La hidroterapia de colon

Un intestino sucio puede ser causa de flatulencia, estreñimiento, mal olor bucal y corporal, dolores de cabeza, espalda y articulaciones, cansancio crónico, falta de vitalidad y de concentración, agresividad, afecciones dermatológicas, alergias, problemas de vejiga, cólicos biliares, insomnio, depresión… Puede incluso llevar a un ensuciamiento celular sistémico que termine dando lugar a patologías graves en casi todos los sistemas -digestivo, circulatorio, linfático, endocrino, nervioso, excretor, muscular, óseo, respiratorio, reproductor e inmunitario- y, por tanto, afectar negativamente al funcionamiento de numerosos órganos, especialmente al estómago, el intestino, el hígado, el páncreas, el bazo, los riñones y los pulmones. A menudo sin que el enfermo o el médico se den cuenta de que ésa es la causa de los síntomas. Lo analizamos.

La hidroterapia de colon –también llamada colonterapia- consiste en introducir por el ano una cánula desechable en cuyo interior hay dos tubos -uno para entrada y otro para salida- de 15 centímetros de longitud (12 en el caso de niños) mientras el paciente permanece tumbado en una camilla; cánula por la que se introduce agua filtrada potable a temperatura y presión controladas a fin remover los excrementos bloqueados y residuos tóxicos que pueda haber incrustados en la pared del colon. Entrada de agua limpia y salida de agua fecal que se repite ininterrumpidamente durante unos minutos en un proceso sin dolor alguno. En pocas palabras, se trata de un método más eficaz que el que se logra con un simple enema de agua.

¿Y se justifica? Sin duda alguna; salvo en el caso de los niños -es raro que tengan el colon sucio-, las embarazadas entre el tercer y noveno mes de gestación, las personas de edad muy avanzada -cuyos tejidos pueden estar muy deteriorados-, las personas con marcapasos y si se sufre hipertensión arterial -en estos casos más por exceso de precaución que por otra cosa-. Está asimismo desaconsejada si se padecen fisuras o fístulas anales, hemorroides protuberantes y, paradójicamente, si se padece alguna enfermedad intestinal seria -como la diverticulitis, la enfermedad inflamatoria intestinal avanzada, la enfermedad de Chron, la rectocolitis hemorrágica, el colon espástico, etc.- y, sobre todo, cáncer de colon.

Hoy día vivimos en una sociedad fundamentalmente sedentaria que se alimenta con mucha más comida de la que el organismo necesita y a menudo incorpora bebidas de difícil digestión -ricas en fructosa, gas y/o alcohol- y carbohidratos refinados que dificultan el tránsito intestinal llevando al ensuciamiento celular y, como consecuencia, a la acidificación del organismo y a la manifestación de numerosas dolencias que pueden llegar a cronificarse. De ahí que cada vez más médicos -especialmente los que prefieren los métodos naturales a los farmacológicos- sugieran hoy a sus pacientes -y ellos mismos lo hagan- someterse a un par de hidroterapias de colon al año. Son los casos -entre otros muchos- del Dr. Santiago de la Rosa -presidente de la Comisión de Médicos Naturistas del Colegio Oficial de Médicos de Madrid-, del Dr. Alberto Martí Bosch -especializado en el tratamiento del cáncer con métodos naturales- o de Julio Alonso -Director del madrileño Centro de Terapias Naturales ITAKA-, los tres miembros del Consejo Asesor de Discovery DSALUD desde su creación

La prescribo muy a menudo –nos diría el doctor De la Rosa-. A toda persona con un problema crónico o degenerativo. Ayuda a eliminar las toxinas, las fermentaciones y las mucosidades que suelen depositarse en las paredes del intestino, sobre todo en la zona ascendente. Piénsese que reflexológicamente esa zona tiene influencia directa en el funcionamiento del metabolismo en general y del sistema inmune. De hecho yo recomendaría a todo el mundo que se sometiera a una hidroterapia de colon al menos una vez al año. Y le aseguro que tanto mi mujer -también médico y experta en Nutrición- como yo mismo predicamos con el ejemplo”.

