La recuperación de Dominik Feld con la Medicina Celular

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Por primera vez un tribunal alemán ha reconocido el derecho de unos padres a tratar a su hijo con la denominada medicina alternativa respetando su decisión de abandonar la quimioterapia como tratamiento para su cáncer. A los padres de Dominik Feld un juzgado de primera instancia, previa denuncia médica, les había suspendido los derechos sobre su hijo por haber decidido recurrir a la Medicina Celular del doctor Rath para reducir las metástasis pulmonares de su hijo. Es más, a pesar de las pruebas presentadas sobre la evidente remisión de sus masas tumorales los oncólogos querían seguir aplicándole quimioterapia algo a lo que los padres se negaron. El tribunal ha devuelto a los padres la custodia de su hijo. Y éste se encuentra estupendamente.

Pocas cosas hay tan dolorosas para unos padres como ver a un hijo con cáncer consumirse en un continuo deterioro físico y psicológico viendo que el largo y agresivo tratamiento a que es sometido no conduce a ninguna parte. Sólo que ese drama se convierte en algo insoportable cuando comprueban que si deciden ejercer su derecho a la libertad de elección de tratamiento y buscan soluciones terapéuticas distintas a las convencionales… ¡hasta les pueden quitar los derechos de custodia de su hijo! Un drama que adquiere tintes trágicos cuando encima esa decisión judicial se toma precisamente ¡por iniciativa de los médicos que deberían buscar lo mejor para el niño! Y que alcanza ya un nivel absolutamente grotesco cuando la misma pretende tomarse precisamente cuando todas las pruebas demuestran que la enfermedad está siendo superada, el niño se está recuperando y poco a poco va volviendo a su vida normal. Bueno, pues exactamente eso es lo que les ocurrió a Ankey Josef, padres del niño alemán Dominik Feld cuyo caso contamos en este artículo.

“Tener un hijo enfermo de cáncer–empezarían explicándonos los padres de Dominik- es una enorme carga y una gran responsabilidad. Especialmente porque la búsqueda de la mejor terapia posible no se la ponen a uno nada fácil. Lo hemos sufrido en nuestras carnes. En lugar de ayuda encontramos sólo arrogancia e ignorancia. Si en el verano del 2003 hubiéramos seguido las recomendaciones de los médicos que le estaban tratando en la Clínica Universitaria de Münster nuestro hijo no sólo habría perdido la pierna sino que posiblemente no viviría ya. Afortunadamente decidimos seguir nuestro propio camino consiguiendo que Dominik conservara la pierna y librándole de la condena a muerte que en su caso suponía la quimioterapia”.

Una decisión, cabe añadir, valiente y acertada: las últimas pruebas -efectuadas en enero de este año- muestran que hasta las masas tumorales del pulmón han desaparecido.

QUERÍA SER FUTBOLISTA

Dominik tiene hoy nueve años, cuatro hermanos y forma parte de una familia feliz en un pequeño pueblo próximo a la ciudad de Siegen (Alemania). Ama el fútbol, admira a Oliver Khan y quería ser porteropero en septiembre del 2002 lo que parecía ser una simple lesión de rodilla se presentó dramáticamente como un osteosarcoma, es decir, un cáncer de huesos. Tenía un tumor maligno ubicado justo encima de la rodilla derecha. Llevado a la Clínica Infantil de Siegen se comprobaría además que el cáncer se había extendido y el pulmón estaba ya invadido a causa de la metástasis. Las probabilidades de supervivencia parecían pues bastante remotas.

Comenzaría así la lucha desesperada de los padres por intentar salvar la vida del hijo. Y como suele ser habitual en lo primero que pensaron es en los tratamientos comúnmente aceptados. “Tras comunicarnos el diagnóstico -recuerdan sus padres- dos médicos nos informaron de lo que es la enfermedad, de su evolución, de su negro pronóstico, de los riesgos que corría, de la quimioterapia más adecuada a su caso… y de la necesidad de amputar la pierna. Y eso que según los oncólogos no había esperanzas de que el niño sobreviviera a la enfermedad. Todo eso nos lo comunicaron y explicaron en sólo dos horas. ¡Fue horrible! Dominik perdería la pierna, la quimioterapia favorecería la aparición de una segunda enfermedad cancerígena y podría quedarse impotente, enfermar del corazón, de los oídos, de los riñones, de otros órganos internos… Agregando que los primeros efectos secundarios podrían aparecer, como si se tratara de una bomba programada, dentro de algunos años… pero también durante cada uno de los ciclos”.

