La OMS y UNICEF, acusadas de amparar vacunas para controlar el crecimiento poblacional

La campaña de vacunación contra el tétanos efectuada en marzo de 2014 en Kenia que auspiciaron la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF pudo ser en realidad un programa para controlar el crecimiento de la población; y es que contenía de forma injustificada la hormona beta-HCG (gonadotrofina coriónica humana) que, como se sabe, provoca abortos y esterilidad. Al menos así lo han denunciado públicamente en el país la Asociación de Médicos Católicos y la Conferencia de Obispos Católicos. Y no es la primera vez que se hace pues ya se desarrollaron campañas similares en México y Nicaragua en 1993 y en Filipinas en 1994.

A finales del pasado mes de enero el Gobierno de Kenia se vio obligado a asegurar públicamente que las vacunas contra el tétanos utilizadas en el país durante las campañas masivas desarrolladas en marzo y octubre de 2014 bajo el amparo de la OMS y UNICEF eran seguras y no tenían como objetivo inconfesado controlar el crecimiento de la población como denunciaron en octubre pasado la Asociación de Médicos Católicos y la Conferencia de Obispos Católicos de Kenia, entidades según las cuales tras analizar 9 viales se encontraron con 3 que contenían la hormona beta-HCG (gonadotrofina coriónica humana) que, como se sabe, provoca infertilidad permanente y abortos involuntarios. Denuncia ante la que el Gobierno reaccionó diciendo que habían analizado otros 50 viales y ninguno más contenía esa hormona por lo que debía tratarse de casos accidentales de “contaminación”.

Una declaración oficial que sin embargo no cerró la polémica al no ser aceptada por la Conferencia Episcopal que en una nota pública dejó entrever su parecer: “Los obispos católicos de Kenia reiteramos que las vacunas que se utilizaron en marzo y octubre de 2014 para las campañas de vacunación en masa contra el tétanos contenían algunos viales que presentaban la hormona beta-hCG. Y recordamos que únicamente la Iglesia Católica recogió muestras de las vacunas en los propios lugares de inoculación. Reiteramos pues que no debería volver a hacerse en Kenia ninguna vacunación masiva más contra el tétanos sin que las vacunas se testen previamente y hayan demostrado ser seguras y eficaces”.

En suma, hablamos de un nuevo escándalo relacionado con las campañas de vacunación en los países del denominado Tercer Mundo… solo que en este caso la OMS y UNICEF son acusadas directamente por los obispos y médicos católicos keniatas de colaborar en una campaña cuyo objetivo real sería el control del crecimiento de la población. De hecho en su nota de octubre pasado los obispos, apoyados en todo momento por la Asociación de Médicos Católicos, fueron contundentes:

“Nosotros, los obispos católicos de Kenia, queremos manifestar lo siguiente:

1. Estamos impactados por el nivel de deshonestidad y desinterés con el que un asunto tan serio está siendo manejado por el gobierno.

2. El informe presentado por el Ministerio de Salud a la Comisión Parlamentaria de Salud el 4 de noviembre de 2014 alegando que el Gobierno analizó la vacuna no encontrando en ella rastros de la hormona beta-hCG es fraudulento y un intento deliberado de distorsionar la verdad y engañar a 42 millones de kenianos.

3. Estamos consternados ante los intentos de intimidar y chantajear a los profesionales médicos que han corroborado la información sobre la vacuna amenazándoles con acciones disciplinarias. Felicitamos y apoyamos por ello a todos los profesionales que han luchado para que la verdad se sepa. Y,

4. Hacemos un llamamiento a los kenianos para que rechacen la campaña de vacunación contra el tétanos al estar ligada con la hormona beta-hCG y estar convencidos de que es un programa de control de la población disfrazado”.

