Luc Montagnier admite que el VIH sólo es un problema grave si el sistema inmune está deprimido

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El investigador francés Luc Montagnier, codescubridor del VIH -presunto causante del Sida-, reconoce ahora que la infección por el virussólo es un problema grave si el sistema inmune está deprimido. Yadmite que a la hora de tratar el Sida es de enorme importancia la higiene, una nutrición adecuada, el estado psicoemocional y, sobre todo, combatir el estrés oxidativo y elevar las defensas del organismo. Siendo especialmenteimportante la ingesta de antioxidantes porque neutralizar el exceso de radicales libres en la etapa más temprana de la infección puede hacer que el daño potencial sea menor e, incluso, que la progresión de la enfermedad sea más lenta o hasta se detenga. De ahí queen diciembre pasado visitara en Madrid el laboratorio español Catalysis a fin de informarse mejor de los resultados obtenidos con sus productos antioxidantes -sobre todo el Viusid– y en qué consiste el método de activación molecular que les permite aumentar considerablemente su potencia.

Luc Montagnier-profesor emérito del Instituto Pasteur, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2000 -como codescubridor del presunto virus causante del sida, el VIH-, presidente de la Fundación Mundial para la Investigación y Prevención del Sida -creada con el apoyo de la UNESCO cuando su director era Federico Mayor Zaragozay uno de los científicos mejor considerados a nivel mundial ha realizado en los últimos meses dos importantes visitas a nuestro país: una a Granada -de carácter público y docente- y otra -de carácter privado- a la sede central en Madrid de los Laboratorios Catalysis.

A Granada acudió para apoyar la candidatura como Rector de la Universidad que encabezaba su amigo y colega el catedrático en Histología Antonio Campos que se tradujo en un encuentro con estudiantes de Medicina y Farmacia y la posterior participación en una mesa redonda sobre cooperación internacional en la que expuso su visión sobre el VIH y su tratamiento. Y en ese sentido hemos de decir que se están silenciando interesadamente algunos de sus planteamientos actuales más importantes sobre el virus y la enfermedad. Porque es verdad que Montagnier sigue defendiendo que el VIH es la causa del Sida pero eso no le ha impedido a lo largo de los últimos años reconocer que para que la enfermedad se manifieste hacen falta otros cofactores. Destacando entre ellos el estrés oxidativo. De ahí que a día de hoy entienda que para tratar la enfermedad sea imprescindible el uso de antioxidantes naturales capaces de reforzar el sistema inmune. “El estrés oxidativo –afirma Montagnier- es sin duda un factor clave. Durante la segunda etapa de la infección por el VIH hay una mayor producción de radicales libres que podría ser causada por varios factores, entre ellos la excesiva producción de radicales de oxígeno por leucocitos polimorfonucleares. La clave puede estar pues en reducir el estrés oxidativo en la etapa más temprana de la infección. Logrando que el daño oxidativo sea más lento la progresión de la enfermedad podría retrasarse e, incluso, detenerse”. 

EL ESTRÉS OXIDATIVO Y EL SIDA

Ya hemos explicado varias veces en la revista que el oxígeno es una de las grandes paradojas de la evolución. Gracias a él tienen lugar en el interior de la célula complejos procesos -conocidos como beta-oxidación, glicolisis, ciclo de Krebs y respiración celular- que permiten la liberación de la energía contenida en los alimentos y que después se destina a la fabricación de nuevas moléculas indispensables para las funciones vitales. Un delicado proceso en el que se produce un fenómeno bioquímico de intercambio de electrones que da lugar a la aparición de las denominadas Especies Reactivas del Oxígeno, entre ellas los “radicales libres”, moléculas inestables que resultan especialmente dañinas ya que se caracterizan por tener en su estructura atómica un electrón desaparejado que a fin de recuperar el equilibrio busca alguno que capturar en su entorno. Lo que logra robándolo de algún átomo cercano que, a su vez, queda desparejado –es decir, se convierte en otro radical libre- iniciándose así una reacción en cadena que puede terminar llevando al deterioro de la estructura de las células adyacentes.

