La importancia de las emociones en el Síndrome Metabólico

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Cada vez son más –y más jóvenes- las personas con Síndrome Metabólico, nombre que se da a quienes padecen simultáneamente un elevado nivel de triglicéridos y colesterol malo, obesidad, presión arterial alta y glicemia basal, factores capaces de provocar diabetes y problemas cardiovasculares. Pues bien, el Dr. Manuel Serrano Ríos -catedrático de Medicina Interna de la Universidad Complutense y jefe de Medicina Interna del Hospital Clínico de Madrid- entiende que su causa puede estar en el estrés emocional ya que éste puede alterar el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal con graves repercusiones en el sistema inmune. Sin olvidar la importancia de la Nutrición, a su juicio la gran asignatura pendiente de la mayoría de los médicos en todo el mundo.

La Medicina alopática se está viendo irremediablemente obligada a reconocer el papel clave que juegan las emociones y el estrés en muy diversas dolencias y ello llevará antes o después a admitir sus implicaciones tanto a la hora de prevenirlas como de tratarlas. Es el caso del denominado Síndrome Metabólico, una de esas “nuevas” patologías que caracterizan a las sociedades desarrolladas y que no es sino la suma de diferentes trastornos en un mismo paciente. Siguiendo el criterio adoptado en el 2001 por el National Colesterol Education Program (NCEP) se diagnostica Síndrome Metabólico cuando se da la combinación de tres de las siguientes alteraciones en la misma persona: obesidad abdominal (más de 102 cm en el caso de los hombres y 88 cm en el de las mujeres), un alto nivel de triglicéridos (más de 150 mg/dl), un colesterol “malo” (LDL) elevado y un colesterol “bueno” (HDL) de menos de 40 mg/dl entre los hombres y de 50 entre las mujeres, la presión arterial alta (más de 130-85 mm/Hg) y glicemia basal en ayunas (más de 110 mg/dl), factores capaces de provocar diabetes y problemas cardiovasculares. Siendo en cualquier caso la característica principal la obesidad abdominal.
Y hay que decir que se trata de un problema que va en aumento en los últimos años porque según una investigación dirigida por Nissen M y publicada enDiabetes Care con el título Cardiovascular morbidity and mortality associated with the metabolic syndrome más del 20% de la población adulta del mundo la sufre ya. Aunque lo más preocupante es que al principio la padecían sobre todo personas de la Tercera Edad pero hoy empieza a aparecer hacia los 35 años e, incluso, antes. Y obviamente -como en la gran mayoría de las llamadas “enfermedades metabólicas”- es mucho más lo que se ignora de este problema que lo que se conoce. Así, unos postulan que el principal factor es el aumento del número de personas cuyos organismos presentan resistencia a la insulina y otros que se debe a la mayor susceptibilidad genética. Sin olvidar, claro está, factores como la vida sedentaria y los cambios nutricionales acaecidos en los últimos años y que han favorecido igualmente el aumento de casos de obesidad.

Una de las razones es que el tejido adiposo visceral o abdominal es muy activo a la hora de liberar citoquinas, sustancias que pueden provocar tanto inflamación como insulinorresistencia. Es más, un nivel elevado y crónico de citoquinas puede generar también trastornos inmunes y metabólicos, entre ellos hipercoagulabilidad, dislipidemia, osteoporosis, hipertensión, intolerancia a los hidratos de carbono y diabetes tipo 2. En la obesidad esa hipercitoquinemia está además asociada frecuentemente a otras manifestaciones como fatiga y somnolencia. Y está constatado que todo ello puede terminar provocando problemas de circulación en las arterias, el corazón y el cerebro llevando en casos graves a la muerte. De hecho la cardiopatía isquémica –mal funcionamiento del corazón por déficit de sangre- es la principal causa de fallecimiento entre quienes sufren el Síndrome Metabólico.

¿Y cómo tratan los médicos este síndrome? Pues básicamente con fármacos para mejorar la sensibilidad a la insulina e intentando que el paciente evite los factores de riesgo antes mencionados. Aunque lo que debe hacerse, por encima de todo, es procurar que la persona adelgace, deje de ser sedentaria y modifique su estilo de vida. Evidentemente quienes así lo hacen pueden mejorar rápidamente pero los casos de Síndrome Metabólico continúan aumentando -lo mismo que las cifras de mortalidad, especialmente en el mundo desarrollado- porque la gente no cambia su estilo de vida hasta que se siente realmente mal. Sin obviar que muchas personas se sienten incapaces de adquirir hábitos más sanos incluso siendo conscientes de la necesidad imperiosa -para su salud y su vida- de hacerlo.

