Millones de dólares en incentivos para recetas a los peores medicamentos

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Cuanto más agresiva es la campaña de marketing de un nuevo medicamento más posibilidades hay de que sea ineficaz y peligroso; así lo postula al menos la denominada Ley de beneficio inverso enunciada en 2011 por dos investigadores de la Universidad de Texas. Pues bien, a partir de los datos hechos públicos merced a la llamada Physician Payment Sunshine Act promulgada con el fin de lograr mayor transparencia en las relaciones de los médicos con la industria la ONG estadounidense ProPública ha difundido una lista de los 20 medicamentos más “incentivados” en los últimos cinco meses de 2013 y que a su juicio son los que más posibilidades tienen de sobre-recetarse y poner en peligro nuestra salud; algo que pasará igualmente en nuestro país según la Plataforma NoGracias, organización independiente española que lucha por la transparencia, la integridad y la equidad en las políticas de salud, asistencia sanitaria e investigación biomédica

En 1971 el médico y escritor británico Julian Tudor Hart postularía en The Lancet la que denominó Ley de cuidados inversos que formuló así: “La disponibilidad de una buena atención médica tiende a variar inversamente a la necesidad de la población asistida. Esto (…) se cumple más intensamente donde la atención médica está más expuesta a las fuerzas del mercado y menos donde la exposición está reducida”. Pues bien, cuarenta años después dos investigadores de la Universidad de Texas (EEUU), Howard Brody y Donald W. Light, postulan la existencia en el ámbito farmacéutico de una Ley de beneficio inverso según la cual “la ratio beneficio/daño es inversamente proporcional a la agresividad con que se realiza la campaña de marketing del producto”. Es decir, que cuanto más agresivamente se publicita un medicamento más posibilidades hay de que sea poco eficaz e, incluso, peligroso. Así lo justificaron en un artículo publicado en el nº 101 del American Journal of Public Health correspondiente a marzo de 2011.

Bueno, pues la reciente aprobación en Estados Unidos de una ley que obliga ahora a los fabricantes de medicamentos y dispositivos médicos a declarar las cantidades que han pagado a los profesionales sanitarios para “promocionar” sus productos ha permitido a la ONG ProPública elaborar una lista de los fármacos más “incentivados”; fármacos que, aplicando lo postulado por los doctores Brody y Light, son pues los que más probabilidades tienen de ser peligrosos y/o ineficaces.

Cabe añadir que si bien la industria habla de “inventivos” éstos deberían calificarse sin más de “sobornos” ya que el diccionario define claramente este término como “corrupción de alguien con dinero o regalos para conseguir de él una cosa generalmente ilegal o inmoral”. Y si bien la “legalidad” de esta práctica puede ser discutible ya que depende de la legislación de cada país y en muchos la industria tiene una enorme influencia no parece un ejemplo de moralidad el hecho de que buena parte de la profesión médica reciba regalos de todo tipo -viajes, estancias en hoteles de lujo, dietas, cursos, entradas a espectáculos y conciertos, etc.- a cambio de prestarse a promocionar o recetar los productos que la compañía farmacéutica de turno comercializa. Algo fácil de constatar cuando se comprueba que, de pronto, numerosos de sus enfermos los “necesitan” y “por eso” se los receta; que así sea desde que él recibió los regalos es pura coincidencia.

En España se hizo inmediatamente eco de esta información -difundiéndola a través de su web- la Plataforma NoGracias (PNG), organización civil independiente integrada por médicos críticos con las relaciones entre profesionales sanitarios, docentes e investigadores y la industria farmacéutica, que considera muy probable que los fármacos de esa lista sean también los que más agresivamente se publiciten el año próximo en nuestro país. En fin, veamos datos sobre algunos esos medicamentos tomados de las propias alertas y advertencias de la FDA (el lector puede consultar la lista completa en el recuadro adjunto):

