La hipertermia, eficaz para tratar el pioderma gangrenoso

 

Varias veces hemos hablado ya en estas páginas de los logros terapéuticos del equipo de hipertermia de Indiba en el tratamiento de distintas patologías, cáncer incluido. Pues bien, a esa lista debe añadirse otro más: los excepcionales resultados obtenidos en un caso de Pioderma gangrenoso, dolencia dermatológica que se caracteriza por dolorosas y purulentas úlceras cutáneas que comprometen seriamente la calidad de vida de quien las sufre. Y es que hemos sabido que con este aparato –que aumenta la temperatura interior del organismo mediante una corriente eléctrica transmitida desde el exterior- se ha resuelto en apenas dos meses un caso de esta dolencia que la medicina convencional no había logrado resolver en ¡varios años de tratamiento! con fármacos sintéticos.

Para nuestros lectores habituales las múltiples utilidades terapéuticas del equipo de Hipertermia de Indiba son sobradamente conocidas. No en vano hemos hablado de ese dispositivo en los números 9, 12, 22, 30, 41, 56 y, por supuesto, en el número 100. En todo caso sirva como breve recordatorio que se trata de un sofisticado aparato que a través de unos electrodos que se colocan en dos lugares distantes de la piel emite una serie de radiofrecuencias -de entre 0,45 y 0,60 Mhz- que atraviesan los diferentes tejidos produciendo un incremento de la temperatura interna de entre 3 y 5 grados lo que ayuda a regenerar el tejido al producir vasodilatación, incrementar la circulación sanguínea y linfática y oxigenar las células. Bien, pues este equipo terapéutico -dotado de dos métodos distintos de aplicación hipertérmicos, uno llamado capacitivo y otro al que se denomina resistivo y que es de acción más profunda- ralentiza o detiene el crecimiento de las células cancerosas -incluso en el interior del cerebro- sin afectar a las sanas… pero además ha demostrado ser eficaz en casos de arteriosclerosis, artrosis, artritis, espondilitis anquilosante, osteoporosis, dolores lumbares y reumáticos, cervicalgias, dorsalgias, edemas, esguinces, hemorroides, enfermedades pulmonares y renales, problemas dermatológicos como el acné, el herpes o la psoriasis así como problemas de irrigación en los ojos (puede incluso aplicarse en ellos), degeneraciones maculares, miopía no degenerativa, hipermetropía, cataratas incipientes, glaucoma, retinopatía diabética, retinosis pigmentaria y tumores oculares malignos además de ser útil en el tratamiento y eliminación de la celulitis, las arrugas o las estrías, entre otras muchas dolencias. Es tal la eficacia terapéutica de la Hipertermia que ya Hipócrates –considerado el padre de la Medicina– afirmaba en torno al año 460 antes de Cristo que “lo que no puede ser curado por la Medicina puede ser curado por la Cirugía. Lo que no puede ser curado por la Cirugía puede ser curado por la Hipertermia. Lo que no puede ser curado por la Hipertermia es quizás incurable”.
Y no parecía muy desencaminado a juzgar por el incesante incremento del número de dolencias distintas en las que este tipo de terapia ha demostrado su utilidad. La última –al menos la última de la que esta redacción ha tenido conocimiento- es el pioderma gangrenoso, una patología principalmente cutánea de carácter inflamatorio, no infecciosa, no tumoral, que se presenta en forma de úlceras dolorosas de crecimiento rápido, secreción purulenta, centro necrótico y bordes irregulares para la que la medicina convencional sólo cuenta con fármacos antiinflamatorios de escasos resultados y numerosos efectos secundarios. Afortunadamente la Hipertermia parece ofrecer una solución rápida, efectiva e inocua a esta desagradable patología de cuya agresividad son testimonio algunas de las imágenes que acompañan este texto.

