¡La sangre se puede sustituir por agua de mar!

En 1974 se realizó en la Universidad de La Laguna de Tenerife un singular experimento: diez perros recogidos de la vía pública en deficientes condiciones de salud fueron utilizados para constatar que ¡la sangre puede ser sustituida por agua de mar! El trabajo fue titulado Experiencias de utilización de plasma marino como sustituto de la sangre pero nadie hizo caso. En 2003 los autores de aquel experimento firmarían un documento avalando de nuevo sus conclusiones pero otra vez fue ignorado. Han pasado diez años desde entonces y quienes deberían haber valorado la importancia de este hallazgo siguen ocultándolo… para proteger a quienes negocian con la sangre. Pues bien, nos ha explicado todo ello en detalle uno de aquellos investigadores -miembro por cierto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas– y aportamos además otros testimonios realmente esclarecedores.

En 1897 el famoso investigador francés René Quinton presentó en el Laboratorio de Fisiología Patológica del Collège de France -una de las instituciones francesas más reputadas actualmente dividida en cinco departamentos: ciencias matemáticas, ciencias físicas, ciencias naturales, ciencias filosóficas y sociológicas, y ciencias históricas, filológicas y arqueológicas- los primeros estudios que demostrarían que la sangre puede sustituirse con agua de mar dada la similitud de su composición bioquímica. Según cuenta André Mahé en su libro El secreto de nuestros orígenes (1962) -reeditado en 1999 con el título El plasma de Quinton– el investigador francés extrajo a través de la arteria femoral de un perro de 10 kilos toda su sangre –tardó 4 minutos- e inmediatamente después le inyectó agua de mar; exactamente 532 centímetros cúbicos a 23º C para lo que necesitó 11 minutos. Pues bien, a pesar de que el desangramiento total del animal debió haberle llevado a la muerte porque la falta de sangre hizo que durante varios minutos sus tejidos no recibieran oxígeno –cerebro incluido- y perdiera nutrientes, el animal se recuperaría por completo. A pesar de que la capacidad de su organismo para combatir infecciones tras la operación había quedado menguada, problema que se hubiera agravado si el agua de mar hubiera resultado ser tóxica.

El primer día el perro permaneció tumbado e inmóvil pero el segundo empezó ya a corretear a pesar de que apenas tenía 2.900.000 glóbulos rojos cuando antes de ser desangrado tenía 6.800.000. El tercer día, empero, la herida se infectó, supuraría y le subiría la temperatura a 40º C siendo su estado preocupante. Al cuarto día comenzaría sin embargo a mejorar constatándose que había aumentado en su sangre tanto el número de glóbulos rojos y blancos como la hemoglobina. Esa misma tarde ingeriría ya 400 gramos de carne mejorando a partir de ese momento rápidamente. “El restablecimiento fue rápido –explicaría Mahé- Al octavo día sus manifestaciones de alegría llegarían a ser incluso exageradas a pesar de que apenas comenzaba a mover las patas; exceso de vivacidad que se acentuaría en los siguientes días”. En 1902, cinco años después, el perro -al que se había llamado Sodio en recuerdo del experimento- falleció en un accidente.

Satisfecho con los resultados Quinton repetiría sus experimentos con otros perros. Es más, iría más allá al inyectar bruscamente a un perro de apenas 5 de kilos ¡3 litros y medio de agua de mar! en apenas 50 minutos de forma que a los riñones no les diera tiempo a eliminarla y su organismo se transformara en “una masa de agua marina”. Sin embargo a pesar de la dramática reacción inicial que sufrió -trastornos funcionales, ralentización cardiaca y abolición del reflejo corneal- Quinton contaría que al undécimo día “el animal, enteramente repuesto, mostraba una alegría y exuberancia extremas a pesar de haber permanecido cinco días en los sótanos. Y su peso no ha variado: ha vuelto a ser de 5 kilos”.