Victoza. Encabeza la lista de ProPública según la cual la empresa fabricante –Novo NOrdisk- se gastó en “incentivos” médicos más de nueve millones de dólares. Pertenece a un grupo de medicamentos que actúan imitando a la hormona incretina que el cuerpo produce al comer para estimular la segregación de insulina. Pues bien, en una nota dirigida a los profesionales de la salud la FDA dice que su consumo se ha asociado a un “riesgo potencial de tumores tiroideos, incluyendo carcinoma medular de tiroides”. Es más, afirma que “puede incrementar el riesgo de pancreatitis aguda” y que “no se recomienda como terapia de primera elección para pacientes sin un control glucémico adecuado en la dieta y ejercicio”

Abilify. Ocupa el décimo lugar de la lista y la empresa fabricante, Bristol Myers Squibb, se gastó en “incentivarlo” 5 millones. La FDA lo aprobó de forma inexplicable pero exigiendo a los fabricantes que incluyeran en el prospecto una Black Box Warning -etiqueta reservada a los fármacos que pueden poner gravemente en peligro la salud y/o la vida- ya que un estudio sobre varios ansiolíticos de “segunda generación” -entre los que estaba Abilify– constató que su ingesta aumenta al doble -respecto al placebo- el riesgo de fallecer por fallo cardíaco, muerte súbita o neumonía. A pesar de lo cual no se ha ordenado su retirada.

Tradgenta. Lo “incentivó” con más de cuatro millones el laboratorio Bohringer-Ingelheim. Aprobado por la FDA se constató una vez se comercializó que puede dar lugar a reacciones de hipersensibilidad o anafilaxis, angioedema (tumefacción de la piel y mucosas) y dermatitis exfoliativa; incluso desde la primera dosis. Tampoco se ha ordenado su retirada.

Samsca. Lo “incentivó” con casi cuatro millones el laboratorio Otsuka American Farma Inc. y poco después de salir al mercado la FDA ya determinó -en 30 de abril de 2013- que no se usara más de 30 días seguidos ni lo tomaran personas con problemas hepáticos ya que puede producir lesiones que exijan un trasplante de hígado o llevar a la muerte al enfermo.. La FDA se ha limitado a pedir al fabricante que incluya la advertencia en el prospecto. Sigue pues vendiéndose.

Symbicort. Lo “incentivó” Astrazeneca con tres millones y medio. La FDA ya alertó en 2005 a los profesionales sanitarios y a los pacientes que algunos fármacos broncodilatadores -entre los que estaba Symbicort así como Advair Diskus, Advair HFA, Foradil, Perforomist y Serevent Diskus– se asocian a un empeoramiento del espasmo bronquial. En 2008 el Comité Asesor de Pediatría pidió a la FDA que se valoraran los riesgos de estos fármacos en niños -se autorizó para ellos en 2006-, ésta pidió a los fabricantes que lo hicieran y la industria pidió tiempo. Cuatro años después -en 2010- se informó a la FDA de numerosos casos de empeoramiento del asma, hospitalización y muerte; especialmente entre los niños. Y en abril de 2011 la FDA anunció que iba a procederse a una evaluación a largo plazo que concluiría en 2017. Y mientras siguen recetándose…

LA IMPUNIDAD DE LA INDUSTRIA

Cabe agregar que la propia FDA -a través de dos departamentos encargados de hacer el seguimiento de la promoción de los fármacos que se autorizan, la Office of Prescription Drug Promotion y la Regulatory Review Office– se dirigió por escrito a los fabricantes de varios de los medicamentos incluidos en la lista de ProPública para decirles que la información que están dando de sus productos es falsa o confusa, están pues incumpliendo la normativa federal –concretamente la Federal Food, Drug and Cosmetic Act 21– y deben corregir o suprimir sus anuncios y las afirmaciones públicas que hacen. Los fármacos sobre los que han hecho tales advertencias son los siguientes:

Copaxone. Fue “incentivado” con cuatro millones. La FDA le dijo textualmente al vicepresidente ejecutivo del fabricante –Tera Pharma USA- que “sus materiales promocionales son falsos o confusos porque sobrevaloran su eficacia, presentan conclusiones sin base, amplían las indicaciones, omiten o minimizan información sobre importantes riesgos asociados al medicamento, presentan una superioridad no demostrada y omiten otros hechos sustanciales”. Es decir, mienten de forma descarada pero no se les retira el producto. Y eso que entre los riesgos a los que se refiere la FDA se habla de lipoatrofia, vasodilatación, necrosis de la piel y posibles daños a la inmunidad.

