La Ozonoterapia, eficaz en casos de hígado graso

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La Ozonoterapia es eficaz en el tratamiento del hígado graso pues además de bactericida ayuda a regenerar las células hepáticas. Así lo ha constatado el Instituto de Medicina Avanzada con sede en Valencia. La mayor parte de los médicos cree aún que el hígado graso es un problema propio de las personas que ingieren excesiva grasa y/o alcohol con sobrepeso u obesidad pero hoy se sabe que una de cada cuatro personas con ese problema no bebe alcohol de forma habitual ni consume grandes cantidades de grasa. La causa parece estar en una alteración del equilibrio de la flora bacteriana intestinal debido a hábitos dietéticos inadecuados o a la intoxicación de la cadena alimentaría ya que ello provoca un exceso de bacterias pútridas productoras de alcohol que es lo que intoxicaría de forma crónica el hígado.

Nuestros lectores habituales saben que hemos publicado ya varios artículos sobre Ozonoterapia que se pueden leer en nuestra web –www.dsalud.com– pero en esta ocasión vamos a hacerlo sobre una aplicación del ozono que desconocíamos hasta ahora: su eficacia en el tratamiento del hígado graso.

Como se sabe, el hígado es el órgano más grande del interior del cuerpo y juega un papel vital ya que realiza numerosas y complejas funciones imprescindibles ya que todo lo que comemos, respiramos y absorbemos por la piel es metabolizado, filtrado, refinado y desintoxicado por él. De ahí que algunos autores lo definan como “la central electroquímica del organismo”. Además es el único órgano que recibe sangre de dos fuentes: una que proviene del corazón y contiene oxígeno y otra que procede del estómago y los intestinos que básicamente transporta nutrientes. Pues bien, además de actuar como filtro de la sangre eliminando gérmenes y sustancias extrañas el hígado convierte los nutrientes en sustancias que el cuerpo puede luego usar. Así, procesa carbohidratos, proteínas, grasas y minerales para que puedan ser utilizados en el mantenimiento de las funciones del cuerpo y fabrica y exporta sustancias químicas como la bilis, esencial para la digestión de las grasas en el intestino y su eliminación del organismo (vea sus principales funciones en el recuadro adjunto). Es fácil pues entender que muchas de las dolencias que afectan al hígado dependen en mayor o menor medida de la calidad y cantidad de nuestra alimentación. De hecho los expertos coinciden en señalar que una de las causas principales de la aparición del llamado hígado graso es seguir una dieta rica en grasas y en hidratos de carbono carente de frutas y verduras pues este tipo de alimentación no sólo altera la flora bacteriana intestinal sino que además hace que al hígado llegue un exceso de grasa que éste no es capaz de metabolizar.

Pero veamos con más detalle en qué consiste este trastorno que cada vez es más frecuente y por afectar a un órgano vital deberíamos tener mucho más en cuenta.

UN TRASTORNO FRECUENTE

Y vamos a hacerlo de la mano de la doctora Teresa Añón Marín, especialista en Nutrición, Medicina antienvejecimiento y Medicina Estética además de fundadora y directora del Instituto de Medicina Avanzada de Valencia donde, desde hace unos tres años, aplica ozono para tratar esta dolencia.

-¿A qué se denomina hígado graso?

-Médicamente al “hígado graso” se le denomina Esteatosis Hepática y define la patología o enfermedad que provoca un acúmulo excesivo de grasa en los células hepáticas. Como ya sabe el hígado juega un papel primordial en el metabolismo de las grasas que llegan al organismo a través de la alimentación, la mayoría como ácidos grasos libres. Una vez en él parte de los mismos son oxidados a fin de producir energía mientras otra parte –triglicéridos, fosfolípidos, colesterol, etc.- se conserva en él como reserva.

-Está establecido que el porcentaje de grasa de un hígado sano oscila alrededor del 5% de su peso. Casi la mitad en forma de fosfolípidos y ya en menor proporción de triglicéridos y colesterol no esterificado. ¿Qué cantidad de grasa debe alcanzarse para hablar de un caso de hígado grasoo Esteatosis Hepática?

