La importancia de la información en la salud

En la Edad Media muchas mujeres morían de septicemia después de dar a luz debido a que las parteras no tomaban una medida higiénica tan simple como la de lavarse las manos antes de atender el parto. En esa misma época la mayoría de las personas de más de cuarenta años carecía de dentadura porque sus piezas dentales caían una tras otra por falta de higiene bucal. Con el desarrollo de la ciencia médica las normas de higiene entraron a formar parte de la cultura y estos y otros problemas fueron desapareciendo. Pues bien, en este recién comenzado Tercer Milenio existen otras normas de “higiene” más sutiles que aún no están reconocidas culturalmente por la ignorancia que existe todavía sobre los “campos de información”. Y es necesario explicar a las personas, en este sentido, la importancia que tiene la “higiene psíquica” de la misma manera que en otro tiempo fue preciso hacerlo sobre la higiene física pues son muchos los que todavía ignoran que buena parte de los desequilibrios que padecemos tienen su origen a ese nivel. Para lo cual, debemos ante todo tomar conciencia de que los humanos poseemos un campo de energía que sustenta la vida de nuestro cuerpo físico y de que tanto los pensamientos como las emociones que recibimos y emitimos influyen en ese campo de energía y, por ende, en nuestra calidad de vida –propia y ajena- porque afectan a nuestra salud positiva o negativamente.

En muy distintas épocas el progreso de la humanidad lo propiciaron el fuego, la rueda, la agricultura, la industria o la tecnología. Pues bien, ahora entramos en la Era de la Información. Porque es a través de la información como llegan a nuestras vidas las grandes soluciones… para los grandes problemas. Entre los cuales, la contaminación es uno de los más importantes. Claro que hoy se habla mucho sobre la contaminación de los alimentos, de las aguas o del aire… pero nada del origen de las anteriores: la contaminación de la mente colectiva de la humanidad.

LA SINCRONIZACIÓN RESONANTE

Recordará el lector que en nuestro anterior artículo analizábamos cómo las células intercambian información por medio de minúsculas porciones de luz denominadas biofotones y vimos que el estado de salud se da cuando ese intercambio de información es idóneo porque ello permite la perfecta regulación del organismo. Y recordamos un experimento que demostraba cómo unas células de cebolla encerradas en un tubo de ensayo eran capaces de transmitir una infección vírica a otras células cercanas a pesar de estar físicamente aisladas de las primeras. Algo que se explica por el fenómeno de la “biorresonancia”. Pues bien, más allá del nivel celular, el siguiente nivel de organización es el de los sistemas de células que forman los tejidos, los órganos o el propio ser humano. Y llegados a este nivel nos podemos preguntar cómo se ponen de acuerdo las células para funcionar al unísono. La respuesta que nos ofrece la moderna Biofísica es la siguiente: “La principal característica en el funcionamiento de cualquier sistema biológico complejo (por ejemplo, un ser humano) es la sincronización resonante de las células. Esta sincronización se origina por dos vías: las informaciones de sincronización interna  -como las que llegan de otras partes del sistema de células- y las informaciones externas”.

Examinemos este postulado: ¿qué significa “sincronización resonante”? Podemos describir la resonancia como “una energía que se transfiere entre dos procesos periódicos conectados con frecuencias iguales”. En un experimento -filmado por cámaras de televisión- se extrajo una muestra de tejido del corazón de un animal y se le aportaron las condiciones necesarias para que siguiera latiendo. Pasado un tiempo se extrajo otra muestra de tejido pero que latía a un ritmo diferente,  acercaron esa segunda muestra a la primera sin que llegaran a entrar en contacto y se constató que al cabo de unos minutos ambas latían al unísono.  Pues esto refleja el fenómeno de sincronización resonante gracias al cual todos los órganos y tejidos realizan sus funciones con efectividad. Ahora bien, para que todas las células resuenen de forma sincrónica necesitan estar conectadas entre sí y eso sucede merced al “campo de información” propio del sistema celular. Obviamente, los portadores de esa información son los electrones y biofotones como ya mencionamos en el artículo anterior.