Ya los médicos del antiguo Egipto afirmaban que la putrefacción intestinal era causa de mala circulación general, infecciones, fiebre y aparición de pus. “Tener un intestino sucio de manera habitual –nos diría por su parte Julio Alonso- lleva al organismo a intoxicarse y acidificarse inevitablemente. Una hidroterapia de colon bien hecha no solo elimina las toxinas circulantes sino las que el organismo decide ‘encapsular’ ante la imposibilidad de deshacerse de ellas. De ahí que poco a poco puedan llegar a desaparecer si además de una desintoxicación completa a fondo se sigue la dieta adecuada y algo de ejercicio hasta quistes y tumores benignos; es decir, papilomas, adenomas, lipoma, miomas, angiomas, nevus, teratomas…”

“El organismo -añadiría por su parte- el Dr. Martí Bosch- recupera el agua que usa en la digestión. De hecho la función más importante del intestino es la absorción de agua, electrolitos y nutrientes. Y por tanto si las paredes del intestino están llenas de materia fecal que se ha incrustado en ellas el agua que el organismo recupera la atraviesa necesariamente. Con lo que en lugar de recuperar agua limpia recupera una auténtica infusión de agua fecal que termina pasando a la sangre. Y eso implica que alguien con el colon en esas condiciones está enviando aproximadamente 20 litros de agua fecal al día -a través de la pared intestinal y la sangre- ¡al hígado! Se entiende así el porqué de tantas colitis rebeldes a cualquier tratamiento, tantas hemorroides, tantas cirrosis y hepatitis que no responden a nada y tantos cánceres de colon e hígado. Y es que, ¿cómo va a poder el hígado limpiarnos de toxinas si le enviamos a diario 20 litros de aguas fecales? ¡Es imposible! Para afrontar una enfermedad crónica o degenerativa la hidroterapia de colon es absolutamente imprescindible. Sobre todo en casos de patologías graves, cáncer incluido”. Rotundas palabras que comparte Juan Carlos Albendea, colaborador del Dr. Martí Bosch, experto y profesor del Par Biomagnético y actual director del Centro de Terapias Naturales Renacimiento en el que se hacen tratamientos de hidroterapia de colon con quien hemos hablado sobre ello y cuya entrevista damos a conocer más adelante.

AUTOINTOXICACIÓN

En pocas palabras: un colon sucio puede ser causa -o impedir la curación- de numerosas patologías.

Porque los desechos y subproductos tóxicos que se acumulan con el tiempo y terminan pudriéndose se convierten además en caldo de cultivo para gran cantidad de bacterias patógenas. Desechos que se adhieren a sus paredes cuando las heces son espesas y pegajosas. Y pocas dudas caben de su capacidad de adherencia porque todos hemos lo hemos comprobado cuando para hacerlas desaparecer del inodoro nos vemos obligados a usar la clásica escobilla de váter al quedar restos adheridos a la taza y no ser suficiente con el agua. Y eso mismo ocurre a veces en nuestro colon quedando adheridas las heces a la mucosa. Recordemos que el intestino grueso se encarga de recuperar el agua que aún queda del proceso digestivo porque el organismo no puede permitirse el lujo de perder más líquido del necesario si no quiere verse en peligro; y de ahí la importancia de controlar las diarreas desde su inicio.

Pues bien, el agua del intestino grueso se recupera atravesando la mucosa. Y no hay que ser médico para entender que si ésta se halla recubierta de heces en estado de putrefacción lo que llega de vuelta es ¡una auténtica infusión de agua fecal! Entiéndase que el agua que se reabsorbe en el colon descendente y el sigmoide va a parar a la vena mesentérica inferior y la del colon ascendente a la vena mesentérica superior y que ambas venas desembocan en la vena porta hepática que conduce ¡al hígado! Es decir, es en el hígado donde desemboca toda la porquería tóxica que el agua ha trasladado desde la mucosa intestinal. Y si bien es cierto que el hígado es un órgano de desintoxicación es fácil de entender que un exceso de tóxicos puede acabar colapsándolo o provocando que algunas de sus funciones queden afectadas.

