Los peligros de la telefonía móvil


“Las autoridades sanitarias advierten que hablar por un teléfono móvil o vivir cerca de las antenas de repetición puede ser perjudicial para su salud”.

En los últimos años hemos asistido al increíble “boom” de la telefonía móvil sumidos en la ambivalencia de algo que empezó resultando raro, extraño y caro para terminar convirtiéndose en uno de los elementos más cotidianos e, incluso, imprescindibles para tantísima gente. La telefonía móvil nos fascina día a día con las ilimitadas posibilidades de comunicación que permite.

Pero, para desgracia de muchos usuarios y de la población en general, la tecnología que permite el funcionamiento de tal sistema –basada en emisiones electromagnéticas en la banda de las microondas- no resulta del todo inocua y -por lo que se refleja de las múltiples investigaciones llevadas a cabo- una exposición prolongada a tales radiaciones llega a crear serios trastornos cerebrales, cataratas, Alzheimer, pérdida de memoria, insomnio o intensos dolores de cabeza.

Las evidencias científicas más recientes llevan pues a plantearnos la telefonía móvil como perniciosa para la salud, parangonándola con el pernicioso hábito de fumar, sobre todo desde que un comité gubernamental de Gran Bretaña ha planteado la exigencia de que los fabricantes informen a los usuarios de teléfonos móviles de los riesgos que para su salud puede entrañar el uso de tales aparatos y la exposición a las radiaciones electromagnéticas que emiten, especialmente cuando son utilizados en zonas con escasa cobertura y con el empleo de los sets “manos libres”, los cuales en principio parecía que minimizaban el riesgo cuando se acaba de saber que incluso pueden acrecentarlo (ver recuadro).

El paralelismo entre la “móvil-adicción” y el tabaquismo también puede establecerse en los perjuicios sobre la población pasiva. Pues si bien hace años que se constataron los problemas de salud de los fumadores pasivos –quienes sin fumar conviven con fumadores o trabajan en ambientes donde respiran habitualmente el humo del tabaco – ahora se empiezan a observar los efectos alteradores de la salud en la población expuesta a las microondas procedentes de las antenas repetidoras de telefonía móvil, sean o no usuarios del sistema.

LA DEJADEZ DE LAS AUTORIDADES 

Lo más preocupante es la indefensión y el vacío legal existente ante la creciente e imparable amenaza. Durante los últimos años, el uso del teléfono móvil ha experimentado un crecimiento exponencial y en algunos países el número de teléfonos móviles supera ya al de los teléfonos fijos.

El número de afectados pasivos se incrementa día a día por el simple hecho de que para que funcionen los teléfonos móviles y dispongan de la suficiente cobertura precisan de una amplia red de antenas repetidoras o “enlaces celulares” que, como su nombre indica, actúan como células dando cobertura y facilitando la comunicación de los teléfonos móviles. Para ello –dado el gran número de operadoras de telefonía móvil- se está cubriendo de antenas todo el planeta y especialmente las zonas pobladas y urbanizadas.

En la práctica, por el hecho de existir diversas operadoras de telefonía móvil estamos asistiendo a una carrera contrarreloj en la que de forma desordenada y apenas sin control –e incluso fuera de la legalidad- se multiplican a diario el número de antenas sobre las azoteas de los edificios más altos, en torres ubicadas en solares desocupados o en espacios naturales sobreelevados. Dado el gran negocio que supone, las compañías de telefonía móvil pagan elevadas sumas de dinero en concepto de alquiler del espacio donde ubican la antena por lo que no hallan demasiadas dificultades para su colocación, excepto allí donde la población está más informada y opta antes por proteger su salud que su bolsillo.

La gran inquietud creada en torno a la telefonía móvil y a los potenciales daños para la salud que supone la exposición a tales radiaciones ha suscitado la movilización tanto de particulares afectados por la instalación de antenas cercanas a su domicilio como por parte de investigadores interesados en llegar a conclusiones claras respecto a los efectos nocivos señalados.

Algunas iniciativas ciudadanas contrarias a la instalación de antenas de repetición cercanas a viviendas habitadas han conseguido la cancelación de los pertinentes permisos en varias ciudades españolas –Cartagena es la pionera- e, incluso, se han dado casos en los que se ha obligado a las compañías a retirar antenas ya instaladas. En cuanto a las investigaciones que se están llevando a cabo para discernir con claridad los potenciales riesgos, existen conclusiones para todos los gustos (e intereses).

ESTUDIOS… ¿CONTRADICTORIOS? 

