Los prebióticos, poderosos aliados de la salud

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Los prebióticos son el alimento de los probióticos y, por tanto, fundamentales para un buen estado del microbioma y la flora intestinal. De ahí que últimamente muchas empresas los comercialicen, la mayoría ofreciendo los que han sido más estudiados: los fructooligosacáridos (FOS), los galactooligosacáridos (GOS) y los oligosacáridos de la leche materna humana (HMO). Todos ellos tienen propiedades terapéuticas tanto por sus efectos directos sobre el epitelio intestinal como por su función potenciadora del crecimiento de las colonias bacterianas beneficiosas y de ahí que una dieta rica en ellos sea excelente tanto para mantener una buena salud como para tratar patologías concretas. Lo explicamos en detalle.

Nuestro organismo contiene cientos de miles de millones de bacterias que viven principalmente en el intestino grueso y el colon en perfecta simbiosis con hongos, virus y células siendo esa convivencia equilibrada lo que se denomina “microbioma”. Y es tan importante y sensible que cualquier alteración puede tener consecuencias -más o menos graves- para la salud. De hecho cada vez más investigadores y médicos consideran que su desequilibrio -a eso se llama disbacteriosis o disbiosis intestinal- es el origen de la mayoría de las enfermedades; desde el asma hasta el cáncer pasando por la obesidad, la colitis ulcerosa, la diverticulitis o el alzheimer. Pues bien, uno de los agentes que mantienen esa sinergia son los llamados probióticos -con “o”-, término con el que se denomina al conjunto de microorganismos vivos con propiedades beneficiosas -básicamente bacterias- aunque tal palabra se use también hoy para definir a las que están muertas e, incluso, a sus esporas y trozos aislados de sus membranas celulares que son las que se venden encapsuladas o envasadas en vidrio en las farmacias. Nada que ver pues con los probióticos vivos que contienen un yogur, la leche fermentada, el kéfir, las frutas y los vegetales. Y no son ni cualitativa ni cuantitativamente iguales. Para empezar los probióticos que se venden en farmacias pertenecen a unas pocas especies de bacterias y en nuestros intestinos y colon hay miles de especies distintas, muchas de ellas aun desconocidas. Y su número es infinitamente mayor del que hay en una cápsula -que cuenta con unos pocos millones- siendo por tanto muy moderada la incidencia de su ingesta. Lo suyo es pues llamar probióticos solo a los microorganismos vivos con propiedades beneficiosas.

¿Y qué son entonces los prebióticos (con “e”)? Pues una serie de carbohidratos -normalmente ricos en celulosa- que el organismo no puede digerir -forman parte pues de lo que llamamos fibra alimentaria- pero que al fermentar en el tracto gastrointestinal estimulan el crecimiento y actividad de las bacterias beneficiosas, es decir, de los probióticos. Los prebióticos alimentan pues a los probióticos. De lo que es fácil colegir que ingerir prebióticos ayuda a mantener sana la flora intestinal. Ahora bien, no toda fibra es prebiótica y no todos los prebióticos están en la fibra; de hecho hay otros carbohidratos solubles -como la inulina- que el organismo puede metabolizar.

IMPORTANCIA DE LOS PREBIÓTICOS

Pues bien, sobre la importancia de los prebióticos en la salud se publicó en agosto de 2010 en British Journal of Nutrition un interesante y completo estudio del grupo multidisciplinar europeo ILSI que encabeza el doctor de la Universidad Católica de Lovaina en Bruselas (Bélgica) Marcel B. Roberfroid y según el mismo son muy numerosas las evidencias de los beneficios de ingerirlos; en especial porque promueve el desarrollo de las llamadas bifidobacterias -bacterias que ayudan en la digestión y cuya presencia se asocia a una menor incidencia de alergias e inhibición del crecimiento tumoral- ya que se ocupan de eliminar los microorganismos patógenos del intestino. Es más, según se explica actúan eficazmente tanto en casos de inflamación intestinal y síndrome metabólico como de diarrea y algunos tipos de obesidad.