Latuda. Se “incentivó” con siete millones. La FDA se dirigió al fabricante –Sunovio Pharma- en parecidos términos advirtiéndoles de que está realizando afirmaciones falsas sobre él, promoviéndolo para usos no aprobados y minimizando sus riesgos (entre los que se incluyen reacciones adversas cerebrovasculares, síndrome neuroléptico maligno, discinesia, cambios metabólicos, hiperprolactinemia, leucopenia, neutropenia, obesidad, síncopes, hipotensión, daños motores y cognitivos y suicidio). La FDA le obliga a advertir ahora de ello en una “caja negra” y le exige que deje inmediatamente de hacer publicidad engañosa… pero tampoco retira el producto.

Xarelt. Se “incentivó” con casi siete millones. La FDA comunicó a Jonson & Jonson International Inc. que su material publicitario dirigido al consumidor “es falso o confuso porque minimiza los riesgos asociados” y le obliga retirar los folletos de inmediato y a advertir en el producto de esos peligros en una “caja negra”.

Humira. Lo “incentivó” Laboratorios Abbot con cinco millones y medio. En este caso la FDA advirtió de que en la presentación pública del fármaco se ampliaron indebidamente las indicaciones y se minimizaron las reacciones adversas y los riesgos. Pero sigue vendiéndose.

Daxas. Lo “incentivó” con más de cinco millones Laboratorios Forest. La FDA advirtió al fabricante de que en una presentación oral del fármaco se realizaron afirmaciones falsas y se incluyeron indicaciones no autorizadas además de disminuir los riesgos. Lo inaudito es que un año antes ya se les había advertido de estos mismos comportamientos en relación a otro fármaco. Claro que si hacerlo sale “gratis”…

SEIS FORMAS DE VENDER MÁS

Suponemos que el lector se estará preguntando cómo pueden estar pasando cosas así y qué falta de ética hay entre quienes osan poner en riesgo a sabiendas la salud y la vida de la gente -laboratorios fabricantes, agencias reguladoras, autoridades sanitarias y médicos- solo para enriquecerse. Porque aunque la mayoría de la gente –incluyendo a muchos profesionales sanitarios- cree que el balance beneficio/daño de un fármaco aprobado depende únicamente de la constatación científica de lo que sobre él se dice en la mayoría de los casos no es así. Es más, su creencia en la rigurosidad y control sobre la presunta eficacia y seguridad de los fármacos es de una ingenuidad sorprendente que denota una pésima información. Entre otras muchas razones porque lo que hoy valoran las empresas es el balance beneficio/daño económico para ellas y no para el paciente. Si la comercialización de un producto les es rentable aunque sea ineficaz y peligroso una vez deducidos los gastos de desarrollo y fabricación, “publicidad” -sobornos a médicos incluidos- e indemnizaciones a los afectados (que normalmente reciben los estadounidenses ya que a los demás se les deja de lado). Asegurándose ante todo de ampliar el número de enfermos potenciales.  ¿Y cómo lo logran? Los doctores Brody y Light ya citados explican en su artículo cuáles son sus seis estrategias habituales:

1. Manipulando los “umbrales” diagnósticos; es decir, bajando o subiendo las cifras de referencia consideradas saludables que sirven para etiquetar a alguien como enfermo (hipertenso, diabético, afecto de hipercolesterolemia…). Se trata de ampliar al máximo el número de supuestos enfermos y, por ende, el número de prescripciones médicas que da lugar al actual sobrediagnóstico. Se venderán así muchos fármacos para gente que en realidad no necesita tratamiento alguno… y muchos más si se convence a los médicos de que los receten como “medida preventiva”. Algo a lo que ayudan los avances tecnológicos -que permiten observar detalles nimios que luego se magnifican- y las campañas de “cribado” y “prevención” que explotan los sentimientos de inseguridad, aprehensión, hipocondría o pánico a la enfermedad y la muerte de muchas personas.