En este proceso de autoenvenenamiento crónico los primeros síntomas indicativos de que nuestro intestino no funciona correctamente y por tanto convendría hacerse una lavativa o, mejor aún, una hidroterapia de colon, son los de flatulencia habitual, sensación de pesadez, irregularidad en las deposiciones, estreñimiento -a veces seguido de diarrea-, heces blandas o bien muy duras y pequeñas, dolor abdominal o ganas de defecar sin poder hacerlo. Y, desde luego, si se sangra al defecar hay ya que reaccionar inmediatamente porque puede ser señal de una patología grave. Obviamente si la autointoxicación es continua en el tiempo la situación empeorará progresivamente.

Es más, es terreno propicio para la proliferación de bacterias patógenas -como las cándidas y otras muchas- que pueden terminar llevando a un deterioro funcional de muy diversos órganos afectando negativamente al sistema inmune. De hecho puede acabar contribuyendo a la aparición de múltiples patologías: fatiga crónica, debilidad corporal, nerviosismo, depresión, cambios de humor, trastornos de la piel, úlceras y otros trastornos gastrointestinales, dolores de cabeza, articulaciones artríticas, inflamación de las manos y los pies, alergias crónicas, problemas bronquiales, irregularidades cardiovasculares (arritmias, presión arterial alta, etc.), cambios patológicos en los senos, senilidad prematura, epilepsia y muchos otros problemas graves y debilitantes. Y es que el hígado, el órgano que podemos saturar con el agua fecal, es además el encargado de sintetizar muchas proteínas plasmáticas que forman parte del denominado sistema de complemento de la respuesta inmunitaria defensiva ante un agente hostil. Por tanto, lo que ocurre en el hígado tiene una incidencia directa en nuestro sistema inmunitario y, por extensión, en el resto del organismo.

PERMEABILIDAD INTESTINAL

No es pues de extrañar que quienes más promocionan hoy la hidroterapia de colon sean los inmunólogos. Y es que está contrastado que las toxinas y bacterias pueden atravesar la pared intestinal y expandirse por todo el organismo. Veamos algunas de esas investigaciones.

G. M. Swank y E. A. Deitch publicaron en 1996 en World Journal of Surgery un trabajo titulado Role of the gut in multiple organ failure: bacterial translocation and permeability changes (Papel del intestino en el fallo orgánico múltiple: transmigración bacteriana y cambios en su permeabilidad) en el que afirman: “Es evidente que el aumento de la permeabilidad intestinal y la transmigración bacteriana juegan un papel en la insuficiencia orgánica múltiple. El fallo de la barrera intestinal sigue siendo fundamental para la hipótesis de que las toxinas que escapan desde el lumen intestinal contribuyen a la activación de mecanismos inflamatorios de la defensa inmune del huésped y, posteriormente, conducen a la autointoxicación y destrucción del tejido como se ve en la característica respuesta séptica de insuficiencia orgánica múltiple. Sin embargo, el papel del intestino es más que el de un tamiz, que simplemente permite el paso de bacterias y endotoxinas desde el lumen intestinal a la circulación portal o sistémica. Parece además que la transmigración de bacterias y endotoxinas puede conducir a la activación del sistema inmune inflamatorio y a la producción de citoquinas y otros mediadores inflamatorios inmunes. Mediadores que pueden después exacerbar la respuesta inflamatoria sistémica y llevar potencialmente a un nuevo aumento de la permeabilidad intestinal. Se genera un círculo vicioso de aumento de la permeabilidad intestinal, que conduce a la liberación de mediadores tóxicos, lo que resulta en un aumento adicional en la permeabilidad del intestino

Los estudios clínicos y experimentales realizados posteriormente no harían sino confirmar que la translocación de bacterias y endotoxinas desde el intestino a órganos distantes puede ser la causa del llamado Síndrome de Disfunción Orgánica Múltiple; y por tanto todo indica, añadiremos nosotros, que al deterioro de muchas patologías.