En un tercer grupo de experimentos Quinton conseguiría demostrar que los glóbulos blancos, tan delicados que son incapaces de sobrevivir en un medio artificial, sí sobreviven en agua de mar. Para ello experimentaría con glóbulos blancos de un pez –concretamente de una tenca-, de un batracio –una rana-, de un reptil –un lagarto- y de tres mamíferos: conejo, perro y ser humano. Lo que hizo fue simplemente extraer sangre de cada especie y diluirla en agua de mar. Y en todos los casos los glóbulos blancos bañados en agua de mar se mantendrían vivos y con todas sus propiedades.

Porque el agua de mar no es simplemente “agua salada”: contiene los 118 elementos de la tabla periódica en su forma orgánica y biodisponible aunque un 85% sean iones de sodio y cloro. De hecho su composición es similar a la del líquido extracelular y se trata por tanto de un auténtico suero fisiológico natural concentrado capaz de satisfacer totalmente las necesidades minerales de las células en todos los seres vivos de la escala animal y humana.

Por eso, tras constatar esa similitud del agua de mar con el medio interno humano, Quinton probó el agua de mar isotónica -la que tiene la misma concentración de sales que el suero de nuestra sangre (9 gramos por litro)- en pacientes terminales inyectándosela directamente en vena. Es decir, agua de mar diluida con agua destilada; una práctica que modificaría rápidamente sustituyendo el agua destilada –muy ácida- por agua de manantial filtrada. Como sustituiría igualmente la vía intravenosa por la subcutánea.

Terminado su protocolo de actuación éste empezaría a aplicarse con notable éxito en hospitales, asilos y servicios de París, Mouleaux, Lalesque y Festal tratándose así a pacientes con gastroenteritis infecciosa, sífilis, tuberculosis y muchas otras patologías que se superarían completamente o mejorarían de forma notable. Quinton experimentaría asimismo con suero fisiológico pero pronto lo desecharía al constatar que los resultados con agua de mar son mejores. El éxito sería tan notable que en 1903 el uso del plasma marino de Quinton sería reconocido por la Sanidad francesa; fue el primer producto definido como medicamento por el estatuto de 1942 y, es más, la Seguridad Social gala decidiría costearlo hasta 1982. Y es que el agua de mar ayuda a curar o mejorar en patologías tan dispares como el cansancio, la astenia, el agotamiento físico, la desnutrición, la anemia, la fatiga crónica, la anorexia, los trastornos de senescencia, los problemas gastrointestinales, la gastroenteritis, el estreñimiento, la disentería, la tuberculosis, la esclerosis en placas, las infecciones, la coriza, la rinitis, la sinusitis, distintas alergias, las afecciones de la piel –incluidos el prurito, la urticaria, la dermatitis y la psoriasis-, las quemaduras, el asma, la sinusitis, los problemas de próstata, la artritis, la osteoporosis, la bronquitis, la gingivitis, el desequilibrio de los sistemas nervioso central e inmune, la obesidad, la alopecia, la gingivitis, el alcoholismo, la hemofilia, el estrés, la depresión del sistema inmune, los problemas óseos y los vómitos del embarazo, entre otras dolencias.

No nos extendemos en cualquier caso en sus propiedades dado que hemos hablado de ello ampliamente como el lector puede comprobar entrando en nuestra web –www.dsalud.com– y leyendo los artículos que con los títulos El agua de mar purificada cura diversas enfermedades y El agua de mar es la solución de muchas patologías aparecieron en los números 30 y 117 respectivamente.

Sí queremos explicar en cambio que algunos de aquellos experimentos de Quinton fueron reproducidos en España ¡casi un siglo más tarde! Y lo hizo en 1974 un grupo de investigadores en la Universidad de La Laguna de Tenerife en la convicción de que si realmente puede transfundirse agua de mar cuando alguien necesita sangre se salvarían miles de vidas cuando en algún lugar se produce una catástrofe natural y hay millares de heridos que la necesitan. Posibilidad que corroborarían aunque lamentablemente su trabajo fue ignorado.