Por un lado, hay muchos estudios con resultados claramente significativos como el realizado en Australia por el Dr. Michel Rapacholi, en el que cientos de ratones transgénicos especialmente sensibles a los linfomas fueron expuesto a radiaciones pulsantes de 900 mhz. en períodos de 30 minutos diarios durante 18 meses observándose que el 43% desarrolló linfomas mientras que sólo ocurría en un 22% de los ratones de control no expuestos a tales microondas. Las investigaciones más recientes están descubriendo que la exposición del cerebro a las microondas de la telefonía móvil produce un incremento de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica exponiendo al cerebro a mayor número de sustancias tóxicas dañinas. Una de estas investigaciones ha sido realizada en Suecia por los profesores Salford, Person y Brun -de la Universidad de Lund- y muestra cómo la exposición del cerebro a las microondas emitidas por los sistemas de telefonía móvil puede generar filtración de albúmina a través de la barrera hematoencefálica.

Pero también es cierto que existen otras investigaciones que no hallan relación entre tales radiaciones y problemas de salud; eso sí, la mayoría de ellas están financiadas por las propias compañías de telefonía móvil.

Paralelamente al debate suscitado, existe una política de silencio informativo cuyo objetivo prioritario es el de no alarmar a la población; pero, sobre todo, se intenta no crear obstáculos o frenar la expansión de un negocio que ya mueve billones de dólares en los cinco continentes.

Algunos analistas nos hablan sin tapujos de que nos hallamos ante un impune atentado contra la salud y el medioambiente cuyas dimensiones reales y alcance -a corto o largo plazo- son imprevisibles. De hecho, así lo reconoce implícitamente el propio ministro alemán de comunicaciones, Sr. Bosch, cuando afirma que “las acaloradas discusiones acerca de la energía nuclear es posible que nos parezcan una suave brisa en comparación con lo que va a representar el tema de las redes de repetidores de telefonía móvil”.

Quienes sí se curan en salud son algunas de las compañías de seguros más importantes, que ya se han apresurado a excluir de sus coberturas “los riegos de las radiaciones electromagnéticas”. Teniendo en cuenta que según las autoridades sanitarias esas radiaciones no son un peligro de salud, ¿qué ha hecho que las compañías de seguros reaccionen de esa forma y tan rápidamente? ¿Usted qué cree?

INDEFENSIÓN CIUDADANA 

Todo esto nos demuestra la gran indefensión en que viven la mayoría de los ciudadanos, tanto quienes no sentimos la necesidad de hacer uso del teléfono móvil y a pesar de ello nos vemos expuestos a las omnipresentes radiaciones de las antenas repetidoras como, sobre todo, quienes por uno u otro motivo deben hacer uso regular de tales teléfonos.

Ya en un reportaje sobre la telefonía móvil que publicamos en esta revista en Julio del año pasado planteaba un par de preguntas clave. La primera era: ¿por qué si se constatan evidencias de efectos negativos o potencialmente negativos –tanto a corto como a largo plazo- de la exposición a las microondas emitidas por los teléfonos móviles no se advierte a los usuarios de los posibles riesgos a los que se exponen -como sucede con el tabaco- para que al menos se limite su uso?
Casi un año después la pregunta empieza a tener respuesta al leer la reciente noticia difundida por la agencia de noticias Europe Today que esbozábamos en el primer párrafo de este artículo. Porque en ella se explica que en Gran Bretaña los teléfonos móviles llevarán a partir de ahora advertencias sobre sus posibles riesgos para la salud siguiendo las indicaciones de un comité gubernamental sobre seguridad de la telefonía móvil.

Comité que exigirá a las compañías de teléfonos móviles dar a los consumidores más información sobre los peligros de las radiaciones a las que se exponen. Las advertencias deberán informar, por ejemplo, sobre cuánto tiempo puede usarse el teléfono sin que ello conlleve riesgo. Este comité empezó a trabajar el año pasado cuando se hicieron públicos los informes que alertaban de que los móviles podían provocar pérdida de memoria, cáncer o Alzheimer.

¿QUÉ HACEN LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS? 

La segunda pregunta que planteaba en el anterior artículo era: ¿por qué no se legisla al respecto a fin de minimizar los daños en la salud pública?
Lógicamente, todos sabemos que legislar es un tema complejo y que deben existir claras e irrefutable evidencias para poder tomar ciertas decisiones. Por ello, ante la creciente preocupación ciudadana y las claras y preocupantes evidencias de algunos estudios publicados, la Organización Mundial de la Salud ha destinado unos 500 millones de pesetas a la elaboración de un informe pormenorizado que deberá concluir en el 2001 para esclarecer el problema en sus múltiples facetas. Por su parte, el Gobierno británico está subvencionando con 120 millones de pesetas una investigación sobre las posibles repercusiones de la telefonía móvil.

En la Comunidad Europea se acaba también de hacer público un proyecto de investigación conjunta denominado Reflex que contará con la participación de nueve centros de investigación de Alemania, España, Francia, Gran Bretaña y Suecia, los cuales analizarán los posibles peligros del uso generalizado de los teléfonos móviles. En el proyecto intervienen especialistas de disciplinas tan diversas como la Medicina, la Ingeniería o la Biología.