2. Apoyándose en datos intermedios. La mayor parte de las analíticas solo tienen sentido cuando se repiten en el tiempo y los resultados que se suponen “patológicos” se mantienen pero hoy los médicos usan esos datos “intermedios” para recetar rápidamente fármacos iatrogénicos en lugar de esperar un tiempo razonable.

3. Exagerando la seguridad de los nuevos fármacos -más caros- respecto de los antiguos del mismo tipo -más baratos al ser ya normalmente genéricos-, algo en muchos casos completamente falso. Los fármacos más y mejor testados son en general los que más tiempo llevan en el mercado como es de sentido común.

4. Exagerando su efectividad al tiempo que se ocultan y/o minimizan los riesgos.

5. Creando enfermedades inexistentes. En las últimas décadas se ha oficializado la existencia de miles y miles de enfermedades nuevas para las que se han desarrollado sus correspondientes fármacos… en muchos casos con antelación. Es decir, hoy se desarrollan fármacos para los que, en función de lo que hacen sus principios activos, inventarse las enfermedades para los que se suponen útiles. Algo que se hace de forma masiva especialmente en el ámbito de la salud mental pasando los psiquiatras de tratar patologías reales a multitud de enfermedades inexistentes; sobre todo entre los niños.

6. Fomentando usos no autorizados, Es decir, “convenciendo”  a los médicos de que medicamentos aprobados para determinadas disfunciones son también útiles en otras -aunque los organismos oficiales no lo hayan aceptado así- a fin de que los receten. Algo a lo que muchos se prestan si se les “incentiva” adecuadamente; en especial los de medicina general.

Y, por supuesto, animando a ingerir fármacos que no requieren receta a todo tipo de personas ignorantes y/o hipocondriacas. Según la web Generation Rx hay actualmente entre 6 y 7 millones de estadounidenses mayores de 12 años que toma todos los meses medicamentos sin prescripción médica. Sobre todo calmantes, sedantes y estimulantes. Lo que en parte explica que la muerte por sobredosis de medicación no recetada se haya convertido ya en la primera causa de muerte accidental en Estados Unidos (tiene abundante información sobre el problema en www.generationrx.org/learn/understand-the-issue).

Ahora bien, es obvio que esta vergonzosa estrategia de la industria farmacéutica no podría llegar a buen puerto sin la colaboración de los profesionales sanitarios;  muy en particular de los médicos. ¿Y por qué se prestan éstos a ello? Pues buena parte por mero interés crematístico y los más porque aceptan lo que dicen los llamados “líderes de opinión” o Key Opinión Leaders (popularmente “KOL“).

LOS LÍDERES DE OPINIÓN

Los médicos son solo la cara visible y accesible de un engranaje muy complejo que incluye a las industrias farmacéutica, alimentaria y biotecnológica, agencias gubernamentales nacionales e internacionales, sociedades científicas, prensa especializada y generalista, ONGs, instituciones internacionales, asociaciones de pacientes, comités asesores de gobiernos y empresas, departamentos de universidades, escuelas y hospitales universitarios… Todo un mundo complejo lleno de intereses económicos en el que la enfermedad es ante todo un negocio. Y aunque a veces pueda parecer que hay enfrentamiento entre ellos –por ejemplo cuando asociaciones de pacientes plantean exigencias a los gobiernos o cuando ciertas ONGs critican a los laboratorios- lo cierto es que funcionan complementándose para mantener una determinada visión de la salud y la enfermedad y un modo de ejercer la Medicina.