UNA APORTACIÓN EXTRAORDINARIA

El caso es que en 1974, tras unas primeras pruebas en las que se experimentó el procedimiento en una clínica veterinaria, diez perros recogidos de la vía pública en condiciones deficientes, desnutridos, con alteraciones nerviosas y en la piel (sarna y eczemas) y edades comprendidas entre los 2 y los 5 años fueron utilizados en el animalario de la Facultad de Medicina de la tinerfeña Universidad de La Laguna para realizar estos experimentos; primero en el departamento de Fisiología y después en el de Endocrinología de la misma facultad. Trabajo cuyos resultados serían publicados en el artículo Experiencias de utilización del plasma marino como sustituto de la sangre.

En una primera serie de pruebas se utilizaron dos de los perros extrayendo 750 ml de sangre a uno de ellos -lo suficiente para provocarle un shock hipovolémico (colapso que se produce cuando al no llegar suficiente sangre a las células éstas no puedan realizar sus funciones y muchos órganos dejen de funcionar)- y al otro sólo 300 ml. E inmediatamente a continuación se les administró a ambos por vía intravenosa agua de mar isotónica -preparada según las indicaciones de Quinton- en cantidad similar a la de la sangre extraída. Pues bien, a los tres días –según explica el estudio- el estado de salud del primer animal -que debería haber muerto- era “completamente normal dando muestras de gran actividad. Transcurridas tres semanas desde la sangría y la consiguiente transfusión de plasma marino practicadas se observó en el perro una considerable revitalización presentando la piel y el pelaje un aspecto incomparablemente mejor que el que tenían antes de la operación”. Lógicamente el animal al que se extrajo una menor cantidad experimentó una mejoría aún más rápida.

Tras comprobarse en ambos perros la satisfactoria recuperación de su dotación sanguínea en solo dos semanas se procedió a la segunda serie de experimentos. En ellos se extrajo sangre a los otros ocho perros hasta provocarles un shock hipovolémico para inmediatamente después inyectar a cuatro de ellos agua de mar isotónica (también denominada plasma marino). Plasma que fue preparado en los propios Laboratorios Quinton de Pessac en Francia aunque como se terminó antes de finalizar el experimento el resto lo fabricaría el propio equipo investigador utilizando agua de mar recogida a 10 metros de profundidad en ultramar que fue luego diluida al 50% con agua de manantial de monte. A los otros cuatro perros se les aplicó sólo suero fisiológico salino corriente. Bueno, pues los animales que fueron primero tratados con agua de mar isotónica y luego hipertónica (agua de mar mezclada al 50% con agua de manantial y que Quinton bautizó como Duplse Quinton) despertaron al cabo de tres a cuatro horas de terminada la perfusión mientras los perros del grupo control lo hicieron más tarde.

Los resultados obtenidos –declararían los investigadores en sus Conclusiones- tanto en la primera como en la segunda serie de experiencias destacan el valor del plasma marino para reemplazar plasma sanguíneo con notables ventajas respecto al suero fisiológico así como su indudable valor terapéutico, reflejado en la recuperación de las afecciones que sufrían los perros sometidos a los experimentos que se han descrito”.

Lo insólito es que a pesar de la evidente importancia y trascendencia de este trabajo tales experimentos no despertaron el interés de la comunidad científica. De hecho para encontrarlos hay que buscarlos en las Actas del Congreso de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica del año 2004.

Y eso que un año antes, en 2003, en el marco del Primer Encuentro Interuniversitario sobre el Agua de Mar que organizaran conjuntamente Prodimar y la Fundación Aqua Maris, los investigadores supervivientes se reafirmarían en los resultados de su estudio de 1974. “De este documento –escribieron en el 2003-, cuya finalidad es que sea publicado en un medio científico como apoyo o aval para los Dispensarios Marinos que operan actualmente en diversos países con el propósito de detener las muertes por hambre en el mundo, damos fe quienes hemos sobrevivido después de las experiencias de aquella época. Y para que así conste estampamos nuestra firma refrendada por el sello de la entidad hospitalaria y académica que representamos actualmente”.

