Los ácidos grasos DHA, esenciales en el tratamiento del alzheimer y la pérdida de memoria

Los beneficios en la salud de los ácidos grasos omega 3 –especialmente el Ácido Eicosapentaenoico (EPA) y el Ácido Docosahexaenoico (DHA)- continúan sorprendiendo a la comunidad científica. Del primero –el más investigado- ya hemos hablado extensamente en otros reportajes (puede leerlos en nuestra web: www.dsalud.com). En cuanto al segundo estudios recientes indican que también juega un papel fundamental en la prevención del alzheimer y otras disfunciones mentales. De hecho se trata del ácido graso poliinsaturado con mayor presencia en el cerebro y es básico para su desarrollo así como para el sistema nervioso central. Cabe agregar que hoy se sabe que las personas que padecen alzheimer y otras patologías neurodegenerativas tienen niveles muy bajos de DHA en las neuronas del hipocampo, área del cerebro vital para la memoria. Pues bien, la ingesta de suplementos de DHA junto a una dieta equilibrada rica en frutas y verduras, algo de ejercicio y un sueño reparador no sólo mejoran la memoria y otros síntomas entre quienes padecen alzheimer sino entre quienes tienen problemas de memoria reciente que se achacan a la edad. Y es igualmente útil en los enfermos de parkinson.

Hoy hay que ser un auténtico ignorante en Nutrición –y hay muchos en los consultorios médicos- para no entender la trascendencia de los ácidos grasos omega 3 en la salud, especialmente la del cerebro. Son cientos los estudios que demuestran no sólo el valor de una dieta rica en pescado graso o animales marinos –los alimentos con más ácidos grasos poliinsaturados omega 3- sino también su importancia terapéutica en los procesos inflamatorios, cardiovasculares, reumatoides, enfermedades gástricas, procesos tumorales y trastornos emocionales (lea el reportaje que sobre la influencia del EPA en las patologías del comportamiento y del humor publicamos en el nº 106). Pues bien, cada vez son más también las pruebas del poder terapéutico del DHA en patologías neurodegenerativas como el alzheimer o la demencia -sobre todo en las primeras etapas de su desarrollo-, terreno en el que la mayoría de los médicos sigue dando palos de ciego.

De hecho quizás una de las novedades más importantes del verano en materia de salud y nutrición haya sido la publicación -en el número de julio pasado de Nature Reviews Neuroscience- del trabajo Brain foods: the effects of nutrients on brain function (Alimentos para el cerebro: efectos de los nutrientes sobre la función cerebral)- del doctor Fernando Gómez Pinilla, catedrático de Neurocirugía y Fisiología y profesor de la estadounidense Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) que lleva años estudiando los efectos de la alimentación, el ejercicio y el sueño en el cerebro. En él Gómez Pinilla ha analizado más de 160 estudios sobre los efectos de la alimentación en el cerebro y obviamente ha cotejado que son muchas las aportaciones de sus nutrientes pero destaca que resulta especialmente interesante la importancia de los omega 3 en general… y del DHA en particular. Afirmando que hoy ya nadie medianamente informado en la comunidad científica ignora que un déficit de ácidos grasos omega 3 da lugar a problemas de aprendizaje y memoria. Es más, para Gómez Pinilla hay pocas dudas de que el cerebro puede deteriorarse cuando la dieta es desequilibrada y carece de omega 3, no se hace nunca ejercicio y se duerme poco o mal.

Los ácidos grasos omega 3 de la dieta –afirma en su artículo– pueden afectar a la plasticidad sináptica (la capacidad de las neuronas de modificar sus propiedades así como los patrones de la conexiones que existen entre ellas) y a la cognición. El Ácido Docosahexaenoico(DHA), ácido graso que los seres humanos mayoritariamente obtienen del pescado de la dieta, puede afectar a las funciones sinápticas y a las habilidades cognitivas aportando fluidez a la membrana plasmática y a las regiones sinápticas. El DHAconstituye más del 30% del total de la composiciónde los fosfolípidos, componente estructural de las membranas plasmáticas en el cerebro -la membrana plasmática rodea a la célula, es específica de su función y la relaciona con su entorno;- es pues crucial para mantener la integridad de la membrana y, por consiguiente, la excitabilidad neuronal y la función sináptica”.
Y añade: “Esto plantea la fascinante posibilidad de que los cambios en la dieta sean una estrategia viable para mejorar las capacidades cognitivas, proteger el cerebro de los daños y contrarrestar los efectos del envejecimiento”.