Entonces se les “ofreció” que Dominik entrara a formar parte de un nuevo programa de quimioterapia denominado COSS96 que incluía medicamentos “en fase de experimentación”. Sólo que sus lógicas reticencias transformarían pronto aquel “ofrecimiento” de los oncólogos en una velada amenaza sobre su posible inhabilitación como padres si se negaban. “Argumento” que acabó “convenciéndoles” y Dominik sería sometido en Siegen al nuevo tratamiento quimioterápico. A pesar de lo cual el tumor seguiría aumentando de tamaño mientras el niño sufría terribles dolores. Un mes después, en octubre, Dominik sería trasladado a la Clinica Universitaria de Münster para continuar siendo tratado… a pesar de su tremendo deterioro físico (llegó a pesar sólo 16 kilos). Allí permanecería dos meses más hasta que en diciembre, al no lograr resultados, los médicos comunicaron a los padres que había que “suprimir el tumor primario” ¡amputándole por completo la pierna!

“Nos negamos en redondo –me diría Anke-. Y confesamos al médico que habíamos estado en Lourdes y desde entonces la pierna de Dominik, que tras la biopsia se había inflamado hasta alcanzar el doble de su tamaño, volvía a tener un tamaño normal. Ante lo que el profesor respondió:‘Ya. ¿Y quién ha sido el causante de la mejoría? ¿Quizás Dios todopoderoso? Dios no nos ayuda. De lo contrario no andarían corriendo por aquí tantas cabezas peladas. Yo sí que puedo decirles lo que nuestro querido Dios hace: se lleva a sus hijos”. De esa manera se expresó a pesar de que Dominik estaba sentado a nuestro lado presa del terror. Lo había oído todo. Estábamos tan indignados con su actuación que pensé para mí: decidamos lo que decidamos este médico no opera a mi hijo. Y rechazamos la intervención”.

El siguiente paso fue informarse ampliamente sobre las alternativas que le quedaban a su hijo ante la terrible perspectiva de perder la pierna. Y como casi siempre que uno busca encuentra… la solución apareció. Porque en la Clínica Universitaria de Munich los médicos afirmaron que era posible operar a Dominik del osteosarcoma en la rodilla y colocarle luego una nueva prótesis que tiene la virtud de ajustarse al crecimiento de los huesos. Prótesis con la que llevaban trabajando desde hacía más de diez años a pesar del aparente desconocimiento de los médicos de Münster sobre ella. Así pues, en febrero del 2003 Dominik fue operado y se le implantó la prótesis evitando su innecesaria mutilación.

Tras la intervención el niño debía regresar a Münster para continuar con la quimioterapia pero dada su debilidad y su depresión por todo lo sufrido los padres decidieron aplazar la vuelta el máximo tiempo posible. En Semana Santa, sin embargo, ante las nuevas amenazas de los médicos de Münster, se reanudarían las sesiones de quimioterapia.

Poco después esos mismos médicos les informarían de que era inevitable operar a Dominik… pero esta vez para eliminar las metástasis de los pulmones. Era “imprescindible” –les dijeron- para tener “alguna probabilidad” de supervivencia o curación. Sin embargo, el estado de salud de Dominik había empeorado tanto con la dolorosa quimioterapia que la intervención tuvo que posponerse. Finalmente, ante la falta de garantías respecto a una posible mejoría con el tratamiento los padres decidirían suspender los últimos ciclos de quimioterapia e intentar otra cosa.
Fue entonces cuando se decidieron a probar el tratamiento de Medicina Celular propuesto por el doctor Matías Rath (vea el texto al respecto publicado en el nº 54 en nuestra web: www.dsalud.com) que se basa en la “simple” ingesta de vitaminas, minerales, aminoácidos y otros oligoelementos. Sustancias que no sólo poseen la capacidad de prevenir enfermedades –incluido el cáncer- sino también de detener su progresión e, incluso, ayudar al organismo a curarse haciendo desaparecer el cáncer por completo. Miles de estudios avalan sus propiedades aunque la gran industria farmacéutica lo intente ocultar.