Es más, durante la reunión se repitió el experimento y otros diez perros fueron desangrados sustituyéndose su sangre por agua de mar natural. El experimento, realizado en el Hospital Veterinario San Antonio de Tenerife, fue supervisado por los veterinarios del centro y estuvieron presentes el doctor Ángel Gracia -especialista en las propiedades del agua de mar y autor de varios libros sobre el tema-, Laureano Domínguez -impulsor del uso del agua de mar natural en dispensarios marinos- y la veterinaria Irene de la Torre -que entonces estaba realizando su tesis y quien nos confirmó que los experimentos se realizaron con agua de mar natural y que el experimento fue un éxito. De los 10 animales sólo murió uno aunque según un portavoz de Aquamaris la autopsia posterior determinaría que su muerte se había debido a una enfermedad previa no detectada y no al experimento. Sea como fuere los resultados de aquel experimento se ocultaron de nuevo. Al punto de que ni siquiera las entidades que intervinieron en la organización del encuentro han conseguido luego acceder a los documentos con los resultados finales del mismo.

EL AGUA DE MAR ISOTÓNICA, PERFECTO SUSTITUTO DE LA SANGRE

¿Y quiénes fueron los osados investigadores que en 1974 decidieron ir con el agua de mar más allá de lo que la ortodoxia aconseja y merecen nuestro reconocimiento aunque sea 38 años después? Pues Juan José Gómez Rueda -miembro del Centre International de Recherches Biologiques de Genéve-Paris y representante en Europa de la Cruz Roja mexicana-, M. Moré Ocaña -catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga-, G. González Hernández -médico especialista en Endocrinología-, F. Pinedo González –veterinario-, C. González García -Jefe de Servicio del Laboratorio del Hospital Universitario de Canarias-, A. Milena Abril -catedrático de Fisiología en la Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia de la Facultad de Medicina de la tinerfeña Universidad de la Laguna-, C. J. González Gil -ingeniero agrícola del Departamento de Ingeniería, Producción y Economía Agraria de la Universidad de la Laguna- y Carlos Enrique Álvarez González -científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Pues bien, precisamente con éste último, Carlos Enrique Álvarez González -científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) adscrito hoy al Instituto de Productos Naturales y Agrobiología de La Laguna (Tenerife)-, hemos tenido la oportunidad de hablar. Un científico que no duda en mostrarse firme defensor de las propiedades terapéuticas del agua de mar en cualquiera de sus diluciones aunque particularmente apueste en el caso de las transfusiones sanguíneas por la presentación isotónica -al igual que Quinton- no compartiendo la opinión de otros investigadores que sugieren usar directamente agua de mar hipertónica, es decir, sin diluir.

-Díganos, ¿podría decirnos antes de nada por qué se interesó por las propiedades del agua de mar y su utilización para reponer sangre?

-Fue gracias a D. Juan José Gómez de Rueda, representante entonces en Europa de la Cruz Roja mexicana y que residía en Santa Cruz de Tenerife cuando no tenía que estar en Suiza para llevar a cabo su labor en la Cruz Roja Internacional. Resulta que estando en Suiza había entrado en contacto con científicos dedicados a la investigación biológica conociendo por ellos el libro El secreto de nuestros orígenes escrito por André Mahé en 1962 en el que se explican los asombrosos descubrimientos que René Quinton había realizado entre finales del siglo XIX y principios del XX sobre el agua de mar y sus aplicaciones; libro que sería traducido al español y publicado en 1999 con el título El Plasma de Quinton en el que se daba cuenta de unos experimentos de René Quinton en los que extraía sangre a perros y la sustituía por agua de mar isotónica; como asimismo hablaba de las curaciones de diversas personas tras ingerir agua de mar diluida. Lo que en aquel libro se contaba nos pareció increíble así que decidimos realizar nosotros mismos el experimento más sorprendente: la sustitución en perros de sangre por agua de mar isotónica aprovechando que en Francia se vendía bajo el nombre de plasma de quinton. Debo decirle que yo, personalmente, dado el sentido que en español tiene la palabra plasma cuando uno se refiere a la sangre, prefiero utilizar el término suero. El caso es que ayudados por un médico especialista en Endocrinología y por un veterinario procedimos a extraer aproximadamente dos tercios de la sangre de algunos perros y a sustituirla por suero de quinton. Por cierto, que el primer perro con el que se hizo el experimento -como le habíamos aplicado agua de mar le llamamos Neptuno- se lo llevó luego el especialista en Endocrinología a su casa donde vivió varios años con plenitud de fuerzas.