En pocas palabras, para Gómez Pinilla suministrar al organismo suficiente DHA, además de hacer algo de ejercicio y descansar suficientemente, permite reducir el estrés oxidativo –y, por tanto, ralentizar el envejecimiento- , aumentar la plasticidad sináptica y mejorar la capacidad de aprendizaje y la memoria.

Algunos de los mecanismos mediante los cuales el DHAafecta a la plasticidad cerebral y la cognición –escribe-están empezando a ser dilucidados. Por ejemplo, se ha encontrado que los suplementos dietéticos de DHAelevan los niveles del factor neurotrófico de protección neuronalBDNFdel hipocampo y mejoran la función cognitiva en modelos de roedores con traumas en el cerebro. El DHApodría mejorar pues las capacidades cognitivas al facilitar la plasticidad sináptica y/o mejorar la fluidez de la membrana sináptica; y también podría actuar a través de sus efectos sobre el metabolismo ya que el DHAestimula la utilización de la glucosa y la función mitocondrial lo que reduce el estrés oxidativo”.

EL DHA Y SU IMPORTANCIA EN EL CEREBRO

El Ácido Docosahexaenoico (DHA) es un omega 3 de cadena larga derivado del Ácido Alfa-linolénico que junto al Ácido Araquidónico es el ácido graso poliinsaturado con mayor presencia en el tejido nervioso. Por eso es esencial para el sistema cardiovascular, para los ojos, para el sistema nervioso y para las patologías de tipo inflamatorio. Pero resulta sobre todo básico para el funcionamiento del cerebro porque el 60-65% del mismo es grasa rica en fosfolípidos (ricos a su vez en Ácido Ortofosfórico). Constituyendo el 85% de ese porcentaje un omega 3 ­-el DHA (35-40%). y un omega 6 -el Ácido Araquidónico (40-50%).

Estudios realizados hace ya décadas -sobre todo con animales- demostraron que el DHA tiene un importante papel en la formación y funciones de nuestro cerebro suponiéndose que actúa principalmente a nivel de las membranas celulares. Y ello es así porque los cambios en la fluidez de las membranas alteran sus propiedades físicas –especialmente su permeabilidad y la actividad de las proteínas- pudiendo quedar alterada drásticamente la señalización celular y/o resultar afectados los niveles de neurotransmisores. En el caso de las células cancerosas, por ejemplo, al aumentar la permeabilidad de la membrana las células tumorales se vuelven más susceptibles a la destrucción. El otro ácido graso poliinsaturado omega 3 más común, el EPA, tiene en cambio menor efecto sobre la fluidez de la membrana.

Cabe explicar que en el complejo proceso de desarrollo del cerebro humano –a partir del último trimestre de la gestación- los ácidos grasos, como principales componentes de los lípidos cerebrales, tienen importantes funciones y en el caso específico del desarrollo cerebral es precisamente el DHA el que juega el papel más fundamental por ser muy específico en la estructura y funcionalidad del tejido nervioso. De ahí que cada vez sea mayor la importancia de la suplementación con DHA de las madres embarazadas. Existen además ya numerosos estudios que sugieren que el origen de ciertos problemas motores o cognitivos en los niños recién nacidos –así como en los primeros años de su crecimiento- están en la falta de suficiente DHA durante el desarrollo fetal. Problemas que pueden aumentar en embarazos sucesivos ya que la placenta utiliza un mecanismo específico para extraer el DHA de la madre lo que supone que de no renovarse y mantenerse al día las reservas de DHA en los embarazos posteriores el disponible para los nuevos fetos será mucho menor y sus problemas posteriores mucho mayores.