“Aprincipios de junio del 2003–nos explicarían Ankey JosefFeld- empezamos con el plan gradual de Medicina Celular que se había elaborado a medida para Dominik. Y ya en la siguiente tomografía computerizada el médico nos certificó que la metástasis pulmonar se había reabsorbido. Incluso nos dijo que si Dominik fuera su hijo él no le operaría”.

Como el lector imaginará la esperanza renacería en los padres de Dominik que siguieron tratando a su hijo con los micronutrientes. Y el 1 de septiembre el niño se había recuperado de tal manera que ¡pudo volver al colegio! Una felicidad que se desbordaría cuando en la siguiente cita, en Hemer, el especialista de pulmón les diría que no se veía nada anormal en los pulmones.

Sin embargo, sucedería algo con lo que no contaban. Porque a pesar de todo, a pesar de ver el mejorado estado del niño -que volvía a sonreír sin dolores- y de los resultados de las pruebas… los médicos de la Clínica Universitaria de Münster dieron un ultimátum a los padres para que Dominik volviera de inmediato a tratarse con quimioterapia.

INTERVIENE LA JUSTICIA

La “recomendación” la haría el director del servicio de Oncología de la Clínica Universitaria de Münster, el profesor Jürgens, quien en septiembre escribiría en estos términos a los padres de Dominik: “Queremos comunicarle una vez más que es necesario intervenir quirúrgicamente a su hijo para retirar la metástasis pulmonar. En el caso de un osteosarcoma (cáncer del hueso) es necesario aun cuando las metástasis pulmonares hayan disminuido debido a la quimioterapia y aun cuando hayan desaparecido aparentemente en las pruebas”. La carta especificaba una fecha para el ingreso en la clínica. Es decir, Jürgens tenía la desfachatez de atribuir la mejoría de Dominik a la quimioterapia. Obviamente, los padres se negaron en redondo.

“Nosotros no estamos contra la medicina convencional ni a favor de alternativas no constatadas–explica Josef- pero cuando hay alternativas médicamente probadas de cualificados profesionales pensamos que los padres tenemos el derecho y el deber de escoger libremente lo que consideremos mejor para nuestro hijo. Y como el tratamiento convencional que nos ofrecían tenía menos de un 20% de posibilidades de éxito no nos quedó otra alternativa que buscar algo que diera a nuestro hijo mayores esperanzas de supervivencia”.

La reacción del doctor Jürgens sería la de enviar una carta -fechada el 15 de octubre del 2003- a la Corte del distrito de Betzdorf solicitando les fuera retirada a Anke y Josef Feld la custodia de Dominik así como su derecho a determinar el lugar de residencia. Y sólo cuatro días después –el 19 de Octubre- recibirían una carta de la Oficina del Defensor del Menor en la que se les anunciaba que el Juzgado de Primera Instancia iba a examinar su derecho a la patria potestad.

En la vista el Dr. Nürnberger -como perito médico de la Corte- preguntaría a los padres si no se daban cuenta de que estaban poniendo su fe en una “cura milagrosa” por cuanto no existe “evidencia científica” de la eficacia de la Medicina Celular. Aportando para apoyar su opinión ¡un reportaje aparecido en Der Spiegel! que criticaba lo afirmado por Matías Rath. Y con tan “contundente” argumento la jueza (según la resolución AZ 5 F 466/03) decidiría retirar a los padres de Dominik el derecho a decidir sobre su cuidado médico y lugar de residencia. “Los derechos de los padres respecto a los cuidados médicos y la determinación del lugar de residencia de Dominik Feld –dice el auto- les son retirados en tanto que afectan a la operación quirúrgica de pulmón que debe realizarse para retirar las metástasis. Y se transfiere por la presente a un custodio suplementario”.