Dicho esto, no es menos cierto que hay otros factores que no se están teniendo en cuenta. Y la razón es que a los médicos –excepción hecha de quienes se han formado por su cuenta tras abandonar las facultades de Medicina- no se les ha enseñado a valorar la situación social de los enfermos –a nivel personal, familiar y laboral- ni cómo eso ha influido o influye en su estado mental, emocional y físico. Y sin embargo todo lo que acontece en nuestro entorno influye en la salud. Es más, tales factores suelen ser causa o factor coadyuvante del desarrollo de numerosas patologías. Entre ellas, del Síndrome Metabólico.

De hecho el estrés -respuesta de emergencia del organismo- aumenta los niveles de adrenalina y de cortisol y eso es positivo de forma puntual pero cuando la situación se torna crónica el organismo termina acumulando grasa y aumenta la resistencia a la insulina. Es decir, si los niveles de ambas hormonas se mantienen altos mucho tiempo se termina produciendo un desgaste de los órganos más afectados y es entonces cuando aparecen las alteraciones que caracterizan al Síndrome Metabólico.

Pues bien, en esta nueva visión del problema es donde resulta significativa la aportación del doctor Manuel Serrano Ríos -catedrático de Medicina Interna de la Universidad Complutense, jefe de esa misma especialidad en el Hospital Clínico de Madrid, y presidente del Instituto Danone- plasmada en su artículo El Síndrome Metabólico: ¿una versión moderna de la enfermedad ligada al estrés? en el que puede leerse “(…) El estrés (conjunto de reacciones biológicas cognitivas y conductales entre individuo y entorno) es, quizás y con frecuencia, el primum movensen la cascada de efectos neuroendocrinos que impulsan el desarrollo de la distribución anómala (visceral) del tejido adiposo y la inevitable resistencia a la insulina y la hiperinsulinemia que le sigue y desemboca en la acumulación de factores de riesgo cardiovasculares que llamamos Síndrome Metabólico”.

Es decir, en vez de centrar la atención sólo o en primer lugar en el estado físico del enfermo el Dr. Serrano entiende que ante todo hay que evaluar, tratar y prevenir las situaciones de estrés,sobre todo cuando es un estado crónico -independientemente de que éste esté provocado por un problema afectivo, socioeconómico, laboral o de otro tipo-, ya que a su juicio es el principal desencadenante de muchas patologías, en especial en los casos de Síndrome Metabólico. “Este enfoque renovado –afirma Serrano-, como “el vino viejo puesto en odres nuevos”, por parafrasear a Julian Huxley, exige abordar con mentalidad multidisciplinaria esta moderna epidemia de tanta morbimortalidad (potencial) de causa cardiovascular -y quizás también de otras causas (¿cáncer?)- y que es el paradigma de las enfermedades ligadas al estrés en la civilización moderna”.

RESPUESTA NEUROENDOCRINA A LAS EMOCIONES

-Díganos, doctor, ¿es verdad que el Síndrome Metabólico lo sufre gente cada vez más joven?

-Lo es. Hasta hace unos años lo sufrían las personas de más 60 años y sólo en contadas ocasiones adultos de menor edad, de cuarenta y tantos años. Pero en la actualidad es ya una epidemia. El Síndrome Metabólicolo padecen niños y adolescentes de todo el mundo. Incluso en España, según un estudio que espero no tarde en salir, las cifras son poco alentadoras: lo padece entre el 6 y el 8% de la población. Y estoy persuadido de que se debe fundamentalmente al estilo de vida.

-¿Pero hasta qué punto puede ser el estrés el detonante de las enfermedades metabólicas?