Por otra parte, hay pruebas de que a medida que envejecemos la distribución de DHA en el cerebro cambia. Extrapolando los datos del estudio Distribution, depletion and recovery of docosahexaenoic acid are region-specific in rat brain los investigadores piensan que la cantidad disponible de DHA podría variar en función de la edad y de la región del cerebro donde se deposita. Durante la infancia los niveles más altos se encontrarían en el cuerpo estriado -asociado con el control motor- y los menores en el hipotálamo -que une el sistema nervioso y el endocrino- y el hipocampo -asociado con la memoria-. Y en los adultos los niveles más altos se encuentran en la corteza -esencial para la cognición- y los más bajos en la médula -crucial para la función autónoma-. Con el envejecimiento, en cambio, los niveles más altos se encuentran en la corteza cerebral y el cerebelo -que participan en el control motor-. La buena noticia es que en el citado estudio todas las áreas del cerebro recobraron sus niveles de DHA después de 12 semanas de dieta reforzada con DHA… a excepción de la médula que “sólo” recuperó el 62% de su DHA. Todo indica, en cualquier caso, que la recuperación mediante una dieta adecuada y rica en DHA es más lenta en los adultos que en los niños.

Debemos añadir que en una dieta equilibrada la relación entre ácidos grasos omega 3 y omega 6 -cuyo exceso es perjudicial para la salud- debería ser de 4 a 1 a favor de los primeros. Y, sin embargo, la dieta occidental promedio contiene entre 10 y 20 veces más omega 6 que omega 3. De ahí que –especialmente debido a la actual contaminación del pescado- los productos ricos en omega 3 -como el aceite de lino o los aceites de krill y mejillón de labio verde- sean hoy cada vez más necesarios para poder tener en el organismo los niveles adecuados de omega 3.

Los cerebros que envejecen –afirma Joan Carles Domingo, doctor en Biología por la Universidad de Barcelona (España) necesitan más ácidos grasos omega 3 y las disminuciones de DHAen el cerebro se asocian a un deterioro cognoscitivo durante el envejecimiento y al inicio de las enfermedades neurodegenerativas. El cuerpo humano no puede sintetizar la cantidad suficiente de DHA para cubrir nuestras necesidades y las deficiencias de la dieta actual no ayudan. Por eso debemos tener un aporte adicional de suplemento alimentario DHA, especialmente a partir de los 50”. Domingo ha trabajado durante 8 años para la empresa española de I+D Brudy Technology en el desarrollo de un producto natural –Algatrium Plus, el primero elaborado exclusivamente con DHA y destinado a combatir el envejecimiento celular y prevenir el desarrollo de patologías neurodegenerativas.

EL DHA, EL ALZHEIMER Y OTRAS PATOLOGÍAS NEURODEGENERATIVAS

Las conclusiones del Dr. Gómez Pinilla sobre el impacto de las dietas y el DHA en las funciones cerebrales no hacen en cualquier caso sino corroborar los datos que mes tras mes surgen en el seno de la comunidad científica internacional que, a su vez, no hacen sino confirmar sucesivamente lo que ya se sabe desde hace años: la enorme importancia de los omega 3. Y en el caso de las patologías neurodegenerativas especialmente del DHA. Así, mientras el trabajo recopilatorio de Gómez Pinilla aparecía en julio tres meses antes, en abril, un equipo de investigadores de la Universidad de California-Irvine (EEUU) coordinado por Frank LaFerla -profesor de Neurobiología- concluía que las dietas ricas en DHA pueden ayudar a prevenir el desarrollo del alzheimer y, lo que es más importante, identificaban un posible mecanismo de actuación.

En un experimento realizado con ratones genéticamente modificados –y que publicó con el título Dietary docosahexaenoic acid and docosapentaenoic acid ameliorate amyloid-beta and tau pathology via a mechanism involving presenilin 1 levels – LaFerla demostró que el DHA retrasa la acumulación de la proteína Tau –causante de ovillos neurofibrilares en el cerebro de los enfermos de alzheimer- y reduce además los niveles de la proteína Beta-amiloide -que forma placas en el cerebro-, dos factores que en la actualidad se consideran directamente relacionados con el deterioro provocado por la enfermedad.

Nos sentimos muy emocionados por estos resultados -manifestaría Frank LaFerla- porque muestran que unos simples cambios en la dieta pueden alterar positivamente la forma en que el cerebro trabaja y protegerlo del alzheimer”.
Los investigadores dividieron sus ratones en cuatro grupos: uno de control y tres de prueba.

A los del grupo de control se les dio comida con 10 partes de ácidos grasos omega 6 por una parte de omega 3, la relación típica de la mayoría de las dietas de los estadounidenses (en realidad en bastantes casos ese porcentaje es de 30 a 1). Y a cada uno de los tres grupos del ensayo se les dio como base de alimentación un grasa neutra con la misma proporción de ácidos grasos omega 3 y omega 6 pero a uno de ellos se les agregó una suplementación especial de DHA y a los otros dos la suplementación de DHA más distintas cantidades de ácidos grasos omega 6 suplementarios (ácido araquidónico o ácido docosapentaenoico).