Afortunadamente, recurrido el auto se aceptaría suspender cautelarmente la decisión hasta que se revolviese la apelación. Y durante ese tiempo Dominik pudo seguir el tratamiento de Matías Rath. Pues bien, el recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Coblenza se vio el pasado 31 de marzo del 2004. Y, aunque parezca mentira, los padres de Dominik aseguran que se enteraron por la prensa de la fecha en la que se iba a resolver su caso.

¡VICTORIA!

“La vista final–recuerda la Sra. Feld- se nos ha quedado grabada en la memoria: discusiones sobre diagnósticos y pronósticos, disputas entre los peritos… y multitud de comentarios jurídicos que apenas entendíamos. Y en medio estábamos nosotros que, de algún modo, éramos parte de todo aquello pero a la vez no. Y por fin la frase liberadora: “Váyanse a casa sabiendo que a partir de ahora van a poder dormir tranquilos”.No se trataba de la sentencia, no; esas cosas vienen por escrito pero se trataba de una afirmación clara. ¡Gracias a Dios!”

La justicia, esta vez, sí hizo Justicia. Porque después de examinar detalladamente el historial clínico los jueces confirmarían que Anke y Josef Feld habían actuado de forma responsable. “En la decisión (…) -dice la nota de prensa de la propia Corte- los padres fueron totalmente conscientes de la responsabilidad frente a su hijo y conocían el estado de salud objetivo del niño así como el estado anímico de éste. Y tras considerar y sopesar todas las circunstancias expuestas durante la vista oral así como las pruebas practicadas no puede deducirse que el comportamiento de los padres pusiera en peligro el bienestar del niño”. La sentencia llega además a la conclusión de que “la patria potestad no obliga a realizar casi a ciegas todo lo médicamente posible como tampoco obliga a aplicar la última medida tenida en consideración sin tener en cuenta las perspectivas de éxito ni las circunstancias que acompañan al caso”. Es más, la sentencia reconoce que existe un límite en el que los padres estarían autorizados a poner fin a un tratamiento: “De conformidad con lo dispuesto en el Art. 1.666 del Código Civil alemán (BGB), a este modo de obrar jurídicamente no se le puede reprochar nada”.

En el comunicado hecho público tras conocer la resolución, la familia Feld afirma: Afortunadamente a partir de ahora podremos tratar a Dominik con los nutrientes esenciales sin tener miedo de que alguien nos vaya a quitar al niño. Estamos realmente satisfechos porque sabemos que ahora nuestro hijo se pondrá bien. Gracias a los nutrientes esenciales Dominik se ahorrará tener que pasar por la cruel quimioterapia con sus impredecibles secuelas y los miserables pronósticos de los tratamientos convencionales contra el cáncer. El niño va por buen camino. La medicina celular del Dr. Rath fue el punto de inflexión de esta historia. (…) Vamos a luchar para poder elegir individualmente los tratamientos médicos y tener derecho a adquirir libremente los remedios curativos necesarios. Con la sentencia de Coblenza se ha dado un paso muy importante. Pero no podemos descuidarnos, tenemos que esforzarnos para que todas las personas enfermas de cáncer tengan la oportunidad de recuperar la salud”.Y no se trata de simple palabras: los padres de Dominik han puesto en marcha una fundación para ayudar a quienes se vean en situaciones similares.

Es evidente, examinando la sentencia, que la misma no hace una valoración del tratamiento propuesto por el Dr. Rath ni de la eficacia de la Medicina Celular pero es igualmente evidente que, a la vista de los resultados presentados sobre la salud de Dominik, la sala la consideró una opción válida a la que los padres, de forma responsable, tenían derecho a recurrir en su esfuerzo por curar a su hijo.

Hay que agregar que si bien en nuestro país la legislación no es equiparable, el “caso Dominik” debería hacer reflexionar a padres, médicos y jueces sobre el papel de cada uno en el desarrollo de los tratamientos médicos recordando el derecho de cualquier persona -así como de los padres en los casos de hijos menores de edad- para escoger aquel tratamiento que, de acuerdo a sus convicciones y a la información científica disponible, entienda que más conviene en su caso. Cuando a causa de una enfermedad está en juego la vida de una persona debe ser ésta quien tenga –o los padres en el caso de menores de edad- la última palabra.