En 1995 Marcel B. Roberfroid ya publicó junto a G. R. Gibson en Journal of Nutrition un trabajo pionero según el cual la ingesta de probióticos para recuperar la salud suele fracasar debido a que el cambio que se obtiene es solo temporal; no perdura en el tiempo al no poder desarrollarse suficientemente las nuevas colonias. Añadiendo que los prebióticos, en cambio, favorecen el desarrollo y crecimiento de las colonias benéficas ya presentes; algo que según aseveran hacen mejor los oligosacáridos y, entre éstos, los fructooligosacáridos (FOS) de las frutas y vegetales -llamados también por eso oligofructanos y oligofructosas- ya que además de potenciar el desarrollo de las bifidobacterias ya presentes modulan el perfil lipídico del cuerpo.

Cabe añadir que hoy los prebióticos suelen dividirse en tres tipos atendiendo a las características de sus polisacáridos (cadenas de monosacáridos o azúcares simples): los de cadena corta -cuando las moléculas están formadas por unas pocas unidades de fructosa-, los de cadena larga -cuando están formadas por entre 10 y 64 unidades- y los de espectro total (cuando hay ambos tipos). Siendo los de cadena corta los preferentemente utilizados por las bacterias del colon ascendente y los de cadena larga por las del descendente; de ahí que en casi todos los ensayos se haya trabajado con inulina ya que este carbohidrato contiene fructooligosacáridos (FOS).

Bueno, en realidad estamos simplificando pues la complejidad de todo esto es mayor de lo que hasta hace poco se admitía. De hecho actualmente se sabe por ejemplo que los polisacáridos no solo se distinguen por el número de unidades de fructosa que forman sus cadenas -su longitud- sino también por la estructura espacial que adoptan formando pliegues en el espacio ya que en función de ello tienen unas propiedades características u otras. Además las cadenas no solo están formadas por fructosas ya que puede haber en ellas otros azúcares; como la galactosa -en cuyo caso se habla de galactooligosacáridos (GOS), obtenidos mediante catálisis de la lactosa del suero de leche, especialmente de cabra- y la manosa -y entonces de habla de manosaoligosacáridos (MOS)-. Una misma cadena puede pues incluir distintos sacáridos y por eso muchos investigadores han optado por hablar simplemente de fructooligosacáridos (FOS); o de inulina cuando este tipo de molécula es mayoritaria.

¿Y cuáles son los alimentos más ricos en fructooligosacáridos (FOS)? Pues hay uno que destaca sobre el resto: la goma arábica o goma de acacia. Hablamos de la savia deshidratada de la Acacia senegal, árbol que crece de forma natural en la franja subsahariana que se extiende desde Senegal -en el Atlántico- hasta Somalia -en el Índico- y contiene hasta un 85% de oligosacáridos. Sus propiedades están tan avaladas que incluso se usa como aditivo alimentario (su nomenclatura es E-414).

Por lo que se refiere a la inulina son especialmente ricos en ella la raíz de achicoria (Chicorium intybus) -usada a menudo como sustituto del café llegando a tener en seco hasta un 65% de oligosacáridos- y la raíz de otra planta de la misma familia, el diente de león (Taraxacum officinalis), que contiene hasta un 24% de inulina.

En cuanto a los alimentos destacan los ajos y las cebollas ya que el 10% de su peso son oligosacáridos (aunque algunas variedades llegan hasta el 17%) seguidos del trigo integral -tanto en forma de harina como de salvado- con un 5% de fructooligosacáridos (FOS). Las demás verduras, frutas y semillas no suelen superar el 5% incluyendo las más ricas en fibra.

Eso sí, el contenido en fructooligosacáridos (FOS) baja del 8% de las cebollas crudas al 6% en las cocidas según un estudio publicado en 1999 en Journal of Nutrition por un equipo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos coordinado por la Dra. A. J. Moshfegh.

Ahora bien, ¿quiere esto decir que la fibra de las demás frutas y vegetales no son útiles? No. La fibra es saludable porque además de fructooligosacáridos (FOS) es también rica en otras sustancias de gran relevancia para la salud como ya se ha explicado en anteriores artículos: polifenoles antioxidantes y antiinflamatorios, aceites esenciales como el D-limoneno -anticancerígeno- y otras muchas de constatadas propiedades terapéuticas.

LOS PREBIÓTICOS DE LA LECHE MATERNA

Que la leche materna es importante para el bebé recién nacido ya se ha difundido suficientemente. Lo que no es tan sabido es que además de numerosos nutrientes de demostrada acción terapéutica contiene gran cantidad de prebióticos y probióticos fundamentales para el desarrollo del bebé; hasta el punto de que pueden condicionar su salud en el futuro. Y es que la leche humana contiene unos 200 tipos distintos de oligosacáridos y la leche animal apenas 10 siendo la variedad de sus estructuras moleculares -que son las que definen la acción terapéutica específica- realmente asombrosa.