Veamos, en suma, cuáles son las “fuentes de información“ que posibilitan a un organismo actuar en sincronización resonante:

-En primer lugar están las informaciones de sincronización interna entre las células. Y podemos afirmar que la condición necesaria para la sincronización resonante de las células es la libre circulación de luz entre las mismas. Allí por donde circula bien la luz la información se distribuye correctamente y el organismo opera en perfecta armonía. Por eso es tan necesario evitar el abuso de agentes contaminantes (aditivos alimentarios, medicamentos de síntesis, aire contaminado, etc.). En este sentido, diversos estudios -realizados midiendo los campos de energía humanos con Bioelectrografía- demuestran que favorecen la libre circulación de información todas las terapias destinadas a desbloquear el campo vital energético -como la acupuntura-, que el estrés detiene de forma severa los procesos de sincronización resonante mientras la relajación los reactiva, y que los pensamientos y emociones negativos los obstaculizan mientras el estado de paz y serenidad restablece el flujo de luz e información.

-En segundo lugar, entre las informaciones externas de sincronización que llegan al organismo cabe destacar las informaciones lejanas. En la actualidad está científicamente probado que una condición necesaria para la existencia de vida es la recepción de información del espacio exterior, en particular del Sol y los planetas. Los investigadores rusos A. L. Tchizevsky y V. I. Vernadsky -pioneros en estos estudios- han aportado gran cantidad de información científica que demuestra la conexión de los seres vivos del planeta con los flujos de radiación cósmica. Partiendo de estos datos ha quedado claro que junto a la energía vital recibimos también del Cosmos “información” ya que las emisiones procedentes del espacio exterior no son caóticas oleadas cuánticas sino mensajes estructurados que ejercen influencia tanto en  la existencia como en el desarrollo de nuestros organismos. Las informaciones procedentes del espacio exterior serían, por ejemplo, el origen de los ciclos de la Naturaleza.

-Y en tercer lugar, entre las informaciones externas próximas al organismo pueden contarse los campos electromagnéticos, los campos estudiados por la Geobiología y otros hasta hace poco desconocidos pero que cada vez cobran más importancia: los campos de información colectivos. Es el caso de los campos mórficos o morfogenéticos propuestos por el biólogo Rupert Sheldrake. Algunos de estos campos se estructuran con la información existente en el medio familiar y social del individuo, y son poderosamente influidos por la cultura y los medios de comunicación. Obviamente, apenas podemos evitar la información externa procedente del Cosmos pero sí podemos controlar la influencia que ejercen en nosotros los campos de información colectivos. De cómo éstos nos afectan y el modo de ubicarse frente a ellos trataremos a continuación.

LA SINCRONIZACIÓN Y LAS INFORMACIONES PRÓXIMAS

Permítanme ilustrar con un ejemplo la recepción de informaciones resonantes: Hace unos días fui junto a mi pareja a ver la película Chicago. Los primeros minutos fueron un despliegue de mentiras, traiciones, ambiciones y máscaras, regadas con alcohol y una ilimitada violencia. Todo ello aderezado con una trepidante acción y una impecable puesta en escena, plena de presunto glamour, musicalidad y belleza formal. Veinte minutos fueron suficientes para saber que no deseábamos ver el resto de la película más galardonada del año. La comprensión de los empleados del multicine nos dio afortunadamente la oportunidad de entrar a ver -ya comenzada- Mi vida sin mi, un filmerodado en Canadá que dirigió la catalana Isabel Coixet y produjo Almodóvar que goza del grado de sutil sensibilidad que suele caracterizar las obras dirigidas por mujeres (quizás sea por eso por lo que las películas producidas en Hollywood no son dirigidas normalmente por féminas).