El daño que los radicales libres provocan en los diferentes tejidos depende por eso del balance entre las Especies Reactivas de Oxígeno y las defensas antioxidantes de las que de forma natural está dotado el organismo. De ahí que hoy se considere que la salud está en buena medida relacionada con un adecuado equilibrio oxidativo.
¿Y cuándo hay “estrés oxidativo”? Cuando por mala nutrición, enfermedades –numerosas en África y otros continentes asolados por el Sida- u otras causas exógenas (ozono, pesticidas, contaminación ambiental, el humo del tabaco, drogas, tóxicos presentes en los alimentos, radiaciones electromagnéticas, medicamentos…) se pierde el equilibrio entre radicales libres y antioxidantes. Sin olvidar que hasta las emociones juegan un papel fundamental. De hecho Montagnier llegó a admitir en Granada su importancia en la evolución del Sida. “Nuestro sistema inmunitario –dijo- está también influenciado por nuestro sistema psicológico. La disciplina que lo estudia se denomina Psiconeuroinmunología. Quien tiene una depresión nerviosa puede tener también pues una depresión inmunitaria. Por ejemplo, hay personas que desarrollan un cáncer después de que un acontecimiento familiar grave les haya deprimido. Bueno, pues en el Sida es parecido: si usted y yo tenemos un buen sistema inmunitario podemos exponernos al virus y no infectarnos. Hay mucha gente expuesta al virus que no se infecta porque tiene una buena respuesta inmunitaria. Y de la misma manera, hay personas inmunodeprimidas por diferentes factores, entre ellos los psicológicos, que son más sensibles a la infección y a que el virus se instale definitivamente. También son muy importantes otros factores. Como la nutrición. Hay pues que tomar antioxidantes porque los radicales libres deprimen el sistema inmunitario”.

En otras palabras: Luc Montagnier parece acercarse con estas afirmaciones –sin mencionarlo expresamente- a quienes como el doctor Ryke Geerd Hamer en el caso del cáncer piensan que un trauma psicológico puede ser causa de enfermedad. Y reconoce también el valor de las tesis de Claude Bernardque siempre mantuvo -frente a las tesis de Luis Pasteur, quien terminaría dándole la razón poco antes de morir- que los microbios sólo son peligrosos si el “terreno” es el adecuado porque en un organismo con el sistema inmune alto éstos no pueden hacer nada.

A ver, ¿qué tienen que decir ahora los científicos que todavía hoy niegan ambas cosas? ¿Qué tienen que alegar todos esos médicos que aún se permiten despreciar las emociones como causa de enfermedad? Porque quien reconoce hoy públicamente ambas posibilidades no es uno de esos médicos considerados herejes por muchos colegas sino uno de los científicos más prestigiados del mundo.

En suma, Montagnier admite que es en la situación de estrés oxidativo -aumento en la velocidad de generación de especies reactivas del oxígeno y disminución de los sistemas de defensa- cuando se manifiestan las lesiones que producen los radicales libres. Éstos reaccionan químicamente con lípidos, proteínas y carbohidratos -dañando el ADN de las células- así como con componentes de la matriz extracelular por lo que pueden desencadenar un daño irreversible que si es muy extenso puede llevar a la muerte celular. De ahí la necesidad sugerida por Montagnier -y por cada vez más investigadores- de reforzar en caso de enfermedad nuestros medios antioxidantes internos con los externos presentes en muy distintas sustancias naturales.

Existen numerosos datos  sobre la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) tanto in vitro como en estudios clínicos bioquímicos -escribió ya en 1997 el investigador francés en Journal of Infectious Diseasessegún los cuales el estrés oxidativo tiene su papel en la patogénesis del Sida. Informes recientes implican un exceso intracelular de especies de oxígeno reactivo (ROS) en la inducción de la expresión del VIH y en la iniciación de la muerte celular por apoptosis. Hay estudios que demuestran la disminución del glutation en las células mononucleares de la sangre periférica de las personas libres de síntomas que ofrecen la evidencia de una alteración metabólica que conduce a la disminución de la capacidad para contrarrestar el estrés oxidativo. En la patogénesis del Sida el estrés oxidativo se propone como una alteración metabólica que favorece la progresión de la enfermedad tanto por la inducción de apoptosis como por la replicación viral (…) La evidencia de que el estrés oxidativo induce -mientras los antioxidantes inhiben- la replicación del VIH y la apoptosis sugiere el uso de estas moléculas como terapia antirretroviral para reducir la muerte celular en pacientes con Sida”.