Naturalmente el éxito logrado nos animó a hablar de la experiencia a varios médicos del hospital hasta que finalmente el doctor Milena Abril, catedrático de Fisiología de la Facultad de Medicina en la Universidad de La Laguna de Tenerife, aceptó cedernos sus dependencias para llevar a cabo los experimentos.

-¿Y cómo transcurrieron éstos?

-Pues pudieron hacerse gracias a la buena voluntad y disposición de todos los que finalmente figuramos como autores del trabajo. La verdad es que los medios fueron precarios pero suficientes. Obviamente nuestra expectación era enorme. Nos motivaba mucho pensar en las posibilidades que aquello podría ofrecer si salía bien. Podía catapultar la utilización de suero de Quinton en situaciones de urgente necesidad de sangre e, incluso, sustituir el suero fisiológico, formado únicamente por cloruro sódico, en los hospitales.

-¿Contaron con apoyo oficial?

-Desgraciadamente el apoyo oficial fue nulo. Y a pesar de los extraordinarios resultados obtenidos ni una sola autoridad médica se interesó en ello. Ni siquiera el catedrático de Fisiología que nos había permitido hacer las experiencias en su laboratorio. No ya por su posible uso en transfusiones sanguíneas sino al menos como alternativa al simple suero fisiológico. Así que no le digo ya de las otras propiedades terapéuticas descubiertas por Quinton o de plantear otras nuevas…

-¿Para usted el experimento fue concluyente?

-Sin duda. Para mí quedó muy claro que el suero de Quinton o agua de mar isotónica puede usarse cuando se precisa sangre. No hay necesidad de inyectar sangre ajena de una tercera persona porque la recuperación de la dotación sanguínea se realiza en un tiempo relativamente corto. Todos los animales tratados recuperaron su vitalidad en poco más de una semana. Es más, su vitalidad era superior al cabo de un mes a la que tenían los perros antes.

-¿Entonces no alberga duda alguna de que es posible sustituir la sangre perdida a causa de una hemorragia por agua de mar isotónica?

-No, no tengo la más mínima duda. Los experimentos de Quinton y los que hicimos nosotros demuestran claramente que no solo es posible sino que tiene una gran ventaja sobre las transfusiones de sangre: se evita la posibilidad de transmisión de enfermedades o posible tóxicos.

-Suponemos que agua de mar filtrada si se trata de inyectarla en vena….

-Obviamente. Hay que utilizar suero de Quinton, no agua de mar natural. Hoy hay demasiados tóxicos en el agua de nuestros mares y océanos. Y no niego la realidad y validez de las experiencias realizadas por Laureano Domínguez junto a otros médicos y veterinarios con los que se relaciona que demuestran que la ingesta de agua de mar obtenida cerca de la playa en costas limpias pero previamente decantada es igualmente útil para afrontar casos de desnutrición, equilibrar el organismo y ayudar en muy diversas patologías (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que sobre este tema publicamos en el 153 con el título Dispensarios marinos: previniendo y tratando todo tipo de enfermedades).

Me gustaría de hecho hacer hincapié en que el abanico de enfermedades que permite afrontar con éxito el suero de Quinton es muy amplio. Y lo más probable es que fuese aún mayor si se hubieran dedicado los esfuerzos y medios económicos necesarios. Hay que tener en cuenta que pueden derivarse efectos positivos diferenciados según se use suero isotónico o suero de Quinton, suero hipertónico (concentración de sales superior a la de la sangre) o suero hipotónico (menor cantidad de sales que en la sangre).

-Y si consideraron los experimentos realizados tan importantes, ¿por qué no hicieron ustedes otros nuevos después?

-Porque eso requiere medios, tiempo, esfuerzo y dinero. La investigación que permite aprobar una sustancia como medicamento es enormemente cara y no teníamos medios económicos, ni disponíamos de un equipo interdisciplinario de profesionales, ni mucho menos de lugares donde hacer los experimentos.