Diez años antes -en 1986- J. R. Person y J. D. Bernhard habían publicado en Journal of the American Academy of Dermatology un artículo titulado Autointoxication revised (La autointoxicación revisada) en el que hablaban de cómo a veces la reacción del sistema inmune puede tener claras repercusiones orgánicas: “La dermatitis pustulosa asociada a la cirugía menor de bypass intestinal y las manifestaciones cutáneas de la enfermedad inflamatoria intestinal son patologías bien conocidas y generalmente se suponen debidas a la absorción de antígenos microbianos desde el intestino (…) Entidades dispares como el síndrome de Reiter, la psoriasis, el pioderma gangrenoso y la espondilitis anquilosante así como las erupciones pustulosas del Síndrome de Behçet, la psoriasis pustulosa y la terapia de litio pueden compartir esta patogénesis común”.

De la realidad e importancia de la permeabilidad intestinal son un buen ejemplo los supositorios rectales; de hecho son la forma de hacer llegar más rápidamente un medicamento a la circulación. J. E. Watson explicaría en un artículo publicado en 1994 en Annales of Pharmacotherapy titulado Suicide attempt by means of aspirin enema (Intento de suicidio por medio de un enema de aspirina) cómo una persona decidió suicidarse con un enema de 700 tabletas de aspirina disueltas en agua que le provocó un paro cardiaco y una encefalopatía hipóxica crónica. Solo que al igual que el principio activo de un fármaco pasa rápidamente a la circulación a través de las mucosas lo hacen otras sustancias. De ahí que recomendar enemas para tratar el estreñimiento -como el Microlax/Micralax– sea tan poco recomendable.

En suma, nuestro cuerpo ya se enfrenta a diario con las múltiples toxinas que ingerimos por lo que intoxicar el hígado directamente con un colon sucio es peligroso y absurdo. Y no solo a nivel orgánico porque la toxemia incide en las emociones y los pensamientos afectando a nuestra conducta. De hecho impacta en el denominado sistema nervioso entérico -popularmente conocido como Segundo Cerebro- que se encarga de controlar el sistema gastrointestinal –al que reviste- merced a sus cien millones de neuronas (una milésima parte de las que tenemos en el cerebro pero más de las que hay en la médula espinal). Lea al respecto en nuestra web -www.dsalud.com– el artículo que con el título La importancia del segundo cerebro apareció en el nº 147.

EFECTOS ADVERSOS

Ahora bien, ¿existe algún riesgo con la hidroterapia de colon? El doctor Douglas G. Richards decidió investigarlo revisando la literatura científica y publicaría en 2006 en The Journal of Alternative and Complementary Medicine un trabajo -titulado Colonic Irrigations: A Review of the Historical Controversy and the Potential for Adverse Effects (Irrigaciones colónicas: revisión de la controversia histórica sobre la posibilidad de efectos adversos)- que finalizaba diciendo: “Aunque hay poca literatura específica sobre irrigaciones del colon la revisión de procedimientos relacionados, como los enemas y las sigmoidoscopias, sugiere que el riesgo de efectos adversos graves es muy bajo cuando los procedimientos se realizan por personal capacitado que utiliza un equipo adecuado (…) Los efectos adversos de irrigaciones de colon efectuadas por hidroterapeutas entrenados usando boquillas desechables en personas sin enfermedad intestinal grave son muy raras a pesar de su gran popularidad como modalidad alternativa de cuidado de la salud”.

Es decir, apenas hay trabajos sobre posibles efectos adversos del uso de la hidroterapia de colon -téngase por seguro que si los efectos iatrogénicos fueran corrientes y obvios se hubieran hecho- y de ahí que haya querido utilizarse para valorarlo aquellos a los que puede dar lugar una colonoscopia -introducción por el recto de un tubo con cámara incorporada que puede llegar hasta el ciego- cuando se trata de procedimientos no comparables; porque una colonoscopia puede dar lugar -y raramente- a una perforación de la pared del colon pero en la hidroterapia ese riesgo es prácticamente inexistente ya que el tubo apenas entra 15 cms (12 en el caso de un niño). Solo podría haber potenciales problemas en los casos mencionados al principio de este texto y por eso se desaconsejan. Como dice pues Douglas G. Richards “el riesgo de efectos adversos en adultos sanos por irrigaciones de agua de grifo o solución salina es muy pequeño”.