LA MEDICINA CELULAR

Llegados a este punto conviene recordar de nuevo en qué se basa la Medicina Celular propuesta por Matías Rath. Como ya explicamos en su día, las investigaciones realizadas por el Dr. Rath, discípulo y colaborador del dos veces Premio Nobel Linus Pauling -primero en hablar de la Medicina Ortomolecular como “terapia que consiste en proporcionar a cada persona la concentración óptima de las sustancias que están presentes en nuestro organismo con el fin de corregir alteraciones y mantener una buena salud”- se basan en tres puntos básicos:

1) Los conceptos de enfermedad y salud están determinados por el estado de las innumerables células que forman nuestro cuerpo y nuestros órganos.
2) Para que las células puedan realizar las miles de reacciones bioquímicas que producen a cada momento en el organismo necesitan vitaminas, minerales, proteínas, enzimas, coenzimas y otros oligoelementos vitales. Y la deficiencia crónica de esos nutrientes esenciales es la causa más frecuente e importante del mal funcionamiento de las células y del desarrollo de diversas enfermedades, entre ellas las cardiovasculares y el cáncer.
3) La Medicina Celular defiende, en consecuencia, que la ingesta de una dosis diaria óptima de tales nutrientes es una medida preventiva y terapéutica eficaz contra las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y otros muchos problemas de salud.

La Dra. Aleksandra Niedzwiecki, directora del Instituto de Investigación Matías Rath–con sede en California (EE.UU)- y que fue quien declaró ante el tribunal de Coblenza sobre el tratamiento seguido por el pequeño Dominik afirmaría tras el proceso: Los resultados de nuestras investigaciones demuestran claramente que la expansión en el tejido conjuntivo de las células de los osteosarcomas –de forma similar a como sucede en otros tipos de células cancerígenas examinadas– puede bloquearse totalmente con ayuda de los micronutrientes. Es más, nuestras investigaciones indican que una adecuada combinación de dichos micronutrientes puede detener incluso el crecimiento de las células cancerosas. Y no olvidemos algo importante: se trata de productos naturales exentos de efectos secundarios. Confío por ello en que el presente procedimiento siente las bases del futuro control de las enfermedades cancerígenas”.
Es evidente que como el 90% de las muertes por causa del cáncer se producen en la fase metastásica el bloqueo de la propagación de las células cancerígenas -piedra angular del método de Rath para tratar el cáncer- es excelente.

METÁSTASIS Y COLÁGENO

Rath añade que para que un agente infeccioso -como un virus o una célula cancerígena- se desplace por el tejido conjuntivo -soporte de tejidos y órganos- debe ser capaz de disolver temporalmente el tejido circundante -es decir, el colágeno, principal molécula estructural de los huesos, la piel, las paredes de los vasos sanguíneos, los demás órganos y las fibras elásticas- a fin de abrirse camino y llevar a la metástasis (diseminación de las células cancerígenas por el organismo). Algo para lo que las células cancerosas utilizan ¡enzimas!

Es decir, todas las células cancerígenas se extienden al parecer con la ayuda del mismo mecanismo: la disolución de los tejidos adyacentes. Y eso lo logran produciendo una gran cantidad de enzimas destinadas a destruir el colágeno del tejido conjuntivo adyacente lo que impide que las células cancerosas queden encerradas en un área limitada y se diseminen invadiendo otros órganos. De ahí que la rapidez con que el cáncer se extiende a través del cuerpo dependa del número de enzimas producidas por la célula cancerosa. Obviamente, cuanto más rápida es la extensión de la enfermedad más se reduce la expectativa de vida del paciente. (hay que decir precisamente que una de las características del Bio-Bac es la de que anula la actividad de esas enzimas… ¡con otras enzimas a las que se acopla!