ANTICUERPOS CONTRA EL EMBARAZO

En la naturaleza la hormona gonadotropina coriónica humanahCG se produce durante el embarazo y provoca la liberación de otras hormonas que contribuyen a la preparación del revestimiento del útero para la implantación del óvulo fecundado. El rápido aumento de su nivel tras la concepción la convierte pues en un excelente marcador para confirmar un embarazo. Sin embargo cuando se introduce en el organismo junto al toxoide del tétanos provoca la formación de anticuerpos que también atacan a la propia hormona al no reconocerla; anticuerpos que al estar en cantidad suficiente inhabilitan a la mujer para mantener un embarazo. Pues bien, durante la campaña de vacunación contra el tétanos emprendida por la OMS y UNICEF en Kenia en octubre de 2013 la Asociación de Médicos Católicos del país detectó algunas “anomalías” según explicaría su portavoz, el doctor Wahome Nagare; entre ellas que el nuevo lote de vacunas contra el tétanos suministrado por la OMS a través del ministerio no llegó a través de los canales normales ni con las mismas referencias que los destinados a otras campañas similares. Y además se informó de que la vacuna debía ser aplicada en 5 dosis cuando la propia web de la OMS afirma que en el caso del tétanos tres dosis son suficientes. “Dar cinco dosis de la vacuna contra el tétanos cada 6 meses no es lo habitual, no es lo recomendado –declararía Nagare-. La única vez que se ha dado en cinco dosis la vacuna contra el tétanos fue cuando se utilizó mezclada con la hormona del embarazo, la gonadotropina coriónica humana (hCG), en las vacunas de fertilidad desarrollada por la OMS en 1992. Cuando el tétanos se liga a la hCG y se administra en cinco dosis -una cada 6 meses- la mujer desarrolla anticuerpos tanto contra el tétanos como contra la hCG en 2-3 años después de la última inyección. Y una vez que una madre desarrolla anticuerpos contra la hCG, rechaza cualquier embarazo tan pronto empieza a crecer en su vientre causando abortos repetidos y, posteriormente, esterilidad”.

Esa posible relación más el hecho de que en la década de los noventa del pasado siglo XX -como veremos más adelante- se acusara a la OMS de utilizar este tipo de vacunas en campañas de control de la población en México, Nicaragua y Filipinas unida a la especial sensibilidad de los médicos católicos del país ante las supuestas campañas de control de la fertilidad emprendidas en Kenia durante décadas a cambio de ayudas económicas fue lo que levantó las sospechas de los médicos católicos sobre la segunda fase de la campaña que debía de iniciarse en marzo de 2014.

Y es que hace ya más de una década el doctor Stephen Karanja, presidente de la Asociación de Médicos Católicos y miembro de la Junta Directiva de la Comisión de Salud de la Conferencia Episcopal de Kenia, escribió al respecto un artículo titulado Control de la población: la perspectiva en Kenia en el que decía: “Nuestro sector sanitario está bajo mínimos. Miles de personas morirán a causa de la malaria, cuyo tratamiento cuesta unos pocos centavos, en centros de salud que contienen millones de dólares en píldoras anticonceptivas, dispositivos como el DIU, Norplant y Depo-Provera, la mayoría comprados con dinero norteamericano. Algunos de los cuales, como Depo-Provera, causan terribles efectos secundarios a las mujeres pobres de Kenia que ni siquiera tienen acceso a chequeos médicos competentes antes de ser inyectadas. Muchas quedan de hecho mutiladas de por vida. Además los problemas de hipertensión, coágulos de sangre, insuficiencia cardiaca y patologías hepáticas y menstruales que provoca no pueden tratarse dadas las deficiencias de los centros de salud. Pareciera que el Gobierno estadounidense quisiera resolver el problema de la pobreza reduciendo el número de pobres. Es más, se han creado en los hospitales áreas especiales de intervención quirúrgica con todos los servicios y el instrumental necesario para la esterilización de mujeres e, incluso, de algunos hombres. En los mismos hospitales donde no pueden realizarse actos quirúrgicos urgentes por falta de instrumentos y suministros básicos. Siendo denunciable que la mayoría de las mujeres se esterilizan sin ser informadas de que es definitivo, no reversible”.

Inicialmente la Asociación de Médicos Católicos trasladó simplemente su preocupación a la Comisión de Salud de la Conferencia Episcopal y posteriormente al ministerio con la única pretensión de que la vacuna que iba a ser inoculada a miles de mujeres en edad fértil para prevenir el denominado tétanos neonatal transmitido durante el embarazo se testara antes de la segunda ronda de inmunizaciones de marzo a fin de asegurarse de que no estaba ligada con la hCG pero sorprendentemente ¡el ministerio se negó! Así que decidieron hacerse con ella, lograron nueve viales que llevaron a analizar a cinco laboratorios diferentes y en tres de ellos se encontró la hCG. Así que el 13 de octubre de 2014 hicieron llegar los resultados al Secretario de Gabinete del ministerio y al Director de los Servicios Médicos que se limitaron a rechazar los resultados aduciendo diferencias en la metodología de los análisis.