Otra cosa es una posible reacción alérgica -sea al plástico del tubo, sea a alguna sustancia que se haya podido añadir al agua (café o hierbas)- o a una potencial infección debido a contaminación microbiana de las cánulas o el equipo pero hoy éstas son desechables, vienen asépticas en bolsas desechables y los equipos los manejan profesionales cualificados que los limpian adecuadamente cuando se acude a un centro adecuado.

PRÁCTICA CLÍNICA

En pocas palabras, hay casos en los que no procede la hidroterapia de colon por precaución pero en el resto los beneficios son claros y están bien estudiados. “Los beneficios que he podido apreciar en los pacientes que han recurrido a la hidroterapia de colon antes de comenzar un tratamiento o durante el mismo han sido muchos y muy positivos –nos diría el doctor De la Rosa-. Es un hecho que la mayoría de la gente no puede evacuar a diario totalmente, algo de lo que muchos no son conscientes. Por eso las personas sometidas a hidroterapia de colon con carácter preventivo se sorprenden bastante de la cantidad de residuos que se eliminan. Y es obvio que al limpiarnos por dentro nos sentimos más puros y mejor. A partir de ese momento se producen menos fermentaciones y menos gases intestinales repoblándose mejor la flora intestinal. No olvidemos por otra parte que el intestino es nuestro ‘segundo cerebro ‘ y cuando se eliminan de él los tóxicos mejora el estado general del organismo y, por ende, la eficacia de cualquier tratamiento”.

Una de las recopilaciones clínicas más significativas sobre los beneficios de la hidroterapia de colon la llevó a cabo el doctor Morton Walker -autor de 92 libros y ganador de 23 premios de periodismo médico- en un trabajo que tituló Value of colon hydrotherapy verified by medical professionals prescribing it (Valor de la hidroterapia de colon verificado por médicos profesionales que la prescriben) y se publicó en 2000 en Townsend Letter for Doctors & Patients. En él se recopilan multitud de testimonios entre los que destaca el del doctor Arthur E. Brawer que entonces tenía ya casi cuarenta años de experiencia y práctica en Medicina Interna, Reumatología y Reumatología Pediátrica según el cual la hidroterapia de colon había mostrado entre sus pacientes ser beneficiosa en dolencias tan dispares como alergias, artritis, asma, trastorno por déficit de atención, acné, lapsos de memoria, hipertensión, mal olor bucal y corporal, fatiga crónica, estreñimiento, dolor de cabeza, fibromialgia, neuropatías periféricas, úlcera pépticas, dolores articulares y musculares, problemas de piel, exposición a tóxicos ambientales y muchas otras. Una apreciación compartida por otros muchos de los colegas entrevistados, entre ellos el doctor Leonard Smith, cirujano gastrointestinal y profesor en la Universidad de California (EEUU) quien diría: “La hidroterapia de colon es a mi juicio un método de limpieza perfecto como preparación para una colonoscopia. Es mejor que hacer que el paciente ingiera alguna de las soluciones preoperatorias habitualmente encargadas que pueden provocar vómitos, diarreas, calambres abdominales y otros problemas”. Es más, la recomienda vivamente en los casos de estreñimiento crónico pero también en muchas de las patologías antes citadas… solo que incluyendo a los enfermos de cáncer: “Mi recomendación a los pacientes de cáncer -dice- es que se sometan con frecuencia a hidroterapias de colon a fin de asegurarse de que la carga tóxica del colon se mantenga al mínimo mientras sus cuerpos intentan sanar”.

Y de la misma opinión es el doctor Douglas Brodie, oncólogo y homeópata, quien asevera por su parte: “He comprobado en los últimos años que los pacientes con cáncer están en general intoxicados internamente. Ciertamente necesitan hidroterapia de colon. Especialmente en casos de cáncer de hígado aunque es igualmente beneficioso ante cualquier tumor interno”.