Son en todo caso los medios de comunicación los que se ocupan de difundir las verdades oficiales y contribuyen a crear los llamados “líderes de opinión” que, por supuesto, son casi siempre llevados a esa situación de liderazgo… por la propia industria farmacéutica. Una estrategia que las evita tener que convencer -léase invertir dinero- a la inmensa masa de médicos que, convencidos de la autoridad moral de los mismos, atienden sus indicaciones de forma bastante acrítica. Claro que tanto la formación universitaria de los mismos como la llamada formación continuada que se les da en forma de másters, cursos de postgrado, especialidades, congresos, jornadas, seminarios y conferencias las imparten ellos… financiados por la industria. Que es la que finalmente impone sus “verdades” a los médicos utilizando a los “líderes de opinión”. Algo a lo que éstos se prestan porque reciben a cambio cargos, altas remuneraciones económicas, honores, premios, ayudantes, posibilidad de publicar en revistas de renombre… Es más, son quienes son llamados luego por las organizaciones internacionales y los ministerios para formar parte de las comisiones que toman las decisiones en el ámbito sanitario; en otras palabras, son en muchos casos meros testaferros de la industria. Y no es una afirmación gratuita. Hay cientos de ejemplos que lo demuestran. Basta recordar algunos de los más recientes escándalos en ese sentido. Los conflictos de interés de los miembros de muchas de las comisiones que toman las decisiones importantes -especialmente en la OMS, los CDC y las agencias internacionales de control de los medicamentos- son bien conocidos. Actúan desde hace años con tanta prepotencia y arrogancia que ya ni lo ocultan o disimulan. Les da igual porque saben que actúan con impunidad.

Tom Jefferson, epidemiólogo de Colaboración Cochrane, publicó en 2014 un duro artículo titulado The Conversation (La conversación) -fue traducido al español por la Plataforma NoGracias (PNG)- en el que afirmaba: “Los KOL son capaces de persuadir a los gobiernos, a los trabajadores sanitarios y al público de que un problema de salud debe ser visto como una amenaza grave y forzar consensos sobre el tratamiento `correcto´. La mayoría de los líderes de opinión no lo son al azar sino que son detectados al inicio de sus carreras por empresas de relaciones públicas y cuidadosamente preparados para entrar en el mundo de los congresos, de las publicaciones de gran visibilidad y diseñados para tener carreras brillantes” (el artículo puede leerse íntegramente en español en www.nogracias.eu/2014/02/04/es-glaxo-la-nueva-cara-de-la-big-pharma-a-proposito-de-los-lideres-de-opinion/).

UN CÍRCULO VICIOSO

Agregaremos que son tres las condiciones que posibilitan la estrategia puesta en marcha por las multinacionales farmacéuticas para llevar a cabo sus propósitos y aumentar constantemente sus beneficios económicos sin un excesivo coste social o mediático:

1. Ha conseguido que la gente conozca los presuntos efectos positivos de los fármacos y los valore sin tener en cuenta sus efectos negativos iatrogénicos, que le parezca más importante una respuesta rápida del fármaco que lo que éste pueda provocarle a largo plazo. Es más, la industria juega con el hecho de que las personas no suelen relacionar las disfunciones que sufren con el fármaco -o fármacos- que tomó semanas o meses antes.

2. Ha manipulado el concepto de “enfermedad” consiguiendo que esta palabra se identifique con los síntomas agudos e inmediatos que se sufren cuando a menudo éstos se deben a procesos biológicos de reequilibrio, crecimiento, adaptación o superación de una crisis. Y lo que hace es ofrecer fármacos que hagan desaparecer los síntomas o paliar su intensidad…. sin afrontar el problema de fondo que subyace. Por eso la inmensa mayoría de los fármacos son “sintomáticos” o “paliativos” y prácticamente ninguno curativo.

3) Al no afrontarse las causas de las disfunciones que se sufren y limitarse los enfermos a tomar fármacos que palien u oculten los síntomas éstos progresan y terminan convirtiéndose en patologías crónicas, degenerativas y sistémicas. Patologías que luego se achacan a microbios o a mutaciones genéticas proponiéndose afrontar la situación con medicamentos tan agresivos como ineficaces desde el punto de vista curativo. Eso cuando no se le dice al enfermo que es una enfermedad “idiopática“, palabra que significa simplemente “de causa u origen desconocido“. Con lo que el enfermo entra en el actual círculo vicioso que nos está llevando a la catástrofe sanitaria y humana.