LA LISINA Y LA VITAMINA C

El Dr. Rath ha constatado, por su parte, que la Naturaleza proporciona dos grandes grupos de moléculas que pueden bloquear el mecanismo de asimilación y disolución de colágeno. Al primer grupo pertenecen los inhibidores propios de nuestro organismo que son capaces de poner fin a la acción de las enzimas disolventes de colágeno en muy poco tiempo si bien en el caso de enfermedades infecciosas o cáncer se muestran claramente insuficientes. El segundo incluye las sustancias inhibidoras de enzimas que provienen de nuestra dieta o los suplementos dietéticos y que nos permiten levantar una segunda línea de defensa en la protección del colágeno. Siendo el elemento más importante de este segundo grupo la lisina, uno de los ocho aminoácidos que nuestro organismo no puede producir y han de ser suministrados necesariamente a través de la dieta. Cabe añadir que la cantidad diaria requerida de lisina es mayor que la de los demás aminoácidos algo que se debe a que –aproximadamente- un 25% del colágeno -la base estructural de los huesos, la piel, las paredes de los vasos sanguíneos y los demás órganos- está formado por dos aminoácidos: la lisina y la prolina. Por tanto, si se suministra una cantidad suficiente de lisina a través de algún suplemento dietético pueden bloquearse las enzimas disolventes de colágeno y prevenir la degradación del tejido conjuntivo. Y no hay además problema en tomarlo en exceso, ni siquiera cuando se ingieren cantidades elevadas del orden de 10 gramos o más al día. En suma, para Rath esa es la razón de que la ingesta de grandes dosis de lisina de tan buenos resultados en el tratamiento de todos los tipos de cáncer.

En todo caso, para completar la labor de bloqueo de las células cancerosas Rath afirma que resulta también básica la vitamina C, imprescindible para el ser humano por sus diversas aportaciones a la vida celular. De hecho, la vitamina C:

-Es imprescindible para la estabilidad de nuestros vasos sanguíneos, nuestro corazón y los demás órganos de nuestro cuerpo. Sin vitamina C nuestro cuerpo se derrumbaría y se desintegraría, como en el caso del escorbuto.
-Garantiza la producción y el funcionamiento óptimo del colágeno, la elastina y las demás moléculas del tejido conjuntivo que dan consistencia a nuestros vasos sanguíneos y nuestro cuerpo.
-Acelera el proceso de curación de heridas en todo el cuerpo, incluso la curación de millones de heridas y grietas minúsculas en el interior de las paredes de los vasos sanguíneos.
-Es el principal antioxidante del cuerpo. Una cantidad adecuada de vitamina C protege el sistema cardiovascular y el cuerpo de la oxidación biológica.
-Refuerza la acción de una serie de catalizadores biológicos (enzimas) que optimizan el metabolismo del colesterol, los triglicéridos y otros factores de riesgo reduciendo la probabilidad de una enfermedad cardiovascular.-Proporciona combustible nuevo a los suministradores de energía de las células.

Paradójicamente, el organismo humano –a diferencia de la mayoría de los animales- no produce vitamina C. De ahí la importancia de suplir su deficiencia con la dieta o a través de complementos vitamínicos.
En suma, las razones expuestas son las que han llevado en los últimos años a Matías Rath a oponerse frontalmente a los límites máximos impuestos al consumo de vitamina C por considerarlos ridículos, claramente insuficientes y carentes de justificación científica.

EL PROGRAMA DE DOMINIK

La Dra. Aleksandra Niedzwiecki agregaría, en todo caso, que el programa vitamínico completo que el Dr. Rath propuso para atender a Dominik no sólo permitía inhibir la actividad de las enzimas destructoras de colágeno sino también incrementar la consistencia del tejido que encapsula el tumor y, al mismo tiempo, hacer que otros micronutrientes actuaran contra las células cancerígenas. Añadiendo que a cada enfermo hay que proponerle un tratamiento específico a su caso con nutrientes y dosis personalizadas haciendo además el adecuado seguimiento. Advertencia tras la cual no tuvo inconveniente en explicarnos cuál fue el tratamiento que siguió Dominik (incluimos los nombres comerciales):

Vitacor plus (VP).Contiene vitaminaC, los aminoácidos lisinay prolina, carotenos naturales (caroteno alfa, luteína, zeazantina ycryptoxantina) y vitamina Enatural para garantizar una protección antioxidante completa de las células del organismo.