Dada a conocer la decisión se generó tal controversia pública que el Comité de Salud del Parlamento decidió convocar al Gobierno y a la Iglesia para que presentaran ante ella sus argumentos y oídas ambas partes se acordó formar un comité conjunto de expertos del Ministerio de Salud y de la Conferencia Episcopal que examinara los viales entregados por la Iglesia -siete abiertos para las pruebas citadas y dos sin abrir- y los examinados por su cuenta por el ministerio. Pero para sorpresa de todos, ¡éstos no se aportaron! Y lo que es más sospechoso: ni siquiera pudieron aportar las supuestas analíticas con los resultados. Lo que presentaron fueron viales nuevos sin abrir que según aseguraron habían sido recogidos de sus almacenes. El caso es que los nueve viales aportados por la Iglesia Católica fueron analizados por expertos utilizando cromatografía líquida de alta resolución y de nuevo se halló en tres la mezcla con la beta-hCG. Hormona que no apareció sin embargo en ninguno de los 10 viales aportados por el ministerio.

El 5 y 6 enero de 2015 el laboratorio que hizo los análisis solicitó comparecer ante la comisión para hablar de los resultados pero, de nuevo sorprendentemente, el ministerio se negó a aceptarlo por lo que el día 8 el Presidente de la Conferencia de obispos católicos de Kenia amenazó con retirarse de la comisión mixta ante lo cual el ministerio pidió un día más. Y ese mismo día el ministerio llevó 40 nuevos viales desde sus almacenes para que el laboratorio los testara… pero sin que nadie de la otra parte estuviera presente en la selección de las muestras. Para la Conferencia Episcopal keniata no fue -y así lo denunció en un comunicado- sino “una maniobra que tuvo como objetivo crear confusión y minimizar el hecho de que tres viales de nueve habían dado positivo a la hCG”. Aseverando con contundencia ante lo acaecido lo ya citado anteriormente: “Los obispos católicos de Kenia reiteramos que las vacunas que se utilizaron en marzo y octubre de 2014 para las campañas de vacunación en masa contra el tétanos contenían algunos viales que presentaban la hormona beta-hCG”

CONTROL DE LA POBLACIÓN

Debemos recordar que la preocupación por el aumento de la población y la necesidad de controlarla se inició a mediados del pasado siglo XX cuando quienes empezaron a postularlo resucitaron las teorías de Thomas Malthus, clérigo y economista británico que en 1798 publicó un ensayo en el que sostenía que mientras la población de la Tierra aumenta geométricamente los recursos de subsistencia lo hacen aritméticamente esbozando la necesidad de añadir a lo que llamó “controles positivos” -según él la enfermedad, la guerra, los desastres y el hambre- otros “controles preventivos”: la abstinencia y “el control de la natalidad”. Una idea que recogería en 1968 Paul R. Ehrlich, biólogo y ambientalista estadounidense que publicó un texto titulado The Population Bomb en el que defendía la adopción de decisiones “aparentemente brutales y despiadadas” para detener una explosión demográfica que comparó con “un cáncer incontrolado“. Apuntando en el capítulo final de su libro: “Necesitamos una regulación de la natalidad obligatoria (…) introduciendo esterilizantes temporales en el agua o en los alimentos básicos. Dosis que sería cuidadosamente decidida por el Gobierno para lograr el tamaño deseado de las familias”.

Apenas seis años después -concretamente el 10 de diciembre de 1974- el Consejo de Seguridad Nacional estadounidense que dirigía Henry Kissinger terminó de elaborar lo que se bautizó como el National Security Study Memorandum 200: Implications of Worldwide Population Growth for U.S. Security and Overseas Interests (NSSM200), (Memorándum 200. Estudio de seguridad nacional: implicaciones del crecimiento de la población mundial en nuestra seguridad y en los intereses de ultramar” que sería adoptado en 1975 como política oficial por el presidente Gerald Ford. La tesis era que el crecimiento de la población en los países menos desarrollados debía considerarse un problema de seguridad nacional para Estados Unidos ya que podía implicar un incremento de la inestabilidad política y de los conflictos civiles por lo que debería darse una importancia capital a las medidas de control de la población y a la promoción de la anticoncepción en al menos trece países superpoblados. Para lo cual recomendaba que Estados Unidos influyera en los líderes de esos países y en los medios de comunicación y buscara la colaboración en tal sentido de la ONU, la USIA, la USAI, la OMS y otras agencias internacionales.