TRATAMIENTOS NO TÓXICOS

Esa afirmación de Montagnier –realizada, insistimos, en 1997- sigue teniendo vigencia. Diez años después acaba de afirmar en Granada: “Proponemos el diseño de tratamientos no tóxicos para pacientes en las primeras etapas de la infección por VIH. La esperanza es que si podemos restablecer su capacidad de defensa podremos prolongar la fase asintomática del virus y quizás nunca lleguen a la etapa en que van a ser elegibles para la terapia antirretroviral lo cual es un gran problema no sólo por el costo del tratamiento sino también por su duración”.

Y díganos, amigo lector: ¿ha visto remarcadas tan importantes palabras en alguno de esos “grandes” medios de comunicación que, por contra, reciben siempre con algarabía cada “noticia” que se difunde sobre la presencia en el mercado de nuevas drogas o cócteles “antirretrovirales”? Evidentemente NO. Lo natural, lo ortomolecular, los suplementos nutricionales… no “venden”.

Montagnier destacaría en Granada también que los enfermos de Sida que actualmente son tratados con fármacos antirretrovirales experimentan una mejoría de su sistema inmune pero siguen teniéndolo “deprimido” por lo que para erradicar el virus se debería “conseguir un tratamiento complementario que estimule el sistema inmunitario” del enfermo.

De ahí precisamente que en los últimos años el investigador francés haya centrado algunos de sus trabajos más importantes en el papel de los antioxidantes naturales para conseguir esa capacidad estimulante. Eso hizo, por ejemplo, que en su búsqueda de productos con mejores resultados se encontrara con el extracto de papaya fermentada que él mismo define como “un potente estimulador del sistema inmune” habiéndolo llegado a recomendar “como complemento de la terapia antirretroviral estándar” para tratar de controlar la enfermedad.

Hablamos –explica Montagnier- de un producto “basado en un extracto de frutos de papaya seleccionados y recogidos en los países tropicales- en particular de Filipinas- que son luego fermentados por levaduras a lo largo de varios meses hasta que alcanzan una determinada temperatura para, por fin, obtener así un extracto, un polvo blanco que contiene muchos ingredientes. Obviamente no todos han sido analizados pero ese extracto de papaya fermentada contiene, en particular, unas pequeñas moléculas de azúcar, unos oligosacáridos con propiedades antioxidantes e inmunoestimulantes notables como demostraron estudios efectuados en diversos países, especialmente Estados Unidos”. Cabe recordar que la máxima popularidad del jugo de papaya fermentada se dio hace algunos años cuando Montagnier sugirió tomarlo al papa Juan Pablo II para mejorar de su Parkinson.

Debemos agregar que en los últimos años Montagnier ha insistido en la ceguera que sobre este tema existe en algunos círculos científicos y médicos que lo ignoran todo sobre el estrés oxidativo y cómo combatirlo a pesar de que existe una enorme gama de antioxidantes naturales que, a su juicio, podrían incluso ser analizados rigurosamente en ensayos clínicos controlados porque existen en la actualidad criterios objetivos para medir su efecto antioxidante en el plasma y en el nivel de leucocitos.

“El extracto de papaya debe ser utilizado de momento como suplemento alimenticio –declaró en entrevistas anteriores- pero si los ensayos clínicos muestran que es un efectivo coadyuvante en las terapias serias, es decir, en la quimioterapia, las terapias antivirales y la lucha contra el SIDA o el cáncer, no excluiría la posibilidad de que pueda llegar a convertirse en un verdadero medicamento”.

MONTAGNIER EN LABORATORIOS CATALYSIS

Bien, pues ha sido precisamente la búsqueda de los mejores tratamientos antioxidantes existentes la que llevaría a Montagnier, poco después de visitar Granada, a realizar una visita privada -a petición propia– a la sede central de Laboratorios Catalysis acompañado por René Y. Olivier, Secretario General de la Fundación Mundial para la Investigación y Prevención del Sida. ¿El motivo? Informarse personalmente a fondo sobre los esperanzadores resultados obtenidos por el laboratorio con sus productos antioxidantes naturales -sobre todo con el Viusid– y el método de activación molecular que les permite aumentar de forma considerable el poder antioxidante de cada uno de ellos. Una metodología de la que en la revista venimos hablando desde hace varios años.

