Los tóxicos medioambientales, responsables de uno de cada cinco cánceres

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Las sustancias químicas presentes en el medio ambiente podrían ser responsables de uno de cada cinco cánceres, cifra mayor de lo que se pensaba. Al menos así lo indica un reciente estudio publicado en Carcinogénesis en el que 174 científicos de 28 países analizaron los efectos de 85 sustancias químicas habituales concluyendo que muchas son cancerígenas y que esos efectos carcinógenos se multiplican además cuando se combinan en lo que ya se denomina “efecto cóctel”. Para Carlos de Prada, director de la campaña Hogar sin tóxicos de la Fundación Vivo Sano la población no es consciente de ello porque no se la informa y, por tanto, no se protege. Y denuncia que las autoridades no tomen medidas legales de prevención cuando eso sería lo más inteligente y eficaz. Hemos hablado con él de ello.

Que la contaminación ambiental que padecemos -especialmente en las ciudades- es causa de innumerables patologías -entre ellas cáncer- es algo ya innegable que desgraciadamente parece ser asumido por la mayoría como precio a pagar por el desarrollo. De ahí que cada poco tiempo conozcamos trabajos como el que acaba de publicarse en American Journal of Epidemiology sin que se tambaleen las estructuras político-sanitarias. Y eso que según el nuevo estudio -realizado por investigadores franceses del Centro de Investigación y Epidemiología Estadística de la Sorbona de Paris y titulado Residential Proximity to Heavy-Traffic Roads, Benzene Exposure and Childhood Leukemia. The GEOCAP Study, 2002–2007 (La proximidad residencial a vías de alta intensidad de tráfico, la exposición al benceno y la leucemia infantil. Estudio GEOCAP 2002-2007)– hay un 30% más de casos de leucemia mieloide entre los niños que viven a menos de 150 metros de vías con alta densidad de tráfico (porcentaje que llega al 50% en algunas zonas). El trabajo analizó 2.760 casos de leucemia -registrados entre 2002 y 2007- en niños franceses de menos de 15 años y achaca la enfermedad principalmente a las emisiones de benceno de los automóviles. Un problema más pues para una sustancia que inhalada de forma frecuente ya se sabía que puede provocar somnolencia, mareos, vómitos, taquicardia, irritación de estómago, convulsiones, disminución en sangre del número de hematíes, anemia, hemorragias, daños en la médula ósea y en el sistema inmunitario, aumento de las posibilidades de contraer infecciones por inmunodepresión y, en último extremo, la muerte. Pudiéndose saber el grado de contaminación mediante una analítica de sangre.

Y lo peor es que el benceno no es más que una de las numerosas sustancias químicas tóxicas que nos rodean. Son ya tantas que ni siquiera se sabe ya a ciencia cierta cuántas hay en el mercado mundial. Solo sabemos que en la Unión Europea -debido a la obligación de registrarlas antes de llevarlas al mercado por mor del vigente Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de sustancias y mezclas químicas (REACH)- había en el momento de escribirse este texto 143.835. Y de tan enorme cantidad sólo de un pequeño número se han hecho estudios para conocer sus posibles efectos perjudiciales, algo que en esta revista hemos denunciado en numerosos reportajes que el lector tiene agrupados en este enlace: www.dsalud.com/index.php?pagina=medicina_ambiental.

Pues bien, siendo grave el problema de la contaminación ambiental externa lo que ya no cabe en cabeza alguna es que se admita que lo mismo pase hoy en el interior de nuestras propias viviendas en las que hay multitud de químicos tóxicos; en el polvo, en el aire, en las alfombras, moquetas, visillos y cortinas, en los muebles, en la ropa, en los juguetes, en los productos de higiene doméstica y personal, en los alimentos, en los fármacos, en los dispositivos que emiten radiaciones… (lea en nuestra web -www.dsalud.com- los artículos titulados Estamos todos altamente contaminados y La mayor parte de los cosméticos convencionales son tóxicos que se publicaron en los números 58 y 76 respectivamente). Tóxicos que unidos a los que ingerimos con la comida constituyen un cóctel muy peligroso para la salud, especialmente para los bebés, los niños, los ancianos y los enfermos.

No hace mucho Greenpeace encargó una investigación que encontró nonilfenol en pijamas, juguetes infantiles, pinturas y limpiadores del hogar, pirorretardantes bromados en ordenadores, televisores, alfombras y muebles tapizados, parafinas cloradas en selladores para baños y en plásticos, ftalatos en plásticos PVC, perfumes y champús, y compuestos de almizcle sintético en detergentes y ambientadores. Y hay muchos más: bisfenol A, parabenos, dioxinas, disolventes, alquifenoles, hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), derivados organohalógenos, PCB, amianto, metales tóxicos… De todos ellos da cuenta detallada Carlos de Prada, director de la campaña Hogar sin tóxicos de la Fundación Vivo Sano, en sus libros la Epidemia química y Hogar sin tóxicos que pueden descargarse gratuitamente en www.hogarsintoxicos.org.