En 2001 un equipo de investigadores de la Obihiro University de Hokkaido (Japón) coordinado por el Dr. T. Urashima presentó en Glycoconjugate Journal un trabajo en el que se compararon los galactooligosacáridos de la leche humana y la de otros animales constatando que la de vaca -la más bebida- apenas contiene trazas cuando en la humana hay hasta 10 gramos/litro. Siendo su contenido en el calostro bovino de 0,3 gramos por litro y en el calostro humano de 25 g/litro. De lo que es fácil deducir el pobre contenido en galactooligosacáridos de las llamadas leches maternizadas -normalmente elaboradas con leche de vaca- aunque se les agreguen fructooligosacáridos (FOS) de origen vegetal. ¿Cómo puede pues argüirse que las leches maternizadas son un buen sustitutivo de la leche humana? Es sencillamente falso.

Agregaremos que los primeros en detectar la importancia de la leche materna fueron el Dr. E. Moro -lo dio a conocer en 1900 en un artículo publicado Jahrbuch für Kinderheilkunde- y el Dr. H. Tissier -en una tesis doctoral titulada Recherches sur la flora intestinale des nourrissons (Investigación sobre la flora intestinal de los bebés) que presentó ese mismo año en la Universidad de la Sorbona de Paris (Francia)- tras comparar las floras intestinales de bebés amamantados por sus madres con las de los que ingerían leches maternizadas. Coincidiendo ambos en que la leche materna es mucho mejor pues muchos de los bebés que ingirieron leches maternizadas sufrieron el primer año de su vida numerosas diarreas y eczemas.

EFECTOS TERAPÉUTICOS DE LOS PREBIÓTICOS

Aunque las posibilidades terapéuticas de la ingesta de prebióticos llevan investigándose desde hace apenas dos décadas hay ya miles de estudios; de hecho en la US National Library of Medicine había registrados a mediados de 2015 casi 4.800 trabajos de investigación (una media de 300 anuales en la última década). Sus efectos terapéuticos están pues bien estudiados, tanto a nivel general como sobre patologías concretas; especialmente en las enfermedades intestinales y en las infantiles. Demos pues un breve repaso a algunas ellas -centrándonos en las más recientes- y veamos sus posibilidades….

…en la diarrea infantil. Un equipo de investigadores de la Universidad de Nápoles Federico II encabezado por el Dr. A. Passariello publicó en 2011 en Journal of Pediatrics los resultados de un ensayo clínico aleatorizado con niños de entre 3 y 36 meses según el cual en caso de diarrea es más eficaz la fórmula de rehidratación oral que probaron y que contenía sales de zinc y prebióticos que una solución isotónica estándar.

Dos años después -en 2013- los doctores S. MacGillivray, T. Fahey y W. McGuire -de la University of Dundee (Reino Unido)- publicaron en Cochrane Database of Systematic Reviews un metaanálisis según el cual el simple hecho de dejar de ingerir leche y alimentos maternizados con lactosa acorta significativamente la duración de las diarreas, la deshidratación y los vómitos. El informe se basó en el análisis de 33 ensayos realizados con 2.300 niños -la gran mayoría de menos de un año- que no fueron amamantados.

Y en 2014 un equipo de científicos húngaros de la Universidad de Pécs dirigido por el Dr. S. Lohner publicó en Nutrition Reviews un metaanálisis según el cual el consumo de prebióticos por niños sanos previene las enfermedades infecciosas agudas; lo que coligieron al comprobar que sufrieron muchas menos infecciones que los que no los tomaron.

…en otros tipos de diarrea. No es un secreto que las disenterías causadas por algunos microorganismos patógenos -especialmente por la E. coli– que contaminan los alimentos suelen ser de complicada resolución recurriéndose casi siempre a los antibióticos. Pues bien, un grupo de médicos de la University of Reading (Reino Unido) coordinado por el Dr. A. Drakoularakou publicó en 2010 en European Journal of Clinical Nutrition los resultados de un ensayo clínico aleatorizado que demuestra que los prebióticos también son útiles en estos casos al reducir los síntomas y la duración de la diarrea.