-A este respecto estamos volviendo a redefinir viejos conocimientos. El investigador sueco Per Björntorp, internista como yo y profesor en el Instituto Karolinskade Estocolmo (Suecia), afirmó hace ya 30 años que la alteración del eje hipotálamo-hipofisis-adrenal en los trastornos depresivos es la principal causa de la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad así como de que el tejido adiposo se distribuya no de forma global sino concretamente en el abdomen. Y que es además la causa más importante de mortalidad entre quienes sufren patologías cardiovasculares. Hasta tal punto estaba seguro que invitó a investigar sistemáticamente los problemas emocionales, sobre todo los que podríamos llamar hoy, con conceptos más modernos, trastornos psicoafectivos profundos. Es decir, la depresión, la ansiedad, etc., porque en los afectados pueden detectarse precozmente las alteraciones del eje hipotálamo-hipófisiario, fundamentalmente reflejadas en un incremento de los niveles de cortisol. Y hoy sabemos que el cortisol es el antagonista más importante de la secreción de insulina. Y que cuando no se segrega suficiente insulina se producen todos los demás efectos, entre ellos la no redistribución de la grasa siendo por eso por lo que se acumula en el abdomen. Lo increíble es que este planteamiento tiene ya 30 años. Björntorp lo llamó Desorden primario del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. Pero ya ve, han pasado los años y, como sucede tantas veces, la aproximación de los investigadores al problema se ha seguido haciendo con visiones unilaterales: desde la hipertensión, desde la diabetes, desde la obesidad… Nunca de forma global. Y obviando además siempre el aspecto psicológico. Afortunadamente parece que ahora se le está haciendo caso y su planteamiento comienza por fin a abrirse camino.

-¿Y por qué la comunidad científica no hizo caso antes de sus planteamientos?

-No lo sé, pero lo cierto es que no se le escuchó. Hasta que hace ahora 3 o 4 años empezaron a aparecer trabajos en los que se demostró que las personas con esquizofrenia y trastorno bipolar sufrían también el Síndrome Metabólico. En un principio ello se atribuyó a la ingesta de los antipsicóticos atípicos con que se les trataba pero al ir analizando progresivamente los casos se vio que había una alteración primaria de respuesta originada en la corteza cerebral que de hecho subyace en la inmensa mayoría de los trastornos emocionales y que va dando lugar a una disfunción del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. Es más, en los últimos tres años han empezado a aparecer otros trabajos significativos. Entre ellos uno en el que se estudió a un grupo de personas que se caracterizaban por haber sufrido algún fuerte trauma emocional –una separación, un divorcio, un despido…- y se comprobó que la incidencia de factores de riesgo cardiovascular reunidos bajo ese concepto global de resistencia a la insulina o Síndrome Metabólico es tanto mayor cuanto mayor es –dicho de forma coloquial- el nivel de desgracia de la persona.

Hoy podemos decir que las cosas han evolucionado desde una visión originalmente neuroendocrinológica y posteriormente solo metabólica para volver al principio de nuevo. Hay un estudio reciente de un grupo español que ha abordado ese problema en función del grado de estrés provocado por las responsabilidades en la empresa y ha encontrado claramente una prevalencia de este cúmulo de factores de riesgo, metabólicos y no metabólicos, en función de la responsabilidad. Cuánto más estrés se tiene más riesgo se padece. No propiamente estrés físico sino psíquico. Siento decirlo pero los ejecutivos son los que peor lo tienen a pesar de que tengan factores de corrección, más posibilidades, mejor estilo de vida, más acceso a gimnasios y otras medidas saludables.

Sí, definitivamente creo que hay una correlación entre los trastornos psicoemocionales -que en el fondo son disfunciones neuroendocrinas- y el Síndrome Metabólico. La función del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal entre quienes lo sufren no es correcta y además tienen alterados otros neurotransmisores que alteran el equilibrio neuroendocrino.

-En tal caso habrá que valorar mucho más nuestras emociones…

-Ciertamente. Ante esta nueva perspectiva estamos obligados a evaluar las situaciones de estrés crónico presentes en la vida cotidiana y según sea su modalidad –afectiva, socioeconómica, laboral u otras- tratarlas previamente como componentes importantes de este síndrome y, seguramente, con no menor relevancia que otros factores convencionales u otros denominados “nuevos” como los marcadores de inflamación que también se muestran elevados en los casos de depresión. En cualquier caso tras una disfunción del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal sucede una cascada de efectos que acaban siendo independientes y superar el trastorno emocional inicial no garantiza que se puedan corregir los trastornos ya provocados en las células alteradas. La cascada en sí misma se convierte en otra causa, efecto independiente de la anterior.

¿Por qué se considera la obesidad punto central del Síndrome Metabólico?