LAS PERVERSAS PRÁCTICAS DE LA INDUSTRIA

Todo esto -y mucho más- lo explican E. Stamakis, R. Weiler y J. P. Ioannidis en un artículo titulado Undue industry influence that distort healthcare research, strategy, expenditure and practice (La indebida influencia de la industria distorsiona la investigación sanitaria, la estrategia, el gasto y la práctica) publicado en 2013 en European Journal of Clinical Investigation en el que aseveran que la industria farmacéutica influye indebidamente en todas las etapas del conocimiento médico. En la etapa de generación del conocimiento manipulando la evidencia científica, en la de su difusión manipulando las Guías de Práctica Clínica, la literatura científica y los contenidos de la formación médica continuada y en la de aplicación del conocimiento manipulando, coaccionando y, si es preciso, comprando a los médicos para que prescriban sus medicamentos.

Peter Gøtzsche asegura por su parte en la obra Medicamentos que matan y crimen organizado: cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud (Ed. Los libros del lince, 2014) que la industria farmacéutica se caracteriza principalmente por la ocultación de información, la extorsión, el fraude sistemático, la malversación de fondos, la violación de las leyes, la obstrucción a la justicia, la falsificación de testimonios, la compra de profesionales sanitarios, la manipulación y distorsión de los resultados de investigación, la alienación del pensamiento médico y de la práctica de la medicina, la divulgación de falsos mitos a través de los medios de comunicación, los sobornos a políticos y funcionarios y la corrupción de la administración de los estados y sistemas de salud.

Y no se trata de un indocumentado sino de un profesional bien formado, íntegro y valiente a quien ha hecho el Prólogo de la edición española del libro el conocido catedrático de Farmacología Juan Ramón Laporte, texto en el que éste afirma: “España es un paraíso para esta industria. De hecho España es uno de los países que más despilfarra en medicamentos, principalmente a cargo del erario público. En contra de lo que nuestros cargos públicos afirman de forma repetida desde 2010 el gasto farmacéutico ha seguido aumentando porque la factura de los medicamentos hospitalarios crece a tasas del 20% anual y ya supone un tercio del gasto total en farmacia. España es el país europeo que dedica un porcentaje más alto de su gasto sanitario a farmacia. España es el país europeo en el que los nuevos medicamentos -protegidos por patente, más caros, no necesariamente mejores y de seguridad incierta- son captados con mayor rapidez por el sistema sanitario. Nuestro sistema de salud no selecciona medicamentos según su eficacia, efectos indeseados, comodidad y precio. Es un comprador bobo de humo a precio de oro en el mercado global de las tecnologías. Las relaciones de la industria con las sociedades médicas y con los médicos prácticamente no están reguladas. Las encuestas indican que tanto los médicos como sus colegas universitarios, investigadores, gestores y directivos no tienen mayoritariamente conciencia del sufrimiento que ocasionan y de los recursos que despilfarran”.

Y es que el complejo médico-industrial no teme a los políticos –puesto que los tiene controlados- ni a los ciudadanos de a pie –que no poseen conocimientos suficientes para valorar esta situación- pero sí teme –y así lo afirma Abel Novoa, presidente de la Plataforma NoGracias– a los médicos críticos; en especial a los que se organizan. Son los casos de Cochrane Colaboration (http://es.cochrane.org/es/inicio), AllTrials (http://www.alltrials.net/), Medicines in Europe Forum (http://english.prescrire.org/), International Society of Drug Bulletin (http://www.isdbweb.org/), Preventing Overdiagnosis (www.preventingoverdiagnosis.net/) y en España: Pastillas las justas (http://pastillaslasjustas.org/), Prescripción prudente (https://prescripcionprudente.wordpress.com/), Grupo de trabajo sobre Salud, Medicina e Innovación (http://saludporderecho.org/grupo-de-trabajo-sobre-salud-medicamentos-e-innovacion/) o la tupida red de blogs médicos independientes a los que se suma el apoyo de algunas revistas científicas como el British Medical Journal –a través de su serie Too Much Medicine (Demasiados medicamentos)www.bmj.com/too-much-medicine– y el Journal of American Medical Association (JAMA) con la serie Less is More (Menos es más): http://jamanetwork.com/collection.aspx?categoryid=6017.