Diarreas que suelen ser asimismo frecuentes en los pacientes con alimentación parenteral prolongada. Pues bien, el Dr. H. A. Majid –de la University of Malaya de Kuala Lampur (Malasia) publicó los resultados de un ensayo clínico hecho en colaboración con los doctores P. W. Emery y K. Whelan -del King’s College de Londres- que apareció en 2011 en Journal of Human Nutrition and Dietetics en el que se trató a 25 pacientes varones y 16 mujeres que llevaban al menos 15 días con nutrición parenteral comprobando que la ingesta de fructooligosacáridos (FOS) estimula a las bacterias a producir ácidos grasos de cadena corta -antiinflamatorios- como se constató en los análisis fecales.

…en el eczema infantil. Los doctores G. Moro y S. Arslanoglu -del Macedonio Melloni Maternity Hospital de Milán (Italia)- coordinaron un equipo que efectuó junto a expertos de distintas universidades y hospitales un trabajo -se publicó 2006 en Archives of Disease in Children– que constató que la ingesta de prebióticos previene la dermatitis infantil; lo que corroboraron comparando el estado de 102 bebés que consumieron prebióticos con el de 104 que no lo hicieron. A continuación efectuaron otro estudio agregando galactooligosacáridos (GOS) a 66 bebés mientras a otros 68 se les suministraba un placebo. El trabajo se publicó en 2008 en Journal of Nutrition y corroboró que la mezcla de probióticos y galactooligosacáridos (GOS) no solo reduce la manifestación de las dermatitis atópicas sino que además -se controló a los niños durante dos años- es menor en ellos la incidencia de infecciones en general y de problemas respiratorios en particular.

Por lo que a la acción inmunorreguladora de los fructooligosacáridos (FOS) se refiere es interesante el artículo publicado en 2007 en Journal of Nutrition por los doctores S. Seifert y B. Watzl -del Institute of Nutritional Physiology de Karlsruhe (Alemania)- según el cual si bien esta actividad es difícilmente comprobable en adultos no parece haber duda de que en bebés incrementan la capacidad secretora de inmunoglobulinas A (IgA) por las células especializadas del tejido linfoide presentes en el epitelio intestinal e incrementa el nivel de ácidos grasos de cadena corta (de conocidas propiedades antiinflamatorias).

No parece en cambio clara la eficacia de los prebióticos en las urticarias infantiles. En 2013 los doctores D. A. Osborn y J. K. Sinn -de la Universidad de Sidney (Australia)- publicaron en Cochrane Database of Systematic Reviews un metaanálisis sobre 13 estudios llegando al menos a esa conclusión. Lo curioso en que en su artículo reconocen que en 4 de ellos hubo bastantes menos casos en 1.218 infantes que ingirieron prebióticos junto a su habitual alimentación (leches maternizadas con adición de entre 0,8% y 0,7% de una combinación de 9GOS/1FOS); a veces con reducción del asma.

Ese mismo año un equipo del First Hospital of Jilin University de China encabezado por el Dr. D. Dang publicó en Journal of the International Medical Research otro metaanálisis centrado en estudios sobre mujeres embarazadas y niños que recibían leche maternizada asegurando en sus conclusiones que la aparición de eczema se reduce cuando la alimentación se complementa con simbióticos (más que con prebióticos o probióticos aislados).

…en las enfermedades inflamatorias intestinales (EII). Bajo esta denominación genérica se agrupan todas las enfermedades que afectan a los intestinos humanos -muy especialmente al colon- considerándose de diferentes patogénesis aun cuando todas tienen un factor común: inflamación por reacción exacerbada del sistema inmune. Pues bien, un equipo de científicos de la Universidad de Texas (EEUU) dirigido por el Dr. Y. A. Ghouri publicó en 2104 en Clinical and Experimental Gastroenterology un metaanálisis sobre los diversos ensayos realizados con prebióticos, probióticos y simbióticos para tratar las enfermedades inflamatorias intestinales llegando a la conclusión de que se trata de estudios clínicos poco concluyentes porque se utilizaron distintos tipos de probióticos y prebióticos, el número de pacientes fue reducido -entre 10 y 20, la mitad de los cuales recibieron placebo- y los tratamientos muy cortos -en la mayoría apenas un mes-. Además al parecer los pacientes los tomaron sin alterar su dieta habitual cuando ésta pudo haber sido la causa de su enfermedad.