Hablamos de sustancias que según la Declaración internacional sobre los peligros sanitarios de la contaminación química -promovida en 2004 por la Asociación francesa contra el cáncer (ARTAC)- pueden ser tóxicas, mutagénicas y/o cancerígenas susceptibles de inducir malformaciones en el feto, esterilidad, inmunodepresión, infecciones, patologías de todo tipo -especialmente respiratorias y degenerativas- y cáncer; especialmente en bebés, niños, ancianos y enfermos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) postulan que los casos de cáncer atribuibles a las exposiciones ambientales tóxicas oscila entre el 7% y el 19% y el nuevo estudio publicado al que hacemos referencia en este texto lo corrobora pues afirma que ese porcentaje llega ya como mínimo al 20%.

EL PROYECTO HALIFAX

Como nuestros lectores habituales recordarán en 2012 una organización sin ánimo de lucro llamada Getting to know Cancer (Conocer el cáncer) impulsó una iniciativa bautizada como Proyecto Halifax (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que se publicó en el nº 153 con el título Búsqueda de un tratamiento natural y eficaz en cáncer: el Proyecto Halifax) con el fin de investigar aquellos productos naturales que pudiesen servir para desarrollar protocolos naturales de tratamiento del cáncer más eficaces y, a la vez, inocuos o de menos efectos secundarios que los oficiales. Algo para lo que -como en su día explicamos- se pidió ayuda a médicos, biólogos, químicos, farmacéuticos, terapeutas y otros profesionales relacionados con la salud de todo el mundo para estudiar todos los aspectos característicos del cáncer: inestabilidad genética, promotores de la inflamación del tumor, señalización proliferativa sostenida, limitación de la señalización destinada a evitar el crecimiento, inhibición de la apoptosis, replicación e inmortalidad de la célula tumoral, desregulación del metabolismo, inhibición del sistema inmune, angiogénesis, metástasis y microambiente tumoral. Pues bien, finalmente se configuraron dos grupos de trabajo de gran tamaño. Uno integrado por 154 científicos de 21 países que formaron 12 equipos para buscar alternativas al actual enfoque del abordaje del cáncer basado en la cirugía, quimioterapia y radioterapia porque “tiene serias limitaciones que deben ser mejoradas” y un segundo que se centró en averiguar cuáles son las sustancias químicas de uso más común que aun a dosis bajas causan problemas de salud al mezclarse con otras en el medio ambiente. Concluyendo que al menos hay 85 -la mayor parte de ellas disruptores endocrinos- de las que 50 -el 59%- son cancerígenas incluso a dosis consideradas inocuas cuando se asocian con otras.

Y no es un trabajo superficial sino uno enciclopédico repleto de datos e imágenes que por su complejidad no vamos a reproducir aquí cuyas conclusiones han sido publicadas en Carcinogénesis –revista revisada por pares- en un suplemento titulado Assessing the carcinogenic potential of low-dose exposures to chemical mixtures in the environment: the challenge ahead (Evaluación del potencial carcinogénico de la exposición a dosis bajas de mezclas químicas en el medio ambiente: un reto por delante).

Nuestro análisis sugiere –se afirma en el trabajo- que los efectos acumulativos de productos químicos que individualmente no son cancerígenos actúan sobre diferentes vías metabólicas y sistemas relacionados, órganos, tejidos y células pudiendo dar lugar a sinergias cancerígenas”.

Cabe añadir que uno de esos trabajos se tituló Disruptive chemicals, senescence and immortality (Disruptores químicos, senescencia e inmortalidad) y estuvo integrado por 26 investigadores, cuatro de ellos españoles; de hecho el primer firmante es Amancio Carnero, miembro del Instituto de Biomedicina de Sevilla, quien nos diría cuando contactamos con él: “Ha sido una experiencia muy positiva. Se trata de un documento que resume las conclusiones a las que llegaron más de 150 científicos tras debatir durante más de un año y en el que se resalta que hay en el ambiente sustancias consideradas no carcinógenas porque se encuentran en tan escasa cantidad que a tan bajas dosis no pueden producir por sí mismas tumores y, sin embargo, al unirse a otras forman mezclas que sí pueden ser carcinogénicas. Esto se basa en una nueva visión del proceso tumorigénico: una sustancia es carcinógena -o así debe considerarse- no solo cuando produzca tumores ‘per se’ sino cuando participa alterando alguna de las rutas o aspectos fisiológicos de la célula -es uno de los denominados sellos distintivos del cáncerhaciendo que ésta sea más proclive a iniciar la formación de un tumor o bien participe directamente en su formación”.