Luc Montagnier reconocería durante su visita a Catalysis –de la que Discovery DSALUD fue testigo excepcional ya que ambas partes autorizaron expresamente nuestra presencia- la imperiosa necesidad de mejorar los tratamientos contra el Sida complementando los tratamientos de los seropositivos con antioxidantes y una alimentación mucho más equilibrada. Y no sólo con alimentos sino también con plantas. “Las plantas –llegaría a manifestar Montagnier durante la reunión en Catalysishan desarrollado muchos más compuestos de los que nosotros tenemos y tendremos. Son mucho más ricas en fuentes de antioxidantes y otros nutrientes útiles o compuestos farmacológicos activos que los descubiertos por el hombre. Dejemos pues que la naturaleza nos ayude ya que nos proporciona una amplísima gama de compuestos con los que trabajar”.

Una línea de trabajo -la del uso de antioxidantes naturales- en la que precisamente viene trabajando desde su creación Catalysis, laboratorio especializado en la formulación y venta de productos nutricionales naturales con presencia hoy en más de 70 países. Fue Eduardo Sanz Navares –Director Científico de Catalysis y miembro de nuestroConsejo Asesor- el encargado de presentar a los doctores Montagnier y Olivier los resultados obtenidos hasta el momento por el laboratorio, muy especialmente con Viusid, “producto –diría Sanz- de gran eficacia antioxidante y antivírica capaz de elevar las defensas del organismo y reducir tanto los efectos destructivos de los virus como de los radicales libres producidos por el estrés oxidativo”.

Montagnier escucharía con evidente atención los resultados obtenidos con Viusid en el estudio realizado con enfermos de Sidaen el Instituto de Investigaciones Médicas de Kenia (Kemri) en el que se apreció -como datos más significativos- una supervivencia del 79,41% entre los enfermos tratados, la disminución de la carga viral, la estabilidad de los CD4 y la disminución de las enfermedades oportunistas. De hecho después de los primeros tres meses de tratamiento todas ellas desaparecieron.

También le fueron mostrados los resultados obtenidos en el Ghana Police Hospital’s VCT Center en cuyo informe final se señala: “Este estudio clínico ha demostrado que las personas que viven con el VIH pueden experimentar importantes mejoras en su estado de salud cuando son tratadas con Viusid. También se ha demostrado que Viusidpuede ser muy beneficioso, sobre todo en los entornos de recursos pobres donde los costes de los fármacos y los requisitos necesarios para el control de otros medicamentos son muy onerosos en el control de la enfermedad. El estudio demostró que los pacientes que recibieron Viusidpodían ser controlados por su peso, hemoglobina y bienestar general, medidas muy simples, disponibles y, sobre todo, al alcance de los pacientes en entornos de recursos pobres. A la luz de lo anterior Viusid es altamente recomendado para el tratamiento de la enfermedad del VIH. Viusidposee un papel definitivo en la clasificación del VIH como una enfermedad crónica tratable, sobre todo en los entornos con pocos recursos”.

Asimismo le serían mostrados a Montagnier los resultados obtenidos con Viusid en Cuba donde un estudio en pacientes con cirrosis hepática dirigido por Eduardo Vilar en el Instituto Nacional de Gastroenterología de Cuba está demostrando una clara mejoría de los pacientes tratados con Viusid. “El tratamiento continuo con Viusid –señalan las Conclusiones del primer corte del estudio- retrasa la progresión clínica en los pacientes con hepatitis C crónica y cirrosis por la reducción significativa del tiempo de progresión de la enfermedad y el aumento de las tasas de supervivencia”. Ante lo cual, y sólo ya por sus beneficios hepáticos –nos comentaría Eduardo Sanz-, “resulta muy interesante para los enfermos de Sida dados los gravísimos problemas de hígado, en muchos casos con resultado de muerte, que los tratamientos antirretrovirales acaban provocando en ellos”.

Aunque quizás lo que más interesó a Montaigner y Olivier fue saber que los resultados obtenidos por los productos de Catalysis se logran merced a la tecnología propia con la que son tratados y que se conoce como método de activación molecular ya que permite aumentar hasta ¡diez mil veces! –depende de cada caso- la capacidad antioxidante de una molécula. Siendo obviamente esa posibilidad la que realmente suscitó el vivo interés del investigador francés. Discovery DSALUD pudo constatar empero que los responsables del laboratorio no quisieron extenderse demasiado sobre esa tecnología que, sin duda, sería de enorme interés para cualquier multinacional.