Obviamente no todos los expertos piensan lo mismo. En 2008 los doctores C. Vanderpool, F. Yan y D. B. Polk -de la Vanderbilt University School of Medicine de Nashville (Tennessee, EEUU)- publicaron en Inflammatory Bowel Diseases un trabajo según el cual la actividad antiinflamatoria de las bacterias intestinales benéficas es fundamental para la prevención y tratamiento de este tipo de enfermedades.

Un año después -en 2009- los doctores A. R. Lomax y P. C. Calder -de la Universidad de Southampton (Reino Unido)- publicaron en British Journal of Nutrition un interesante metaanálisis sobre el papel de los prebióticos en la regulación de la función inmune y tras analizar 21 ensayos murinos de distintos autores coligieron que en unos se constató que los beta2-1 fructanos potencian la actividad del sistema inmune innato y en otros que esos mismos oligosacáridos regulan el sistema inmune adaptativo. Tanto en las enfermedades inflamatorias intestinales como en la dermatitis atópica.

Terminamos este apartado indicando que la única alternativa a un tratamiento natural basado en una alimentación sana rica en alimentos antiinflamatorios y reforzada con prebióticos y probióticos -hasta lograr la curación total- es la toma de por vida de corticoides inmunodepresores o una resección quirúrgica que en el 35% de las veces debe repetirse a los pocos años. Y ninguna de las dos nos parece aconsejable.

…en la osteoporosis. El equipo del ya citado Dr. Marcel B. Roberfroid realizó en Bruselas varios experimentos murinos que demostraron que la inclusión de inulina de achicoria en la dieta incrementa la densidad ósea total al mejorar la absorción entérica del calcio de los alimentos. El trabajo se publicó en 2002 en Journal of Nutrition.

Una conclusión que sería avalada en un posterior trabajo por un equipo del Baylor College of Medicine de Texas encabezado por el Dr. S. Abrams -se publicó en 2005 en American Journal of Clinical Nutrition- aunque esta vez con un grupo de adolescentes a los que se complementó durante dos meses su dieta con 8 gramos diarios de inulina.

Más tarde las doctoras Katharina E. Scholz-Ahrens y J. Schrezenmeir -del Federal Research Centre for Nutrition and Food de Kiel (Alemania)- publicaron en 2007 en Journal of Nutrition una serie de ensayos murinos que demuestran la importancia de los oligosacáridos en la absorción de varios minerales fundamentales para la renovación del sistema óseo; como el calcio, el magnesio, el hierro y el zinc. La presencia de inulina y otros fructooligosacáridos (FOS) aumentan la solubilidad de varios minerales en el tubo digestivo y su posterior asimilación por los enterocitos además de incrementar la formación de ácidos grasos de cadena corta (butiratos) de efecto antiinflamatorio. Cabe agregar que también se observó en sangre un incremento de las proteínas transportadoras de calcio.

…en la hipertensión. Un equipo de la Wageningen University de Holanda coordinado por el Dr. M. T. Streppel publicó en 2005 en Archives of Internal Medicine un metaanálisis sobre 24 ensayos aleatorizados que constató que el consumo de fibra disminuye la presión arterial -tanto la sistólica como la diastólica- en proporción a la cantidad de fibra consumida. Siendo más eficaz cuanto mayor es el grado de hipertensión y la edad del paciente.

Y de hecho en 2008 la American Dietetic Association reconoce ya -lo cuenta el Dr. J. L. Slavin en un artículo publicado ese año en el órgano de difusión de la organización- que la fibra es fundamental en la salud, especialmente de la cardiovascular. Añadiendo que los estudios epidemiológicos recomiendan ingerir un mínimo de 25 gramos diarios en el caso de las mujeres adultas y de 35 en el de los hombres (cantidades claramente superiores a la media de 15 gramos diarios de la población norteamericana). Preferentemente fibra soluble rica en oligosacáridos prebióticos que se metabolicen por la flora intestinal.

Un año después -en 2009- un equipo de la Universiti Sains Malaysia en Penang (Malasia) dirigido por el Dr. S. K. Yeo publicó en International Journal of Molecular Sciences un metaanálisis que admite que son muy numerosas las evidencias sobre el efecto hipotensor de los prebióticos; y sin efecto secundario negativo alguno.