Pues bien, tres meses después los ratones de los tres grupos del ensayo tenían niveles más bajos de proteínas dañinas Beta-amiloide y Tau que los ratones del grupo de control gracias al equilibrio omega 3/omega 6 de su comida. Y lo que es más importante: transcurridos nueve meses los ratones que recibieron sólo suplemento DHA tuvieron niveles más bajos de las dos proteínas perjudiciales para el cerebro. En suma, los resultados obtenidos no hacen sino confirmar los datos sugeridos en investigaciones previas. El más importante, que los omega 3 -específicamente el DHA– combaten la formación de proteínas Beta-amiloide y Tau causantes de lesiones cerebrales en pacientes con enfermedad de alzheimer al reducir los niveles de una enzima llamadaPresenilina.Y sin ésta la Beta-amiloide no puede ser generada.

Los resultados, de hecho, coinciden con los de otro estudio del 2005 publicado en el Journal of Clinical Investigationy realizado por investigadores de la Universidad de Louisiana (EEUU) que concluyó también que el DHA reduce los niveles de la proteína Beta-amiloide. Sin embargo, en esa ocasión el mecanismo detectado fue diferente ya que en aquel caso se demostró que el DHA es imprescindible para la formación de un neuroprotector elaborado en el cerebro humano, el NPD1, que sirve para protegerle de la muerte celular. “El DHA –afirmó entonces el doctor Nicolás G. Bazan, director del Neuroscience Center of Excellence en el Louisiana State University Health Sciences Center- es un bloque de construcción esencial para la estructura de las células cerebrales y ahora nos encontramos con que ese bloque de construcción también produce NPD1capaz de contribuir a mantener las neuronas con vida”.

Tras conocerse ese trabajo Greg M. Cole, director asociado del Centro de Investigaciones sobre el alzheimer de la Universidad de California(EEUU), comentó que el estudio “ofrece evidencias sólidas sobre el importante papel de la NPD1en la protección cerebral”. Y agregó: “Ese estudio también muestra que tanto el DHA como su producto NPD1son efectivos en el tratamiento de las neuronas humanas ya que reducen la inflamación y la toxicidad de la proteína Beta-amiloide, considerada causa del alzheimer”. Como se ve, mecanismos diferentes para un mismo resultado: la protección neuronal.

El segundo resultado importante del trabajo de los investigadores de la Universidad de Irvine es que la excesiva ingesta de ácidos grasos omega 6 -típica de las dietas occidentales- promueve la formación de las lesiones provocadas por las proteínas Beta Amiloide y Tau. Y también en este caso la conclusión coincide con lo que se ha ido sabiendo hasta ahora. “En contraste con los efectos saludables de la dieta rica en ácidos grasos omega 3 –señala Gómez Pinilla en su trabajo citado- los estudios epidemiológicos indican que las dietas con alto contenido de grasas transy grasas saturadas afectan negativamente a las funciones cognitivas. Estudios en roedores que evaluaron los efectos de la ‘comida basura’ -que se caracteriza por un alto contenido de grasas saturadas y sacarosa- han mostrado una disminución en el rendimiento cognitivo y la reducción de los niveles de BDNFdel hipocampo relacionados con la plasticidad sináptica después de sólo 3 semanas de tratamiento con esta dieta. Estos hallazgos sugieren que la dieta tiene un efecto directo sobre las neuronas que es independiente de la resistencia a la insulina o la obesidad. Más alarmante es el hecho de que esta dieta eleva el daño neurológico asociado con lesión cerebral experimental como se demuestra por un peor desempeño en tareas de aprendizaje y una reducción de plasticidad sináptica mediada por el BDNF”.

Cabe agregar que hasta tal punto quedó preocupado por sus propias conclusiones Gómez Pinilla que en declaraciones públicas ha reconocido que tras su investigación come con menos frecuencia la denominada comida rápida llegando a declarar que le dan “terror” las grasas saturadas.

Pero volviendo a la relación del DHA con las enfermedades neurodegenerativas digamos que ya son muchos los estudios que apuntan a este ácido graso como una opción terapéutica a medio y largo plazo. Por referirnos a algunos de los más recientes señalemos los siguientes.

