Láseres de baja potencia: luz para bioestimular el cuerpo

Alivian el dolor, ayudan a regenerar y reparar los tejidos, favorecen los mecanismos de autocuración del cuerpo, reducen la inflamación, promueven la división celular, les aportan más energía y facilitan sus funciones, potencian el sistema inmune, evitan la formación de cicatrices y reducen las arrugas… entre otras propiedades. Y lo mejor es que lo hacen de forma indolora, segura y no invasiva en sesiones que duran apenas unos minutos. Hablamos de los láseres blandos ode baja energía, tecnologías con las que manos expertas consiguen estimular el organismo para que éste se cure a sí mismo más rápido.

La terapia con láseres de baja potencia –también conocidos como láseres blandos– no es más que la aplicación de un haz de luz monocromática de alta intensidad sobre la zona específica del cuerpo que se desea tratar y en la que, por efecto de ese láser, empiezan a producirse una serie de reacciones químicas que conducen a una curación más rápida y efectiva de los tejidos tratados. Y es que está comprobado que este tipo de luz –en concreto la que corresponde al espectro visible del color rojo- estimula el sistema inmune, alivia el dolor, acelera la división celular, aporta más energía a las células y facilita la regeneración rápida de las heridas y lesiones de los tejidos blandos, entre otras propiedades que explicaremos a continuación. Adelantamos ahora que se trata de una técnica indolora, no invasiva y muy segura que se está utilizando cada vez más en distintas ramas de la Medicina con resultados satisfactorios.
Pues bien, uno de esos láseres blandos es el conocido como Natural Laser que, además, incorpora un buscador de puntos de acupuntura que facilita su irradiación y, por tanto, la estimulación de los meridianos correspondientes. De esta manera suma a la eficacia propia del láser de baja energía la más que conocida utilidad de la milenaria terapia oriental.

LÁSERES QUIRÚRGICOS Y LASÉRES TERAPÉUTICOS

Antes de continuar cabe recordar al lector que existen dos tipos de láseres distintos cuyas características propias les hacen adecuados para unos usos u otros. Así, por un lado, están los llamados láseres quirúrgicos ode alta potencia que tienen efecto térmico sobre los tejidos y que son capaces de concentrar grandes cantidades de energía en zonas reducidas por lo que se les utiliza para cortar, coagular, vaporizar, etc. Sin embargo, los láseres terapéuticos o de baja energía no producen ese efecto de calentamiento porque la potencia que utilizan es menor y porque su superficie de actuación es mayor con lo que el calor se dispersa. En cambio producen un efecto bioestimulante celular y se aplican principalmente para regenerar tejidos, cicatrizar heridas, disminuir el dolor y la inflamación y, en general, activar los mecanismos de defensa naturales propios del organismo.
Uno de los láseres blandos más empleados en Medicina es el láser de Helio-Neón, tecnología que utiliza el equipo Natural Laser. Una de las características fundamentales de este láser concreto es que emite luz dentro del espectro de una longitud de onda determinada -la del color rojo- que, según descubrió en su día el Premio Nobel Dennis Gabor, es la misma longitud de onda que emiten las células durante su división. A partir de este hallazgo se empezaron a desarrollar láseres de baja potencia con luz de Helio-Neón para la estimulación externa de determinados procesos biológicos internos naturales que luego el propio cuerpo continúa con mayor intensidad conduciendo al organismo a recuperar la salud.

FOTOBIOESTIMULACIÓN

Por resumirlo en una sola frase diremos que el Natural Laser, un láser blando de Helio-Neón, modula el comportamiento celular para conseguir efectos terapéuticos determinados. Como ya hemos dicho, su actividad en los tejidos sobre los que se aplica no responde a efectos de calentamiento sino a la interacción de las ondas electromagnéticas que emite –las que corresponden al color rojo- con las células del cuerpo. Es decir, que el efecto no es térmico sino fotoquímico y fotobioestimulante.
El proceso es el siguiente: las células absorben la energía de los fotones irradiados por el láser y es transferida a biomoléculas celulares que a su vez estimulan a otras biomoléculas. Así, por ejemplo, la luz roja del Natural Laser ayuda a la producción de adenosina trifosfato (ATP), molécula rica en energía que a nivel celular funciona como una especie de batería y que participa en prácticamente todas las reacciones de biosíntesis que se producen en cualquier parte de la célula.
Además, esta irradiación de fotones de baja energía propicia otros procesos biológicos dentro de la célula. Por ejemplo, se activan y desactivan determinadas enzimas y macromoléculas que elevan la resistencia de las células ante la presencia de factores patógenos, se activan los componentes de la cadena respiratoria mitocondrial iniciándose así una cascada química que promueve la regeneración celular y se repolariza la membrana. Por tanto, en resumen, la aplicación de esta tecnología refuerza y reenergetiza la célula para que ésta pueda cumplir de forma más satisfactoria sus funciones en los procesos naturales de curación del organismo y de mantenimiento de la salud.
Además, y aunque no se conocen aún los mecanismos exactos que fundamentan estos procesos, se ha demostrado que la energía de este láser de baja potencia promueve una potente acción analgésica en los tejidos sobre los que se aplica. Propiedad antiálgica que podría deberse a varias razones aisladas o combinadas. Por ejemplo, a su conocida acción vasodilatadora que hace aumentar la microcirculación sanguínea en la zona sobre la que se aplica. Y es que al incrementarse la circulación sanguínea de los tejidos –también en los lesionados o dolorosos- les llega más cantidad de oxígeno y de células defensivas y de ellos se elimina mayor cantidad de materiales de desecho lo que contribuye a una rápida y considerable mejoría.
Claro que también puede deberse a su efecto antiinflamatorio algo que tiene lugar porque se absorbe más energía fotónica donde la concentración de fluidos es mayor. Es decir, se absorbe más en los tejidos inflamados y edematosos y en ellos se estimularán las numerosas reacciones biológicas relacionadas con los procesos de autorreparación del cuerpo. Otras razones que podrían explicar sus propiedades analgésicas son que la radiación roja aumenta el umbral del dolor cuando actúa sobre las terminaciones nerviosas libres, que interrumpe la transmisión de la sensación del dolor a nivel del nervio sensitivo o que provoca la secreción de endorfinas. Además, como el Natural Laser lleva incorporado un buscador de puntos de acupuntura es posible irradiarlos para reequilibrar los meridianos y así aliviar o eliminar los bloqueos que puedan estar provocando el dolor. En éste caso se produce una estimulación similar a la que se consigue con las agujas pero sin punción ni herida alguna sobre la piel.
Además está comprobada la influencia beneficiosa de esta tecnología sobre la serotonina y las prostraglandinas, su capacidad para estimular el sistema nervioso y su propiedad potenciadora de la absorción de fármacos.
Asimismo se sabe que, desde el punto de vista terapéutico, la acción fundamental de este láser se produce a nivel de los tejidos cutáneo, adiposo y muscular aunque también se ha comprobado que estimula la proliferación de células osteoblásticas e incrementa la capacidad reparadora del tejido óseo (vea más propiedades e indicaciones en los recuadros adjuntos). 

