La ELA y otras patologías neurológicas podrían estar causadas por hongos

ntermedia_184_03

Un equipo español de investigación del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa coordinado por Luis Carrasco ha encontrado proteínas, DNA y unos corpúsculos intracelulares de varias especies de hongos en el cerebro y el líquido cefalorraquídeo de personas con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) infiriendo de ello que esta grave patología y otras neurodegenerativas -como la esclerosis múltiple, el alzheimer y el parkinson- pueden deberse a una infección por hongos. Concretamente se han encontrado tres especies: Candida albicans, Cryptococcus spp. y Malasezzia spp. El trabajo se ha publicado en International Journal of Biological Sciences.

Tendría gracia que un ciego con dos técnicos y sin recursos económicos hubiera descubierto el origen de algunas de las peores enfermedades neurodegenerativas”. Con estas palabras se despedía de nosotros Luis Carrasco, investigador del madrileño Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO) -que se quedó ciego hace dos décadas- tras repasar para Discovery DSALUD los últimos trabajos de su grupo sobre el papel de los hongos en el origen o desarrollo de enfermedades tan dramáticas en lo personal y costosas en lo económico como el alzheimer, la esclerosis múltiple o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Obviamente no se deben echar las campanas al vuelo porque hay aún pasos que dar antes de poder afirmar que las citadas enfermedades neurodegenerativas -y quizás otras- pueden estar causadas por hongos pero el trabajo de investigación desarrollado durante la última década avala esa posibilidad.

Hablamos de alguien que hace 20 años, cuando tenía 45 y había llegado a ser el director más joven del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa así como director del Departamento de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid comenzó a quedarse ciego a causa de una retinopatía que años después se demostraría fue provocada por hongos. Tal fue la razón de su interés por ellos y de que haya efectuado ya en colaboración con el Departamento de Neuropatología y el Banco de Tejidos del Instituto de Salud Carlos III dos trabajos que podrían cambiar el rumbo de la investigación sobre las enfermedades neurodegenerativas.

De ellos el que más relevancia mediática ha tenido -quizás por abordar una enfermedad rápida y letal en su desarrollo- ha sido el publicado hace pocas semanas en International Journal of Biological Sciences con el título Evidence for fungal infection in cerebrospinal fluid and brain tissue from patients with amyotrophic lateral sclerosis, (Evidencia de infección fúngica en el líquido cerebroespinal y en el tejido cerebral de pacientes con esclerosis lateral amiotrófica) pero igualmente trascendente lo es el titulado Direct visualization of fungal infection in brains from patients with Alzheimer’s disease (Visualización directa de infección fúngica en cerebros de pacientes con la enfermedad de alzheimer) que se ha publicado también este mismo año en Journal of Alzheimer’s Disease.

En cuanto a la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) -patología que afecta a las neuronas motoras y en la mayoría de los casos provoca la muerte en un período de dos a cinco años tras el diagnóstico, pronóstico que rompió el conocido físico teórico Stephen Hawking que la padece desde hace décadas- el estudio ha constatado la existencia de material fúngico y corpúsculos intracelulares en las muestras de tejido cerebral de enfermos fallecidos detectados mediante anticuerpos que reaccionan específicamente contra proteínas fúngicas. Concretamente se han encontrado tres especies: la Candida albicans, el Cryptococcus spp. y la Malasezzia spp.. “En conjunto –se afirma en el trabajo- nuestras observaciones proporcionan pruebas concluyentes de la existencia de infección por hongos en los pacientes con ELA analizados lo que sugiere que la infección puede desempeñar un papel en la etiología de la enfermedad o constituir un factor de riesgo para estos pacientes”.