Omega 3 fatty acid docosahexaenoic acid increases SorLA/LR11, a sorting protein with reduced expression in sporadic alzheimer’s disease (AD): relevance to AD prevention. Se trata de un estudio de investigadores de la Universidad de California publicado en el 2007 en el Journal of Neuroscience. “Nuestros resultados indican –se dice en sus conclusiones-que los incrementos de los niveles de SorLA/LR11 (proteína con reducida expresión en los enfermos de alzheimer) debidos al Ácido Docosohexaenoicopueden jugar un importante papel en la prevención de la enfermedad de alzheimer de inicio tardío”.

Dietary patterns and risk of dementia. The Three-City cohort study. Este estudio fue publicado en Journal of Neurology en el 2007 y los investigadores incluyeron a 8.085 participantes de 65 ó más años de edad no demenciados de tres ciudades francesas: Burdeos, Dijon y Montpellier. Se comenzó entre los años 1999 y 2000 y la conclusión fue que el consumo diario de frutas y verduras se asocia a un menor riesgo de demencia por cualquier causa y que el consumo semanal de pescado se asocia a un riesgo reducido de alzheimer y demencia por cualquier causa… pero sólo entre los no portadores del APOE-4.

-Docosahexaenoic acid protects from amyloid and dendritic pathology in an alzheimer’s disease mouse model. Se trata de un estudio realizado en el 2006 en el Clinical Center de California y en él se afirmaría: “El agotamiento deDHA favorece dramáticamente el daño oxidativo y la pérdida de marcadores dendríticos mientras que la administración de suplementos de DHAredujo notablemente la acumulación de Abeta42 y el daño oxidativo corrigiendo muchos déficits sinápticos y mejorando la función cognitiva. (…) El tratamiento con curry y extracto de curcumina, antioxidantes polifenólicos que inhiben la agregación de AP, ha sido altamente protectora en el mismo modelo de ratón. Muchas son las dietas occidentales generalmente deficientes en DHAy bajas en antioxidantes polifenólicos. Estos y otros datos sostienen que el aumento de la ingesta de ambos –DHAy antioxidantes polifenólicos- pueden ser útiles para la prevención del alzheimer”.

A diet enriched with the omega 3 fatty acid docosahexaenoic acid reduces amyloid burden in an aged alzheimer mouse model.” Estudio de Coleey colaboradores publicado en Jornal of Neuroscience en el 2005. “Los estudios epidemiológicos sugieren –señalan en él los autores-que el aumento de la ingesta de Ácido Docosahexaenoico (DHA) está asociado con un menor riesgo de enfermedad de alzheimer. Los niveles de DHA son más bajos en el suero y cerebro de los pacientes con alzheimer lo que podría ser el resultado de una baja ingesta o por oxidación de los ácidos grasos poliinsaturados (…) En conjunto estos resultados sugieren que la dieta con DHApodría servir de protección contra la producción, acumulación y potencial toxicidad de proteína Beta-amiloide”. A este respecto agregaremos que ya en 1998 Prasad y sus colaboradores -de la Universidad de Kentucky (EEUU)-publicaron un trabajo titulado Regional membrane phospholipid alterations in alzheimer’s disease en el que explican que fosfolípidos como el Fosfatidil-etanolamina (PE) que normalmente contiene los niveles más altos de DHA en el cerebro están gravemente reducidos en las regiones más afectadas por la enfermedad del alzheimer.

Podríamos citar muchos estudios más –hay centenares- que apuntan en la misma dirección pero valga esta mínima revisión para resaltar el importante papel de los ácidos grasos omega 3 -sobre todo del DHA– como factor de protección frente a todo tipo de trastornos neurodegenerativos, desde la demencia al alzheimer pasando por problemas de memoria y aprendizaje. Sin contar, claro está, su beneficio en el resto de patologías de todo tipo provocadas por la falta de omega 3 suficiente o un claro desequilibrio respecto al omega 6 en nuestro organismo.