Claro que hay formas y formas de llevar a cabo esa política. El ya citado Dr. Karanja, presidente de la Asociación de Médicos Católicos de Kenia, escribió al respecto: Está claro que contrariamente a lo que a uno quieren hacerle creer la ayuda estadounidense a Kenia no es un intento razonable de lograr el desarrollo integral sino una campaña integral y muy organizada para matar a la mayor cantidad posible de personas de nuestro pueblo a fin de que Estados Unidos y otros países desarrollados puedan seguir explotando nuestros recursos nacionales. Es más, la política del Primer Mundo para dominar el Tercer Mundo se hace también a través del imperialismo anticonceptivo bajo la amenaza de retener la ayuda al desarrollo en caso de incumplimiento. Lo que nos hace concluir que no sólo la denominada ‘asistencia a la población’ en los países del Tercer Mundo sino incluso la ‘ayuda al desarrollo’ han sido adoptadas para servir en realidad a los intereses de los más ricos del mundo. De hecho la United States Agency for International Development o USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) es el mayor defensor y único promotor del control de la población de Kenia y los programas que financia se implementan con una crueldad agresiva y elitista. En Kenia el objetivo son siempre los pobres y analfabetos que, o bien son presionados y engañados para usar drogas peligrosas a menudo prohibidas en Occidente, o bien se esteriliza a las mujeres durante el parto sin su conocimiento ni consentimiento”.

LA VACUNA ANTI-FERTILIDAD

Tal era el marco sociopolítico cuando la OMS inició en 1972 su programa de investigación sobre vacunas anti-fertilidad. Pues bien, en 1980 se publicaría en Fertil Steril un trabajo efectuado por H. Nash, G. P. Talwar y otros titulado Observations on the antigenicity and clinical effects of a candidate antipregnancy vaccine: beta-subunit of human chorionic gonadotropin linked to tetanus toxoid que anunciaba ya una “vacuna contra la fertilidad” elaborada con dos componentes: el toxoide del tétanos y la gonadotropina coriónica humana, hormona ésta con dos subunidades de las que la beta-hCG es la más activa.

Una línea de investigación que no tardó en encontrar respaldo internacional. Siete años después -en 1987- Jeff Spieler -investigador biomédico de la USAID- escribiría un artículo en el boletín de la OMS titulado Desarrollo de métodos inmunológicos de regulación de la fertilidad en el que decía: “El desarrollo de vacunas pensadas para inhibir sustancias humanas necesarias para la reproducción constituye un nuevo enfoque de la regulación de la fecundidad. Incluyéndose entre los posibles candidatos a lograr la interferencia inmunológica hormonas reproductivas, antígenos del óvulo y de los espermatozoides y antígenos derivados de tejidos embrionarios o fetales (…) Una vacuna anti-fertilidad debe ser capaz, de forma segura y efectiva, de inhibir sustancias humanas para que, de algún modo, sean antigénicas”.

Con la vacuna anti-hCG desarrollada quedaba probarla en seres humanos fuera del marco de los ensayos clínicos, algo que finalmente pudo haberse realizado de forma subrepticia en la década de 1990 durante las campañas masivas de “vacunación contra el tétanos” supervisadas por la OMS en México, Nicaragua y Filipinas. Solo que en octubre de 1994 la organización católica Human Life International recibió una comunicación de su filial mexicana -el Comité ProVida de México– en la que ésta explicaba que sospechando de los protocolos seguidos habían conseguido varios viales de la vacuna y los habían analizado; y como ahora ha pasado en Kenia constataron que algunos contenían la hCG. Así que Human Life International alertó de inmediato a sus miembros y afiliados en más de 60 países y pronto llegaron desde Filipinas informes según los cuales muchas las vacunas antitetánicas allí puestas contenían la hormona hCG -en ese país se inoculó con ella a más de 3,4 millones de mujeres- y lo mismo se supo desde Nicaragua donde la campaña de vacunación se realizó en 1993. Cabe añadir que en todos los casos -Kenia, México, Nicaragua y Filipinas- se animó a las mujeres a vacunarse con la excusa de que así se prevenía que los recién nacidos padecieran el tétanos.