-Pues debió ser frustrante haber hecho una comprobación tan contundente de los trabajos de René Quinton y que nadie les hiciera caso…

-Puede asegurarlo. Nosotros quedamos tan convencidos de las extraordinarias propiedades del agua de mar, especialmente en forma isotónica, que lo que hicimos fue utilizarla todos para nuestro propio beneficio y los de nuestros familiares, allegados y pacientes. Y de paso contamos todo a otros colegas de nuestro entorno para que hicieran lo mismo. El problema es que en los años 80 se cambiaron las leyes sobre los medicamentos y el laboratorio que producía el plasma o suero de Quinton en Francia cerró por lo que durante un tiempo nos vimos obligados a producir el suero nosotros mismos; obviamente solo para nuestro uso particular. Afortunadamente hoy ya es posible encontrarlo de nuevo en farmacias y herbolarios.

-¿Y qué piensa del silencio impuesto en torno a las posibilidades del agua de mar?

-Como persona dedicada a la ciencia me parece anticientífico el olvido al que se ha sometido al sistema terapéutico de Quinton con agua de mar y de quienes le siguieron al saber que el sistema funciona. Obviamente no se trata de una panacea pero hay muchas patologías que probablemente pudieran curarse utilizando y desarrollando la metodología propuesta por el sabio francés.

Tras dar las gracias al profesor Álvarez por habernos narrado en primera persona su singular experiencia, ignorada aún hoy –por no decir despreciada- por el propio Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) -en el que sigue trabajando- al igual que han hecho las distintas administraciones españolas de todo signo político, las universidades, los colegios médicos, las organizaciones profesionales, los laboratorios, los centros de investigación y hasta las ONGs y la mayoría de los medios de comunicación nos pusimos en contacto con el Dr. Marco Payá, Director Médico de Laboratorios Quinton International desde hace más de 20 años y miembro de nuestro Consejo Asesor desde su creación. Y es que hoy el plasma de Quinton se fabrica para todo el mundo en un laboratorio radicado en Cox -población de Alicante (España)- que proporciona agua de mar –tanto isotónica como hipertónica- introducida en ampollas de cristal.

-Díganos, doctor, ¿sigue el laboratorio preparando el plasma de Quinton siguiendo a rajatabla los protocolos originales del insigne investigador francés?

-Ciertamente. El agua de mar se recoge primero en zonas muy precisas del Golfo de Vizcaya cumpliendo todas las normas de sanidad. A 30 metros de la superficie y a 10 metros del fondo, en zona de vórtex, porque ahí el agua es de excepcional pureza y es donde más se reproduce la vida. Una vez recogida se transporta a los laboratorios manteniéndola a una temperatura de 4 grados centígrados. Luego, una vez en él y en un ambiente completamente aséptico, se esteriliza en frío para que no pierda sus propiedades terapéuticas y se la pasa por un microfiltro de apenas 0,22 micras; sin que esté nunca en contacto con metales o procesos eléctricos a fin de preservar su carácter de medio vivo. Y finalmente se envasa al vacío en ampollas bebibles de vidrio. Comercializándose sin diluir como Quinton Hipertónico –cuya concentración es de 33 gramos de sales marinas por litro- o diluida como Quinton Isotónico y una concentración de 9 gramos de sales marinas por litro. Dilución que en este segundo caso se hace mezclando el agua de mar filtrada con agua de manantial igualmente filtrada y de mineralización muy débil. Agregaré que recientemente ha empezado a comercializarse en forma de spray para tratar afecciones dermatológicas así como para su uso en las fosas nasales.

Siendo importante la diferencia de pH entre una y otra. El agua de mar hipertónica es muy alcalina ya que tiene un pH de aproximadamente 8’1 mientras que en la diluida o isotónica está muy equilibrado pues es de 7’2.

-¿Y cómo se comercializa? Porque no está considerada un medicamento…

-En la Unión Europea sólo se permite en la actualidad en spray para uso tópico y en ampollas de vidrio bebibles para su ingesta tendiendo la consideración de “complemento dietético”. Se autorizó como “suplemento nutricional revigorizante y fortalecedor de la función del organismo”.
-¿Y cómo se ingieren las ampollas?

-Deben tomarse con el estómago vacío 20 o 30 minutos antes de las comidas u hora y media después.