En cualquier caso, siendo importante tal posibilidad dadas las expectativas que abre sobre una enfermedad de origen desconocido y sin tratamiento eficaz, destaca sin duda más el dedicado al alzheimer ya que son bastante más las personas afectas de esta patología. Además el citado es ya el tercer artículo publicado en dos años por el grupo de Carrasco y en todos se ha confirmado la existencia de hongos en el tejido cerebral de los enfermos de alzheimer lo que parece descartar una contaminación accidental. Los dos anteriores se publicaron en 2014. El primero en Journal of Alzheimer’s Disease con el título Fungal infection in patients with Alzheimer’s disease (Infección fúngica en pacientes con la enfermedad de alzheimer) en el que tras destacar que se trataba de la primera vez que se detectaban hongos en muestras de cerebro de enfermos de alzheimer se postulaba ya la posibilidad de que éstos sean la causa o un factor que contribuya a su desarrollo. El segundo se publicó en European Journal of Clinical Microbiology & Infectious Diseases también en 2014 con el título Alzheimer’s disease and disseminated mycoses (Enfermedad de Alzheimer y micosis diseminadas) y da cuenta de que en la sangre periférica de varios enfermos de alzheimer se habían hallado altos niveles de polisacáridos fúngicos; algo que se desveló también por primera vez en la literatura científica.

Pero volvamos al trabajo recién publicado para explicar que lo que los investigadores han conseguido esta vez, usando anticuerpos policlonales y análisis inmunohistoquimicos, es visualizar componentes fúngicos en el interior de las neuronas de pacientes que sufrieron alzheimer… descartando esta vez otras posibles razones de su presencia. De ahí que no duden en afirmar que “la posibilidad más probable es la de que los enfermos de alzheimer se infectan por hongos y que son éstos los que causan esta enfermedad crónica y progresiva”.

Una convicción que no se apoya solo en los trabajos ya mencionados porque lo cierto es que el equipo que dirige Luis Carrasco había estudiado ya antes la posible relación de los hongos con otra enfermedad neurodegenerativa: la esclerosis múltiple; de hecho entre los enfermos de esta patología encontraron evidencias de infección fúngica tanto en su tejido cerebral como en el líquido cefalorraquídeo.

Y ante todo esto, ¿cómo es posible que tan pocos investigadores hayan estudiado una posible patogenia fúngica en las enfermedades neurodegenerativas? Porque existen más de 100.000 especies de hongos que dan lugar a cerca de 600 enfermedades infecciosas aunque el 99% las causen solo una treintena de especies. Lo que, entre otras, incluye las llamadas infecciones invasivas -a menudo fatales como la meningitis criptocócica-, las infecciones pulmonares crónicas -como la aspergilosis pulmonar-, las enfermedades fúngicas alérgicas -como la aspergilosis broncopulmonar alérgica y el asma grave con sensibilización a los hongos-, las infecciones de las mucosas -como la candidiasis oral y esofágica y la cándida vaginal- y las infecciones de piel, cabellos y uñas -como el pie de atleta, la tiña y la onicomicosis-. Infecciones causadas en la mayoría de los casos por los géneros Trichophyton, Candida, Aspergillus, Cryptococcus, Microsporum, Malassezia, Histoplasma, Coccidioides, Pneumocystis, Alternaria, Cladosporium, Malassezia y Penicillium.

Pues bien, de todo ello aceptó hablar con nosotros el doctor Luis Carrasco.

DE LA CEGUERA AL ALZHEIMER

-Tenemos entendido que empezó usted a interesarse por la relación entre las enfermedades neurológicas y los hongos a raíz de una desafortunada infección que le llevó a la ceguera…

-Sí. Hace ya 20 años, cuando tenía 45, empecé a perder la vista sin que nadie supiera decirme la causa. Visité a muchísimos médicos y oftalmólogos sin éxito así que terminé haciendo un dossier sobe mi caso y un video que envié a varios expertos internacionales. Y uno de ellos, el británico Alan Bird, uno de los principales expertos mundiales en retina, me diagnóstico acertadamente una retinopatía de origen desconocido. Esto ocurrió en 1996. Conocido el diagnóstico comencé a indagar sobre la posible causa y en 1999 llegué a la conclusión de que la pérdida progresiva de visión que me llevó a la ceguera fue una infección fúngica. A partir de ese momento seguí un tratamiento antifúngico y mi deteriorada salud comenzó poco a poco a mejorar porque los hongos no solo afectaron a mi visión sino a mi estado general. Y así hasta hoy en que aún no he conseguido erradicar el hongo de la retina pero sí de muchas partes de mi organismo.