Los responsables de Catalysis quedaron de acuerdo en demostrar -con resultados obtenidos bajo estrictos controles- los beneficios de la activación molecular en el momento en que la Fundación Mundial para la Investigación y Prevención del Sida lo desee y no sólo en el caso del Viusid sino también en otros productos actualmente comercializados por el laboratorio español como el Alzer, el Ocoxin o elDiamel.

Montagnier, por su parte, manifestó que trataría de convencer en los próximos meses a los fabricantes de fármacos antirretrovirales para intentar realizar un estudio conjunto con los antioxidantes de Catalysis en los dos centros que la fundación posee en África.

Es más, se mostró dispuesto a “dar la cara” –tal fue su expresión textual- en los foros científicos internacionales por los productos de Catalysis y su tecnología si los estudios previstos confirman los resultados presentados en la reunión. Y es que una de las prioridades del equipo de Montagnier es conseguir integrar los antioxidantes junto a los fármacos actuales en futuros estudios clínicos.

La colaboración planteada durante la reunión no se limitaría en cualquier caso al terreno del Sida. Las áreas de cooperación podrían extenderse a otros ámbitos de la salud ya que Montagnierha manifestado reiteradamente que “la liberación de radicales por estrés oxidativo” es un factor común en enfermedades en principio tan distintas como el Sida, el cáncer, el parkinson, el alzheimer o la poliartritis por las que siempre ha mostrado gran interés. Por tanto, en su opinión todo lo que sirva para combatir el estrés oxidativo es adecuado en el tratamiento de las mismas.

“Hay bastantes productos disponibles en este momento –ha señalado en otras ocasiones Montagnier- para restablecer un estado de redox y reducir el estrés oxidativo. Productos antioxidantes que pueden producir efectos no sólo a corto sino a largo plazo. Creo que podemos evitar el envejecimiento prematuro así como la aparición de las enfermedades degenerativas nerviosas con un tratamiento antioxidante dirigido a tratar deficiencias particulares en personas particulares”.

Antes de volver a Francia, desde donde su fundación continuará las gestiones con Catalysis, Montagnier abogó por los tratamientos personalizados: “Los antioxidantes son importantes –manifestó- pero para ser eficaces deben ser utilizados racionalmente. Hemos de tener en cuenta los parámetros de cada persona. Algunos pueden estar faltos de selenio, de zinc, de vitamina E, de otros nutrientes o de una combinación de los mismos. Por tanto, el tratamiento debe ser planificado de acuerdo con esos parámetros y variar de una persona a otra”. A continuación Montagnier lamentaría el escaso interés de los médicos por entender la importancia del estrés oxidativo en todas esas patologías y el poder de los antioxidantes naturales para combatirlos. “Existe una considerable ignorancia sobre este tema en algunos círculos científicos y médicos –se lamentaría- que piensan que la lucha contra el estrés oxidativo se reduce simplemente a la toma de vitaminas C o E. Y, sin embargo, actualmente hay una enorme gama de productos antioxidantes, muchos de ellos procedentes de plantas”

En fin, sólo el tiempo dirá si los contactos iniciados entre Luc Montagnier y Catalysis pueden concretarse en un ensayo clínico que revalide a nivel científico internacional lo conseguido hasta el momento por el laboratorio español pero parece claro que con su visita Montagnier le ha demostrado a Catalysis una consideración de la que no anda muy sobrado en nuestro país.

LA TERCERA VÍA EN EL ABORDAJE DEL SIDA

Cabe añadir que Montagnier ha alcanzado evidentemente un punto intermedio en la actual dialéctica de enfrentamiento entre la postura oficial sobre el Sida -centrada en la existencia del virus y la eficacia de los tratamientos antirretrovirales como única respuesta terapéutica- y el grupo de investigadores que niegan la existencia del virus y/o lo consideran incapaz de producir por sí mismo el daño que se le atribuye. De hecho la teoría del estrés oxidativo como causa del Sida forma parte también de la argumentación del grupo de los denominados disidentes, unidos en su oposición a los tratamientos actuales por su toxicidad.

De momento, como figura principal o única de una visión intermedia, Montagnier ha pasado a defender en los foros internacionales la existencia de cofactores fundamentales para el desarrollo del Sida como la nutrición y el estrés oxidativo, aspectos que considera claves junto con las condiciones de vida para detener la epidemia que según los organismos oficiales asola África.