-Cuando el porcentaje de grasa supera ese 5% y además el contenido predominante es de triglicéridos en lugar de fosfolípidos. Ahora bien, podemos hablar de una Esteatosis Macrovesicular –la más frecuente, por cierto- cuando las células hepáticas están repletas de grandes gotas de grasa que rellenan y desplazan el núcleo hacia la periferia o Esteatosis Microvesicular cuando las gotas de grasa son pequeñas, los núcleos se mantienen en el centro y los triglicéridos se acumulan en los orgánulos subcelulares. Esta segunda manifestación refleja mayor alteración metabólica y afecta más al funcionamiento hepático. Pero la mayoría de los enfermos, aproximadamente un 70%, padece Esteatosis Macrovesicular que, afortunadamente, responde mejor y más rápido al tratamiento.

-¿Y a qué se debe esa excesiva acumulación de grasas en el hígado? ¿Es la alimentación la principal responsable?

-Ciertamente. La alimentación influye mucho en nuestro estado de salud. Y afecta directamente al hígado porque éste metaboliza los nutrientes. Es fácil pues colegir que los malos hábitos alimentarios pueden provocar una sobrecarga de grasa en las células hepáticas. El 60% de las personas con hígado graso tienen sobrepeso u obesidad. Pero también el alcoholismo, la ingesta excesiva de hidratos de carbono refinados y grasas, la diabetes, la acidosis metabólica crónica, los trastornos congénitos del metabolismo (del glucógeno, de la galactosa, de la homocisteína, etc.), la hepatosis del embarazo, el consumo crónico de fármacos (como salicilatos, paracetamol, ibuprofeno, ácido valproico, tetraciclinas, corticoides, etc.), el deterioro de la flora bacteriana intestinal con el consiguiente aumento de la fermentación pútrida o el sufrimiento de la mucosa intestinal pueden propiciar el cuadro clínico que se diagnostica como hígado graso.

-¿Y cómo se llega al diagnostico de este trastorno? ¿Cuáles son sus síntomas? Tenemos entendido que su sintomatología es bastante inespecífica y en muchas ocasiones se diagnostica durante las pruebas que se realizan para establecer o descartar otras patologías.

-Así es. La verdad es que casi en una de cada cuatro ecografías se observa un hígado más o menos graso. Se trata, por tanto, de un trastorno frecuente. En cuanto a los síntomas podemos hablar de un aumento de su tamaño (lo que se establece por palpación), porque aparece dolor intermitente en el hipocondrio derecho (en el cuadrante superior derecho del abdomen), porque al hacer un análisis de sangre los niveles de las fosfatasas alcalinas y las transaminasas pueden estar más altas de lo establecido como normal y porque además puede asociarse a hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia e hiperglucemia. Agregaré que aunque tanto una ecografía como un TAC (Tomografía Axial Computarizada) pueden revelar un exceso de grasa para hablar de hígado graso es necesario hacer una biopsia hepática.

-¿Y cuál es la evolución de un hígado graso? ¿Se considera un trastorno grave? ¿Puede peligrar la vida?

-No. El hígado graso –sobre todo el macrovesicular- suele ser reversible y no suele ser nocivo por sí mismo. En contra de lo que mantienen algunos colegas no existen pruebas objetivas de que un hígado graso lleve “per se” a la cirrosis. Para que ello ocurra es necesario que estén implicados otros agentes hepatotóxicos como el alcohol o el tetracloruro de carbono, por ejemplo. En general el hígado graso no alcohólico tiene un tratamiento eficaz y sencillo, especialmente si el enfermo sigue a rajatabla y de forma inmediata una serie de recomendaciones.

-¿Cuáles?