A raíz de mi propia experiencia y siendo ya consciente de que los hongos pasan bastante inadvertidos para los médicos, mucho más de lo que podía imaginar antes de mi ceguera, pensé que podría haber otras enfermedades de origen desconocido en humanos -decenas de ellas incluidas las enfermedades raras, las autoinmunes y otras- que podrían estar también producidas por hongos. Así que a principios del 2000 me planteé estudiar una patología autoinmune como la enfermedad de Crohn pero finalmente opté por las enfermedades neurodegenerativas pensando que si encontraba hongos en el cerebro no se achacaría tan fácilmente a una posible contaminación. Y así fue como mientras estudiaba nuevos métodos de detección de hongos empecé con mi equipo a estudiar la posible relación de los mismos con la esclerosis múltiple.

¿Y cuáles fueron sus primeros hallazgos?

-Empezamos encontrando rastros de hongos en la esclerosis múltiple y luego nos pasamos a la enfermedad de alzheimer para lo que contamos con la colaboración del banco de tejidos de la Fundación CIEN -adscrita al Instituto de Salud Carlos III- y del doctor Alberto Rábano, anatomopatólogo responsable del banco de cerebros. Ellos nos proporcionaron muestras de tejido cerebral, líquido cefalorraquídeo y sangre de personas fallecidas con alzheimer en las que pronto detectamos proteínas fúngicas con ensayos de proteómica y ADN de hongos mediante la técnica PCR. Además -y es a mi juicio lo más impactante de lo que acabamos de publicar- elementos fúngicos en varias secciones del cerebro. En las imágenes que hemos aportado se ven cómo una serie de partículas reaccionan con los anticuerpos introducidos. Se ven células levaduriformes e hifas de hongo. Es pues evidente que en esas muestras cerebrales ha habido hongos, algunos dentro de las células y otros fuera. Y como quiera que los cerebros se introducen en formaldehido nada más extraerse no es probable que se trate de una contaminación. Es más, hay hongos en el interior de las células analizadas y para que hayan podido entrar éstas tenían que estar vivas.

Además el doctor Rábano, una vez superadas las aprobaciones de los comités éticos correspondientes, nos ha estado proporcionando desde 2013 muestras de cerebro y líquido cefalorraquídeo de personas fallecidas por ELA. Y en ellas hemos visto lo mismo que en los tejidos cerebrales y liquido cefalorraquídeo de los enfermos de alzheimer. Confirmando la presencia de proteínas y ADN de hongos. De varias especies según demostró la secuenciación de sus ADN. Lo hemos documentado con fotografías.

-Unos resultados entonces difícilmente rebatibles. ¿Cómo aprovechar ahora sus descubrimientos?

-Bueno, nosotros somos investigadores. Yo soy catedrático de Microbiología, no médico, y por tanto no trato a pacientes. Así que lo que mi equipo y yo podemos hacer es seguir investigando. Los estudios clínicos son ya responsabilidad de los médicos. Nosotros proporcionamos la información que los justifican; el resto depende ya de otras personas y organismos.

-Pero lo que ustedes han descubierto implica que algunas de las patologías neurodegenerativas -si no todas- además de las autoinmunes y otras pueden causarlas hongos. Es pues necesario ir más allá…

-Cierto. Nosotros hemos descubierto que tanto en los cerebros como en el líquido cefalorraquídeo de enfermos fallecidos por alzheimer y ELA hay hongos; tanto dentro como fuera de las neuronas. Y que por tanto éstos podrían ser la causa de ambas enfermedades o agravarlas. A nuestro juicio el siguiente paso debería ser, una vez publicados nuestros resultados, que otros laboratorios los repitan, que se hagan estudios similares en otros países. Y que los apoyen las instituciones relacionadas con las patologías neurodegenerativas. Lo que no me parecería bien y sin embargo es habitual es que esto se debata a nivel elucubrativo en lugar de intentar apoyar o rebatir nuestros resultados mediante experimentos científicos.