Desde luego, salir de Chicago para entrar en Mi vida sin mi ocasiona un impacto por el contraste. Comparada con la primera, la segunda pudiera parecer una obra lenta y tediosa. Contemplar a una mujer de veinticuatro años, madre de dos niñas de cuatro y seis, con  un cáncer terminal y haciendo reflexiones acerca de su vida y de los que la rodean puede parecer triste. Pero si observamos  más allá de las apariencias encontramos los extraordinarios valores de esta mujer: la absoluta aceptación de su situación y de su próxima transición la permite establecer unos suaves pero muy firmes límites al sistema sanitario, eligiendo ella misma la manera de vivir la enfermedad y su transición., La protagonista afronta la difícil situación sin caer en el dramatismo, con serena dulzura y con gestos de amor para sí misma y para cada uno de los que la rodean. Sin amargura y sin juicio, con una profunda comprensión del ser interno de los suyos, va discretamente poniéndose en paz con cada uno de ellos alentándolos a sacar lo mejor de sí mismos. Y mientras evita a los suyos cualquier información que les pueda causar sufrimiento innecesario se permite disfrutar de los últimos regalos que la vida le ofrece.

Curiosamente en ambos filmes se daban cita temas comunes a todo ser humano: la sexualidad, la muerte, las dificultades de toda relación, la infidelidad, los hijos… Pero las formas  de afrontarlos de las protagonistas eran tan absolutamente diferentes que no podría calificarlas de opuestas del mismo modo que no definiría la oscuridad como lo opuesto a la luz sino como la ausencia de ella.

Bien, pues por el principio de armonización resonante -como por simple sentido común- el estado interno de una persona es muy diferente tras presenciar un filme u otro. Lo mismo que sucede al irse a dormir tras haber visto en las noticias las desgracias ocurridas en las últimas horas en el planeta, o tras haberse puesto en paz consigo mismo después de  unos minutos de lectura sosegada.

UNA CUESTIÓN DE ELECCIÓN

Recordémoslo: seleccionar la información que recibimos entra dentro del ejercicio de nuestra libertad. Y esa potestad la ejercitamos cuando observamos la información que nos llega y optamos en conciencia por aquella que nos construye internamente o nos permite disfrutar de la vida de una forma sencilla. Lo tengamos en cuenta o no, somos responsables de la información que recogemos y del efecto que ejerce en nosotros. Por tanto, seleccionarla requiere un permanente estado de atención sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea.

Llegados a este punto sería interesante plantearnos qué es el libre albedrío. Si éste consistiera en la capacidad de libre elección la libertad quedaría limitada a decidir en qué gastamos la nómina, a qué partido votamos o a qué programa de televisión nos enchufamos. Pero el libre albedrío hace referencia a una facultad superior del ser humano: la potestad de actuar tras observación y elección a partir de un criterio que surge del ser interno. Si entre la abundante información basura que se nos ofrece elegimos una u otra practicamos la libre elección pero si buscamos y optamos por la información que resuena con la propia conciencia, con el ser interno, ejercemos el libre albedrío. Y este continuo ejercicio es el que diferencia al hombre despierto del hombre dormido.

¿Y por qué ese ejercicio es tan necesario en el caso de la información? Pues porque quizás sea éste el terreno por donde se propagan las mayores contaminaciones que debilitan y cosifican al ser humano. Es muy fácil desde el poder político y económico utilizar los medios de comunicación para manipular las conciencias. Recordemos por ejemplo el reciente caso del Bio-Bac en el que un grupo de honestos y capacitados profesionales de la salud han sido tratados como estafadores y delincuentes. O el aun más reciente caso de la guerra de Irak, donde una nación que se dice imbuida de la gracia divina intenta convencernos de que tiene la misión de arrasar a los tiranos y liberar a la humanidad del peligro de unas armas de destrucción masiva. Cuando la verdad es que esas armas no han aparecido y además el Gobierno de la nación “salvadora” produce, ha utilizado y acapara más armas de ese tipo, que el resto de la humanidad junta. Con el 10% de lo que ese Gobierno gasta en armamento estarían garantizadas las necesidades básicas de todos los africanos. Y escribo gobierno y no nación porque a pesar de la presión psicológica que soporta, buena parte del pueblo estadounidense no está de acuerdo.