TÉCNICA RAPIDA, EFECTIVA E INDOLORA 

La fotobioestimulación conseguida mediante láseres como el Natural Laser se viene aplicando desde hace décadas para tratar con indiscutible éxito las lesiones del tejido blando, para acelerar la curación de heridas, para eliminar la inflamación y para procurar alivio rápido en situaciones de dolor agudo o crónico. Y es que, según los expertos, unas pocas sesiones de apenas unos minutos con esta tecnología reducen entre un 30 y un 40% el tiempo de curación de tejidos dañados. Además, por los procesos que se ponen en marcha en el interior del cuerpo cuando se aplica esta luz se ha comprobado que los tejidos tratados serán más fuertes y consistentes que antes de lesionarse.
Por lo que respecta a la duración de los tratamientos varía de segundos a minutos en función de las circunstancias específicas de cada caso y de cada paciente (da igual el tipo de piel porque el dispositivo se adapta específicamente a las condiciones de cada tipo de epidermis). En este sentido se puede decir que no existen protocolos porque algunas investigaciones llevadas a cabo con el sistema demuestran que, dependiendo de los casos, el tratamiento puede ser más efectivo con dosis más bajas y múltiples sesiones que una sola aplicación con una dosis más alta. En todo caso, y sólo con el fin de que el lector se haga una idea aproximada, diremos que para aliviar el dolor de un ataque de gota bastan dos o tres sesiones de entre 10 y 15 minutos cada una con el cabezal del láser directamente en contacto con la piel (para otros casos la irradiación puede ser superficial, es decir, con el cabezal a unos 2 centímetros de la epidermis); para secar los herpes simples o pústulas y evitar nuevas recidivas bastan dos o tres sesiones de entre 2 y 4 minutos y para curar heridas, quemaduras solares, distensiones musculares, hematomas, fisuras o gingivitis una media de tres sesiones de no más de 7 minutos cada una.
Pero, ¡ojo!, si decide someterse a esta terapia asegúrese de que se pone en manos expertas porque el principal riesgo que supone la manipulación de radiaciones visibles o infrarrojas –como es el caso- es la posibilidad de dañar la retina si no se colocan las pertinentes gafas protectoras. Compruebe pues que son profesionales debidamente formados quienes le aplican el láser. Éste u otro cualquiera. Es la única forma de sacar el máximo partido a esta eficaz terapia sin correr riesgos innecesarios.

L.J.

Recuadro:


Propiedades del Natural Laser

-Ayuda a la regeneración y reparación de los tejidos.
-Aumenta la velocidad y calidad de la curación de las lesiones.
-Alivia el dolor.
-Reduce la inflamación.
-Potencia el sistema inmune.
-Evita la formación de cicatrices o reduce las existentes.
-Favorece los mecanismos de autocuración del cuerpo.
-Modula distintos procesos biológicos del organismo.
-Activa la respiración celular.
-Promueve la división celular y favorece sus funciones.
-Ayuda a la producción de ATP lo que proporciona más energía a las células.
-Estimula los puntos de acupuntura.
-Potencia la absorción de fármacos.


En qué casos es útil

-Abscesos.
-Acné e impurezas de la piel.
-Alergias.
-Arrugas.
-Artritis.
-Bursitis.
-Celulitis.
-Cicatrices.
-Codo de tenista.
-Depresión.
-Distensiones musculares.
-Dolor (muscular, articular, nervioso, de cabeza, post operatorio…).
-Eczemas.
-Estrías.
-Fibromialgia.
-Fisuras.
-Fracturas.
-Gingivitis.
-Gota.
-Hematomas.
-Heridas de la piel.
-Herpes simples.
-Insomnio.
-Latigazo cervical.
-Lumbalgia.
-Migrañas.
-Nerviosismo.
-Problemas intestinales.
-Quemaduras.
-Síndrome del túnel carpiano.
-Sinusitis.
-Tendinitis.
-Trastorno temporomandibular.
-Trastornos circulatorios.
-Traumatismos.
-Úlceras (diabéticas y venosas).

Este reportaje aparece en
93
Abril 2007
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