Terminamos indicando que la hidroterapia de colon es una interesante e inteligente terapia preventiva tanto para las personas sanas como para las que deben someterse en breve a una intervención quirúrgica. Así lo piensa Julio Alonso: “A mi juicio todos deberíamos someternos de forma preventiva a hidroterapias de colon en primavera y otoño porque permite eliminar rápidamente toxinas; tres sesiones en cada ocasión. Y antes de cualquier intervención quirúrgica para prevenir mejor posibles infecciones y potenciar el sistema inmune. Yo mismo aprovecho que tenemos en mi centro los aparatos para hacerlo”.

CÓMODO, SENCILLO Y EFICAZ

Una opinión que comparte Juan Carlos Albendea, director del moderno Centro de Terapias Naturales Renacimiento en el que igualmente se hace hidroterapia de colon.

-Es evidente que una hidroterapia de colon, salvo en los casos en que está desaconsejada, es siempre positiva pero, ¿qué síntomas concretos del organismo indican que ha dejado de ser no ya conveniente sino necesaria?

-Cuando se tiene la lengua seca y/o blanca, mal aliento, mal olor corporal, cansancio injustificado, estreñimiento, ojeras, pies y manos fríos, uñas y cabellos débiles, insomnio, tensión alta, alergias habituales, indigestión, dolores de cabeza crónicos, dolores articulares y lumbares, asma, sobrepeso, varices, depresión y algunos síntomas más que configuran una larga lista. Si se padecen varios de estos síntomas procede plantearse en serio hacerse una limpieza a fondo del colon, seguir una dieta adecuada, equilibrarse energéticamente y eliminar microbios y parásitos; algo para lo que nosotros contamos también con el Par Biomagnético, un dispositivo de biorresonancia -el MORA– y un Oscilador de Lakhovsky.

-¿Realmente es segura la hidroterapia de colon?

-Realizada por profesionales preparados es un proceso tan suave como un enema o lavativa pero mucho más eficaz y cómodo. Se trata de un procedimiento en el que la persona no tiene que desnudarse e introducirse en una bañera como hace años sino ponerse una bata, tumbarse de lado en una camilla, relajarse y en esa posición dejar que el terapeuta introduzca en el recto la cánula desechable lo que se hace en segundos. Luego solo debe esperar unos minutos cómodamente tumbado a que el aparato haga el trabajo. Terminada la sesión se saca la cánula -que se tira a un contenedor porque no se recicla-, el paciente se levanta y se viste. Es todo.

-¿Y el agua a presión no desequilibra de alguna forma la flora intestinal?

-No existe constancia alguna de que eso ocurra pero nosotros, para curarnos en salud, sugerimos a nuestros pacientes que tomen algún probiótico durante unos días.

-La cánula es nueva cada vez y está garantizada la asepsia pero, ¿cómo se limpia el interior del aparato para evitar que las bacterias del cliente anterior se introduzcan en el recto del siguiente?

-Cada vez que finaliza una sesión se pone en marcha un programa automático de limpieza que desinfecta todo el sistema de la máquina.

-¿No se calienta el agua para facilitar el reblandecimiento de las heces?

-La temperatura está calculada para que esté como máximo a 38 grados centígrados, uno apenas por encima del estándar corporal de 37º. En todo caso la regulamos en función de la cantidad de gases que tenga el paciente pudiendo bajarla a 35-36 grados. Cuantos más gases menor temperatura para evitar un potencial ligero dolor en la zona del vientre.

-¿Y basta con una sesión para que el intestino quede limpio y se desincrusten las haces pegadas a las paredes?

-Es poco probable. En la primera sesión suelen salir los desechos normales pero por lo general no es hasta la segunda o tercera cuando se empiezan a desprender las capas endurecidas de la pared del intestino; por eso la mayoría necesita varias sesiones. En la primera se suelen expulsar muchos gases pero en general requiere tiempo que se desprenda la materia fecal incrustada y antigua. El número de sesiones depende asimismo de las expectativas, de las metas individuales de limpieza, del tipo de alimentación que hiciera y vaya a hacer, de su estrés, de sus hábitos para ir al baño, de las condiciones en las que esté su intestino…

-¿Requiere alguna preparación previa?

-Sugerimos que en las 48 horas previas se ingieran básicamente verduras, purés, frutas, zumos o granos; y que se beba entre litro y medio y dos de agua diarias. Salvo el día de la sesión que se debe estar antes de iniciarla dos horas y medio sin comer y haber bebido solo el agua imprescindible para no tener sed.

