La recuperación de la vista del monje Nawang Lobsang

La medicación que hace un año le dieron al monje budista Nawang Lobsang para combatir la tuberculosis que padecía le provocó ceguera total en uno de sus ojos y redujo la del otro a visión periférica. El pronóstico era desalentador. Pero hace escasas semanas llegó a España, se enteró por nuestra revista del tratamiento de Valentín López y fue a verle. Hoy ha recuperado la visión de su ojo derecho en un 99% y en el izquierdo -que se dio por perdido- tiene visión periférica. Actualmente lee, escribe y su visión sigue mejorando.

Conocí a Nawang Lobsang, monje budista de 29 años, cuando el pasado mes de abril llegó a España junto a otros compañeros del monasterio Gaden Shartse, ubicado al sur de la India, durante la gira que realizaban por Europa.

Se trataba de un joven que un año antes había recibido tratamiento médico para tratar su tuberculosis. El problema es que si bien la dosis empleada había sido correcta se le administró a lo largo de todo un año en lugar de durante seis meses y eso no sólo le provocó un problema hepático sino la pérdida total de visión en el ojo izquierdo, quedando el derecho con visión periférica (añadiré, como curiosidad, que en la medicina china los órganos de la visión los relacionan con el hígado).

Nada debe extrañar pues que en ese periplo, antes de llegar a San Sebastián, los monjes aprovecharan una parada en la localidad francesa de Avignon a fin de que fuera reconocido por un oftalmólogo que detectaría por primera vez la gravedad del problema. Tenía afectados seriamente los dos nervios ópticos: el izquierdo sin riego -y, por tanto, la visión perdida- y el derecho con riego muy deficiente. Es más, las perspectivas de futuro de ese ojo derecho eran igualmente desalentadoras porque el oftalmólogo le diría que si seguía leyendo y forzando la vista podía perder también la poca visión que le quedaba.

Aquello desmoralizó por completo a Nawang Lobsang. Estudiante de Filosofía budista a punto de doctorarse venía en el grupo como astrólogo y para hacer su trabajo debía realizar grandes esfuerzos para leer los textos milenarios necesarios y poder hacer los cálculos pertinentes. ¿Y cómo iba a hacerlo? ¿Cómo iba a poder ayudar a su monasterio a recaudar fondos?

Debo decir que en el Monasterio Gaden Shartse conviven actualmente más de mil cuatrocientos monjes siendo una universidad budista. Además, hay una escuela en la que son acogidos los niños que llegan del Tíbet, convirtiéndose así también en colonia de refugiados. Y todo ello se subvenciona con una pequeña ayuda del Gobierno hindú, los fondos que llegan de los apadrinamientos a monjes y niños y merced el trabajo que a veces realizan fuera del monasterio. Pero lo cierto es que para poder soportar toda esta infraestructura y mantener su milenaria tradición cultural y espiritual, esa cultura basada en la no-violencia, el amor y la compasión a todos los seres vivos, han de recurrir a la ayuda de otros países más desarrollados y de ahí sus periódicas peregrinaciones.

Quien esto escribe se ha sentido siempre identificada con esta causa y de ahí mi colaboración desinteresada -como la de tantos otros miles de ciudadanos no orientales- a ayudar a difundir los valores de una cultura que tanto bien ha aportado y aporta a la humanidad. Y esa es la razón de que invitara a Nawang Lobsang a quedarse en mi casa a pasar un mes de descanso.

En mi intento de ayudar, cuando Nawang Lobsang llegó a mi casa le propuse ir a un oftalmólogo para tener una segunda opinión.

Aceptó y tres semanas antes de la cita concertada por teléfono con Valentín López, Nawang Lobsang fue sometido a una nueva campimetría y el resultado no dejaba lugar a dudas: la del ojo derecho tardó casi tres horas en hacerse porque tenía serias dificultades para poder distinguir los destellos de las luces en la prueba y sus reflejos funcionaban muy lentos. Es más, en la prueba de lectura de las letras sólo podía distinguir la más grande y con cierta dificultad a pesar de estar a solo metro y medio. Y estoy refiriéndome en todo momento a su ojo derecho ya que por el otro no veía nada. No había nada que hacer.

¿COINCIDENCIA? LA REVISTA LLEGA A MIS MANOS… 

Una estancia que debió programar el Destino. Porque justo en esos días leí, sorprendida, el artículo que aparecía en el nº 16 de Discovery DSALUD correspondiente al mes de mayo con el título “Un español hace ver a ciegos de nacimiento”. Aquello -me dije- abría una puerta a la esperanza. Así que hablé con el monje, le expliqué lo que había leído y le propuse acudir a ver al personaje de cuya nueva técnica se hablaba, el optometrista español Valentín López, radicado en Baracaldo. Y me respondió que estaba dispuesto a probar cualquier tratamiento, máxime si además no suponía ningún riesgo para él. Así que llamé a Valentín López y concertamos una cita para consulta.