Porque la obesidad provoca un estado inflamatorio crónico. Mire, el adipocito y el macrófago tienen un origen genético común. Así se descubrió al estudiar la mosca drosófila o mosca del vinagre cuyo tejido adiposo tiene las mismas funciones que el humano. Estudiándola se constató que antes de que empiecen a proliferar los adipocitos y uno empiece a engordar hay siempre una infiltración selectiva de macrófagos en el tejido adiposo; y los macrófagos producen muchas de las moléculas inflamatorias secretadas por el tejido adiposo. Siempre se ha pensado que el tejido adiposo sirve sólo para almacenar grasa cuando en realidad es el órgano endocrino más potente que tenemos ya que produce más de 50 moléculas que median en la comunicación entre los distintos sistemas (cardiovascular, endocrino, nervioso, etc.). Lo singular es que esto lo desconocen muchos médicos. Y, sin embargo, hoy sabemos que el tejido adiposo produce moléculas que alteran la sensibilidad de la insulina, influyen en el desarrollo del músculo cardíaco, etc. Es más, cada vez es mayor la evidencia de que la obesidad es un factor de riesgo para contraer cáncer. ¿Por qué mecanismos? No se sabe aún pero es bastante probable que quizás a través de las adipocitoquinas activando determinados genes o desactivando determinados oncogenes supresores. Dando lugar a la proliferación en el epitelio intestinal, por ejemplo, de un solo pólipo.

LA COCACOLONIZACIÓN

-Usted afirma que España se ha globalizado negativamente y somos víctimas de lo que algunos han denominado cocacolonización. ¿Qué quiere decir con ello?

-El términococacolonizaciónse usa para referirse a la globalización del estilo de vida occidental que se ha impuesto en todo el mundo a través de la inmigración y la influencia de los medios de comunicación. Es lo que ha hecho que numerosas poblaciones con costumbres y hábitos alimenticios sanos donde la enfermedad era una excepción sean hoy sociedades en las que hay millones de enfermos tras haberse disparado el consumo de azúcares, grasas saturadas, bebidas gaseosas, tabaco y alcohol. Y donde apenas se hace ejercicio porque la gente va a todas partes en coche y pasa muchas horas ante la televisión o el ordenador. Eso es lo que ha llevado a la actual pandemia de obesidad, problemas cardiovasculares, diabetes y cáncer en todo el mundo. Y obviamente el estilo de vida norteamericano, absurdamente, también se ha impuesto en España.

¿Insinúa que lo que llama cocacolonización es la principal causa de los actuales problemas nutricionales?

-En efecto. El principal problema hoy es que en general la sociedad no tiene una adecuada educación nutricional. A ningún nivel. No se enseña ni en el hogar, ni en la escuela, ni en la universidad. Ni siquiera en las facultades de Medicina. He estado más de treinta años de catedrático de Patología Médica en la universidad y las horas lectivas sobre Nutrición no llegaban a ¡treinta! ¡En toda la carrera! O sea, prácticamente nada. Su formación en ese terreno es extremadamente pobre. Lo es incluso la de los profesores. Hay pues una carencia de especialistas en Nutrición espectacular. Se enseña más sobre ello en las facultades de Farmacia, Biología y Veterinaria que en las de Medicina. Esa es la lamentable realidad cuando los conocimientos en Nutrición son imprescindibles para tratar a los enfermos de cualquier patología.

-Quizás por eso les cuesta tanto a los médicos admitir que los alimentos pueden ser en muchos casos mejor solución que los fármacos…

-Evidentemente. Y le diré más: para mí es incomprensible que en España los médicos de Atención Primaria no atiendan a los pacientes conjuntamente con un nutricionista en los centros de salud. Porque no basta dar a la gente un papel con unas cuantas normas y a partir de ese momento esperar que se las apañe como pueda. Es un asunto tan importante que no debería ser patrimonio exclusivo de los especialistas en Endocrinología. Debería darse esa información ya en los centros de Atención Primaria. A fin de cuentas un nutricionista es bastante más que un mero dietista. Es alguien que ha estudiado cuatro años de Nutrición y no unas cuantas horas, alguien con una sólida base bioquímica y preparado para hacer una prescripción. En suma, a todo enfermo que llegue a un centro de Atención Primaria se le debería hacer una evaluación nutricional. Es más, lo idóneo sería que fuera un equipo quien la hiciera. Y se trata de algo importante porque cada vez está más claro que muchas enfermedades están relacionadas con la nutrición.

¿Y qué enfermedades no están ligadas a la nutrición?