-¿Y hay algún tipo de molestia después?

-No. Al contrario, al eliminarse los desechos que llevaban tiempo adheridos a las paredes del intestino grueso se siente uno ligero y con más energía. No puede sin embargo descartarse que pueda doler algo la cabeza e incluso haya sensación de náuseas si el intestino estaba muy sucio ya que se liberan muchas toxinas acumuladas y no todas salen. La intensidad depende del grado de intoxicación del organismo. Pero a las pocas horas se experimenta ya una sensación de ligereza y cómo poco a poco mejora la agudeza mental y hasta la calidad de la visión; entre otros muchos beneficios que se van lentamente percibiendo. A muchos pacientes les mejora la apariencia –se nota especialmente en la piel-, empiezan a tener evacuaciones normales de forma regular y duermen y descansan mucho mejor.

-¿Es la eficacia muy distinta de la que se obtiene con enemas?

-Los enemas logran limpiezas mucho más superficiales y en una porción mínima del intestino grueso. Además requieren que la persona retenga el agua dentro del intestino un largo período de tiempo lo cual va en contra del movimiento natural de la peristalsis. Con la hidroterapia de colon la limpieza es más intensa, más completa y se refuerza el movimiento peristáltico natural.

-¿Cuáles son los beneficios que en la práctica diaria han constatado que se producen más rápidamente?

-Eliminar los residuos tóxicos acumulados durante años en el intestino grueso ayuda a mejorar todo su funcionamiento –facilitando en especial la defecación- y logra que el agua que se recupera de él llegue al hígado mucho más limpia; luego el organismo se acidifica menos y disminuyen las posibilidades de que proliferen bacterias patógenas. Pero como también disminuye su volumen mengua la presión intra-abdominal favoreciendo el retorno venoso de las extremidades inferiores. Y todo ello mejora el sistema inmune y el funcionamiento de prácticamente todos los órganos del cuerpo. ¿Qué síntomas desaparecen pues pronto? La inmensa mayoría de los que cité en su primera pregunta.

-¿Realmente se aprecia tanto como se dice en la piel?

-Sin duda; la relación existente entre el funcionamiento intestinal y el estado de la piel está sobradamente confirmada. Quienes padecen habitualmente diarreas y -sobre todo- estreñimiento suelen sufrir con el tiempo manchas, eczemas, acné, sequedad, descolgamientos, arrugas, bolsas en los ojos, grietas y otras alteraciones dérmicas. La hidroterapia de colon contribuye claramente a hidratar la piel y consigue mejorar hasta en el cuero cabelludo

-¿Y los demás órganos?

-La mejoría es general aunque al principio mayor en todos los síntomas relacionados con el desequilibrio intestinal: estreñimiento, diarreas, gases, divertículos, cólicos…; pueden incluso llegar a desaparecer las digestiones pesadas y lentas. Pero está comprobado que mejoran también los órganos contiguos: la vejiga, la próstata, los riñones, el hígado, etc.; hasta el corazón al liberarse de la presión de los gases y los pulmones al mejorar el intercambio y la ventilación sanguínea. Y así podríamos mencionar uno por uno. Todos, de forma directa o indirecta, se benefician.

-De hecho nos consta que cada vez más médicos, especialmente los expertos en Inmunoterapia, la recomiendan hoy sobre todo a quienes padecen patologías autoinmunes, crónicas y degenerativas; cáncer incluido

-Cierto; salvo, paradójicamente, en el cáncer colon. Es evidente que contribuye a ralentizar los procesos degenerativos, sea cual sea su origen. Claro que el resultado final depende de adoptar otras decisiones, en especial la de seguir luego una dieta adecuada, beber mucha agua de buena calidad al día, hacer algo de ejercicio aeróbico, descansar suficientemente, tomarse las cosas con más calma, eliminar los tóxicos –fármacos incluidos- y radiaciones electromagnéticas del entorno y asegurarse de que no se sufren déficits nutricionales.

Sonia Barahona

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171
Mayo 2014
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