…en la obesidad, el síndrome metabólico y la diabetes. Los doctores T. Suzuki y H. Hara -de la Hokkaido University de Japón- publicaron en 2004 en Journal of Nutrition los resultados de un ensayo en el que sometieron a un grupo de cobayas a una dieta rica en fructosa y oligosacáridos -les dieron goma-guar hidratada extraída de las semillas de la planta Cyamopsis tetrágonoloba, muy rica en oligosacáridos- haciéndoles pruebas de resistencia a la glucosa antes del tratamiento así como a los 14 y 28 días -los resultados se compararon con ratones que siguieron la misma dieta pero sin goma-guar- y a las cuatro semanas se constató que la intolerancia a la glucosa era menor y había disminuido en sangre la cantidad de triglicéridos.

Dos años después -en 2006- un equipo de investigadores de la Universidad Católica de Lovaina dirigido por el Dr. E. Delmée publicó en Life Sciences los resultados de unos ensayos murinos según los cuales suplementar con fructooligosacáridos (FOS) una dieta rica en grasas reduce los picos de insulemia y glucemia postprandiales. Cabe añadir que estos investigadores ya habían efectuado otros experimentos murinos con ratones diabéticos observando que la administración de inulina reduce la hiperglicemia, mejora la intolerancia a la glucosa y disminuye la inflamación hepática así como la generación de hígado graso.

En cuanto a los problemas de obesidad y síndrome metabólico el mismo grupo -esa vez dirigido por el Dr. P. D. Cani- demostró mediante ensayos clínicos que la fermentación prebiótica eleva los índices de los péptidos 1 y YY disminuyendo la sensación de apetito y moderando los picos de glucosa. El trabajó se publicó en 2009 en American Journal of Clinical Nutrition donde ya habían publicado otros trabajos que evidenciaron que los prebióticos aumentan la sensación de saciedad, disminuyen los picos de hiperglucemia e hiperinsulemia y disminuyen la resistencia a la insulina, todo ello característico de los enfermos de Síndrome Metabólico y diabetes tipo 2.

Todo lo dicho lo corroboraría en 2012 un equipo de la Universiti Sains Malaysia dirigido por el Dr. O. Omotayo publicando en Molecules una amplia revisión del papel terapéutico de los prebióticos en casos de diabetes y problemas con el metabolismo de la glucosa en un trabajo titulado Oligosaccharides Might Contribute to the Antidiabetic Effect of Honey: A Review of the Literature (Los oligosacáridos podrían contribuir al efecto antidiabético de la miel: puesta al día de los trabajos publicados).

…en cáncer. En 1997 los doctores B. S. Reddy, R. Hamid y C. V. Rao -de la American Health Foundation de Nueva York- publicaron en Carcinogenesis los resultados de unos ensayos murinos que demostraron que los ratones alimentados con un 10% de fructooligosacáridos (FOS) mostraban un menor y más tardío desarrollo de focos tumorales en el colon que los animales de control.

En 1999 los doctores H. Taper y Marcel B. Roberfroid publicarían en Journal of Nutrition unos ensayos murinos según los cuales los fructooligosacáridos (FOS) de la inulina son anticancerígenos. Lo que coligieron porque en los ratones cuya dieta se complementó con un 15% de inulina y otros fructooligosacáridos (FOS) se ralentizó el proceso tumoral y hubo incluso remisiones de tumores de mama y bloqueo de la metástasis.

Tres años después -en 2002- un grupo de investigadores de la Universidad de Florencia dirigido por el Dr. A. P. Femia publicó en Carcinogenesis un artículo demostrando que la combinación de prebióticos y probióticos tiene actividad antitumoral en el cáncer de colon -al menos en ratones- siendo especialmente útiles como preventivos.

Los doctores F. R. Bornet y F. Brouns -de los Laboratorios Nutri-Health de Francia- confirmarían las propiedades anticancerígenas de los fructooligosacáridos (FOS) en un trabajo publicado ese mismo año en Nutrition Reviews demostrando que la acción antitumoral sobre el tejido linfático intestinal está relacionado tanto con la acción prebiótica generadora de ácidos grasos de cadena corta como con la presencia de bifidobacterias y lactobacilos beneficiosos.

Un grupo de expertos del Children, Youth and Women’s Health Service de North Adelaide (Australia) dirigido por el Dr. M.S. Geier publicaría por su parte el año 2006 en Cancer Biology and Therapy un trabajo sobre el papel de los prebióticos, probióticos y simbióticos en la prevención del cáncer indicando en él que si bien no hay evidencias clínicas concluyentes es muy posible que su acción inmunomoduladora impida la inflamación intestinal al tiempo que estimulan el sistema inmune. Destacando asimismo que las bacterias benéficas intestinales y sus citoquinas pueden neutralizar tanto toxinas como otras enzimas carcinogénicas como la beta-glucuronidasa.