Pues bien, para contrarrestar estas prácticas perversas y los peligros que suponen para los pacientes los investigadores de la Universidad de Texas que mencionamos al comienzo de este artículo proponen acabar con todo ese sinsentido asegurándose la sociedad de que quienes en el futuro tomen las decisiones en el ámbito académico,  profesional y sanitario sean personas realmente independientes de la industria. “Al permitir que una industria con intereses económicos -dicen- ejerza tanta influencia en su práctica, educación e investigación la profesión médica ha comprometido la integridad de la ciencia médica y la necesidad de que pacientes y ciudadanos confíen en los consejos de los médicos (…) El problema requiere que los médicos asuman sus responsabilidades profesionales y protejan su independencia de la industria farmacéutica en ambos aspectos: regalos e información”.

PAGOS A LA LUZ DEL DÍA

En fin, que los médicos son sobornados por la industria se sabe desde hace décadas. Y que algunas personas concienciadas han intentado impedirlo también. Como los senadores estadounidenses Charles Grassley –republicano- y Herb Kohl –demócrata- quienes en 2010 lograron que se aprobase la llamada Patient Protection and Affordable Care Act (Ley de atención sanitaria asequible y protección del paciente) también denominada Physician Payments Sunshine Act o Ley de pagos a médicos a la luz del día que obliga a los fabricantes de medicamentos, dispositivos médicos y suministros biomédicos que proveen a los tres programas sanitarios norteamericanos –Medicare, Medicaid y State Children´s Heath Insurance Programe– a declarar todo pago que hagan a médicos y hospitales universitarios. El objetivo de la ley es obviamente incrementar la transparencia e intentar poner al descubierto posibles conflictos de interés que puedan influir en la seguridad del paciente.

La declaración debe hacerse a la agencia federal encargada de las finanzas sanitarias que recientemente ha pasado a denominarse Centres for Medicare & Medicaid Services (CMS) y ha creado para ello una base de datos con el importe de los pagos, las compañías que los han realizado, los médicos que los han recibido y los fármacos a los que corresponden. Se denomina Open Payments Database y está a disposición pública aunque, eso sí, no exenta de errores y dificultades debido a que los fabricantes confunden nombres de fármacos y productos, duplican nombres comerciales o confunden medicamentos con dispositivos, retrasan las declaraciones y, en suma, hacen lo posible por obstruir la difusión pública de la información. No obstante representa un evidente avance hacia una mayor transparencia.

Bueno, pues comenzó a funcionar en 2014 y en el momento de editarse este artículo -septiembre de 2015- habían reconocido ya la entrega de regalos, comidas, viajes y honorarios por conferencias a médicos    ¡1.444 compañías! Habiendo entregado 6.490 millones de dólares a 607.000 médicos y 1.121 hospitales universitarios (compruebe aquí los datos: https://openpaymentsdata.cms.gov/ y https://www.cms.gov/openpayments).

Añadiremos que a partir de esta base de datos y de otras informaciones la web de la ONG ProPública ha puesto en marcha una iniciativa denominada Dollars for Docs (Dólares para médicos) para dar a conocer los nombres de todos los médicos estadounidenses y que sus pacientes sepan si tienen o han tenido relación económica con alguna compañía farmacéutica. Dando en detalle las cantidades percibidas, los servicios prestados, los fabricantes implicados y por qué medicamentos recibieron los “incentivos”.

¿POR QUÉ COLABORAN LOS MÉDICOS?

Suponemos que llegados a este punto muchos lectores se estarán preguntando cómo es posible que tantos médicos en el mundo hagan el juego a una industria sin escrúpulos como la farmacéutica; pues bien, el ya mencionado Dr. Novoa agrupa a los médicos en tres grupos:

1) El de aquellos médicos que se sienten parte de una “casta” elitista y son muy conscientes de lo que hacen pero buscan ante todo su propio beneficio económico, profesional, académico, científico y social aunque sea a costa de los pacientes y de la sociedad; galenos que a su juicio constituyen una minoría.