Al ser cuestionada la OMS en la década de 1990 sobre la vacuna contra el tétanos utilizada en América del Sur en su campaña ligada a la hCG –recuerda el doctor Nagare– ésta rechazó las acusaciones, las tildó de infundadas y pidió pruebas. Y cuando se le proporcionaron por los órganos católicos con sede en esos países la OMS respondió que algunos de los componentes del proceso de producción de las vacunas podían dar falsos positivos aunque luego, cuando se les presionó de nuevo, aceptaron que quizás unas pocas vacunas pudieron haberse ‘contaminado’ con la hCG en el proceso de producción. Sin embargo la hCG no se utiliza en la producción de la vacuna contra el tétanos. Y cuando finalmente se encontraran anticuerpos de la hCG en algunas de las mujeres inmunizadas con la vacuna antitetánica el asunto, simplemente, se silenció. Muchas de las mujeres vacunadas sufrieron abortos y otras se volvieron estériles”.

En el caso de Filipinas la presencia de la hCG se detectó en tres de los cuatro viales examinados, algo que el Departamento de Salud del país y la propia OMS achacaron a fabulaciones procedentes de fuentes católicas defensoras del derecho a la vida. Sin embargo cuando se enviaron otros cuatro viales a analizar al St’ Luke’s Medical Center –un centro luterano de Manila- y todos dieron positivo pasaron de la mera negación a la teoría de la “contaminación mínima” y a alegar que la presencia de la hormona era insuficiente para producir antígenos. Se hicieron entonces pruebas específicamente diseñadas para detectar la presencia de anticuerpos de hCG en sangre y según Human Life International de las 30 mujeres analizadas 26 dieron positivo. Y de nuevo las autoridades hablaron de falsos positivos y de metodología incorrecta.

En plena polémica se supo entonces algo sorprendente: ninguna de las tres marcas de vacunas utilizadas había sido registradas ante la Oficina Filipina de Alimentos y Drogas (BFAD) como exigía la ley y no podían distribuirse, venderse e inocularse. Ante lo que el Secretario de Salud filipino respondió que como las vacunas habían sido certificadas por la OMS era para ellos garantía suficiente de que procedían de fabricantes solventes. Quizás ignoraba -o no- que a mediados de los 80 uno de los fabricantes, Connaught Laboratories, había sido acusado de distribuir viales de productos sanguíneos contaminados con el VIH… a sabiendas.

Tras las campañas de México, Nicaragua y Filipinas la OMS trató de iniciar en 1995 en Kenia una campaña similar contra el tétanos neonatal pero entonces, al contrario de lo sucedido en 2014, fue rechazada por las autoridades keniatas. “Fue la propia OMS –denuncia el doctor Karanja, presidente de los médicos católicos keniatas- la que envenenó México, Nicaragua y Filipinas y la que en 1995 trajo aquí la misma vacuna. Yo estuve en la reunión que se celebró en 1995 entre la Iglesia Católica y el Gobierno y se preguntó a los representantes de la OMS claramente: ¿No se trata de la misma vacuna que se usó para envenenar a personas en otros países? Y en un sorprendente cambio de actitud el entonces Ministro de Salud, Sam Ongeri, profesor de Medicina, declaró que la Iglesia Católica era un importante socio en la prestación de asistencia sanitaria del país y si tenía dudas de la vacuna no se utilizaría. Exigiendo que la misma se probara antes, algo a lo que la OMS se negó cogiendo la vacuna y marchándose del país”.

Dicho esto no está de más recordar que uno de principales apoyos financieros de las campañas de vacunación de la OMS es la Fundación Bill y Melinda Gates y que fue el propio Bill Gates quien en una conferencia sobre cómo reducir las emisiones de carbono dijo en 2010 lo siguiente: “El mundo de hoy tiene 6.800 millones de personas y nos encaminamos hacia los 9.000. Ahora bien, si hacemos un gran trabajo en nuevas vacunas, atención médica y servicios de salud reproductiva podríamos quizás bajar esa cifra en un 10-15%”. En suma, o fue un lapsus o postuló sin tapujos que podían utilizarse vacunas para reducir la población.

Terminamos recordando que en 2012 un informe de la organización Human Rights Watch hablaba de las campañas de esterilización en la India en estos términos: “En gran parte del país las autoridades persiguen agresivamente sus objetivos, especialmente el de esterilización femenina, amenazando a los trabajadores de salud con recortes salariales o despidos. Y como resultado algunos aceptan presionar a las mujeres para que se sometan a la esterilización sin proporcionarlas información suficiente, ya sea sobre las posibles complicaciones, su irreversibilidad o las prácticas sexuales más seguras después del procedimiento”.

Sin comentarios.

Antonio F. Muro 

Este reportaje aparece en
180
Marzo 2015
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