Epican (Ep).Contiene vitamina Cen sus formas de ascorbato cálcico y ascorbato de magnesio –se trata de formas optimizadas de la vitamina C de fácil tolerancia- así como en la de palmitato de ascorbilo -forma liposoluble de vitamina C que contribuye a la protección de las células-; dos aminoácidos esenciales –la lisinay la argininay uno no esencial: la prolina. (la lisina y la prolina tienen, como ya dijimos, un papel importante en la formación del tejido conjuntivo mientras que la arginina activa el sistema inmune), minerales antioxidantes -protegen de los radicales libres- como el cobrey el manganeso (el cobre fortalece además el sistema inmune) y galato de epigalocatequina(EGCG), un polifenol o flavonoide presente en alimentos como el té verde con propiedades antioxidantes y de protección celular.

-ImmunoCell (IC). Combina vitaminas B6, B12y C, hierro-imprescindible para una óptima producción y funcionamiento de los glóbulos rojos-, ácido fólico´-imprescindible no sólo para la formación de células sanguíneas sino también para prevenir deformaciones del feto, como la espina bífida- y betacaroteno –que mejora la defensa de las células contra los agentes oxidantes y previene daños celulares.

LysinC-Drink (LCD).En esta fórmula la lisina se encuentra en una proporción 1:1 con la vitamina C en sus formas de ácido ascórbico, ascorbato de calcio y ascorbato de magnesio. También contiene bioflavonoides cítricos que mejoran la ingesta y procesamiento de estos suplementos nutricionales por las células del cuerpo.

-ProLysinC (PLC). Se trata de un complejo que contieneprolina, lisina y vitamina C en cantidades equilibradas para la formación de moléculas de colágeno. Esta fórmula de la Medicina Celular está creada para personas con una especial necesidad de aminoácidos.

VitaCforte(VC). Contiene cuatro formas de vitamina C.

LA LOCURA DE SEGUIR COMO ESTAMOS

Qué duda cabe, en suma, de que el caso de Dominik -como el de tantos otros- es un vivo ejemplo de cómo la aplicación práctica de los micronutrientes en el tratamiento de enfermedades graves debiera hacer replantearse a los sistemas de salud el actual sistema de ensayos. Porque si éstos no son capaces de reflejar las sinergias celulares de nuestro organismo -incluidas aquellas que tienen que ver con nuestra actitud mental- deben modificarse.

Es más, debiera obligarse a los oncólogos a emplear primero las numerosas terapias inocuas existentes contra el cáncer antes de aplicar tratamientos tan brutalmente agresivos y de graves efectos yatrogénicos como los de la radioterapia y la quimioterapia.
La primera razón es de carácter ético: en los últimos 30 años las cifras de supervivencia y la proporción de cura del cáncer con las terapias convencionales permanecen prácticamente inalteradas con muy pocas excepciones. Y dice un refrán español que sólo el burro tropieza dos veces en la misma piedra. El escritor británico Rudyard Kipling, por su parte, fue más elegante: “La locura -dijo- es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”.

Bueno, pues eso es exactamente lo que está ocurriendo en el caso del cáncer. Se investiga más y más de lo mismo y en la misma dirección. ¿Cuándo se va a permitir que entre aire fresco en el actual sistema de tratamientos y protocolos?

La segunda razón que debiera llevar a los oncólogos y a la Administración sanitaria a apoyar los tratamientos alternativos en lugar de a perseguirlos es económica. Su aplicación supondría una reducción de la estancia de los pacientes en los hospitales y una disminución de las complicaciones inherentes a los tratamientos convencionales. Además el estado se ahorraría millones de euros en medicamentos.

Ahora bien, ¿lo consentirán las grandes multinacionales farmacéuticas? ¿Seguirán sordos y ciegos los oncólogos ante casos como el de Dominik?

Antonio F. Muro

Recuadro:


Cientos de estudios avalan la eficacia de los micronutrientes en la salud

A pesar de que cada vez más voces en el campo ortodoxo del tratamiento del cáncer reconocen que las nuevas terapias deben buscar el fortalecimiento del sistema inmune del paciente… esos mismos investigadores parecen mantenerse ciegos y sordos ante el hecho incontestable de que los micronutrientes juegan un papel fundamental en ello. Y eso que hay cientos de estudios que lo demuestran.