-Ante todo debe perder peso si éste es excesivo. Dicho lo cual agregaré que en algunas personas bajar de peso no implica una mejoría del hígado graso. También debe eliminar todos los tóxicos hepáticos; sobre todo, el alcohol, el café, el tabaco y los medicamentos innecesarios, especialmente los analgésicos. Además se debe hacer ejercicio moderado. En cuanto a la dieta la indicación es que disminuya la ingesta de grasas animales así como de vegetales si son hidrogenadas, consuma gran cantidad de frutas y verduras, y evite la acidosis metabólica persistente.

-Mencionaba usted antes la importancia de una saludable flora bacteriana intestinal. ¿Se dan también indicaciones en este sentido?

-Por supuesto. Mire, una inadecuada combinación de alimentos y la ingesta de alimentos que estén intoxicados por la cadena alimentaria está provocando cada vez más casos de personas que sufren en su interior una fermentación pútrida que se acompaña de gran producción de edol y ecatol, dos alcoholes que produce nuestro intestino. Hay personas cuya flora llega a producir hasta ¡un litro diario de alcohol! Y esa situación de intoxicación, sostenida en el tiempo, puede llevar no sólo a un hígado graso sino, incluso, a una cirrosis. De ahí que en nuestro instituto demos absoluta preferencia a la buena salud de la flora bacteriana e intentemos mantener el pH metabólico en niveles equilibrados.

-¡Un litro diario de alcohol… sin beber alcohol!

-Sí. Y eso explica muchos casos de hígado graso en personas que no beben ni una gota de alcohol pero se alimentan incorrectamente o con alimentos intoxicados.

-Y además de prevenir, ¿qué se puede hacer una vez detectado el problema? Sabemos que en el instituto que usted dirige, con más de 20 años de experiencia en el tratamiento de muy diversas patologías, tratan también con ozono los casos de hígado graso? ¿Puede explicarnos el tratamiento?

-Lo haré de forma resumida porque, como sabe, son muchas las propiedades del ozono. Para empezar diré que el ozono favorece la función desintoxicante del hígado y que está comprobada su eficacia en el caso de enfermedades hepáticas por consumo de alcohol, virus o degeneración grasa. Además se sabe que reduce intensamente los lípidos en sangre (especialmente el colesterol y los triglicéridos), estimula el riego sanguíneo, mejora el suministro de oxígeno a todo el organismo, fortalece el sistema inmune, mejora el estado de cansancio general, ayuda al organismo a soportar mejor otros tratamientos (como la quimio o la radioterapia, por ejemplo), combate eficazmente el estrés, tiene gran poder cicatrizante, controla el nivel de ácido úrico, etc. De ahí que además de en los casos de hígado graso se considere de utilidad en otras muchas y diversas dolencias como hepatitis, úlceras, vértigo, migraña, arteriosclerosis, gota, acné, eczemas, micosis, celulitis lipodistrófica, disbacteriosis vaginal, candidiasis, tratamientos del dolor, etc.

OZONOTERAPIA PARA EL HÍGADO GRASO

-Tenemos entendido que han tratado ustedes con ozono un millar de casos de hígado graso en los últimos tres años. ¿Con qué resultados?

-Muy satisfactorios, la verdad. En la mayoría de los casos el tratamiento es definitivo siempre y cuando el paciente siga al pie de la letra las recomendaciones de las que hablábamos hace un rato. Si vuelve a los malos hábitos y el pH o la flora intestinal se desequilibran pueden producirse recaídas. Aunque nunca serían tan fuertes como la crisis que les trajo a nuestra consulta por primera vez.

-En cuanto a ese millar de casos, ¿presentaban todos un patrón unitario o había diferencias entre ellos?

-Verá, todos eran casos de hígado graso pero dentro de ellos se observaban, digamos, tres subgrupos. Por un lado, los que presentaban hígado graso asociado a alteración de la flora bacteriana. En esos casos lo que hacemos es una terapia microbiológica para modificar la flora bacteriana mediante la difusión intestinal de ozono y oxígeno. Lo que se hace es colocar una sonda rectal e introducir por ella la mezcla terapéutica durante cinco minutos. Como el hígado es el órgano filtro que recibe el aporte sanguíneo del intestino el oxígeno y el ozono llegan rápidamente al hígado a través de las venas inflahepáticas. Después de la sesión administramos por vía oral flora intestinal en forma de cápsulas o ampollas.