UNA DOLENCIA POCO FRECUENTE

El pioderma gangrenoso es un tipo de dermatosis crónica que se caracteriza por la aparición de pústulas ulcerosas de bordes irregulares y amoratados con abundante pus que duelen mucho -especialmente al contacto-, dañan gravemente la piel y pueden alcanzar hasta 20 centímetros de diámetro. Y aunque no se conoce exactamente qué provoca su aparición los expertos creen que puede deberse a una reacción autoinmune que se halla frecuentemente asociada a alguna enfermedad inflamatoria intestinal (en el 50% de los casos), a una artritis reumatoide (el 35%), a una gammapatía monoclonal (el 10%) o a leucemia mieloide aguda o crónica (el 5% aproximadamente). Afortunadamente su incidencia es bastante escasa por lo que se considera un trastorno infrecuente con un cuadro clínico raro. La Clínica Mayo de Rochester (EEUU) -centro médico de referencia en todo el mundo- sólo ha tratado 180 casos en sus casi 55 años de historia. Y es que en Estados Unidos sólo afecta anualmente a una persona de cada 100.000.
Lo que sí se ha contrastado es que esta patología no es mortal, no distingue entre razas y tiene cierta predilección por el sexo femenino. La mayor incidencia se da en adultos –aunque también pueden sufrirlo los niños- en torno a los 40 años, son frecuentes las recurrencias y las úlceras suelen aparecer en la parte inferior de las piernas pero el resto de la piel no está exenta de sufrir estas dolorosas lesiones.
En cuanto al diagnóstico básicamente se hace por descarte de otras patologías similares y por observación de la evolución de la propia dolencia. Simplemente el ojo experto determina que las lesiones que presenta el paciente caracterizadas por la aparición brusca de una úlcera dolorosa, llena de pus y bordes irregulares que se pueda asociar con algún tipo de alteración inmune sistémica es pioderma gangrenoso ya que no existe un marcador de diagnóstico específico para esta dolencia.
Por lo que respecta al tratamiento convencional se basa principalmente en la administración de corticosteroides locales y sistémicos -a dosis elevadas- junto con fármacos inmunosupresores -como ciclosporina o talidomida, entre otros- que no resuelven el problema y además producen indeseables efectos secundarios.
A pesar de lo cual, y según las estadísticas publicadas, el 69% de los pacientes aquejados de pioderma gangrenoso mejora en el primer año de evolución y el 95% antes de tres años. Ignoramos sin embargo con qué datos se ha elaborado esa estadística dada la bajísima incidencia de la patología, los escasos estudios que existen sobre ella y que apenas se tiene información de su evolución real a largo plazo pero en cualquier caso, de ser correctas, estamos en disposición de decir que tenemos conocimiento de un caso que escapa a ellas ya que la paciente sólo encontró mejoría fuera del ámbito de la medicina farmacológica y tras un auténtico calvario que ya duraba más de tres años. Se lo contamos.