Y si nuestros resultados se confirman como esperamos, algo que no requiere mucho tiempo, aprobar de inmediato ensayos pilotos con unos pocos pacientes para comprobar si con los actuales antifúngicos es posible cambiar la evolución de esas enfermedades. Si fuera cierto que son hongos no habría que esperar diez años; los antifúngicos ya existen, están aprobados por Sanidad y son seguros, eficaces y poco o nada tóxicos.

-¿Alguien había contemplado antes de ustedes la posibilidad de que los hongos pudieran ser la causa del alzheimer, la esclerosis múltiple o el ELA?

-Nadie. Y en los trabajos publicados lo explicitamos claramente. Ha habido quienes postularon como posibles causas infecciones víricas; en el caso del alzheimer por herpes y en el de la esclerosis múltiple por virus como el Epstein Barr. Y otros que las causantes podían ser bacterias. Pero que sepamos nadie había pensado hasta ahora en los hongos.

-Hay quienes plantean que la presencia de virus y bacterias en el cerebro enfermo de personas con patologías neurodegenerativas no implica necesariamente que sean la causa de las mismas. Y es de suponer que lo mismo dirán respecto de la presencia de hongos.

-Desde un punto de vista científico si uno ve que hay hongos en el cerebro de un enfermo de alzheimer lo lógico es pensar que éste puede ser causa… o consecuencia. Este último caso sería plausible si el enfermo tiene alterado su sistema inmune o es más susceptible, por cualquier otra razón, a una infección fúngica. Es decir, la causa seguiría sin conocerse y la infección sería una consecuencia de su mal estado. Pero esa posibilidad no descarta que los hongos puedan efectivamente ser la causa. Y la única manera de comprobarlo es efectuar ensayos pilotos con antifúngicos.

Mire, precisamente en el trabajo que acabamos de publicar damos cuenta de los casos de dos personas diagnosticadas de alzheimer en Estados Unidos que se recuperaron tras un tratamiento antifúngico. Casos publicados. Una de ellas un granjero con alzheimer avanzado al que como consecuencia de un problema de salud le hicieron una punción lumbar detectando una infección por hongos por lo que le dieron antifúngicos… ¡y la sintomatología revirtió! hasta el punto de que pudo volver a cazar. Los casos están descritos en publicaciones científicas pero en ambas ocasiones los médicos pensaron que se trataba de diagnósticos erróneos y que lo que debían sufrir en realidad ambas personas era una Meningitis cryptococcal. Pero, ¿y si en realidad tenían alzheimer y el tratamiento antifúngico les curó?

LA MUCOSA INTESTINAL, NUESTRA PRIMERA BARRERA

-¿Existen similitudes entre el alzheimer y la ELA?

-Sí, la mayoría de los investigadores han constatado que existen similitudes entre ambas. Los ovillos de la proteína tau por ejemplo se ven tanto en unos enfermos como en otros Y lo que para mí es más significativo: hay una enzima llamada quitinasa presente en el líquido cefalorraquídeo cuyo nivel es alto tanto en los pacientes de alzheimer como en los de ELA. Enzima que se produce por un sustrato, la quitina, carbohidrato que forma parte ¡de las paredes celulares de los hongos! Lo curioso es que esto lo han publicado dos grupos de investigación y ninguno contempló la posibilidad de una posible infección fúngica.

En fin, creo que el hecho de que estas enfermedades pueden ser producto de una infección por hongos está suficientemente argumentado en nuestros trabajos. Son enfermedades crónicas y progresivas, algunas de ellas progresando lentamente durante años. Y eso es lo que ocurre con las infecciones de hongos; no son infecciones agudas como las de los virus y bacterias sino que tienen un desarrollo lento.

-¿Y las constatadas diferencias entre la severidad y rapidez de evolución entre enfermos de una misma patología cómo se explicaría?