NAWANG LOBSANG RECUPERA LA VISIÓN 

Tal era la situación, pues, cuando acompañé a Nawang a ver a Valentín López. Y debo decir que me encantó desde el principio su carácter entusiasta, que nos contagió. Luego, sus explicaciones -nos mostraría campimetrías de otros pacientes efectuadas antes y después de ser tratados- fueron lo suficientemente alentadoras como para que Nawang se animara a seguir el tratamiento. Un tratamiento intensivo diario porque mi amigo tenía que continuar luego viaje con sus compañeros.

El caso, para no alargarme demasiado, es que al quinto día de tratamiento se le realizó una nueva campimetría y pudimos constatar que empezaba a tener mejor visión en el ojo derecho e, incluso, había algunos cambios en el ojo izquierdo. Nawang Lobsang confirmó que empezaba a ver mejor de cerca y que también a mayor distancia distinguía más claramente.

Al noveno día de tratamiento le volvería a llevar a ser reconocido otra vez por el oftalmólogo. Y éste expresó su sorpresa. De hecho, en esta segunda ocasión pudo hacer la campimetría de los dos ojos en un tiempo normal. También la prueba de la lectura de las letras ratificó una gran diferencia con la anterior. Y en la revisión de sus nervios ópticos se confirmó algo sorprendente: se había restablecido el riego.

En fin, el caso es que al día siguiente hicimos la última visita a nuestro ya gran amigo Valentín y la alegría en nuestros corazones era inenarrable. Nawuang leía ya sin dificultad, escribía con soltura y fluidez y hoy sólo usa gafas para ver en la distancia debido a la miopía que padece desde hace años: un grado de miopía normal.

He sabido de Nawang veinte días después de marcharse. Me llamó por teléfono para decirme, feliz, que cada día veía mejor y que realizaba su trabajo sin dificultad.

EPÍLOGO  

No puedo terminar estas líneas sin agradecer públicamente a Valentín López su esfuerzo y tesón, su entusiasmo y el gran corazón que posee. Pero, especialmente, el legado de su impecable trabajo por el bien que podrá hacerse con él. Como quiero dar las gracias al director de esta revista, José Antonio Campoy, a quien animo a seguir adelante en busca de otros valores ocultos.

Y, sobre todo, quiero hacer un llamamiento a los oftalmólogos que lean este texto para que estudien esta técnica, esclarezcan el fundamento de su éxito y puedan ayudar a las decenas de miles de enfermos a los que podría ser útil. Una técnica sencilla, de bajo coste y que no es agresiva ni dolorosa.

Karmele Osa

Recuadro:


INFORME DE VALENTÍN LÓPEZ SOBRE EL CASO DE NAWANG LOBSANG 

La revista pidió a Valentín López un informe -con copia de las campimetrías efectuadas al monje Nawang Lobsang antes y después del tratamiento- en el que explicara el diagnóstico y el resultado obtenido. Esta es la carta recibida junto a las campimetrías, que publicamos íntegramente sin comentarios.

“Cuando acude a nosotros presenta un escotoma central en sus fóveas lo que le impide prácticamente la visión central en ambos ojos. No trae diagnóstico y dice haber padecido tuberculosis. Todos los especialistas a los que ha acudido le han dicho que su problema era irreversible y que no existía solución alguna.

Refracción:
O.D. (-0,75 cil. A 80º) -0,75 esf.  A.V. 0.05
O-I. (-0,75 cil. a 90º) -0,75 esf.  A.V. 0,05 a 1 m.

Es un joven animado y saca buen rendimiento a su visión periférica.

Debido a la premura de tiempo (venía con ánimo de limitar su estancia a 4 días) realizamos una prueba rápida S.T.X. aprovechando el control que Nawang lograba ejercer sobre su motilidad ocular en visión primaria de mirada. De esta manera solucionábamos en alguna medida la imposibilidad de poder fijar la mirada sobre la cruz luminosa que en el aparato obliga a mantener fija la mirada y que Nawuang no podía ver debido a la afección que presentaba en ambas fóveas.

La segunda prueba A.T.X. reveló que se había producido una considerable mejoría y ello hizo que determinara prolongar el tratamiento y la estancia entre nosotros unos cuantos días más.

La tercera prueba rápida efectuada el día de su partida confirmó que había merecido la pena prolongar la estancia. Se aprecia de manera palpable la disminución de los escotomas, faltándole poco para que pudiera identificar las figuras de astrología que usa en su trabajo.

Hemos de tener presente la dificultad que representa mantener la mirada fija de frente sin poder evitar mirar hacia la cruz de fijación del campímetro que está siendo localizada con una zona de la retina extrafoveal. Ello justificaría que en la prueba aparezca como si tuviera una visión central buena.

Por ello se hace preciso tener en cuenta todos los factores que pone a nuestra disposición nuestra capacidad analítica, a veces objetiva y otras subjetiva, que nos permita unas conclusiones que se ajusten a la formación de un concepto final lo más exacto posible que, en definitiva, es lo que vale.

Última refracción:
O.D. (-0,75 cil. A 80º) -1,50 esf.  A.V. 0.25
O-I. (-0,75 cil. a 90º) -1,50 esf.  A.V. 0,10

Las últimas noticias que tenemos son que Nawang ha mejorado aún más y ya puede leer y realizar perfectamente su trabajo.

Baracaldo, 6 de Julio de 2000

Valentín López

Este reportaje aparece en
20
Septiembre 2000
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