SÓLO DOS MESES DE TRATAMIENTO

Aunque Rafael Bosch es auxiliar de enfermería en el Hospital Clínico de Málaga (España) ejerce también como osteópata y naturópata en el malagueño Centro Osteopático Torremolinos donde desde hace seis años utiliza en su consulta privada el equipo de Hipertermia de Indiba -bien como tratamiento principal, bien como coadyuvante- en casos de hernias discales, úlceras, lesiones óseas, problemas musculares o tumores -además de en programas de adelgazamiento- con resultados que le convencen cada vez más profundamente de la eficacia terapéutica de dicho aparato. Incluso en patologías para las que aún no se ha descrito un protocolo de aplicación. De ahí que, convencido tanto de su eficacia como de su inocuidad -“si el aparato no ayudaba al menos no iba a empeorarla”, nos diría- decidió probarlo en un caso grave de pioderma gangrenoso. Y los resultados, al menos de momento, le han dado la razón. Meses después de finalizar el tratamiento que Bosch fue aplicando de forma un tanto intuitiva -ya que, como decimos, no existe literatura científica ni casuística que le pudiera servir de ayuda- la paciente no ha vuelto a tener las terribles úlceras que presentaba en varias zonas del cuerpo, principalmente en ambos glúteos y en la escápula izquierda.
“Se trató–nos contaría Bosch- de una mujer de 77 años con un pésimo estado de salud que llevaba 20 años padeciendo una artritis reumatoide de la que había mejorado pero a la que se asociaba el pioderma gangrenoso. Unas vecinas, pacientes de nuestra clínica, la convencieron entonces de que consultara con nosotros para que ver si podíamos aliviarle al menos los dolores que le provocaba la artritis reumatoide y así lo hizo, sin duda desesperada porque llevaba años probando tratamientos infructuosos y estuvo incluso diez meses en cama dada la gravedad de las úlceras”. Un auténtico calvario ya que todos los tratamientos que le prescribieron en la unidad de Reumatología del Hospital Clínico de Málaga habían fracasado.
“Su situación era tan mala–continuaría explicándonos Bosch- que enseguida decidimos aplicarla el Indiba. A fin de cuentas ya habíamos obtenido buenos resultados con él en otros casos de úlceras y estábamos convencidos de que podía funcionar; o, al menos , lograr una mejoría notable. Además, como la hipertermia no provoca efectos secundarios indeseables teníamos la certeza de que su estado no iba a empeorar. En suma, decidirnos intentarlo aunque nunca antes hubiéramos tratado un caso como el suyo”.
La paciente presentaba tres focos. Uno en el glúteo izquierdo, otro en el derecho y otro más en la escápula (omóplato) izquierda. En todos ellos se observaban los forúnculos enrojecidos, calientes y llenos de pus característicos de esta desagradable dolencia.
“Antes de comenzar el tratamiento–nos explicaría Rafael Bosch- esterilizamos la zona en la que se iban a aplicar los electrodos. Y luego aplicamos 20 minutos de transferencia eléctrica capacitiva para darla seguidamente otros 30 de transferencia eléctrica resistiva cuya acción sobre los tejidos es más profunda. Y la verdad es que tras la primera y segunda sesiones no se percibió ningún cambio a nivel externo. Sin embargo, en el transcurso de la tercera los forúnculos se abrieron o, más bien, estallaron y empezó a drenarse todo su contenido de pus y sangre. Lo que hicimos fue simplemente dejar que se drenaran solos y después limpiar la herida abierta a la espera de la siguiente sesión. Y así, repetimos el proceso una y otra vez porque vimos que la paciente mejoraba”.
Tanto que en la décima sesión los bordes de los cráteres que habían dejado los piodermas al reventar empezaron a ponerse blancos y a cicatrizar. ¡Y sólo llevaban tres semanas de tratamiento a razón de 3 sesiones por semana!
“En suma, la paciente recibió en total veinte sesiones ¡y las pústulas desaparecieron por completo! -añadiría nuestro entrevistado-. Recuperó incluso el color natural de la piel. Dándola sólo 12 sesiones el primer mes –tres por semana- y ocho el segundo –dos por semana-. Es decir, en dos meses desapareció -de forma indolora y sin efectos secundarios- un problema que llevaba arrastrando años y no había respondido a ningún tratamiento. Los resultados son pues excelentes. De hecho la paciente lleva más de año y medio sin signo alguno de la enfermedad y sin seguir ningún tipo de mantenimiento”.
Agregaremos queRafael Bosch no ha vuelto a tratar ningún otro caso de pioderma gangrenoso (no es una patología frecuente) y, por tanto, no se puede sugerir sin más que la hipertermia sea a partir de ahora el tratamiento de referencia pero desde luego en este caso ha resultado ser increíblemente eficaz; con año y medio sin recidivas. Algo que -nos alegramos de ello- parece no haber dejado indiferente a algunos miembros del equipo médico del hospital donde trabaja Rafael Bosch ya que fue el mismo en el que había sido atendida la paciente de la que hablamos. Es posible que, conocedores de este caso, también ellos se atrevan a probar la eficacia de la hipertermia que se logra con un Indiba.

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102
Febrero 2008
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