-Lo explicaría el hecho de que hay numerosas especies de hongos y que la infección puede ser mixta, estar un paciente infectado por varios hongos a la vez. Además en las infecciones fúngicas los enfermos sufren “brotes”… lo mismo que ocurre en el caso de la esclerosis múltiple. En cuanto al alzheimer la patología vascular observada en algunos pacientes podría deberse a la infección fúngica directa de los vasos sanguíneos.

Es más, tanto los enfermos de alzheimer como los de esclerosis múltiple y ELA tienen alterado su sistema inmune y sufren neuroinflamación y eso lo explicaría una infección fúngica. Todo coincide.

-Pues llama mucho la atención que hasta ahora nadie se hubiera planteado que los hongos podrían ser la causa de esas tres patologías y quizás de otras….

-Bueno, reconozco que yo tampoco habría pensado en los hongos si no hubiera sido por mi enfermedad. Fue cuando supe que eran la causa de mi ceguera cuando me planteé que quizás otras enfermedades las causen también hongos. De hecho las infecciones fúngicas pasan a menudo desapercibidas por dos motivos: porque al ser infecciones que se expanden de forma muy lenta y no producen una inflamación aparatosa es difícil darse cuenta de ellas y en otros casos porque la infección es intracelular y si no se tienen los anticuerpos adecuados es imposible detectarlos. Afortunadamente nosotros hemos desarrollado anticuerpos que mediante inmunofluorescencia nos permiten saber si hay infección fúngica.

-¿Y cómo puede saber hoy alguien si está infectado por hongos?

-Para ello pueden estudiarse tres tipos de macromoléculas fúngicas: polisacáridos, proteínas y ADN. Lo mejor y más rápido es ver si en la sangre hay macromoléculas fúngicas -los hongos enteros suelen durar poco en ella- para lo cual sólo hay un sistema aprobado en este momento por la FDA: la técnica Fungitell. Detecta en sangre el beta-D-glucano, un polisacárido componente de la pared fúngica de muchas especies de hongos. Por eso se incluyó como criterio diagnóstico por el Mycosis Study Group de la European Organization for Research and Treatment of Cancer. En Europa y América es la técnica más utilizada. Se trata de un análisis que da una pista importante porque si uno tiene polisacáridos fúngicos en la sangre circulante es que está infectado.

La segunda opción la hemos desarrollado nosotros y permite detectar en sangre proteínas de hongos específicos mediante anticuerpos. El inconveniente es que no cuenta aún con la aprobación oficial para su uso comercial.

Y la tercera es detectar si hay ADN fúngico y mediante la reacción en cadena de la polimerasa -lo que se conoce como técnica PCR (por sus siglas en inglés)- ampliarlo y después secuenciarlo para saber la especie o especies presentes en las muestras tisulares.

-Lo extraño es que los hongos puedan llegar hasta el cerebro…

-Ni en el cerebro, ni en el hígado, ni en las venas, ni en la sangre debe haber hongos; deberían quedarse en el lumen del intestino. Y de hecho para poder llegar al cerebro tienen primero que atravesar la barrera intestinal y después la hematoencefálica. Lo que pasa es que ninguna de las dos es impermeable por completo. Se sabe desde hace tiempo que al igual que otros microorganismos hay especies de hongos -como alguna candida, el Cryptococcus, el Aspergirus y otros- capaces de llegar hasta el cerebro. Y lo malo es que salvo que se produzca una infección muy grave acompañada de una fuerte inflamación los médicos ni se plantean su existencia. Mire, en realidad casi todos los microorganismos son capaces de atravesar esas barreras en determinadas circunstancias, especialmente la intestinal. Incluso protozoos como el toxoplasma gondi causante de la Encefalitis por toxoplama. Hay trabajos publicados en los que se describe cómo atraviesan la mucosa intestinal, colonizan una pequeña zona y de ella pasan a un vaso que les permite extenderse al resto del cuerpo a través de la sangre. Los hongos necesitan relativamente poco para crecer y lo hacen en condiciones aerobias y anaerobias. Puede en suma decirse que quien tiene hongos en el cerebro es que antes los ha tenido en el intestino y después en hígado, riñón, bazo… Los hongos pueden infectar todos los sistemas.