El programa establece un período de investigación del 2000 al 2003 y España participa en el proyecto con una inversión de 179 millones de pesetas, centrándose las investigaciones en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. El biólogo Alejandro Úbeda será el representante español.

Bienvenida sea toda esa avalancha de investigaciones. Y esperemos que los intereses económicos no primen sobre los intereses sociales y de salud condicionando las conclusiones. Los resultados están encaminados a despejar las serias dudas suscitadas y deben llevar a la necesaria regulación de la situación actual –en caso de demostrarse las sospechas-. Mientras tanto, deberemos mantener la máxima precaución y seguir las recomendaciones posibles, que son: el mínimo uso del teléfono móvil y el alejamiento de las antenas repetidoras. De hecho, no existen sistemas realmente seguros de protección de las radiaciones.

Todos los esfuerzos realizados por las compañías para proteger al usuario de las radiaciones emitidas por el teléfono móvil no han dado soluciones adecuadas y exentas de riesgo. Para colmo, la única opción que podíamos plantear, la del alejamiento del aparato –sobre todo de la antena- de la cabeza del usuario mediante el uso del sistema “manos libres”, ha demostrado no sólo que no reduce el riesgo sino que incluso lo aumenta, según unas investigaciones preliminares publicadas por la revista británica Which? en las que se constata que, por un fenómeno de resonancia, el cable con el audífono y micrófono llega incluso a triplicar las dosis de radiación recibidas por el cerebro.

EL PROBLEMA AÑADIDO DE LAS ANTENAS REPETIDORAS 

En torno a la problemática de las antenas repetidoras de telefonía móvil también se están dando pasos importantes para regular la descontrolada situación actual estableciéndose unas reglamentaciones para que las transmisiones de telefonía móvil se ajusten a un estándar comunitario de salud pública. De hecho, la instalación de tales dispositivos está regulada por medidas europeas, las cuales prevalecerán sobre las nacionales. La Comisión ha solicitado al Comité Europeo para la Estandarización (CEN), al Comité Europeo para la Estandarización Electromagnética (CENELEC) y al Instituto Europeo de Estandarización en Telecolumicaciones (ETS) la creación de un estándar para las unidades de telefonía móvil que respete los parámetros comunitarios de salud pública. Por lo que la instalación de los transmisores electromagnéticos deberá ajustarse a estas medidas. La instalación de forma totalmente anárquica en España de las antenas de telefonía móvil ha determinado la propuesta del comisario de Sanidad y Protección al Consumidor, David Byrne, de establecer un estándar comunitario en el que las repercusiones sobre la salud y seguridad pública así como el impacto medioambiental sean considerados marco de limitación.

El tema en su conjunto es tan complejo como preocupante pero dadas sus graves repercusiones no podemos quedarnos al margen de la polémica y, por nuestra salud y la del entorno, conviene estar al día de todo lo que acontece en la telefonía móvil (y no sólo en el aspecto de los avances tecnológicos), razón por la que nos comprometemos a seguir informando desde estas páginas de los resultados y conclusiones que vayan apareciendo.

 



Los móviles “manos libres” pueden triplicar las radiaciones dañinas para el cerebro 

Los teléfonos móviles “manos libres” que llevan un audífono que permite comunicarse sin tomar el aparato y cuya función es protegernos de los tumores cerebrales triplican en realidad los niveles de las radiaciones que llegan al cerebro, según un estudio realizado por la revista británica Wich?

La publicación estudió dos accesorios “manos libres” que se utilizan en dos modelos de móviles populares: el Philips Savvy y el Eriksson A101-8S. Los resultados indican que el equipo actuaba como una antena enviando al cerebro tres veces más radiaciones que los móviles corrientes.

Aunque el estudio no prueba si estas radiaciones son dañinas sus autores advierten de la inutilidad de los sistemas “manos libres”. La revista también probó protecciones y accesorios que bloquean la salida de radiaciones del móvil descubriendo que ofrecían una protección mínima.



Advierten que el uso de móviles podría ser perjudicial para los niños 

Un estudio patrocinado por el Gobierno británico advierte que los teléfonos móviles podrían tener efectos biológicos indeseables en los niños porque su sistema inmunitario no está aún plenamente desarrollado. Sin embargo, como todavía no se ha demostrado oficialmente que las microondas generadas por los móviles sean dañinas para la salud, lo único que el Ministerio de Salud británico se ha limitado a hacer es aconsejar a la población que no exponga a sus hijos a los teléfonos móviles salvo que sea estrictamente necesario. Mientras tanto, el ejecutivo ha ordenado una nueva ronda de investigaciones a fin de confirmar lo que hasta la fecha es tan sólo una sospecha. Hay que dar tiempo –suponemos- a que las compañías de telefonía móvil se expandan aún más. Si luego se demuestra que millones de personas han padecido daños en sus cerebros siempre cabrá el recurso de alegar que el asunto no estaba claro… e intentar eludir responsabilidades.

Este reportaje aparece en
17
Junio 2000
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