Y de ahí que en el estudio publicado se asevere: “Las normativas vigentes en muchos países que tienen en cuenta sólo los efectos acumulativos de la exposición a agentes cancerígenos individuales que actúan a través de una secuencia común de eventos y procesos clave sobre un objetivo/tejido común para producir cáncer deben ser revisadas. Nuestra comprensión actual de la biología del cáncer sugiere que los efectos acumulativos de los productos químicos (no cancerígenos) que actúan sobre las diferentes vías que son relevantes para el cáncer, y en una variedad de sistemas, órganos, tejidos y células relevante para el cáncer, podrían conspirar para producir sinergias cancerígenas que serían pasadas por alto con el uso de los métodos actuales de evaluación de riesgos. También deben ser consideradas las exposiciones en el útero y aquellas que se producen de manera temprana en la vida, los efectos transgeneracionales y la interacción entre las dosis bajas de efectos mecanicistas de mezclas químicas en el medio ambiente y las vulnerabilidades de las subpoblaciones que están predispuestos al cáncer (es decir, a través de la genética o de otras influencias). Las políticas y prácticas actuales no abordan adecuadamente estas cuestiones y, por tanto, deben ser revisadas si las agencias reguladoras esperan entender mejor y evaluar estos riesgos”.

En suma, se trata de unas conclusiones que deberían suponer un antes y después en el ámbito de la legislación ambiental haciendo que las autoridades político-sanitarias endurezcan las normas actuales. “Es necesario controlar –señala Carnero- no solo las sustancias individuales sino las mezclas de las mismas que se producen en determinados ambientes. Y también hay que cambiar el sistema de testado de la carcinogénesis a fin de verificar si un compuesto participa o no en cualquiera de los procesos carcinogénicos conocidos”.

LA “FUNDACIÓN VIVO SANO” Y UN “HOGAR SIN TÓXICOS”

En nuestro país la Fundación Vivo Sano -organización independiente de iniciativa privada sin ánimo de lucro orientada a promover hábitos saludables y a fomentar un nuevo modelo de atención sanitaria basado en la medicina integrativa- viene reclamando desde 2013 a las autoridades que se actualicen los criterios toxicológicos vigentes en función del conocimiento científico actual y se tenga en cuenta el “efecto cóctel” que produce la exposición múltiple a estas sustancias. Y para ello puso en marcha la campaña Hogar sin tóxicos al frente de la cual se halla Carlos de Prada para quien es obvio que la población no está hoy debidamente protegida frente a los riesgos que entrañan numerosas sustancias químicas que usamos cotidianamente, muchas de las cuales son tóxicas y algunas cancerígenas. Quisimos pues conversar con él.

-Díganos, ¿tan grave es realmente el problema de la contaminación química de nuestros hogares?

Muy serio. Y a nuestro juicio no es casual que el desmesurado crecimiento del uso de la química sintética desde finales de la II Guerra Mundial se haya visto acompañado de un crecimiento paralelo de problemas de salud. La química sintética ha invadido por completo nuestro entorno y nuestros organismos. Y son muchas las sustancias usadas que han sido identificadas como dañinas; obviamente unas en mayor grado que otras. Mire, en 1930 se producían en el mundo un millón de toneladas al año de sustancias químicas sintéticas y hoy vamos por los ¡800 millones de toneladas anuales! Sustancias que han venido comercializándose sin que en la inmensa mayoría de los casos se hayan evaluado debidamente sus riesgos para la salud o el medio ambiente. Ha sido mucho más tarde, a medida que se han ido efectuando estudios y acumulado infinidad de evidencias, cuando se ha comenzado a actuar. Pero muy lentamente, con muy poca diligencia y muchas maniobras de resistencia por parte de la industria. ¡Y ello a pesar de que mucha gente estaba enfermando! Hay sustancias cuya toxicidad se constató en su día de forma fehaciente que se siguieron usando durante décadas. De hecho son relativamente pocas las que han sido restringidas o prohibidas. ¡Y cada año se ponen en el mercado infinidad de sustancias nuevas! Mire, esta situación debe cambiar de inmediato.

-¿Qué valoración le merecen las conclusiones del estudio recién publicado en Carcinogénesis?