EL DHA Y EL PARKINSON

Antes de terminar debemos comentar un estudio aparecido a finales del 2007 porque por primera vez se relacionó también el DHA….¡con el parkinson! Según un trabajo realizado por investigadores de la Universidad Laval -el centro de enseñanza más antiguo de Canadá- y coordinado por Frederic Calon y Francesca Cicchetti una dieta rica en ácidos grasos omega 3 previene el parkinson, enfermedad que se achaca a la muerte progresiva de las neuronas encargadas de producir dopamina. De hecho, cuando la enfermedad se diagnostica entre el 50% y el 80% de estas neuronas ya están muertas. Y actualmente no existe medicación capaz de detener ese proceso degenerativo.

Pues bien, el equipo de investigación de esa universidad concluiría que con ayuda de los omega 3 se puede ayudar a prevenir la enfermedad y, potencialmente, frenar su progresión. Concretamente observaron que una dieta rica en omega 3 parecía inmunizar a los ratones de los efectos del MPTP, un compuesto tóxico que causa el mismo daño en el cerebro que el parkinson. “Ese compuesto, utilizado durante más de 20 años en la investigación del parkinson -explica Calon-, trabaja más rápido que la propia enfermedad y es igual de eficaz en materia de selección y destrucción de la dopaminaque producen las neuronas en el cerebro”.

Por el contrario, los ratones que fueron alimentados con una dieta normal desarrollaron los síntomas característicos de la enfermedad cuando fueron inyectados con MPTP, incluyendo una disminución del 31% en la dopamina producida en las neuronas y un 50% de disminución de sus niveles globales.

Los análisis revelaron que los ácidos grasos omega 3 -en particular el DHA- habían reemplazado a los ácidos grasos omega 6 en los cerebros de los ratones a los que se habían dado suplementos de los mismos. “Esto demuestra -afirmaría Calon- tanto la importancia de la dieta sobre la composición de los ácidos grasos del cerebro como la inclinación natural del cerebro por los ácidos grasos omega 3”. Y dado que las concentraciones de otros tipos de omega 3 se mantuvieron similares en ambos grupos de ratones los investigadores sugieren que el efecto protector contra el parkinson proviene esencialmente del DHA.

Otra conclusión que cabe extraer de este hallazgo –que está en la misma línea de los estudios citados anteriormente- es que un cerebro que contiene gran cantidad de ácidos grasos omega 6 es terreno fértil para el parkinson. “En América del Norte -explica Calon- el promedio de ingesta de DHAes de entre 60 y 80 mg al día cuando los expertos recomiendan un mínimo diario de 250 mg. Nuestros resultados sugieren que el déficit de DHA es un factor de riesgo para el desarrollo del parkinson y, tras evaluar el potencial de los omega 3, parece claro que su ingesta puede ayudar tanto a prevenir como a tratar la enfermedad en los seres humanos”.

Lo realmente decepcionante es que los propios autores de la investigación son conscientes de la enorme dificultad que supone que sus resultados sean valorados realmente como herramienta terapéutica frente a la enfermedad. “Desde una perspectiva de salud pública –escriben en la Conclusión de su trabajo- los ácidos grasos poliinsaturados omega 3 son baratos, se encuentran ampliamente disponibles y pueden representar una interesante opción nutracéutica si su eficacia es probada. Y, sin embargo, aunque las modificaciones de la ingesta de omega 3 en la dieta de la población en general se puede lograr con un relativamente bajo costo social el hecho de que los omega 3 no sean patentables probablemente se erija como el mayor obstáculo para un proceso de desarrollo formal como medicamento. Debido a las características actuales de nuestra salud y a los sistemas jurídicos lo no patentable no suele crecer bien en los suelos de la Medicina basada en las evidencias”.

Afortunadamente los estudios se siguen acumulando y publicando en Internet evidenciando que los ácidos grasos omega 3 -y más específicamente el DHA– deberían constituir hoy la primera opción terapéutica para quienes padecen cualquier patología neurodegenerativa. De los médicos –y de los pacientes- depende pues utilizarlos al menos como elementos restauradores de las funciones cerebrales.