-¿Y los hongos que ustedes han identificado son muy comunes?

-Sí. Unos son del género Cándida, otros Cryptococcus y otros Penicillium; todos ellos hongos corrientes capaces de penetrar por vía intestinal. En mi caso concreto el hongo que me provocó la retinopatía es la candida famata que está en el queso, el pescado y la leche. Y hay muchos otros hongos que comemos habitualmente. Y que son resistentes lo demuestra que yo mismo llevo 16 años de tratamiento con antifúngicos y a pesar de ello si bien la infección ha disminuido mucho y está controlada no he conseguido eliminarla del todo.

Luego está la gran variedad de síntomas que pueden provocar. La candida famata que a mí me dañó la retina le provocó a una chica de 25 años un agujero en un pie que le devoraba el hueso; el caso lo publicó la Fundación Rockefeller. Y es que una misma especie puede producir una amplia gama de enfermedades en función del huésped.

-¿Y los tratamientos antifúngicos existentes son específicos de un determinado hongo o son genéricos?

-En la actualidad hay en las farmacias dos o tres antifúngicos pero son genéricos, no específicos. Lo que pasa es que hay mucha diferencia entre los antifúngicos de la farmacia y los de uso hospitalario; éstos son muy potentes y buenos pero muy caros. Por eso no se venden libremente.

SORPRENDENTE INDIFERENCIA DE LA COMUNIDAD CIENTÍFICA

-En 2010 ustedes ya anticiparon que la esclerosis múltiple puede estar relacionada con los hongos, en 2014 relacionaron éstos con el alzheimer y este año lo han hecho con la esclerosis lateral amiotrófica o ELA. ¿Tiene usted constancia de si alguien ha repetido sus investigaciones? Por otra parte, ¿sabe si se ha ocupado alguna de las asociaciones que agrupan a estos enfermos -y se supone les representan- de promover ensayos piloto?

-No, que sepamos. Ni siquiera se ha intentado replicar nuestro trabajo sobre la esclerosis múltiple a pesar de que ya tenemos varios estudios y han pasado 5 años. En todo caso si alguien decidiera replicarlo en Estados Unidos tiene que seguir una serie de pasos administrativos que llevan no menos de tres años…

-¿Y cómo se ha reaccionado en nuestro país a sus trabajos?

-En general con bastante apatía… pero lo entiendo. Porque para quien por ejemplo lleva investigando el alzheimer 20 años y cree realmente que la causa está en las proteínas tau y betaamiloide asumir lo que planteamos le cuesta mucho. Es difícil salirse del dogma imperante. Y mucho más aceptar que uno puede llevar 20 años perdiendo el tiempo y el dinero…

-Sin embargo tratándose de enfermedades degenerativas con un coste personal dramático y un coste económico brutal lo mínimo que cabe esperar si alguien abre un campo nuevo en medio de tanto fracaso es que se le escuche.

-Si alguien propone algo nuevo que es correcto antes o después se asume. El filósofo Thomas Kuhn, citando a Charles Darwin, decía en su obra La estructura de las revoluciones científicas lo siguiente: “No espero que mis teorías, tan controvertidas, acaben siendo aceptadas por los científicos viejos; tendrán que venir científicos nuevos que las acepten”. Nosotros no dudamos pues de que si nuestra propuesta es correcta se abrirá paso en la comunidad científica.

-Pues más que prudencia lo que parece observarse ante su trabajo es indiferencia. ¿No le frustra?

-No. Yo llevo años enfermo, me he quedado ciego y sé bien lo que cuesta cambiar la mentalidad de un médico. Y eso que tras tantos años de estudio e investigación hemos podido encontrar claras evidencias de la asociación entre los hongos y las enfermedades neurodegenerativas. Evidencias publicadas en revistas científicas con trabajos que pueden replicarse. Algunos alegan que el número de pacientes investigados es pequeño pero eso no puede ni achacársenos a nosotros ni usarse como argumento para no valorar lo descubierto. Para eso hace falta simplemente más dinero. Como el que hasta ahora han aportado la Fundación ONCE y en su día Pharmamar.