2) Los que colaboran por ingenuidad creyendo de buena fe que lo que les cuentan desde los organismos y entidades oficiales es cierto al desconocer toda la trastienda. Lo que solo se explica porque no se molestan en informarse. Peter Gøtzsche ya detalló los 10 mitos que las farmacéuticas han logrado introducir en el pensamiento médico: que los medicamentos son caros debido al alto costo de su desarrollo, que si no se pagan altos precios no podrá continuar la innovación, que los nuevos medicamentos aportan más ahorro que costo, que las innovaciones más importantes han venido del dinero aportado por la industria, que los medicamentos compiten en un libre mercado, que las alianzas público-privado son útiles para los pacientes, que los ensayos clínicos se realizan en beneficio de los enfermos, que necesitamos varios medicamentos del mismo tipo para personalizar los tratamientos, que los medicamentos genéricos son de menor potencia y, por último,  que la industria paga la formación médica continuada por compromiso con la investigación, generosidad y amor a la ciencia. Lo que indica que entre los médicos se hallan los profesionales más ingenuos del planeta. Y,

3) Los que actúan porque son sencillamente unos ignorantes que ni siquiera se informan de lo que acaece en el ámbito sanitario.

Terminamos indicando que obviamente hay además médicos que sí se informan saben la verdad y han decidido reciclarse, formarse por sí mismos y tratar a los pacientes de forma integral y con métodos y terapias naturales en lugar de aplicando los protocolos impuestos por la industria farmacéutica a través de sus “líderes de opinión” y testaferros en gobiernos, organismos -nacionales e internacionales-, colegios profesionales y supuestas sociedades y fundaciones científicas.

Jesús García Blanca

Recuadro:


Los 20 fármacos bajo sospecha

Fuentes: Centers for Medicare and Medicaid Services, Food and Drug Administration (FDA) y ProPública.

Medicamento

Año de aprobación

Indicación

Cantidades pagadas

(en millones de dólares)

1. Victoza

2010

Diabetes tipo 2

9,07

2. Eliquis

2012

Anticoagulante

7,99

3. Brilinta

2011

Antiagregante plaquetario

7,71

4. Invokana

2013

Diabetes tipo 2

7,16

5. Latuda

2010

Esquizofrenia

7,03

6. Xarelto

2011

Anticoagulante

6,93

7. Humira

2002

Anticuerpo monoclonal para enfermedades autoinmunes

5,58

8. Eklira

2012

Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)

5,31

9. Daxas

2011

Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)

5,2

10. Abilify Maintena

2013

Esquizofrenia

5

11. Abilify

2002

Esquizofrenia

4,77

12. Constella

2012

Colon irritable y estreñimiento crónico

4,59

13. Pradaxa

2010

Anticoagulante

4,43

14. Tradjenta

2011

Diabetes tipo 2

4,17

15. Belvic

2012

Obesidad

4,14

16. Copaxone

1996

Esclerosis múltiple

4,01

17. Samsca

2009

Hiponatremia (dilución de sodio)

3,89

18. Acthar

1952

Antiinflamatorio

3,62

19. Symbicort

2006

Asma

3,5

20. Aubagio

2012

Esclerosis Múltiple

3,37


Medidas propuestas por la Plataforma NoGracias para una mayor transparencia y control de las relaciones entre los médicos y la industria:

1. Poner en marcha una iniciativa similar a la Sunshine Act estadounidense.

2. Obligar a la declaración de relaciones y conflictos de interés de jefes de servicio, responsables de unidad, miembros de comisiones clínicas y directivos de asociaciones científicas e instituciones médicas.

3. Declaración pública de las asociaciones científicas sobre sus fuentes de financiación.

4. Establecer incompatibilidades para que lo que denominan la “casta” médica vinculada a la industria no ocupe puestos de responsabilidad a nivel profesional, científico o académico.

5. Prohibir las visitas comerciales de los representantes de la industria en los centros asistenciales públicos durante el horario laboral.

6. Establecer organismos independientes para organizar las actividades de formación con financiación pública.

7. Crear organismos independientes para evaluar tecnologías y medicamentos.

8. Articulación de herramientas de participación ciudadana y control democrático del funcionamiento del sistema público de salud y de las asociaciones científicas y profesionales.

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Noviembre 2015
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