La dieta, el ejercicio y otros aspectos de nuestra interacción diaria con el medio ambiente –afirma Gómez Pinilla en su trabajo sobre los alimentos y el cerebro- tienen el potencial de alterar nuestra salud cerebral y la función mental. Ahora sabemos que los nutrientes influyen en particular actuando sobre los sistemas moleculares o procesos celulares que son vitales para mantener la función cognitiva. Esto plantea la fascinante posibilidad de que las manipulaciones dietéticas sean una estrategia viable para mejorar las capacidades cognitivas y proteger el cerebro de los daños, promover la reparación y contrarrestar los efectos del envejecimiento”. Por su parte, el ya mencionado Joan Carles Domingo, doctor en Biología y responsable de los estudios científicos llevados a cabo conel Algatrium Plus–el único suplemento que contiene sólo DHA– es mucho más claro y directo: “Los médicos deberían asegurarse de que todas las personas, especialmente a partir de determinada edad, ingieren de forma habitual ácidos grasos omega 3, especialmente Ácido Docosahexaenoico (DHA)”.
Y nosotros estamos de acuerdo.

Helena Santos

Recuadro:


Algo más sobre la nutrición y la cerebro

El trabajo del doctor Fernando Gómez Pinilla Brain foods: the effects of nutrients on brain function (Alimentos para el cerebro: efectos de los nutrientes sobre la función cerebral)- aporta además de lo reseñado en el artículo central sobre el DHA numerosos elementos interesantes para entender los efectos de la nutrición en el desarrollo de nuestro cerebro y de las funciones cognitivas. Es más, algunos datos son especialmente relevantes.

Así, según recoge en su trabajo, investigaciones recientes apoyan la hipótesis de que los efectos de la dieta sobre la salud mental pueden ser transmitidos de generación en generación. Un estudio a largo plazo que incluye más de 100 años -nacimiento, muerte, datos sobre la salud y registros genealógicos- de 300 familias suecas en un pueblo aislado demostró que el riesgo individual para la diabetes y la muerte prematura aumentan cuando los abuelos paternos se habían criado en tiempos de abundancia de alimentos. “La evidencia indica que lo que usted come puede afectar a las moléculas y sinapsis del cerebro de sus nietos -señala Gómez Pinilla-. Estamos tratando de encontrar las bases moleculares para explicar esto“. Aunque estos mecanismos moleculares sobre la dieta a partir de variables epigenéticas -cambios reversibles en el ADN que hacen que unos genes se expresen o no dependiendo de condiciones exteriores- son todavía desconocidos sí se sabe que el sistema del factor neurotrófico de protección neuronal –BDNF-,según señala Gómez Pinilla en su trabajo, es particularmente sensible a modificaciones epigenéticas que influyen en la función cognitiva.

Otro aspecto muy interesante puesto de manifiesto en su artículo es que una restricción calórica moderada puede proporcionar claros beneficios para la salud. Y es que el exceso de calorías puede reducir la flexibilidad de las sinapsis y aumentar la vulnerabilidad de las células a los daños causados por la formación de radicales libres.

Algunas investigaciones que indican que una excesiva ingesta de calorías puede negar los efectos positivos de determinadas dietas -puede leerse en su trabajo- sugieren que existe una línea indefinida entre la abundancia de los alimentos y la salud neuronal. Irónicamente, a juzgar por el aumento de la tasa de obesidad en los países occidentales -que afecta a la salud del individuo y a la economía en su conjunto- la excesiva ingesta de alimentos ricos en estas naciones parece ser casi tan dañina como la falta de ella en los pobres. Es intrigante que varios países con recursos limitados, como la India, tienen una reducción de la prevalencia de trastornos neurológicos que han sido asociados con la dieta, tales como la enfermedad de alzheimer. Esto plantea la preocupación de si las sociedades industrializadas están consumiendo una dieta equilibrada que tenga en consideración un número adecuado de calorías así como los nutrientes adecuados y los niveles adecuados de ejercicio. Muchas cuestiones prácticas relacionadas con el diseño de dietas para mejorar específicamente la función cerebral -tales como el tipo, frecuencia y cantidad de nutrientes que constituyen la alimentación saludable del cerebro- aún no se han respondido pero estamos empezando a descubrir los principios básicos que están involucrados en la acciones de los alimentos en el cerebro. La incorporación de este conocimiento en el diseño de nuevos tratamientos podría ser vital para la lucha contra las enfermedades mentales y las debilidades neurológicas”.

Mientras, Gómez-Pinilla no duda en aseverar que una moderada restricción calórica enclavada dentro de una dieta nutricional equilibrada -requisito fundamental para los beneficios potenciales de las dietas bajas en calorías- podría proteger el cerebro al reducir el daño oxidativo.

 

Este reportaje aparece en
109
Octubre 2008
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