Bebiéndola tal cual. Sus particulares propiedades de absorción disminuyen si se mezcla. Es mejor tomarlas solas.

-¿Tiene su ingesta contraindicaciones o efectos secundarios?

-No se han descrito ni incompatibilidades ni efectos secundarios pero no se recomienda el hipertónico a las personas con la presión sanguínea alta ni con patologías renales o cardiacas dado su contenido en sodio. En cambio pueden tomar sin riesgo el isotónico.

-Ustedes conocen bien las posibilidades de utilizar agua de mar como sustitutivo de la sangre. Y de hecho sabemos que antes se usaba el plasma de Quinton para ello en Francia. ¿Por qué no ahora?

-Hasta 1982 el suero de Quinton se usó en Francia como inyectable, tanto por vía subcutánea como intravenosa. Es más, el propio Vademecum francés explicaba que podía utilizarse en clínicas y hospitales en lugar del suero fisiológico e incluso como sustitutivo de la sangre. A partir de ese momento dejó de poder hacerse porque las nuevas normas aprobadas en Europa exigían unas especificaciones de fabricación que el laboratorio allí instalado no cumplía; normas que en cambio sí cumple el laboratorio que posteriormente se abriría en Cox (Alicante) y que cuenta hoy con la unidad de microfiltración en frío más moderna de Europa. Esa es la única razón. De cualquier manera sabemos que hay personas que lo utilizan como inyectable de manera alegal. El suero fisiológico no deja de ser más que agua bidestilada con sal y ya Quinton lo desechó sustituyéndolo por agua de manantial microfiltrada a la que añadiría cloruro sódico. Pero evidentemente lo mejor es el agua de mar isotónica porque además lleva los 78 minerales que existen de forma natural en la Tierra y no contiene sustancias radiactivas.

-Sin embargo el plasma de Quinton solo está hoy legalmente autorizado como complemento alimenticio. ¿Por qué no como “medicamento” dadas sus constatadas propiedades?

-Se elabora como complemento alimenticio para su ingesta cumpliendo escrupulosamente la actual normativa de la farmacopea europea: es decir, es un complemento que se fabrica como si fuera un medicamento. El agua de mar pasa por una doble filtración en frío y el resultado es un líquido apirógeno –no produce fiebre- y estéril. Y no está reconocido como medicamento porque hay una “pega” para conseguirlo: que de un lote a otro hay siempre pequeñas diferencias ya que el mar es algo vivo y las proporciones de sus componentes cambian. Y esa pequeña diferencia en la concentración de los minerales hace que no podamos cumplir con los protocolos exigidos en la actualidad para solicitar la propiedad de inyectable.

-¿Cree que en el futuro podrán retomarse los experimentos iniciados por Quinton?

-Recientemente se ha presentado en un congreso internacional de inmunología una experiencia similar a la que en su día llevó a cabo Quinton demostrando que los glóbulos blancos sobreviven una semana en una solución de agua de mar isotónica cuando no llegan a un día en el medio internacional de prueba. Lo hizo el doctor José Miguel Sempere Ortells, médico inmunólogo de la Universidad de Alicante. Y lo realmente sorprendente en que esta ocasión se ha constatado que los glóbulos blancos colocados en agua de mar isotónica aumentan la secreción de Interleucina 2, del Factor de Necrosis Tumoral Alfa y de Interferón gamma; en otras palabras, los glóbulos blancos humanos en agua de mar isotónica ¡desarrollan sustancias antitumorales! Lo que sugiere que hay mucho aún por investigar.

-Realmente sorprendente. Permítanos una última pregunta: ¿cómo es posible que ante todo esto se siga ignorando el trabajo de René Quinton?

-Por desconocimiento, por ignorancia y porque hay muchos intereses creados. Y en buena medida porque esta información no le ha llegado a los médicos. Es inconcebible que éstos ignoren que el agua de mar es una especie de panacea que permite reequilibrar los metabolismos que no funcionan. ¡Si es útil en casi todas las patologías! Por eso llamo al Quinton Isotónico la “llave de paso universal”.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
161
Junio 2013
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