un sitio donde es difícil vivir. Y jamás, si alguna vez dice que se siente mal, contestarle algo tan habitual como “Si tuvieras algo importante que hacer te olvidarías de eso”.
¿“Importante”? ¿Le extraña que el ama de casa, a causa de su trabajo, forme parte de la población más propensa a sufrir un estado depresivo crónico? A nosotros, desde luego, no.

 C. Q.

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