-Es un estudio muy interesante ya que se aborda en él el efecto combinado de la exposición a múltiples contaminantes químicos, problema de gran importancia que ha sido pasado por alto hasta ahora por los sistemas que teóricamente velan por prevenir el riesgo que afrontamos diariamente al exponernos a ellos. El asunto es grave ya que los test oficiales de toxicidad se hacen sustancia a sustancia, es decir, con compuestos químicos aislados cuando en realidad nos vemos expuestos al mismo tiempo a muchas mezclas cuyos efectos negativos potenciales jamás se han evaluado hasta ahora y que el estudio sobre el que me pregunta sí lo hace. Según el mismo sustancias consideradas no cancerígenas pueden serlo cuando se unen con otras. Luego puede haberse subestimado groseramente el riesgo.

-¿Y es muy complicado valorar eso?

-Ciertamente. Hablamos de millones de posibles combinaciones. Y no ya en laboratorio. En la vida real se combinan muchos químicos que pasan al aire porque emanan de la multitud de productos de limpieza e higiene que hoy usamos y luego inhalamos al respirar. Mezclas que luego llegan a nuestro interior y sufren otra serie de transformaciones. Porque hay valorar los posibles efectos sinérgicos o sumatorios. La gente no es consciente en general de ello y de lo que pasa en el entorno tan contaminado en el que vivimos. Es más, no son conscientes de ello ni siquiera los médicos que están muy centrados en los diagnósticos y tratamientos pero prácticamente nada en la prevención real.

-Hoy se sabe de forma fehaciente que hay sustancias especialmente nocivas… ¡y siguen sin retirarse!

-Cierto; porque hay muchos intereses económicos en juego. Además la posible carcinogenicidad de una sustancia química se evalúa de forma un tanto burda, teniendo en cuenta solo factores como el daño directo en el ADN o su capacidad para provocar mutaciones cuando hay muchos otros que pueden contribuir a la aparición de tumores. Porque pueden propiciar una inflamación crónica, favorecer el crecimiento de las células cancerosas, dificultar la apoptosis, inhibir los procesos antitumorales, debilitar la respuesta inmune… Entre las sustancias que se citan en el estudio de Carcinogenesis se cuentan retardantes de llama, nonilfenoles, compuestos perfluorados, bisfenol A, mercurio y algunos pesticidas como la atrazina, el mancozeb o el prochloraz entre otras muchas que podrían favorecer unos efectos u otros. Son sustancias a las que están expuestas vastos sectores poblacionales y que llegan de forma cotidiana al cuerpo humano a través del agua, la inhalación, la comida o la absorción por la piel.

-Pues no se entiende que las administraciones públicas, los partidos políticos, las entidades sanitarias internacionales y nacionales, las asociaciones médicas y científicas, las organizaciones de consumidores y los medios de comunicación, entre otros, sigan mirando hacia otro lado e ignoren el problema. Esto también les afecta a ellos y a sus familias…

-Vivimos en una sociedad en la que el dios dinero dicta muchas de las normas y regulaciones. Y el poder político es cada vez más débil para hacer que se imponga el interés general. El saldo es una ruina. Tanto por el sufrimiento humano que no se previene como porque los daños económicos que se generan superan con mucho a los beneficios que, además, son solo de unos sectores concretos.

-¿Tampoco las administraciones públicas españolas reaccionan?

-Su comportamiento y actitud dejan mucho que desear. En general no tienen iniciativas propias positivas escudándose en que esperan a ver qué se decide y hace en Europa. Saben perfectamente cuáles son los peligros y lo que hay que hacer pero no mueven un dedo. Es una dejación de responsabilidades intolerable.

-¿Han respondido al menos a alguna de las iniciativas que nos consta les han hecho llegar ustedes?

-Hemos conseguido que algunos partidos asuman presentar proposiciones no de ley sobre un problema tan obvio como el de los disruptores endocrinos pero ninguno ha propuesto aun medidas concretas. Y que alguno apoye nuestra campaña para reducir el uso de pesticidas. Pero poco más; esto es una carrera de fondo.

-¿Y existen al menos métodos que nos permitan prevenir y desintoxicar nuestro hogar?

-Evidentemente. Doy a conocer muchas de ellas en mi obra Hogar sin Tóxicos. Desde la adquisición de productos ecológicos -y me refiero no a los que afirman serlo sino a los que de verdad lo son- hasta la adopción de remedios caseros. De hecho hay productos de limpieza ecológicos pero también puede limpiarse una casa con vinagre, limón y bicarbonato. Y hay pinturas ecológicas basadas en aceites vegetales. Podemos asimismo eliminar olores fácilmente en lugar de usar ambientadores tóxicos. Y deshacernos de molestos insectos sin recurrir a químicos. Hay soluciones sencillas, baratas y mucho más saludables.

Francisco Sanmartín

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Noviembre 2015
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