Podemos reducir la pandemia –dijo- incluso sin una vacuna. Sólo mejorando la higiene -por ejemplo proporcionando cloro para desinfectar- o simplemente electricidad se podría reducir la propagación del Sida en África. Mejorando las condiciones económicas y la educación de la población se podría hacer mucho más”.

Montagnier ha llegado incluso a depositar en los antioxidantes la posibilidad de hacer del Sida una enfermedad crónica. “La posibilidad de reducir la apoptosis a una tasa normal –tiene dicho al respecto- en los linfocitos de los individuos infectados por el VIH pondría la infección por ese virus en un nivel similar a la monoclueosis y otras infecciones crónicas en las que se produce muerte celular pero el sistema inmune regresa a la normalidad después de un cierto período de tiempo. En el centro y etapas más tardías de la infección por el VIH la apoptosis es un problema crónico y permanente. Y los antioxidantes podrían reducir la tasa de apoptosis”.

Debemos añadir, a nuestro entender, que la postura de Montagnier resulta aparentemente contradictoria. Porque si los fármacos utilizados hoy en pacientes con Sida son tóxicos (todos ellos) y provocan estrés oxidativo dañando  las células y el propio Montagnier considera que el estrés oxidativo induce la replicación del VIH, ¿qué sentido tiene que los enfermos estén siendo tratados con tales fármacos? ¿Es suficiente justificación la necesidad de los antirretrovirales para combatir el VIH? Para Montagnier, sí. Para él los antirretrovirales, aun siendo causa también de estrés oxidativo, son necesarios para combatir el virus. “Los antioxidantes -dice– son necesarios en el tratamiento pero no son suficientes por sí mismos”. Y, sin embargo, él mismo ha reconocido en Granada que el virus, estando altas las defensas del sistema inmune, no puede dañar a las personas.

En suma, un círculo vicioso del que el investigador francés quiere salir dando una importancia hasta ahora negada al uso de antioxidantes como refuerzo inmunitario y como parte de una medicina mucho más preventiva. “Creo que el futuro de la Medicina en su conjunto debe dirigirse hacia la medicina predictiva y preventiva –declaró Montagnier al bioquímico Richard A. Passwater en una entrevista titulada Antioxidant Nutrients and AIDS: Exploring the Posibilitéis (http://www.healthy.net/scr/Interview.asp?Id=187&xcntr=2) – ya que es mucho menos costosa para la sociedad, mejor para el individuo y preferible a la medicina curativa o la cirugía mutilante practicada en la actualidad. Creo que es mucho mejor para tratar a alguien que se encuentra todavía en buen estado de salud en lugar de esperar hasta que estén en cama en el hospital. Creo que, si prevalece mi opinión, podríamos establecer centros de análisis en Francia al igual que hemos hecho en Lieja (Bélgica). Hay algunos laboratorios en París que llevan a cabo las pruebas sobre el estrés oxidativo pero no son bien conocidos y son administrados privadamente. Deberíamos tener una red de estos centros donde la gente pudiera ser examinada pero esto implicaría la clase de educación inicial que anima a las personas sanas a que se pongan a prueba a sí mismos con regularidad en estos centros a fin de recibir el asesoramiento de sus médicos aun cuando no estén enfermos”.

Terminamos diciendo que para nosotros es obvio, tras escuchar directamente a Luc Montagnier, que el abordaje del Sida no pasa por los cócteles antirretrovirales que las multinacionales quieren introducir a toda costa. Incluso si admitiéramos que el VIH puede ser causa del Sida. Ante todo, porque no son necesarios ya que el virus no lleva a nadie enfermar salvo que su sistema inmune esté deprimido. Y en segundo lugar porque intoxican el organismo, dañan las mitocondrias y provocan un fuerte estrés oxidativo que según el propio Montagnier induce la replicación del VIH. La higiene, una buena alimentación y sustancias naturales ricas en antioxidantes, vitaminas, minerales, enzimas y otros oligoelementos reforzadores del sistema inmune deberían ser suficientes para impedir el contagio. Y la ingesta de antivíricos naturales carentes de efectos secundarios –de muchos de los cuales hemos hablado en estas páginas- la solución cuando la persona ha sido infectada. ¿Asumirán esto los médicos? ¿Se harán eco de lo aquí dicho los medios de comunicación de masas controlados por la gran industria farmacéutica? Lo dudamos. Nos consolaremos pues sabiendo que al menos nuestros lectores están advertidos.

 Antonio F Muro

 

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Febrero 2008
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