Terminamos este apartado indicando que un grupo de científicos brasileños de la Universidade Estadual Paulista encabezado por el Dr. F. G. Denipote publicó en 2010 en Arquivos de Gastroenterologia (Brasil) un metaanálisis de todos los estudios publicados entre 2003 y 2008 sobre los efectos de los simbióticos en la prevención del cáncer de colon reconociendo que es efectivamente así.

En suma, ante el actual consumo exagerado de azúcar y otros carbohidratos de alto índice glucémico -lo que da lugar a acidificación del organismo, sobrepeso, obesidad, enfermedades inflamatorias intestinales, síndrome metabólico, diabetes 2, hipertensión, osteoporosis, problemas cardiovasculares y muchas otras patologías, cáncer incluido- lo mejor es contrarrestarlo con la ingesta de fructooligosacáridos; en especial de inulina.

Y saber que en caso de infecciones y disfunciones intestinales es más eficaz ingerir prebióticos y probióticos junto con los antibióticos ya que los primeros protegen a las bacterias benéficas -como las bifidobacterias- de los segundos. Lo constató recientemente in vitro un equipo del Imperial College London coordinado por el Dr. L. P. Johnson en un trabajo que se publicó en 2015 en Nutrients.

Lo singular es que existen además prebióticos de elaboración sintética, es decir, de oligosacáridos no existentes en la naturaleza que igualmente pueden utilizar las bacterias intestinales; es el caso de la lactulosa que se utiliza como aditivo en las leches maternizadas desde hace casi medio siglo e, incluso, para tratar la encefalopatía hepática, desorden neuronal que se produce por la presencia en el cerebro de sustancias tóxicas nitrogenadas -especialmente de amoníaco- y otras neurotoxinas generadas por una dieta demasiado tica en proteínas y un intestino con escasas colonias de bacterias beneficiosas que hace que el hígado -normalmente cirrótico o inflamado ya- no sea capaz de eliminar todas las toxinas. Fue en 1969 cuando el Dr. S. G. Elkington lo dio a conocer en New England Journal of Medicine explicando que la lactulosa favorece el desarrollo de lactobacilos restableciendo ello la microbiota beneficiosa y posibilitando que los compuestos nitrogenados sean eliminados por vía fecal. Lo llamativo es que sea precisamente un prebiótico sintético y patentable el único que se ha propuesto como método curativo en lugar de prebióticos, probióticos y simbióticos naturales… Pero el negocio es el negocio.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

En suma, los prebióticos favorecen la presencia y dominio de las bacterias intestinales benéficas y eso es por sí mismo garantía de salud. Su consumo conjunto con probióticos -en especial con bifidobacterias- es el mejor sistema para afrontar las patologías antes descritas -y probablemente muchas otras- y la terapia que menos compromete al organismo. Y para ello lo mejor es comer a diario suficientes alimentos vivos -frutas y ensaladas- a fin de obtener al menos 15 gramos diarios de prebióticos lo que equivale aproximadamente a unos 30 gramos de fibra. Es decir, 300 gramos de pan integral, 100 gramos de cebollas crudas, 300 gramos de alcachofas o 125 gramos de almendras, por poner algunos ejemplos (el doble en caso de enfermedad pero sin sobrepasar los 40 gramos diarios). Otra posibilidad es sustituir el café clásico por el de achicoria que desde hace décadas se comercializa en herbolarios; su polvo contiene hasta un 65% de oligosacáridos. O infusiones de diente de león ya que esta planta contiene hasta un 24% de inulina. Ahora bien, la ingesta de prebióticos conviene reforzarse con probióticos; especialmente con lactobacilos y bifidobacterias.

El lector puede encontrar mayor información sobre los prebióticos y sus posibilidades terapéuticas en el excelente trabajo de síntesis que con el título Prebióticos: concepto, propiedades y efectos beneficiosos se publicó este año en el nº 31 de Nutrición Hospitalaria y fue elaborado por colaboradores de distintas universidades españolas coordinados por la Dra. Nieves Corzo del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación de Madrid.

Paula M. Mirre

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Diciembre 2015
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