En la guerra de Irak se ha dado un caso extremo de información disociada de la realidad: lo ofrecido se parece mucho a uno de los innumerables guiones cinematográficos en los que América “salva al mundo” mediante la utilización ilimitada de violencia, esa con la que Hollywood ha contaminado el inconsciente colectivo de la humanidad haciendo cierto el adagio “Cuenta mil veces una mentira y la convertirás en verdad”. Lo que no impide -también hay que decirlo- que algunos productos de la gran fábrica de sueños norteamericana como “Matrix” o“American Beauty” hayan desnudado la falsedad del sistema con extraordinaria lucidez.

En suma, entre el marasmo de informaciones existentes muy pocas son reales. Por eso es tan importante estar atentos. La información nutre nuestras almas o, dicho en términos científicos, hace resonar nuestros campos de energía en frecuencias que pueden ser sincrónicas con nuestro ser interno aportándonos salud, paz y vitalidad, o, por el contrario, causándonos sutiles desequilibrios y, a la larga, enfermedad.

Como en la Edad Media sucediera con los huérfanos de madres fallecidas en el parto, muchas personas en esta “civilización” occidental han quedado psíquicamente huérfanas. Y eso es debido a que su madre, aquella que tenía la capacidad de guiarlos por la existencia, que no es otra que su propia conciencia, pasó a mejor vida víctima de las incontables infecciones que pululan en este contaminado ambiente cultural en el que estamos inmersos. Una situación que, en todo caso, no parece ser nueva si nos atenemos a lo que expresó nuestro Ortega y Gasset: “(…) El hombre demasiado ‘cultivado’ y ‘socializado’, que vive de una cultura falsa, necesita absolutamente de… otra cultura, es decir, de una cultura auténtica. Pero ésta no puede iniciarse sino desde el fondo sincerísimo y desnudo del propio yo personal. Tiene, pues, que volver a tomar contacto consigo mismo. Mas su yo culto, la cultura recibida, anquilosada y sin evidencia se lo impide. Esa cosa que parece tan fácil –ser sí mismo- se convierte en un problema terrible. El hombre se ha distanciado y separado de sí merced a la cultura: ésta se interpone entre el verdadero mundo y su verdadera persona. No tiene, pues, más remedio que arremeter contra esa cultura, sacudírsela, desnudarse de ella, retirarse de ella, para ponerse de nuevo ante el universo en carne viva y volver a vivir de verdad.”

EL FILTRADO DE INFORMACIONES CONTAMINANTES

Afortunadamente, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, hoy podemos tomar conciencia del contaminante ambiente cultural e informativo en el que vivimos y autoeducarnos aplicando unas valiosas normas de higiene mental. Despertemos de esta especie de coma mental en el que nos hallamos y seleccionemos entre las informaciones que nos llegan sólo las que nos hacen bien. De esa forma llegaremos a la madurez psicológica sin que nuestra incipiente dentadura psíquica quede arrasada por las infecciones, y así podremos utilizarla para masticar y digerir cada pieza de información que realmente nos nutra, en beneficio propio y en el de toda la humanidad. Queremos que no haya más guerras, limpiar el planeta, resolver fuera los problemas… pero el mayor regalo que podemos ofrecer a la humanidad es estar bien con nosotros mismos. Ese es el modo más eficaz de descontaminar el atribulado inconsciente colectivo de la humanidad. La salud psíquica, caracterizada por un estado de serenidad, es al menos tan importante como la física y el acceso a la información real nos facilita alcanzarla. Porque aun cuando esa información se encuentra casi siempre oculta o es ignorada, existen modos precisos de conectar con ella. Hablaremos nuevamente de ello.

Fernando Sánchez Quintana

Este reportaje aparece en
51
Junio 2003
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