Por referir alguno que pueda resultarnos cercano, basta repasar el resumen de las comunicaciones presentadas del IX Congreso Internacional de la Sociedad Española de Nutrición celebrado en noviembre del 2003. En una de ellas, U. Moser -investigador de la Universidad de Berna (Suiza) vinculado a los Laboratorios Roche– presentó un trabajo titulado Las vitaminas influyen sobre el sistema inmune en el que podía leerse: “Las vitaminas son esenciales para la regulación de las vías metabólicas y por ello también para la respuesta inmune. La alteración de la ingesta de varios micronutrientes esenciales puede modular la respuesta inmune. Esto es cierto, en particular, en niños y ancianos cuyo sistema inmune se deteriora con la edad. Por eso las recomendaciones nutricionales van encaminadas, entre otras, hacia una adecuada función de las células inmunocompetentes más que hacia enfermedades deficitarias”.

Otra comunicación de ese congreso se titulaba Micronutrientes y salud ¿Debemos suplementar nuestra dieta”. Y en ella, su autor, Chandra RK –miembro del Departamento de Pediatría del Memorial University of Newfoundland de Canadá- afirmaba: “Un amplio consenso indica que la utilización de multinutrientes con cantidades óptimas de elementos esenciales y vitaminas, basados en curvas dosis-respuesta, proporcionan como resultado el aumento de la respuesta inmune y una disminución en la recurrencia de infecciones comunes. Estos hallazgos tienen un considerable significado clínico y sanitario”.

Se trata sólo de ejemplos de una verdad que nadie parece discutir a nivel teórico -la influencia de los micronutrientes en el sistema inmune del organismo- pero que luego casi nadie lleva a su aplicación práctica.

El mismo investigador antes mencionado,U. Moser,afirmó hace ya diez años en un congreso internacional sobre prevención del cáncer celebrado en Berna (Suiza) lo siguiente: “La vitamina C y los betacarotenos reducen el riesgo de cáncer de mama pues protegen al cuerpo de la acción nociva del tejido graso. También previenen la ateroesclerosis y los ataques cerebrales y cardíacos”. Y en ese mismo congreso el investigador Richard M. Salkeld anunció que se estaba estudiando con éxito una “mezcla ideal” de betacarotenos –sustancias precursoras de la vitamina A-, vitaminas C y E, y selenio como método contra el cáncer. “Todavía desconocemos el mecanismo –explicó ya entonces Salked- pero entre 1,5 y 6 miligramos diarios de betacarotenos previenen la formación de células malignas en el cuello del útero, el pulmón, el esófago y el estómago. También está prácticamente comprobada la misma acción beneficiosa en vejiga, próstata, mama e intestino…” Y añadió: “Una de las investigaciones más importantes y ambiciosas acaba de terminar en Linxian (China). Este trabajo, hecho durante cinco años por el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos, demostró que 15 miligramos diarios de betacarotenos sumados a 15 microgramos de selenio y 30 miligramos de vitamina E, redujeron en un 9% la mortalidad por cáncer”.

Otro estudio realizado en China en una zona con una incidencia de tumores diez veces mayor que en el resto del país debido a su bajo consumo vitaminas y a una dieta escasa en fruta fresca puso de manifiesto que con el suplemento de vitaminas y minerales el cáncer de estómago se redujo en un 21% y los ataques cardíacos en un 10%.

No hace falta seguir. Insistimos en que son cientos los estudios científicosrealizados a lo largo de los últimos años que apuntan en la misma dirección: los micronutrientes son esenciales en la lucha contra el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y muchas otras patologías. Pero todos se acumulan en las bibliotecas sin que se les preste la atención que merecen. Incluido el publicado por Netke, Roomi, Ivanov, Niedzwiecki y Matías Rath el año 2003 en el que ya entonces podía leerse: “Una combinación específica de ácido ascórbico, lisina, prolina y galato de epigalocatequina inhibe la proliferación y la invasión extracelular de varias líneas celulares de cáncer humano”.
Claro que se trata de sustancias no patentables. Por tanto, hay que ocultarlo…

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Julio - Agosto 2004
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