-¿Cuánto dura el tratamiento en este caso?

-Pues serán necesarios de 2 a 8 tratamientos como el descrito. Normalmente se hace una sesión por semana así que estamos hablando de unos dos meses como norma general.

-¿Y en los otros casos?

-El segundo subgrupo es el de las personas que además de hígado graso presentan hipercolesterolemia y/o hipertrigliceridemia. Cuando tal es la situación lo que se hace es lo llamamos “gran autohemoterapia”.

-¿Gran autohemoterapia? ¿En qué consiste?

-Se trata de la aplicación en sangre durante media hora de una mezcla de oxígeno y ozono. Es decir, se extrae un poco de sangre del paciente, se ozoniza en un circuito cerrado sin riesgo de contaminación y se vuelve a inyectar. En este caso el tratamiento se aplica una o dos veces por semana durante diez semanas.

-¿Y el tercer supuesto?

-El tercero es el de los pacientes que presentan hígado graso pero no asociado con hiperlipidemia o flora bacteriana alterada. En esos casos se aplica una terapia única de insuflación intestinal de entre dos y diez tratamientos –depende de cada persona- a razón de una sesión por semana.

-Y en todos los casos la técnica es ambulatoria…

-Así es. El paciente llega a nuestra clínica, se aplica el tratamiento durante los minutos que requiera su diagnóstico y después continúa con su vida cotidiana.

-¿Alguna molestia o efecto secundario?

-En los tres años que llevamos aplicando esta técnica ninguno de nuestros pacientes nos ha comentado que haya sufrido algún malestar, siquiera leve, como consecuencia de la aplicación del tratamiento. Entendemos, por tanto, que es inocuo, seguro y eficaz.

-Y puede recurrir a él cualquier persona cuyo hígado haya acumulado demasiada grasa…

-Exacto. Independientemente de su edad, condición o de las causas que le hayan llevado a ese trastorno.

-Gracias, doctora Añón.

-A ustedes.

L.J.

Recuadro:


10 razones para cuidar nuestro hígado

Existen muchas más pero estas diez son las que señalaría cualquier experto:
1) Es un órgano cuyas funciones son esenciales para mantenernos vivos.
2) Ayuda al organismo a utilizar los alimentos como nutrientes.
3) Destruye y elimina gérmenes y sustancias químicas que han podido llegar a la sangre y podrían dañar al organismo
4) Actúa como filtro de toxinas entre el intestino delgado y el resto del cuerpo.
5) Produce bilis, necesaria para digerir las grasas.
6) Produce aminoácidos, triglicéridos, colesterol y glucosa.
7) Almacena vitaminas, minerales y glucógeno.
8) Contribuye a mantener el equilibrio de glucosa, proteínas, grasas, hormonas, colesterol, vitaminas y otros elementos importantes.
9) Obtiene hierro de los glóbulos rojos.
10) Participa en la coagulación de la sangre.


Recomendaciones para evitar el hígado graso

-Evitar la obesidad o el sobrepeso.
-Evitar o limitar la ingesta de alcohol.
-Evitar o, al menos, no abusar de medicamentos, especialmente de analgésicos y antiinflamatorios.
-Cuidar la alimentación. En este sentido es recomendable evitar la leche de vaca, los quesos curados y las grasas de origen animal, reducir el azúcar y los dulces, cuidar que no falten las proteínas vegetales en la dieta; tomar antioxidantes como el selenio y las vitaminas A, C y E, alimentos ricos en fibra, pescado azul y legumbres, frutas y verduras que aseguren el buen estado de la flora intestinal.
-Hacer ejercicio moderado a diario ya que contribuye a mantener el equilibrio metabólico.

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Octubre 2007
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