-Pues la verdad es que si excluimos los traumas y las patologías infecciosas y parasitarias –que por cierto en España van en aumento debido a la emigración y están apareciendo cada vez más casos de paludismo y legmaniasis-puede afirmarse que las enfermedades crónicas no transmisibles están todas ligadas a la nutrición. 

PASIVIDAD SOCIAL

-En una entrevista que hicimos al profesor Jesús Fernández-Tresguerres éste se mostró muy molesto con la Administración por el escaso caso que hace a los investigadores que alertan sobre el uso de los aditivos, especialmente los que se añaden a algunos alimentos infantiles para que los niños los coman en mayor cantidad como ocurre con el Glutamato Monosódico.

-Estoy completamente de acuerdo.

-En tal caso, ¿cuál cree que es el papel que la industria de los aditivos está teniendo en la epidemia de obesidad?

Creo que en el campo de los aditivos se está frivolizando bastante. Me parece que los aditivos se deberían someter a una reevaluación sistemática y constante tanto por su impacto directo sobre la salud como porque, es verdad, pueden incitar a consumir más. Es cierto. Ahora bien, no me parece que los aditivos sean causa de la obesidad infantil aunque puedan coadyuvar. Ésta tiene otro perfil. La primera razón es –como antes dije– la falta de educación nutricional en la sociedad. No existe a ningún nivel. La segunda, la agresiva oferta de alimentos no suficientemente contrastados. Y la tercera, el estilo de vida actual que facilita el sedentarismo, el consumo indiscriminado de comidas y bebidas azucaradas, de alcohol –no entiendo la cultura del “botellón”-, de fritos, de alimentos plagados de grasas saturadas y, claro está, del absurdo consumo de chuches por los niños. Existe una cultura de consumo indiscriminado que sólo es posible porque no hay educación nutricional. Hay pues que potenciar ésta y lograr que se imparta en las escuelas y en la universidad. Además hay que encontrar un equilibrio entre las necesidades nutricionales de las personas y los intereses de la industria alimentaria llegando a un acuerdo para que se regule adecuadamente su publicidad.

¿Y no está en realidad la Administración mirando hacia otro lado en lo que respecta a la obesidad y, más concretamente, a la obesidad infantil?

-Yo participé en la iniciativa NAOS (Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) puesta en marcha en el 2005 desde el Ministerio de Sanidad y Consumo a través de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Me pareció bien. Tenía buena intención. Pretendía afrontar estos aspectos que hemos dicho, muy enfocada sobre la escuela. Y se tomaron medidas para que en el recreo los niños no bebieran tantas bebidas azucaradas. Iba dirigida a prevenir la obesidad infantil pero como se trataba de una iniciativa que costaba esfuerzo, dinero, perseverancia y evaluación se quedó en un intento de buenas intenciones. Ideas geniales tenemos todos pero las ideas, para que sean exitosas, necesitan dinero para implementarlas. Y ahí es donde se falla. Por eso creo que hay que dar de una vez por todas un paso adelante y hablar seriamente de lo que está ocurriendo. Hay que educar a la gente -y muy especialmente a los niños- en salud. Es una parte fundamental de la educación y deberían recibirla junto a los demás conocimientos. Porque el hecho de que haya hoy entre un 10% y un 17 % de sobrepeso entres los adolescentes es un drama.

-¿Y cómo cree que se podría resolver?

-Abriendo un diálogo urgente entre todos los agentes sociales. Ante todo hay que formar a los profesores para que éstos puedan a su vez formar a los alumnos. En la escuela como en la universidad. Y concienciar a los medios de comunicación porque en este ámbito deberían jugar un papel crucial. Asimismo hay que incrementar la responsabilidad de los profesionales implicados: educadores, médicos, periodistas, políticos… Es el primer paso porque a mí me parece que la Administración, al fin y al cabo, refleja lo que ha elegido la sociedad y pretender que “papá estado” lo solucione todo me parece hoy una actitud hipócrita. Obviamente habrá también que sentarse a hablar con la industria alimentaria. Y regular la publicidad. Esto me parece fundamental porque no se puede estar constantemente incitando al consumo, en especial teniendo en cuenta el enorme poder de lo visual en la alimentación y que la publicidad va dirigida sobre todo a los más jóvenes. Creo que debería haber cuanto antes un debate parlamentario sobre esta cuestión. El problema es cada vez más grave.

 

Antonio F. Muro
 

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Diciembre 2008
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