-¿Y sería un proceso costoso?

-En absoluto. Mire, yo he dedicado la mayor parte de mi tiempo y recursos a estudiar la biología molecular de los virus. Si usted introduce mi nombre en Pubmed verá que la casi totalidad de los trabajos que he publicado -más de 200- son sobre virus. Por eso de momento el proyecto que tengo financiado por el ministerio es sobre virus; comenzó en los años 70 y se ha ido renovando. La investigación sobre los hongos la emprendí de forma colateral tras saber que mi ceguera la provocó un hongo como ya he explicado. Hasta entonces tampoco me preocupé de ellos. Pero los trabajos que hemos efectuado estos últimos años me han hecho entender que debemos ampliar rápidamente las investigaciones sobre sus posibles patogenias.

-¿Pero ha pedido financiación pública para investigar sobre los hongos?

-No puedo porque yo ya dirijo un proyecto público de investigación y no puedo legalmente solicitar otro. Lo que la ley sí me permite es emprender proyectos privados. Así que si alguna empresa u organización privada se decide a ayudarme podríamos avanzar en la investigación. Lo que sinceramente confío suceda pronto porque queda poco para jubilarme

-¿Ninguna compañía farmacéutica le ha ofrecido siquiera trabajar en esto para con ella?

-No. Y eso que las que han desarrollado compuestos antifúngicos deberían estar interesadas. De hecho me sorprende su falta de interés.

TOMAR LAS RIENDAS

-En todo caso cualquier médico que lea esta entrevista o sus trabajos podría plantearse cuando le llegue un enfermo con una patología neurodegenerativa pedir un análisis Fungitell y si da positivo proponerle un tratamiento antifúngico. Eso generaría una casuística clínica que podría valorarse…

-Cierto. Creo que esta opción debería tomarse en consideración.

-Su último estudio ha sido sobre la ELA y teniendo en cuenta que sobre esta patología se desconoce su etiología y no hay tratamiento eficaz para detenerla parece obvio que debiera aprovecharse lo descubierto por ustedes. Ya que son pocos, ¿por qué no se constata si estos enfermos están infectados por hongos y se les dan antifúngicos inmediatamente? Porque no tienen nada que perder…

-Sería una posible medida a tomar porque en estos momentos no hay nada que inhiba su desarrollo o cure la enfermedad. Y al haber antifúngicos ya aprobados por Sanidad no habría que hacer ensayos antes. Bastaría que alguien a nivel político tomara la decisión.

-Antes me dijo que ustedes han propuesto una interesante técnica de detección de hongos aún no homologada. ¿Cuándo podría comercializarse?

-En cuanto se desarrolle un kit de diagnóstico. Podríamos desarrollarlo a partir de anticuerpos monoclonales -que son los que sirven para las patentes- y después transferir el know-how a una empresa para que se encargue de su producción y comercialización. La técnica la inscribimos en la Oficina de Transferencias de Resultados de Investigación (OTRI) de la universidad y a partir de ella se puede desarrollar el kit de diagnóstico. Pero de nuevo se trata de un proceso que tampoco está en nuestras manos.

-Una última pregunta: ¿de verdad no le parece descorazonador que ni las autoridades sanitarias, ni las asociaciones científicas, ni las médicas, ni las organizaciones de enfermos, ni las de consumidores, ni las empresas farmacéuticas se hayan mostrado más interesadas en lo descubierto por ustedes dada la trascendencia que el descubrimiento puede tener?

-Si le soy sincero me ha sorprendido tanta apatía. Especialmente a nivel institucional. Al final nuestro trabajo se terminará reproduciendo por otros investigadores en otros países en los que sí aparecerán entidades dispuestas a desarrollar kits de diagnóstico y antifúngicos específicos que luego nosotros tendremos que comprar en lugar de vender. En fin, tendría gracia que un ciego con dos técnicos y sin recursos económicos hubiera descubierto el origen de algunas de las peores enfermedades neurodegenerativas. ¿No sería de locos?

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
184
184
Julio-agosto 2015
Ver número